DULCE VENENO - Capítulo 84
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84: Informe 84: Informe Milagros: (En un murmullo casi inaudible para Lansky) Están mordiendo el anzuelo.
Lansky: (Llevando la copa a sus labios, sus palabras un susurro cortante) Que sigan mirando.
Mientras más fijen sus ojos en el espejismo, más ciegos estarán para la tormenta que se avecina.
(El restaurante Alléno Paris – Pavillon Ledoyen respira elegancia y tranquilidad.
Rojas está sentado en una mesa discreta, semi-oculto tras un pilar y el menú de degustación.
Viste un traje que lo mimetiza con la clientela adinerada, pero sus ojos no descansan.
Su copa de vino está intacta.
Su postre, sin probar.
Toda su atención está puesta en Milagros, sentada a varias mesas de distancia, disfrutando de un postre que parece una obra de arte.) (Rojas observa, inmóvil, mientras un joven mesero se acerca a la mesa de Milagros para preguntar si todo está de su agrado.
El mesero, profesional, le dirige una sonrisa cordial.
Milagros, relajada y tal vez embriagada por la atmósfera y la libertad momentánea, le devuelve la sonrisa.) Rojas: (En un murmullo casi imperceptible, para sí mismo, mientras sus dedos se tensan alrededor de la base de la copa) Idiota…
No le sonrías.
Solo sirve la maldita comida y aléjate.
(Sus ojos, escáners implacables, no se apartan de ella.
Es entonces cuando detecta otro movimiento.
Un hombre joven, bien vestido, en una mesa un poco más adelante, ha estado lanzando miradas discretas hacia Milagros.
Ahora, aprovechando un momento, le dirige una sonrisa abierta, un claro gesto de interés.) (Rojas no se inmuta externamente, pero por dentro cada uno de sus sentidos se agudiza.
Saca su teléfono móvil, un dispositivo seguro, y comienza a teclear notas con una velocidad y precisión febriles.) Rojas: (Murmurando mientras escribe) Mesero principal…
sonrisa profesional, interacción de 8 segundos.
Ella correspondió con sonrisa…
breve.
Sin contacto.
21:47.
(Sus ojos se desplazan hacia el otro hombre.) Rojas: (Tecleando de nuevo) Sujeto mesa 9.
Terno azul marino.
Cabello castaño.
Se acerca visualmente…
ahora intenta contacto visual directo.
Coqueteo claro.
21:49.
(El hombre de la mesa 9 levanta su copa en un gesto sutil hacia Milagros, con una sonrisa confiada.
Milagros, educadamente, desvía la mirada hacia su plato, un leve rubor en sus mejillas.) Rojas: (Una línea de sudor frío recorre su espina dorsal.
Saca su teléfono de manera discreta y toma una foto del hombre, asegurándose de captar su rostro con claridad.
Sus dedos vuelan sobre la pantalla).
Sujeto mesa 9 realiza brindis no solicitado.
Ella evita contacto.
Reacción: rubor, incomodidad leve.
21:50.
(Guarda el teléfono y sus ojos se clavan en el hombre con una intensidad que, si este la sintiera, le helaría la sangre.
Rojas no es un hombre violento por naturaleza, pero en este momento, ejecutando las órdenes de Cristhian, se siente como la sombra de una guillotina.) Rojas: (Para sus adentros, con un humor negro y amargo) Disfruta tu copa, imbecil.
Disfruta esta noche.
Porque probablemente sea la última cena tranquila que tengas en mucho, mucho tiempo.
(Vuelve a fijar su mirada en Milagros, una estatua de vigilancia y paranoia, documentando cada segundo de su “libertad” para el hombre que convertiría este informe en un castigo.) La tensión en el aire era tan densa que se podía cortar con un cuchillo.
Milagros, con una sonrisa fría y un brillo de complicidad en los ojos, dejó su servilleta sobre la mesa.
Milagros: (En un tono casual, pero lo suficientemente alto para que Lansky la oyera) Ya debo regresar.
Fue una velada…
reveladora.
Se levantó con la elegancia serena que la caracterizaba y se dirigió con calma hacia los baños, su figura desapareciendo tras la puerta de madera oscura.
Casi de inmediato, desde la otra punta del salón, la impostora también se levantó, ajustándose el mismo pañuelo en la cabeza, y tomó la misma dirección.
Interior del Baño de Damas El baño era un santuario de mármol blanco y dorados tenues.
