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DULCE VENENO - Capítulo 90

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  4. Capítulo 90 - 90 El silencio impuesto
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90: El silencio impuesto 90: El silencio impuesto Un nuevo grito, ahogado y desesperado, se convierte en un quejido cuando las puntas dentadas se cierran alrededor de su primer incisivo superior.) Lucas: (Con la boca semi-abierta, un sonido gutural y húmedo escapa de su garganta) ¡AGHH—!

¡MADRE…!

Rojas aplica presión.

No es rápido.

Es un proceso metódico, una torsión lenta y deliberada.

Un crujido bajo y húmedo, como una rama verde siendo quebrada, corta el aire.

Es un sonido pequeño, íntimo y monstruosamente obsceno.

(Un chorro de sangre caliente brota de la encía destrozada, pintando la barbilla de Lucas, su cuello, las manos impecables de Rojas.

El grito que sigue ya no es una palabra, es el sonido puro del dolor animal, un alarido que rasga la noche.) Lucas: ¡IIIIAAAAHHHHHHH—!

(Las lágrimas se mezclan con la sangre en su rostro, creando un río salado y carmesí.

Su cuerpo se convulsiona contra las ataduras, un espasmo incontrolable de agonía.) Cristhian inhala profundamente, como si el sonido de la desesperación fuera un incienso raro.

Sus ojos no se apartan de la escena, absorbiendo cada detalle.

Cristhian: (En un murmullo para sí mismo, lleno de una satisfacción perversa) Así…

así es.

Que cada gemido sea un recordatorio.

Que cada gota de sangre escriba la lección.

(Levanta la voz ligeramente, dirigiéndose a Rojas).

Continúa.

No dejes ninguno.

Quiero esa sonrisa…

borrada para siempre.

(Rojas, con la cara salpicada de rojo, escupe un fragmento blanco y sangrante en el suelo.

Sin pausa, lleva los fórceps a la siguiente pieza.

Los gritos de Lucas se transforman en un llanto continuo, quebrado, la voz rota por un dolor insondable.

Cada nuevo crujido es un martillazo en el silencio, una nota en la sinfonía sádica que Cristhian dirige con devoción absoluta.

El almacén se ha convertido en un infierno, y su dios está sentado, observando, con una sonrisa de posesión demente.) (El último diente, un molar manchado de rojo, cae sobre el cemento con un chasquido húmedo y sordo, rodando hasta unirse al macabro mosaico de esmalte y sangre a los pies de la silla.

El trabajo está terminado.) (Lucas ya no grita.

Su cuerpo es un temblor incesante, un volcán de agonía que ha consumido todo su aire.

Su rostro es una máscara grotesca de sangre fresca y moretones, la boca un hueco cavernoso y sangrante donde antes había una sonrisa.

Intenta hablar, dirigirse a la figura sentada que observa todo con la calma de un dios.) Lucas: (Un sonido gutural, burbujeante y ahogado por la sangre y la hinchazón surge del vacío) Hnnngh…

Ghh…

Criss…

Ghhhan…

Pff…

(No son palabras.

Son los sonidos de un animal herido de muerte, un balbuceo grotesco e incomprensible.

La boca sin dientes no puede formar consonantes, la lengua, hinchada y traumatizada, se mueve sin propósito.

Es el sonido de la deshumanización completa.) Cristhian se inclina ligeramente hacia adelante en su silla, con una expresión de curiosidad fría, como si estudiara un insecto raro.

Cristhian: (Su voz es suave, casi un susurro, pero corta como una navaja) ¿Qué intentas decir, muchacho?

(Hace una pausa, fingiendo dificultad para entender).

Ah, claro…

cómo olvidar.

Ya no tienes las herramientas para articular tu…

disculpa.

O tu suplica.

(Una sonrisa lenta y terrible se extiende por su rostro).

Esa fue la idea, ¿recuerdas?

Una solución permanente.

(Lucas emite otro sonido, esta vez un quejido largo y desesperado que se convierte en un hipo sanguinolento.

Las lágrimas limpian surros pálidos en el rojo de sus mejillas.) Cristhian: (Se recuesta de nuevo, satisfecho.

Su mirada se desvía hacia Alejandro, el ejecutivo, que está paralizado, mirando el vacío sangrante que fue la boca de Lucas con horror indescriptible).

Mira, Alejandro.

(Le habla como a un alumno lento).

Mira el resultado de una simple sonrisa mal dirigida.

De una mirada indiscreta.

(Su tono se vuelve paternalista, siniestro).

Es elocuente, ¿no crees?

Más que cualquier palabra.

