Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 51
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- Capítulo 51 - 51 CAPÍTULO 51 Ecos en un Mundo Caído 51 Fin de temporada 1
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51: CAPÍTULO 51: Ecos en un Mundo Caído (51) Fin de temporada 1 51: CAPÍTULO 51: Ecos en un Mundo Caído (51) Fin de temporada 1 Al otro lado, Reize y Stella también se acomodaban en su habitación.
No era tan espaciosa como la de los chicos, pero el calor de las mantas y la familiaridad del lugar bastaban para brindarles una sensación de respiro temporal.
Reize soltó un suspiro largo, dejándose caer sobre la cama, con los brazos abiertos y la mirada fija en el techo.
—Por fin un lugar seguro… aunque sea por hoy —murmuró, cerrando un momento los ojos como si con eso pudiera dejar atrás todo lo vivido.
Stella se sentó con suavidad al otro lado, sus gestos siempre comedidos, su espalda recta y las manos sobre el regazo.
Su mirada recorrió la habitación con tranquilidad antes de asentir con una pequeña sonrisa.
—Así es… Solo por hoy, eso ya es suficiente.
Reize giró un poco la cabeza hacia ella, frunciendo los labios en una expresión pensativa.
—¿Sabes?
A veces me pregunto si nos iremos acostumbrando a esto… —susurró—.
A correr, escondernos, buscar refugios por unas cuantas horas antes de volver a empezar.
Stella desvió la vista hacia la ventana.
La luz pálida de la luna dibujaba siluetas suaves sobre las paredes.
—Tal vez… —dijo con voz tranquila—.
Pero no creo que uno de verdad se acostumbre a algo así.
Solo… aprendemos a soportarlo.
Reize esbozó una sonrisa cansada.
—Pareces ser muy sabia, Stella… Stella se encogió apenas de hombros, con una humildad natural.
—Solo hablo desde lo que hemos vivido.
Cada vez que encontramos un lugar como este, aunque sepamos que es temporal… prefiero agradecer que aún podemos tener un respiro.
Aunque sea pequeño.
Reize se quedó en silencio unos segundos.
Luego se incorporó un poco, apoyándose sobre un codo, con una ceja levantada y una sonrisa más viva.
—Me alegra compartir cuarto contigo, ¿sabes?
Eres como esa vocecita sensata en este mundo loco.
Stella soltó una risa suave, cubriéndose ligeramente la boca con la mano.
—Y yo me alegro de estar aquí contigo.
Si fuera por mí, tal vez nunca me movería de los escondites.
Pero todos me recuerdan que a veces hay que correr… y pelear.
Reize dejó caer la cabeza de nuevo sobre la almohada, esta vez con un suspiro más liviano.
—Supongo que hacemos buen equipo, ¿eh?
—Supongo que sí —respondió Stella, su voz cargada de una calidez que rara vez mostraba.
Se miraron un instante, cómplices.
Había emergido algo más que simple compañerismo: una amistad firme y silenciosa.
No necesitaron decir mucho más.
Las palabras sobraban cuando el lazo era tan claro.
Poco a poco, la conversación fue apagándose.
La respiración de ambas se fue haciendo más lenta y acompasada.
La quietud de la habitación, la calidez de las mantas y el leve murmullo del viento en el exterior las envolvió.
Finalmente, las dos terminaron por quedarse dormidas bajo la luz tenue de la luna que se colaba por la ventana, permitiéndose, al menos por esa noche, bajar la guardia.
En la habitación del segundo piso, Althea se acomodaba en la cama con movimientos pausados.
Colocó a Max en la parte posterior de la cama, cubriéndolo con una pequeña manta.
El cachorro se acurrucó enseguida, soltando un suspiro suave que la hizo sonreír.
Delma, recostada a su lado, la observaba con ternura.
Su mirada reflejaba un cariño profundo.
Fue entonces cuando Althea rompió el silencio, con una voz baja y sincera: —Me alegra volver a verte, Delma.
Delma giró lentamente hacia ella.
Sus facciones eran serias, aunque la dureza habitual en su expresión se deshacía en una sonrisa pequeña y dulce.
—A mí también, Althea… —respondió con suavidad.
Una sombra cruzó su mirada—.
Lamento mucho lo de tus padres.
Debió de ser horrible para ti.
Althea apretó los labios.
Las palabras golpearon directo en su pecho, como si de pronto el aire se hiciera más denso.
—Mi mamá… —empezó, con la voz entrecortada—.
Murió para salvarme.
Y mi papá… él se quedó atrás.
Esos hombres dijeron que estaba muerto, pero yo… —trató de respirar hondo—, yo no pude hacer nada por ellos.
Las lágrimas comenzaron a llenarle los ojos, brillando bajo la luz del fuego.
Bajó la cabeza, tratando de contenerse, pero la voz le salió rota, hecha apenas de un hilo.
—Lo intenté… de verdad lo hice… pero todo pasó tan rápido… Delma extendió una mano y le apartó con delicadeza un mechón de cabello del rostro.
—Shh… —susurró—.
No tienes que decir más.
Ya no estás sola, ¿sí?
Pero Althea no pudo evitar que los sollozos la alcanzaran.
Sus hombros temblaron mientras las lágrimas caían libres por sus mejillas.
Delma no dudó ni un instante: se inclinó hacia ella y la abrazó con fuerza, envolviéndola en un calor que no provenía del fuego, sino de la promesa silenciosa de protección.
—Llora todo lo que necesites —murmuró cerca de su oído—.
Estoy contigo.
No dejaré que nadie, ni esas personas ni esas criaturas, vuelvan a hacerte daño.
Althea se aferró a ella, escondiendo el rostro contra su pecho.
Su respiración temblorosa se mezclaba con el ritmo tranquilo del corazón de Delma, que la mecía como si quisiera borrar cada herida con su calma.
—¿Por qué eres tan buena conmigo… después de todo?
—preguntó Althea entre lágrimas.
Delma sonrió, apenas perceptible.
—Porque al igual que tus padres te quiero muchísimo, y como ellos lo harían, te protegeré y estaré contigo para recordarte que todavía hay luz, incluso después de tanto dolor.
El silencio volvió, pero esta vez no era pesado.
Era un silencio suave, lleno de consuelo.
Poco a poco, los sollozos de Althea se fueron apagando, reemplazados por respiraciones cada vez más lentas.
Delma continuó acariciándole el cabello, en un vaivén constante y protector.
Finalmente, el cansancio venció al dolor.
Aún abrazadas, ambas se quedaron dormidas, respirando al mismo ritmo, como si el mundo allá afuera hubiera dejado de existir por un momento.
A la mañana siguiente, la luz tenue comenzó a colarse entre las cortinas de la habitación de Arika.
El aire estaba fresco y la casa seguía en silencio.
Arika abrió los ojos lentamente.
Parpadeó, aún adormecida, y se incorporó despacio.
Al girar la cabeza, notó la nota que Koen le había dejado junto a una galleta y una botella de agua.
Sonrió con suavidad, tomando la comida con las manos.
Tras alimentarse despacio, estiró los brazos.
Algo era diferente.
El dolor… había desaparecido casi por completo.
Frunció el ceño, desconfiada.
Su cuerpo se sentía extraño, más liviano.
Sus músculos no dolían.
Su respiración era profunda, estable… demasiado estable.
Fue entonces cuando, sin previo aviso, su celular vibró sobre la mesa.
El sonido la sobresaltó.
Ella sabía que no había señal desde hacía tiempo.
Con una creciente inquietud, lo tomó en sus manos.
Un mensaje oficial se desplegó en la pantalla, sellado con el escudo del gobierno: Ciudadanos: tras los esfuerzos fallidos de contención, la infección ha cruzado nuestras fronteras.
Varias ciudades han caído.
Autorizándose el uso de bombardeos estratégicos para eliminar zonas infestadas.
Se ordena a los sobrevivientes evacuar las siguientes ciudades… El bombardeo comenzará una semana después de emitido este mensaje a las 18:00 horas.
Les deseamos suerte.
Sus dedos temblaban.
Su garganta se cerró.
Una semana… Era muy poco tiempo.
Demasiado poco.
Tenían que huir lo más pronto posible.
Sin pensarlo, comenzó a retirar la venda de su brazo.
Pero al hacerlo, se detuvo.
Su respiración se detuvo también.
Su piel… lisa.
Perfecta.
Sin la más mínima cicatriz.
El aire pareció desaparecer.
Su corazón empezó a golpearle el pecho con tanta fuerza que creyó que la habitación entera podía oírlo.
No podía ser.
No podía.
Con un movimiento frenético, bajó la venda de su muslo.
El resultado fue el mismo: piel tersa, intacta, sin cicatriz, sin moretón, sin dolor.
Como si nunca hubiera sido herida.
Un escalofrío le recorrió la columna, tan agudo que le erizó el vello de los brazos.
—¿Qué… qué es esto?
—susurró, con la voz rota, temblorosa.
Entonces se dio cuenta de algo, la herida que se hizo al momento de que el vidrio la roso era demasiado grande y profunda lo que causo que se desmayara.
Y cuando Koen reviso la herida esta había minorado su tamaño, aunque su apariencia indicaba que estaba empeorando, pero era por el movimiento.
Creía que estaba equivocada, quitándole importancia, pero ahora… Sus labios se entreabrieron.
Su respiración se volvió irregular, entrecortada.
Todo dentro de ella gritaba que algo estaba mal, algo imposible, algo que no debía estar ocurriendo.
En ese instante, la puerta se abrió de golpe.
Koen irrumpió en la habitación, con el rostro pálido y la respiración agitada, y una expresión que mezclaba miedo y urgencia.
—Arika —dijo, apenas recobrando el aliento—.
Tienes que escucharme, ha pasado algo… Pero sus palabras murieron al verla.
Su mirada se clavó en ella de inmediato.
Arika giró lentamente, sus ojos grandes, llenos de miedo.
Koen se detuvo con el corazón encogido.
¿Por qué tienes esa expresión?
pensó con un nudo en el estómago.
¿Le dolía algo?
¿Sus heridas talvez habían empeorado?
Sus ojos bajaron instintivamente a su brazo… pero ya no estaba la venda en vez de eso su piel estaba impecable, sin un solo rasguño.
Luego su mirada descendió a la pierna… lo mismo.
El silencio cayó sobre ambos, tan denso que podía sentirse en la piel.
Un escalofrío helado le subió por la espalda.
Koen se quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos, el alma hecha un nudo.
—Arika… —murmuró con la voz quebrada—.
¿Qué te ocurre?
Ella lo miraba, con los ojos abiertos de par en par.
Su rostro estaba pálido, las manos le temblaban.
Quería decir algo, pero no encontraba las palabras.
Koen se quedó paralizado, tragó saliva, sus cejas fruncidas, la mandíbula apretada.
Sabía que algo extraño pasaba con Arika.
Solo no sabía… qué era.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES StoryJiu ¡Y así llegamos al final de la primera temporada!
El mundo puede haber caído, pero las historias siguen vivas.
Ha sido un viaje increíble escribir esta historia y compartirla con ustedes, entre el caos, la pérdida y la resistencia.
Cada lectura, comentario y palabra de aliento significan muchísimo para mí.
Escribir sobre el fin del mundo me hizo pensar en lo que realmente significa seguir adelante cuando ya no queda nada, y encontrar luz incluso en medio de la oscuridad.
Gracias por acompañar a los personajes hasta aquí —esto apenas es el comienzo.
La segunda temporada será más oscura… pero también más reveladora.
Nos vemos pronto.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com