Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 CAPÍTULO 26 Ecos en un Mundo Caído 26
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26: CAPÍTULO 26: Ecos en un Mundo Caído (26) 26: CAPÍTULO 26: Ecos en un Mundo Caído (26) Elion llegó apresurado, con la respiración agitada y la mirada llena de preocupación.
—¿Qué pasó?
—preguntó al verlos heridos y cubiertos de polvo.
Hael, todavía temblando, respondió con un hilo de voz: —A-Aslan…
él… está infectado.
—¿Qué…?
—susurró Elion, pero no hubo tiempo para asimilarlo.
Un estruendo retumbó desde la casa.
La puerta fue golpeada con violencia, haciendo temblar el marco.
Elion levantó su arma instintivamente, apuntando hacia el sonido.
El silencio que siguió fue inquietante.
Entonces, un cristal estalló.
La ventana se rompió en mil pedazos y la criatura que una vez fue Aslan emergió entre los vidrios rotos.
Detrás de él, tambaleándose con torpes movimientos, aparecieron los abuelos… o lo que quedaba de ellos.
Aslan giro su cabeza y empezó a caminar así ellos.
—¡Aslan, espera!
¡Soy yo, Elion!
—gritó, retrocediendo un paso, con el arma aun apuntando, pero temblorosa—.
Tienes que detenerte… tú no eres esto… ¿me oyes?
¡Lucha contra eso, maldita sea!
Pero la criatura no respondía.
Su mirada vacía, su mandíbula desencajada y sus gruñidos feroces no dejaban rastro alguno del amigo que había sido.
Elion sintió cómo la desesperación lo ahogaba.
—¡Aslan!
¡Recuerda quién eres!
—su voz se quebró, y sus brazos temblaron tanto que casi bajó el arma.
—Elion… —susurró Hael, con un rostro desencajado por el miedo y el dolor—.
No es él… ya no lo es… Elion apretó los dientes.
Sus recuerdos lo golpeaban como cuchillas: las tardes de juegos, las bromas en la escuela, las cenas improvisadas con risas, las confidencias bajo las estrellas.
Todo eso estaba frente a él, destrozado, convertido en un monstruo.
Aslan rugió y se abalanzó.
Elion, con lágrimas en los ojos, apretó el gatillo.
—Lo siento… —murmuró.
Althea cerró los ojos con fuerza y giró el rostro, abrazando al cachorro contra su pecho y cubriéndole la cabeza con ambas manos para que no viera nada.
Max soltó un pequeño gemido ahogado, inquieto por la tensión en el aire.
El disparo retumbó seco.
La bala perforó el cráneo, pero el cuerpo seguía avanzando tambaleante.
Elion disparó de nuevo.
Esta vez, Aslan cayó inerte al suelo.
El silencio posterior fue insoportable.
Elion bajó el arma lentamente, con las manos temblando.
Sus lágrimas cayeron sin que pudiera detenerlas.
—Perdóname… Aslan… —repitió, con la voz rota.
Hael miraba la escena con los ojos vidriosos.
El golpe lo atravesaba como un cuchillo.
Su amigo de la infancia, el que siempre lo defendía cuando otros niños lo molestaban, ya no estaba.
Sentía un vacío extraño, una mezcla de miedo y rabia, pero sobre todo una tristeza que no sabía cómo manejar.
Detrás, se oían crujidos.
Los abuelos, ahora convertidos, forcejeaban para salir por la misma ventana.
Sus cuerpos torpes quedaban atascados entre los vidrios y el marco, apenas logrando asomar los brazos.
Elion levantó el arma de nuevo, dispuesto a terminar con ellos.
—No lo hagas —dijo Hael se abalanzo hacia Elion, abrasándolo con firmeza, aunque la voz le temblaba—.
No podrán salir… la ventana es muy alta.
Están atrapados.
Déjalos…por favor.
Elion bajó el arma tras unos segundos de tensión, respirando con dificultad.
Asintió, luego se acercó a Stella y la ayudó a mantenerse en pie, colocándose bajo su brazo.
—Vamos, salgamos de aquí.
Afuera, las calles los recibieron con un silencio hostil, apenas roto por el viento.
—¿Y ahora?
¿A dónde iremos?
—preguntó Hael, mirando el cielo cada vez más oscuro.
—Hay una casa deshabitada, algo alejada —respondió Elion con firmeza—.
Estuve ahí antes.
Es segura.
Por ahora nos quedaremos allá.
Después… veremos qué hacer.
Se giró hacia todos con un tono serio: —No hagan ruido.
No queremos atraer a esas cosas.
Usaremos los callejones estrechos para evitar ser vistos.
Y Althea… asegúrate de que Max no ladre.
—Sí —asintió Althea, acariciando la cabeza del cachorro—.
