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DULCE VENENO - Capítulo 93

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  4. Capítulo 93 - 93 Halloween
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93: Halloween 93: Halloween Su respiración se vuelve lenta y profunda, sincronizándose con la de ella.

En este santuario de piel y sombras, el depredador descansa.

No porque haya saciado su hambre, sino porque su tesoro más preciado está, una vez más, asegurado entre sus brazos.

La jaula, forrada de seda y calor corporal, se ha cerrado de nuevo.

Y en su interior, ambos duermen: la prisionera y su carcelero, entrelazados en la más íntima y tóxica de las danzas.

La habitación está en penumbra, solo iluminada por la tenue luz de la luna que se filtra por la ventana.

Stefanny está sentada en la cama, las sábanas revueltas a sus pies.

Lleva puesta una camiseta suave, y su cabello cae en desorden sobre sus hombros.

En su mano, sostenida con una mezcla de ternura y angustia, hay una fotografía de Lansky.

Es una imagen capturada en el restaurante esa primera noche, donde su mirada serena y confiada parece perforar el papel directamente hacia ella.

Sobre la mesita de noche, bajo la luz difusa de una lámpara pequeña, el collar del osito de galaxia brilla con su luz iridiscente, como un recordatorio silencioso y fascinante.

Sus dedos acarician los bordes de la foto.

Un torbellino de emociones le nubla la mirada: confusión, anhelo, miedo y una atracción profunda que no logra comprender.

Stefanny: (Susurrando para sí, su voz quebrada por la emoción) ¿Qué me estás haciendo…?

Su mirada se desplaza de la foto al collar.

Lo toma con su otra mano, sintiendo el frío del cristal y el metal contra su piel.

Stefanny: (Con un hilo de voz, casi suplicante) Me envías esto…

me dices que no puedo escapar…

que el jardín es tuyo…

(Una lágrima solitaria se desliza por su mejia).

Me persigues, me vigilas…

y sin embargo…

Aprieta el collar con fuerza, como si pudiera extraer una respuesta de él.

Stefanny: (Su voz sube de tono, cargada de frustración) ¡Y sin embargo, cuando pienso en ti, no siento miedo!

Siento…

(Traga saliva, avergonzada de su propia confesión).

Siento que mi corazón se acelera.

Siento este calor…

este maldito calor que me recorre cada vez que recuerdo tus palabras.

Deja caer la foto sobre la cama y se lleva ambas manos al rostro, conteniendo un sollozo.

Stefanny: (Hablando entre sus dedos, con rabia y desesperación) Esto está mal.

Sé que está mal.

Debería asustarme.

Debería huir de ti…

pero no puedo.

No quiero.

Baja las manos y mira fijamente el collar que sostiene.

Sus ojos, brillantes por las lágrimas, reflejan los tonos morados y azules de la gema.

Stefanny: (En un susurro roto, dirigido a la fotografía) ¿Quién eres, Lansky?

¿Un monstruo que quiere atraparme…

o el hombre que, por primera vez, me hace sentir viva?

No sé qué es real…

si el terror o este…

este deseo que me está consumiendo.

Se recuesta sobre la almohada, todavía aferrada al collar, mirando la foto que ahora descansa a su lado.

La confusión y la emoción la envuelven por completo, atrapada en la red de seda y acero que Lansky ha tejido a su alrededor.

La luz de la luna se desliza sobre la cama, pintando de plata los contornos de Stefanny.

Sus párpados, pesados por el agotamiento emocional, empiezan a cerrarse.

La fotografía de Lansky, aún sujeta entre sus dedos laxos, descansa sobre su pecho, que se eleva y desciende con una calma que su mente consciente le negaba.

Sus últimas visiones antes de cruzar el umbral del sueño no son de oscuridad, sino de esa sonrisa serena y confiada, de esos ojos que, incluso en la quietud del papel, prometen una peligrosa verdad.

El susurro de sus propias palabras confusas aún zumba en sus oídos, mezclándose con el eco de la voz de él: “Tu rostro no miente…” Una última lágrima seca marca un sendero tenue en su mejilla.

El collar del osito de galaxia, ahora sobre la mesita, parece capturar un fragmento de luz lunar y guardarlo en su núcleo iridiscente, como un secreto más.

Finalmente, el sueño se apodera de ella.

Su respiración se vuelve profunda y regular.

Allí, en la quietud de la noche, permanece: la joven atrapada en la red, soñando con el cazador, con la foto del hombre que ha sembrado la tormenta en su alma presionada contra su corazón, como una llave hacia un mundo del que ya no está segura de querer escapar.

El mundo exterior, ajeno al drama íntimo de Stefanny, se transformaba.

Las elegantes avenidas de París comenzaban a teñirse de una energía vibrante y lúdica.

En las tiendas, los escaparates habituales de alta costura fueron invadidos por telarañas sintéticas, calabazas anaranjadas y máscaras fantasmagóricas.

Las panaderías exhibían cupcakes con diseños de Frankenstein y fantasmas, y el aire, cada vez más frío, llevaba un entusiasmo contagioso.

Las calles se llenaban de gente cargando bolsas de compras llenas de disfraces: desde los clásicos vampiros y brujas, hasta elaborados trajes de personajes de moda y criaturas originales.

Risas nerviosas y conversaciones animadas sobre fiestas y planes llenaban el ambiente.

Era la calma antes de la tormenta de diversión y misterio, un contraste surrealista con la tensión silenciosa que envolvía a Stefanny en su habitación, donde su único acompañante era la foto de un hombre que era, en sí mismo, una figura más enmascarada y enigmática que cualquier disfraz que se pudiera comprar en aquellas calles.

La ciudad se preparaba para una noche de sustos fingidos, ignorando por completo los temores reales que acechaban entre sus sombras más elegantes.

El gran vestíbulo de la mansión se había transformado en una versión siniestra y lujosa del País de las Maravillas.

Telarañas de seda gris colgaban de las arañas de cristal, y las calabazas talladas con rostros retorcidos estaban iluminadas desde dentro con una luz anaranjada que proyectaba sombras danzantes sobre las paredes.

La escalinata principal, siempre imponente, era ahora el escenario perfecto para una caída simbólica.

Y allí apareció Stefanny.

Su figura descendía con una mezcla de inocencia perturbada y sensualidad moderna.

El vestido azul claro, corto y ceñido con el corsé de naipes, destacaba su silueta.

Los volantes en el escote y las mangas abullonadas que dejaban sus hombros al descubierto creaban un contraste entre la niña del cuento y la mujer que emergía.

El delantal blanco con su corazón rojo se movía con cada paso, y los zapatos de plataforma negros afirmaban con decisión cada uno de ellos en los peldaños.

En su mano, el conejo de peluche blanco colgaba, un testigo mudo de su propio viaje al otro lado de la madriguera.

Al pie de la escalera, esperando en medio del caos decorativo, estaba Marilu, convertida en la encarnación del caos mismo.

El Sombrerero Loco cobraba vida en ella con una extravagancia calculada.

El sombrero de copa en un fucsia vibrante se alzaba como un estandarte de locura, mientras la chaqueta de terciopelo del mismo color y el corsé multicolor de naipes y corazones desafiaban toda lógica.

Las capas de su falda, en tonos de azul, rosa y amarillo, se movían como un remolino de satén, y las medias a rayas completaban el look de una persona que había abandonado por completo la cordura.

Sus miradas se encontraron en medio de la fiesta: Alicia, perdida en un mundo que no entendía, y el Sombrerero, la guía que conocía todas las reglas absurdas del juego.

Era más que un disfraz; era una declaración.

Una promesa tácita de que, esa noche, las reglas de su realidad también estaban suspendidas.

Cualquier cosa podía pasar.

Stefanny: (Bajando los últimos peldaños con una sonrisa radiante, sus ojos brillando bajo la diadema) ¡Marilu!

¡Estoy tan, tan feliz!

¡Mira todo esto!

¡Vamos a celebrar Halloween!

🎃 Es la primera vez que hacemos esta festividad en la mansión…

y gracias, gracias por venir a hacerme compañía.

Lo significo mucho.

Marilu: (Ríe, ajustándose su extravagante sombrero fucsia con una sonrisa amplia y genuina) ¡Y yo estoy igual de feliz!

¡Este lugar es increíble!

Pero lo que más quiero ver es REFLEXIONES DE LOS CREADORES ATIRAS34 Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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