Ekstern - Capítulo 14
- Inicio
- Todas las novelas
- Ekstern
- Capítulo 14 - Capítulo 14: Capítulo 2 - Detective | 2.4: Explicaciones
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 14: Capítulo 2 – Detective | 2.4: Explicaciones
Mientras las dos hermanas adoptivas hablan, sumidas en su dolor compartido y sus preocupaciones por el futuro, no se percatan de la discreta llegada de la Detective Salieri Montenegro.
La campanilla de la tienda había vuelto a sonar cuando ella reingresó, pero ellas, absortas en su conversación, no la escucharon.
Salieri, con la pistola eléctrica aún en su mano aunque ahora baja y sin apuntar, se detiene a una distancia prudencial, justo fuera de su vista inmediata.
No hace nada para interrumpirlas, solo escucha con atención, pues las expresiones de genuino dolor, miedo y afecto fraternal que observa en los rostros de Arisa y Katerina son tan reales, tan palpables, que incluso ella, con su mente entrenada para la lógica y el escepticismo, no puede evitar sentir que todo lo que están diciendo, por increíble que parezca, es la más absoluta y desgarradora verdad.
—Por cierto, ¿crees que nuestra hermanita también se convierta en una Sehwert como Padre? –Pregunta Katerina, la curiosidad brillando de nuevo en sus ojos dorados, a pesar de la tristeza que aún la embarga, pero también una diversión hacia Salieri al llamarla hermana, pues esta última no lo sabe, ya qué Leon se lo mantuvo siempre oculto–
—Es probable, puesto que su Padre era uno y ya sabes que ese poder, que viene directamente de la Diosa Creadora Astel, es caprichoso y elige a quienes sean capaces. Y bueno, con todo lo que sabemos de ella pues dudo que el poder no la elija –Dice Arisa, recordando la guerra qué tuvo con los accionistas y aliados de la Empresa Montenegro, para demostrar su legitimidad debido a que ella estuvo fuera de la familia desde su nacimiento. Una acción irónica, pues ya había sido resignada como la Heredera tras el fallecimiento del Patriarca. Y si, este era un evento qué, por supuesto, era recordado desde hace 4 años, cuando ella logró posicionarse como la Heredera, demostrando su valía– Aunque igual, si no se convierte en una Mehr-Wissen probablemente ese chico la termine convirtiendo en una Kehrseite –Responde Arisa, pensativa–
—Ya van dos veces que dices “ese chico” –Interrumpe Katerina, frunciendo el ceño– ¿Quién es ese chico?–
—Un joven de cabello negro y pupilas con una tonalidad verde llamado Sariel –Responde Arisa– El mismo que luchó junto al Oficial y que fue encontrado en la escena del crimen, ensangrentado, y por ende, todos pensaron qué fue el asesino –Hace una pausa, su mirada volviéndose distante– Parece que el Oficial le dejó una misión–
—¿Misión?, ¿cuál? –Pregunta Katerina, inclinándose hacia adelante con interés–
—Él dijo “te encargo a mi niña, cuídala, protégela, enséñale, hazla feliz” y “te dejo a mi más preciado tesoro… en tus manos”, así que, basándonos en esto, probablemente el Oficial ya sabía que Salieri se iba a convertir en una Sehwert, y le dejó la tarea a ese joven –Responde Arisa, recordando lo que había escuchado durante el uso de su Habilidad–
—¿Y cómo se supone que un simple chico va a hacer todo eso? –La confusión es visible en el rostro de Katerina–
—Ni idea, pero lo curioso es que ese joven sabe sobre el Altern, incluso supo que todos los empleados de la Estación de Morian eran Surnaturel. Sin embargo, no pude identificar qué clase de Mehr-Wissen era –Dice Arisa, recordando lo que le dijeron los Surnaturel policías y lo que ella vio–
—Oh…, entonces, ¿crees que también sea un Kehrseite? –Una respuesta rápida y lógica viene a la mente de la pelinegra–
—Lo dudo –Responde Arisa inmediatamente, negando con la cabeza, pues ella también había considerado esa posibilidad y la había descartado– Su conocimiento es demasiado profundo, demasiado natural para un simple Kehrseite, por muy bien informado que esté, por lo que probablemente sea una nueva clase de Mehr-Wissen de la que no tenemos registros, o incluso puede que sea un Surnaturel de alguna raza muy rara y antigua.–
—Imposible, sabes bien que solo la Diosa y aquellos con el Poder de la Creación aceptados por la Diosa pueden crear Mehr-Wissen. Ni siquiera los Dioses Externos tienen esa capacidad en este mundo –Contradice Katerina de inmediato, su vasta biblioteca mental proporcionándole la información necesaria con la velocidad del rayo–
—Externos… –Murmura Arisa– ¿Crees que sea un Ekstern? –Le pregunta ella a su compañera con seriedad–
—¿Será? –Pregunta Katerina, sorprendida por esta pregunta–
A pesar de la broma que la Oficial Elara Vance había hecho horas antes en la comisaría, la idea de que Sariel podría ser uno de estos individuos legendarios y casi míticos había seguido rondando en la mente de Arisa, pasando de ser una simple ocurrencia a algo que, con cada nueva pieza de información sobre él, podría convertirse en una aterradora realidad.
—No lo sé –Dice Arisa tras un suspiro, frotándose las sienes– Exceptuando porque parece un humano común y corriente siento que su cerebro guarda demasiada información, además, es muy enigmático, su apariencia, esa piel blanca pálida, su autoridad, incluso aunque era bromista, podía sentirse una extraña opresión al estar cerca de él, además, usaba mucho el Ustedeo, así que es probable que sea un Ekstern… Y si lo es, seguramente esté guardando su poder por alguna u otra razón–
—¿Un Ekstern escondiendo su poder?, oh vamos –Dice Katerina, divertida por esto– ¿Recuerdas esas leyendas de una mujer de cabello negro ondulado, pupilas rojas, cuerpo de reloj de arena, piel tambíén pálida y sumamente hermosa?, en esos escritos antiguos decían que se jactaba constantemente de ser una Ekstern y usaba su poder para controlar todo lo que quería, incluso, aprovechando que ya no había Diosa Administradora tras la Era del Caos, atormentó al mundo durante mil años, eso hasta que su propio hermano, un hombre de cabello negro alborotado, también de pupilas rojas, alto, con un cuerpo que parece delgado por el exterior pero engañosamente musculoso en el interior, le dio un estate quieto–
—Una ligera carcajada escapa de la boca de Arisa– Dudo que sea verdad esa leyenda –Dice ella, divertida– Aún recuerdo ese libro que me mostraste, donde describían qué su hermano le dio un coscorrón tan fuerte qué causó la separación del antiguo Gran Continente, Mundis, que existía desde la Era de la Creación, en tres continentes, dos grandes, uno pequeño, donde estamos y decenas de pequeñas islas, eso sin contar claro a Aztlán, ese misterioso continente helado al otro lado de la Barrera de Niebla–
Las dos mujeres se carcajean al recordar esa leyenda tan exagerada, que con el tiempo se había convertido más en una comedia que en una historia de terror, y que todo niño Surnaturel conocía pues la habían representado en innumerables obras de teatro infantiles y cuentos populares.
