Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

DULCE VENENO - Capítulo 55

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. DULCE VENENO
  4. Capítulo 55 - 55 Llamada
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

55: Llamada 55: Llamada GUÍA ISABELLA: “Años de estudio y de amor por esta ciudad, señorita.

Pero la verdadera magia es que cada vez que cuento su historia, siento la misma emoción.” Su respuesta es elegante, desviando el enfoque de vuelta a la majestuosidad de la plaza y alejar de la incómoda interacción familiar.

El tour continúa, pero el breve momento de asombro puro de Milagros ha pasado, replacedo por el peso familiar de la mano de Christian sobre su espalda.

El grupo se desplaza de la vastedad de la plaza a la majestuosa sombra de la Basílica de San Marcos.

La imponente fachada, con sus mosaicos dorados y sus múltiples cúpulas, los recibe en un silencio abrumador.

Isabella se coloca frente a la obra maestra bizantina, lista develar sus secretos.

GUÍA ISABELLA: (Con un tono de reverencia apropiado) “Ahora están frente a la Basílica de San Marcos.

No es solo una iglesia; es la catedral de Venecia, una basílica patriarcal y, sobre todo, la obra maestra de la arquitectura bizantina en esta región.” Hace una pausa para dejar que la grandeza del lugar cale.

GUÍA ISABELLA: “Su historia comienza con un audaz robo.

En el año 828, se inició su construcción para albergar las supuestas reliquias de San Marcos, robadas en Alejandría.

Este acto fue crucial para que Venecia se convirtiera en una sede episcopal independiente.” MILAGROS: (Susurra, mirando la fachada con asombro renovado) “Empezó con un robo…

qué fascinante.” GUÍA ISABELLA: (Asintiendo) “Así es.

La primera basílica, de cruz griega, fue destruida por un motín en el 975.

La que ven ahora, la reconstruyeron en el siglo XI arquitectos y obreros traídos directamente de Constantopla.

Fue consagrada en 1094.” Mueve la mano para señalar la estructura general.

GUÍA ISABELLA: “Fíjense en las cinco cúpulas.

En el siglo XIII se añadió este nártex, el pórtico con cúpulas más pequeñas que abraza la fachada.

Pero lo que realmente la hace única es su decoración.

Una ley veneciana obligaba a los mercaderes exitosos a donar algo para embellecerla.

Por eso verán una explosión de estilos y materiales.

San Marcos es un museo vivo de arte bizantino, pero latinizado.” Su mirada se dirige hacia los mosaicos dorados.

GUÍA ISABELLA: “Miren los mosaicos del siglo XII en la fachada, y los Cuatro Caballos de San Marcos arriba, que simbolizan el poder del Estado.

Incluso las cúpulas son una ilusión; su forma exterior no coincide con la interior, haciéndolas parecer más grandes.

Y gran parte de esta riqueza…” (su voz baja ligeramente, como compartiendo un secreto) “…

provino del Saqueo de Constantinopla en 1204.” STEFANNY: (Mira hacia arriba, boquiabierta) “Es…

es demasiado para procesar.

Es abrumadoramente hermosa.” Mientras, Christian observa en silencio.

Su brazo rodea la cintura de Milagros con más firmeza, no como un gesto de compartir el asombro, sino como un ancla.

Él no está mirando los mosaicos; está mirando la expresión de ella ante tanta belleza, reafirmando su presencia como el centro tangible de su universo, incluso frente a tanta historia y esplendor.

La basílica, con sus historias de robos, saqueos y tributos, se convierte en otro escenario para su drama personal de posesión y control.

La guía Isabella, con la sensibilidad de quien entiende que incluso la maravilla cansa, clava una banderita pequeña en el mapa imaginario del tour y anuncia con una sonrisa: GUÍA ISABELLA: “Muy bien, vamos a darnos un merecido descanso.

Como pueden ver a su alrededor, hay varias tiendas y cafés de lujo.

Tómense un tiempo, disfruten, repongan energías.

Yo los estaré esperando aquí para continuar nuestro recorrido en…

digamos, cuarenta minutos.” La sugerencia es como soltar amarras.

Stefanny, con la emoción de una niña en una dulcería, agarra la mano de Marilú con determinación.

STEFANNY: “¡Marilú, vamos!

¡Esa tienda tiene una cartera que es mi destino!” Y se lanzan hacia el escaparate reluciente, dos figuras jóvenes absortas en el lujo inmediato y accesible.

