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Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 CAPÍTULO 35 Ecos en un Mundo Caído 35
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35: CAPÍTULO 35: Ecos en un Mundo Caído (35) 35: CAPÍTULO 35: Ecos en un Mundo Caído (35) oen cayó pesadamente sobre el asfalto agrietado, del lado seguro, mientras la grieta terminaba de abrirse en un estruendo feroz.

Cuando el polvo se disipó, se dieron cuenta del desastre.

La enorme fisura los había dividido.

Arika y Reize habían quedado de un lado; Koen y Ethan, del otro.

—¡Arika!

¿Están bien?

—gritó Koen, levantándose de un salto, con el rostro descompuesto.

—¡Estamos bien!

—respondió Arika, llevándose un mano al pecho, intentando calmar su respiración agitada.

La grieta era profunda y ancha.

Imposible de cruzar a pie.

Y no sabían si seguiría abriéndose más.

Ethan apretó los dientes, evaluando rápido la situación.

—¡Tenemos que encontrar una forma de rodearla!

—gritó, buscando con la mirada una conexión entre ambos lados.

—Creo que la fisura es muy extensa… tendremos que movernos por separado— dijo Reize —Tiene razón…eso será lo mejor además por el ruido esas cosas no tardaran en aparecer, tenemos que movernos.

Koen se sorprendió por lo que decían, miro la grieta como si pudiera cerrarla solo con su voluntad.

Su cuerpo temblaba de frustración.

No quería dejarlas solas, mucho menos a Arika.

—No puedo…

—murmuró, negando con la cabeza—.

No quiero dejarlas.

Reize, al ver la expresión desesperada en su rostro, se acercó un poco al borde y grito del otro lado —Estaremos bien Koen—le dijo con una sonrisa suave, tratando de tranquilizarlo—.

Arika es fuerte.

Ya te lo demostró, ¿no?

Koen alzo la mirada, apretando los puños.

No era suficiente.

No para él.

Arika, que notaba el conflicto en sus ojos, dio un paso hacia adelante.

Sonrió con esa calma que solo ella sabía transmitir.

—Voy a estar bien, Koen.

—Su voz fue firme, segura—.

Te prometo que nos volveremos a reunir.

Koen la miró en silencio unos segundos.

Luego asintió, tragándose el nudo en la garganta.

No tenía más opción que confiar en ella.

Mientras tanto, Ethan, que también había captado la tensión, se acercó a al borde murando a Reize.

—Cuídense mucho —le dijo, mirándola con seriedad.

Reize asintió rápido.

—Tú también.

Se pusieron de acuerdo rápido.

No había tiempo que perder.

—Nos encontraremos en el parque de los cerezos —dijo Ethan—.

El que está a unas cuadras de aquí.

La fisura no debería llegar tan lejos.

—Entendido —respondió Arika, decidida.

Sabían que el estruendo había atraído a esas cosas.

No podían quedarse quietos por más tiempo.

Sin más palabras, ambos grupos comenzaron a moverse en direcciones opuestas, bordeando la grieta, con la promesa en el corazón de volver a encontrarse.

El viento cargaba el eco de los estallidos lejanos.

Y algo más…

pasos, gruñidos, el aviso de que el verdadero peligro se acercaba.

Tenían que apurarse.

Arika y Reize avanzaban rápido, siguiendo las calles agrietadas y esquivando los escombros.

No podían permitirse parar.

El sonido de los gruñidos empezaba a hacerse más claro detrás de ellas.

—¿Por aquí?

—preguntó Reize, señalando una calle lateral.

—Sí, atajaremos más rápido —respondió Arika, sin dudar.

Doblaron la esquina y corrieron unos metros…

pero justo entonces, tres de esas criaturas surgieron de entre los restos de un edificio derrumbado.

Las miraban con esos ojos vacíos, torcidos de hambre.

Reize retrocedió un paso, su rostro pálido.

—Arika…

Arika, en cambio, dio un paso adelante.

Su respiración era firme.

Se quitó la mochila rápido, sacando el arma que Ethan le había dado horas antes.

Con movimientos seguros, la cargó.

—Confía en mí.

Reize asintió, apretando los puños para no temblar.

Las criaturas rugieron y se lanzaron hacia ellas.

—¡Agáchate!

—gritó Arika.

Reize obedeció en el acto, cayendo al suelo mientras Arika levantaba el arma y disparaba.

El primer disparo impactó en la cabeza de la criatura más cercana, haciéndola caer pesadamente.

Arika no se detuvo.

Disparó de nuevo, apuntando con precisión al siguiente, mientras el tercero lograba acercarse peligrosamente.

Un gruñido salvaje sonó a centímetros de ella.

Arika no tuvo tiempo de disparar de nuevo, así que giró el arma con fuerza y golpeó al monstruo en el rostro, haciéndolo tambalear.

Aprovechó para disparar a quemarropa.

Todo quedó en silencio.

Solo el sonido de sus respiraciones agitadas llenaba el aire.

Arika bajó lentamente el arma.

Reize la miraba con los ojos abiertos como platos.

—Tú…

tú realmente sabes usarla…

Arika le sonrió un poco, aunque sus manos temblaban levemente.

No de miedo, sino por la adrenalina.

—Te dije que estaría bien.

Reize se levantó y fue a su lado.

—No sabía que eras tan increíble…

—No es para tanto —dijo Arika, aunque su mirada se endureció en dirección al camino—.

Tenemos que seguir.

No sabemos cuántos más vienen.

Ambas siguieron avanzando, ahora con más cautela.

Sabían que no podían bajar la guardia.

Muy lejos, en otra parte de la ciudad, Koen y Ethan también avanzaban a toda prisa, pero Koen no dejaba de mirar hacia atrás, como si su corazón aún estuviera con ellas.

Ambos corrían por las calles vacías, sus pasos resonando entre los edificios destruidos.

El cielo cambiaba a un gris más opaco, pesado, como si en cualquier momento fuera a caer otra tormenta.

—¿Estás bien?

—preguntó Ethan, volteando a verlo de reojo.

Koen no respondió enseguida.

Su mirada estaba fija en el camino, pero su mente…

su mente seguía con Arika.

—Estaré mejor cuando las vea de nuevo —murmuró finalmente.

Ethan soltó una leve risa.

—Tienes a alguien importante ahí, ¿eh?

Koen apretó los dientes, no quería hablar de eso ahora.

Tenía que concentrarse.

Avanzaron un par de calles más hasta que un sonido fuerte llamó su atención.

Ethan levantó la mano para detener a Koen.

Ambos se escondieron rápidamente tras un auto volcado.

Del otro lado de la calle, una patrulla militar destrozada avanzaba lenta, rechinando, impulsada no por hombres…

sino por criaturas.

Seres deformes, como una mezcla de humanos y metal oxidado, empujaban el vehículo como si fuera un trofeo de guerra.

Koen frunció el ceño.

—¿Qué demonios son esas cosas…?

Ethan negó despacio.

—No lo sé.

Pero no podemos enfrentarlos ahora.

La patrulla se detuvo.

Uno de los monstruos alzó la cabeza, olfateando el aire.

Koen contuvo la respiración.

Un segundo…

dos…

el ser soltó un gruñido sordo, pero no los detectó.

Lentamente, el grupo de criaturas siguió su marcha, alejándose calle abajo.

Solo cuando el ruido desapareció por completo, Ethan soltó un suspiro.

—Eso estuvo cerca.

—Demasiado cerca —dijo Koen, poniéndose de pie.

Siguieron avanzando, pero ahora más rápido.

El encuentro había dejado claro algo: no podían confiar en que la ciudad estuviera vacía.

No solo los monstruos “normales” rondaban.

Ahora había algo más…

algo peor.

Mientras corrían, Ethan miró a Koen.

—Llegaremos al parque.

Ellas también lo harán.

Lo sé.

Koen asintió, su mirada endurecida.

—Si, lo harán.

Arika me lo prometió.

Y él pensaba aferrarse a esa promesa con todo lo que tenía.

Arika y Reize avanzaban cautelosas por las calles desiertas, con el sonido de sus pasos apenas audible en el aire espeso de la mañana.

Las cosas iban relativamente bien hasta que, de repente, al doblar una esquina, la visión de una turba de infectados les bloqueó el paso.

—¡Mierda!

—susurró Arika, su corazón acelerado al ver la masa de criaturas desfiguradas acercándose.

Aunque Arika no era débil, el número de infectados era tal que, incluso con su habilidad para enfrentarse a ellos, la situación era desesperante.

Su mirada se cruzó con la de Reize, quien no dudó ni un segundo.

—Tenemos que refugiarnos, ahora.

—Reize propuso con calma, manteniendo el control de la situación.

Arika asintió, buscando la salida más cercana.

Luego de unos segundos señaló hacia un restaurante abandonado un poco más adelante.

—Vamos allí, nos quedaremos hasta que se vayan.

Ambas se adentraron rápidamente en el restaurante, cerrando con cuidado la puerta detrás de ellas.

Se apostaron junto a una ventana rota, vigilando a los infectados a medida que pasaban, algunos de ellos apenas registrando su presencia.

Mientras tanto, Koen y Ethan tampoco lo tenían fácil.

Los derrumbes en la ciudad les obligaban a rodear caminos y tomar desvíos, pero cada vez que lo hacían, la distancia con el parque, su punto de encuentro, se alargaba aún más.

—No vamos a llegar a tiempo si seguimos así —dijo Ethan, observando el agotamiento en los ojos de Koen.

Koen no respondió, pero su rostro mostraba una resignación que Ethan conocía bien.

Después de varios intentos fallidos de avanzar, Ethan sugirió: —Es mejor que nos refugiemos, no podemos seguir avanzando así.

Estamos agotados y cada vez que peleamos, gastamos más fuerzas.

Koen suspiró, mirando el horizonte lleno de polvo y ruinas.

—Está bien —respondió finalmente, con tono bajo.

—Pero no te acostumbres a esto.

Se refugiaron en una mueblería que encontraron cerca.

Aunque no era lo ideal, era lo único que podían hacer en ese momento.

La tarde cayó lentamente, y ambos grupos se prepararon para intentar comunicarse.

Ethan sacó su radio, intentando contactar a las chicas, pero la señal era mala, interrumpida por estática.

Finalmente, a medida que el sol comenzaba a esconderse, lograron establecer una comunicación débil, la voz de Reize se oyó a través de los altavoces.

—Chicos, me copian —Si, les compiamos… se encuentran bien —dijo Ethan —Estamos bien —dijo Reize, con un tono algo aliviado—.

¿Y ustedes?

Koen, más relajado al escuchar su voz, respondió rápidamente.

—Nosotros también.

No pudimos avanzar mucho más, pero estamos a salvo.

¿Y Arika?

—Está bien —confirmó Reize—, solo un poco cansada, como todos.

¿Y tú, Koen?

¿Estás bien?

Koen respiró hondo antes de responder, sin querer revelar cuánto pensaba en ella.

—Sí, todo bien.

Nos reuniremos pronto.

La comunicación fue cortada abruptamente por la mala señal, dejando a todos en un silencio incómodo.

Esa noche, mientras comían lo poco que habían encontrado en la mueblería, Koen no podía dejar de pensar en Arika.

Algo en él había cambiado desde que se separaron, y su mente no dejaba de imaginar cómo estaría ella.

Su mirada se perdió en el vacío, y fue Ethan quien lo notó primero.

—Nunca te vi así, Koen —comentó Ethan, curioso.

—¿De verdad estás tan preocupado por ella?

Koen no respondió de inmediato, y cuando lo hizo, su voz estaba un poco más baja de lo usual.

—No es solo eso —dijo con una mezcla de irritación y cansancio—.

Es complicado, Ethan.

No quiero pensar en ello.

Ethan frunció el ceño, reconociendo un tono en la voz de Koen que no podía ignorar.

Había algo más que preocupación, algo más profundo.

Pero, como siempre, prefirió no preguntar demasiado.

Al final, ambos cayeron exhaustos en el suelo de la mueblería, el cansancio acumulado de los días pasados ganando la batalla.

En el otro refugio, Arika tampoco podía dormir.

Se quedó mirando el techo en la penumbra, los fragmentos de recuerdos y sueños corriendo por su mente.

Algo no encajaba.

Los recuerdos de Ethan, la sensación de que todo ya había ocurrido antes…

no podía quitarse esa idea de la cabeza.

Reize, al ver que Arika aún no descansaba, se levantó lentamente de su lugar.

—¿Arika?

—susurró, preocupada.

Arika giró la cabeza, encontrándose con los ojos brillantes de Reize en la oscuridad.

—No puedo dormir —admitió Arika, con voz cansada.

—Si tienes algo que te preocupas, sabes que me lo puedes contar… yo estaré aquí para ti.

—dijo Reize con una voz suave, apoyando su mano en el hombro de Arika.

Arika la miro por un momento, dudo, pero luego hablo: —Hace unos días, antes de que todo esto comenzara, empecé a tener sueños extraños.

Algunos eran pesadillas, pero otros…

otros eran sueños agradables, como si ya los hubiera vivido.

Reize la miró, confusa, y Arika continuó, su voz ahora más temblorosa.

—Cuando toqué a Ethan hoy…

vi algo.

El chico del que te hablé, el que conocí en mis sueños…

era Ethan.

Su saludo, sus palabras, todo.

Fue como si ya lo hubiera vivido antes.

Y después…

un flash, como un recuerdo de algo que ocurrió.

Reize intentó asimilar lo que Arika estaba diciendo, pero le costaba.

—Entonces…

¿crees que esos sueños son…

visiones del futuro?

—preguntó, sorprendida por la teoría de su amiga.

Arika asintió lentamente, una sensación de incomodidad pesando sobre ella.

—Sí…

puede que parezca algo loco lo que digo, pero creo que todo esto no es coincidencia, Reize.

Reize no pudo decir nada más.

El silencio llenó el aire entre ellas, y, aunque todo parecía estar en calma, ambas sabían que algo mucho más grande y aterrador se estaba gestando.

Reize miró a Arika, tratando de entender la carga que parecía llevar sobre sus hombros.

Después de un largo silencio, intentó aliviar un poco la tensión.

—Podrían ser coincidencias, Arika.

A veces la mente juega trucos, sobre todo en tiempos como estos.

Lo mejor es que descanses.

Lo que sea que pase, podemos enfrentarlo cuando amanezca.

Arika la miró con una mezcla de agradecimiento y duda.

A veces, Reize tenía la habilidad de dar tranquilidad con solo unas palabras.

Aun así, la sensación de que algo no estaba bien no la dejaba.

Finalmente, Arika asintió, como si estuviera dejándose llevar por la calma de su amiga.

Un suspiro pesado salió de sus labios, y el peso sobre su pecho, aunque por un momento ligero, seguía allí.

Decidió, por el bien de ambas, descansar.

—Tienes razón —respondió Arika, intentando convencerla a ella misma de que estaba bien—.

Mejor descansar.

Se acomodaron en el suelo, cubriéndose con lo poco que tenían, y cerraron los ojos, a pesar de que la inquietud seguía acechando en el fondo de sus pensamientos.

Al final, el cansancio pudo más.

El cuerpo les pidió un respiro, y el sonido lejano de la oscuridad que las rodeaba se convirtió en una especie de nana que las llevó a un sueño profundo.

No fue un sueño tranquilo para Arika, pero al menos su mente se quedó en silencio por un rato, dejando las respuestas para el día siguiente.

Al amanecer, los primeros rayos de sol se filtraron por las rendijas del restaurante, despertándolas suavemente.

A pesar de la calma aparente, ambas sabían que el futuro que se les presentaba no sería fácil.

Pero por ahora, solo podían seguir adelante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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