Ekstern - Capítulo 12
- Inicio
- Todas las novelas
- Ekstern
- Capítulo 12 - Capítulo 12: Capítulo 2 - Detective | 2.2: Espada e Interrogatorios
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 12: Capítulo 2 – Detective | 2.2: Espada e Interrogatorios
___________________________________________
Centro Recreativo Lanel, 07:30 de la mañana.
El sol de la mañana ya se eleva, proyectando largas sombras a través del Centro Recreativo Lanel, mientras la actividad forense continúa en pleno apogeo.
—Detective, mire esto –Una oficial de cabello castaño, una de las primeras en responder a la escena original, se acerca a Salieri, su expresión una mezcla de asombro y aprensión.–
—¿Qué es? –Pregunta Salieri, su instinto de detective inmediatamente alerta, siguiendo a la agente con expectación.–
La oficial la lleva hacia unos matorrales densos y verdes cercanos, justo detrás de una de las desvencijadas canastas de baloncesto. Y allí, clavada en la tierra húmeda entre la hierba y las hojas caídas, se encuentra una espada de aspecto decididamente extraño.
Es un arma imponente, una gran espada de dos manos que parece pertenecer más a una leyenda oscura que a la escena de un crimen en la República Central.
Su ancha hoja, de un metal oscuro, casi negro, reluce con bordes afilados de un acero más claro, sin embargo, lo más desconcertante son los intrincados patrones que recorren la parte central de la hoja: líneas sinuosas de un púrpura profundo, casi azulado, que brillan con una luz interna y tenue, como venas cargadas de una energía desconocida.
La guarda es grande y elaborada, con múltiples protuberancias afiladas y curvas que le dan un aspecto agresivo y decididamente no terrenal, adornada con incrustaciones que emiten el mismo resplandor púrpura de la hoja. La empuñadura es larga, envuelta en lo que parece ser un cuero oscuro y gastado, y el pomo, igualmente ornamentado, remata el arma con un aire de poder arcano.
—Oye –Salieri mira a un uniformado cercano, un hombre de brazos y cuerpo visiblemente musculoso, y le hace una seña para que se acerque– ¿Puedes levantarlo? –Le pide ella, su tono profesional pero cortés–
El uniformado corpulento asiente y acepta la tarea, se coloca unos guantes especiales de látex para no dejar ninguna huella dactilar, se inclina sobre el arma y agarra la empuñadura con ambas manos, sus músculos tensándose visiblemente bajo la tela del uniforme, y entonces, tira con fuerza para levantarlo.
O al menos, lo intenta.
—¡Ughhh!–
Un gemido que denota un gran y fútil esfuerzo se escucha.
Los agentes más cercanos, incluyendo a Salieri y la Agente, miran cómo el corpulento hombre usa todas sus fuerzas, sus nudillos blancos por la presión, las venas resaltando en su cuello.
Sin embargo, por más que lo intente, la pesada arma no se mueve ni un milímetro del suelo donde está clavada.
—Lo lamento Detective –El corpulento uniformado finalmente desiste, jadeando ligeramente, y se disculpa con una mezcla de tristeza y vergüenza con Salieri–
—No te preocupes –Y ella, en vez de mostrar enfado o impaciencia, le ofrece una sonrisa tranquilizadora y comprensiva– Muchas gracias por intentarlo–
El oficial, algo aliviado por su reacción, se aleja.
Al mismo tiempo, la Agente y la Detective Salieri vuelven a fijar su atención en la espada, buscando alguna pista en su extraña forma o en los alrededores.
Salieri, en particular, siente que este artefacto es crucial; no tiene idea de qué hace esto aquí, pero algo dentro de sí, una intuición profesional o quizás algo más profundo, le dice que esto es importante.
—Entonces, uno de los forenses, un hombre de edad avanzada con la mirada experimentada de quien ha visto incontables escenas de crimen, se acerca con sumo cuidado para inspeccionar el arma visualmente, sin tocarla, manteniendo una distancia prudencial– ¿Ve eso? –Le pregunta a Salieri mientras señala con un dedo enguantado unos finos grabados que recorren el dorso de la hoja, a ambos lados, unos que no eran fácilmente visibles a primera vista, pues su color es muy parecido al del metal plateado de la propia hoja.–
—Si –Asiente ella, acercándose un poco más y reconociendo unas letras que, aunque estilizadas, guardan un parecido estructural con el Sistema de Lenguaje actual, el Asteliano Moderno, pero que claramente pertenecen a un idioma desconocido para ella.–
—Es idioma ya extinto –Responde el hombre con seguridad– Mi hermana es historiadora en el Museo Estatal de Melbury, gracias a ella puedo identificar unos pocos idiomas muertos a partir de cómo están formados–
—¿Sabe qué idioma es?, ¿ó qué es lo que dicen? –Pregunta Salieri, su interés ahora completamente capturado–
—Probablemente sea Seytano, las palabras se parecen mucho a esta –Dice el forense, señalando una de las frases grabadas cerca de la empuñadura– Por ejemplo, esta inscripción, si mi conocimiento no me falla, dice “A Luzkiel, Arconte de Gehena, este filo entrega su Sombra Devoradora.”
—¿Seytano? –Pregunta Salieri, la confusión tiñendo su voz pues el nombre no le resulta familiar–
—Un idioma qué pertenecía a un Imperio qué cayó hace miles de años atrás, solía llamarse Imperio de Seytan –Responde el hombre, ajustándose las gafas– Se dicen que eran un Imperio centrado en el estudio y práctica de la Magia Demoníaca–
—Salieri asiente lentamente, procesando la información– Luzkiel… –Ella repite el nombre en voz baja, y de inmediato, una conexión se forma en su mente, enlazando el nombre con una figura dominante de las leyendas más oscuras y los textos prohibidos– ¿Será posible que se refiera a Luciel?, ¿el Regente del Infierno?–
—La Oficial rubia, que había estado escuchando atentamente a su lado, asiente.– Sí, la Santa Iglesia de Astel lo cataloga como un Demonio que traicionó a la Diosa por puro placer y ansias de poder, y de hecho, se dice que tenía 3 esbirros muy leales, llamados Aren, Lumen y Zakech–
Al escuchar esos tres nombres, Salieri abre sus ojos de par en par, un escalofrío recorriéndola de nuevo, pero esta vez no de misterio, sino de una alarmante y súbita comprensión.
Aren, Lumen y Zakech, son los mismos nombres que el joven de cabello negro alborotado y ojos verdes, (el que ahora está detenido y cuya historia parecía un delirio), le había dicho apenas unas horas antes, en su increíble y hasta ahora inverosímil relato.
—Detective, con esta… inscripción, y la naturaleza del fallecido Oficial Montenegro…¿Deberíamos pedir ayuda a los Rus? –Pregunta el hombre experimentado, su voz baja y teñida de una preocupación que va más allá de un simple homicidio.–
—No –Niega rápidamente la Detective, su tono firme y tajante, sin dejar lugar a discusión– Absolutamente no. No necesitamos adoradores extremos como la gente de los Reinos Unidos Santificados, la última vez que hubo una “colaboración” por parte de ellos en un caso con supuestas connotaciones demoníacas, hubo muchos más heridos entre civiles y nuestros propios agentes que soluciones. Su fanatismo es un peligro en sí mismo–
—Es verdad, esos fanáticos no son mucho de fiar –Dice la Agente a su lado con un asentimiento– Detective… –Entonces, ella se gira para mirar directamente a la joven peliblanca, su expresión seria y considerativa– ¿Ha considerado el hecho de que las palabras de ese joven pueden ser ciertas?–
La Detective Salieri frunce el ceño, sus ojos rojos fijos en la agente.
Una lucha interna parece reflejarse brevemente en su mirada.
—Si, claro –Responde finalmente, pero incluso a pesar de haber escuchado tres nombres cruciales que concordaban de manera alarmante con la historia de esa persona, el tono que usa está cargado de una ironía mordaz, un escepticismo forzado– ¿Demonios?, esos son solo cuentos de los Rus para mantener el control, o historias para asustar a los niños, esas cosas no existen–
—La Agente suspira, una mezcla de frustración y respeto en su ignorancia– Detective, con todo respeto, no quiero ser grosera, pero, debería usted al menos consider—-…–
—Basta –Un joven uniformado cercano, de cabello ligeramente gris y expresión severa, interrumpe sus palabras con brusquedad– Deja de decir tonterías y sigue investigando la escena, si no, entonces ayuda a los Soldados de la República a limpiar los desastres causados en este lugar–
La Agente mira a su compañero con el ceño fruncido, una chispa de clara molestia brillando en sus ojos. Sin embargo, el oficial de cabello gris solo la mira con los ojos en blanco, con un gesto de superioridad y fastidio.
—La Agente, visiblemente enfadada por la actitud displicente de su compañero, toma con una brusquedad contenida de la manga al joven uniformado de cabello gris y lo aparta unos metros de donde la Detective examina la extraña espada con el forense– Es mejor que se entere ahora que cuando sea demasiado tarde –Le espeta ella en un susurro vehemente a su acompañante, su voz vibrando con urgencia–
—No sabemos si ella también será una Sehwert, a diferencia de otros Mehr-Wissen los poderes de los Sehwert no son hereditarios, y sabes bien que las reglas prohíben qué los Humanos comunes y corrientes sepan del Altern –Le responde este, su tono una mezcla de fastidio y una condescendencia mal disimulada–
—Pero, aunque no termine siendo una, debemos hacerlo –Insiste la Agente Arisa, su tono ahora más firme, su mirada clavada en la de su colega– Además, ese chico de antes también está involucrado en esto, él claramente también conoce el Altern, claramente también conoce el Altern, y por lo que he visto, todo lo que dijo es verdad, así que si la Detective permanece ignorante acerca de nuestro mundo un inocente terminará siendo perseguido y castigado–
—Arisa, por favor, ¿cómo sabes que él no fue el asesino? –Le espeta el uniformado, con el ceño fruncido y cruzándose de brazos– Estaba cubierto de sangre, en la escena del crimen y era el único presente con las víctimas cuando llegaron las primeras unidades. La evidencia circunstancial es abrumadora.–
—¡Porque yo lo vi idiota!, ¿lo olvidaste?, soy una Fuchsgenheit –Le enmarca Arisa, su expresión ahora también teñida de frustración y un cansancio palpable por la aparente estupidez de su compañero mientras sus ojos brillan con una luz verde interna por un instante– Mi especialidad es ver todo lo que ocurrió en el pasado en un lugar especificado, tras usar mi Habilidad, vi como ese Demonio mató al Oficial León, y vi como ese chico luchó a su lado arriesgando su propia vida e incluso trató desesperadamente de salvarlo en sus últimos momentos de vida –Dice esto último con un tono que marca un profundo pesar, una tristeza y una lástima genuinas por los eventos que presenció–
—Bueno, entonces ve y dile eso a la Detective –Replica el oficial con un sarcasmo evidente– Revélale tu identidad aquí mismo, tu forma Wesnaf, frente a todos, para que así te crea, a ver que tan bien te sale–
—Tch –Arisa da un pisotón en el asfalto de pura frustración, un sonido seco y airado– Estúpido imbécil –Escupe, su voz cargada de una ira contenida que lucha por no explotar.–
Mientras Arisa se da la vuelta bruscamente, con sus dientes rechinando de pura rabia e impotencia, la Detective Salieri, ajena a esta acalorada discusión secundaria que sucede a sus espaldas, continúa su meticulosa búsqueda de pistas alrededor de la misteriosa espada, su rostro concentrado, intentando encontrar una lógica tangible en el caos y la extrañeza que la rodean.
—¿Qué más encontraron ustedes? –Pregunta ella, su voz firme, dirigiéndose al equipo forense, tras determinar que de la espada, por ahora, no obtendrá más que inscripciones enigmáticas y un peso antinatural–
Otro técnico forense, diferente al que identificó el idioma Seytano, un hombre de mediana edad con una expresión sombría y metódica, se acerca a ella y, con un gesto, le pide lo acompañe hacia el área de la cancha de fútbol adyacente, a lo que ella accede rápidamente, dejando atrás la misteriosa espada clavada en la tierra.
Así, tras unos segundos, llegan a donde yacen los dos primeros oficiales caídos, sus cuerpos ahora parcialmente cubiertos por sábanas blancas que los forenses han apartado para su examen.
—Oficial Jack Clinton de 30 años, del Departamento de Policía de Melbury –Comienza a informar el forense, consultando una pequeña libreta digital– Estaba de guardia junto a su compañera, ambos fueron llamados debido a que una persona había informado acerca de una extraña persona vistiendo ropas antiguas y cuya cabeza, según el testigo, estaba iluminada de forma antinatural –Hace una pausa, su rostro volviéndose aún más grave– Su cabeza fue cercenada y cauterizada en un instante, así mismo todos los órganos dentro de la cavidad craneal fueron extraídos, y en su lugar, se colocaron cinco velas–
—… –La Detective Salieri mira con un asombro contenido y un escalofrío helado la cabeza separada y los restos a un lado. Ella ha visto casos brutales, donde las mutilaciones eran el pan de cada día para las mentes más retorcidas, pero esto… esto tenía un componente ritualístico, una perversidad metódica que la inquieta profundamente–
—Agente Alejandra Hernández López de 28 años, también del Departamento de Policía de Melbury –Continúa el forense, señalando el segundo cuerpo– El mismo caso que su compañero en cuanto a la decapitación y cauterización, solo que su cabeza ya estaba completamente vacía, sin embargo se encontraron marcas internas, como si estuvieran extrayendo algo con algo metálico –El forense se inclina ligeramente– Solo que aquí hay señales claras de que detuvieron lo que estaban haciendo abruptamente –Entonces, mira hacia la dirección de la cancha, hacia la dirección de una banca– Probablemente fueron interrumpidos por el Oficial Leon y la otra persona que lo acompañaba, presumiblemente ese chico que ustedes encontraron y que nos señaló, sin decir más, los cuerpos en sus respectivos lugares.–
Salieri mira los cuerpos, luego el rastro de destrucción en la cancha de futbol, su mente trabajando a toda velocidad, tratando de armar un rompecabezas cuyas piezas parecen no encajar en ningún patrón conocido.
Ella siempre se ha basado en la lógica, en la evidencia tangible, rechazando cualquier atisbo de cosas fantasiosas o explicaciones sobrenaturales, pero, la escena frente a ella desafía cualquier explicación racional que pueda concebir.
—Sigan ustedes investigando sus restos minuciosamente, necesito un informe completo lo antes posible. –ordena finalmente, su voz recuperando toda su autoridad– Posteriormente llevenlos a la morgue, también informen a sus familiares… con el debido tacto –Ordena ella finalmente–
—Entendido Detective –Responde el equipo forense al unísono–
Después de un rato de seguir preguntando por otros lados y examinar minuciosamente la zona, aparte de la extraña y pesada espada, los cuerpos de los oficiales caídos, y el considerable destrozo en ambas canchas, producto de lo que parecen ser explosiones, innumerables agujeros de bala y daños que podrían ser obra humana, aunque de una fuerza descomunal, la Detective Salieri Montenegro no encuentra nada más que arroje luz inmediata sobre la masacre.
La escena es un rompecabezas de violencia y misterio.
—Detective, hemos analizado las huellas en las tres armas que posteriormente encontramos –Entonces, otra técnica forense, esta vez una mujer de unos treinta años, con una tablet en mano, se acerca a Salieri. Ella la conduce de nuevo hacia la cancha de baloncesto, donde, sobre una manta blanca esterilizada extendida en el suelo, ahora descansan tres armas de aspecto avanzado: el fusil de combate que antes llamó la atención de Salieri, una carabina más compacta y una escopeta de diseño igualmente moderno–
—Adelante –Dice Salieri, su atención fija en el arsenal–
—Las huellas en el fusil de combate, el más grande, pertenecen inequívocamente al Oficial León Montenegro –comienza la forense–
—Salieri asiente; eso era de esperar– ¿Y la escopeta y la carabina?, ¿pertenecen a los otros oficiales caídos?–
—No, y no tenemos idea –responde la forense, nota de vergüenza en su voz– No tenemos ningún registro de sus huellas en la base de datos de la Policía de Centralia, nos comunicamos con la A.M.P, para cruzar información, pero lo único que nos dijeron era que cualquier dato relacionado con esas huellas era información clasificada de Nivel Administrador–
Salieri se sorprende por el nivel de clasificación tan elevado; “Nivel Administrador” es básicamente el último escalón de secreto, reservado para asuntos de la más alta seguridad nacional o de naturaleza… excepcional.
Sin embargo, su mente de detective inmediatamente deduce que las huellas en la carabina y la escopeta muy probablemente pertenecen al chico de cabello negro y ojos verdes, Sariel, después de todo, era el único otro individuo encontrado con vida en la escena del crimen.
—¿Tienen idea de que clase de armas son estas?, su diseño no es estándar –Pregunta ella, pues solo había visto esta clase de armas en manos de los Soldados de la A.M.P.–
—Todas las armas tienen el logo ZWF grabado secretamente en varios lugares, por lo que estamos seguros de que son de ZeriX Weapon Factory, la compañia de armas de Su Majestad el Emperador –Explica la forense– Sin embargo, nuevamente cuando intentamos consultar en una base de datos externa, nos pasó lo mismo: una Restricción de acceso de nivel superior nos impidió obtener cualquier información detallada–
Salieri suspira con una mezcla de frustración e intriga, pues tanta opacidad solo profundiza el misterio.
