DULCE VENENO - Capítulo 61
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
61: Borrachera 61: Borrachera La confesión es cruda y autodestructiva.
MARILÚ: (Se acerca rápidamente, poniéndose entre Stefanny y el atónito joven) “¡Lo siento, lo siento mucho!
Mi amiga está borracha.
¡La está confundiendo con alguien más!” Pero Stefanny está poseída por un fantasma.
Empuja al chico contra la pared con más fuerza, hasta que sus narices casi se tocan.
Su aliento huele a alcohol y desesperación.
STEFANNY: (Grita, con los ojos inyectados en sangre, dirigiéndose al rostro confundido que cree reconocer) “¿Quién te dio autorización de entrar a mi cabeza?
¿De tomar mi corazón y hacer que lata con fuerza?
¿De hacer que mi cuerpo se mueva por mente propia?
¡Ahhh!
¡Dime!” Son preguntas dirigidas a Lansky, lanzadas a un completo extraño que mira con pánico.
Marilú, con una fuerza que no sabía que tenía, logra alejar a Stefanny, desenredando sus dedos de la camisa del joven.
MARILÚ: (Le habla con firmeza, arrastrándola) “¡Amiga, cálmate!
¡No puedes hacer eso!
¡Él no era Lansky!
¡Era un chico diferente!” La revelación parece no registrar en la mente de Stefanny.
Se deja llevar, sollozando sin control, el cuerpo flojo y derrotado.
El chico, aliviado pero conmocionado, se ajusta la camisa y desaparece rápidamente entre la multitud, alejándose del drama.
Marilú sostiene a su amiga, guiándola hacia la salida.
La noche de diversión ha terminado en un espectáculo público de angustia, donde el alcohol solo sirvió para destapar la profundidad de la herida que Lansky, con su fría indiferencia, ha dejado en Stefanny.
La fría brisa nocturna de Venecia parece haber disipado un poco la neblina del alcohol y la angustia en Stefanny.
Después del bochornoso incidente en la disco, ella y Marilú caminan en un silencio cómplice por las calles adoquinadas, lejos del bullicio.
La tensión se va quebrando poco a poco, replaceda por el absurdo y la necesidad de liberación.
De alguna cafetería o ventana abierta, empieza a sonar el ritmo contagioso de “Faldita” de Mike Towers.
La música, vibrante y llena de sabor, corta la pesadez del aire.
Es Stefanny quien se detiene primero.
Una sonrisa genuina, la primera de la noche, ilumina su rostro, aún marcado por las lágrimas.
Mira a Marilú, y sin decir una palabra, un brillo de complicidad nace entre ellas.
En un impulso puro y liberador, Stefanny se sube a un ancho pilar cilíndrico de piedra que flanquea la entrada de un canal o un pequeño puente.
No es una acrobacia temeraria, sino un acto de equilibrio juguetón.
Se yergue en la parte superior, con los pies juntos, encontrando su centro.
Agarra un poste vertical cercano—quizás una farola o una señal—con una mano, y extiende el otro brazo con elegancia hacia afuera, como una bailarina encontrando su punto de apoyo en el mundo.
Marilú, contagiada por el momento, sonríe y hace lo mismo, subiéndose al pilar frente a ella.
También se agarra al poste con una mano y extiende la otra, pero con un estilo ligeramente diferente, con una pierna ligeramente adelantada, mostrando una personalidad más anclada pero igualmente divertida.
Allí están, las dos amigas, en equilibrio sobre los pilares de piedra, con el fondo gótico y acuático de Venecia, moviendo sus caderas al ritmo de la canción.
Ya no están en una disco; su pista de baile es la ciudad misma.
La gente que pasa las mira y sonríe.
Algunos turistas se detienen, sacan sus teléfonos y toman fotos de la escena espontánea y pintoresca: dos jóvenes hermosas y elegantes, transformando un elemento arquitectónico veneciano en su propio escenario personal.
No es un espectáculo buscado; es la pura alegría de estar vivas, de ser jóvenes, de haber encontrado un momento de felicidad pura después de la tormenta.
Por un instante, bajo las estrellas y la música, el dolor y la confusión se desvanecen, replacedos por el simple y salvaje placer de bailar en la noche.
La liberación y la alegría desinhibida de su baile en los pilares se transforma en un juego infantil y travieso.
Mientras siguen caminando—o más bien, trotando ahora—por una calle menos transitada, su mirada se clava en unos conos de tráfico naranjas y blancos, abandonados temporalmente en la acera.
Sin necesidad de palabras, un plan tácito se forma entre ellas.
Es Stefanny quien se abalanza primero, riendo, y se coloca un cono de tráfico sobre la cabeza.
La base ancha le cubre la parte superior, como un sombrero absurdo y glorioso.
Marilú, sin perder el ritmo, hace lo mismo, colocándose otro cono sobre su cabeza.
Transformadas en criaturas fantásticas con cabezas cónicas, comienzan a correr.
No es una huida, sino una carrera juguetona.
Stefanny va por la izquierda, su figura recortada contra la piedra antigua, el cono balanceándose cómicamente.
Marilú va por la derecha, igual de ágil.
En un gesto que captura perfectamente su complicidad, Marilú extiende un brazo hacia Stefanny mientras corren.
No es para alcanzarla, sino un gesto de conexión, de unidad en la locura momentánea.
Es la imagen de dos amigas completamente sumergidas en un mundo de su propia creación, donde la elegancia del viaje ha dado paso a la pura, simple y contagiosa diversión.
Sus risas resuenan en el callejón veneciano, un sonido tan inesperado y vital como la visión de sus siluetas coronadas por conos naranjas, corriendo libres bajo la luna.
La aventura nocturna llega a su fin.
Stefanny y Marilú llegan sigilosamente a la suite del lujoso hotel, la euforia de la calle chocando con el silencio sepulcral del pasillo alfombrado.
Stefanny, con los reflejos aún alterados por el alcohol y la adrenalina, pone su dedo índice en sus propios labios y luego, con sumo cuidado, lo lleva a la boca de Marilu en un gesto de complicidad.
STEFANNY: (Susurrando, con los ojos muy abiertos) “Shhh…
No hagas ruido.
Están durmiendo.” Se refiere, por supuesto, a Christian y Milagros, cuya habitación contigua es una cámara de potenciales consecuencias si son descubiertas en este estado.
Con la solemnidad de dos ladronzas de joyas, Stefanny se saca los tacones, sosteniéndolos en la mano.
Marilu hace lo mismo.
Avanzan descalzas sobre la suave alfombra, conteniendo la respiración, convirtiendo cada paso en una misión de infiltración.
Pero el universo conspira contra su sigilo.
Justo al llegar a su puerta, a Stefanny se le resbalan las llaves de la mano.
El tintineo metálico suena como un disparo en el silencio absoluto del pasillo.
Ambas se quedan paralizadas, los ojos como platos, mirando aterradas hacia la puerta de la habitación de Christian.
Dentro de la suite, Milagros se mueve un poco, perturbada por el sonido.
Christian se despierta al instante, sus sentidos alerta incluso en el sueño.
Escucha los pasos fantasma y el susurro ahogado del exterior.
Pero en lugar de investigar, un instinto más profundo toma control.
Aprieta a Milagros contra su pecho en un abrazo protector, hundiendo su rostro en su cabello.
La prioridad no es el ruido; es asegurarse de que ella sigue a salvo y dormida.
Con un suspiro profundo, sigue durmiendo, descartando el sonido como una anomalía sin importancia.
Al no ver que la puerta se abre, Stefanny y Marilu dejan escapar el aire que contenían.
Con manos temblorosas, abren su puerta, se cuelan dentro y la cierran con el más suave de los clics.
Una vez a salvo en su santuario, la tensión estalla.
Ambas se lanzan a la cama grande, los cuerpos rendidos pero las mentes aún vibrantes.
STEFANNY: (Se ríe, una risa ahogada de alivio y agotamiento, enterrando la cara en la almohada) “Jajaja…
Fue una locura.
Estoy cansada.” MARILÚ: (Desde su lado de la cama, con la voz ya medio dormida) “Sí…
yo también estoy cansada.
Vamos a dormir.” La noche termina así: dos amigas, exhaustas pero unidas por una aventura clandestina, encontrando refugio en la quietud de su habitación, mientras al lado, el amor obsesivo y protector de Christian vela, inconscientemente, por su propio y turbulento sueño.
La mañana veneciana se filtra con implacable brillo alrededor de los bordes de las cortinas, pero dentro de la habitación de Stefanny y Marilú, reina
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com