Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 46
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- Capítulo 46 - 46 CAPÍTULO 46 Ecos en un Mundo Caído 46
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46: CAPÍTULO 46: Ecos en un Mundo Caído (46) 46: CAPÍTULO 46: Ecos en un Mundo Caído (46) Todos avanzaban con cautela, cada paso medido y silencioso, las gotas de lluvia golpeando sus ropas empapadas.
La tensión en el aire era casi palpable.
Ethan, siempre alerta, se adelantó unos metros, escaneando el camino con la mirada.
Se detuvo en seco.
—Esperen —susurró con firmeza, levantando una mano.
Todos se quedaron quietos.
Ethan entrecerró los ojos, observando las calles más adelante.
Las sombras de los infectados se movían entre los escombros, decenas de ellos bloqueando cualquier posibilidad de paso directo.
Regresó con rapidez y se dirigió al grupo en voz baja: —No podemos seguir así.
Somos muchos… y es imposible escabullirnos sin ser detectados.
—Sus ojos fríos y calculadores se movieron de uno a otro—.
Lo mejor será separarnos.
Hubo un momento de duda entre todos.
Nadie quería admitirlo, pero sabían que tenía razón.
Seguir juntos solo los pondría a todos en mayor peligro.
Elion, que había estado callado, dio un paso al frente.
—Yo iré adelante solo —dijo, con tranquilidad.
Ethan lo miró un segundo, antes de sacar un pequeño radio comunicador de su mochila.
Se lo tendió.
—Usa el canal siete.
Si ves un camino seguro, nos avisas.
Elion asintió sin vacilar, guardó el radio y se deslizó entre las sombras sin decir más.
El grupo se quedó en silencio, esperando.
Cada minuto parecía eterno.
Finalmente, la estática del radio crujió y la voz de Elion resonó, calmada pero clara: —Zona oeste despejada.
Hay un camino por ahí.
Pueden avanzar.
Ethan tomó su radio y respondió con rapidez.
—Recibido, mantennos informados.
Luego se giró hacia los demás.
—Vamos a dividirnos en parejas.
Es más rápido y menos visible.
Antes de que alguien hablara, Reize dio un paso decidido.
—Yo iré con Arika —dijo, firme.
Pero antes de que pudiera acercarse, Ethan la tomó del brazo y la jaló hacia él con suavidad, aunque sin darle opción.
—No, tú vienes conmigo —dijo, mirándola fijo.
Luego volteó hacia Koen—.
Tú vas con Arika.
Reize frunció el ceño, a punto de protestar, pero Ethan ya se había girado, guiándola con él sin darle tiempo a objetar.
Koen y Arika se quedaron unos segundos quietos, intercambiando miradas, algo desconcertados por la decisión repentina.
Arika dejó escapar una pequeña risa cansada, y Koen, al verla, no pudo evitar sonreír también.
—Supongo que nos tocó juntos —murmuró Koen, encogiéndose de hombros.
—Parece que sí —respondió Arika con un leve suspiro, pero la calidez en su voz era evidente.
Sin más, ambos ajustaron sus mochilas y comenzaron a avanzar por el camino que Elion había indicado, manteniéndose cerca y atentos.
Después de varios minutos avanzando entre calles vacías y edificios abandonados, Ethan finalmente soltó el brazo de Reize.
Ella se detuvo de golpe, girándose hacia él con el ceño fruncido y la mandíbula apretada.
—¿Por qué hiciste eso?
—espetó, su voz contenía más enojo que susurro—.
Podrías haber ido tú con Koen y yo con Arika.
No tenías derecho a interponerte así.
Ethan no se inmutó.
Sus ojos grises la observaban con la misma calma calculada de siempre.
—Si lo hacía, ponía en riesgo la vida de Arika… y la tuya también.
Reize frunció aún más el ceño, sus manos apretadas en puños.
—¿De qué hablas?
No entiendo.
Ethan dejó escapar un leve suspiro, su tono bajo y directo.
—Tú no sabes manejar un arma con soltura todavía.
—Sus palabras no eran crueles, solo una constatación de hechos—.
Y Arika está muy herida para poder defenderlas a las dos.
Enviarlas juntas habría sido un suicidio.
Reize apretó los dientes, su rabia ardiendo por dentro… pero no dijo nada.
Sabía que tenía razón.
Lo odiaba, pero lo sabía.
Sin una palabra más, desvió la mirada y echó a andar con pasos firmes, la frustración marcando su expresión.
Ethan no dijo nada.
Solo la siguió en silencio, su mirada siempre atenta a los alrededores mientras avanzaban hacia el punto que Elion había señalado.
Por otro lado, Koen y Arika avanzaban con cautela.
Koen iba unos pasos adelante, su arma firmemente sujeta entre las manos, mientras Arika caminaba detrás, su paso era lento pero constante, esforzándose por no mostrar el dolor que sentía.
Después de unos minutos, la radio que llevaba Koen emitió un leve chasquido antes de que la voz de Elion sonara clara.
—Koen, ¿me copias?
Informa tu posición.
Koen presionó el botón para responder.
—Estamos en la intersección de Oak con la Quinta.
¿Qué calles están más despejadas?
Elion respondió rápido, dándole un par de rutas más seguras que habían logrado verificar.
Koen asintió para sí mismo.
—Entendido, gracias —dijo antes de cortar la comunicación.
Se giró hacia Arika y, con un gesto, le indicó por dónde debían continuar.
Mientras retomaban el paso, Arika lo observó con curiosidad, notando lo seguro que manejaba el arma.
—No sabía que también sabías usar un arma —comentó, su voz suave, casi entretenida.
Koen le echó una mirada por encima del hombro, algo apenado.
—Sí… sé usarla.
Solo que antes no había tenido la oportunidad de demostrarlo —admitió, encogiéndose ligeramente de hombros.
Arika lo miró con una sonrisa leve.
—¿Quieres demostrármelo?
Koen se detuvo un segundo, visiblemente avergonzado.
Se rascó la nuca, sin atreverse a mirarla directamente.
—Así es, demostrarte que puedo ser tan bueno como tú… para que me dejes protegerte.
Arika soltó una risa baja, divertida.
—Entonces es eso… Koen la miró en silencio por un momento, luego suavizó su expresión.
—Si quieres, podemos ir más lento.
Solo dilo.
Ella negó despacio, con una determinación tranquila.
—Estoy bien.
Puedo soportarlo… además, aún no podemos darnos ese lujo.
Koen asintió, su mirada seria.
—Tienes razón.
Sin más, ambos retomaron el camino, avanzando juntos por las calles desiertas, atentos a cada sombra y cada sonido.
Ambos grupos continuaban su avance, atentos a cada rincón, cuando de pronto un crujido estático rompió el silencio de la radio.
Era Elion, su voz intentaba abrirse paso, pero algo cortó la señal bruscamente.
Los dos grupos se detuvieron de inmediato, las miradas tensas, los cuerpos en alerta.
Pasaron unos minutos que parecieron eternos antes de que la radio volviera a activarse.
—Esos malditos infectados casi me atrapan… —la voz de Elion sonaba agitada, pero aún firme—.
Escuchen, tengan cuidado y estén alertas.
No sé por dónde se fueron algunos de ellos.
Yo seguiré avanzando.
Todos respondieron con un seco copiado, advirtiéndole también que tuviera cuidado, y cortaron la comunicación.
Sin más, ambos grupos retomaron su marcha.
Unos minutos después, Ethan y Reize se toparon de frente con un grupo de infectados.
Ethan no dudó.
—Saca tu arma —ordenó con voz baja pero firme.
Reize palmeó rápidamente su chaqueta y su cinturón, su expresión cambió al darse cuenta de que no estaba.
—No está… no sé qué pasó, no la tengo.
Ethan frunció el ceño, molesto, pero sin perder la calma.
Rápido, sacó un arma pequeña que llevaba de repuesto y se la tendió.
—Toma esto.
No es mucho, pero te servirá.
Sin más palabras, ambos se lanzaron al combate.
Reize, aunque decidida, tenía poca puntería; sus disparos fallaban a menudo o solo rozaban a los infectados.
Sin embargo, de vez en cuando lograba acertar un tiro limpio y derribarlos.
Ethan, por su parte, se movía con precisión fría, eliminando a los infectados uno tras otro con rapidez.
Cuando finalmente acabaron con todos, ambos respiraban con esfuerzo.
Ethan bajó su arma y la miró de reojo.
—Tienes que mejorar mucho tu puntería —le dijo sin rodeos, mientras recargaba su arma.
Reize solo apretó la mandíbula y asintió en silencio.
Ethan miró en dirección al camino que debían tomar y murmuró: —Si para nosotros fue difícil, espero que al otro grupo no le esté yendo igual… Koen y Arika.
Reize frunció el ceño, mordiéndose el labio.
—Espero que Koen sepa proteger bien a Arika… Ethan la miró con calma.
—No te preocupes por eso.
Koen no es de los que se dejan aplastar fácilmente.
Y mucho menos si tiene algo que proteger.
Reize lo miró de reojo, con duda evidente.
Ethan soltó un suspiro y agregó: —Aun no conoces por completo a Koen.
Confía un poco.
Por otro lado, Koen y Arika seguían avanzando cautelosos, sus pasos medidos, respiraciones contenidas.
En un momento, Arika rompió el silencio.
—Dijiste que querías demostrarme cómo usabas un arma, ¿no?
Koen volteó la cabeza, curioso.
—Sí… ¿pero por qué lo dices ahora?
Arika alzó la barbilla y con un leve movimiento señaló hacia adelante.
Un grupo de infectados doblaba la esquina, sus figuras tambaleantes comenzaban a acercarse.
—Creo que este sería un buen momento para ver tus habilidades —dijo con una media sonrisa.
Koen tragó saliva, pero su mirada se endureció.
Asintió con seguridad, empuñando su arma con firmeza.
—Está bien.
Quédate atrás… yo me encargo de ellos.
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