Ekstern - Capítulo 13
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Capítulo 13: Capítulo 2 – Detective | 2.3: Una Nueva Conocida
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—Y entonces eso es lo que pasó –Concluye la Agente Montessori, su voz resonando con la convicción de la verdad presenciada–
Tal como le prometió, buscó a sus colegas Surnaturel, aquellos que han estado involucrados en la custodia de Sariel o que simplemente han sido testigos de su llegada y la tensión que lo rodea, los reunió en la recepción, usando un artículo para bloquear su conversación a oídos humanos indiscretos
Con la autoridad inherente que le confiere su linaje y la claridad prístina de su don para ver el pasado, les explica con detalle todo lo que ella vio en la cancha: la brutal emboscada de Lumen, la valiente y desesperada defensa del Oficial León Montenegro, y crucialmente, los frenéticos intentos de Sariel por proteger al Oficial y combatir al demoníaco esbirro, aun con sus propios poderes visiblemente mermados y su vida en peligro.
Les narra la impotencia de Sariel al no poder sanar a León, su angustia y su posterior y extraña interacción con la Detective.
Gracias a esto, a las vívidas escenas narradas por una Fuchsgenheit (cuya capacidad para revivir los acontecimientos es legendaria y raramente cuestionada entre la comunidad Surnaturel, pues ven la verdad sin filtros), la idea preconcebida que tenían sobre Sariel, alimentada por su propia broma desafortunada y la apariencia inicial de la escena del crimen, cambia completamente.
Las miradas de recelo se transforman; el odio y el temor que sentían hacia él se disipan como la niebla matutina, reemplazados por un respeto a regañadientes que evoluciona rápidamente hacia una admiración palpable por su valentía y su intento de proteger a uno de los suyos, a un colega tan querido como lo era el Oficial León Montenegro.
—Creo que le debemos una disculpa –Dice finalmente el Oficial Marcus Thorne, un hombre alto y de complexión delgada, con el cabello oscuro y rizado enmarcando un rostro de facciones pensativas y piel olivácea. Sus ojos marrones, usualmente analíticos, ahora reflejan una seria consideración.–
—Sobre todo tu, Chamber –Añade con voz firme la Sargento Lena Petrova, una mujer de complexión atlética y compacta perteneciente al Equipo Delta. Su corto cabello rubio y sus penetrantes ojos azules no pierden detalle, mientras su mirada se clava en el corpulento oficial que antes escoltó a Sariel a la celda.–
—Si, lo sé –Murmura el aludido, el Oficial Chamber Davies. Su usual semblante rudo y su complexión robusta ahora se ven disminuidos por una evidente vergüenza, su cabello rubio arenoso, ya ralo en las sienes, parece pegarse a su frente sudorosa, y sus pequeños ojos avellana evitan el contacto visual con los demás–
Los murmullos se extienden entonces entre los uniformados Surnaturel presentes.
Gracias al discreto dispositivo de contención sónica y visual que siempre se activa en estas reuniones improvisadas dentro de la comisaría, sus conversaciones son inaudibles e invisibles para cualquier humano que pudiera estar cerca, preservando el delicado velo entre mundos.
Lo que comienza como sorpresa y una reevaluación de los hechos, se transforma gradualmente en reproches entre sí por su juicio precipitado y su trato hostil hacia Sariel, sin embargo, de esos murmullos una clara convicción comienza a emerger: la necesidad de disculparse con ese joven de ojos ahora rojos (verdes para ellos), el mismo que, tras el testimonio de Arisa, poco a poco comienzan a considerar no como una amenaza, sino como alguien que luchó junto a uno de los suyos, alguien que, a su extraña manera, ya forma parte de su complicado mundo.
—Oye Arisa, ¿sabes qué es ese joven? –Pregunta el Oficial Jin, un hombre joven de ascendencia hikariana, con el cabello negro y lacio atado en una corta coleta que resalta sus ojos oscuros y agudos– ¿Un Mehr-Wissen?, ¿un Celestial?, ¿un Dios Menor con amnesia?–
—Arisa niega con la cabeza mientras sus ojos verdiazules recorren los rostros de sus colegas– Ni idea la verdad, no vi alguna señal qué indicara su tipo, su aura era igual a la de un Humano, sus ojos no brillaban, no había en ellos una cúpula que lo rodeaba completamente, no vi mi verdadera forma reflejada en ellos, tampoco sentí opresión alguna ni menos una cálida sensación como presentan los Celestiales–
—Entonces, ¿cómo sabe de nosotros? –Pregunta la Oficial Anya Sharma, una mujer de piel cálida y ojos oscuros y amables, su largo cabello negro trenzado cayendo sobre un hombro– ¿Crees que sea un Kehrseite-Schlich-Kennen?