Un recordatorio silencioso…

o más bien, sin palabras, de los límites.

(Señala con la cabeza a Rojas, que se limpia las manos enguantadas en un trapo ya empapado de carmesí.) Cristhian: Limpien esto.

(Se refiere tanto a los dientes en el suelo como a Lucas, que ahora se mece hacia adelante y hacia atrás, sumido en un shock insondable).

Lleven al…

caballero a algún lugar donde pueda reflexionar sobre su nueva condición.

En silencio.

(Se levanta, arreglando su abrigo impecable.

Ni una gota de sangre lo ha tocado.

Es el director alejándose de su obra terminada.) Cristhian: (Dirigiéndose a Alejandro, su voz recupera su peligrosa serenidad) Y ahora, tú y yo, Alejandro…

vamos a tener una conversación sobre los brindis.

Y sobre la mirada.

Todavía tienes ojos, después de todo.

Por ahora.

(La amenaza flota en el aire, más pesada y fría que el olor a sangre.

El turno de Alejandro acaba de comenzar.) (Los guardias están arrastrando el cuerpo inconsciente y quebrado de Lucas hacia la puerta.

La sangre marca un sendero oscuro en el suelo polvoriento.

Cristhian observa la escena, su cabeza ladeada en un gesto de falsa contemplación.

De repente, alza una mano.) Cristhian: Esperen.

(Los guardias se detienen en seco, volteando a verlo.) Cristhian: (Su voz es calmada, casi pensativa) Llévenlo al hospital.

Ya le dimos su castigo.

Eso es suficiente.

(Hay un silencio cargado.

Los guardias intercambian miradas fugaces antes de asentir y continuar sacando el cuerpo inerte de Lucas, ahora con un destino ligeramente menos sombrío.) (Cristhian gira lentamente hacia donde está Alejandro, quien ha presenciado todo con un terror paralizante.

Sus ojos, wide with horror, se clavan en Cristhian.) Cristhian: (Se acerca a Alejandro, sus pasos lentos y deliberados.

Se detiene frente a él, mirándolo desde arriba).

A ti…

no te sacaré los ojos.

(Dice, como concediendo un gran favor).

Los ojos pueden bajar la mirada, pueden evitar la tentación.

Pero un recordatorio…

un recordatorio en la piel, eso es permanente.

(Una sonrisa siniestra se dibuja en sus labios.

Mira a Rojas, quien se ha limpiado la sangre y espera nuevas órdenes.) Cristhian: Rojas.

Recuerdo tu talento con la tinta y las agujas antes de que…

bueno, antes de que te dedicaras a labores más…

intensas.

(Su tono es casi nostálgico).

No quiero sacarle los ojos a este chico.

Quiero que le hagas un tatuaje.

Un hermoso tatuaje en su rostro.

(Alejandro emite un grito ahogado, un sonido de puro terror.) Cristhian: (Ignora el sonido, su mirada fija en Rojas) Algo que entienda que no se mira lo mío.

Algo que cubra una buena parte de su rostro.

(Su voz se suaviza en un susurro mortífero).

Eres un buen tatuador, Rojas.

Así que…

hazlo.

Que cada línea, cada sombra, le recuerde su lugar.

O más bien…

su lejanía de lo que es mío.

(Rojas asiente lentamente, su rostro permanece impasible, pero hay un destello de resignación en sus ojos.

Sabe que este acto, aunque menos sangriento, puede ser incluso más cruel.

No es solo un castigo; es una marca de propiedad, una sentencia social y psicológica de por vida.) Cristhian: (Voltea hacia Alejandro, cuya respiración es ahora un jadeo rápido y superficial).

Consuélate, Alejandro.

Conservarás la vista.

Solo tendrás que cargar con mi advertencia en tu piel…

para siempre.

(Gira y comienza a caminar hacia la salida, su figura alta y oscura recortándose en la puerta).

Disfruten su…

sesión de arte.

(La puerta se cierra detrás de él, dejando a Alejandro solo con Rojas y el silencioso terror de la aguja que se acerca.

El castigo ha terminado para uno, pero para el otro, una nueva pesadilla, grabada en tinta y dolor, está a punto de comenzar.) (La puerta del almacén se cierra con un eco metálico, aislando el espacio en una burbuja de pesadilla.

Rojas exhala profundamente, la máscara de impasibilidad se resquebraja por un instante, mostrando el cansancio de un verdugo.

Luego, se mueve con eficiencia sombría.) (Encierra un pequeño altavoz portátil.

De él surge no el heavy metal que uno esperaría, sino un vals lento y elegante, una melodía de cuerdas que flota en el aire cargado de polv

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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