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Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 48

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  4. Capítulo 48 - 48 CAPÍTULO 48 Ecos en un Mundo Caído 48
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48: CAPÍTULO 48: Ecos en un Mundo Caído (48) 48: CAPÍTULO 48: Ecos en un Mundo Caído (48) Cuando Hael vio a su hermano, la seriedad que siempre llevaba en el rostro se quebró un instante.

Sin decir una palabra, giró sobre sus talones y salió corriendo escaleras arriba, evidentemente a avisar a los demás.

Elion empujó la puerta para abrirla del todo y les hizo una seña al resto.

—Entren, rápido.

Uno por uno, todos pasaron al interior.

El refugio era una casa vieja de tres pisos, desgastada pero sólida.

Las ventanas estaban reforzadas con tablones y las luces eran tenues, alimentadas por lo que parecía un pequeño generador.

Poco después, se escucharon pasos apurados bajando por las escaleras.

Althea apareció primero, con el cachorro Max en brazos.

Sus ojos brillaron al reconocer a las personas que acababan de entrar.

Stella también bajó, aunque con más dificultad, sujetándose del pasamanos mientras descendía con cuidado.

Apenas vieron a Elion, las dos —especialmente Stella, con una ceja alzada— comenzaron a regañarlo.

—¿Te parece normal tardarte tanto en volver?

—reclamó Stella, su tono entre aliviado y molesto.

—Nos tenías preocupados, idiota —añadió Hael, que regresaba detrás de las chicas, cruzado de brazos.

Elion levantó las manos a modo de excusa.

—Me encontré con otras personas, no podía simplemente dejarlos.

Además, necesitábamos más manos… y algo de suerte.

En ese momento, las miradas de Althea y Reize se cruzaron.

Los ojos de la niña se iluminaron de inmediato.

—¡Eres tú!

—Althea…

—susurro Reize al reconocerla.

Sin contenerse, Althea dejó a Max en el suelo y corrió hacia ella.

Reize la recibió con una sonrisa amplia y la abrazó con fuerza.

—No puedo creerlo…

—susurró Althea—.

No pensé que las volvería a ver.

Es increíble que estén bien.

Hubo un intercambio de preguntas rápidas entre todos; cómo habían llegado, dónde habían estado, qué había pasado desde la última vez que se vieron.

Las voces llenaron el espacio con un calor que hacía tiempo no sentían.

Cuando Althea terminó de abrazar a Reize, sus ojos se desplazaron rápidamente entre los recién llegados hasta posarse en Arika.

Su rostro se iluminó de nuevo y, sin pensarlo, se acercó con pasos rápidos.

—Tú eres la otra chica de la cafetería no es así—exclamó con una mezcla de sorpresa y alivio.

Arika, a pesar del cansancio evidente en su expresión, esbozó una sonrisa sincera.

—Así es…

me alegra verte nuevamente Althea—murmuró con calidez.

Pero la alegría de Althea se transformó en preocupación al notar las heridas visibles en el cuerpo de Arika.

Su mirada se oscureció y, con un leve temblor, preguntó: —¿Qué te pasó?… Estás herida.

Antes de que Arika pudiera responder, Koen, atento, intervino con voz firme: —No quisiera interrumpir el momento, pero…

¿Hay algún lugar libre donde pueda tratarla y donde pueda descansar?

Elion, que había estado observando la escena, asintió de inmediato.

—Hay un cuarto vacío en el tercer piso, podrían usarlo.

Sin embargo, antes de que se movieran, Stella —con su tono sereno pero decidido— habló desde el fondo: —Con el estado en que está Arika…

no podrá subir hasta el tercer piso.

Le será difícil.

—Miró a Elion y luego a Koen, con la voz firme—.

Que se quede en mi cuarto.

Es en el segundo piso, a la derecha.

Ahí estará mejor.

Koen asintió agradecido.

—Gracias…

Eso servirá.

Sin perder más tiempo, él y Reize ayudaron a Arika a moverse con cuidado, mientras Althea los seguía con la mirada, aun visiblemente preocupada.

Con cuidado, Koen ayudó a Arika a subir las escaleras hasta el segundo piso, guiándola hacia la habitación que Stella había indicado.

Reize los acompañaba en silencio, atenta a cualquier cosa que pudieran necesitar.

Al llegar, Koen empujó suavemente la puerta y entraron.

Koen ayudó a Arika a sentarse en la orilla de la cama.

—Siéntate con calma —dijo con voz suave, dejando su mochila a un lado.

Arika se acomodó, soltando un leve suspiro por el dolor en su pierna.

—Estoy bien…

No es tan grave como parece —intentó restarle importancia, aunque su expresión la delataba.

Koen la miró de reojo, con esa mezcla de paciencia y terquedad que siempre sacaba cuando se preocupaba.

Sin responderle, abrió su mochila y sacó algunas vendas limpias, alcohol y otros suministros que habían logrado conseguir en sus recorridos.