Milagros esperaba junto al lavabo.
Los ojos de ambas mujeres se encontraron en el espejo.
No hubo palabras.
Un intercambio rápido y eficiente: Milagros se quitó el sencillo abrigo que llevaba y se lo pasó a la impostora.
Esta, a su vez, se despojó del idéntico abrigo y pañuelo que llevaba y se los entregó a Milagros.
En menos de quince segundos, la transformación estaba completa.
La impostora salió primero del baño, ahora con la ropa que llevaba Milagros cuando llegó con Lansky.
Al salir, dos hombres de constitución sólida y trajes impecables—los guardias de Lansky—que parecían estar esperando casualmente en el pasillo, se colocaron a sus lados y la escoltaron fuera del restaurante con una discreción absoluta.
Un momento después, salió Milagros.
Vestía ahora el abrigo y el pañuelo de la impostora.
Caminó directamente hacia la mesa que había ocupado el señuelo en el centro del salón y se sentó.
Recogió el libro que la otra mujer había estado leyendo y apoyó la barbilla en su mano, mirando por la ventana con una expresión de aburrimiento distraído, la imagen perfecta de una mujer rica esperando a alguien.
Los guardias de Lansky sacaron a la impostora del restaurante y la subieron al carro , el secretario se acercó y le entrego un cheque de 10000,0000 y cerró la puerta y vio como el carro se alejaba .
El Informe de la Sombra (El despacho de Cristhian está sumido en una penumbra, solo rota por la lámpara de escritorio que ilumina sus manos entrelazadas.
Rojas entra y se detiene frente al escritorio, manteniendo una distancia prudencial.
La atmósfera es pesada, cargada de la quietud que precede a la tormenta.) Cristhian: (Sin levantar la vista) Informe.
(La palabra es un latigazo en el silencio.
Rojas se endereza aún más, si es posible.) Rojas: Señor.
La señora llegó al Ledoyen a las 19:45.
Fue ubicada en la mesa reservada, con vista al jardín interior.
Ordenó la langosta al curry verde como plato principal y el “Soufflé Grand Marnier” como postre.
(Hace una pausa breve).
Bebió dos copas de Chablis Grand Cru 2018.
Cristhian: (Sigue inmóvil) ¿Y?
Rojas: (Traga saliva secamente) A las 21:47, el mesero principal, un varón de aproximadamente 25 años, rubio, estatura media, se acercó a preguntar si todo estaba de su agrado.
La interacción duró 8 segundos.
La señora…
le correspondió con una sonrisa.
(Cristhian no se mueve, pero el aire a su alrededor parece volverse más frío.) Rojas: (Continúa, su voz un poco más tensa) A las 21:49, un sujeto en la mesa 9, terno azul marino, cabello castaño, unos 30 años, inició contacto visual.
A las 21:50, realizó un brindis no solicitado en dirección a la señora.
Ella…
desvió la mirada y mostró un rubor en las mejillas.
Interpreté la reacción como incomodidad leve.
(Rojas saca su teléfono y lo coloca sobre el escritorio, deslizándolo hacia Cristhian.
En la pantalla, una foto clara del rostro del hombre de la mesa 9.) Rojas: Logré una identificación visual clara del sujeto.
No hubo más interacciones.
La señora abandonó el restaurante a las 22:30.
Fue dejada en la mansión a las 22:50 sin incidentes.
(Un silencio espeso llena la habitación.
Cristhian finalmente alza la mirada.
Sus ojos no reflejan ira, sino una calma aterradora, la de un depredador que ha identificado a su presa.) Cristhian: (Toma el teléfono y observa la foto.
Su dedo acaricia la pantalla, justo sobre el rostro del hombre).
Una sonrisa al mesero…
(murmura, como para sí mismo).
Y un rubor…
por el brindis de un extraño.
(Deja el teléfono sobre el escritorio y mira a Rojas.
Una sonrisa fría y desprovista de humor se dibuja en sus labios.) Cristhian: Buen trabajo, Rojas.
Los detalles…
siempre son lo más importante.
(Se levanta y se acerca a la ventana, mirando la noche).
Puede retirarse.
Y…
asegúrese de que el equipo esté listo para una tarea discreta mañana por la mañana.
Rojas: (Asiente, comprendiendo perfectamente lo que no se ha dicho).
Sí, señor Cristhian.
(Rojas sale del despacho, dejando a Cristhian solo con la ima
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