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Ecos del reino - El inicio al descenso - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 9 - Sombras de Norvald
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11: 9 – Sombras de Norvald 11: 9 – Sombras de Norvald Norvald era una ciudad grande, orgullosa de su ejército.

Más de ciento veinte mil personas vivían allí, entre comerciantes, campesinos y soldados al servicio de la corona.

Pero en los últimos días algo extraño había empezado a sentirse en el aire.

No eran rumores de guerra, ni amenazas externas; era algo más sutil y, al mismo tiempo, más inquietante.

Marten, un granjero de las afueras, salió temprano con la esperanza de revisar el trigo que tanto le había costado sembrar.

El sol apenas se asomaba detrás de nubes grises, y el campo se veía húmedo, pesado.

Al agacharse notó que las plantas más cercanas al borde estaban negras, como si la tierra las hubiera escupido podridas.

Tomó una en su mano; el tallo se deshizo en pedazos, soltando un olor agrio que le revolvió el estómago.

—No puede ser… —murmuró, mirando a su alrededor, como si alguien pudiera darle una explicación.

De regreso al establo, sus vacas tampoco estaban mejor.

Una respiraba con dificultad, echada en el suelo.

La acarició suavemente.

—Aguanta, Nera… no me hagas esto.

—Pero la vaca apenas lo miró con ojos vidriosos.

En el palacio del gobernador, las noticias llegaban una tras otra: ovejas que enfermaban, corrales enteros vacíos, la granja del estado también afectada.

El gobernador, un hombre robusto de barba canosa, escuchaba con el ceño fruncido.

—¿Y bien?

—preguntó a los médicos—.

¿Qué lo causa?

¿Una plaga, un veneno, el clima?

Nadie respondió con certeza.

Todos hablaban de posibilidades, de estudios pendientes.

El gobernador se dejó caer en su silla con un suspiro pesado.

—No quiero más excusas.

Revisen todo, cada campo, cada animal.

Quiero respuestas.

Pero las respuestas no llegaban.

Los días se hicieron más extraños.

Amanecía nublado, las nubes bajas parecían aplastar la ciudad.

Y las noches… las noches eran demasiado oscuras.

No era una oscuridad normal: ni las antorchas parecían disiparla del todo.

El frío aumentaba, y con él el murmullo de la gente.

En las tabernas, en las casas, en los mercados, se escuchaba lo mismo: “Esto no es normal”.

En un barrio humilde vivía una anciana con sus dos hijos y cinco nietos.

Su espalda estaba encorvada por los años, pero sus ojos parecían más atentos que nunca.

Cada mañana salía al patio, miraba el cielo y murmuraba para sí: —Algo anda mal.

Esto no es cosa de los hombres.

Una tarde abrió un cofre y sacó un libro viejo, de tapas gastadas.

No era una biblia común, aunque lo parecía.

Eran premoniciones, escritos antiguos que ella había leído tantas veces que los conocía de memoria.

Pasó sus dedos por las páginas y encontró un fragmento.

—“Cuando el sol se esconda demasiado pronto y la semilla se pudra antes de nacer, será señal de los que yasen bajo la tierra despertaran…” Cuando habló con sus hijos, estos se miraron entre sí y se rieron nerviosos.

—Madre, no asuste a los niños con esas cosas.

El gobernador encontrará la solución, ya lo verá.

Ella no insistió, pero al cerrar el libro lo abrazó contra su pecho.

“No entienden, no quieren ver… pero yo sí lo sé.

Esto es solo el comienzo.” Al octavo día, el gobernador, cansado de esperar, llamó a tres de sus jinetes más veloces.

Les entregó un mensaje sellado y habló con voz firme.

—Lleven esto a la capital sin detenerse.

La corona debe saber lo que ocurre aquí.

Los hombres montaron de inmediato y salieron a galope, levantando polvo en las calles de la ciudad.

La anciana los observó desde la ventana de su casa.

Sus nietos corrían tras los caballos con curiosidad, sin entender.

Ella cerró los ojos y volvió a escuchar en su mente las palabras del libro.

—Es el principio… pero no el final.

Con calma empezó a preparar sus cosas, vendiendo lo poco que podía.

No pensaba quedarse en Norvald.

Sabía, con una certeza que le erizaba la piel.

Mientras tanto, la ciudad entera contenía la respiración, atrapada entre el miedo y la incertidumbre, esperando un desenlace que nadie podía nombrar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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