Tras eso, le indica a la forense con un gesto que puede retirarse, agradeciéndole por la información, y una vez que la técnico se aleja, ella se aparta unos metros de las armas, sus ojos rojos fijos en la escena global, su mente trabajando febrilmente.
—Entonces –Piensa, reconstruyendo los eventos con la información disponible– Aquí un agresor desconocido, o quizás esa entidad llamada Lumen, misma que asesinó a dos policías y convirtió sus cabezas en una especie de horrendas lámparas, sin embargo, fue interrumpido en su macabra tarea por la llegada de mi padre y alguien más, posiblemente ese sujeto de nombre desconocido, tras eso se produjo un gran enfrentamiento. Mi padre luchó con todas sus fuerzas junto a ese otro individuo contra este Lumen, que según esa persona, usaba una espada… la espada que encontramos clavada en los matorrales, misma que tal vez haya usado para apuñalar a mi Padre hasta la muerte….–
Entre más lo repasa en su mente, más extraño y disonante le resulta todo, pues la lógica con la que siempre ha operado se estrella contra los detalles de este caso.
Y entonces, una persuasión sutil, una voz insistente proveniente de lo más profundo de su propio corazón, le susurra que la información de aquel joven hombre de ojos verdes, su increíble historia sobre demonios, podría, de alguna manera aterradora, ser real.
—Haa…–
Un profundo suspiro escapa de los labios de la Detective Salieri Montenegro.
Su mente es un torbellino de datos incongruentes, de horrores que desafían la razón y de una creciente certeza de que este caso es mucho más de lo que aparenta.
Ya ha estado en casos extraños, algunos verdaderamente bizarros, pero este, sin duda, se perfila como uno de los más raros y, sobre todo, difíciles de resolver de toda su carrera, pero aun así, una determinación férrea se asienta en su interior.
Debido a que esto involucra a su padre, a la persona que más admiraba y quería, no va a darse por vencida fácilmente, incluso si esto significa ir en contra de las reglas establecidas por un claro conflicto de intereses.
La verdad, sea cual sea, debe salir a la luz.
—Que los forenses se preparen para llevar los cuerpos a la morgue –Ordena Salieri al sargento a cargo, su voz ahora desprovista de cualquier atisbo de duda, reemplazada por una fría eficiencia–
—Entendido Detective –Responde el sargento, asintiendo con gravedad–
—Comuniquen el caso a la Fiscal de la Ciudad –Continúa ella– Ella sabrá qué hacer con lo relacionado al cuerpo de mi Padre y las implicaciones que esto conlleva–
—Bien, Detective, así se hará.–
Tras eso, con una mirada y un paso firme y decidido, Salieri se da la vuelta y se dirige hacia su auto, que permanece estacionado al borde del cordón policial, no muy lejos de la cancha de básquet.
Hay un lugar, una idea que ha comenzado a tomar forma en su mente, un edificio que ha vuelto a su memoria con una nueva urgencia, donde intuye que podría existir una pista, una llave que podría comenzar a desentrañar este caos.
—¿Demonios eh? –Murmura para sí misma tras poner el auto en marcha, la palabra sintiéndose extraña y ajena en sus labios–
Si bien una parte de ella, su lado racional y entrenado, aún se resiste a creer en la veracidad de la historia del joven Sariel, otra parte, esa intuición que a menudo la ha guiado en los casos más complejos, le susurra que lo crea, que abra su mente a posibilidades que antes habría descartado como fantasiosas.
Recuerdos de su niñez, antes relegados al baúl de las fantasías infantiles o los sueños extraños, ahora resurgen con una nueva y perturbadora claridad: aquella extraña habitación cerrada en su propia casa, a la que su padre rara vez le permitía entrar, y que una vez, por curiosidad, logró entreabrir, vislumbrando estanterías llenas de libros antiguos con ilustraciones de criaturas que parecían arrancadas de las más oscuras pesadillas, las inexplicables salidas nocturnas de su padre cada cierto tiempo, y cómo regresaba en las horas previas al alba, a veces con pequeños rasguños y siempre con un peculiar y leve olor metálico, típico de la sangre, y los extraños ruidos, a veces siseos, a veces crujidos antinaturales o un silencio demasiado profundo, que ocasionalmente rodeaban su hogar en la quietud de la noche, ruidos que eran rápidamente acallados por la presencia vigilante y protectora de su padre.
Todo esto, ahora, bajo la luz de los acontecimientos recientes, le indica que la verdad podría ser mucho más extraña de lo que jamás imaginó, y que su lógica común, su entrenamiento policial basado únicamente en lo tangible y demostrable, aquí podría no servirle de nada.
___________________________________________
Comisaría de Morian, Estado de Melbury, República Central
Las horas pasan en la quietud opresiva de esta celda en el Bloque Especial.
Realmente pierdo la noción del tiempo; no hay ningún reloj a la vista, y la verdad es que, habiendo sido antes un ser para quien el tiempo era un concepto casi irrelevante, prestarle atención no es uno de mis hábitos más arraigados.
Definitivamente, la inmortalidad, o lo que queda de ella, tiene esas cosas.
Así que, no me queda de otra que intentar consultar la hora con uno de los Agentes fuertemente armados que ahora custodian este sector del Bloque Especial, uno de los dos custodios de mi celda..
¿Y de dónde salieron estos, si antes no estaban, te preguntarás?
Bueno, pues aparecieron de la nada (no literalmente, claro, pero su llegada fue sigilosa y eficiente) poco después de que me encerraran.
Se presentaron simplemente diciendo que eran el “Equipo Delta” y, sin más preámbulos, se colocaron a ambos lados de mi celda, uno a la izquierda y otro a la derecha.
Allí permanecieron, parados, inertes como estatuas, sosteniendo unas imponentes escopetas de alto calibre en sus manos y además de las escopetas, pistolas especiales enfundadas en cada costado de sus muslos, e incluso, colgando a sus espaldas, una espada larga y recta hecha de Malakita, cuyo brillo dorado es inconfundible y muy apreciado para ciertos… menesteres.
Si este es el equipo estándar para combatir Demonios en esta República, debo decir que me sorprende gratamente su nivel de preparación.
Un “like” mental se forma en mi mente al verlos; saben a lo que se podrían enfrentar, o al menos, a lo que creen que se enfrentan.
—Agente, ¿sería usted tan amable de decirme qué hora es? –Pregunto al que yace al lado izquierdo de mi celda, mi tono deliberadamente suave, casi como el de un niño que ha sido regañado y ahora pide un pequeño favor.–
—Silencio Demonio –Espeta el agente sin siquiera mirarme, su voz un gruñido áspero y lleno de hostilidad–
—Puta madre qué no soy un jodido Demonio –Refunfuño para mis adentros, mi paciencia comenzando a agotarse–
Bueno, realmente no puedo culparlos del todo. Muchos me han creído un Demonio a lo largo de los eones; es algo casi inevitable, pues reconozco que poseo muchas de sus características superficiales cuando así lo deseo.
Supongo que es normal que me confundan, especialmente con mi poder mermado y en estas circunstancias.
Además, hay que admitirlo, soy muy guapo, y los Demonios, al menos en su forma Humana, también suelen serlo, pues es una herramienta útil para atraer a los incautos y a las almas desprevenidas.
—Decido intentar otra táctica con los estoicos guardias del Equipo Delta, pues quizás un poco de encanto y una verdad selectiva funcionen donde mi broma anterior falló– ¿Y si les digo que soy un Demonio bueno? –Digo, una sonrisa halagadora formándose en mi rostro–
—Ja, ¿Demonio bueno?, eso no existe –Espeta el agente de la izquierda, su agarre en la escopeta de alto calibre tensándose ligeramente–
—Pero, yo he colaborado con Mikleo, ya saben, el Azelvi qué actualmente dirige el Cielo –Digo, tratando de persuadirlos con un nombre que debería inspirar algo de respeto, o al menos, duda– De hecho, es buen amigo mío, hemos compartido muchas batallas–
—Si, claro, y yo soy el Regente del Infierno –Se burla el de la derecha, su voz un retumbar grave y sarcástico–
—Realmente no –Digo, colocando una mano sobre mi barbilla, adoptando un gesto de analizarlo detenidamente– No te pareces en nada a Luciel, él es bastante guapo, y tú, aunque eres guapo, no te le comparas, además, eres muy musculoso y alto, él es más delgado y más bajo que yo,, aunque solo por unos 5 centímetros–
Bien, quizás no debería haber dicho eso último, o se podría malinterpretar.
No quiero que estos tipos crean que tengo alguna inclinación particular por la apariencia de Luciel o de ellos.