¿Escuchaste, Max?
Tenemos que estar en silencio.
El cachorro la miró atento, como si entendiera la gravedad del momento.
—Bien —dijo Elion—.
Vámonos.
Empezaron a moverse.
Hael se quedó unos segundos atrás, mirando la vecindad.
Ese había sido su hogar desde que tenía memoria.
Ahí había reído, llorado, jugado.
Recordó las cenas con Aslan y Elion, los duelos de ajedrez con Stella, las historias que le contaban sus abuelos por las noches.
Ahora todo eso se quedaba atrás.
Con un nudo en la garganta, murmuró un adiós silencioso, y corrió para alcanzar a los demás.
Caminaron durante un buen rato, avanzando por calles estrechas y oscuras.
A veces se encontraban con esas cosas, moviéndose entre las sombras, pero lograban esquivarlas sin ser vistos.
Elion los guiaba con pasos rápidos y silenciosos, siempre atento a cualquier sonido.
Finalmente, llegaron a un callejón.
Al fondo estaba la casa.
—Es aquí —dijo Elion, abriendo la puerta con cuidado.
Uno a uno entró, y Elion fue el último en entrar, asegurándose de que todo estuviera en orden y cerrando la puerta cuidadosamente, luego ayudó a Stella a recostarse en el sofá de la sala.
—Busquen un botiquín —pidió a los niños mientras revisaba el estado de las heridas—.
Tiene que haber uno en algún lado.
Althea dejó a Max sobre una pequeña silla y comenzó a buscar entre muebles y cajones.
Hael subió al segundo piso y revisó habitación por habitación, hasta que finalmente lo encontró en una cómoda, dentro de un cajón lleno de toallas viejas.
—¡Aquí está!
—gritó mientras bajaba corriendo.
Elion tomó el botiquín y empezó a curar a Stella.
Usó curitas para las heridas más pequeñas y vendajes limpios para las más profundas.
Por suerte, nada era grave.
Una vez terminó, entre todos la llevaron a una de las habitaciones del segundo piso para que pudiera descansar.
Luego bajaron nuevamente al primer piso.
Elion se dejó caer en el sofá con un suspiro agotado.
—Ya está oscureciendo —dijo—.
Busquemos velas.
No quiero que nos agarre la noche sin luz.
—Sí —respondieron los niños al unísono, y comenzaron a rebuscar por la casa.
Encontraron algunas velas viejas, algo desgastadas, pero todavía útiles.
Las encendieron y colocaron una sobre una pequeña mesa en el centro de la sala.
Su luz temblorosa iluminaba apenas sus rostros.
Elion sacó comida de su mochila y la repartió entre los tres.
Comieron en silencio, rodeados por la penumbra y la tensión.
No había mucho que decir.
Las palabras parecían demasiado frágiles para sostener lo que acababan de vivir.
Al terminar, Elion se puso de pie y comenzó a revisar los cajones hasta encontrar algunas hojas y un par de lapiceros.
—Vamos a hacer un pequeño mapa de la casa —dijo mientras se sentaba de nuevo en la mesa—.
Así sabremos cuántas habitaciones hay y qué cosas nos pueden servir.
—Max también quiere ayudar —bromeó Althea, llevándole un pedacito de galleta al cachorro, que meneaba la cola levemente.
—La casa es grande —comentó Hael—.
Tiene tres pisos.
—Yo vi cuatro habitaciones —añadió Althea—.
Dos en el segundo piso y dos más arriba.
—Sí —dijo Elion mientras dibujaba—.
Los cuartos del segundo piso son más grandes, cada uno con su propio baño.
En el tercero son más pequeños porque hay un espacio donde hay plantas…
como un pequeño invernadero.
—¿Eh?
No vi eso —dijo Althea, intrigada.
—Mañana te lo muestro —sonrió Elion.
—Entonces…
en el primer piso está la sala, la cocina y una lavandería —agregó mientras anotaba todo.
Cuando terminaron de armar el mapa, Elion se levantó con una vela en la mano.
—Althea, quédate con uno de los cuartos del segundo piso.
Stella ya está en el otro.
Hael y yo dormiremos en el tercero.
—Está bien —respondió Althea.
Antes de subir, recordó algo.
—¡Mi mochila!
Corrió hacia un rincón donde la había dejado y empezó a rebuscar.
Sacó su teléfono.
Apretó el botón de encendido con esperanza.
La pantalla se iluminó.
—¡Todavía funciona!
—dijo alegre— Tengo que avisar a Delma que estoy aquí!
Marcó de inmediato el número de Delma…
pero no entraba la llamada.
—Creo que no hay señal aquí —murmuró con frustración.
—Tranquila —dijo Elion, tratando de calmarla—.
Mañana saldré a buscar un lugar donde haya señal.
Le mandaré un mensaje por ti.
Althea asintió, aunque todavía tenía el ceño fruncido.
Se aferró al teléfono como si con eso pudiera acercarse, aunque fuera un poco, a la gente que había perdido de vista.
La noche caía, pero al menos estaban a salvo.
Por ahora.
Después de asegurarse de que todas las entradas estuvieran bien cerradas, Elion subió las escaleras con los niños.
Al llegar al segundo piso, les hizo una seña para que se detuvieran.
—Esa es tu habitación, Althea —dijo, señalando la puerta a la derecha del pasillo.
Ella asintió con una sonrisa suave.
Elion luego miró a Hael.
—Quédate con ella un rato.
Yo iré a ver cómo está Stella.
Le llevaré algo de comer.
—¿Vamos contigo?
—preguntó Althea con intención de ayudar.
—Mejor no —negó Elion, con una mirada seria pero amable—.
Aún está delicada… No deberíamos dejar que se esfuerce más de lo necesario.
Los niños comprendieron sin decir más y entraron juntos en la habitación.
Al cerrar la puerta detrás de ellos, sintieron una paz repentina, como si ese cuarto los protegiera del mundo exterior.
La habitación era amplia, más de lo que parecía desde fuera.
—Entré aquí antes, pero no la miré mucho porque estaba apurado… —comentó Hael, observando a su alrededor—.
Es bastante grande.
Althea dejo la vela sobre una mesa y fue directo a la cama.
Se dejó caer con Max en brazos, quien acomodó su cabecita en su pecho.
—Es como una nube —susurró, dejando escapar una pequeña risa.
—Eso parece… —respondió Hael, contagiado por su tranquilidad.
Sonrió.
Mientras ella acariciaba a Max, Hael caminó por el cuarto, explorando en silencio.
Encontró una puerta al fondo, la abrió con curiosidad: era el baño.
También amplio, con azulejos blancos y un espejo limpio que reflejaba una sensación ajena al caos de allá afuera.
—Todo aquí se siente diferente… —murmuró, volviendo junto a Althea—.
Como si este cuarto no perteneciera al resto de la casa.
—Tal vez era de alguien joven… —dijo Althea, mirando el escritorio y el armario, donde aún quedaban algunas decoraciones simples—.
Tiene algo… acogedor.
Hael se sentó al borde de la cama, luego se recostó también, dejando que el silencio los envolviera.
No era incómodo.
Era de esos silencios que se sienten seguros, suaves.
Como una manta cálida.
—Tienes razón —dijo después de unos segundos, con voz baja—.
Parece una nube.
Permanecieron así un rato, ambos mirando al techo, sin hablar.
Solo sintiendo la calma.
El cuarto, la cama, la compañía… por un momento, todo lo demás dejó de importar.
Era un instante pequeño en medio del desastre, pero era real.
Max cerró los ojos.
Althea acariciaba suavemente su lomo.
Hael giró el rostro, viéndolos a ambos.
—Althea… gracias por quedarte —murmuró.
Ella lo miró, algo sorprendida, pero conmovida.
—No, gracias a ti… por ayudarme y por no irte.
Hubo un silencio breve.
Althea respiró hondo, y luego, con voz temblorosa, dijo: —Hael… lo siento mucho.
Por Aslan… y por los abuelos.
Debes sentirte fatal por haberlos perdido.
Los ojos de Hael se ensombrecieron.
Bajó la mirada, mordiéndose el labio.
—Sí… duele, y mucho.
—Guardó silencio unos segundos, antes de añadir—: Pero… creo que a ti también te duele, ¿no?
Te noté… parecías haberte encariñado con ellos.
Althea lo observó, sorprendida por su sensibilidad.
Bajó la mirada, y apretó las sábanas con los dedos.
—Sí… me recordaban a lo que alguna vez tuve, además fueron muy buenos conmigo.
—Hizo una pausa, y su voz se quebró apenas—.
Me hicieron sentir… que todavía había un hogar posible.
Hael se quedó callado, escuchándola.
Luego suspiró.
—Ellos también te querían, ¿sabes?
Se notaba en cómo te miraban… como si fueras parte de su familia.
Althea lo miró, con un nudo en la garganta.
Una pequeña sonrisa temblorosa apareció en sus labios.
—Entonces… al menos me quedare con ese recuerdo.
Hael asintió, con un gesto cansado.
Luego cerró los ojos, como si ya no pudiera seguir hablando.
—Sí… quedémonos con eso.
Althea volvió a acariciar el lomo de Max, que permanecía acurrucado contra ellos.
Y por esa noche, aunque fuera solo por unas horas, se permitieron sentirse en paz.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES StoryJiu Atención: Los Martes, Jueves y Sábados tendrás un nuevo capítulo para seguir está aventura.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com