Dylan tyler - Capítulo 5
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5: Un entrenamiento dudoso 5: Un entrenamiento dudoso Me levanto de mi cama, percatandomé de mi alrededor, mi cuervo.—Osea mi pok*mon—.
Está en la ventana de mi cuarto, esperando a que la abra.
—Hola, buenos días Mirio—.
Digo somnoliento.
«Hola Dylan, ¿Qué me cuentas?».
Me pregunta.
—Bueno sabes que vamos a terminar la semana en esta mansión—.
Respondo—.
Y que regresaré a casa, vendrás conmigo.
Es el día siete, ósea domingo, Morty me explico que hay exámenes en los siguientes 3 meses; es para que una agencia me tome como mago, a través de esa agencia es que podré ganar dinero.
Pero unas pagan mejor que otras, la primera que te escoja es con la que vas a trabajar, por eso existen los exámenes.
Para demostrar tu habilidad, según tú clase, hay cinco: Invocador.
Agilistas.
Espadachines.
Sanadores.
Magos.
Yo soy invocador, osea que hago un contrato con una bestia, y la puedo invocar y usar su magia, todo a través de mi llave.
Que es donde sale la magia, mucho que procesar la verdad, la primera vez tuve que pedir que me lo explicaran más de cinco veces.
«¿Extrañas a tus padres?».
Me pregunta Mirio el cuervo.
—Si un poco—.
Respondo—.
Pero ya va a terminar.
Me pongo de nuevo mi uniforme de mayordomo y salgo de mi habitación, encontrándome con Elías.
—FUHAHA, ¡sabía que eras como yo!—.
Exclamó—.
POR ESO DEBEMOS DE SER AMIGOS.
—Hola Elías, Buenos días—.
Digo.
—Ah, sí buenos días—.
Responde —Con permiso, Sebastián ya me tiene muy ocupado—.
Digo Elías, es,muy, EXTRAVAGANTE, siempre gritando.
Riendo, siempre jugando con una espada de madera.
Simplemente, raro.
Morty es el más normal, y el que mejor me cae,ah, y Fred bueno, nunca nos cruzamos.
Carla no me ha escrito, ni hablado desde el segundo día.
Elías se equivoca en algo yo no soy una persona sin facultades mentales, hago mis labores; y las terminó al final del día, cuando era de noche estoy con morty cenando.
—¿Mañana te vas?—.
Pregunta Morty.
—Si, ya no seré un cachifo—.
Respondo y los dos nos reímos.
—Que mal que no te paguen—.
Dice morty—.
Pagan muy bien.
—Ya se—.
Digo—.
La verdad, ya quiero irme de aquí.
—¿Qué tal te cayeron los amos?—.
Pregunta.
—Medio, medio, osea ni tan mal, ni tan bien—.
Digo—.
Pero ahora que recuerdo, nunca ví al dueño de la mansión.
—¡Ah!, si, fue a un viaje de negocios por ahí fuera de rastrean—.
Responde Morty.
—Bueno, no pudo disfrutar del nuevo mayordomo—.
Digo.
—Jajaja, que gracioso Dylan, mantengamos contacto—.
Dice.
—Ah, claro, ¿Cual es tu número?—.
Pregunto.
—¡Ah!, no, yo me refiero a tu servicio de cartas—.
Responde —¿Qué?—.
Pregunto.
—Cuando tus padres te abran una línea de cartas me avisas, mientras anota—.
Responde.
Luego me hace anotar en un trozo de papel: Oblius, marrein, búho Hoer, entrega:carta.
Dice que cuando tenga el servicio, diga todo eso en voz alta, y que le pagué al búho con un billete de 5bs; me voy a mi habitación, cuando terminamos de platicar y comer, me acuesto en mi cama, viendo la luna por la ventana, mañana temprano mi papá vendrá a buscarme, así que, mejor me duermo, para que se haga de día mañana, más rápido.
»—Dylan me tengo que ir.
Pero esa voz me despierta, ¿Carla estará en su casa nueva?, o, ¿Estará en clases para cuando vuelva?, ¿Las cosas seguirán igual?, ¿O no?, ¿Por qué se tiene que ir?.
¿Cómo sabía dónde estaba?, ¿Cómo se siente después de como me fui en la cueva?, muchas preguntas; pocas respuestas.
Me duele la cabeza, así que trato de dormir, pero, otra vez, mi cabeza se llena de preguntas, ¿Podré volver a casa?, ¿Mis padres se estarán hospedando en ese hotel?, ¿Por qué no me han escrito nada?, ¿Acaso es que tendré que vivir en este mundo?.
¡NO!, no quiero vivir en este mundo, quiero tener una vida común y corriente.