—Lo dudo –Interviene el Oficial Borin, el Varkmes que escoltó a Sariel, su forma humana robusta cruzada de brazos, mientras el Oficial Kael, el Kamesto, solo asiente con la cabeza de forma enfática, su largo cuello destacando incluso en su forma Seige.– Sabía de nosotros, incluyendo que nosotros los Varkmes estamos casi estamos extintos–
—Si, y también comprendió bastante cuando le dije que yo era una Fuchsgenheit –Añade Arisa, apoyando la duda– Un Kehrseite, por más estudioso que fuera, sin duda sería incapaz de saber tanto sobre esto–
—Es verdad –Dice el Oficial Finnigan “Finn” O’Connell, un hombre pelirrojo y pecoso de complexión delgada, asintiendo–
—Capaz sea un nuevo tipo de Mehr-Wissen –Añade la Oficial Elara Vance, una joven de ojos verdes brillantes y cabello castaño rojizo corto y algo revuelto, con una clara expectativa en su voz–
—¿Tú crees? –Replica el Oficial Gregor, un tipo mayor, fornido, con una barba canosa y una expresión perpetuamente escéptica–
—¿Puede, no?, digo, cuando estuve cerca de él no tuve ningún síntoma qué solemos tener cuando estamos cerca de un Mehr-Wissen, esa presión en el aire, ni esa distorsión sutil en mis sentidos. –Interviene la Oficial Sofia Chen, una mujer mestiza, proveniente del bajo Xian, de mediana edad, de cabello negro recogido en un moño pulcro y una calma imperturbable, que había pasado por el pasillo cuando el Equipo Delta escoltaba a Sariel– Capaz y sí hay otro Mehr-Wissen más de los 15 que existen actualmente–
—Bueno, la Diosa es la única que es capaz de crear nuevos Mehr-Wissen, pero actualmente la Diosa está muerta o sellada o quien sabe que, y dudo que la selección natural o la naturaleza misma sea capaz de crear nuevos tipos –Comenta el Oficial Kenji Tanaka, un hombre de aspecto serio, también proveniente de la República de Hikari, con el cabello negro y pulcramente peinado y gafas de montura fina–
—Realmente no creo que sea eso último tan imposible –Añade la Capitana Eva Rostova, una veterana del departamento, de cabello plateado recogido con severidad y ojos grises que han visto más de lo que la mayoría podría imaginar. Su presencia, incluso en esta discusión informal, impone respeto– He leído que existen seres con el poder de la Creación que han creado Mehr-Wissen, por ejemplo, se dice que una joven mujer de cabellos rojos, cuyo nombre se ha perdido en el tiempo, fue quien creó a los Dissei para combatir las plagas de la Era del Caos–
—Es cierto –Confirma el Teniente Mikhail Volkov, un hombre de hombros anchos y expresión reflexiva– Además, según los escritos de la Catedral de la Santa Patrona y el Defensor Celestial, la Iglesia allá en el Altern, Mikleo, el Regente del Araboth, creó a los Sagatore para lidiar con las narrativas corruptas, por lo que es posible que aún existan seres capaces de crear nuevos–
Todos hacen una pausa, asimilando las implicaciones.
La conversación los ha llevado de un simple detenido a especulaciones sobre dioses, creación y el balance de poder en el mundo, todos tratando de saber qué Raza o tipo será el joven hombre de cabello negro alborotado y ojos que ellos vieron verdes (sin saber que Sariel los había alterado para ocultar su verdadera naturaleza), ese ser que ha llegado a su ciudad trayendo consigo muerte, misterio y preguntas que desafían su comprensión del mundo.
—¡Ya sé!, tengo una idea de que pueda ser –Exclama de pronto la oficial Elara Vance, la joven de ojos verdes brillantes y cabello castaño rojizo, aunque su tono es más de una burla juguetona que de una conclusión seria.–
—¿Qué?, cuenta, Vance, ilumínanos –Responde el Oficial Finn O’Connell, el pelirrojo, con una sonrisa expectante–
—Y si…, ¿es un Ekstern?… –Dice ella, una sonrisa traviesa jugando en sus labios– Encajaría muy bien con ellos al no encajar con ninguno de los demás conocidos… ¿no creen?–
Todo el lugar se queda en un repentino silencio por un par de segundos.
Y tras eso, la sala improvisada de reunión se inunda de sonoras carcajadas por parte de la mayoría de los presentes.
—Oh vamos, los Ekstern no existen, son cuentos de hadas –Exclama el Oficial Gregor, el veterano escéptico, mientras trata de controlar su risa bonachona–
—Con su debido respeto, Oficial Gregor, pero la Diosa Astel es, técnicamente, una Ekstern, ella no nació en nuestro mundo, vino de fuera y creó la vida aquí, así que, tan cuentos de hadas pues no son –Corrige el Oficial Kenji Tanaka, el de aspecto serio y gafas, siempre preciso con los datos–
—Pues sí, Tanaka, tienes un punto en eso, –Concede la Capitana Eva Rostova, la veterana de ojos grises penetrantes, asintiendo levemente– pero dudo que un Ekstern, si es que existen aparte de la Diosa, aparezca en este pequeño estado–
—Eso es verdad, Capitana –Dice la joven Oficial Elara, su entusiasmo inicial un poco disminuido–
—Además –Interviene el Oficial Borin, el Varkmes, con su voz grave y pragmática– Ese joven se veía y se sentía, en esencia, como un humano común y corriente, aunque con un aura extraña. Los Ekstern, según todas las leyendas y los pocos fragmentos de conocimiento que poseemos, son seres de un poder inimaginable, casi absoluto, por lo que los Círculos Akrani, incluso los de Rango Emperador, no servirían para nada contra uno de ellos, ni las esposas especiales que le pusimos, simplemente podría romperlas y escapar de este lugar en cualquier momento si así lo deseara. –Hace una pausa, mirando a sus compañeros– Sin embargo sigue aquí, incapaz de irse o incluso moverse con libertad–
—Cierto, cierto –Asienten varios oficiales, la lógica del Varkmes pareciendo irrefutable–
—Saben –La Agente Arisa Montessori, que también se reía discretamente ante la ocurrencia de Vance, de repente se pone seria, su expresión pensativa– Ese chico, Sariel, dijo que tenía que cumplir una promesa que le hizo al Oficial Montenegro, y que por esa razón no podía irse de aquí, que debía quedarse y ayudar a la Detective Salieri…–
Las risas cesan por completo.
Los demás oficiales se miran entre sí, un nuevo tipo de silencio, más reflexivo, cayendo sobre el grupo. La idea de un ser poderoso, quizás un Ekstern, atado por una promesa a un mortal, a uno de los suyos… es una noción que les resulta aún más extraña y difícil de procesar.
—Nahh –Murmura finalmente el Oficial Gregor, encogiéndose de hombros, como si desechara una idea demasiado complicada o improbable–
Finalmente, aunque la identidad de Sariel sigue siendo un misterio, llegan a una conclusión tácita: es alguien con conocimientos del Altern, posiblemente poderoso en otras circunstancias, pero actualmente vulnerable y, lo más importante, inocente de los asesinatos, y, por alguna razón, atado a una promesa con el difunto Oficial León Montenegro.
Con eso, por ahora, tendrán que conformarse.
Entonces, justo cuando la animada, y por momentos tensa, conversación entre los oficiales Surnaturel sobre la verdadera naturaleza de Sariel llega a esta pensativa, aunque no del todo resuelta, conclusión, el sonido de unos pasos decididos acercándose por uno de los pasillos principales hace que el grupo se disperse con rapidez y una discreción casi profesional.
El sutil campo de privacidad que amortiguaba su conversación se desactiva, y los agentes vuelven a sus puestos o a diversas tareas, dejando a la Agente Arisa Montessori sola en el área de recepción cuando la Detective Salieri regresa.
Viene del “Almacén subterráneo”, como lo llaman, una zona de la comisaría donde se guardan equipos especiales y evidencia voluminosa. En sus manos, Salieri lleva un maletín metálico de aspecto robusto y oficial mientras se acerca a la Agente Montessori, quien la espera con una expresión neutra pero atenta.
Salieri coloca el maletín sobre el mostrador de recepción vacío más cercano y lo abre con un par de movimientos precisos.
En el interior, descansando sobre un acolchado de espuma negra de alta densidad, se revela un par de guanteletes de aspecto formidable y futurista.
Son claramente el “Aligerador” del que hablaban antes, cada guantelete, que cubre desde el antebrazo hasta los dedos, está construido con múltiples placas de una aleación metálica de tonos plateados y grises, articuladas con una ingeniería compleja, varios círculos y líneas de un azul brillante, como pequeños núcleos de energía o conductos, pulsan con una luz constante desde la superficie del dorso de la mano y a lo largo del antebrazo, sugiriendo una tecnología avanzada y una considerable fuente de poder interna.
—Oiga Agente Montessori, ¿esto es a lo que se refería ese chico, y lo que quería que llevara? –Pregunta la Detective Salieri, su mirada fija en los impresionantes guanteletes, luego levantándola hacia Arisa, buscando confirmación–
Sin embargo, su mirada, a pesar de la impresión por los guantes dentro, también mostraba cierta diversión.
—¿Guantes?, ¿en serio?–
Efectivamente.
El Aligerador, a pesar de su nombre que podría sugerir una maquinaria más voluminosa, no es más que un par de guantes biónicos de alta tecnología, su diseño permite que, al ponérselos, una persona pueda multiplicar su capacidad de carga muchas veces por encima de su propia fuerza física, permitiéndole levantar y manipular objetos de un peso considerable con relativa facilidad.
Aunque claro, la magnitud de esta amplificación de fuerza siempre depende del modelo específico y de la fuente de energía que utilice.
—Cuídelos bien, el Oficial León gastó una fortuna en estos, son el último modelo de Securitas Tech –Le indica la Agente Arisa Montessori a Salieri, su tono ahora más serio, aunque con un brillo juguetón en sus ojos– Aunque bueno, –Añade con una leve sonrisa irónica– para personas de su clase social, seguramente lo que él gastó sería el equivalente a comprar un dulce o una baratija–
—Tan pronto como a Salieri se le reafirma el hecho de que fueron adquiridos por su padre, y que eran una herramienta en la que él confiaba, asiente con una nueva seriedad, su expresión volviéndose resuelta – Entendido, los trataré con el debido cuidado –Dice ella, incluso ignorando las palabras de Arisa sobre su alto estatus social, algo que a ella personalmente le desagrada que le recalquen o usen para definirla–
Con los guanteletes ahora en posesión de Salieri, la Agente Arisa se gira hacia los demás oficiales Surnaturel que aún permanecen dispersos por la recepción, observando la interacción con discreta curiosidad.
—Ustedes, les encargo a ese chico, tratenlo bien esta vez –Les dice Arisa, su voz clara y con una autoridad recién asumida–
—No te preocupes, dejanoslo a nosotros –Gritan varios de los oficiales Surnaturel casi al unísono, sus tonos ahora desprovistos de la hostilidad anterior–
Al finalizar esta breve pero importante conversación, la Agente Arisa y la Detective Salieri salen juntas del edificio policial.
El aire fresco de la mañana las recibe mientras se dirigen con paso decidido al auto de Salieri.
Tras eso, sin necesidad de intercambiar más palabras por el momento, ambas se embarcan en el vehículo, rumbo de nuevo a la escena del crimen en el Centro Recreativo Lanel, donde aún yace la extraña y pesada espada, esperando ser reclamada y, quizás, revelar algunos de sus secretos.
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10:20 de la mañana
Veinte minutos después la Detective Salieri Montenegro y la Agente Arisa Montessori Romanov regresan al Centro Recreativo Lanel.
El sol está más alto ahora, disipando las sombras de la madrugada, pero no la opresión que todavía se cierne sobre la escena del crimen.
Mientras tanto, el área sigue acordonada, y el personal forense continúa con su meticulosa labor.
—Detective, bienvenida de nuevo –El Sargento Miguel Herrera, un hombre de mediana edad, de complexión robusta, cabello entrecano y un poblado bigote que le da un aire de autoridad veterana, quien es el encargado de la escena, al ver a Salieri volver, se dirige rápidamente hacia ella, su rostro mostrando el cansancio de una larga mañana.–
—¿Han encontrado algo más? –Pregunta Salieri tan pronto como se acerca, sus ojos rojos barriendo el área en busca de cualquier novedad.–
—Nada significativo, Detective –Responde él, negando con la cabeza–
—¿Los cuerpos? –Pregunta Salieri, notando que en el lugar ya no se encuentran los restos de las primeras dos víctimas, ni el de su padre–
—Han sido enviados a la morgue, según el protocolo, además, las familias de los Agentes Clinton y Hernández ya han sido comunicadas del trágico incidente, y se está procediendo con todo el papeleo correspondiente –Responde el Sargento Herrera con tono sombrío– Y en el caso de su padre, la Fiscal Lafayette se ha encargado personalmente de coordinar el traslado y los procedimientos iniciales–
—Muy bien –Asiente Salieri al escuchar al sargento hablar sobre la Fiscal Lafayette. Sabe que los lazos entre la familia Lafayette y los Montenegro son profundos y antiguos, más estrechos incluso que con otras familias prominentes como los Rockefeller, además, siendo la seguridad nacional y los casos de alta complejidad el área de especialización de la Fiscal Lafayette, Salieri confía en que era la mejor opción para manejar una situación tan delicada y personal.–
Tras la breve conversación, Salieri, seguida de cerca por Arisa, se dirige con paso decidido hacia la zona de los matorrales detrás de la canasta de baloncesto, donde había encontrado la extraña y ominosa espada.
—¿No la han movido? –Pregunta ella al llegar, y aunque su tono es profesional, no puede evitar que una leve diversión se filtre al ver el arma aún clavada exactamente en el mismo sitio–
—Lo hemos intentado, Detective, créame. –Responde el Dr. Alist Finch, uno de los forenses, un hombre mayor, delgado, con el cabello gris y ralo y unas gafas de montura fina que parecen a punto de caerse de su nariz. Su voz suena cargada de un genuino desgano y una pizca de vergüenza profesional– Varios de los muchachos más fuertes lo intentaron, pero esa cosa está como soldada al suelo.
La Agente Arisa alza una ceja con escepticismo ante las palabras del forense.
Claramente sabe que eso es una mentira, pues entre los oficiales presentes hay varios Surnaturel que podrían moverla sin demasiado esfuerzo.
—Entiendo –Asiente Salieri, sin insistir, aunque una leve sonrisa tira de sus labios. Sabe que hay más en esa espada de lo que cualquiera aquí puede comprender por ahora–
Rápidamente Arisa le da el maletín con el Aligerador a Salieri, esta, con calma, se arrodilla y coloca el maletín metálico en el suelo junto a la espada, lo abre con rapidez, revelando los guanteletes tecnológicos del Aligerador ante un público compuesto por los oficiales y técnicos forenses restantes, quienes ahora la observan con una mezcla de curiosidad, asombro y una creciente confusión.
Salieri entonces comienza a colocarse los guantes con movimientos precisos y seguros, esto gracias a su rápido aprendizaje, pues en el auto, Arisa le explicaba el uso y funcionamiento de estos, mostrándole incluso un video que ella veía en las paradas de los semáforos.
—He encargado qué realicen el papeleo para poder llevarme el arma –menciona Salieri, dirigiéndose a la Dra. Evelyn Hayes, la forense a cargo de la escena, una mujer de mediana edad, de cabello oscuro pulcramente recogido y ojos grises agudos que no pierden detalle– Creo saber dónde hay una pista qué pueda resolver parte de esta incógnita, por eso es que me la llevaré–
—Entendido Detective, pero, solo no se olvide que esto es parte de la escena del crimen –Responde la Dra. Hayes, su tono profesional y sin objeciones, aunque una ceja se arquea ligeramente ante la inusual petición– Necesitaremos que la devuelva más tarde–
—Lo sé –Asiente Salieri, su expresión seria–
Tras colocarse los guantes biónicos, estos rápidamente se activan, una serie de luces azules a lo largo de los antebrazos y el dorso de sus manos se encienden con un suave zumbido, indicando que el sistema está operativo y listo para amplificar su fuerza, justo como ella había visto en esos videos.
Y una vez activados, la Detective se inclina y toma la empuñadura de la imponente espada.
Esta, que antes era tan sumamente pesada que ni el más fuerte de los oficiales presentes pudo moverla, ahora cede con una facilidad sorprendente.
Al ser levantada del suelo, la hoja oscura se ve envuelta en un tenue halo azulado, una resonancia energética producto de la interacción con el campo de fuerza del Aligerador, este mismo halo parece cubrirla por completo, haciendo que su antes enorme peso se vea disminuido a un punto donde para Salieri se siente como si estuviera cargando una simple pluma de ave.
—Ja, ja, mira eso, Johnson, te reemplazaron, amigo –Dice un uniformado a otro con tono divertido–
—Cállate –Replica este, aunque una sonrisa avergonzada se dibuja en su rostro–
Si bien era cierto que muchos uniformados y técnicos forenses humanos estaban visiblemente impresionados, casi boquiabiertos, por ver el Aligerador en acción y la facilidad con la que la Detective Salieri ahora maneja el arma masiva, esta reacción únicamente se limita a ellos.
Para los Surnaturel presentes en la escena, aquellos a quienes la Agente Arisa ya ha puesto al tanto de la situación de Sariel, el uso de los guanteletes es casi una broma, un insulto velado a sus propias capacidades.
Varios de ellos, al menos cinco según un rápido sondeo visual que Arisa podría hacer, poseen la fuerza y el poder inherente suficientes como para mover esa espada sin necesidad de artilugios tecnológicos.
Aunque claro, debido a que ellos podían detectar con claridad la energía maligna y corrupta que fluía ominosamente de la hoja y su empuñadura, ninguno se había atrevido a intentarlo antes, prefiriendo la cautela a una demostración de fuerza innecesaria y potencialmente peligrosa.
—Vamos –Dice Salieri, mirando a la Agente Arisa Montessori, indicando que es hora de llevar el arma con el experto–
—Ella asiente rápidamente, su expresión profesional y lista– Bien–
Una vez de vuelta en la zona de estacionamiento improvisada cerca del centro recreativo, Salieri se dirige hacia su vehículo, una camioneta utilitaria de un elegante color negro, con los vidrios polarizados y sin insignias policiales visibles; las luces y sirenas están discretamente ocultas, haciéndola parecer una camioneta familiar común y corriente, perfecta para no llamar la atención innecesariamente.
De inmediato, Salieri intenta maniobrar la larga espada, aún sujeta por los guanteletes activos, para colocarla en la parte trasera de su camioneta.
—Espere, Detective –Exclama Arisa, deteniéndola con un gesto rápido antes de que la hoja toque el interior del vehículo–
Sin embargo, es rápidamente detenida por Arisa.
—¿Qué pasa? –Pregunta ella, confundida–
—Por lo que puedo ver en la información que emiten los guantes y por la naturaleza del arma misma, esta espada pesa aproximadamente diez toneladas sin el efecto del Aligerador –Explica Arisa, su tono serio– Definitivamente su auto no lo soportará si el campo de los guantes se desactiva con la espada dentro. Podría atravesar el suelo del vehículo.–
—… –La Detective Salieri parpadea, procesando la información–
10 toneladas, efectivamente, esto no había sido previsto por ella.
—¿Entonces?, ¿cómo se supone que la transportemos? –Pregunta Salieri, una línea de frustración marcándose en su frente–
—Permítame un momento –Dice Arisa con calma–
Arisa extiende sus brazos hacia Salieri y después toca con sus manos ambos pares de guanteletes mientras la Detective aún sostiene el arma con ellos.
Cierra los ojos por un instante y hace un gesto sutil, como si estuviera acariciando o ajustando algo invisible en la superficie de los guantes.
—Listo –Anuncia Arisa, abriendo los ojos–
—¿Eh?, ¿listo qué? –Pregunta Salieri, sin comprender–
Aunque, realmente, lo que ella acaba de hacer es engañar al sistema de seguridad de los guantes Aligerador. Ha imbuido una pequeña cantidad de su propia Energía Primordial, su Maná, en los sensores internos de los guanteletes, simulando el calor y la presión de las manos de una persona en su interior, algo crucial, puesto que, al extraer las manos de los guantes, el sistema normalmente se desactivaría de inmediato, y el objeto que estos estuvieran sosteniendo volvería a su peso original de forma instantánea.
—Ahora sí, Detective, coloque el arma con los guanteletes en el auto, sin embargo, asegúrese de que los guantes sigan sosteniéndola firmemente, no los retire usted de la espada bajo ninguna circunstancia hasta que lleguemos a nuestro destino y podamos descargarla de forma segura.–
—Salieri, visiblemente confundida por la maniobra de la Agente pero intuyendo que es necesario, acepta la petición con cautela– Si usted lo dice…–
Con cuidado, coloca la espada, aún firmemente agarrada por los guanteletes activos, en el maletero de la camioneta.
Por suerte para ella, cuenta con la Agente Montessori para ayudarle a quitarse los guantes de sus propias manos, puesto que antes estaban ocupadas sosteniendo el arma.
Arisa, con un movimiento fluido y delicado, auxilia a Salieri para retirar sus manos de los guanteletes uno por uno, asegurándose a su vez de que el sistema no detecte la extracción y mantenga el campo de aligeramiento activo sobre la espada.
—Gracias Agente Montessori, no sé qué habría hecho sin su… particular conocimiento –Agradece Salieri con una pequeña sonrisa, una vez que sus manos están libres y la espada reposa, aparentemente ligera, en el maletero–
—De nada, Detective –Responde Arisa, inclinándose ligeramente hacia ella en un gesto de respeto y camaradería– Para eso estamos–
Tras terminar de asegurar la inusual carga, ambas suben de nuevo al auto.
La Detective Salieri Montenegro toma el volante, su expresión ahora una mezcla de determinación y una creciente aceptación de lo extraño, mientras que la Agente Arisa Montessori Romanov se acomoda en el asiento del copiloto.
—Bien, Agente Montessori, ahora, diríjame hacia el lugar donde se encuentra su amiga experta –Dice Salieri, encendiendo el motor–
—En ese caso, por favor diríjase al centro de la ciudad, desde allí le comenzaré a dar indicaciones más precisas –Responde Arisa, ya con el cinturón de seguridad puesto–
—Bien –Asiente Salieri, y pone la camioneta en marcha, dejando atrás la perturbadora escena del crimen–
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Centro de Melbury, Ciudad de Melbury, República Central.
11:10 de la mañana.
El viaje en la camioneta negra de la Detective Salieri transcurre con eficacia, con la Agente Arisa, sentada en el asiento del copiloto, guiando a Salieri a través del bullicio del centro de la ciudad.
—Gire a la izquierda en la próxima esquina, Detective –Indica Arisa, su voz calmada–
—Entendido –Responde Salieri, maniobrando el vehículo con pericia–
—¿Ve usted ese edificio de allí, el de la esquina? –Pregunta Arisa, señalando hacia adelante– ¿Ese que parece de otra época y no se mezcla para nada bien con todos los demás rascacielos modernos de cristal y acero que lo rodean?, bueno, ahí está la tienda de Katerina.–
Finalmente, tras seguir las indicaciones, Salieri estaciona la camioneta en la Calle Relicario, Número 47, en el corazón del Distrito de Oficinas.
Y tal como la Agente Montessori describió, el edificio en la esquina es una anomalía arquitectónica encantadora en medio de la jungla de concreto y vidrio del centro de Melbury, una estructura de dos pisos, de piedra clara, con una elegancia propia de finales del siglo XIX o principios del XX. Su fachada de esquina presenta grandes escaparates en la planta baja, con marcos oscuros y elegantes, sobre los cuales se lee en letras doradas y estilizadas: “NOCTURNA ANTIGÜEDADES”.
El segundo piso ostenta ventanas más pequeñas, con molduras ornamentadas, y la línea del techo está rematada con detalles decorativos y un frontón curvo en la esquina que le confiere un aire distinguido y casi desafiante ante los gigantes modernos que lo flanquean.
La calle frente a la tienda aún conserva un tramo de adoquines grises, y farolas de hierro forjado de estilo antiguo se alinean en la acera, contribuyendo a la sensación de haber retrocedido en el tiempo al llegar a este pequeño reducto de historia.
Es, sin duda, un lugar que no se mezcla con su entorno, un oasis de lo antiguo en un desierto de lo contemporáneo.
—De verdad que no entona para nada –Dice Salieri, y una leve risita escapa de sus labios mientras contempla la estructura–
Efectivamente, la tienda de antigüedades, con su arquitectura de estilo barroco o neoclásico recargado, sus cornisas ornamentadas y sus grandes ventanales de marcos oscuros, definitivamente no entona en absoluto con los modernos y altísimos edificios de oficinas de cristal y acero que se elevan a sus lados como gigantes impasibles.
Lo mismo sucede con el pavimento frente a la tienda; un tramo de la Calle Relicario aún conserva su empedrado con adoquines grises y desiguales, un vestigio del pasado que contrasta marcadamente con el asfalto liso y funcional de las demás calles del centro de la ciudad.
—Pero aún así es un bonito lugar –Admite Salieri, porque para ella es imposible negar algo tan obvio. El edificio tiene un encanto particular, una personalidad que desafía el tiempo–
Ambas mujeres, tras estacionar la camioneta negra justo frente a la tienda, bajan del vehículo y se dirigen con paso decidido hacia la entrada del edificio de antigüedades.
A medida que se acercan a la puerta de madera oscura y cristales biselados, comienzan a percibir un aroma peculiar que flota en el aire, intensificándose con cada paso.
Es una mezcla compleja y evocadora: el olor a polvo antiguo, a papel y pergamino de incontables tomos que han reposado durante décadas o siglos, a madera noble pulida por el tiempo y las manos, y algo más, algo indefinible, casi etéreo, como si el propio lugar guardara entre sus paredes los secretos olvidados de eras pasadas y el eco de susurros arcanos.
—Bonito lugar –Dice Salieri, su voz apenas un susurro de admiración mientras cruza el umbral de “Nocturna Antigüedades” junto a Arisa–
Frente a sus ojos se extiende un espacio que parece pertenecer a una era completamente distinta a la del bullicioso centro de Melbury que acaban de dejar atrás.
Es una sala vasta y de techos increíblemente altos, que se pierden en la penumbra de una bóveda o un artesonado oscuro muy por encima de sus cabezas, la luz principal proviene de un enorme y ornamentado candelabro de bronce o latón que cuelga majestuosamente en el centro, sus múltiples luces artificiales emitiendo un brillo cálido y dorado que se refleja en innumerables superficies pulidas. A esto se suma la luz natural que se filtra a través de una serie de ventanas altas y arqueadas situadas en lo que parece ser una galería o un nivel superior que rodea la sala principal.
El suelo está cubierto por una alfombra gruesa de un tono azul profundo o gris pizarra, que amortigua el sonido de sus pasos, contribuyendo a una atmósfera de quietud y reverencia, las paredes, de un color oscuro y elegante, están revestidas con elaboradas estanterías y vitrinas de madera noble, oscura y ricamente tallada, que se elevan hasta casi alcanzar la galería superior.
Dentro de estas y sobre numerosas mesas de exhibición con cubiertas de cristal, se despliega una asombrosa colección de antigüedades: delicadas figuras de porcelana, juegos de té de plata reluciente, jarrones de cerámica con intrincados diseños, cristalería tallada que destella con la luz, y una miríada de otros objetos curiosos y aparentemente valiosos, cada uno con su propia historia silenciosa. El aroma que percibieron al acercarse ahora se intensifica: una rica mezcla del polvo de los siglos, la cera de muebles antiguos, el cuero de encuadernaciones vetustas, y ese indefinible toque especiado o herbal que sugiere inciensos exóticos o pociones olvidadas.
Es un lugar que no solo exhibe el pasado, sino que parece respirarlo. Hacia el fondo de la sala, se adivina un mostrador más robusto, y una puerta que promete conducir a más estancias llenas de tesoros y misterios.
—Oh, ¡bienvenidos! –Una exclamación proviene del fondo de la vasta sala, donde se adivina un mostrador más robusto–
Al empujar la ligera puerta de madera oscura de “Nocturna Antigüedades”, una campanilla de bronce antiguo, colgada justo encima del marco, tintinea alegremente, su sonido claro y sorprendentemente penetrante rompiendo el silencio reverente del interior, llamando a su vez inmediatamente la atención de una mujer que emerge de detrás de una alta estantería repleta de grimorios y objetos curiosos
—Bienvenidos a Nocturne Antigüedades –Exclama ella de nuevo, su dulce voz resonando con una calidez inesperada en el espacioso y solemne lugar– Finalmente tengo clientes, finalmente podré comer –Añade con un toque de dramatismo juguetón–
Arisa al escuchar esto, pone los ojos en blanco con una familiaridad divertida y le hace una discreta señal a Salieri para que sigan avanzando, ignorando la teatralidad de la dueña. Se dirigen hacia el fondo de la habitación, donde se encuentra el mostrador principal que funciona como recepción. Allí, apoyada con elegancia, las espera la joven mujer.
Una mujer de complexión delgada, con una elegancia natural que parece emanar de cada uno de sus movimientos. Lleva un vestido oscuro, casi negro, que se ajusta a su cuerpo sin ser demasiado ceñido, dejando ver su cuello largo y delicado, el material del vestido parece fluido, como si fuera hecha de sombras, y cae hasta el suelo, creando un efecto etéreo que la hace parecer tanto humana como sobrenatural.
Su cabello es largo y lacio, de un negro profundo que contrasta con el fondo de la tienda, las puntas están ligeramente onduladas, dándole un toque de suavidad a su imagen, no lleva ningún adorno en él, excepto por un par de trenzas finas que caen sobre sus hombros, sostenidas por pequeños broches de plata que parecen antiguos, quizás pertenecientes a alguna época olvidada.
Su rostro es simétrico, con rasgos definidos pero suaves, tiene una nariz recta y pequeña, labios finos pintados de un tono rojo oscuro que resalta contra su piel pálida.
Aunque no lleva maquillaje excesivo, su aspecto es perfecto, como si su belleza fuera natural y eterna.
Lo más impactante son sus ojos: amarillos, pero no brillantes ni intensos; tienen un tono tenue, casi dorado, que refleja una luz interna, como si fueran capaces de ver más allá de lo que otros perciben.
Ese brillo particular no es intimidante, sino intrigante, como si pudieran leer tus pensamientos o tu pasado solo con una mirada.
Sus pupilas son pequeñas y redondas, lo que le da a su expresión una calma inquietante, como si siempre estuviera evaluando todo a su alrededor.
—Zorra –Sin embargo, tan pronto como la joven mira a Arisa, su sonrisa dulce y la bienvenida teatral se desvanecen, reemplazadas por una hostilidad cruda y un enojo que parece hervir justo bajo la superficie–
—Gata rompehogares –Responde Arisa con el mismo tono venenoso, su ceño frunciéndose y sus ojos verdiazules brillando con animosidad—
Lo que se suponía que iba a ser un intercambio pacífico de información, una consulta con una experta, rápidamente se convierte en una trifulca verbal en cuanto la Agente y la anticuaria se miran.
El disgusto evidente en sus rostros muestra la clara e inconfundible enemistad que existe entre ellas, una historia previa cargada de resentimiento.
—Oye, oye, espera, sí, soy una gata, ¡pero no rompí ningún hogar! –Exclama Katerina, aunque su tono, a pesar de la negación, es desdeñoso y con un matiz de diversión maliciosa–
—¡Te acostaste con mi Prometido! –Acusa Arisa, su voz elevándose, y golpea con el puño el mueble de caoba pulida de la recepción, haciendo temblar algunos objetos delicados—
—¡Hey, te dije que ese hombre no era de fiar! –Refuta de inmediato la otra mujer, señalándola con un dedo acusador, su expresión ahora seria– ¿Por qué me sigues culpando?, claramente decía la verdad–
—¡Te acostaste con él un día antes de mi boda! –Reitera Arisa, sus manos ahora crispadas en puños a sus costados, su autocontrol visiblemente tenso–
—¡Pero comprobé mi hipótesis, ¿no?! –Dice Katerina, aunque su rostro pasa a mostrar un atisbo de miedo genuino al ver a su “amiga” apretar los puños con tanta fuerza– Si no fuera por mí te hubieras casado con esa escoria infiel y mentirosa–
Justo cuando la discusión está a punto de escalar aún más, con Arisa visiblemente a punto de lanzarse sobre la anticuaria, la Detective Montenegro interrumpe con una fuerza inesperada.
—¡Basta ustedes dos! –Exclama con una impaciencia que ya no puede contener, su grito autoritario resonando en todo el local y haciendo que varios objetos antiguos vibren en sus estantes–
La mujer pelinegra, claramente confundida, por la interrupción de una desconocida, dirige su mirada hacia la Detective, evaluándola ligeramente con desdén.
—¿Y esta quien es? –Le pregunta ella a Arisa, su tono ahora claramente informal y un tanto despectivo al referirse a Salieri–
—Haa… –Un suspiro de puro cansancio y exasperación sale de la boca de la Agente Arisa–
—Espera…, ¿acaso?… –La sorpresa se talla de pronto en el rostro de Katerina, sus ojos dorados agrandándose mientras observa a Salieri y luego a Arisa con una nueva luz– ¿Es tu novia? –Pregunta, y a pesar de la tensión, una extraña mezcla de decepción y una tristeza casi imperceptible se asoma en su mirada, rápidamente enmascarada por una sonrisa burlona– No me digas que… ¿te volteaste?, ¿ya tiras para ese bando?… ¿tanto te afectó qué te pusiera los cuernos? –Dice la Anticuaria, su rostro mostrando diversión a pesar de que sus ojos muestran un leve indice de tristeza–
—¡Ni hablar, no soy como tú qué tira a dos bandos sin el menor escrúpulo! –Exclama Arisa, visiblemente molesta por la insinuación y la familiaridad– Yo soy alguien pura–
—¿Pura?, ¿de verdad? –Una risita escapa de la boca de la pelinegra– Mejor deberían llamarte puerta sin candado, porque dejas a todos a entrar–
—¡¿Qué dijiste maldita gata?! –Exclama Arisa, señalando la nariz de Katerina con un dedo tembloroso, su rostro encendido de ira, claramente reprimiendo el impulso de abalanzarse sobre ella–
La Detective Salieri, completamente cansada de esta disputa personal que obstaculiza su investigación, suspira con una profundidad que denota el límite de su paciencia.
—Oigan… –Murmura, su voz completamente ignorada por las otras dos mujeres, enfrascadas en su antiguo rencor–
Al ver que ninguna de las dos se detiene ni le presta la más mínima atención, Salieri alza su mano derecha y la mueve en un gesto de total frustración.
Con una decisión resignada, se da media vuelta y se dirige hacia la salida de la tienda, rumbo a su camioneta, considerando que la única forma de detener esta ridícula pelea y poder avanzar con el caso es buscar la pistola paralizante que guarda en la guantera.
Sin embargo, mientras ella sale, justo cuando su mano alcanza el picaporte de la puerta de “Nocturna Antigüedades”, el alegre tintineo de la campanilla de entrada vuelve a sonar.
Este sonido inesperado parece sacar del trance belicoso a las dos mujeres enfrascadas en su disputa; sus gritos se interrumpen a medias, y el furor en sus miradas disminuye notablemente.
—Ejem –La Agente finge toser, tras ver cómo Salieri había desaparecido– No, ella no es mi novia, es la Detective Salieri Montenegro Neiruk, además, Katerina, ¿por qué me preguntas?, la conoces, incluso la sigues en Lumos–
Lumos es una popular red social desarrollada y administrada por Communicationare, una compañía tecnológica afiliada al conglomerado Lan Companies y establecida bajo la iniciativa del Emperador Lan. Esta plataforma se ha convertido en un espacio digital fundamental para la comunicación y el intercambio de información en tiempo real.
Sus funciones principales son:
Lumsear (Publicar): Los usuarios, conocidos como “Lumons”, pueden compartir mensajes, noticias, enlaces, pensamientos o cualquier tipo de información en formato de texto breve. Cada una de estas publicaciones se denomina “Lum” y tiene una extensión máxima de 1000 caracteres, permitiendo una comunicación concisa pero detallada.Seguimiento y Cronología (Feed): Los Lumons pueden seguir las cuentas de otros usuarios para ver sus Lums en una cronología principal. Esta cronología muestra las publicaciones de las cuentas seguidas, ya sea en orden cronológico o mediante un algoritmo que prioriza la relevancia.Interacciones con Lums:Respuestas: Permite a los Lumons contestar directamente a un Lum específico, generando hilos de conversación.Relum (Compartir): Los usuarios pueden compartir un Lum de otro Lumon con sus propios seguidores, amplificando su alcance. A menudo, se puede añadir un comentario propio al hacer un Relum.Destellos (Indicador de aprecio): Es una forma rápida de indicar que un Lum agrada o es valorado por el usuario, similar a un “me gusta”.Mensajería Directa (MD): Lumos ofrece una función de mensajería privada que permite a los Lumons mantener conversaciones uno a uno o en pequeños grupos, fuera de la cronología pública.Búsqueda y Descubrimiento: La plataforma incluye una potente herramienta de búsqueda para encontrar Lums específicos, otros Lumons, o explorar temas de actualidad.Temas y Palabras Clave: Los Lums pueden ser categorizados o asociados a discusiones más amplias mediante el uso de palabras clave específicas o etiquetas temáticas. Esto facilita que los usuarios encuentren contenido relevante y sigan las conversaciones sobre temas de su interés, identificando lo que es tendencia.Multimedia: Los Lumons pueden enriquecer sus Lums adjuntando imágenes, vídeos cortos, y otros formatos multimedia.Notificaciones: El sistema alerta a los usuarios sobre nuevas interacciones, como respuestas a sus Lums, Relums de sus publicaciones, nuevos Destellos, menciones de otros Lumons, nuevos seguidores o mensajes directos.Perfiles de Lumon: Cada usuario tiene una página de perfil personalizable donde se muestra su información, la lista de sus Lums y Relums, sus seguidores y a quiénes sigue.
En esencia, Lumos funciona como un dinámico flujo de información y conversación pública, facilitando la difusión rápida de ideas y el debate en una amplia gama de temas, todo dentro del ecosistema digital impulsado por las iniciativas de Lan Companies.
—¡¿Eh?! –Y al procesar la información o la implicación, el rostro de Katerina, la anticuaria pelinegra, se transforma. La ira y la burla se desvanecen, reemplazadas por una sorpresa absoluta y, casi inmediatamente, por un miedo cerval que agranda sus ojos ámbar– ¡Oh por Erste!, ¿no me digas que le lancé una mirada de desdén a la famosa Heredera? Ay no, no. Que Luciel me proteja –Suplica en voz baja, llevándose una mano al pecho con genuino pavor–
—Arisa, al escuchar el pánico en la voz de su amiga, no puede evitar que una sonora carcajada se le escape, aunque esta vez es una risa teñida de exasperación– Te he dicho miles de veces que cuides tu comportamiento y tu forma de mirar a los desconocidos, pero nunca me haces caso –Le dice, negando con la cabeza con una mezcla de reproche y diversión– Pero bueno, si te ayuda a sentirte menos miedosa, ahora mismo no estamos hablando con la “Heredera” en su capacidad oficial de noble, sino con la Detective Salieri Montenegro Neiruk del Departamento de Policía de Centralia, aquí en calidad de investigadora–
—Katerina suspira con un alivio tan profundo que sus hombros se hunden visiblemente– Que bueno, y qué suerte –Suspira nuevamente, recomponiéndose un poco– Pero, ¿Centralia?, ¿qué vino a hacer aquí ella desde la Capital? –Pregunta, la curiosidad natural de su raza comenzando a brillar de nuevo en sus ojos dorados, desplazando el miedo–
—¿En serio quieres saber?, ¿tanto te apasiona el chisme? –Le pregunta Arisa, una ceja arqueada, su tono divertido pero con un deje de cansancio–
—Oye, no puedo evitarlo, soy una Misakirte, nosotros somos gatos, por ende, stá en mi sangre el necesitar saber todo tipo de cosas para satisfacer mi insaciable curiosidad, y si bien el sexo es bueno, no me llena tanto como un buen y jugoso chisme–
—Otro suspiro, esta vez más pesado, sale de la boca de Arisa. Sin embargo, cuando este termina, su expresión cambia drásticamente, la diversión desvaneciéndose para dar paso a una profunda amargura y tristeza– ¿Olvidaste que su Padre… era el Oficial Montenegro?–
El silencio inunda la opulenta tienda de antigüedades durante unos largos y tensos segundos.
Los únicos sonidos son el lejano bullicio de la ciudad y el palpitar acelerado del corazón de Katerina. Sus ojos dorados, ahora completamente abiertos por la incredulidad y un horror que comienza a comprender, se fijan en el rostro sombrío de Arisa.
La conexión es instantánea y brutal.
—¿Era? –Pregunta la anticuaria pelinegra, la palabra apenas un susurro ahogado, un escalofrío recorriendo visiblemente su espalda mientras el color abandona su rostro. Sus ojos dorados, antes llenos de una traviesa curiosidad, ahora se abren con un espanto creciente– ¿Acaso…?–
—Arisa asiente lentamente, su propia expresión teñida de un profundo pesar que comparte con su amiga– Murió esta noche, Katerina, fue asesinado por un Demonio, en el cumplimiento de su deber–
—¿Lo viste?, ¿viste lo que pasó? –Pregunta Katerina con urgencia, su voz temblando. Claramente ella sabe lo que es Arisa, conoce la naturaleza de su Habilidad Fuchsgenheit, después de todo, ambas fueron adoptadas y criadas por el hombre del cual ahora hablan con tanto dolor; no son solo amigas, sino hermanas de corazón, unidas por el cariño y las enseñanzas del Oficial Montenegro.–
—Si, Kat, lo vi todo. –Responde Arisa, su mirada perdiéndose por un instante mientras recuerda las terribles escenas presenciadas gracias a su don– Vi cómo un chico, el que ahora está detenido, luchó valientemente junto al Oficial León contra ese Demonio, Lumen –Su voz se quiebra ligeramente– Vi cómo pudieron derrotarlo, pero el Oficial… él terminó con el pecho incrustado por uno de los brazos etéreos de ese Demonio en su último acto de maldad, y también… también vi cómo ese chico trató con una desesperación absoluta de salvarle la vida, pero ya era demasiado tarde.–
—Vaya… –La expresión de la pelinegra, se contrae en una mueca de auténtica tristeza, cierra los ojos por un momento, como si intentara procesar la enormidad de la pérdida– Realmente es algo terrible –Dice, su voz ahora más baja, mientras los recuerdos de su infancia y juventud con el Oficial León la invaden: los constantes y a veces duros entrenamientos para que aprendieran a defenderse, las enseñanzas sobre el mundo Surnaturel, los valores de justicia y compasión que él siempre les inculcó– Definitivamente será un fuerte golpe para nuestra comunidad en Melbury, sin él probablemente los demás Mehr-Wissen traten de intentar hacernos daño–
—Dudo que así sea –Dice Arisa, una mirada llena de orgullo por su padre adoptivo ilumina sus facciones– Él se ha esforzado mucho para presentar leyes ante el Tribunal de la República para protegernos, para garantizar nuestros derechos, pues desde que se convirtió en un Sehwert y tuvo verdadera influencia, ha luchado incansablemente por nosotros, por todos los Surnaturel pacíficos.–
—Eso es cierto, sin personas como él, estaríamos igual que en los Reinos Unidos Santificados –Conviene Katerina, un estremecimiento recorriéndola al mencionar ese lugar, recuerda con claridad las historias y los informes de cómo en los Rus los Surnaturel son cazados como bestias peligrosas sin distinción, apresados en condiciones infrahumanas, usados para el placer depravado de algunos humanos, o incluso para trabajos pesados y peligrosos–
—Lo sé –Dice Arisa, y otro escalofrío visible recorre su espalda ante la sola mención de los Rus y el destino que allí aguarda a los de su clase–
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