Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- Ecos en un Mundo Caido
- Capítulo 20 - 20 CAPÍTULO 20 Ecos en un Mundo Caído 20
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: CAPÍTULO 20: Ecos en un Mundo Caído (20) 20: CAPÍTULO 20: Ecos en un Mundo Caído (20) En la casa de Elion, Althea yacía dormida profundamente sobre la cama cubierta con una manta ligera.
El sol comenzaba a colarse por las cortinas, iluminando suavemente la habitación.
Althea abrió los ojos lentamente, aún entre los restos de un sueño profundo.
Sintió algo cálido y notó una sombra sobre su rostro.
Una mano pequeña cubría la luz del sol que entraba por la ventana.
Cuando parpadeó y volvió en sí, vio muy cerca el rostro curioso de un niño.
Tenía el cabello rubio como el trigo maduro, y unos ojos azules que parecían reflejar el cielo despejado.
—Te despertaste —dijo el niño, sin emoción.
Althea se incorporó de golpe, sorprendida por su cercanía.
—¡Hermano, ya se levantó la bebe!
—gritó el pequeño, sin apartar la mirada de ella.
—¿¡A quién le dices bebe!?
¿Y quién eres tú!?
—replicó Althea, frunciendo el ceño.
—A ti, y no tengo por qué darle mi nombre a una intrusa —dijo cruzándose de brazos—.
No sé quién eres ni por qué estás aquí.
Pero, esta es mi casa.
Y será mejor te vayas pronto porque no eres bienvenida.
—¡¿Qué dijiste?!
—Althea se levantó por completo, con el ceño fruncido —Hael, ya basta —intervino una voz firme.
Ambos se voltearon.
Era Elion, que había llegado justo a tiempo para separarlos antes de que estallara una pelea real.
—Althea, él es Hael, mi hermano menor.
Y Hael, ella es Althea… está aquí porque la ayudé.
No es una intrusa.
Hael frunció los labios, aún desconfiado.
—No me gusta los desconocidos… No sabemos nada de ella.
¿Y si trae problemas?
Elion suspiró con paciencia.
—Hael, no todos los que llegan traen problemas.
Confía en mí.
Althea apretó los labios, algo ofendida… pero también curiosamente herida por la frialdad con la que fue recibida.
Elion suspiró, tratando de mantener la calma.
—Dale tiempo.
Es algo protector con todo, y muy terco cuando no conoce a alguien, ya que es muy desconfiado.
Ella lo miró en silencio, pero algo en su interior le dijo que esto iba a ser más complicado de lo que pensó.
El silencio se prolongó un poco más de lo cómodo.
Hael se quedó de espaldas, sin intención de decir una palabra más, y Althea seguía parada al lado de la cama, un tanto incómoda.
Entonces, Elion rompió la tensión con voz suave: —Vengan, el desayuno ya está listo.
Althea dudó un momento.
Observó a Hael de reojo, que seguía con esa expresión cerrada, como si no quisiera compartir ni el aire con ella.
Frunció ligeramente el ceño.
—No creo que sea buena idea estar muy cerca de él… —murmuró, apenas audible.
Elion la miró con paciencia y se acercó un poco más.
—Lo sé —respondió con honestidad—.
Pero necesitas comer.
Y necesitas estar tranquila… si de verdad quieres ir a ver a Max pronto.
Althea bajó la mirada.
El nombre de Max aún le revolvía el pecho de emociones difíciles de explicar.
Necesitaba verlo, saber cómo se encontraba y estar a su lado recordando lo que compartieron.
Lo necesitaba.
Asintió con suavidad.
—Está bien… lo intentaré.
—Solo ignora sus gruñidos —dijo Elion con una pequeña sonrisa—.
Con el tiempo, Hael es menos fiero de lo que aparenta.
Desde el umbral, la voz del niño se escuchó con tono seco: —Puedo oírte, ¿sabes?
Althea suspiró.
—Sí, definitivamente será complicado.
Elion se rio por lo bajo, y juntos caminaron hacia el comedor improvisado, con pasos que, aunque tensos, marcaban el inicio de una nueva dinámica… una que, sin que nadie lo supiera aún, iba a cambiar a los tres.
En la mesa había un par de tazones, pan tostado y una olla con lo que parecía una sopa espesa.
Elion había hecho lo que pudo con lo que tenían.
Hael ya estaba sentado, con los brazos cruzados y la mirada clavada en la mesa.
Cuando Althea se disponía a sentarse, ni siquiera la volteó a ver.
Ella, por su parte, evitó sentarse justo frente a él, prefiriendo el asiento más alejado.
Elion sirvió con tranquilidad.
—No es mucho, pero está caliente —dijo mientras dejaba un tazón frente a ella.
—Gracias… —respondió Althea en voz baja.
Hael murmuró algo que no se entendió, pero su tono era lo bastante molesto como para que se notara que no estaba contento.
—¿Dijiste algo, Hael?
—preguntó Elion sin mirarlo directamente.
—Nada —respondió el niño, dándole una cucharada a su sopa con más fuerza de la necesaria.
Althea apretó los labios, intentando no responder.
Se obligó a tomar un poco del desayuno, aunque tenía un nudo en el estómago.
El silencio fue tenso por unos minutos, hasta que Elion intentó suavizar el ambiente.
—Hael encontró unas zanahorias secas ayer.
Por eso la sopa no está tan mal hoy.
¿Verdad, Hael?
El niño no respondió de inmediato.
Luego murmuró, como si fuera una obligación: —Asi es.
Althea alzó una ceja, sorprendida de que al menos hablara.
—Supongo que gracias por las… zanahorias.
—No lo hice por ti —contestó Hael de inmediato, con frialdad.
Ella dejó la cuchara dentro del tazón y se recostó un poco en la silla, exhalando hondo.
—¿Siempre eres así de encantador o solo cuando hay visitas?
—No me gustan los intrusos.
—Y yo no pedí estar aquí —dijo, mirándolo directo—.
Créeme, si pudiera, ya estaría en otro lugar.
Hael la miró y no dijo nada más.
Y aunque su mirada seguía desconfiando, también parecía confundido… como si no esperara que ella se defendiera con tanta firmeza.
Elion observó a ambos, sin intervenir, pero con una pequeña sonrisa.
A su modo, era un comienzo.
—Coman —dijo al fin, con voz suave—.
Hay pocas cosas que podemos controlar ahora.
Al menos, mantengámonos bien por dentro.
Con el estómago lleno… es más fácil pensar con claridad.
Althea y Hael no dijeron nada más, pero siguieron comiendo en silencio.
Aún no eran amigos.
Ni aliados.
Pero al menos… estaban compartiendo la misma mesa.
Y a veces, eso ya era algo.
Cuando Althea terminó de comer, dejó la cuchara a un lado con cuidado y alzó la vista hacia Elion.
—¿Crees que… podría ir a ver a Max ahora?
Elion asintió con una leve sonrisa.
—Claro.
Yo también tengo que salir un rato, iré a buscar más provisiones.
No tardaré mucho.
Hael frunció el ceño al escucharlo.
—¿Vas a salir solo otra vez?
—Tranquilo esta vez ire con unos amigos.
—¿Ira Aslan también?
—Si, también ira.
—Cuídense los dos… y regresen a salvo.
—No te preocupes así será, prometo que no me alejaré demasiado —respondió Elion, mientras comenzaba a recoger los platos.
—Esta bien —dijo Hael, aún con esa preocupación en los ojos—.
Y si puedes… tráeme una galleta o un chocolate.
Elion soltó una pequeña risa.
—Por supuesto.
Se volvió hacia Althea.
—Y tú, ¿puedes llevar a Hael contigo a ver a Max?
—preguntó con una mirada amable, pero firme—.
Quiero que él también esté contigo.
Solo por si acaso.
Hael entrecerró los ojos.
—¿Qué?
¿Por qué tengo que ir con ella?
—Porque confío en ti.
Y porque me sentiré más tranquilo si están juntos.
—Elion se inclinó un poco para quedar a la altura de su hermano—.
¿Sí?
Por favor, Hael.
El niño suspiró con fuerza, cruzando los brazos con dramatismo.
—Está bien… pero solo porque tú lo pides.
—Gracias —dijo Elion, y luego miró a ambos—.
Váyanse adelantando.
Yo termino de lavar estos platos y los alcanzo.
Hael, ¿puedes mostrarle un poco el lugar a Althea?
Como un recorrido rápido mientras termino.
—¿Qué?
¿En serio?
¿Tengo que hacer de guía también?
—protestó Hael, claramente molesto.
Elion le lanzó una mirada.
—Sí, en serio.
Vamos, solo un rato.
Hazlo por mí.
Hael resopló.
—Ugh… está bien.
Pero no pienso actuar como si me gustara.
Ambos salieron y comenzaron a bajar por las escaleras al primer piso.
Althea lo seguía en silencio, mientras Hael caminaba delante con las manos en los bolsillos, con un paso algo renuente.
—Bueno —empezó Hael sin entusiasmo, señalando sin girarse—, estas son las escaleras, este es el patio… y esas son las casas.
Cuatro.
Dos de ellas tienen dos niveles, una tiene tres… y otra tiene cuatro, como puedes ver.
Althea lo miró con incredulidad.
—¿Me estás tomando el pelo?
Hael se encogió de hombros.
—Bueno, no sé qué esperabas, pero es todo lo que tengo para decir.
Si te gusta, bien, y si no… no me importa.
Althea frunció los labios, molesta, pero se contuvo.
No valía la pena discutir.
En ese momento, escuchó pasos detrás de ella.
Pensó que era Elion, que ya los había alcanzado, pero cuando se volteó… No era él.
Era un hombre un poco alto y delgado, de aspecto desgarbado, con cabello verde que sobresalía ligeramente por debajo de la capucha de su buso negro.
Llevaba un cigarro entre los labios, y en su hombro descansaba un bate de béisbol de metal.
La miró con una expresión despreocupada, pero sus ojos se fijaron en ella con evidente desconfianza.
—¿Y tú quién se supone que eres?
—preguntó sin rodeos, con voz ronca—.
¿Cómo llegaste aquí?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com