Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

DULCE VENENO - Capítulo 72

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. DULCE VENENO
  4. Capítulo 72 - 72 Cine
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

72: Cine 72: Cine El técnico revisa su tablilla.

Los segundos se alargan, cada uno es una losa de hielo sobre sus espaldas.

Técnico: No, señor.

Solo tenemos a un anciano por muerte natural y a una víctima de un accidente de tráfico…

hombre.

(Rojas exhala un suspiro que era más de alivio momentáneo que de tranquilidad.

Esteban se apoya contra la pared, las piernas débiles.) Esteban: (Cuando el técnico se va, murmurando) Dios…

gracias a Dios no estaba aquí.

Rojas: (Lo mira, y sus ojos están llenos de un terror aún mayor) ¿Crees que esto es un alivio?

(Sacude la cabeza, una mueca amarga en su rostro).

Si no está en un hospital…

solo queda la otra opción.

O…

que simplemente haya huido.

(Baja la voz hasta casi no ser audible).

Y si él piensa que huir es una opción que ella se tomó…

su ira no tendrá límites.

Será una cacería.

Y nosotros…

somos los sabuesos a los que no les importará sacrificar si fallamos.

(Se gira, su espalda recta pero cargada de un peso inmenso.) Rojas: Vamos.

Al siguiente.

Y al siguiente.

Hasta que…

hasta que encontremos algo.

O hasta que él nos encuentre a nosotros.

(Caminan por el pasillo, sus figuras parecen más pequeñas bajo la luz fría, dos hombres atrapados en la pesadilla de otro, buscando desesperadamente un final que no signifique su propia perdición.) (Dos guardias más jóvenes, Luis y Tomás, recorren con paso nervioso los pasillos de un supermercado exclusivo.

Sus miradas no buscan productos, sino escrutar cada rostro, cada figura femenina.

La orden de Cristhian pesa sobre ellos como una losa.) Luis: (Apretando el radio en su cinturón, en voz baja) Esto es una locura, Tomás.

Buscar a la señora aquí…

entre el pasillo de lácteos y las galletas.

¿Qué espera el Jefe?

¿Que la encontremos eligiendo un vino?

Tomás: (Nervioso, observando a una mujer de cabello oscuro que se aleja) Cállate, Luis.

Solo haz tu trabajo.

Revisa y calla.

No quiero ni pensar…

(Traga saliva).

No quiero pensar en lo que pasará si no damos con ella pronto.

(Se acercan a la sección de frutas.

Una empleada del supermercado se acerca con una sonrisa profesional.) Empleada: Buenos días, caballeros, ¿buscan algo en particular?

Luis: (Se sobresalta, llevando la mano instintivamente a donde oculta su arma).

¡No!

Quiero decir…

no, gracias.

Solo…

miramos.

(La empleada, extrañada, se aleja.

Tomás se lleva una mano temblorosa a la frente.) Tomás: Mira, Luis…

tenemos que ser discretos.

Si la señora está aquí y la asustamos, o si alguien se da cuenta de quiénes somos y por qué buscamos…

el Jefe…

Luis: (Su rostro palidece al mencionar a Cristhian).

No digas su nombre.

Por favor.

(Mira a su alrededor, paranoico).

Él…

tiene ojos en todas partes.

¿Y si ya sabe que estamos aquí, perdiendo el tiempo?

¿Y si mientras nosotros revisamos manzanas, ella…

ella ya…?

Tomás: (Corta la idea con un gesto brusco, pero el miedo también brilla en sus ojos).

¡Basta!

Ella no puede haber…

desaparecido así.

Tiene que estar en algún lado.

Tal vez se fue por su cuenta.

(Al decir esto, un nuevo terror lo invade).

Pero si fue así…

si se escapó de él…

entonces esto es mucho peor.

Él no se detendrá ante nada.

Y nosotros…

nosotros seremos los primeros en pagar por no haberlo previsto.

Luis: (Susurrando, casi al borde del pánico).

Estamos buscando en un supermercado, Tomás.

Mientras el Jefe está…

Dios sabe qué haciendo.

No vamos a encontrarla.

Es imposible.

Tomás: (Con una resignación aterrada).

Tenemos que seguir.

Tenemos que poder decir que lo intentamos.

Que revisamos hasta el último rincón.

Es nuestra única esperanza.

Ahora, deja de temblar y actúa normal.

O al menos, finge que no estás a punto de vomitar del miedo.

