Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Ecos en un Mundo Caido
  4. Capítulo 14 - 14 CÁPITULO 14 Ecos en un Mundo Caído 14
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: CÁPITULO 14: Ecos en un Mundo Caído (14) 14: CÁPITULO 14: Ecos en un Mundo Caído (14) En la cafetería, Arika se encontraba acomodando las mesas y sillas, formando una especie de fuerte improvisado en el centro, algo que al menos les diera una sensación de refugio.

Mientras tanto, Reize y Koen buscaban sábanas y algunas colchas viejas en el almacén del lugar.

Los tres estaban intentando hacer lo posible para sentirse seguros, aunque sus corazones seguían inquietos.

En un momento, mientras colocaba las últimas sillas, Arika se quedó pensativa, recordando lo ocurrido hace unas horas…

Todo había comenzado cuando les llegó aquel mensaje de alerta del estado.

Un mensaje que hizo que los tres quedaran en un profundo silencio, conscientes de la gravedad de lo que estaba pasando.

Después de unos minutos, fue Reize quien rompió el silencio.

—Lo mejor será quedarnos aquí unos días…

—dijo en voz baja—.

Al menos hasta que se nos acabe la comida…

o nos vengan a rescatar.

Pero Koen no estaba del todo de acuerdo.

—No creo que sea la mejor idea…

—respondió serio.

—¿Por qué?

—preguntó Reize, algo confundida.

—Estamos en el centro de la ciudad…

sin personas, esto se va a volver un caos.

Y si esas cosas siguen allá afuera, pronto habrá más accidentes, explosiones…

No podremos estar seguros aquí por mucho tiempo.

—Pero si salimos, estaremos expuestos a esas cosas…

Además, no tenemos a dónde ir —replicó Reize, con cierto temor en sus palabras.

En ese momento, Arika intervino, mirando a ambos.

—Koen tiene razón, Reize.

¿Viste que solo al empezar todo esto hubo una explosión cerca?

No estamos seguros aquí…

Reize bajó la mirada, apretando los puños con frustración.

—Pero…

¿qué pasa si salimos y algo nos ataca?

¿Qué tal si te pierdo…?

—dijo, con la voz quebrada.

Arika se acercó, tomando sus manos con delicadeza.

—Eso no sucederá…

Siempre estaré contigo, así como tú siempre estás conmigo —le respondió con una leve sonrisa, tratando de tranquilizarlo.

Después de que Reize se calmara un poco, Arika miró a Koen.

—Koen…

¿Qué te parece si esperamos dos días?

Si en dos días no nos rescatan…

saldremos de aquí y trataremos de alejarnos lo más posible de la ciudad.

Koen asintió.

—Sí…

está bien.

Arika entonces miró a Reize.

—¿Estás de acuerdo?

Reize respiró profundo y asintió.

—Sí…

Volviendo al presente, Arika salió de sus pensamientos, observando el pequeño refugio que habían armado.

En su mente solo había un deseo: “Ojalá nos rescaten pronto…” En ese momento, Koen y Reize regresaron con las sábanas y colchas.

—Encontramos esto —dijo Reize con una pequeña sonrisa—.

No es mucho…

pero al menos nos protegerá un poco del frío esta noche.

Los tres comenzaron a colocar las sábanas sobre el suelo, creando un espacio más cómodo.

Usaban las linternas de sus celulares para alumbrarse, evitando a toda costa encender las luces del local, sabiendo que podrían atraer a los infectados que seguían rondando afuera.

Después de colocar las sábanas, se acomodaron de tal modo que pudieran entrar los tres.

Arika y Koen a los extremos, y Reize en el medio, protegido por ambos lados.

Pero a pesar de estar ya acostados, Reize no lograba dormir.

Sus pensamientos no dejaban de darle vueltas a la idea de abandonar el refugio.

Giró un poco hacia Koen y, en voz baja, le dijo: —Sigo sin estar convencido de salir de aquí…

Koen, con su carácter directo y sin vueltas, respondió en el mismo tono: —Si te quedas demasiado tiempo en un lugar como este…

es morir lento.

Arika, que parecía estar medio dormida, soltó un suspiro cansado.

—¿Pueden dejar de discutir?

—murmuró—.

Lo importante es que estamos juntos…

eso es lo que cuenta.

Por unos minutos, el silencio volvió a reinar.

Hasta que de repente, Reize comenzó a estornudar varias veces, rompiendo la calma.

Los tres se incorporaron casi al mismo tiempo.

—Perdón por despertarlos…

—dijo Reize frotándose la nariz—, pero creo que está haciendo más frío, y eso me está afectando…

—Usa esta sábana —dijo Arika, ofreciéndole una de sus sábanas.

—¿Pero y tú?

Vas a tener frío…

—respondió Reize preocupada.

Koen asintió—.

Tiene razón.

Si duermes con una sábana, te vas a enfermar.

Usa una de mis sabanas.

—Estoy bien, no se preocupen —dijo Arika con una sonrisa leve—.

Nunca me enfermo.

En cambio, Reize sí es muy propensa a resfriarse.

—No digas eso solo para tranquilizarnos, acepta la sabana que te doy.

—refutó Koen.

—No, en serio —rió ella suavemente—.

Nunca me he enfermado de verdad.

Quizá algún síntoma leve, pero nada serio.

—¿Me estás diciendo que nunca fuiste a ver a un doctor?

—preguntó Koen, genuinamente sorprendido.

—Pues…

sí, asi fue—dijo Arika, algo avergonzada.

—Mentira…

—negó Koen entre risas—.

No te creo.

Entonces intervino Reize: —Lo que dice es cierto.

Desde que la conozco, jamás he visto a Arika enferma.

Supongo que tiene un sistema inmunológico de hierro…

siempre ha cuidado mucho su salud.

—Ahora sí que te envidio —dijo Koen, soltando un suspiro—.

A diferencia de ti, mi infancia fue en hospitales…

me enfermaba todo el tiempo.

—¿En serio?

—dijo Arika, con cierta tristeza—.

Lo siento…

debió ser difícil para ti.

—Sí…

—asintió Koen —Las pocas veces que estuve en el hospital, me sentía rara…

Los hospitales siempre eran solitarios.

—agregó Reize—Supongo que te sentías así.

—Así es —respondió Koen.

—¿Pero…

en todo ese tiempo no hiciste algún amigo?

¿Alguna enfermera o paciente?

—preguntó Reize, curiosa.

—De hecho, sí —recordó Koen—.

Había una niña que siempre se me aparecía.

No sé de dónde salía, pero siempre me la encontraba.

—¿En serio?

—Reize lo miró intrigada—.

¿Y era bonita?

—preguntó con una sonrisa traviesa.

—Bueno…

no lo recuerdo bien —respondió Koen, pensativo—.

Cuando tenía 12 años, sufrí un accidente y me lastimé la cabeza…

por eso perdí algunos recuerdos.

Solo recuerdo que tenía un nombre muy inusual…

—¿Y cuál era?

—preguntó Reize.

—Si no me equivoco…

era Althea.

Entonces Arika abrió los ojos de par en par.

—Espera…

¿no es el mismo nombre de la niña que vimos hoy en la mañana?

—dijo mirando a Reize.

—¡Es cierto!

—respondió Reize sorprendida —¿Que niña?

—pregunto Koen —Bueno es una pequeña que festejaba su cumpleaños…

—respondió Arika —Exacto —dijo Reize —Estaba en la otra mesa, carca de donde estabas tú, parecía tener unos ocho o nueve años —dijo Arika, explicándoselo a Koen.

—Vaya…

parece que ahora ese nombre es más común —comentó Koen.

—Pero volviendo al tema —insistió Reize—, ¿nunca volviste a encontrar a esa niña?

—No…

la busqué después, pero nadie sabía de ella.

Solo tenía su nombre, pero no recordaba su rostro, así que no pudieron hacer mucho —respondió Koen con cierta nostalgia.

—Imagínate que la encontraras ahora —bromeó Reize—.

Tendría nuestra edad y sería tu primer amor perdido.

Sería una historia romántica perfecta.

—¿Qué?

¡Nada que ver!

—exclamó Koen, avergonzado—.

Solo éramos amigos.

—No lo creo…

tu cara no miente —se burló Reize.

Koen desvió la mirada, rojo, mientras Arika no pudo evitar soltar una leve risita.

En ese momento, Arika notó algo.

—Oye, Reize…

¿y tu pulsera?

—preguntó al tomarle la muñeca.

—Ah…

se la di a la pequeña de esta mañana —respondió Reize con una sonrisa.

—¿Por qué?

—preguntó Arika, sorprendida.

—Parecía triste porque su padre no estaba con ella en su cumpleaños…

pensé que regalarle algo podría animarla un poco, así que le di mi pulsera.

—Tienes un corazón muy generoso, Reize —dijo Arika con dulzura.

—No es para tanto…

—respondió Reize, rascándose la nuca, algo avergonzada —Solo espero que esa niña y su madre estén bien —dijo Arika —Tranquila…

seguro que sí —dijo Reize—.

¿Recuerdas que cuando compramos esa pulsera, el vendedor dijo que era como un amuleto de protección?

—Sí, lo recuerdo—rió Arika —Así que espero que ahora proteja a esa niña — dijo Reize con una suave sonrisa.

—¿En serio le creíste eso?

Te estafaron de lo lindo —se burló Koen.

—Parece que voy a tener que seguir burlándome de ti, Koen —amenazó Reize con una sonrisa traviesa.

—No creo que haya sido una estafa —intervino Arika—.

Después de todo, esa pulsera te duró bastante…

y mira que siempre tienes accidentes.

—¡Arika!

No me ayudes así… ¡estás revelando que soy torpe!

—protestó Reize, entre risas.

—Jaja, lo siento —dijo ella, sincera.

Después de unas risas el ambiente se sentía agradable.

—Creo que será mejor que intentemos dormir ya —propuso Arika, acomodándose.

—No aceptarás la sábana, ¿verdad?

—dijo Koen, mirándola de reojo.

—No —replicó Arika, segura.

—Sí que eres terca… —suspiró Koen.

—Bueno, dejemos la charla y descansemos —dijo Reize, estirándose—.

Que duerman bien, chicos.

—Hasta mañana —respondió Arika con una pequeña sonrisa.

—Hasta mañana —dijo Koen, dejándose caer sobre su improvisada almohada.

Poco a poco, el silencio volvió a llenar el lugar…

y los tres, por fin, lograron quedarse dormidos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo