Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 CAPÍTULO 21 Ecos en un Mundo Caído 21
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21: CAPÍTULO 21: Ecos en un Mundo Caído (21) 21: CAPÍTULO 21: Ecos en un Mundo Caído (21) Althea se quedó viendo al hombre, su cuerpo se había quedado congelo del miedo.
Abrió la boca para responder, pero no logró emitir palabra.
Dando un paso atrás, instintivamente.
—Te hice una pregunta —insistió el hombre, avanzando un poco más, extendiendo la mano como si fuera a sujetarla del brazo.
—¡Déjala en paz, Enzo!
—intervino Hael, plantándose delante de ella.
El hombre se detuvo, el gesto aún congelado en el aire.
Giró la mirada hacia el niño, extrañado y luego molesto.
—¿Qué dijiste?
—Que la dejes en paz.
Ella está conmigo.
—¿Contigo?
¿Quién demonios es?
—gruñó Enzo, mirando de nuevo a Althea como si fuera basura.
—Es una amiga —respondió Hael, apretando los puños.
—¿Una amiga?
—Enzo soltó una carcajada seca—.
¿Y quién les dio permiso de traer a alguien más?
¿A quién se le ocurrió meter gente sin consultarme?
—Yo… nosotros… —Hael tragó saliva.
El corazón le latía con fuerza—.
No pensamos que… —¡Claro que no pensaron!
—Enzo levantó la voz, cada vez más furioso—.
¡Ni un poco!
¡No tenemos comida ni espacio para más!
¿Y traen a una cría?
¿Así nomás?
Hael retrocedió un paso, “Maldición…”, pensó, “Se suponía que esto no pasaría.
Tengo que aguantar… solo hasta que Elion baje.
Solo un poco más”.
—¿Y qué?
¿Ahora cualquiera puede meter gente?
¿Sin decirme nada?
—Enzo dio otro paso adelante, su cara a centímetros de la de Hael—.
¿Acaso crees que esto es un maldito hotel?
El niño intentó responder, pero no salían las palabras.
El cuerpo le temblaba.
—¡Contéstame!
—exclamó Enzo, extremadamente furioso.
Enzo alzó el brazo con el bate, y Hael retrocedió instintivamente.
Justo cuando el golpe parecía inminente, una voz firme cortó el aire: —¡Basta!
—la voz de Elion retumbó desde lo alto de las escaleras.
Enzo se volvió furioso.
Elion ya bajaba con paso firme.
—Déjalos en paz.
—¿¡Tú la trajiste!?
—rugió Enzo, caminando hacia él.
Se detuvo frente a Elion y lo tomó del polo con fuerza.
—¿¡Qué diablos estabas pensando!?
¡No tenemos recursos para alimentar a una más!
¡Y encima sin consultarlo!
Elion lo miró sin inmutarse.
—No tenía opción estaba sola … y tranquilo ella comerá de mi ración.
Prometo que no volverá a pasar.
El silencio fue denso por un instante.
Enzo apretó más el puño sobre su ropa… pero finalmente lo soltó, empujándolo un poco hacia atrás.
—Más te vale que sea así.
—Se dio la vuelta y caminó hacia la salida—.
No tardes en salir.
Y espero que no esté en mi camino cuando volvamos.
El silencio volvió apenas Enzo desapareció entre las casas.
Elion dejó escapar el aire en un largo suspiro, como si se hubiese estado conteniendo todo ese tiempo.
Hael y Althea corrieron hacia él.
—¿Estás bien?
—preguntó ella, preocupada.
—Sí, sí… estoy bien —respondió él con una sonrisa forzada—.
No se preocupen.
Ya pasó.
—Lo siento… —susurró Althea, bajando la mirada—.
Por mi culpa tuviste problemas.
—No pienses eso.
No fue tu culpa —le aseguró Elion, posando una mano en su hombro—.
Enzo es… difícil.
Arrogante.
Si no haces las cosas a su manera, explota.
Pero no dejes que eso te haga sentir mal.
Althea asintió lentamente, más tranquila.
Entonces Elion se volvió hacia Hael, que aún no decía nada.
—Lo hiciste bien, Hael.
Hablaste cuando fue necesario —le dijo con suavidad, agachándose un poco—.
Te enfrentaste a él para protegerla.
Estoy orgulloso de ti.
Hael desvió la mirada, encogiéndose de hombros.
—No lo hice porque me cayera bien ni nada.
Solo creí que era lo correcto… ya está.
Elion soltó una risa ligera.
—Aun así, lo agradezco.
Hael alzó la vista un momento.
—Solo… ten cuidado con Enzo, ¿sí?
Es rencoroso.
Temo que te haga algo.
—Lo tendré en cuenta —dijo Elion, palmeándole el hombro—.
Pero no te preocupes, estaré bien.
Luego se giró hacia Althea con una última sonrisa amable.
—Los veré más tarde.
Cuídense, ¿de acuerdo?
—Sí —respondió Althea.
—Está bien —dijo Hael, levantando una mano para despedirse.
Se quedó mirando hasta que su hermano desapareció por el camino.
Entonces bajó la mano lentamente y murmuró con resignación: —Bien… vamos a ver al tal Max.
Althea lo miró de reojo.
—¿Siempre eres así de simpático?
—¿Y tú siempre haces tantas preguntas?
Ella soltó una ligera risa, y sin decir más, empezó a caminar.
Hael la siguió, un paso detrás, como quien va por obligación… pero con los ojos atentos a todo.
El aire de esa mañana era fresco, con un leve aroma a tierra húmeda.
El silencio entre Althea y Hael se alargó durante los primeros pasos, solo roto por el crujir de sus pisadas sobre el suelo.
—Entonces… ¿quién es Max?
—preguntó Hael de repente, con tono neutral, aunque sin mirarla del todo.
Althea parpadeó, algo sorprendida por la pregunta.
—Es…
mi amigo.
Está herido.
—¿Un amigo herido?
—Hael frunció el ceño—.
¿Y por qué te importa tanto?
Althea se detuvo un segundo.
Dudó en responder, pero luego dijo con suavidad: —Porque es la única familia que me queda, además de que lastimo por ayudarme.
Y yo… no quiero perder a nadie más.
Hael la observó de reojo, como si intentara calibrar si sus palabras eran verdaderas.
No dijo nada por unos segundos, luego murmuró: —Mi hermano también ayuda a muchos.
Pero a veces…
creo que la gente no lo merece.
—¿Y yo?
—preguntó Althea, con una pequeña sonrisa—.
¿Tampoco lo merezco?
Hael se encogió de hombros.
—Todavía no lo sé.
El comentario no sonó malintencionado, solo brutalmente honesto.
Althea rió por lo bajo.
—Está bien.
Supongo que me lo ganaré.
Caminaron unos pasos más en silencio.
Hael, sin mirarla directamente, murmuró: —Solo no hagas nada que lastime a mi hermano.
Él ya ha perdido mucho.
Althea se detuvo, lo miró con seriedad, y luego asintió.
—Lo prometo.
Hael simplemente asintió también, casi imperceptiblemente.
Luego apresuró el paso como si no quisiera que ella viera la leve sonrisa en su rostro.
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