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DULCE VENENO - Capítulo 71

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  4. Capítulo 71 - 71 Psicópata
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71: Psicópata 71: Psicópata Cristhian: (Voz baja, serpenteante y llena de veneno) María.

Dime que esto es una pesadilla.

Dime que mis oídos mienten.

María: (Balbuceando, con pánico) S-Señor, lo juro, solo salí un momento para…

Cristhian: (La interrumpe, su voz sube de volumen, un trueno que estalla en el auricular) ¡CALLESÉ!

¡Una palabra más de tu boca y juro por todo lo que soy que lo último que oirás será el sonido de mis manos rompiéndote el cuello!

(Se oye su respiración entrecortada, un fuelle de furia primitiva.) Cristhian: (Con cada palabra, un latigazo) Te di una orden.

Una.

Orden.

Simple.

¡Vigilarla!

¡Era todo lo que tenías que hacer!

¡Mantenerla a salvo!

¡MÍA!

¿En qué parte de tu minúsculo cerebro no entendiste que tu única razón para respirar bajo mi techo era asegurarte de que ELLA no saliera de él?

María: (Llora en silencio, los sollozos se escuchan leves) Lo siento, amo, lo siento mucho…

Cristhian: (Grita, la furia lo desborda) ¡No quiero tus “lo siento”!

¡Quiero a mi esposa!

¡La única cosa que importa en este maldito mundo y tú la dejaste escapar!

¡La regalaste!

¡ERES UNA INÚTIL!

¡UNA CRIADA DESECHABLE QUE NO PUDO CUMPLIR LA TAREA MÁS SENCILLA!

(Se oye un golpe seco al otro lado, como si Cristhian hubiera golpeado su escritorio con toda su fuerza.) Cristhian: (Vuelve a bajar la voz, pero ahora es el susurro aterrador de una promesa siniestra) Escúchame bien, María, y escucha con todo el terror que deberías estar sintiendo.

Si a Milagros le pasa algo…

algo.

Un rasguño.

Un susto.

Si un solo pelo de su cabeza no está perfecto cuando la encuentre…

no solo te despediré.

Arruinaré tu vida.

Borraré tu nombre.

Haré que desaparezcas de una manera que ni tu propia madre recordará que exististe.

Eres responsable de lo que le pase a ella.

Y yo seré tu juez, jurado y verdugo.

María: (Con voz quebrada, casi inaudible) Sí, señor…

lo entiendo, señor…

Cristhian: (Es un rugido final) ¡Encuéntrala!

¡Mueve a todo el maldito personal!

¡Revisa cada centímetro de la propiedad!

¡Y no cuelgues este teléfono!

¡Hasta que no esté escuchando la respiración de mi esposa otra vez, tú seguirás existiendo solo por mi sufrimiento!

¡AHORA, VE!

(La línea permanece abierta, transmitiendo solo el sonido de la respiración furiosa de Cristhian y los sollozos ahogados de una mujer que acaba de firmar su sentencia de muerte.) ——————————- (El sonido ensordecedor de la puerta de la oficina estallando contra el marco de metal retumba a través del teléfono, un eco de la furia contenida que ahora se libera.

Cristhian no ha colgado.

La línea sigue abierta, un hilo tenso que transmite su ira y el pánico que estalla al otro lado.) A través del teléfono, se escucha a María, con la voz quebrada por el pánico, gritando: María:¡¡A todos!!

¡¡Tienen que buscarla!!

¡¡Por toda la mansión!!

¡¡Revisen los jardines, la biblioteca, los salones, todo!!

¡¡Los guardias, despliéguense!!

¡¡Es una orden directa del Señor!!

¡¡Encuentren a la Señora Milagros!!

(Los ruidos de fondo se convierten en un caos de pasos apresurados y voces superpuestas.

Mientras, del lado de Cristhian, se oyen sus pasos rápidos y furiosos recorriendo el pasillo, el sonido metálico del ascensor cerrándose con fuerza.

Luego, la puerta de un coche abriéndose y cerrándose de un golpe seco.) Cristhian: (Su voz es un rugido sordo dentro de la lujosa cabina del automóvil, dirigida al chofer) ¡A la mansión!

¡Pisa el maldito acelerador a fondo!

Si hay un solo semáforo en rojo que te detenga, te aseguro que no volverás a conducir nunca más.

(El rugido del motor de alta gama acelera de inmediato, un gemido de potencia que refleja la urgencia devoradora de su dueño.