—Si, si, perdón –Digo rápidamente después de recibir una mirada severa y fruncida del agente de la derecha. Decido que es mejor callarme por ahora–
Al final, viendo que mis intentos de conversación son inútiles, decido acostarme en la dura litera de la celda y echarme un sueñito, un descanso, por breve que sea, me vendría bien.
Sin embargo, justo cuando estoy a punto de cerrar los ojos y dejarme llevar por el agotamiento, el sonido metálico y corredizo del Bloque Especial, se escucha de golpe , sobresaltándome.
—Detective Salieri, mi más sentido pésame –Dice una voz femenina, su tono cargado de tristeza–
—Detective, lamento mucho su pérdida –Añade una voz masculina, su voz oprimida por la pena
—Detective Montenegro, todo mi apoyo en este momento difícil –Dice otra voz masculina, su tono teñido de aflicción–
—Detective, reciba mis más sinceras condolencias –Añade otra voz masculina, sus palabras pesadas de dolor–
—Gracias, gracias a todos –Dice una voz que no había escuchado desde hace unas horas, su tono agradable, cálido por las palabras de consuelo recibidas, pero también cansada, pero a su vez, decidida– ¿Esta aquí?–
—Afirmativo, Detective–
Los pasos continúan acercándose a mi celda hasta que finalmente se detienen justo frente a los barrotes.
—Oye–
Miro de reojo desde la litera, y lo que veo es a la joven mujer de cabellos blancos como la nieve y singulares pupilas rojas, observándome con una expresión indescifrable..
—Holas –Digo mientras formo con los dedos de mi mano derecha una “V” a modo de saludo–
Parece que mi saludo no le agrada en lo más mínimo, pues su ceño se frunce notablemente, sus ojos rojos entrecerrados mientras su mirada no se aparta de mí, casi fulminándome.
—Llévenlo a la sala de interrogatorios –Ordena a los guardias, su voz ahora desprovista de cualquier suavidad– tengo algunas preguntas que hacerle–
—De acuerdo Detective –Responden los agentes al unísono–
Los dos miembros del Equipo Delta , mis custodios y grandes amiguis, entran a mi celda con presteza, me sujetan con firmeza de ambos brazos y me sacan bruscamente de la cama y de mi pequeña, y extrañamente cómoda, habitación temporal.
Al salir al pasillo del Bloque Especial, otros cuatro Agentes, con el mismo equipamiento intimidante que los vigilantes de mi prisión, se unen a nosotros, formando una escolta considerablemente numerosa.
—¿No me dan su autógrafo? –Bromeo, tratando de romper el opresor y tenso ambiente que se ha formado–
—Silencio Demonio –Espeta uno de los nuevos guardias, su voz tan hostil como la del primero–
—Ush, no son divertidos –Murmuro, resignandome a su vez al paseo–
___________________________________________
Mientras los Agentes de policía, los miembros del Equipo Delta, llevan a rastras al joven pelinegro por el pasillo del Bloque Especial, la Detective Salieri Montenegro observa la procesión con una mezcla de intriga y una creciente extrañeza.
No puede evitar preguntarse por qué tanta vigilancia, tanto despliegue de fuerza para un solo individuo, por más que sea el principal sospechoso, y si bien ella antes había visitado esta estación en raras ocasiones debido al trabajo de su padre, nunca había visto a tantos agentes fuertemente armados custodiar a una persona de esta manera, y menos aún había visto a agentes de policía de la República Central portando espadas de Malakita (extrañas para ella) en sus espaldas, como si fuera parte de su equipamiento estándar.
—Oye –La Detective detiene a un agente uniformado para intentar solucionar su duda, uno que pasa cerca, uno que no forma parte de la escolta directa pero que parece estar al tanto de la situación– ¿Por qué tanta gente fuertemente armada?–
El Agente, un Surnaturel en su forma Seige que Salieri obviamente no reconocería, duda por unos cruciales segundos antes de responder.
Él evalúa rápidamente a la Detective; sabe que es la hija de León Montenegro, pero también la considera, a todos los efectos para el mundo exterior, una simple Humana, por lo tanto, decirle que la razón de tal despliegue es porque el detenido es sospechoso de ser un Demonio de alto rango, es más que claro que no le creería, o peor, podría causar complicaciones innecesarias y violar protocolos estrictos.
—Bueno… –Finalmente, el agente opta por usar la explicación más mundana y creíble, utilizando al propio León como excusa– Es probable que sea el asesino del Oficial Montenegro, así que tenemos que estar seguros de que no se escape, no queremos tener que buscarlo después, ¿cierto?–
—Salieri asiente lentamente, sus ojos rojos fijos en el agente por un instante más, procesando la respuesta, y aunque siente una punzada de insatisfacción pues la explicación es lógica en la superficie, no cuadra del todo con el nivel de armamento especializado que ha visto, ni con la atmósfera casi palpable de temor reverencial que rodea al detenido.– Está bien, lo entiendo –Dice finalmente, aunque su tono denota que no está completamente convencida.–
Realmente ella no lo entiende del todo, pero al ver la actitud claramente evasiva del agente, y la forma en que evita su mirada, decide no presionar más por ahora.
Hay otras formas de obtener respuestas, y este agente no parece dispuesto a ofrecerlas.
___________________________________________
Avanzo por los pasillos de la Comisaría de Morian, flanqueado por la imponente escolta de miembros del Equipo Delta.
Mis muñecas, unidas por las frías esposas de halo blanco, son un recordatorio constante de mi precaria situación, y con cada paso, siento las miradas de otros agentes y personal de la estación clavándose en mí desde los escritorios y las puertas de las oficinas por las que pasamos.
Sus expresiones son una mezcla de temor apenas disimulado, abierta hostilidad y una mórbida curiosidad.
No puedo evitar que una sonrisa cansada, casi una mueca de resignación irónica, se dibuje en mis labios al notar su atención indivisa.
Ahora, gracias a mi desafortunada broma en el coche patrulla, todos aquí deben creer firmemente que soy un Demonio, y probablemente ya me odian con la misma intensidad con la que temen a esas criaturas, o quizás incluso más, por la profanación del cuerpo del Oficial Montenegro.
—Recuerda esto, Sarielito –Me digo para mis adentros, reprendiendo con una mezcla de fastidio y autocrítica a ese niño tonto y antiguo que a veces resurge en mí, a ese que le encanta bromear sin medir las consecuencias o el contexto– Las bromas sobre ser un Demonio solo son remotamente graciosas entre seres sobrenaturales que entienden la ironía, o cuando posees el poder absoluto para respaldar semejante audacia, así que no vuelvas a cometer esta estupidez de nuevo, especialmente cuando te encuentras en una situación tan delicada y con tu poder casi inexistente.–
____________ >> Sala de Interrogatorios >> ____________
Tras unos pocos minutos de caminar por varios pasillos, escoltado por mi séquito de guardias del Equipo Delta, quienes parecen tomarse su papel de carceleros con una seriedad casi cómica, finalmente me dejan en la que asumo es la sala de interrogatorios. Un dechado de hospitalidad y diseño minimalista, debo añadir.
—Entra ahí –Dice mi querido celador, ese que parece amar usar la fuerza innecesaria contra mí, dándome un empujón nada sutil hacia el interior.–
—Si, sí –Digo entre dientes, recuperando el equilibrio tras el envión–
Finalmente, me dejan en la sala de interrogatorios. Y qué sala tan… acogedora.
Es un espacio pequeño, casi un cubo perfecto, bañado en la luz fría y uniforme de varios paneles cuadrados en el techo, las paredes son de un blanco clínico, desnudas y lisas, salvo por un gran panel rectangular en una de ellas que no engaña a nadie: un clásico espejo de una vía, para el deleite de los observadores ocultos.
En el centro, una mesa sencilla, metálica y de superficie gris, espera con sus dos sillas.
Una, la destinada al interrogador, imagino, es una silla de oficina estándar, sin pretensiones, la otra, sin embargo, la que claramente está reservada para su “invitado especial” (es decir, yo), es una obra de arte de la hospitalidad carcelaria, una silla robusta, de un plástico oscuro o metal pintado de negro, cuyas patas están firmemente ancladas al suelo con placas metálicas.
Y, para añadir un toque extra de bienvenida y confianza, varias cadenas gruesas la rodean, asegurándola aún más a sus anclajes,
Realmente se han esmerado en hacerme sentir como en casa.
Y, por supuesto, para completar la decoración y asegurar que el “peligroso Demonio” no intente nada divertido mientras disfruta de su asiento de honor, mis ojos, incluso en su estado actual, detectan de inmediato el tenue pero inconfundible resplandor de otro Círculo Akrani grabado en el suelo.
Este, a diferencia del de la celda que era visiblemente llamativo, es casi invisible a una mirada mundana, un detalle sutil para los iniciados, probablemente de un rango igual de impresionante que el anterior, estratégicamente situado justo debajo de la silla encadenada.
Definitivamente un despliegue de precauciones para alguien que, según ellos, es alérgico a las esposas.
Me pregunto si también tendrán galletitas.
Mi querido celador, ese que parece disfrutar particularmente el uso de la fuerza contra mi persona, termina de asegurarme a la silla con las cadenas y las esposas especiales, cuyo halo blanquecino ahora me parece un tanto… exagerado para mi actual condición “alérgica”.
Y tras eso, antes de unirse a sus compañeros en la retirada, se gira hacia la Detective Salieri Montenegro.
—Detective, ¿nos quedamos con usted? –Pregunta, su tono mostrando una deferencia hacia ella que contrasta con la brusquedad que me dedica–
—No, está bien –Dice ella, y detecto un matiz de agradecimiento genuino en su voz, aunque también una firmeza que no admite réplica– Pueden retirarse, estaré bien–
Los Agentes del Equipo Delta, incluyendo a mi celador y a los otros que esperaban en el pasillo, intercambian miradas. Su preocupación es tan espesa que casi podría cortarla con un cuchillo y untarla en una tostada.
Dejar a una Detective, por muy competente que sea, a solas con el “peligroso Demonio” que acaba de masacrar a tres de los suyos (según su errónea pero firme creencia) no debe sentarles nada bien.
—¿Pasa algo? –Pregunta ella, la Detective, notando la vacilación y la tensión en el aire, su expresión ligeramente confundida–
—No, descuide, estaremos aquí afuera por cualquier cosa –Responde firmemente uno de los militares–
—Bien –Asiente ella–
Antes de que mi celador pueda retirarse del todo y dejarme a solas con la intrigante Detective de ojos rojos, logro un pequeño tirón de la manga de su camisa con mis manos aún esposadas, deteniéndolo.
—¿Es necesario todo esto? –Le pregunto con un suspiro teatral, señalando con la barbilla las cadenas, las esposas y el brillante Círculo Akrani bajo mis pies– Me siento un poco sobre-asegurado, ¿no lo cree también?–
—El militar me mira con un claro y profundo desdén, sus ojos entrecerrados– Silencio, Demo- –Su palabra se queda atorada al recordar que la Detective sigue aquí– Silencio –Dice finalmente, su voz un gruñido contenido–
—Ja, sonsos –Me burlo de él, una sonrisa interna dibujándose en mi ser–
Con un fuerte y último jalón, el sujeto se libera de mi agarre, su rostro una máscara de disgusto, y sale de la habitación sin mirar atrás.
Una vez que todos los uniformados han abandonado el umbral, la Detective Salieri Montenegro cierra la pesada puerta metálica de la sala de interrogatorios, y el sonido del cerrojo al girar es ominosamente definitivo, sellándonos a los dos en este pequeño y austero espacio.
Luego, se acerca a la mesa, parándose elegantemente frente a mí.
Al otro lado de la fría superficie metálica, me mira fijamente, sus ojos rojos brillando con una intensidad que es difícil de sostener, incluso para alguien como yo.
—Entonces, cuéntame todo lo que pasó, no quiero ninguna mentira o de lo contrario me veré obligada a usar la fuerza –Dice ella, su voz, aunque suave, no admite evasivas–
Trago saliva con dificultad.
La amenaza es clara, y la intensidad en su mirada no deja lugar a dudas; no está jugando.
Ella dijo que dijera la verdad, así que, por increíble y fantasioso que vaya a sonar para alguien que aparentemente desconoce la profundidad del mundo sobrenatural, eso es exactamente lo que haré
—Bueno mi estimada Detective Montenegro, fíjese qué justo ayer yo estaba aquí bien feliz disfrutando de las hermosas playas de la República de Myras, cuando justo me llama Luciel… Si, ese Luciel –Añado, notando un posible destello de reconocimiento en sus ojos ante el nombre– Este mismo me dijo qué algo malo le había pasado a mi hermanita, Elaine, y que quería hablar conmigo de eso, por lo que me citó en una zona montañosa cerca de Gehena, la Capital del Infierno, como ustedes conocen. –Hago una pausa, intentando mantener un tono ligero, casi como si contara una anécdota trivial, aunque el recuerdo ya comienza a agriarme el humor– Entonces, como yo soy un estúpido siscón, y mi hermana es mi mayor debilidad, dejé todo lo que estaba haciendo y corrí hacia allí, solo para darme cuenta de que mi hermana también había sido citada por Luciel. Entonces, los lamebotas más eficaces de Luciel, Lumen, Zakech y Aren, aparecieron, rodearon a mi hermana, Zakech le apuntó al cuello con una Daga Divina amenazando con matarla si no desactivaba todas mis defensas, a lo cual, obviamente yo hice –Mi tono comienza a perder su falsa ligereza– Tras eso Lumen, aprovechando que estaba indefenso, me inyectó una extraña sustancia qué bloqueó el 99% de mis poderes –Aquí mi voz se quiebra ligeramente, y el relato se vuelve más pesado– Lamentablemente mi hermana creyó qué lo que me inyectaron era algo para matarme…, –El tono que antes intentaba ser divertido se desvanece por completo, reemplazado por un pesar que me oprime el pecho– Así que, comenzó a forcejear con Zakech, quien enfadado apuñaló a mi hermana en el cuello, acabado con su vida, sin embargo, antes de morir, usó su Poder para abrir un Portal hacia un lugar aleatorio del Erden, el mundo terrenal, osea, lugar donde estamos –Respiro hondo, el dolor de ese recuerdo es una herida abierta–
Miro la expresión de la Detective Montenegro.
A pesar de la incredulidad que estoy seguro aún alberga en su interior, o quizás es mi propia esperanza proyectándose, creo detectar un atisbo de compasión en su mirada, una chispa de humanidad en medio de su profesionalismo que me hace continuar con mi relato, por más descabellado que suene.
—El Portal me arrastró dentro sin poder hacer nada para evitarlo –Continúo, mi voz ahora más sombría al recordar ese instante– Lo último que pude ver fue a mi hermana, Elaine, cayendo sin vida al suelo antes de que el Portal se cerrara por completo, sumiéndome en la oscuridad –Un suspiro pesado, cargado de un dolor que creí haber superado, se escapa de mi boca– Tras abrir los ojos, me encontré dentro de una celda a las afueras de Melbury, para mi sorpresa, debajo había un Círculo Akrani… –Pauso– Un Círculo Mágico que se usa exclusivamente para atrapar Demonios –Explico, sintiendo la necesidad de aclarar este punto.–
Si bien es cierto que el enorme Círculo Mágico que ahora mismo seguramente adorna el suelo de mi celda en esta misma Comisaría es fácilmente reconocible para seres como yo o los Surnaturel que trabajan aquí, sé que los Humanos comunes normalmente no pueden ver tales manifestaciones, ya que suelen estar inscritas o activadas dentro del plano del Altern.
Sus sentidos no están sintonizados para ello, por eso, considero necesario recalcar la parte de “atrapar demonios”, para que la Detective no se quede con la duda o, peor aún, piense que desvarío todavía más de lo que ya debe suponer.
—Ahí, en esa celda improvisada, fue donde encontré y conocí al Oficial Montenegro –Prosigo–, Quien pensó rápidamente de que yo era un Demonio, algo que negué, así que, para que me creyera, decidí revelarle mi verdadera identidad –Es curioso cómo es que me creyó tan rápido, aunque ahora, con lo que sé de su habilidad de Previsión, probablemente ya lo sabía o lo intuyó en ese mismo instante– Aparte también, le dije que si no me sacaba de ahí, los esbirros de Luciel irían a matarme y no solo a mí, acabarían con cualquier testigo, incluso si fuera un Sehwert–
Un casi imperceptible destello de sorpresa, o quizás de algo más, cruza por los ojos rojos de la Detective al escuchar esa última palabra.
Pude notar claramente que el término “Sehwert” es un estimulante para ella, una palabra que capta su atención de inmediato y de una forma muy particular.
—Probablemente creyó más en que vendrían a matarme qué en lo que era, pero aun así aceptó liberarme a cambio de un trato –Explico, intentando que mi voz suene lo más convincente posible–
—¿Un trato? –Pregunta ella, sus ojos rojos fijos en los míos, una chispa de intriga mezclándose con su duelo y escepticismo–
—Asiento con la cabeza– Sí, Detective, un trato solemne. A cambio de mi libertad, y de su ayuda para escapar, yo debía cuidar de usted y protegerla si algo le sucedía a él.–
La confusión se refleja claramente en su rostro pálido, sus cejas, finas y oscuras contra su cabello blanco, se juntan.
—¿Protegerme?, ¿tú?, ¿un sospechoso de asesinato? –Su tono es incrédulo, casi ofendido–
—Oiga, para empezar, yo no maté a nadie –Replico, mi propia paciencia comenzando a flaquear– Fue Lumen quién lo mató, yo intenté salvarlo pero debido a mis poderes mermados no pude usar Magia de Sanación–
—¡Basta! –Exclama la joven mujer peliblanca, golpeando la mesa con la palma de su mano, un sonido seco que resuena en la austera sala, su calma profesional se resquebraja, revelando una impaciencia y una angustia profundas– Deja de decir esas tonterías sobre demonios y magia y dime la verdad ahora–
—¡Es la verdad! –Exclamo, mi voz elevándose un poco, el enojo comenzando a bullir en mí ante su persistente incredulidad– Si quiere saber la verdad entonces busque la Espada qué Lumen dejó, esa Arma no estaba anexada o esencia a su cuerpo como su armadura, por lo que no desapareció cuando Lumen lo hizo–
—¿Espada? –Repite ella, y veo cómo sus pupilas rojas se contraen ligeramente, un signo de súbita y aguda atención–
Lentamente y con una sonrisa divertida, me levanto de mi asiento, las cadenas resonando en el silencioso lugar.
—Espere… –Digo, mirándola a esos hermosos ojos rojos suyos– ¿Encontró la Espada, cierto?–
—¿Qué tiene que ver con eso?, ¿esa espada es el arma homicida que mató a mi Padre? –Pregunta ella, su voz ahora un siseo peligroso–
—No, no lo es –Niego con la cabeza– Pero, esa arma le dará las respuestas qué necesita –Afirmo, mi ceño fruncido en un tono de firmeza– Y cuando las tenga, entonces vuelva a mí, solo así podré decirle más–
—Bien, supongamos qué te creo, –Concede ella, aunque el escepticismo sigue fuertemente grabado en sus facciones. Noto el cambio al tuteo, una posible táctica de interrogación o quizás un desliz– Entonces, dime, ¿cómo puedo encontrar esa respuesta con solo esa arma?–
—Sonrío levemente– ¿No existen historiadores aquí?, o tal vez, coleccionistas de artefactos antiguos, incluso sirven aquellos que trabajan en Museos –Digo, mi tono cargado de diversión como una pequeña venganza por hacerme enojar con su incredulidad– Lleve esa arma a uno de esos expertos, y seguramente él, o ella, podrá darle más información–
Aunque claro, el tipo de información que obtenga dependerá enormemente de si ese historiador es un simple humano con acceso a textos mundanos, o un Surnaturel con conocimiento del Altern y sus linajes oscuros.
—¿Historiador? –Repite ella, la confusión volviendo a su rostro–
—Suspiro, la incredulidad ahora reflejándose en mi propio tono– ¿No conoce a ninguno?, ¿de verdad?, pero si es algo básico, algo que siempre viene el paquete de “Detectives”–
—La Detective niega con la cabeza lentamente– Ninguno, más que los de museos, pero dudo que nos quieran ayudar–
—¿En serio? –La sorpresa es genuina en mi voz–
Realmente estoy asombrado.
Que la hija de un Sehwert, alguien que vivió casi veinticinco años con un padre inmerso en el mundo sobrenatural, no conozca a ningún historiador o especialista que pudiera tener un pie en ambos mundos… eso sí que es bastante increíble.
—Bueno, entonces –Digo, intentando otra vía– Como dije antes, un vendedor de antigüedades de buena reputación, de esos que se especializan en piezas raras y con historia, esos también sirven–
—Tampoco –Dice ella, y su rostro y la leve sonrisa que esboza muestran un atisbo de vergüenza genuina ante su aparente falta de recursos en esta área tan particular–
—Oh que la –Choco la palma de mi mano contra mi rostro con una fuerza que casi me hace ver estrellas, la frustración me invade–
Intento recordar a alguien que yo conozca y que esté dentro de este país, algún contacto que pudiera arrojar luz sobre el Seytano o la naturaleza de esa espada demoníaca.
Sin embargo, tras unos momentos de intensa concentración, no me llega nadie a la mente.
Después de todo, rara vez visito la República Central, pues su gobernante me cae particularmente mal, y por eso mismo he evitado este territorio por décadas (50 años, para ser exactos).
—¡Ah!, lo tengo –Digo, recordando a alguien en particular, una presencia que noté antes.–
—¿Eh? –Pregunta la Detective, sus ojos rojos fijos en mí. inclinándose ligeramente hacia adelante, colocando las manos sobre la mesa, una clara muestra de expectativa–
Efectivamente, alguien que finalmente recuerdo de no hace mucho viene a mi mente.
—Esa Agente, la qué estaba en la escena del crimen, la de cabello rubio y ojos que habló por mí, ¿quién es?, ¿sabe cómo se llama? –Pregunto, expectante por la respuesta–
Debido a que estaba bastante afectado por la muerte del Oficial Montenegro en ese momento, y luego por la propia conmoción de ver a la Detective, no pude reconocer a esa mujer bien ni prestarle la debida atención.
Lo único que percibí claramente en ese entonces fue el halo particular que desprendía su Alma, una firma que me permitió reconocer que era una Surnaturel.
—Un suspiro de parte de la Detective se escucha– Lamentablemente yo tampoco conozco a todos los Agentes de Policía de esta Ciudad, así que no sabría que decirte su nombre o donde trabaja exactamente –Dice, su expectativa se borra rápidamente–
—¡Oh que la! –Digo, casi gritando por la exasperación, sintiéndome más frustrado que antes.–
—Ya, ya, no te enojes, no te enojes –Dice ella, y una ligera sonrisa divertida se dibuja en sus labios, a pesar de la gravedad de la situación. Parece que mi frustración le causa cierta gracia– Déjame hacer una llamada, creo saber cómo encontrarla–
—Mis ojos brillan de emoción y un alivio genuino se extiende en mi pecho– Bien, bien, dígale que venga rápido, aquí las espero–
—De acuerdo –Dice ella mientras se levanta y se aleja de la mesa, dirigiéndose hacia la puerta de la sala de interrogatorios–
Y bueno, ahora solo resta esperar a que esa misteriosa Agente qué es una Surnaturel aparezca y, con suerte, pueda aportar algo de luz a este embrollo.
_______________ >> 1 hora después >> _______________
El murmullo de una mujer me saca de la bruma del sueño.
Debo haberme quedado dormido sobre la fría y dura superficie de la mesa en esta sala de interrogatorios; la espera, combinada con el agotamiento físico y mental de los recientes acontecimientos, se hizo más larga de lo que mi cuerpo debilitado pudo soportar.
—Oye, despierta –Dice la voz, que reconozco como la de la Detective–
Después de unos minutos de espera me recosté sobre la mesa, sin querer durmiendome en el proceso.
Lo que me despertó fue otra voz femenina, distinta a la de la Detective.
—¿Quién…? –Murmuro, solo para segundos después emitir un bostezo que no puedo reprimir. Levanto la cabeza con lentitud, mis párpados pesados, mis ojos tratando de enfocar en la figura que se recorta contra la luz de la habitación– ¡Ah, es usted! –Exclamo en voz baja, reconociéndola al instante–
Frente a mí, efectivamente, está parada una mujer que calculo debe tener al menos unos treinta años.
Es la misma Agente de la escena del crimen, aquella de cabello rubio que intervino con la Detective Montenegro y que luego, antes de que me escoltaran, me dedicó ese guiño cómplice y enigmático.
Ahora, bajo la luz más directa y menos caótica de esta sala, puedo observarla con mayor detenimiento.
Su cabello es largo, de un rubio brillante y luminoso, liso y bien cuidado, cayendo con elegancia sobre los hombros de su impecable uniforme policial oscuro.
Pero son sus ojos los que capturan mi atención de inmediato y la distinguen: son de un verde tirando a color azul, y penetrante, casi como el hielo o un cielo boscoso, unos que me observan con una mezcla de profesionalismo y algo más, una chispa de inteligencia o quizás un conocimiento velado que no logro descifrar del todo.
Su rostro es de facciones bien definidas y armoniosas, con una piel clara y labios que ahora muestran una expresión neutra pero atenta.
El escudo de su departamento brilla discretamente en la manga de su uniforme, y las insignias en sus hombreras denotan su rango.
Definitivamente es ella, la Agente Surnaturel cuyo halo áurico mi percepción limitada pudo reconocer antes.
—¡Buenas! –La saludo con una alegría que incluso a mí me sorprende un poco, intentando transmitir algo de normalidad–
—Una sonrisa genuina se esboza en los labios de la mujer, y sus ojos verdiazules brillan con una chispa de diversión– Buenas –Responde, su tono es tranquilo, sereno, sin rastro alguno de la malicia o el temor que he percibido en los demás oficiales, pero también divertido, una burla que, curiosamente, no me irrita–
La mirada de la Agente recorre mi cuerpo, deteniéndose un instante en las gruesas cadenas que me sujetan firmemente a la silla y al suelo, y en las esposas de halo blanco que aún aprisionan mis muñecas.
No puedo evitar notar cómo mis ropas, antes elegantes, ahora están sucias y manchadas con la sangre seca del Oficial Montenegro, un detalle que sin duda contribuye a mi apariencia de ser el mayor criminal del mundo.
Tras su breve inspección, emite una pequeña risa, contenida pero claramente audible.
—¿Por qué estás así? –Pregunta mientras intenta aguantar la risa, aunque sus ojos delatan su diversión–
—Hice una broma sobre qué yo era un Demonio y los demás la creyeron –Respondo, mi tono cargado de un fingido agravio, aunque en el fondo me divierte la situación–
En ese instante, ella no puede aguantar más la risa y una sonora carcajada, clara y melodiosa, llena la pequeña y austera sala de interrogatorios, disipando un poco la opresión del lugar.
Es una risa genuina, sin burla, que me resulta sorprendentemente agradable.
—A nosotros no nos agradan los Demonios –Dice la Agente después de reírse y recuperar un poco la compostura, secándose una lágrima imaginaria del rabillo del ojo– Es normal que no te crean y se lo hayan tomado tan a pecho –Ella me mira con una expresión más seria, pero aún con un rastro de diversión– Trataré de hablar con los demás y explicarles para que te quiten todas esas restricciones ridículas a causa de tan agradable broma–
—¿Usted me cree? –Pregunto, la sorpresa tiñendo mi voz. Después de tantas miradas hostiles y acusaciones veladas, su actitud es un cambio drástico.–
—Así es –Responde ella con una simpleza y una seguridad que me desarman.–
Realmente estoy sorprendido.
Su reacción es tan diferente a la de todos los demás en esta estación, pues ella no solo no muestra el más mínimo atisbo de miedo hacia mí, a pesar de mi lamentable aspecto y la reputación que me han endilgado, sino que también parece creerme sin dudar.
Es… refrescante, y extrañamente reconfortante.
—Vi cómo trataste de ayudar al Oficial León, antes de eso también te vi luchando junto a él para matar a ese Demonio, así por supuesto que te creo –Responde ella, y una dulce, casi melancólica sonrisa se dibuja en su rostro–
—¿Qué cosa? –La voz de la Detective Montenegro, aguda y cargada de una urgencia impaciente, corta el aire. Rápidamente se acerca a nosotros, sus ojos rojos fijos primero en la Agente y luego en mí, demandando una explicación– ¿Qué has dicho?, ¿cómo es que lo vio?–
La Agente y yo nos miramos por un instante, una comprensión tácita pasando entre nosotros.
—Tras eso, ella acerca su rostro hacia mi oído, su voz ahora un susurro apenas audible por encima del zumbido de las luces de la sala– ¿Es la Detective la mujer que él Oficial te dijo que cuidaras. cierto?–
—Asiento ligeramente con la cabeza, mis ojos aún fijos en la peliblanca que nos observa con creciente sospecha, mientras me pregunto cómo supo eso, después le hago una seña para que se acerque a mí y me coloco cerca de su oído– Efectivamente, pero incluso cuando le conté la verdad de cómo murió su Padre y que también me pidió que la protegiera, ella sigue sin creerlo –Le susurro–
—La Agente suspira, resignada– Es verdad–
—Sin embargo, –Continúo susurrando, una idea tomando forma– tengo un plan, y ese es que, en base a una prueba infalible encontrada en la escena del crimen, pueda usted llevarla a alguien especializado que le pueda abrir un poquito los ojos, para así mermar ligeramente la racionalidad en ese cerebro característico suyo que su gente posee, pero sin abrumarla demasiado–
—La Agente asiente lentamente con la cabeza, procesando mis palabras– Buen plan, cuenta con mi ayuda –Luego, una sonrisa cómplice, casi traviesa, se forma en su rostro–
—Eso es lo que quería escuchar –Digo, una alegría genuina y un alivio inmenso inundándome.–
—Oigan ustedes dos, ¿qué tanto susurran? –La voz de la Detective Salieri, ahora teñida de una clara impaciencia y sospecha, nos saca de nuestra breve conspiración–
Tras terminar nuestra pequeña conversación, la Agente y yo la miramos.
No puedo evitarlo, y al parecer ella tampoco: la diversión está claramente tallada en nuestros rostros, casi como una ligera y compartida burla hacia su actual, y comprensible, ignorancia de los hechos reales.
—Por cierto, antes de iniciar, ¿cuál es su nombre? –Le pregunto–
—Agente Arisa Montessori Romanov –Responde ella, poniéndose instintivamente firme y haciendo un saludo militar lleno de profesionalismo– A tu servicio –Añade, y aunque su tono es formal, hay un brillo en sus ojos que sugiere que disfruta de esta pequeña conspiración–
—Oh, que buen nombre –Digo con una sonrisa que espero sea encantadora– Y no solo eso, déjeme felicitarla por tal belleza que usted posee–
—Gracias –Responde ella, un ligero rubor extendiéndose en su rostro–
—Ejem –El carraspeo deliberado y agudo de la Detective Montenegro, lleno de una impaciencia que ya no intenta disimular, me saca bruscamente de mi modo halagador. (No puedo evitarlo, es una debilidad mía; siempre me pasa cada que veo una belleza tan singular, un vestigio de mis incontables eras de… apreciación estética)–
Tras asegurarme de grabar su nombre completo en mi memoria (Agente Arisa Montessori Romanov, aunque por mis propias y a veces complicadas reglas de lenguaje, probablemente seguiré refiriéndome a ella como “Agente Montessori” o simplemente “la Agente” en mis pensamientos), continúo con el hilo de nuestra conversación anterior, antes de que la Detective llegara.
—Agente Montessori, ¿de causalidad usted conoce a un vendedor de antigüedades o historiador sumamente reconocido en?… –Pauso por un instante, mi mirada dirigiéndose sutilmente hacia su pecho, desde donde se genera ese halo particular y distintivo de su Raza Surnaturel– Ya sabe…–
—La Agente Montessori hace un gesto como si estuviera pensando profundamente, sus ojos verdiazules mirando un punto distante por unos segundos, luego, asiente– Sí, conozco a alguien. Es una antigua amiga mía, una total fanática de los artículos y la historia antiguos, sobre todo… –Ella desvía ligeramente la mirada, como si compartiera un secreto– Esa historia que tiene que ver con nosotros, con nuestro mundo.–
—Excelente –Digo, sintiendo una oleada de alivio– Entonces, basada en la reacción anterior de la Detective, estoy seguro que en la escena del crimen encontraron una espada, probablemente tenía inscripciones antiguas, tanto del Asteliano Moderno como en otros Sistemas de Lenguaje, así que me gustaría pedirle un favor–
—Oh, entiendo por dónde va el asunto –Dice ella, una sonrisa astuta iluminando su rostro, claramente capta nuestra pequeña obra y el propósito detrás de ella–
—Por favor lleve a la Detective y la espada con esa persona que usted conozca para que le expliquen a detalle el origen de dicha arma –Le pido, haciendo un gesto teatral para pedir un favor–
—La Agente asiente, una ligera diversión por mi acto se cierne en su delicado rostro– De acuerdo–
Tras eso, ambos miramos a la Detective Montenegro, quien yace con su mano derecha apoyada elegantemente en la cadera, el ceño fruncido con una mezcla de sospecha e irritación, observando nuestro pequeño teatrito con evidente desaprobación.
—Detective, esta Señorita… o Señora, de aquí, la llevará con una persona que podrá darle información acerca de esa espada que usted encontro–
—Señorita, a pesar de mi edad sigo sin tener novio, mucho menos esposo –Responde casi al instante la Agente Montessori, con una sonrisa amable pero firme–
—Entendido –Asiente la Detective, aceptando la propuesta, aunque una sombra de duda aún cruza sus ojos rojos. Probablemente quiere negarse, aferrarse a su lógica, pero sabe que esta es, por ahora, la única pista tangible y fuera de lo común que tiene en este intrincado y macabro caso– Sin embargo, hay un problema–
—Inclino ligeramente mi cabeza, mi curiosidad picada– ¿Cuál es? –Pregunto con confusión–
—Esa arma, la espada, es increíblemente pesada, uno de mis oficiales más corpulentos intentó moverla y no pudo ni levantarla un milímetro del suelo, así que no podemos simplemente cargarla.–
—Haa –Un suspiro de comprensión escapa de mis labios–
Claro, si hablamos de esa espada en particular, la que pertenecía a Lumen, entonces es verdad que ningún humano común, por más fuerte que sea, podría cargarla sin más.
Está imbuida con energías oscuras y su peso es mayormente conceptual, no tanto meramente físico. Por lo tanto, la única manera de moverla es inyectándole una cantidad significativa de alguna de las cinco Energías Primordiales, o una energía compatible, y al detectarla, la espada liberará temporalmente sus restricciones de peso, lo que permitiría manipularla.
—¿Por qué no usamos el Aligerador? –Pregunta de pronto la Agente Montessori, su voz clara y práctica–
—¿Tienen uno aquí? –Pregunto, genuinamente sorprendido–
Aligerador.
Son una creación de Lan Companies, específicamente de su división Securitas Tech, que se dedica a fabricar aparatos para facilitar la vida diaria de las personas.
El Aligerador es mayormente usado en construcciones de gran escala, donde se puede emplear para cargar enormes columnas de acero o bloques de materiales pesados.
También son cruciales en situaciones de rescate, para retirar escombros después de algún desastre natural o un ataque.
Posee cristales de Maná integrados que sirven como baterías principales, aunque su ingenioso diseño acepta cualquier otra Energía Primordial como fuente de recarga y su capacidad máxima de carga suele ir desde una tonelada hasta las cien, dependiendo del modelo.
Un aparato muy útil, sin duda.
—Así es, el Oficial lo compró para cuando se diera una ocasión –Responde la Agente Montessori, confirmando mi sorpresa– Por ejemplo ahora, cuando se requiere mover algo… inusual.–
—Perfecto –Digo, una sonrisa formándose en mi rostro– Entonces pídale a los demás que se lo den, enséñele a la Detective cómo usarlo y con eso lleven la Espada a esa persona –Digo–
—La Agente asiente con la cabeza, su expresión ahora más animada– Muy bien, así será–
La Detective nos mira, pasando su vista de la Agente a mí y viceversa, su ceño fruncido en una clara muestra de desconcierto.
—En serio, ¿de qué rayos hablan ustedes dos? –Pregunta, su voz teñida de una creciente exasperación–
Sonreímos.
Claramente parecemos cómplices de algo, pero, no puedo evitarlo, la Agente se complementa mucho conmigo, como una extraña sinergia, por eso es que es inevitable no llevarme bastante bien con alguien como esta mujer, quien incluso es capaz de entender mis intenciones sin necesidad de que yo use tanta palabrería.
—Como sea –Dice finalmente la Detective, con un suspiro que denota su frustración– Haré lo que estás diciendo, solo espero que no trates de hacer tiempo para escapar o algo así–
—Eso no pasará –Digo de inmediato, mi voz firme– Tengo que cumplir la promesa que le hice a su Padre –«Si no lo hago me muero», pienso para mis adentros, con un escalofrío sumandose a mi cuerpo–
—Lo que digas –Responde ella, con los ojos en blanco con escepticismo–
La Detective hace un gesto a los guardias que esperan en el pasillo, y la pesada puerta de la sala de interrogatorios se abre.
Los Agentes del Equipo Delta entran, listos para llevarme de regreso a mi celda.
—Por cierto Agente –Digo, girándome hacia la mujer de cabello rubio antes de que los guardias me escolten. Siento una punzada de vergüenza por mi ignorancia, pero la curiosidad es más fuerte– Sé que es usted una Surnaturel, lo percibí antes, pero debido a que perdí mucho de mi poder, mi capacidad para identificar Razas específicas está… comprometida –Me rasco ligeramente la barbilla en un gesto de leve incomodidad– Si no es mucho importunar, ¿podría decirme que es usted?–
—Ah, soy de la Raza Fuchsgenheit –Exclama ella con una sonrisa alegre y abierta, sin la menor traza de incomodidad, a pesar de que la Detective todavía está aquí mismo, observándonos con una expresión indescifrable–
—¡Oh, la Raza de Zorros de pelaje dorado qué usan Magia Blanca! –Exclamo, una genuina sorpresa y emoción reflejándose en mi voz– Eso es explica el porque usted es muy hermosa–
—Un ligero, pero encantador rubor se extiende por sus mejillas ante mí cumplido– Gracias–
Y eso también explica lo que dijo antes, sobre haber visto lo que sucedió en la cancha.
Los Fuchsgenheit son Surnaturel con rasgos zorrunos en sus formas Wesen y Wesnaf, y poseen la asombrosa capacidad innata de ver el pasado en una zona específica, como si reprodujeran una grabación de los eventos.
Los más poderosos entre ellos son capaces incluso de escuchar los sonidos, incluyendo las voces, con perfecta claridad. Por esta habilidad única es que son muy buscados, y la mayoría ejerce como Detectives o investigadores especializados en el Altern, donde sus dones son invaluables.
Sin embargo, su poder tiene un contra, un coste: siempre deben sacrificar algo para usar su habilidad de visión temporal. Algunos ofrecen su propia energía mágica, dejándolos agotados; otros, los más arriesgados o desesperados, eligen tomar de su propia esperanza de vida, acortando su existencia a cambio de la verdad.
—¿Por eso es que usted recomendó esta estación en particular? –Le pregunto, las piezas del rompecabezas comenzando a encajar en mi mente, mis dudas aclaradas–
—Así es –Confirma ella, y la sonrisa en su rostro se vuelve un poco más amplia– Aquí es donde trabajaba el Oficial León Montenegro, y como puedes ver –Hace un gesto vago hacia los guardias que me rodean– todos somos Surnaturel, así que supuse que tú, como una especie de Mehr-Wissen o algo parecido, podrías sentirte más cómodo y seguro aquí, en lo que la Detective descubría la verdad por otros medios –Entonces, una sonrisa abiertamente burlona se esboza en su rostro– Sin embargo…–
Una nueva carcajada, tan melodiosa como la anterior, sale de ella.
—Oiga… –Digo con un tono de lamento teatral, aunque una sonrisa también tira de mis labios–
—No importa, no importa –Dice ella, restándole importancia con un gesto de la mano y dándome una ligera y amigable palmadita en el hombro–, Hablaré ahorita que salgamos con los demás miembros de este Departamento y les explicaré la situación, les diré todo lo que vi y que eres inocente, así que no te preocupes–
En un instante, movido por una gratitud tan abrumadora que nubla mi juicio y cualquier protocolo de comportamiento en una situación como esta, me lanzo hacia ella ante la mirada completamente sorprendida de los demás presentes en la sala de interrogatorios.
El movimiento es tan repentino que toma a todos por sorpresa, tanto que un metálico y ominoso chasquido de las escopetas del Equipo Delta cercano, se escucha, lo que me permite saber que ahora mismo sus cañones me apuntan directamente, listos para disparar ante la más mínima señal de agresión de mi parte.
Sin embargo, para sorpresa de todos, especialmente de los guardias que tensan sus músculos, en vez de atacarla o intentar alguna estupidez, la abrazo fuertemente, aferrándome a ella como un náufrago a una tabla de salvación en medio de una tormenta.
—Gracias –Digo, mi voz ahogada por la emoción, cargada de un agradecimiento tan profundo que casi estoy a punto de llorar,– Usted, aparte del Oficial León, ha sido mi luz desde que llegué a este lugar, desde que terminé en este estado tan lamentablemente–
—Ya, ya –Responde la Agente, y en lugar de apartarse o mostrar incomodidad, recibe mi abrazo con una naturalidad sorprendente, dándome unas suaves palmaditas en la espalda, como si estuviera consolando a un niño pequeño– No olvides pagarme comprándome un dulce, me gusta los dulces, sobre todo los pasteles–
—Le aseguro que le compraré el más delicioso más adelante –Digo, separándome un poco, mi tono ahora una mezcla de sincero agradecimiento y una diversión que aligera el peso en mi pecho– No, es más, le cocinaré uno cuando tenga los medios–
—Entendido… ¿Sariel, cierto?–
—Asiento ligeramente con la cabeza– Así es. Mi nombre es Sariel–
La Agente Arisa asiente con una sonrisa radiante. Entonces, con renuencia, me libero de su abrazo.
Los miembros del Equipo Delta, que antes estaban en alerta máxima con las armas en alto, bajan con lentitud sus escopetas, aunque la tensión en sus posturas y la desconfianza en sus miradas no desaparecen por completo, pero aún así, me sujetan de nuevo con firmeza por los brazos, listos para llevarme de regreso a mi celda.
—Agente Montessori, ¿qué diablos acaba de pasar? –Escucho que pregunta la joven Detective desde la puerta, su voz una mezcla de asombro y una creciente irritación, antes de que me saquen completamente de la habitación–
—Je, je, es un secreto –Responde la Agente Arisa, y puedo oír la diversión y el misterio en su voz, sin revelar absolutamente nada más–
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com