Mientras tanto, Christian se ha apartado unos metros.

La fachada de la basílica es ahora el telón de fondo de su mundo empresarial.

Su postura es rígida, el teléfono pegado a su oído.

Su voz, aunque contenida, lleva el filo cortante de la autoridad.

CHRISTIAN: (Al teléfono, en un tono bajo pero implacable) “No me importa lo que digan los accionistas.

La oferta se mantiene.

Si no aceptan, retiramos el capital.

Es mi decisión final.” Está inmerso en una llamada importante con su secretario —, su mente navegando por aguas de alta finanza, lejos de los mosaicos venecianos.

Y allí, en el centro de este pequeño universo de actividades dispersas, está Milagros.

Ella no sigue a Stefanny.

No tiene un teléfono en el que fingir interés.

Simplemente está esperando.

De pie, cerca de Christian pero no demasiado, como un cuadro viviente de paciencia forzada.

Sus ojos, tal vez, recorren los detalles de la basílica que acaban de explicarles, o quizás observan a las palomas que revolotean en la plaza.

Pero su atención principal, como un imán, está puesta en la espalda tensa de su marido.

Espera a que la llamada termine, a que su mundo gire una vez más alrededor de ella, a que la mano que no suelta el teléfono vuelva a posarse, firme y posesiva, sobre su cintura.

Es un descanso, sí, pero para ella es solo otro intervalo en su espera habitual.

La llamada de Cristhian concluyó; la voz de su secretario se apagó en el auricular.

Tomó la mano de Milagros, entrelazando sus dedos con los de ella, en una silenciosa invitación.

Juntos, caminaron hacia la boutique de la esquina, cuyos escaparates relucían con seda y encaje.

Dentro, le puso una tarjeta de crédito ilimitada en la palma.

“Anda”, murmuró, con una leve sonrisa en los labios.

“Diviértete”.

Luego, salió; el aire fresco contrastaba con la cálida fragancia de la tienda, y encendió un cigarrillo.

Milagros emergió momentos después, con una bolsa de la compra balanceándose suavemente en su muñeca.

Su mirada recorrió la acera, posándose en Cristhian.

Él permaneció de pie, con una columna de humo elevándose sobre su cabeza, rodeado.

Tres mujeres, todas cercanas a sus cuarenta y nueve años, lo flanqueaban; su risa era un sonido brillante y tintineante.

Se acercaron, con los ojos brillantes de interés manifiesto, pero Cristhian se limitó a dar una calada a su cigarrillo, con una expresión indescifrable, una máscara de indiferencia.

«¡Ay!

¿Es tu hermanita?», susurró una de ellas, con la voz llena de fingida dulzura mientras Milagros se acercaba.

Una sutil curvatura de los labios de Cristhian.

Le encantaba.

Le encantaba el fuego que brillaba en los ojos de Milagros.

Milagros la miró desafiante.

«Sí, soy su hermana», declaró, con la voz resonando con desafío.

«Y estoy soltera.

¿No tendrás un hombre atractivo para mí?

Sabes, me gustan grandes».

Cristhian arqueó una ceja y un destello de sorpresa cruzó su rostro.

Las mujeres intercambiaron miradas nerviosas, con la risa a punto de morir.

Se miraron entre sí y luego volvieron a mirar a Milagros, sin saber qué responder.

Cristhian exhaló una bocanada de humo lenta y pausada, con la mirada fija en Milagros y un renovado interés en sus ojos.

“¿Es cierto?”, preguntó con voz grave y retumbante, acercándose.

“¿Te gustan grandes y maduros?”.

Las mujeres observaban con una mezcla de curiosidad y celos apenas disimulados en sus rostros.

El brazo de Cristhian rodeó la cintura de Milagros, acercándola a su cuerpo, en un gesto posesivo.

“Esta es mi esposa, no mi hermana”, aclaró, con la voz rompiendo el incómodo silencio.

Luego, se inclinó, rozando con los labios la delicada curva de su oreja.

“Si quieres un hombre grande y maduro, cariño…

ya me tienes.

Y créeme, no hay nadie más grande ni con más experiencia que yo”.

Una firme protuberancia presionó su cadera, un testimonio palpable de sus palabras.

Las mujeres, con el rostro decaído, comenzaron a alejarse, sus esperanzas de cautivar la atención de Cristhian se disolvieron en el aire de la tarde.

“¿Qué te parece si vamos a probar algunos de esos ‘modelos’ que mencionaste?”, propuso,

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo