DULCE VENENO - Capítulo 65
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65: Carta 65: Carta La energía del lobby, antes cargada por la presencia imponente de Christian y Milagros, ahora se siente diferente, más ligera pero con un dejo de confusión.
Stefanny gira sobre sus tacones, su mirada escudriñando cada rincón del lujoso espacio.
STEFANNY: (Con un ceño fruncido) “No veo a mi papá por aquí…
¿Dónde estarán?” Marilú se une a la búsqueda visual, ajustando sus gafas de sol de ojo de gato.
MARILÚ: “Yo tampoco veo a Milagros.
No creo que sigan en la habitación…
seguro han salido.” La revelación cae sobre Stefanny con un peso de decepción e indignación.
El hecho de que su padre y su madrastra se hayan ido sin ellas, sin una palabra, enciende una chispa de frustración.
STEFANNY: (Cruza los brazos, con fastidio) “¿Que se fueron sin nosotras?
¡No es justo!
¡Tengo mucha hambre!
Vayamos a comer y después vamos a pasear nosotras.” La propuesta es un acto de rebelión menor.
Si ellos pueden hacer su plan, ellas pueden hacer el suyo.
Se dirigen al restaurante del hotel, donde un mesero impecable las recibe con una sonrisa profesional.
MESERO: “Buenas tardes, señoritas.
¿Qué desean comer?” Stefanny toma la carta con determinación, sus ojos recorriendo rápidamente las opciones.
El hambre y un poco de rabia guían su elección.
STEFANNY: “Para mí, la lasaña de langosta para empezar, y el risotto de trufa negra como plato principal.” Marilú, más metódica, revisa la carta con atención, considerando cada ingrediente.
MARILÚ: “Yo comenzaré con el carpaccio de res con rúcula y parmesano, y de plato fuerte, el filete de branzino a la sal con espárragos a la parrilla.” El mesero anota todo con una inclinación de cabeza.
MESERO: “Excelente elección.
Ahora mismo le traigo sus pedidos.” Mientras el mesero se retira, las dos amigas se quedan a solas en su mesa.
La ausencia de Christian y Milagros pesa en el aire, pero también trae una libertad inesperada.
Por primera vez desde que llegaron a Venecia, no hay una sombra posesiva vigilando sus movimientos.
Es solo ellas, un lujoso restaurante y una ciudad entera por delante, lista para ser explorada en sus propios términos.
La comida no solo saciará su hambre, sino que marcará el inicio de su propia y personal aventura veneciana.
En el restaurante da un giro drástico.
La conversación y la comida entre Stefanny y Marilú se interrumpen cuando el mesero se acerca con una presencia solemne, portando un ramo que parece una nube de delicadeza y pureza capturada en flores.
El ramo es una obra de arte etérea.
Las rosas blancas, inmaculadas y suaves, dominan la composición, mientras las margaritas blancos añaden una elegancia arquitectónica.
La Gypsophila esparcida, como pequeñas estrellas, le da un aire de ensueño.
Envuelto en papel de seda rosa pálido y blanco y atado con un lazo de satín rosa, el conjunto es una explosión de romanticismo clásico y sofisticado.
MESERO: (Con una leve inclinación) “Señorita Stefanny.
Le trajeron este ramo…
y esta carta para usted.” Stefanny mira el ramo con sorpresa antes de que su atención se fije en el sobre que el mesero sostiene.
Su corazón da un vuelco al ver el sello de beso estampado en él, un detalle audaz y personal.
Con dedos que ya empiezan a temblar levemente, lo agarra y lo abre.
Mi querida [ stefanny ], Sé que no soy el primero en intentar descifrar el enigma que te rodea, ni el último en caer rendido ante tu innegable presencia.
Desde el instante en que te vi, algo en mí cambió.
No fue solo tu belleza, que es innegable, sino la fuerza que irradias, la inteligencia que se vislumbra en tu mirada.
No soy ingenuo, sé que el orgullo es un escudo que a menudo utilizas para protegerte.
Y no te culpo.
El mundo puede ser un lugar difícil, especialmente para una mujer como tú, que se niega a conformarse.
No espero que me reveles tus secretos ni que bajes la guardia de inmediato.
Solo quiero que sepas que veo más allá de esa fachada.
Veo a la mujer apasionada, vulnerable y quizás incluso un poco asustada que se esconde tras esa coraza.
No te ofrezco promesas vacías ni halagos baratos.
Solo te ofrezco mi honestidad y mi admiración.
Si decides permitirme acercarme, prometo ser un compañero que te rete, que te inspire y que te ame por quien eres, con tus luces y tus sombras.
Si no es así, lo entenderé.
Pero no podía seguir adelante sin que supieras lo que provocaste en mí desde el primer instante.
Con sinceridad, [ Lansky 💋 ] Mientras lee la carta, el mundo a su alrededor desaparece.
El ruido del restaurante se desvanece.
Cada palabra escrita por Lansky es un golpe directo a sus defensas.
No son halagos vacíos; son observaciones penetrantes, una disección precisa de su carácter.
Él no se declara vencido; se declara observador, admirador, y lo más peligroso de todo: un hombre que dice verla, realmente verla, más allá del orgullo y la arrogancia.
Un sonrojo intenso inunda sus mejillas, un calor que le sube desde el pecho.
Sus manos tiemblan de manera incontrolable, haciendo que el papel fino se agite suavemente.
La carta no es solo un mensaje; es un espejo que le devuelve una imagen de sí misma que quizás no estaba preparada para ver: la de una mujer vulnerable y, como él atinadamente sugiere, asustada.
Al terminar de leer, levanta la vista y se encuentra con la mirada inquisitiva de Marilú.
No dice nada.
No necesita hacerlo.
El temblor de sus manos, el rubor en su rostro y la carta que se aferra como un salvavidas lo dicen todo.
El enigma de Lansky acaba de profundizarse, transformándose de una obsesión molesta en una proposición peligrosamente seductora, y Stefanny se encuentra completamente, y aterradoramente, cautivada.
En el restaurante adquiere la intensidad de un drama íntimo.
La solicitud de Stefanny rompe el hechizo momentáneo.
STEFANNY: (Su voz suena un poco más aguda de lo normal, dirigida al mesero que se retiraba) “Disculpe…
¿Podría traerme una pluma y una hoja de papel, por favor?” El mesero, tal vez desequilibrado por la intensidad que emana de la mesa, asiente con rapidez y se apresura a cumplir, casi tropezándose en su prisa por complacer a la hija del poderoso Christian Tantalean .
Cuando regresa con el papel de carta grueso y una pluma elegante, Stefanny los toma con determinación.
Su rostro sigue sonrojado, pero ahora hay una línea de firmeza en su barbilla.
Sin embargo, la emoción interior es innegable; sus manos aún tiemblan ligeramente, haciendo que los primeros trazos de la pluma sean un poco inestables.
Escribe con una caligrafía rápida y decidida, pero cada palabra parece costarle un esfuerzo.
La carta que escribe es un muro, una fortaleza de palabras destinada a mantener a raya al hombre que acaba de ver a través de sus defensas con aterradora precisión.
Estimado Lansky, Recibí tu carta.
Debo admitir que me sorprendió un poco tu franqueza, aunque agradezco la honestidad.
No es común encontrar a alguien que se atreva a expresar sus pensamientos de manera tan directa.
En cuanto a lo que dices, me halaga que mi persona haya causado tal impresión en ti.
Sin embargo, debo ser clara: mi vida está llena de compromisos y prioridades.
No busco complicaciones ni distracciones.
Aprecio tu admiración y tu oferta de compañía, pero no creo que nuestras vidas estén destinadas a cruzarse de la manera que sugieres.
Te deseo lo mejor en tu búsqueda, pero dudo mucho que me encuentres involucrada en ella.
Atentamente, Stefanny Al firmar, exhala profundamente, como si hubiera librado una batalla.
La carta es una rechazo formal, cortés pero firme.
Es la respuesta que se espera de la hija orgullosa de Christian Tantalean : controlada, distante y final.
Pero la realidad es muy diferente.
El temblor de sus manos, el rubor que no se desvanece y la velocidad con la que escribió delatan una verdad mucho más compleja.
No es indiferencia lo que siente, sino miedo.
Miedo a la intensidad que
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