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Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 50

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  4. Capítulo 50 - 50 CAPÍTULO 50 Ecos en un Mundo Caído 50
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50: CAPÍTULO 50: Ecos en un Mundo Caído (50) 50: CAPÍTULO 50: Ecos en un Mundo Caído (50) Todos se encontraban listos para atacar… pero frenaron en seco cuando vieron que no se trataba de un infectado o alguna otra amenaza.

Sino que era una mujer, cubierta de polvo y con la ropa algo desgastada, pero claramente humana.

—¿Por qué tardaron tanto en abrir?

—preguntó la mujer, con tono de ligera molestia.

Elion parpadeó.

Reconocía esa voz.

Dio un paso adelante.

—…¿Delma?

—Sí, soy yo —respondió ella, sin dudar.

Apenas escuchó eso, Althea salió de su escondite corriendo y se lanzó a abrazarla.

—¡Delma!

Delma la abrazó con fuerza, cerrando los ojos con alivio.

—Por fin te encuentro, Althea… Alzando la vista hacia los demás, observó sus posturas tensas y las armas que aún no habían bajado.

Frunció el ceño, algo divertida.

—¿Y por qué todos están así?

¿Iban a atacarme?

Avergonzados, todos bajaron lentamente las armas.

Elion carraspeó, tratando de recuperar la compostura.

—Pasen… —invitó, haciéndose a un lado.

Cuando la tensión se disipó y todos se acomodaron nuevamente en la sala, Althea tomó la palabra, sonriente.

—Ella es Delma, amiga de mi padre.

Tenía que encontrarme con ella desde que todo esto comenzó.

Uno a uno, todos se presentaron.

Cuando llegó el turno de Elion, inclinó la cabeza con respeto.

—Perdón por lo de antes… Pensamos que podría ser un infectado.

Delma sonrió con comprensión.

—No se preocupen, es comprensible.

Se acomodó mejor la mochila que traía al hombro y suspiró, como si por fin pudiera respirar tranquila.

Había llegado.

Por fin.

Luego de varias de conversación, las horas pasaron y cayó la noche, la casa se sumió en una calma suave, rota solo por el crujido ocasional de la madera bajo sus pasos cansados.

Elion reunió a todos en la sala principal.

Su postura erguida y su voz serena transmitían control, a pesar del agotamiento evidente en sus rostros.

—Vamos a separarnos en las cuatro habitaciones —dijo, cruzando los brazos—.

Así descansaremos mejor.

Sus palabras cayeron con suavidad, como una orden envuelta en comprensión.

Stella, sentada en uno de los sillones, levantó la mano con gesto tranquilo.

—Deberíamos descartar la habitación donde está Arika.

—Su mirada era firme, pero su voz sonaba suave—.

Será mejor que ella descanse sola para recuperarse con tranquilidad.

Hubo un leve murmullo de aprobación.

Todos asintieron, de acuerdo sin necesidad de más explicaciones.

—Perfecto —continuó Elion—.

Entonces, Althea, Delma y Max se quedarán en la otra habitación del segundo piso.

Stella y Reize compartirán la del tercer piso, la de la izquierda.

Ethan, Koen, Hael y yo estaremos en la de la derecha.

Reize frunció ligeramente el ceño, su inquietud evidente en la forma en que jugaba con las mangas de su chaqueta.

—¿Estarán bien?

Son muchos para una sola habitación.

Elion sonrió de lado, relajando la tensión que comenzaba a colarse entre ellos.

—Estaremos bien.

Esa habitación es bastante grande, entramos sin problema —afirmó con tono seguro.

Reize asintió, visiblemente más tranquila.

Con todo acordado, poco a poco comenzaron a dispersarse.

Después de una cena ligera y en silencio, cada uno se dirigió hacia las escaleras.

Antes de subir, Koen se detuvo, su voz apenas un susurro: —Llevaré un poco de comida a Arika.

Sin esperar respuesta, subió las escaleras con pasos medidos.

Abrió la puerta con cuidado; la penumbra envolvía la habitación.