Cristhian respira con dificultad, su puño apretado golpea la piel del asiento.) Cristhian: (Habla a través del telófono, su voz ahora un silbido cargado de una amenaza visceral dirigida a María, cuya respiración jadeante se sigue oyendo al otro lado) Escucha cada segundo de este caos, María.

Escucha el sonido de tu fracaso.

Cuando llegue allí, y mi esposa no esté sana y salva en mi habitación…

(Hace una pausa, dejando que el terror se cocine a fuego lento).

No querrás estar cerca para ver lo que soy capaz de hacer.

Tu vida ya me pertenece.

Es un peaje que pagarás por tu incompetencia.

(El coche se detiene con un chirrido brutal frente a la imponente fachada de la mansión Tantalean.

La puerta se abre antes de que el vehículo se estabilice por completo.

Cristhian emerge, una silueta de ira vestida de negro.

Su respiración no es jadeante, es controlada, fría, pero sus ojos…

sus ojos son los de un loco, vidriosos y con una luz interior que no es humana.

María se acerca, arrastrando los pies, el cuerpo temblando de miedo.) María: (Con la voz quebrada, la mejilla ya hinchada por un golpe invisible anticipado) J-Jefe…

lo siento mucho…

pero no…

no la encontramos.

Revisamos todo…

no está.

(Cristhian la mira, y por un segundo, no parece ver a una persona, sino un obstáculo, un fallo en su sistema perfecto.

Su brazo se mueve con una velocidad sobrenatural.

El crujido sordo de la cachetada llena el vestíbulo, un sonido húmedo y violento.

María cae de rodillas, una mano en su mejilla ardiente.) Cristhian: (Su voz no es un grito.

Es un susurro ronco, cargado de una locura lúcida y aterradora) El “lo siento” no existe en mi vocabulario.

Solo existen las consecuencias.

Tú.

(Señala a María con un dedo que no tiembla).

Te quedas aquí.

Inmóvil.

En este mismo lugar.

Hasta que YO regrese con lo que es mío.

No te muevas.

No bebas.

No respires si no es absolutamente necesario.

Eres un recordatorio de lo que le pasa al fracaso.

(Su mirada se desprende de ella como si dejara de existir, y se clava en el capitán de los guardias, que palidece visiblemente.) Cristhian: (Su voz se eleva, proyectándose con una claridad demencial) ¡Guardias!

¡Muevan todo!

¡Sus contactos!

¡La policía, los criminales, no me importa!

¡Si es necesario, paralicen las calles!

¡Revisen cada agujero, cada cloaca, cada rincón de esta ciudad!

¡Y si no está aquí, expandan la búsqueda!

¡Revisen toda Francia!

¡Desentierren cada piedra si hace falta!

(Camina hacia la puerta principal, su espalda rígida.

Se detiene, sin volverse.) Cristhian: (En el mismo tono bajo y psicótico) Ella es mi corazón.

Y si mi corazón late fuera de su jaula…

(Una sonrisa grotesca y vacía se dibuja en sus labios).

Entonces haré que este país entero sienta el dolor de un latido perdido.

Ahora.

MUEVANSE.

(Sale, dejando atrás un silencio pesado, roto solo por los sollozos ahogados de María, aún arrodillada en el suelo de mármol, una prisionera en la jaula que una vez vigiló.) (El capitán de los guardias, Rojas, y su segundo, Esteban, recorren el pasillo de un hospital público.

Las luces fluorescentes parpadean sobre sus caras tensas.

No hablan, pero el silencio entre ellos es elocuente.) Esteban: (En un susurro cargado de pavor, mientras revisan una lista de ingresos) Rojas…

¿qué le haremos si…

si la encontramos aquí?

En un lugar como este.

Él dijo…

“sana y salva”.

Pero si ella está…

Rojas: (Corta el aire con un gesto seco, sus nudillos están blancos de apretar la carpeta que lleva) No termines esa frase, Esteban.

Ni en voz baja.

(Se pasa una mano por la cara).

Solo rezamos para que esté en una cama, con un rasguño.

Un maldito rasguño y nada más.

(Se detienen frente a la puerta de la morgue del hospital.

El letrero parece brillar con una luz siniestra.

Un técnico forense, un hombre joven con gafas, sale y los mira con curiosidad.) Técnico: ¿Buscan a alguien?

Rojas: (Se aclara la garganta, forzando su voz a sonar autoritaria, pero un temblor delata el miedo) Una mujer.

Joven.

Cabello rojo …

(Su voz se quiebra un instante al describir a la señora Milagros).

¿Ha ingresado alguien con esa descripción en las últimas horas?

El técnico revisa

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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