Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - 49 CAPÍTULO 49 Ecos en un Mundo Caído 49
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49: CAPÍTULO 49: Ecos en un Mundo Caído (49) 49: CAPÍTULO 49: Ecos en un Mundo Caído (49) Todos se encontraban reunidos en el primer piso.
Reize conversaba con Ethan junto a la ventana, mientras Elion y Stella ordenaban algunas provisiones en la mesa del centro.
A pesar de su ayuda, Elion insistía con voz serena: —Deberías descansar un poco, Stella.
Aún no estás del todo recuperada.
Stella lo miró con una media sonrisa, pero finalmente accedió, sentándose despacio.
Al otro lado, Althea y Hael jugaban con Max, el cachorro, que correteaba feliz entre ellos.
Su risa suave llenaba la estancia.
En el sofá, Koen estaba recostado, con los ojos cerrados, aprovechando unos minutos para descansar y aclarar sus pensamientos.
Desde donde estaba, Althea lo observaba.
Después de dudar un momento, se levantó y se acercó en silencio.
Koen percibió su presencia y abrió los ojos.
Ella sonrió.
—Si estás muy cansado, podrías subir a dormir arriba —le dijo con suavidad—.
Seguro estarías más cómodo.
Koen negó despacio, con una leve sonrisa.
—No es necesario.
Solo quiero descansar unos minutos aquí… ordenar mis ideas.
En ese momento, Hael apareció junto a ella, cargando a Max entre los brazos.
Lo miró con curiosidad.
—¿Cómo te llamas?
—preguntó, directo.
—Koen —respondió él, sin perder la calma.
—Yo soy Hael —se presentó con naturalidad—.
Y este es Max.
—Yo soy Althea —añadió ella, sonriendo.
Koen esbozó una expresión amable mientras acariciaba la cabeza del cachorro.
—Un gusto.
Arika y Reize me hablaron un poco de ti, Althea.
Althea parpadeó, sorprendida.
—¿De mí?
Koen asintió.
—Sí.
Curioso… Hace años tuve una amiga que también se llamaba Althea.
Hace mucho que no la veo.
Hael escuchó atento y sonrió.
—Parece que ese nombre es bastante popular —comentó con un tono ligero, provocando una pequeña risa entre los tres.
Después de un rato de charla tranquila, Althea posó su mirada en Reize, que seguía hablando con Ethan.
Decidió acercarse y Hael, como siempre, la siguió de cerca.
Al interrumpir la conversación, Althea mostró el brazalete en su muñeca.
—Reize… aún guardo el brazalete que me diste.
Reize sonrió, con la calidez de siempre.
—Nunca lo pierdas.
Será tu amuleto de la suerte.
Althea asintió con firmeza.
Reize entonces notó la presencia de Hael detrás de ella.
—¿Y quién es tu amigo?
Althea tomó a Hael por el brazo y lo acercó.
—Él es Hael.
Y este pequeñín es Max.
Reize sonrió amable.
—Un gusto.
Yo soy Reize… y él es Ethan.
Althea miró a ambos con una expresión curiosa que rápidamente se volvió traviesa.
—Ustedes dos parecen muy unidos… ¿Acaso son novios?
El ambiente cambió de inmediato.
Reize se sobresaltó, las mejillas tiñéndose de rojo.
—¡N-No!
—negó rápidamente, agitando las manos—.
No somos nada de eso… Althea, divertida, abrió la boca para insistir.
—Pero parece… Antes de que pudiera terminar la frase, Hael le tapó la boca con la mano y le susurró con un tono casi divertido: —Mejor no digas nada.
Entonces, Ethan intervino, con una voz tranquila y firme.
—Reize tiene razón.
No somos nada ahora… pero quién sabe, podríamos ser algo en el futuro.
Reize lo miró de inmediato, desconcertada, con una expresión clara de “¿Qué estás diciendo?”.
Su rostro se tornó aún más rojo y desvió la mirada.
Percibiendo la incomodidad, Hael intervino con rapidez.
—Bueno… nosotros tenemos que ir a ayudar a mi hermano.
Nos vemos luego.
Vamos, Althea.
Tirando suavemente de ella, ambos se alejaron.
—Nos vemos luego —se despidió Althea con una sonrisa.
Cuando los niños se fueron, Reize giró rápidamente hacia Ethan, aún con el rostro encendido.
—¿Por qué dijiste eso frente a ellos?
Ethan la miró, sereno.
—Porque es la verdad —dijo con simpleza—.
Reize, te he observado… y sé que te intereso un poco.
La verdad es que tú también me interesas.
Ella lo miró, sin poder ocultar su sorpresa.
—¿De qué hablas…?
Ethan se acercó un poco más, bajando la voz en un susurro: —Yo ya di el primer paso al expresar como me siento…así que lo que pase entre nosotros, de ahora en adelante, dependerá de ti, Reize.
Sin darle tiempo de responder, retrocedió con una media sonrisa.
—Voy a recorrer un poco la casa para asegurarme de que no corremos peligro.
Espero que pienses bien lo que dije.
Reize se quedó en el mismo sitio, completamente sonrojada, con la mirada perdida mientras intentaba procesar todo lo que acababa de pasar.
Llevándose una mano al rostro, respiró hondo, aún abrumada por la vergüenza… y por algo más que no quería admitir tan fácilmente.
Hael había llevado a Althea hasta la cocina, donde Elion y Stella terminaban de acomodar las últimas cosas.
Althea, con su energía habitual, habló en cuanto entraron: —Venimos a ayudarlos.
Elion sonrió con calma.
—Ya hemos terminado de ordenar todo.
Althea frunció los labios en un puchero, cruzándose de brazos mientras miraba a Hael.
—Entonces vinimos por gusto… Aún podíamos haber hablado más con Ethan y Reize.
Hael se llevó la mano a la nuca, un gesto de incomodidad al darse cuenta de que no había entendido la indirecta de irse solo para cortar la conversación.
Elion lo notó y arqueó una ceja.
—¿Qué pasó?
Hael suspiró.
—Althea los puso en una situación incómoda los nuevos.
Y la traje para que no causara más tensión.
Elion parpadeó, sorprendido.
—¿Y qué les dijo?
—Les preguntó si eran pareja —contestó Hael, algo apenado.
Elion no pudo evitar soltar una risa y miró a Althea, con una mezcla de diversión y paciencia.
—Ese tipo de preguntas son un poco incómodas para los adultos… y peor si no lo son —le explicó con tono suave.
Althea, entendiendo finalmente, infló las mejillas y murmuró con un leve puchero: —Está bien… pensaré antes de volver a decir algo así.
En ese momento, un ruido repentino se escuchó en la puerta trasera.
Todos se tensaron.
Rápidamente se dirigieron hacia la puerta, reuniéndose con los demás.
Las voces bajaron y todos murmuraban, intentando averiguar qué pasaba.
La manija de la puerta comenzó a sacudirse violentamente, como si alguien del otro lado forcejeara para entrar.
Elion habló con voz seria: —Será mejor que nos preparemos.
Lo más prudente es abrir nosotros la puerta… Si siguen forcejeando la dañarán y eso será un problema después.
Todos asintieron.
Ethan, Koen y Elion desenfundaron sus armas.
Reize y Stella tomaron objetos pesados que pudieran usar para defenderse si era necesario.
Althea y Hael, junto con Max, se escondieron detrás de un mueble, manteniéndose en silencio.
Stella alzó una mano, señalando que abriría la puerta.
Con un movimiento rápido, giró la manija y empujó la puerta hacia fuera.
Todos se lanzaron hacia adelante, listos para atacar a la amenaza que los acechaba.
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