Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

DULCE VENENO - Capítulo 73

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. DULCE VENENO
  4. Capítulo 73 - 73 Posesión
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

73: Posesión 73: Posesión Rojas: (Traga en seco, forzando las palabras a través de una garganta cerrada por el miedo) Señor…

tenemos…

tenemos un avistamiento.

(Se oye el cambio en la respiración al otro lado de la línea.

Más lenta, más profunda.

La calma de un depredador que ha olido la sangre.) Cristhian: ¿Dónde?

Rojas: En el Cine Lux…

de la plaza comercial.

La señora Milagros…

está allí.

Cristhian: (La voz gélida) ¿Y?

Rojas: (Cierra los ojos, sabiendo que las siguientes palabras son la sentencia) Y…

no está sola, señor.

La…

la señorita Stefanny…

está con ella.

Parece que…

entraron juntas.

(El silencio del otro lado de la línea es absoluto.

No es la falta de sonido, es la presencia de una furia tan colossal que parece absorber hasta el aire.

Cuando Cristhian habla de nuevo, su voz es suave, casi una caricia, y por eso infinitamente más aterradora.) Cristhian: Stefanny…

¿Mi hija?

Rojas: Sí, señor.

La vimos claramente en las cámaras.

(Se oye un sonido sordo al otro lado, como si una mano se hubiera cerrado con tanta fuerza que los huesos crujieran.) Cristhian: (Cada palabra es un fragmento de hielo afilado) Rojas.

Escúchame con toda la atención de la que sea capaz esa mente mediocre.

Reúna a todos.

TODOS.

Guardias, choferes, quien esté armado.

Bloqueen esa plaza.

Cada entrada, cada salida.

No entra ni sale una mosca.

Si un guardia de ese centro comercial les pregunta algo, arréstenlo o písienlo.

No quiero testigos.

No quiero interferencias.

Rojas: (Con voz quebrada) Sí, señor.

Inmediatamente.

Cristhian: (Su voz se convierte en el susurro final de un huracán a punto de tocar tierra) Yo voy para allá.

Y Rojas…

si ella, si MI ESPOSA, vuelve a desaparecer de su vista antes de que yo llegue…

o si mi hija interviene…

no solo serán despedidos.

Los enterraré a todos en el jardín de mi mansión.

¿Está claro?

Rojas: (Con el alma helada) Claro, señor.

(La llamada se corta.

Rojas se queda un segundo con el teléfono pegado a la oreja, paralizado.

Luego, un estremecimiento lo recorre.

Aprieta su radio, y su voz ya no es la de un capitán, sino la de un hombre condenado dando la orden final.) Rojas: (Gritando en el radio) ¡A todos los equipos!

¡Converjan en el Cine Lux de la plaza comercial, YA!

¡Código Negro!

¡Repito, Código Negro!

¡Bloqueen todo!

¡Nadie se mueve de ahí hasta que el Jefe llegue!

¡NADIE!

(El eco de su grito se pierde en el estacionamiento, el preludio de una tormenta que se acerca, imparable y devastadora.) (Las puertas del cine se abren de par en par con un golpe seco que corta la risa en la sala.

Cristhian emerge en el umbral, una silueta recortada contra la luz del vestíbulo.

No jadea, no está despeinado.

Su ira ha hervido hasta convertirse en algo sólido, glacial y letal.

Su mirada, como un láser, atraviesa la distancia y se clava en Milagros.

La ve riendo, con la cabeza ladeada, un eco de una felicidad que él no ha autorizado.

Luego, desciende por su cuerpo, captando cada detalle del atuendo audaz, la elegancia rebelde, la confianza que emana de ella.

Es la imagen más hermosa y más insultante que ha visto.) (Stefanny y Marilú se paralizan, el color abandonando sus rostros.

La felicidad se esfuma de los ojos de Milagros, reemplazada por un pavor instantáneo que Cristhian absorbe con avidez.) Cristhian: (Su voz no es un trueno.

Es el susurro sedoso y venenoso de una serpiente antes de atacar.

Avanza, cada paso midiendo el espacio que lo separa de su presa).

Mira tú…

Mi esposa.

Mi preciosa ave.

(Se detiene a escasos centímetros de ella.

Su presencia es física, una barrera de hielo y acero.

Ignora por completo a las otras dos.) Cristhian: (Alarga una mano y, con los dedos, roza el borde del blazer de gamuza.

Un gesto que pretende ser una caricia, pero que es una reclamación de propiedad).

