Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 38

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Ecos en un Mundo Caido
  4. Capítulo 38 - 38 CAPÍTULO 38 Ecos en un Mundo Caído
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

38: CAPÍTULO 38: Ecos en un Mundo Caído 38: CAPÍTULO 38: Ecos en un Mundo Caído Arika parpadeó un par de veces, aún algo aturdida.

El dolor en su brazo era una punzada constante, pero su mente empezaba a despejarse lentamente.

Movió los dedos de su mano sana, asegurándose de que aún podía reaccionar, aunque la debilidad era evidente en cada uno de sus movimientos.

De repente, Reize, que había estado medio dormida, dio un pequeño respingo.

Alzó la cabeza de golpe, parpadeando desorientada, hasta que sus ojos se encontraron con los de Arika.

Por un segundo, Reize pareció congelarse, como si no pudiera creer lo que veía.

—¡Arika!

—exclamó, dejando caer la mochila de su regazo, y corrió hacia ella a toda prisa, su rostro reflejando una mezcla de alivio y miedo—.

¡Estás despierta!

Arika intentó sonreír, pero solo logró una mueca de dolor.

El esfuerzo de siquiera intentar una sonrisa parecía más pesado que cualquier herida.

—Tranquila…

sigo entera —bromeó, con la voz quebrada, pero un intento de ligereza.

Reize soltó una carcajada nerviosa, claramente aliviada, pero la trató de disimular cruzándose de brazos y frunciendo el ceño, como si su rostro fuerte pudiera ocultar el miedo que aún le temblaba en la mirada.

—¿Entera?

Más bien pareces un trapo viejo —le dijo, pero su voz tembló al final, traicionando la preocupación que había estado conteniendo.

Arika la miró con ternura, notando esa fragilidad oculta en su amiga.

Era extraño verla tan fuerte por fuera, pero con grietas invisibles que solo alguien cercano podría notar.

—Gracias…

—susurró Arika, el peso de la gratitud aplastándola un poco—.

Me salvaste…

otra vez.

Reize se pasó una mano por el cabello, incómoda por la sinceridad de las palabras.

Estaba acostumbrada a ser la fuerte, a no mostrar debilidad, pero en ese momento no podía evitarlo.

—Bah…

no es para tanto —murmuró, evitando su mirada.

Luego, tras una pausa, añadió en voz baja—: Solo…

no iba a dejarte ahí tirada como un costal de papas.

Arika soltó una pequeña risa, pero el dolor inmediato hizo que se le escapara un suspiro.

Era un esfuerzo que dolía, pero también era el único consuelo que tenía.

—Aun así…

gracias —insistió Arika, cerrando los ojos unos segundos, luchando por controlar el dolor que la envolvía—.

Por quedarte…

por cuidarme.

Hubo un breve silencio entre ellas, uno cargado de palabras no dichas.

Reize apretó los puños, bajando la mirada como si se estuviera escondiendo de algo.

—Tú también me has salvado antes…

—dijo en voz baja, como si esas palabras estuvieran más allá de lo que realmente quería decir—.

Esta vez…

era mi turno, ¿no?

Arika la observó fijamente, viendo cómo evitaba mirarla.

Con esfuerzo, estiró su mano sana y tocó el brazo de Reize, un pequeño gesto que parecía pedirle algo más.

—Perdón…

—murmuró Arika, la voz temblorosa—.

No quería…

preocuparte asi…

—¡Pues lo lograste de todas formas!

—saltó Reize, alzando la voz más de lo que había querido.

Al instante se encogió, como si su propio estallido de frustración la avergonzara—.

Perdón…

no debí gritar…

El silencio entre ellas se hizo pesado, cargado de cosas no dichas.

Reize se mordió el labio inferior, como si luchara contra las emociones que le subían a la garganta.

Mientras tanto, Arika se giró con dificultad, observando el lugar en el que se encontraban.

La habitación era pequeña, medio derruida, pero lo suficientemente segura para pasar la noche.

Una vela parpadeaba cerca, su luz tenue y cálida, contrastando con la oscuridad que llenaba todo lo demás.

—¿Dónde estamos…?

—preguntó Arika, con la voz apenas audible, como si estuviera intentando procesar la realidad que la rodeaba.

—Un refugio —respondió Reize, acomodándose mejor a su lado, su tono tratando de ser más firme de lo que realmente se sentía.

Su sonrisa era débil, tensa—.

Lo encontré mientras te arrastraba por las calles como un saco de papas.

Intentó bromear, pero las palabras no salieron tan fácilmente como habría querido.

Miró el brazo de Arika, la venda que ella misma había improvisado, y luego se encogió de hombros.

—Te vendé lo mejor que pude…

—añadió, bajando la mirada hacia el brazo herido, con una expresión que reflejaba la incomodidad de no sentirse suficientemente buena en esas situaciones—.

No soy buena en esas cosas, pero al menos logré detener la sangre.

Arika la miró de reojo, notando el cansancio en cada línea de su rostro, como si la angustia de esos momentos hubiera dejado una huella visible en su piel.

—Hiciste un buen trabajo…

—dijo, y su voz sonaba más fuerte de lo que realmente se sentía—.

De verdad.

Reize rió entre dientes, una risa corta, incrédula, que no parecía encajar con la situación.

—Dices eso porque sigues medio delirando…

—respondió, sacudiendo la cabeza, como si no pudiera creer lo que oía.

Se pasó una mano por el cabello, respirando hondo, como si intentara retomar el control de sus emociones.

Cuando habló de nuevo, la voz de Reize se volvió más suave, más vulnerable.

—Creí que te perdería, Arika…

—admitió en un susurro, sin poder mirar a los ojos a su amiga—.

Y…

no sé qué hubiera hecho sin ti.

El corazón de Arika dio un vuelco al escuchar esas palabras, un nudo formándose en su garganta.

A duras penas, estiró su mano sana y rozó la de Reize, buscando algo que las conectara.

—Pero, aun sigo aquí —susurró, con una voz tan baja que apenas logró escucharla—.

Gracias a ti.

Reize apretó los labios, bajando la cabeza para ocultar sus ojos.

Pero Arika alcanzó a ver cómo brillaban, cómo la rabia contenida se mezclaba con algo más profundo, más personal.

Lágrimas luchaban por salir, pero Reize las mantenía a raya, como si no pudiera permitirse la debilidad.

—¿Siempre tienes que ser así…?

—preguntó Reize, la voz temblorosa, sin malicia, solo un dejo de tristeza.

Arika soltó una pequeña risa, más por costumbre que por verdadera diversión.

—Siempre…

—contestó en un suspiro, su tono más suave, más cercano.

La tensión en el aire se disipó un poco, pero permaneció allí, colgando entre ellas.

Reize se levantó torpemente, frotándose los ojos con la manga de su chaqueta, como si quisiera desaparecer un momento.

—Voy a traerte agua —dijo, apresurándose antes de que Arika pudiera ver lo que realmente estaba sintiendo.

Reize rebuscó en su mochila y sacó una botella medio llena.

Se agachó de nuevo junto a Arika, sosteniéndola con cuidado, como si fuera frágil, como si la vida de su amiga dependiera de ese gesto.

—Tienes que recuperar fuerzas…

—murmuró, su tono preocupado.

Arika bebió un par de sorbos, la sensación de agua fría deslizándose por su garganta siendo un alivio que la reconfortaba un poco.

Ya podía hablar con más claridad.

—¿Qué paso?

¿Cómo llegamos aquí?

—preguntó, la voz aún débil, pero más firme.

Reize hizo una mueca, su rostro reflejando la dureza del recuerdo.

—Después de que el vidrio te cayó…

te heriste…

te desplomaste.

Apenas logré sacarte de ahí.

Estabas desangrándote, no te despertabas…

—explicó, y la voz se quebró ligeramente al final—.

No sabía si íbamos a salir de ahí.

Arika cerró los ojos unos segundos, tratando de recordar lo ocurrido.

El golpe, la sensación de que todo se desvanecía, como si el mundo entero se hubiera ido apagando.

—¿Y tú…?

—preguntó, abriendo los ojos, buscando la mirada de Reize—.

¿Estás bien?

Reize sonrió de lado, una sonrisa triste pero genuina.

—Estoy hecha polvo por los escombros…

—respondió, con un suspiro—.

Pero nada que no pueda aguantar.

Tú eras la prioridad.

Hubo un breve silencio, pero las palabras entre ellas pesaban mucho más que el aire que las rodeaba.

—Reize…

—murmuró Arika, luchando contra el nudo en su pecho—.

No me dejes sola…

¿sí?

La petición salió más frágil de lo que Arika habría querido.

Su vulnerabilidad era un peso que no podía cargar sola.

Reize la miró fijamente durante un largo momento.

Sin dudarlo, tomó la mano de Arika entre las suyas, apretándola con fuerza, como si esa fuera la promesa más importante que pudiera hacer.

—No pienso hacerlo —respondió, firme, casi como una promesa, sin titubear ni un segundo.

Arika cerró los ojos, dejando que la calidez de ese apretón la envolviera, al menos por un rato.

La ciudad afuera seguía en ruinas, los peligros acechaban en cada sombra, pero en ese pequeño refugio, al menos por un momento, estaban a salvo y juntas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo