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Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 CAPÍTULO 45 Ecos en un Mundo Caído 45
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45: CAPÍTULO 45: Ecos en un Mundo Caído (45) 45: CAPÍTULO 45: Ecos en un Mundo Caído (45) El suave murmullo de la lluvia y el crujir ocasional de las viejas maderas fueron los primeros sonidos que Arika escuchó al despertar.

Su cabeza pesaba, como si una niebla densa hubiera envuelto sus pensamientos, pero lo que más le dolía era el ardor punzante en la pierna, una sensación que la obligó a abrir los ojos con lentitud.

Estaba tendida sobre una manta en el suelo, rodeada de paredes grises y desgastadas.

No recordaba con claridad cómo había llegado hasta allí, pero algo en su interior le decía que todo había ocurrido demasiado rápido.

Al mover un poco el cuerpo, sintió el tirón de una venda en su brazo, más ajustada de lo que recordaba.

Bajó la mirada y vio a Koen sentado a su lado, en cuclillas, su mano aún sobre la suya.

La preocupación en su rostro era evidente, aunque no parecía haberse dado cuenta de que ella ya estaba despierta.

—Koen… —murmuró, su voz áspera y débil.

Él levantó la cabeza de inmediato.

Su expresión cambió de preocupación a un extraño equilibrio entre alivio y frustración.

Se inclinó hacia ella, rozándole la frente con suavidad.

—Arika… —dijo con voz grave—.

¿Cómo te sientes?

Ella asintió con lentitud, intentando incorporarse, pero una punzada de dolor en la pierna la detuvo.

Con una mueca, se apoyó en el suelo y respiró hondo antes de hablar.

—Estoy… mejor que antes —respondió con honestidad, aunque el cansancio impregnaba su tono—.

Pero… ¿qué pasó?

¿Dónde estamos?

—En una casa abandonada.

Por ahora es una zona segura —explicó Koen, su voz más suave al ver que ella recuperaba fuerzas—.

Te desmayaste del dolor, Arika.

Estabas muy herida.

Arika intentó recordar, pero las imágenes de la pelea se desvanecían, difusas, como si su mente intentara protegerla de algo demasiado doloroso.

Sin embargo, las palabras de Koen volvieron a ella con claridad.

“Si algo le pasara, no sé si podría soportarlo.” Un dolor agudo le cruzó la sien, mezclándose con el ardor de las heridas.

Cerró los ojos, buscando calma, pero los ecos de aquella conversación entre Koen y Reize no se disipaban.

—Me importa demasiado… No sé cuándo pasó, pero… si algo le sucediera… yo… no sé si podría soportarlo.

Aún con la mente nublada, Arika lo miró.

Koen no se había apartado ni un instante.

Había algo en su expresión que trascendía la simple preocupación.

Con esfuerzo, ella logró preguntar, su voz apenas un susurro.

—¿Por qué te preocupas tanto?

Koen la sostuvo la mirada un instante, como si buscara las palabras justas.

La tensión era palpable, pero lo que dijo fue simple y directo.

—Porque no quiero perderte, Arika.

Ella lo observó, sorprendida.

Su cuerpo dolía y su mente estaba exhausta, pero en lo más profundo, algo se encendió.

Una chispa.

Una conexión.

Con una sonrisa débil, soltó un suspiro y volvió a recostarse sobre la manta, más tranquila, aunque las palabras de Koen seguían resonando en su interior.

—Recuerdas lo que te prometí… Te dije que nos volveríamos a encontrar, y mira, aquí estamos.

—Es cierto… Gracias por cumplir tu promesa —dijo Koen con una sonrisa tenue.

Él no añadió nada más.

Se quedó en silencio, observándola con atención.

Cuando vio que Arika aún se veía agotada, murmuró con su habitual tono calmo: —Descansa.

Nos aseguraremos de que estés a salvo.

—Está bien.

Mientras el ambiente se llenaba de quietud, Arika cerró los ojos.

Esta vez, sin luchar contra la oscuridad, se entregó al descanso.

Y mientras lo hacía, los recuerdos y las palabras no dichas comenzaron a disolverse, dejándola en paz, aunque fuera solo por un momento.

En otra parte de la casa, Reize se cruzó con Ethan y preguntó sobre la situación afuera.

Ethan le explicó que Elion había salido a verificar.

Poco después, Elion entró, su rostro serio.

—No traigo buenas noticias —dijo con gravedad—.

Están viniendo.

Los infectados de las torres se están moviendo hacia aquí.

No sé si es una horda o solo unos pocos, pero la situación se está poniendo complicada afuera.

El aire se tensó de inmediato.

Los rostros se endurecieron.

—¿Qué hacemos?

—preguntó Reize, con la vista fija en la puerta, como si esperara verlos aparecer de un momento a otro.

Elion, habló con una calma que contrastaba con la urgencia de la situación.

—Lo mejor será movernos ahora.

Como dije antes tengo un refugio no muy lejos de aquí, lo suficiente para que estemos a salvo.

Si seguimos esperando aquí, estaremos atrapados.

Ethan y Reize se miraron con duda sobre lo que dijo Elion.

—¿Un refugio?

—preguntó Reize, con los ojos fijos en Elion—.

¿Cómo sabemos que no es una trampa?

Elion no se inmutó ante la desconfianza.

Su tono se mantuvo tranquilo, seguro.

—No lo es.

Hay más sobrevivientes allí.

—¿Sobrevivientes?

¿Son varios?

—dijo Ethan sorprendido —Si.

Así que si no queremos morir aquí no perdamos más tiempo.

Hay que movernos rápido.

Reize asintió, su mirada volviendo a la puerta mientras el sonido de pasos a lo lejos crecía.

—Bien —dijo, tomando su mochila—.

Avisaré a los demás.

Se dirigió hacia donde estaban Arika y Koen, entrando con premura.

—Tenemos que irnos —anunció, su voz grave pero cargada de preocupación—.

Esas cosas se acercan, tenemos que salir ahora.

—¿A dónde iremos?

—preguntó Koen, desconcertado.

—Elion tiene un refugio.

Tenemos que llegar allí.

—¿Refugio?

—Koen dudó—.

Recuerdo que habló de eso… pero, ¿estás segura de que existe?

¿De qué es seguro?

—Él dice que sí.

Y hay más sobrevivientes.

—¿En serio?

—Sí.

Sé que desconfías, sobre todo por Arika, pero no podemos quedarnos.

Sabes cómo es esto.

Siempre hay algo al acecho.

Koen suspiró, pasándose una mano por el cabello.

Miró a Arika con pesar.

—Sí, lo sé… Pero crees que Arika llegue.

Elion menciono que está un poco lejos.

Con su condición puede ser muy peligro para ella.

Reize asintió, comprendiendo.

—Yo también, estoy preocupada.

Pero tenemos que intentarlo.

Koen no respondió de inmediato.

Sus ojos fijos en los de Reize decían más de lo que las palabras podían expresar.

Finalmente, habló, su voz baja.

—Lo sé… solo espero que aguante el trayecto.

El silencio cayó entre ellos.

Ambos miraron a Arika, sabiendo que cada decisión pesaba más de lo que querían admitir.

La lluvia seguía cayendo cuando un murmullo extraño rompió la quietud.

Algo no encajaba.

—¿Lo escuchaste?

—preguntó Reize, mirando a Koen.

Koen asintió, acercándose a la ventana.

Afuera, el mundo se sentía inquietante.

Demasiado quieto.

Demasiado tenso.

—Sí… Hay algo ahí fuera.

No sé qué es, pero lo siento.

Arika, medio dormida, levantó la cabeza.

Aunque su cuerpo dolía, algo le decía que algo no estaba bien.

—¿Qué pasa?

—preguntó con voz rasposa.

Koen se acercó de inmediato, tocándole el hombro.

—Arika, espéra, no te levantes aún.

Quédate quieta.

Pero, fiel a su carácter, Arika se incorporó lentamente, ignorando el dolor.

—No tenemos tiempo para descansar.

¿Qué pasa fuera?

¿Viene algo?

Reize, atenta a la ventana, no apartaba la mirada.

—No estoy segura… pero creo que viene más de esas cosas y son más de los que podemos aguantar.

Koen se giró hacia Arika, al ver su determinación, suspiro y le tendió la mano.

—Si que eres terca… déjame ayudarte al menos.

Ella lo miró con firmeza, tomo su mano y asintió, incorporándose con esfuerzo.

Sabía que tenía razón, tenían que irse, no podía dejar que los demás se arriesgaran y mucho menos que su condición los retrasará más.

—Esas cosas se acercan… Tenemos que irnos.

¿Hay un lugar seguro?

—Sí, pero todavía está lejos —respondió Reize.

—Bien.

Entonces vámonos —dijo Arika.

Koen ayudó a Arika a apoyarse en su hombro y juntos caminaron hacia donde estaban los demás.

Elion indicó la ruta hacia el refugio.

Koen miró a Arika con preocupación.

—Está herida, pero podremos hacerla avanzar… ¿Verdad?

—preguntó a Reize.

Ella solo asintió, agotada.

Ethan, inmutable como siempre, dejó escapar una exhalación pesada.

—No dejaremos a nadie; sin embargo, no tenemos mucho tiempo.

Los infectados están cerca.

Koen apretó la mandíbula.

Su determinación era clara.

—Vamos.

Reize, ayúdame.

No la dejaré atrás.

Reize asintió, ofreciendo su brazo a Arika, mientras Koen la sostenía del otro lado.

Aunque ella intentaba mantenerse firme, el cansancio y el dolor eran evidentes.

Ethan, al ver que el grupo se ponía en marcha, alzó su escopeta y echó un vistazo por la ventana.

—Me encargaré de la retaguardia.

No quiero sorpresas.

Elion los observó a todos, su rostro neutral, pero su mirada alerta.

—Sigamos.

Rápido y sin ruido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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