Arika dormía profundamente, su respiración pausada dibujaba un ritmo constante.

Su rostro, más sereno que el día anterior, estaba ligeramente iluminado por la débil luz de la ventana.

Con movimientos suaves, Koen dejó sobre la mesita una pequeña galleta y una botella de agua.

Luego, sacó del bolsillo un papel doblado y un bolígrafo.

“Te traje algo de comida por si despiertas con hambre.

—Koen” Colocó la nota junto a la comida y, tras observarla un par de segundos en silencio, salió de la habitación, cerrando la puerta con sumo cuidado.

Al llegar a la habitación asignada, sus ojos se abrieron un poco, sorprendido.

Elion tenía razón: la habitación era enorme.

La cama dominaba el centro, amplia y mullida.

A un lado, un sofá acompañado de una mesa baja; al fondo, un armario macizo y un baño espacioso.

Las paredes estaban adornadas con antiguas pinturas, dándole un aire elegante, que recordaban las estancias de un castillo antiguo.

Hael estaba recostado boca abajo en la cama, riendo bajo con Elion, quienes conversaban en susurros.

Ethan doblaba unas sábanas, organizándolas con meticulosidad.

Al notar a Koen, Ethan alzó la vista y le sonrió.

—Bienvenido.

Koen respondió con una ligera sonrisa antes de acercarse.

Pronto, los cuatro se acomodaron en la enorme cama.

Era tan amplia que ninguno de ellos se sentía apretado.

Las sábanas eran suaves y el colchón cedía apenas lo justo bajo el peso de sus cuerpos.

Ethan se acomodó boca arriba, con los brazos tras la cabeza, y soltó un largo suspiro.

—No pensé que volvería a dormir en una cama como esta —murmuró, mirando al techo, su voz cargada de una nostalgia que nadie necesitó explicar.

Hael, que estaba acostado de lado, se giró un poco hacia ellos.

—Parece la habitación de un rey… —comentó con una media sonrisa, aunque sus ojos aún conservaban ese brillo inquieto que rara vez abandonaba—.

Hasta me da miedo moverme demasiado, no vaya a ser que rompamos algo.

Elion rió suavemente desde su rincón de la cama, su tono sereno, casi reconfortante.

—Tranquilo, Hael.

Si no hemos roto nada en todo este tiempo, esta cama tampoco se va a rendir tan fácil.

Koen, con los brazos cruzados sobre el pecho, se permitió una sonrisa breve.

—Aunque admito que tampoco me acostumbro… —dijo en voz baja—.

Casi se siente… como si estuviéramos en otra vida.

—O como si todo esto fuera un sueño —añadió Ethan, su mirada perdida—.

A veces me despierto esperando escuchar los disparos de nuevo.

Un silencio breve cayó entre los cuatro.

No era incómodo; era de esos silencios compartidos, llenos de comprensión.

Nadie necesitaba decir en voz alta lo que todos recordaban.

Fue Hael quien, tras unos segundos, murmuró con la voz más baja, casi como una confesión.

—Me alegra que estemos juntos… Aunque el mundo se esté cayendo a pedazos.

Elion estiró una mano y le revolvió el cabello con suavidad, con un gesto fraternal que le arrancó una mueca a Hael.

—Y seguiremos juntos.

No importa lo que venga.

Koen asintió, su expresión seria pero serena.

—Lo que pase… lo enfrentaremos.

Ethan giró un poco la cabeza hacia ellos y sonrió.

—No se me ocurre un equipo mejor.

Esta vez, las sonrisas que cruzaron sus rostros fueron un poco más sinceras, más cálidas.

Como si esa pequeña conversación, esas pocas palabras intercambiadas, hubieran reforzado lo que no se atreven a decir en voz alta durante el día.

Después de eso, las palabras empezaron a apagarse.

Solo quedaron respiraciones suaves, alguna que otra risa apagada, y finalmente, el peso del cansancio terminó por imponerse.

Poco a poco, uno a uno, cayeron rendidos al sueño, arropados por la quietud de la noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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