(Ambos asienten, con una complicidad nacida del terror, y continúan su patrulla, dos soldados aterrados en una guerra absurda y peligrosa, cada minuto que pasa acercándolos más a un enfrentamiento con la furia de Cristhian.) (La sala de control está sumergida en una penumbra azulada, solo rota por el brillo frío de una docena de monitores.

Tres guardias —Héctor, el más veterano; Javier, el técnico; y el joven Mateo— escrutan las imágenes con una mezcla de desesperación y miedo.) Mateo: (Pasándose una mano por el rostro, la voz ronca por la fatiga y la tensión) Esto es inútil.

Podría estar en cualquier parte.

Es como buscar una aguja en un pajar…

un pajar del que el Jefe va a prender fuego si no encontramos la aguja.

Héctor: (Sin apartar los ojos de las pantallas, su tono es grave, como un presagio) Cállate y sigue mirando.

No quiero ni pensar en lo que pasará si tenemos que volver con las manos vacías.

De repente, Javier se inclina hacia una de las pantallas, ajustando bruscamente el zoom.

Javier: Esperen…

Alto.

Retrocedan la cámara de la plaza comercial.

A las 14:23.

Ahí.

(La imagen, granulada pero nítida, muestra la entrada de un cine de lujo.

Tres figuras se acercan.

Dos son reconocibles al instante: Stefanny, la hija de Cristhian, con su aire despreocupado, y Marilú, su amiga.

Pero es la tercera figura la que hiela la sangre en las venas de los tres hombres.) Mateo: (Con un hilo de voz) Santa madre…

Es ella.

Milagros no lleva la ropa discreta de siempre.

Viste un conjunto impecable: un blazer marrón de gamuza con botones dorados sobre un top negro y shorts a juego.

Sandalias de tacón con detalle dorado, un bolso tejido de lujo y gafas de sol negras.

Pendientes y collar de Van Cleef & Arpels.

Parece una versión glamurosa y poderosa de sí misma, una mujer que pertenece a ese mundo de lujo, pero por elección propia.

Héctor: (Se levanta tan bruscamente que su silla cae hacia atrás con un estruendo sordo) No puede ser…

Está con la hija.

¿Stefanny…

está ayudándola?

Javier: (Tragando saliva, sus dedos vuelan sobre el teclado para congelar la imagen) No está huyendo asustada, Héctor.

Mira su postura…

parece…

segura.

(Un silencio pesado cae sobre la sala.

El hallazgo, en lugar de alivio, trae una nueva capa de terror.) Mateo: (Casi sin aliento) Él…

él no solo va a enfurecerse por que se fue.

Va a enloquecer al verla así…

y al ver a su propia hija involucrada.

Esto es mucho peor de lo que pensamos.

Héctor: (Agarra el radio con una mano que apenas logra contener el temblor.

Su voz, sin embargo, es de acero forjado en el miedo, intentando mantener la compostura.) Capitán Rojas…

Tenemos un avistamiento.

Confirmado.

La señora Milagros está en el Cine Lux de la plaza comercial.

Y…

(Hace una pausa, forzándose a decir las palabras) está acompañada por la señorita Stefanny.

Repito, la señorita Stefanny está con ella.

(La estática del radio es la única respuesta por un momento, cargada de la misma incredulidad y horror que llena la sala de control.

Han encontrado a la reina fugitiva.

Pero al hacerlo, pueden haber desatado la tormenta definitiva.) (El radio en la mano del Capitán Rojas crepita.

La voz de Héctor, tensa y cargada de pánico, corta la estática.

Rojas escucha, y con cada palabra, el color abandona su rostro.

Sus nudillos, apretando el aparato, blanquean como la cera.) Rojas: (Apretando el botón de transmitir, su voz es un susurro ronco, incrédulo) Repite eso, Héctor.

¿Dónde?

¿Y quién dijo que está con ella?

(La confirmación llega, clara y terrible.

Rojas cierra los ojos un instante, como si recibiera un golpe físico.

Baja el radio y se queda inmóvil en medio del estacionamiento del hospital, el mundo a su alrededor parece haberse detenido.

Con una mano que apenas puede controlar el temblor, saca su teléfono personal.

Marca el número.

Cada tono suena como un latido de tambor antes de la ejecución.) Cristhian: (Contesta al primer tono.

Su voz no es un saludo, es una exigencia de silencio, un abismo de calma amenazante) Habla.

Rojas: (Traga en seco, forzando las palabras a través de una garganta cerrada p

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo