DULCE VENENO - Capítulo 96
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96: Fiesta de halloween 96: Fiesta de halloween Cristhian apoya su frente en la de ella, sus ojos oscuros son pozos de una necesidad manipuladora.) Cristhian: (Su voz es un susurro ronco, seductor, cargado de una falsa preocupación) Amor…
(Traza la línea de su mandíbula con el pulgar).
Debes estar sedienta con todo este…
esfuerzo.
Vamos.
(Le toma la mano, sus dedos entrelazándose con los de ella con una firmeza que no permite negación).
Vamos por un poco de agua.
(Es una orden disfrazada de invitación.
No le pregunta si tiene sed.
Le dice que la tiene.
Crea una necesidad donde quizás no la había, para luego posicionarse como la solución, el proveedor, la única fuente de alivio.) Milagros: (Su mente aún nublada por el beso, por la abrumadora presencia de él, asiente débilmente) Sí…
tal vez…
un poco.
Cristhian: (Una sonrisa triunfal y casi imperceptible cruza sus labios.
La guía, no hacia la barra abarrotada, sino lejos de la multitud, hacia una salida lateral, hacia la penumbra).
Claro que sí, mi amor.
Yo me encargo de ti.
Siempre.
(La conduce, no hacia el agua, sino hacia la oscuridad, hacia un lugar donde su sed será lo de menos comparado con la necesidad que él puede despertar en ella.
La ha desequilibrado, ha sembrado la confusión, y ahora la lleva a un territorio donde su control será absoluto.
La sed era solo el pretexto.
La sumisión es el verdadero objetivo.) La música y las risas llenaban el vestíbulo, pero de pronto, un silencio cargado de expectación se abrió paso cerca de la gran puerta de entrada.
Allí, enmarcado en el umbral, estaba Lansky.
Su presencia no era una simple llegada; era una aparición.
El sombrero de ala ancha, negro como la medianoche con sus audaces detalles rojos y la cascada de plumas negras, proyectaba una sombra sobre su rostro, pero no podía ocultar la intensidad de su mirada, que barrió la estancia como un cañonazo.
El largo abrigo negro, con sus solapas anchas y los intricados bordados dorados, se movía con un fluido dramático, revelando el forro rojo sangre con cada paso, como una herida abierta en la elegancia.
La camisa negra, abierta en el pecho, dejaba ver tanto la piel como los tatuajes que serpenteaban por su torso, un detalle moderno y visceral que transformaba al pirata clásico en un corsario del siglo XXI.
El cinturón rojo, enrollado múltiples veces alrededor de su cintura con una cadena que tintineaba siniestramente, y las botas negras con acentos rojos, completaban una silueta que era a la vez elegante y letal.
En su cadera, la espada curva con su empuñadura ornamentada no era un accesorio, era una promesa.
No buscó con la mirada.
Simplemente supo dónde estaba ella.
Y entonces, sus ojos se encontraron con los de Stefanny, la Alicia de corsé azul y corazón de delantal rojo, que se había quedado paralizada en medio de la fiesta, el conejo de peluche colgando olvidado en su mano.
La música, la gente, los decorados…
todo se desvaneció en un difuminado.
Solo existían ellos dos: el pirata que había venido a reclamar su tesoro, y la Alicia que, de repente, entendió que su País de las Maravillas era mucho más oscuro y peligroso de lo que había imaginado.
El DJ, desde su cabina elevada, bajó de repente todas las luces, dejando solo los haces de luz ultravioleta que hacían brillar las decoraciones fantasmales.
Un acorde siniestro y reconocible, el de un órgano, retumbó en los altavoces.
La multitud enmudeció por un segundo, y luego una ovación estalló cuando la icónica introducción de “Thriller” de Michael Jackson llenó la mansión.
¡Es la hora de Thriller!
—gritó alguien.
La gente comenzó a agolparse en el centro de la pista, formando rápidamente filas.
Milagros y Cristhian, con sus disfraces a juego de Rey y Reina de Vampiros, se colocaron en el frente, listos.
Lansky, con su imponente figura de pirata oscuro, se deslizó hasta quedar justo al costado de Milagros.
Stefanny, con el corazón acelerado, tomó su lugar al lado de Lansky, y Marilu, con su extravagante sombrero, completó la fila al lado de su amiga.
El bajo comenzó a palpitar.
Todos a la vez, como poseídos por un mismo espíritu, giraron la cabeza hacia un lado con movimientos espasmódicos y robóticos, marcando el ritmo.
Todos (cantando a gritos, con voces potentes y alegres): “It’s close to midnight!
And something evil’s lurking in the dark!” Los brazos se extendieron hacia adelante, imitando a los zombis.
Las cámaras de los celulares brillaban por todas partes, grabando el espectáculo.
Algunos invitados sostenían sus copas en alto, demasiado asombrados para unirse.
Coro (todos, con miradas intensas y movimientos sincronizados): “‘Cause this is THRILLER!
THRILLER NIGHT!
And no one’s gonna save you from the beast about to strike!” En la fila del frente, cada movimiento era perfecto.
Cristhian, con una sonrisa forzada, seguía los pasos.
Milagros, por un instante, parecía liberada, su cuerpo moviéndose con una energía que había olvidado.
Pero la tensión regresó cuando, en un giro, su mano rozó el frío cinturón con cadena de Lansky.
Lansky, por su parte, bailaba con una precisión letal.
Cada paso, cada gesto de sus manos enguantadas, era poderoso y controlado.
Su mirada, sin embargo, no se despegaba de Stefanny.
Cuando la coreografía los llevó a girar, su brazo rozó el suyo, y un escalofrío —muy distinto al de la canción— recorrió su espalda.
Todos (levantando los brazos y contoneándose al unísono): “You’re fighting for your life inside a KILLER, THRILLER, OW!” Stefanny, atrapada entre la emoción de la coreografía masiva y la abrumadora presencia de Lansky a su lado, sentía que realmente estaba en una pesadilla de la que no quería despertar.
Marilu, a su otro lado, le lanzó una sonrisa de complicidad, disfrutando del caos.
Todos (mientras la música se intensifica y comienza el rap de Vincent Price): “Darkness falls across the land!
The midnight hour is close at hand!” La calle entera se convirtió en un escenario.
Los invitados que no bailaban formaban un círculo a su alrededor, grabando con los teléfonos, riendo y vitoreando.
En el centro, este grupo peculiar —una Alicia, un Sombrerero Loco, un Pirata siniestro y una pareja de Vampiros— ejecutaba con sorprendente habilidad la coreografía más famosa del horror, mientras las letras proféticas resonaban en la lujosa jaula que era la mansión.
Era una lucha coreografiada por sus vidas, dentro de un killer, thriller del que, Stefanny lo sabía, no había forma de escapar.
El último acorde de “Thriller” se desvaneció entre los aplausos y vítores de la multitud.
La energía en la sala era eléctrica, pero justo cuando la gente comenzaba a dispersarse, respirando agitada y riendo, el DJ no dejó caer el ritmo.
Con una transición perfecta, los primeros y vibrantes acordes de trompeta de “Livin’ La Vida Loca” de Ricky Martin explotaron en los altavoces, llenando el espacio con un ritmo latino irresistible.
En ese mismo instante, antes de que Stefanny pudiera siquiera procesar el cambio, una mano fuerte y decidida cerró suavemente alrededor de la suya.
Era Lansky.
Con un movimiento fluido y seguro, la jaló hacia sí, haciéndola girar hasta que su espalda encontró su pecho.
El mundo a su alrededor se difuminó.
Posición Inicial: Intimidad Posesiva Él levantó su mano enguantada, entrelazando sus dedos con los de ella en el aire.
Su otro brazo, poderoso, se enroscó alrededor de su cintura, sujetándola con una firmeza que no dejaba lugar a dudas.
Ella, casi por instinto, dejó que su brazo libre se curvara, descansando la mano suavemente sobre su hombro.
Su cuerpo se adaptó al de él, una pieza que encajaba perfectamente en un rompecabezas peligroso.
La música los envolvió.
“She’s into superstitions, black cats and voodoo dolls…” Lansky no cantaba.
Su mirada era seria, intensa, fija en algún punto del horizonte como un capitán navegando aguas turbulentas.
Stefanny, en cambio, no podía apartar los ojos de él.
Su expresión era suave, contemplativa, una mezcla de asombro y rendición mientras se dejaba llevar.
La letra
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