Ya me han mostrado que esto no es como en una novela ligera, entonces, no tiene sentido vivir aquí, mis padres no tienen un trabajo aquí, ¿Verdad?, yo tengo, espera, me doy cuenta que por los dos lados, no salgo muy beneficiado.
—Maldición, ya duerme cerebro—.
Me digo.
Pero no pude dormir en toda la noche, pensando o recordando cosas estúpidas que hice, cuando por fin logré cerrar los ojos, ya era de día.
Me levantó de la cama, agarró mi equipaje, llamó a mirio, y con Sebastián me quedo esperando en la rejas doradas.
Yo me quedo callado, tenía puesto un suéter azul, pantalón negro y una gorra verde, luego de un rato llega mi papá por fin.
—Bueno, fue un placer señor Tyler—.
Dijo Sebastián.
—Adiós Sebastián—.
Digo.
Agarró todas mis maletas, y me fui corriendo hacia mi papá, este me recibió con un abrazo.
—Hola campeón—.
Dice—.
¿Estás bien?.
—Si, solo un poco cansado—.
Respondo.
—Bueno vámonos a casa—.
Dijo.
Miro hacia atrás por unos momentos y luego seguí adelante.
Nos paramos en unas bancas, y llegó un carruaje, al cual subimos, no había casi nadie, así que me pongo en el pecho de mi papá como si él me estuviera cargando.
—¿No estás muy grande ya?—.
Me pregunta en tono burlón.
—Tengo sueño—.
Digo cerrando los ojos—.
Además todavía soy un niño.
Y mientras me acurruco en el pelaje que se le sale de fuera de la camisa, me duermo.
★★★ —Dylan—.
Un pequeño toque en mis ojos me despierta, cuando abro los párpados me tengo que recordar, que ya no estoy en la mansión marthood, soy libre, o eso creo.
—¿Ya llegamos?—.
Pregunto.
—Así es campeón bajemos—.
Responde papá.
Los dos bajamos del carruaje en frente de una casa desconocida hasta que veo bien el mármol y la madera.
—Papá, ¿Qué hacemos en la casa del abuelo?—.
Pregunto.
—viviremos aquí hijo, mientras hagas los exámenes—.
Responde.
No me queda más que entrar, cuando abro la puerta, mi abuelo me recibe con un abrazo, que me deja sin aire.
Mi abuelo—por parte de mi madre—.
Es absurdamente musculoso, supera a mi papá, y al hombre más mamado del mundo, o eso es lo que veo, cada vez que salgo ya sea con mi papá o con mi abuelo.
Mis compañeras me preguntan si ellos no están interesados en alguien como ellas.
—Abuelo, ok, hola, ya, ya—.
Digo dando golpes para que me suelte.
—Ay, mi querido nieto, me alegra mucho que vengas—.
Dice el.
Me soltó y me ve de pies a cabeza.
—Vaya, que creciste—.
Dice.
—Abuelo—.
Digo—.
Nos vimos apenas la última navidad que te disfrazaste de Santa Claus.
Su pelo paso de ser negro a blanco en los cuarenta, ya sabía que había gente la cual envejece rápido, pero que tú cabello pase de ser negro, a ser nieve, es de preocuparse.
Mi mamá me ve por unos segundos y también corre hacia mi.
Me abraza y yo me estrechó contra sus pechos, con este abrazo solo recuerdo que una vez Howard se quedó mirando a mi mamá.
—Mi calabacita con orejitas volviste—.
Me dice dándome besos en la mejilla—.
Te extrañe demasiado—.
Más besos—.
Ahora sigue las reglas, esa mujer nos alejaría de nuevo.
—Ok mamá, ya entendí—.
Respondo.
Me voy a la sala donde me esperan unas arepas de queso y mantequilla, me las como, me voy al cuarto donde voy a dormir y desempaco todo.
Veo una nota que me dejó Morty,la cual me decía una rutina de como sacar hechizos.
Entonces a la mañana siguiente y siguiente y siguiente, básicamente por los tres meses que me faltaban.
Estuve haciéndolos, el primero era aletear como idiota, el segundo era gritar, y por último alzar mi mano para lanzar una bola de aire.
Cada día sin falta, los estuve haciendo, con Mirio en mi hombro como decía la nota, papá y mi abuelo me preguntaron varias veces,¿Quien me dio esos pasos?, la verdad, dudo de este resultado.
Pero aún así seguí.
Una noche mi abuelo me regaló un bastón, con una esfera azul.
Me dijo que era de mi abuela, y que me lo daba.
Entonces le puse más dedicación a mi entrenamiento, todos los chicos que pasaban por ahí se burlaban de mí,, pero eso no importa.
Mi entrenamiento ya terminó y las ansias de mostrar mis nuevas habilidades suben.
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