Me has tenido muy preocupado, mi amor.

Volví a casa y tu jaula…

estaba vacía.

(Sus dedos se cierran alrededor de la tela, no con fuerza, pero con la amenaza latente de hacerlo).

Y ahora te encuentro aquí…

vestida para una función que no aprobé.

Riendo con una libertad que no te pertenece.

(Su mirada se eleva desde la tela hasta clavarse en sus ojos, y la máscara de calma se agrieta, mostrando el abismo de obsesión que hay debajo.) Cristhian: ¿Te gusta jugar a escapar, Milagros?

¿Te gusta vestirte de…

esto…

y fingir que el mundo es tuyo?

(Una sonrisa terrible, torcida, se dibuja en sus labios).

Pero mi amor, todo lo que eres…

este pelo, esta piel, esta sonrisa que me robaste hoy…

todo es mío.

Y yo siempre, siempre, reclamo lo que es mío.

(Su voz baja aún más, hasta ser solo para sus oídos, un susurro de pesadilla compartida).

Cristhian: La diversión ha terminado.

Es hora de volver a casa.

Vas a quitarte este disfraz.

Y vas a recordar…

exactamente a quién perteneces.

Cada suspiro.

Cada latido.

(Su mano se desliza desde el blazer hasta su nuca, posándose allí con una posesión absoluta).

Esta noche, te lo recordaré.

Hasta que el único nombre que puedas gritar…

sea el mío.

(Sin romper el contacto visual, habla ahora hacia sus guardias, que flanquean las salidas, sin necesidad de alzar la voz.) Cristhian: Stefanny.

A la mansión.

Ahora.

No quiero oír una palabra.

(Su mirada vuelve a Milagros, hipnótica y mortal).

Y a mi esposa…

la llevo yo.

(El interior del automóvil es una burbuja de lujo y oscuridad.

Milagros, pequeña y temblorosa, está sentada sobre las piernas de Cristhian, quien la sostiene con un brazo férreo alrededor de su cintura.

Ella se aferra a los hombros de su blazer, enterrando su rostro en su cuello en un gesto que es tanto de rendición como de desesperación.) Cristhian: (Susurrando contra su pelo, su voz un zumbido grave y peligroso) Calla.

No quiero escuchar excusas.

No quiero sentir tus lágrimas.

Solo quiero sentir tu miedo…

y saber que es por mí.

(Él hunde los dedos en su cabello, tirando con suavidad brutal para exponer su cuello.

Ella emite un jadeo ahogado.

Él acerca su rostro, pero no para besarla.

Su aliento caliente recorre la piel palpitante de su garganta.) Cristhian: Me asustaste, Milagros.

Me hiciste pensar que te había perdido.

(Abre la boca y clava sus dientes con precisión en el punto donde su cuello se une al hombro, no lo suficiente para sangrar, pero sí para marcar, para doler).

Y a lo mío…

no se le permite perderse.

(Ella gime, un sonido entre el dolor y una rendición eléctrica.

Esa es la chispa.

Cristhian captura sus labios con los suyos en un beso que no es de amor, sino de conquista.

Es salvaje, posesivo, un acto de canibalismo emocional.

Su lengua invade, reclama, castiga la libertad que ella se tomó.

Es un beso que sabe a miedo, a bronca y a una obsesión tan negra como la noche que los rodea.) (Sin separar sus bocas, Cristhian endereza sus piernas, sentándola de frente a él, encajada contra su cuerpo.

Sus manos agarran sus caderas a través de la fina tela de los shorts, apretando con una fuerza que promete moretones.

Rompe el beso por un instante, solo para jadear contra sus labios hinchados.) Cristhian: (Voz ronca, devorada por la pasión oscura) ¿Ves?

Esto es lo que provocas.

Esta…

locura.

(Vuelve a besarla, más profundo, más devorador).

Eres mi enfermedad y mi única cura.

Mi tesoro y mi castigo.

(Una de sus manos se desliza desde su cadera hasta la nuca, inmovilizándola.

El otro mano busca el borde de su top negro.) Cristhian: (Entre besos devoradores) Esa ropa…

ese aire de libertad…

se lo quitaré todo.

(La mira a los ojos, y su mirada es un abismo sin fondo).

Hasta que solo quedes tú…

y el eco de mi nombre en tu alma.

Esta noche, mi amor, no dormirás.

Te recordaré cada jadeo, cada temblor

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo