DULCE VENENO - Capítulo 6
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6: Máscaras, secretos 6: Máscaras, secretos ¡No sabía quiénes eran!
Milagros se apoyó contra un Lamborghini negro (que, casualmente, era de su propiedad ) y cruzó los brazos.
— Tranquila, cariño…—dijo, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—.
Solo vine a decirte que la próxima vez , el helado irá en tu cara …
y será de azafrán con polvo de diamante .
La chica se desmayó .
Milagros reapareció en la mesa con una sonrisa demasiado tranquila, como si acabara de dar un paseo y no de…
¿eliminar evidencia?
Se sentó, tomó su cuchara y siguió comiendo como si no hubiera pasado nada.
Stefanny la miró con los ojos entrecerrados: — Solo espero que no hayas hecho una locura .
Milagros , inocente como un gato junto a un jarrón roto: — Jajaja, soy loca , pero me gusta divertirme con personas importantes .
(Guiño).
No te preocupes…
no le saqué ni un dedo .
Marilú, con voz de madre decepcionada : — Milagros, por favor.
Aunque la policía no nos toque, no debemos hacer nada …
y menos tú , que siempre juegas con fuego.
Mientras saboreaba su helado, tres detalles delataban que algo sí había pasado : 1.
Sus uñas (antes impecables) tenían un borde irregular, como si hubiera raspado algo…
¿piedra?
¿cuero?
2.
El dobladillo de su abrigo beige estaba levemente manchado de un líquido oscuro.
¿Salsa de chocolate…
o sangre ?
3.
Su sonrisa era demasiado relajada para alguien que minutos antes estaba lista para matar.
Milagros, notando sus miradas, empujó su copa hacia el centro: — ¡Prueben mi helado!
Se está derritiendo…
como los nervios de esa chica cuando me vio volver.
Stefanny y Marilú se miraron.
¿Era una metáfora…
o una confesión?
Al final, decidieron ignorar las señales (por ahora).
Stefanny pidió otro round de postres, Marilú anotó algo sospechoso en su libreta, y Milagros …
bueno, Milagros seguía sonriendo como si supiera un secreto que haría llorar al mundo .
La mesera, aún temblando por el incidente del helado, acercó la cuenta con manos nerviosas.
Milagros , sin pestañear, abrió su billetera de cocodrilo (que costaba más que el sueldo anual de la chica del helado) y sacó su tarjeta negra Centurion , colocándola sobre la mesa con un clic satisfactorio.
— Toma, cobra de aquí — dijo, deslizando la tarjeta hacia la mesera —.
Espero que hayan disfrutado del postre… y que me hayas perdonado, Marilú .
(Sonrisa demasiado dulce para ser inocente).
Stefanny , impaciente, agregó: — ¿Nunca has visto una tarjeta negra?
Agarra y cobra , no tenemos todo el día.
La mesera asintió rápidamente y escapó hacia la caja, evitando hacer cualquier comentario.
Marilú , con una sonrisa entre resignada y divertida, tomó otro bocado de su parfait : — Solo porque el dulce está delicioso … nada más.
(Pero sus ojos decían: “Esta vez te salvas, pero la próxima…” ).
Stefanny , cambiando de tema con elegancia: — ¿Vas a estar en el evento de esta noche, Milagros?
Milagros , ajustándose un guante inexistente (por puro drama): — Por supuesto.
Me invitaron personalmente … y debo estar presente .
(Su tono insinuaba que el evento era mucho más que una simple fiesta).
Stefanny miró a Marilú , quien evitó su mirada: — ¿Y tú?
Marilú , repentinamente muy interesada en su cuchara: — Me invitaron, pero… tengo algo urgente que hacer .
Silencio incómodo.
Milagros guardó su tarjeta negra con un gesto teatral y se levantó, ajustando su abrigo beige (que ahora, visto de cerca, tenía un pequeño hilo dorado desprendido cerca del dobladillo).
— Chicas, debo irme —dijo, sonriendo como un gato que atrapó un canario—.
Tengo que…
arreglarme .
(La palabra sonó más como “prepararme para algo siniestro” que como un simple retoque de maquillaje).
Stefanny , imitando su elegancia, se levantó también: — Yo igual.
Esta noche no es para lucir menos que perfectas .
(Aunque su mirada decía: “Perfectas…
o preparadas para lo que sea” ).
Justo cuando Marilú iba a levantarse, Milagros se inclinó y le susurró al oído, con una voz tan suave como una daga de seda: — “Lo que tengas que hacer, será mejor que lo hagas discretamente …
ya que ambas sabemos qué haces en realidad .” Marilú se quedó petrificada .
No era el tono, sino el énfasis en “en realidad” .
Como si Milagros supiera algo que ni siquiera Stefanny conocía…
Marilú tragó saliva y ajustó sus gafas con dedos que casi temblaban: — …Muy bien.
Adiós.
Su voz sonó demasiado controlada.
Stefanny notó el cambio, pero decidió no preguntar…
por ahora .
Stefanny: (ajustando su corona de diamantes en el espejo) — ¿Qué ocurre, Milagros?
Será mejor que me digas que sí vas a ir.
Milagros: (risa burlona al otro lado de la línea) — Jajaja, por supuesto que voy a ir.
Nunca te dejaría sola… aunque el evento ahora sea de máscaras .
Stefanny: (frunciendo el ceño mientras una doncella le ajusta el corsé) — No sé por qué lo cambiaron.
Me dio cólera .
Milagros: (mientras alguien murmura en segundo plano, como si estuviera en un taller de costura clandestino) — Jajaja, sí… ahora mismo están haciendo mi antifaz.
Stefanny:(sospechosa, señalando a su diseñador personal que sostiene un antifaz de plumas negras) — La mía también.
Dime cómo vas a ir y yo te digo cómo iré.
Milagros: (tono juguetón, pero con un dejo de advertencia) — Jajaja, lo siento, pero… ¿dónde estaría el misterio en eso?
Stefanny: (sonriendo con malicia) — Será fácil darte con ese pelo rojo.
No hay muchas mujeres que lo tengan como tú.
Milagros: (risa baja, casi un susurro) — Jajaja… eso veremos .
Bueno, te dejo.
Debo cambiarme …(pausa dramática) Te veo allá .
(Cuelga).
El salón, una obra maestra de estilo neoclásico con toques rococó , parecía sacado de un cuadro de Versalles.
Columnas de mármol blanco con capiteles dorados enmarcaban el espacio, mientras que arcos tallados revelaban frescos de dioses griegos observando a los mortales con ironía.
Las paredes , cubiertas de molduras doradas , brillaban bajo la luz de las arañas como si el oro aún estuviera fundiéndose.
Dos arañas monumentales de cristal de Bohemia colgaban del techo abovedado, lanzando destellos que dibujaban arcoíris sobre los trajes de los invitados .
Candelabros de bronce con velas blancas flanqueaban los espejos venecianos, duplicando el brillo y creando un efecto infinito de lujo y misterio .
El piso de mármol negro y dorado estaba pulido hasta la obsesión, reflejando no solo los vestidos, sino también las sombras de quienes intentaban pasar desapercibidos .
En el centro, un mosaico del escudo de Francia se entrelazaba con serpientes y rosas, un detalle que solo los más observadores notarían.
La voz de la periodista resonó en el salón , su vestido negro de seda brillando bajo las arañas de cristal, mientras su máscara de plumas plateadas ocultaba todo excepto sus labios carmesí.
— ¡Querido público!
—anunció con una sonrisa calculada—.
Como saben, este Baile de las Máscaras ha sido organizado por el mismísimo presidente de Francia …(una pausa dramática) …para que, bajo el velo del misterio, los corazones se atrevan a más y los lazos se tejan sin prejuicios .
Los invitados, envueltos en sedas, terciopelos y joyas que ni las máscaras podían ocultar, murmuraron entre sí.
¿Quién era quién?
¿Un príncipe disfrazado de mercader?
¿Una espía tras el antifaz de una dama?
— No sabemos quiénes han venido… —continuó, deslizando los dedos por el borde de su copa de champán—.
Pero sí que entre nosotros debe estar la familia Tantaleán…(mirada cómplice hacia la multitud) …a menos que, por primera vez en la historia, hayan rechazado una invitación .
Risas educadas.Miradas que se buscaban entre el gentío.Stefanny, en algún lugar de la sala, debía estar sonriendo bajo su máscara.El salón neoclásico bullía con la aristocracia más exclusiva de Europa, todos ocultos tras máscaras que convertían el evento en un juego de identidades falsas y verdades a medias .
– Vestidos de época en terciopelo negro, seda dorada y brocados rojizos se mezclaban como un cuadro viviente de un baile de los Borgia .
– Máscaras de plumas , algunas con detalles de filigrana de oro , otras con pedrería que valía más que un castillo , ocultaban rostros famosos …..o
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