—Voy a revisar primero la herida de la pierna… —dijo mientras se arrodillaba frente a ella.

Arika asintió en silencio.

Reize, que estaba cerca, le alcanzó un pequeño frasco de agua.

—Toma un poco.

Te hará bien mientras Koen se encarga de esto —le dijo, con una sonrisa leve.

Koen retiró con cuidado la venda improvisada de la pierna de Arika.

Su ceño se frunció al ver la profundidad del corte.

—Debido a que hiciste mucho esfuerzo para caminar, la herida ha empeorado… —murmuró, más para sí que para ella.

—No tuvimos opción, no podíamos detenernos —respondió Arika, con un deje de cansancio en la voz.

—Lo sé —dijo él, sin reproche—.

Comenzare a tratarla… dolerá un poco, trata de aguantarlo.

Arika asintió sin protestar.

Luego Koen con suavidad, limpió la herida con un poco de alcohol.

Arika contuvo una mueca de dolor, pero no se quejó.

Después, aplicó una pomada que encontraron en una farmacia días antes y comenzó a vendar la pierna con firmeza, asegurándose de que la venda quedara ajustada, pero sin cortar la circulación.

Cuando terminó con la pierna, se levantó y se acercó a su brazo.

—Esto también…

—susurró Con cuidado, Koen retiró la venda del brazo de Arika.

La tela estaba manchada de sangre, mostrando que la herida había vuelto a abrirse ligeramente durante la pelea.

Su mirada se endureció un poco, pero no dijo nada.

Con la misma paciencia que antes, limpió la zona y aplicó más pomada antes de envolver el brazo con una venda limpia.

Una vez terminado, dejó escapar un suspiro y la miró directo a los ojos.

—Listo.

Por ahora debería estar más estable.

Arika lo observó con una ligera sonrisa cansada.

—Me siento mejor, te lo agradezco…

Al menos vendas mejor que Reize —bromeó, con una chispa de humor.

Reize resopló, cruzándose de brazos.

—Oye…

tampoco lo hago tan mal.

Solo no tuve mucha práctica.

Koen sonrió levemente y negó con la cabeza.

Luego ayudó a Arika a acomodarse con suavidad sobre la cama, permitiéndole recostarse bien.

—Descansa un poco.

Te hace falta —le dijo, bajando la voz.

—Gracias…

—susurró ella, cerrando los ojos por un instante.

Reize observaba la escena desde cerca.

Cruzó los brazos, intercambiando una mirada con Koen.

—Vamos, dejémosla dormir —propuso en voz baja.

Koen asintió.

Con movimientos tranquilos, ambos recogieron las cosas y salieron de la habitación.

Antes de cerrar la puerta, Koen le lanzó una última mirada a Arika, asegurándose de que estuviera cómoda.

Los dos bajaron las escaleras, dejando a Arika sola para que descansara y pudiera recuperar algo de fuerzas.

Abajo, los demás ya se habían reunido.

La conversación retomaba poco a poco su curso mientras esperaban lo que vendría después.

En la planta baja, el ambiente se sentía un poco más cálido a pesar de las circunstancias.

Althea estaba sentada junto a Reize, haciendo preguntas rápidas como si intentara recuperar todo el tiempo perdido.

Ethan, por su parte, revisaba su equipo en silencio, mientras Elion le explicaba a Hael lo que había ocurrido afuera.

Cuando Koen y Reize bajaron, todos levantaron la vista.

—¿Cómo está?

—preguntó Ethan en voz baja.

—Está descansando.

Las heridas están controladas por ahora —respondió Koen, con tono tranquilo pero cansado.

—Menos mal…

—dijo Stella desde un sillón cercano, con Max echado a sus pies.

Aunque su rostro mostraba fatiga, se notaba aliviada.

Hael cruzó los brazos, su mirada recelosa se posó unos segundos en Koen, pero no dijo nada.

Elion, intentando suavizar el ambiente, habló: —Bueno, al menos todos estamos aquí…

Eso ya es un milagro en sí.

—Sí —Reize asintió, soltando el aire como si recién ahora pudiera relajarse—.

Y esta vez no vamos a separarnos tan fácilmente.

Althea se levantó de golpe.

—¿Y ahora qué?

¿Vamos a quedarnos aquí un tiempo?

¿O hay un plan?

Ethan se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas.

—Primero, todos deberíamos recuperar energías…

especialmente Arika.

Después, veremos qué sigue.

No podemos quedarnos demasiado tiempo en un solo lugar, eso ya lo saben.

Koen, de pie junto a la pared, solo asintió en silencio.

Por ahora, todo lo que importaba era que habían sobrevivido un día más y que Arika estaba a salvo.

En medio de la conversación, Max se acercó a Althea, apoyando su cabeza en su pierna.

Ella le acarició suavemente el lomo, sonriendo apenas.

A pesar de todo, y después de tanto, había un poco de paz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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