Aunque claro, esto no era verdad, fue gracias a las propias placas tectónicas, influenciadas por la energía residual de las constantes Guerras desde mitad de la Era de la Creación hasta la Era Moderna, las qué lentamente dividieron el Erden hasta formar estos tres continentes qué existen hoy en día.
—Como sea, pasemos a temas más serios –La expresión de Arisa nuevamente se torna profesional, sus ojos verdiazules fijos en Katerina– Estamos aquí porque necesitamos información y como tú eres una nerd en cosas antiguas, tanto que seguramente te masturbas con libros históricos, entonces te recomendé a la Detective–
—A caray, a ver, dime de qué se trata –Responde Katerina, sus ojos dorados brillando con anticipación e interés genuino. Ignora por completo la pulla de Arisa, o quizás la toma como un cumplido– Y es cierto, si hago eso–
—Arisa sonríe al dar en el clavo sobre las excentricidades de su amiga– Bien, deja que… –Entonces, mira a todos lados, buscando a la tercera persona de su grupo– Oye, ¿y la Detective? –Pregunta, confundida, al no ver a Salieri por ningún lado–
Las dos mujeres miran alrededor del vasto y sombrío local y tras eso, se miran entre sí, sus rostros reflejando la misma confusión.
Estaban tan absortas en su plática que no se dieron cuenta de que Salieri había vuelto a salir discretamente debido a una llamada recibida, y a su vez, para traer la pesada espada consigo, que aún permanecía en su vehículo.
—Supongo que fue por el arma –Deduce Arisa, encogiéndose de hombros– Como sea, quiero que le digas todo lo que sepas sobre esa espada, pero, y esto es muy importante, Kat, guárdate la parte donde reveles nuestra verdadera identidad como Surnaturel y la existencia de nuestro mundo, tampoco uses “Aynu” o “Altern”, si tienes que dar localizaciones o contextos específicos, solo di “tierra desconocida” o alguna otra cosa vaga por el estilo–
—Bueno… Si tú lo dices –Asiente Katerina, aunque con una mueca de ligero fastidio por las restricciones–
—Si lo haces bien entonces te perdonaré por ponerme los cuernos –Dice Arisa, su tono ahora más suave, ofreciendo un incentivo– Y como recompensa extra, te daré un poco de la mejor hierba gatuna de importación que conseguí la semana pasada–
—Los ojos dorados de Katerina se iluminan con un brillo casi febril al escuchar la última parte, su naturaleza Misakirte saliendo a flote– ¡Genial!, ¡dame hierba gatuna, quiero hierba gatuna! –Exclama ella con un entusiasmo infantil, dando pequeños saltitos en el sitio– ¡No, mejor aún, dame un beso en los labios!, ¡quiero bes-!–
Ding
Nuevamente, el agudo sonido de la campanilla de la puerta al abrirse se escucha, interrumpiendo a Katerina en su nuevo e impetuoso intento de flirteo hacia Arisa, una costumbre que tiene cada vez que la ve, con el único y persistente propósito de poder conquistarla algún día.
—Shh, calla –Le dice Arisa a Katerina en voz baja– Y recuerda, hazlo bien… y tal vez considere ese beso–
—Yeeeei –Exclama Katerina, enteramente alegre–
Las dos mujeres voltean a ver hacia la entrada de la tienda, desde donde proviene el sonido.
Allí, en el umbral, recortada contra la luz de la calle, ven a la Detective Salieri Montenegro, con los guanteletes Aligerador activos y brillando con su luz azul, cargando la espada de gran tamaño con una facilidad que sigue siendo sorprendente.
Su presencia es imponente. Katerina queda boquiabierta al verla maniobrar el arma masiva, y sus ojos dorados comienzan a brillar con una emoción y una codicia de coleccionista tan intensas que Arisa, con un movimiento rápido y casi imperceptible, le da un suave pero firme golpe con la palma de su mano sobre los ojos para que disimule y apague ese brillo revelador.
—¿Tienes un lugar que soporte al menos 10 toneladas? –Pregunta Arisa a su compañera, una vez que la anticuaria se recompone del golpecito–
—¡¿10 toneladas?!, ala verga –Exclama Katerina, sobándose los ojos con una mano mientras con la otra se abanica el rostro–
—¿Tienes o no?, sino para ponerla en el suelo –Vuelve a preguntar Arisa, con cierta impaciencia–
—Si, sí, mi amor, no te preocupes –Dice Katerina, su tono volviéndose divertido y coqueto de nuevo al dirigirse a Arisa– Tengo, dentro en mi oficina hay una mesa de piedra, es mágica así que se adapta a cualquier peso –Responde, haciendo un gesto con su dedo, señalando a la habitación de la derecha del mostrador– Creo que sus especificaciones decían que soporta hasta 50 toneladas–
—Perfecto–
Arisa rápidamente le hace indicaciones a la Detective Salieri para que ambas entren a la oficina de Katerina.
Salieri, sin decir más, asiente con la cabeza mientras maniobra con cuidado la enorme espada a través de la tienda, esquivando vitrinas llenas de frágiles antigüedades, con una concentración absoluta para no terminar golpeando o rompiendo algo de valor incalculable.
_______________ >> Oficina >> _______________
Siguiendo a Katerina, la anticuaria de ojos ámbar, Salieri y Arisa cruzan el umbral de la puerta ornamentada a la derecha del mostrador principal.
Salieri maniobra con sumo cuidado la masiva espada, aún sujeta por los guanteletes Aligerador activos, a través del pasaje.
Al entrar, se encuentran en un espacio que es tan singular como la propia tienda, o quizás incluso más. Es una oficina amplia y de techos altos, bañada por la luz dorada del sol de media mañana que se derrama a través de varias ventanas altas y arqueadas, creando haces luminosos que cortan la penumbra y danzan sobre innumerables objetos.
El aire aquí está aún más saturado con ese aroma a papel viejo, maderas nobles, polvo de siglos y un indefinible toque especiado y dulce, como si cada artículo exhalara su propia historia.
El suelo es de losas de piedra desgastadas por el tiempo, y las paredes, de un tono neutro y envejecido, están casi completamente cubiertas por altas estanterías de madera oscura repletas de libros encuadernados en cuero, rollos de pergamino y cajas de archivo.
Entre los huecos de las estanterías, se aprecian pinturas al óleo en marcos dorados y una curiosa colección de relojes antiguos de pared, cada uno marcando una hora diferente, o ninguna en absoluto.
En el centro de la habitación, tal como Katerina había descrito, descansa una mesa imponente, no de madera, sino de una sola pieza maciza de piedra clara, quizás mármol o algún tipo de granito antiguo, con robustas patas ornamentadas.
Su superficie está cubierta por una fascinante variedad de objetos: pilas de libros abiertos y cerrados, candelabros de bronce con velas a medio consumir, un globo terráqueo de aspecto antiguo, lupas, pequeñas estatuillas y fragmentos de cerámica.
Hacia el fondo, cerca de una de las ventanas, se sitúa un escritorio de madera noble, igualmente cubierto de papeles, libros y, curiosamente, una moderna terminal de computadora, un anacronismo que no pasa desapercibido para la Detective Salieri.
Cajas de madera y cofres, algunos abiertos y rebosantes de más artefactos, se apilan en las esquinas, sugiriendo un flujo constante de nuevas adquisiciones y proyectos de investigación.
Es el estudio de un erudito, un coleccionista apasionado, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido o, al menos, fluir a un ritmo diferente, un santuario dedicado al conocimiento olvidado y a los misterios del pasado.
—A ver esperen –Exclama Katerina, sus ojos dorados brillando con una mezcla de anticipación profesional y la pura emoción de una coleccionista ante un hallazgo extraordinario– Hagamos espacio para esa belleza–
Rápidamente, Katerina se acerca a la gran mesa de piedra en el centro de la habitación y, sin la menor ceremonia, comienza a quitar todo lo que estaba sobre ella con amplios movimientos de sus brazos. Libros antiguos, lupas, delicadas piezas de cerámica y lo que parecen ser fragmentos de artefactos históricos de miles de años de antigüedad son barridos y caen al suelo con una serie de ruidos sordos y algunos chasquidos preocupantes.
No parece importarle en lo más mínimo si son piezas importantes, raras o altamente costosas.
Y al ver esto, Arisa suelta un suspiro apenas audible, una mezcla de resignación y una familiaridad casi dolorosa, ella comprende perfectamente la personalidad impulsiva y a veces caótica de su amiga, hermana adoptiva y, en ocasiones, persistente pretendiente.
Verla hacer esto, sacrificar tesoros menores por la emoción de uno mayor, no le causa otra reacción más que ese suspiro cansado.
—De verdad, ¿qué voy a hacer contigo? –Murmura Arisa, una sonrisa de resignación se esboza con sus labios–
Tras terminar de despejar la superficie de piedra con una eficiencia casi brutal, Katerina le hace una señal impaciente a la aún sorprendida Detective Salieri, indicándole que coloque el arma sobre la mesa.
—¿Está segura? –Pregunta Salieri, observando la robusta pero antigua mesa de piedra con una pizca de duda, recordando la advertencia de Arisa sobre el peso real de la espada–
—No se preocupe Detective, esta mesa puede soportar mucho peso sin problemas –Responde Katerina con una confianza absoluta, sus manos ya frotándose de anticipación–
—Bueno… –Murmura Salieri, aún no del todo convencida–
Con una última mirada de duda hacia la ahora caótica periferia de la mesa, pero confiando en la seguridad de la anticuaria, la Detective Salieri maniobra con cuidado la pesada espada, aún sujeta por los guanteletes Aligerador, y la deposita con lentitud sobre la superficie de piedra, luego, con la ayuda de Arisa, se retira los guanteletes.
Entonces, un leve crujido, casi un suspiro de la piedra, emana de la mesa cuando el peso real de la hoja (esas diez toneladas de metal y energía oscura) recae sobre ella, pero la superficie encantada resiste sin problemas, tal como Katerina había asegurado.
Apenas los guanteletes son retirados, Katerina se abalanza sobre la espada como si fuera el tesoro más grande jamás descubierto.
Ahora, su curiosidad de Misakirte se ha activado por completo y sin restricciones.
Con una energía febril comienza a moverse por todos lados de la hoja, sus ojos dorados escrutando cada detalle, cada grabado, cada voluta de energía oscura que aún parece aferrarse al metal como un sudario, completamente absorta en su examen, y es evidente para Arisa que solo un ligero, pero firme, golpe de ella en la cabeza la haría parar en este momento de fascinación casi infantil.
—¡Miaaau! –Un gritito agudo, más felino que humano, sale de la boca de Katerina al sentir un ligero, pero firme, golpe en la cabeza con el dorso de la mano suave, pero decidida, de Arisa–
—¿Te calmas ya? –Dice Arisa, su ceño fruncido aunque una leve sonrisa tira de sus labios mientras repliega su brazo–
—Ush –Refunfuña la pelinegra, frotándose la cabeza con una expresión de fingida ofensa–
Arisa entonces mira a la Detective Salieri Montenegro, y su rostro muestra una mezcla de pena por la interrupción y una disculpa tácita en nombre de la excentricidad de su amiga.
—Entiendo… –La Detective Salieri comprende de forma implícita la mirada de la Agente y la situación, por lo que acepta la peculiaridad del momento sin decir más. Tras eso, dirige su atención de nuevo a Katerina– Por cierto, aún no nos presentamos formalmente, así que, ¿quién es usted?
—¡Ah! –Exclama Katerina, como si acabara de recordar un detalle crucial, sobándose la cabeza pero con su entusiasmo volviendo de inmediato– ¡Cierto!, con tanta emoción, olvidé por completo presentarme como es debido –Dice, mientras se apresura a pararse con una elegancia un tanto teatral frente a la Detective Salieri– Mi nombre es Katerina Monterreal Rusein, me dedico a la compra y venta de antigüedades, como usted puede ver, también tengo un Doctorado en Historia y en algunas ocasiones enseño en la Academia Real de Melbury, aparte de dar una que otra conferencia en la Academia Imperial Central, allá en la Capital, mismo de donde proviene mi Doctorado. –Katerina extiende su brazo con gracia hacia Salieri para un apretón de manos– Además, también tengo un título en Arqueología, lo que me permite unas que otras veces explorar ruinas antiguas protegidas por la A.M.P, mismas que son sencillas para mí debido a que también poseo un riguroso entrenamiento militar y de supervivencia extrema –Dice Katerina, inflando ligeramente el pecho. Arisa, a su lado, pone los ojos en blanco ante la forma en que su hermana adoptiva exagera, claramente para llamar la atención e impresionar a la que ella percibe como la rica e influyente Heredera Montenegro– Por último, mi familia extendida, del Clan Venefel, dirige el Museo Histórico Imperial de la República Central, ubicado allá en Centralia–
—Vaya… –Dice la Detective Salieri, y esta vez, la sorpresa en su voz es reemplazada por un genuino respeto– Realmente impresionante, señorita Monterreal, un currículum admirable–
La presentación de Katerina, aunque un tanto grandilocuente, realmente ha dado en el clavo.
Ha dejado visiblemente sorprendida a Salieri, no solo por su aparente vasto conocimiento en la historia y los artefactos, sino también por la mención del permiso para explorar ruinas antiguas resguardadas por la Agencia Militar Privada, pues esto es algo que muy pocos civiles, o incluso académicos, pueden conseguir.
Además, dar conferencias en la Academia Imperial Central, la mayor urbe de enseñanza de todo el mundo conocido, un lugar donde se valora la capacidad y el mérito por encima de los títulos o el dinero, y que ella, con un título de Doctorado de dicha institución, participe activamente, es realmente impresionante y digno de todo elogio.
—Mi nombre es Salieri Montenegro Neiruk –Mientras Salieri dice esto, saca con un movimiento fluido su placa policial del bolsillo interior de su chaqueta y la muestra brevemente– Detective del Departamento de Policía de la República Central, asignada a la unidad de Homicidios de Centralia–
—¡Lo sé!, ¡claro que lo sé!, de hecho la sigo en Lumos –Responde Katerina de inmediato, sus ojos dorados brillando ahora con la inconfundible luz de una admiradora, su modo “fangirl” completamente activado.– ¡Es un honor conocerla en persona, Detective Montenegro!–
Las dos mujeres se estrechan las manos.
Tras eso, Katerina mira con una mezcla de orgullo y felicidad su propia mano, la que acaba de estrechar la de la Detective, casi como si estuviera pensando en voz alta: “no me lavaré esta mano jamás”.
—Por cierto Señorita Monterreal –Comienza Salieri, su voz ahora teñida de una profesionalidad que no oculta del todo su dolor– No pude evitar escuchar un poco de su conversación hace ratos, y por lo pude entender, ustedes ya están al tanto de la situación de mi padre, así que supongo que ya saben lo que sucedió con él.–
—Katerina asiente con lentitud, la alegría de su reciente fangirlismo completamente borrada de su rostro, reemplazada por una empatía genuina y profunda– Mi más sentido pésame –Responde, su tono ahora enmarcado con una real y palpable tristeza–
—Salieri esboza una sonrisa amarga– Gracias –Tras eso, recuperando su profesionalismo, sigue con el tema– Esta espada –Señala el arma que descansa sobre la mesa de piedra– fue encontrada en la escena del crimen, en ese lugar también había una persona con la ropa manchada de sangre, naturalmente muchos piensan que es el asesino pero por alguna razón mi corazón me dice que no es así, y parece que, –Su mirada de reojo se posa brevemente en Arisa, quien le ofrece un leve y comprensivo asentimiento– la Agente a mi lado respalda totalmente esa corazonada, por eso es que decidí darle una oportunidad para que pudiera probar su inocencia, sin embargo en vez de decirme la verdad dijo muchas tonterías acerca de Demonios–
Las miradas de Arisa y Katerina se cruzan por un instante sobre la cabeza de Salieri, un entendimiento silencioso pasando entre ellas sin que la Detective se dé cuenta. Arisa le asiente sutilmente a Katerina, como dándole una señal.
—Entiendo…, ¿qué más, Detective? –Pregunta Katerina, su voz suave invitando a Salieri a continuar–
—Bueno, no lo creí por supuesto –Admite Salieri, su mirada volviendo a la espada con una expresión de conflicto interno– Sin embargo algo dentro de mí me dice que todo lo que dice es cierto… –Cuando Salieri dice esto, una casi imperceptible sonrisa de comprensión se esboza en los rostros de Katerina y Arisa– Por eso mismo es que cuando me dijo que investigara la extraña espada qué encontramos en la escena del crimen decidí hacerle caso, y por eso mismo también la traje aquí–
—Katerina asiente, su expresión ahora completamente seria y enfocada– ¡Entendido Detective!, haré todo lo que pueda para ayudar –Exclama mientras se gira y vuelve hacia la espada, sus ojos dorados brillando con la intensidad de una erudita ante un enigma fascinante–Pero, antes de que pueda decirle a usted todo lo que sé o puedo averiguar sobre ella, debe tener en cuenta algo muy importante: todo lo que le diré probablemente tendrá cosas que para una persona común y corriente, para alguien que no está familiarizada con… ciertos aspectos de la realidad, le pueden parecer tonterías absolutas, cuentos para que los niños duerman, o incluso el tipo de cosas que la gente fanática de los Reinos Unidos Santificados clama a los cuatro vientos que es completamente real –Su mirada se posa directamente en Salieri, una mirada seria, sin ningún rastro de humor o excentricidad en esta ocasión– Así que, dependerá enteramente de usted si creer o no–
—La Detective Salieri, consciente de la advertencia y ahora, después de todo lo que ha presenciado y escuchado, finalmente más abierta a este tipo de temas que antes habría descartado de plano, asiente con firmeza– Adelante, estoy lista para escuchar.–
Arisa y Katerina nuevamente se miran y asienten.
—Bien –Dice Katerina, sus ojos dorados brillando con la luz de un conocimiento antiguo y a menudo peligroso– Para entender esta… pieza, necesitamos un poco de contexto histórico y arcano–
Entonces, ella se dirige con pasos decididos hacia una de sus imponentes estanterías de madera oscura, la que estaba justo frente a la gran mesa de piedra donde ahora reposa la espada de Lumen.
Sus dedos ágiles recorren los lomos de varios volúmenes encuadernados en cuero y pergamino, hasta que se detienen en un tomo particularmente grueso y de aspecto venerable.
Con pasos rápidos y decididos, Katerina se acerca a la estantería, sus dedos delgados y ágiles deslizándose sobre los lomos de los numerosos volúmenes encuadernados en cuero desgastado, pergamino amarillento y telas descoloridas.
Ella busca con una precisión sorprendente, como si su memoria táctil conociera la ubicación exacta del libro que necesita y finalmente, detiene su mano sobre un tomo particularmente grueso y pesado.
El libro en cuestión parece tener una edad incalculable, su encuadernación es de un cuero oscuro, casi negro, áspero al tacto y adornado con símbolos extraños grabados profundamente en su superficie, algunos representando espirales entrelazadas, otros figuras geométricas angulosas y otros más parecidos a constelaciones olvidadas.
Los bordes de las tapas están reforzados con metal oscuro, corroído por el tiempo, y un cierre de bronce opaco mantiene sus páginas unidas, su aspecto general sugiere un grimorio antiguo, un depósito de conocimientos prohibidos o perdidos.
Con cuidado, Katerina retira el pesado volumen de la estantería y regresa a la mesa de piedra, donde la Detective Salieri y la Agente Arisa observan con creciente curiosidad.
La anticuaria deposita el libro con un suave golpe sobre la superficie de piedra, levantando una pequeña nube de polvo que brilla en los haces de luz solar y con manos temblorosas de excitación, afloja el cierre de bronce y comienza a pasar las páginas amarillentas y quebradizas.
El papel cruje suavemente bajo sus dedos mientras avanza entre densas columnas de texto manuscrito e intrincados diagramas y tras hojear varias páginas cubiertas de escritura arcana, se detiene abruptamente en un apartado específico, señalando una doble página con un dedo adornado con anillos de plata antigua.
A la izquierda, la página está cubierta de un texto enigmático. Las letras son claramente el Lenguaje Arcano, mismos que consisten en una serie de trazos rectos y angulares, combinados de formas diversas para crear símbolos rúnicos, muchos de estos caracteres pareciendo ser formados por una línea vertical principal de la que se ramifican otras líneas diagonales o horizontales, creando una escritura geométrica y austera, algunos símbolos recordando vagamente a árboles con ramas estilizadas, lanzas cruzadas o figuras humanas simplificadas, y a pesar de que la tinta oscura se ha desvanecido ligeramente con el tiempo, pero los trazos siguen siendo nítidos y definidos sobre el pergamino amarillento.
A la derecha, la página está dominada por una detallada ilustración grabada en blanco y negro. Representa una imponente ciudadela fortificada, construida con torres escarpadas y muros almenados que se elevan hacia un cielo nublado y amenazante.
La arquitectura es gótica y fantástica, con arcos ojivales pronunciados, gárgolas grotescas adornando las alturas y ventanas estrechas que parecen tragarse la luz.
La ciudadela está rodeada por murallas ciclópeas y flanqueada por torres de vigilancia imponentes. Un camino empedrado y sinuoso conduce a través de una gran puerta arqueada, custodiada por figuras sombrías que parecen espectros o guerreros con armaduras arcaicas.
La atmósfera de la ilustración es sombría y misteriosa, evocando un lugar de poder antiguo y quizás peligro oculto.
—Mire esto Detective –Dice Katerina, sus dedos adornados con anillos señalando primero las intrincadas runas y luego la imagen– ¿Reconoce este sistema de lenguaje?
—Salieri examina los caracteres con atención por un momento, luego niega de inmediato con la cabeza, sus ojos rojos reflejando la luz de la habitación– No, lo siento, nunca he visto algo parecido–
—Katerina, al escuchar esto, asiente con una expresión de comprensión, como si lo esperara– Este es el Lenguaje Arcano, un Sistema de Lenguaje que existió durante tres eras consecutivas: la Era de la Estabilización, que se extendió por unos mil quinientos millones de años; luego la Era de los Primordios, que duró aproximadamente cuatrocientos cuarenta y cinco millones de años; y finalmente, la Era de las Bestias Colosales, que abarcó unos ciento veinticinco millones de años, y fue creado por los descendientes de Erste, después de que estos encontraran sus notas y diarios personales en las ruinas de su antiguo Palacio. –Explica ella con la fluidez de una académica, pero se detiene abruptamente al sentir la mirada penetrante y ligeramente admonitoria de la Agente Arisa Montessori a su lado–
—Entiendo –Dice Salieri, asintiendo lentamente con la cabeza mientras sus ojos vuelven a posarse en las extrañas inscripciones del libro– ¿De qué trata este libro?–
—Sobre Demonios y Malakhel –Responde la pelinegra con naturalidad, como si hablara del clima.–
—¿Malakhel? –Pregunta Salieri, el término nuevo para ella.–
—Actualmente se llaman Ángeles Caídos –Explica Katerina, mientras señala con un dedo hacia el techo y posteriormente deja caer su mano con un gesto dramático hacia el suelo– Son la Facción de Luciel, un Azelvi, la mano izquierda de la Diosa Astel, antes de su… Rebelión–
—¿Y esta imagen? –Señala Salieri la detallada ilustración de la urbe fortificada en la página derecha del libro–
—Este, es el Imperio de Seytan original –Explica Katerina, sus ojos dorados brillando con el placer de compartir su conocimiento– O bueno, realmente es la Capital, el Imperio en sí era mucho más grande, abarcaba vastos territorios –Una sonrisa bromista se dibuja en sus labios–Y por cierto, antes las Capitales no eran estas gigantescas urbes de millones de habitantes como lo son ahora, sino asentamientos más pequeños, aunque no menos impresionantes, como la que ve usted aquí y… mucho más acogedoras, si me pregunta–
—Katerina –Le reclama Arisa con un tono de advertencia suave pero firme, al ver cómo su amiga comienza a desviarse del tema principal con sus anécdotas históricas–
—Oh que la, sí, ya, ya –Responde Katerina con un mohín juguetón, volviendo su atención a la espada y al libro–
Katerina se alza de hombros como si lo que va a revelar fuera la cosa más natural del mundo y señala un texto específico en la página de la izquierda, la escrita en el enigmático Lenguaje Arcano
—Mire esto –Dice, sus dedos delgados trazando una línea bajo una sección del texto rúnico– Este escrito, en esencia, dice que toda su civilización, la del Imperio de Seytan, se basó en el conocimiento que los Demonios les proporcionaron en aquellos tiempos. Su tecnología, su cultura, su gastronomía, su arquitectura, e incluso su armamento y estrategias militares… todo era, en gran medida, una obra influenciada o directamente enseñada por Demonios –Katerina hace una pausa, permitiendo que la información se asiente– Su Regente, el líder del Imperio, era elegido o al menos aprobado por estos mismos Demonios. No había bloqueo de género en sus esferas de Alto Nivel, por lo que tanto hombres como mujeres podían acceder a posiciones de poder, además, existían dos tipos de Nobles: los que nacieron de las Familias Fundadoras del Imperio y los que ascendieron desde la plebe por méritos propios, obteniendo algún título o reconocimiento. Además, según esto –Añade, golpeando suavemente el pergamino– había empleos bien pagados para todos, servicios básicos garantizados, un sorprendente y constante aseo público y privado, etcétera. Un paraíso, comparado con otros lugares de esa época.–
—¿Cómo es posible eso? –Pregunta Salieri, su ceño fruncido en una profunda confusión– El pasado, al menos los pocos escritos fragmentarios que nosotros tenemos en los archivos de la República, o lo que enseña la Iglesia, hablan de que cosas como estas eran imposibles, además, se describe a los Demonios como seres de pura maldad y destrucción.–
—Exactamente, sin embargo, en Seytan, esto era diferente, una anomalía en la historia conocida –Explica la pelinegra, sus ojos dorados brillando con la emoción de compartir un secreto– Esto gracias a que, según algunos rumores y textos apócrifos, se debía a que el Imperio estaba conectado o bajo la protección de un poderoso Demonio de Rango Primordial, equivalente a un Serafín, llamado Cedric –Dice ella, pasando con cuidado algunas páginas más del grimorio hasta detenerse en otra, señalando un párrafo específico– Aquí dice que ese Demonio llamado Cedric fue creado durante la Era del Caos por un hombre de pupilas rojas y cabello alborotado –Katerina levanta la vista del libro y mira directamente a Salieri, una expresión indescifrable en su rostro– Curiosamente, sus órdenes eran el órden en un mundo de caos –Le dice–
—¿Qué quiere decir eso? –Pregunta Salieri, la incredulidad luchando con la necesidad de entender–
—Antes de responder, Katerina sigue revolviendo las páginas con una mezcla de familiaridad y reverencia, sus dedos deteniéndose en otro fragmento– Este pasaje lo menciona con más detalle –Dice ella, su voz adquiriendo un tono casi de narradora de cuentos antiguos– Quería que, bajo las órdenes de su Amo, tanto los humanos como los Surnaturel pudieran desarrollarse sin tantas complicaciones, sin la constante amenaza del Caos primordial o la depredación mutua, por esto mismo es que Cedric, este Demonio Primordial, había creado distintos asentamientos y protectorados donde ambas Razas pudieran prosperar en una coexistencia tutelada. Aunque claro, Seytan fue el más conocido y el más exitoso de sus proyectos, sin embargo, existieron otros, como Diabel, un lugar del que quizás haya oído hablar, donde existía una gigantesca torre que, según las leyendas, rompía las propias nubes, y era conocida como la Torre de Diabel.–
—He escuchado de ella –Afirma rápidamente Salieri, un destello de reconocimiento en sus ojos– La Santa Iglesia de Astel dice que en su interior contenía muchos secretos de una Era donde la Diosa estaba creando sus propias formas de vida–
—En realidad, Detective, era una Biblioteca, llamada “La Biblioteca de Diabel” –Asiente Katerina, confirmando parte de la información de Salieri– Así que sí, sus palabras son correctas en esencia; dentro de sí contenía una cantidad inimaginable de información invaluable proveniente de la Era de la Creación, esa misma Era a la que usted se refiere. –La expresión de Katerina se ensombrece ligeramente– Sin embargo, lamentablemente, la Biblioteca de Diabel terminó siendo saqueada y parcialmente destruida mucho tiempo después, durante las Guerras de Sucesión de los Primordios, sus conocimientos restantes fueron dispersados, pasando de biblioteca en biblioteca, de colección privada en colección privada, hasta que los últimos vestigios terminaron desapareciendo por completo en el gran incendio de la Biblioteca de Skalegen, la última de las Grandes Bibliotecas del mundo antiguo. Y con su caída, todo ese conocimiento ancestral se perdió, o eso se cree–
Entonces, ella se dirige nuevamente hacia la misma imponente estantería de madera oscura que se alza frente a la mesa de piedra, sus dedos ágiles buscando otro volumen entre los apretados lomos.
Esta vez selecciona un libro de aspecto diferente al grimorio anterior, uno que, aunque también posee una encuadernación robusta, quizás de cuero tratado o una tela de alta calidad, y desprende un aire de importancia, parece una publicación más formal y posiblemente menos esotérica.
Sin embargo, a diferencia del anterior que estaba escrito en el enigmático Lenguaje Arcano, este mismo está redactado en Asteliano Moderno, el sistema de lenguaje comúnmente usado en estos días en la República Central y gran parte del mundo conocido.
Katerina regresa a la mesa y abre el nuevo volumen con cuidado, sus páginas, de un papel grueso y de buena calidad, de un tono ligeramente crema, pasando con un suave susurro hasta que se detiene en un apartado específico, una doble página que presenta una disposición clara y estudiada.
En la página izquierda, bajo un título prominente y de tipografía con reminiscencias góticas que reza “The Falsro Seytan” (“El Falso Seytan”), se extiende un texto impreso en Asteliano Moderno, organizado en párrafos bien definidos, con un primer párrafo que comienza con una gran letra capital ornamentada, un detalle clásico de las ediciones cuidadas.
Esta nueva imagen muestra una imponente ciudad.
Un edificio central masivo, con múltiples torres, pináculos afilados y una fachada intrincada que recuerda a una catedral gótica o un palacio de gran envergadura, domina el horizonte, a su alrededor, se agolpan otras edificaciones de piedra, con tejados empinados y ventanas estrechas, dispuestas a lo largo de calles que parecen adoquinadas y que convergen hacia la estructura principal.
También se aprecian figuras humanas diminutas transitando por las calles, carros y mercancías, sugiriendo una urbe activa, aunque la atmósfera general del grabado es sombría y un tanto opresiva, a pesar de la aparente grandeza arquitectónica.
A simple vista, intenta emular la grandeza del original, con sus edificios altos y su aparente orden, sin embargo, si uno se fija bien en los detalles del grabado, la arquitectura es más una imitación, una fachada.
Las líneas son quizás más elaboradas en algunos puntos, pero carecen de la solidez y el propósito del antiguo Seytan, pues este es el reflejo de un régimen que pretendía evocar la gloria pasada pero se construyó sobre la tiranía y la depravación, un nido de corrupción. Era una ciudad que, a pesar de su intento de grandeza, parece esconder una decadencia interna.
—¿Qué dice ahí? –Pregunta Salieri, sus ojos rojos siguiendo las líneas del texto. Si bien reconoce la estructura general de las palabras como Asteliano Moderno, hay una cadencia, una ortografía y algunas formas verbales que le resultan arcaicas y ligeramente ajenas– Hmm, se parece al Astelio actual que hablamos hoy en día, pero aún así es… diferente–
—Este idioma se llama Solareno. –Explica Katerina con una sonrisa de experta– Nació alrededor del año 500 de la Era del Resurgimiento, en la región de Ponientia, una vasta zona costera al sur del Continente Khanrem, en lo que hoy en día es la Alianza Tribal de Korasia –Añade, con un tono didáctico– El Solareno es, de hecho, uno de los predecesores directos del Asteliano moderno, por lo que no es tan difícil de leer o comprender como otros idiomas muertos, si se tiene la base. –Con su dedo índice, Katerina señala un fragmento específico del texto para que Salieri lo vea más de cerca.– Por ejemplo, este pasaje dice “este novo feudo se caracterizó por le opresión má’ abjecta. Le nobleza, si tal nombre merecía, se componía de les má’ vile’ i oportunista’, quiene’ amasaban poder mediante le terror i s’entregaban a placere’ corruto’, mientra’ le común del poblo jemía bajo le jugo del trabajo forzáo i le miseria.” –La voz suave y melodiosa de Katerina al leer permite escuchar claramente el contraste lingüístico entre el Solareno y el Astelio moderno, una cadencia diferente, casi un canto antiguo–
—Vaya… –Salieri, al escucharla hablar tan fluidamente un lenguaje que tiene siglos de antigüedad, no puede evitar que una nueva oleada de sorpresa y admiración por la asombrosa capacidad de la joven anticuaria se refleje en su rostro–
—Realmente es fácil de leer una vez que se le agarra el truco, pero si lo desea, Detective, puedo leerle este fragmento ya traducido directamente al Astelio para su mayor comodidad –Le dice Katerina, y una chispa de orgullo brilla en sus ojos dorados al captar la mirada de Salieri, ahora con un renovado respeto–
—Adelante, por favor –Dice Salieri de inmediato, su tono ahora cargado de un entusiasmo genuino por saber con exactitud el contenido de ese texto–
Entonces, Katerina, con sus años de experiencia en lenguajes antiguos y lo que parece ser un asombroso traductor integrado en su propia y erudita mente, carraspea ligeramente, aclara su garganta y se prepara para leer el fragmento del libro antiguo, esta vez en un Astelio Moderno claro y comprensible.
「══════════════════════════════」
Capítulo IX: El Engendro de Seytan y su Efímero Reinado
En los albores mismos de la Era del Resurgimiento, cuando las cicatrices del Gran Cataclismo aún sangraban sobre la faz del Erden y los Nuevos Humanos apenas balbuceaban los rudimentos de una civilización renacida, emergió, en el decimoquinto ciclo tras el Despertar, una sombra que osó llamarse Seytan. Pretendía este régimen evocar la gloria y el orden del legendario Imperio de Seytan de antaño, aquel que floreciera bajo la inusual tutela de entidades del Gehena y la sabiduría de su enigmático protector, el Demonio Primordial Cedric.
Más esta nueva encarnación no fue sino una burda parodia, un reflejo grotesco y corrupto del original. Donde el Seytan de Cedric, según los pocos y confusos fragmentos que sobrevivieron al olvido, había fomentado un orden singular y una prosperidad compartida entre diversas gentes, este advenedizo “Seytan del Resurgimiento” se construyó sobre cimientos de tiranía y depravación. Sus líderes, a menudo demagogos que se arrogaban saberes oscuros y pactos infernales que apenas comprendían, distorsionaron todo vestigio del conocimiento ancestral.
Si el antiguo Seytan, como susurran las leyendas, garantizaba bienestar y elevaba tanto a hombres como a mujeres a posiciones de influencia sin distinción, este nuevo feudo se caracterizó por la opresión más abyecta. La nobleza, si tal nombre merecía, se componía de los más viles y oportunistas, quienes amasaban poder mediante el terror y se entregaban a placeres corruptos, mientras el común del pueblo sufría bajo el yugo del trabajo forzado y la miseria. Las tecnologías que decían heredar de los demonios eran apenas artilugios mal comprendidos, utilizados para el control de la población y la suntuosidad grotesca de sus élites, en lugar del avance y el bienestar colectivo. Las ciudades de este Falso Seytan, aunque quizás con una fachada de orden impuesto, escondían en sus entrañas la pestilencia de la injusticia y la desesperanza.
No es de extrañar, por ende, que tal estructura, erigida sobre la perversión de un ideal y la explotación de sus gentes, estuviera destinada a una existencia fugaz. Apenas diez ciclos solares contempló su infame estandarte. En el vigésimo quinto año de la Era del Resurgimiento, consumido por la rebelión interna nacida de la desesperación, la ineptitud de sus corruptos dirigentes para manejar el verdadero poder que pretendían emular, y quizás, por la intervención de otras facciones que purgaban los errores más oscuros de aquel amanecer incierto, el Falso Seytan se desplomó con la misma celeridad con la que había surgido.
Su caída dejó tras de sí una lección sombría para las nacientes comunidades de la Nueva Aurora: que los grandes nombres y los legados ancestrales no pueden ser usurpados ni torcidos impunemente para servir a la ambición desmedida, y que toda sociedad que se funda en la depravación y el engaño lleva en su misma concepción la semilla de su propia y pronta aniquilación. Sus ruinas sirvieron por mucho tiempo como mudo testimonio de la fragilidad de la ambición carente de verdadera sabiduría y justicia.
「══════════════════════════════」
La lectura del “Capítulo IX: El Engendro de Seytan y su Efímero Reinado” concluye, dejando una atmósfera pensativa en la oficina de Katerina.
La Detective Salieri procesa la información, su mente analítica buscando conexiones.
—Entonces, en otras palabras… –Deduce Salieri finalmente, tras un momento de reflexión, sus ojos rojos fijos en el libro abierto– El Seytan descrito aquí no solo era una copia, sino que también era todo lo contrario al Seytan original ubicado en esa tal Era del Caos–
—Katerina asiente con la cabeza, satisfecha de que la Detective haya captado la implicación– Exactamente–
Katerina, en vez de seguir respondiendo o profundizando en el texto, se dirige nuevamente hacia la imponente espada de Lumen que descansa sobre la mesa de piedra.
Entonces, con una naturalidad que sorprende a Salieri, pasa un dedo delicadamente por la superficie oscura y fría de la hoja, sin mostrar el menor atisbo de miedo a la posibilidad de terminar maldita o afectada por alguna energía residual, esto, gracias a su propia composición Misakirte, que le otorga una resistencia natural considerable a la Magia Negra, Magia Demoniaca y diversas maldiciones, un detalle que, claro está, Salieri desconoce por completo.
—Efectivamente, este olor es sangre –Murmura Katerina tras oler la punta de su dedo, confirmando una de sus sospechas iniciales.–
La Detective, curiosa por la afirmación y quizás queriendo verificarlo por sí misma, hace lo mismo, pasando su propio dedo por una sección diferente de la hoja y llevándoselo a la nariz.
Al ver esto, Katerina y Arisa intercambian una mirada de alarma e intentan detenerla, pero es demasiado tarde.
—No huelo nada –Dice Salieri, tras olfatear su dedo, una expresión de confusión en su rostro– Oigan, ¿qué pasa?, ¿por qué esas caras?–
Las dos hermanas adoptivas, al ver que Salieri no muestra ninguna reacción adversa tras tocar la hoja impregnada de energía oscura, se miran entre sí con una mezcla de asombro y una creciente especulación.
Entonces, rápidamente, Katerina se acerca a Arisa, o más específicamente, al oído de ella.
—Eya –Katerina susurra en el idioma gutural y siseante de su raza Misakirte, el Silraen, a su compañera– Nek okurat nihila ad Kvestar kando Kiro tokarat Illa Gladi –Gracias a que Arisa sabe el idioma de Katerina, ella puede escuchar “Oye, no le pasó nada a la Detective cuando tocó esa espada.” con claridad–
—Esti Veris –Responde Arisa en voz baja, usando el Veragen, el idioma melódico y resonante de su propia Raza Fuchsgenheit– Eritne posibil quia Heso prope est ad fieri Sehwert? –Tal como sucede con Katerina, Arisa también conoce el idioma de su hermana, por lo que Katerina escucha con claridad “Es verdad, ¿será posible que se deba a que está por convertirse en una Sehwert?”–
—Tera probari. Taren Zanim narat an Kiro kaptarat Immunis ad Shava Daimona, Shava’kurot ka alteri Mali’liraenim relatata ad Nokturn, ante Kiro devenir Sehwert. Kasta probari est an Vere Kiro aska per sae –Le susurra Katerina a su compañera, y Arisa, al escuchar “Muy probablemente, Papá nos contó que obtuvo inmunidad a la Magia Demoníaca, Negra y demás maleficios relacionados con lo oscuro antes de convertirse en Sehwert, así que es probable que si sea por esto.”, asiente, con una expresión de profunda comprensión–
—¿Qué tanto susurran ustedes dos? –Pregunta la Detective Salieri, un poco molesta por ser excluida de la conversación, y más aún por alcanzar a escuchar fragmentos de idiomas que le resultan completamente desconocidos y extraños–
Las dos mujeres, vuelven a mirarse entre sí, y esta vez una sonrisa cómplice, llena de un entendimiento mutuo que excluye a la Detective, se esboza en el rostro de ambas
—No es nada Detective –Dice Katerina rápidamente, desviando la atención de su reciente susurro con una profesionalidad un tanto forzada, pero con una clara diversión en su voz–
Para impedir que la Detective Salieri Montenegro pueda seguir preguntando sobre su intercambio con Arisa, la anticuaria se dirige de nuevo hacia la imponente espada que descansa sobre la mesa de piedra.
—Conozco esta espada, Detective –Comienza Katerina, ahora si yendo al punto– Aunque claro, nunca de cerca, sólo representada en varios textos antiguos, en ilustraciones de libros, fragmentos de leyendas y crónicas de eras olvidadas –Hace una pausa, sus ojos dorados brillando con la emoción del descubrimiento– Los registros indican qué esta Espada perteneció a uno de los Generales Celestiales de Luciel, usada durante la Gran Guerra Celestial –Katerina se detiene un instante, como si considerara la profundidad de lo que va a decir; internamente, sabe que la historia es mucho más compleja y que necesitará más contexto para que Salieri comprenda, pero decide empezar por lo fundamental.–
—¿Gran Guerra Celestial? –Pregunta Salieri, su mente evocando recuerdos que veía en sus clases dominicales de la Iglesia–
—Después de que la Diosa Astel creó a los Humanos y les dio un mundo para habitar, el Caos, una fuerza primordial y destructiva, logró entrar a nuestro mundo, eligió a su propio Heraldo, una entidad de inmenso poder, y con este, comenzó a corromper todo aquello que no se encontraba bajo la Protección directa de Astel –Comienza a explicar Katerina, su voz adquiriendo la cadencia de una narradora de épicas antiguas– En un principio la Diosa no le dio importancia, sin embargo, pronto se dio cuenta de que esto había sido un error, pues rápidamente esta corrupción se fue extendiendo a una velocidad alarmante por todo el Erden, el espacio terrenal –Ella señala el suelo, para decirle que el Erden es el lugar que ellas pisan ahora mismo– Así que, Astel, al no encontrar otra manera de detener al Caos Encarnado decidió purgarlos –Esta vez ella hace un gesto rápido y tajante, como si se estuviera cortando la garganta, para enfatizar la crudeza de la decisión divina– Sin embargo, algunas de estas Corrupciones comenzaron a adquirir conciencia, primero fue Erste, una Corrupción antes Inconsciente, que al ver a los humanos llorar, reir, amar, decidió que ella también quería hacer lo mismo, por lo que, con un esfuerzo de voluntad increíble, lentamente se fue desconectando del control del Caos –Una dulce y casi reverente sonrisa se esboza en el rostro de Katerina– Esto causó que, eventualmente, Erste haya animado, de forma involuntaria, a otras Corrupciones Inconscientes a ser como ella, lo que eventualmente los convirtió en Corrupciones Conscientes, una nueva versión de seres, parecidos a los Humanos en su capacidad de raciocinio, con libre albedrío, consciencia propia, inteligencia, capacidad de socializar, y un espectro completo de emociones y sentimientos –La sonrisa de Katerina se ensancha, y por un instante sus ojos dorados parecen evocar recuerdos lejanos, quizás imágenes vistas en el Salón Ancestral de su propia Raza Misakirte, recuerdos de cómo seres de aspecto monstruoso y caótico pasaron a adquirir formas más definidas, incluso humanas, al alcanzar la conciencia– Luciel, en ese entonces, era la mano izquierda de la Diosa Creadora, uno de sus dos Azelvi, y de hecho, fue salvado por Erste cuando este estaba a punto de morir en una horda de Corrupciones Inconscientes, pasó un tiempo con ella y eventualmente se dio cuenta de que estas nuevas Corrupciones eran diferentes, que no eran la pura encarnación del mal que se creía –Dice, un tono de respeto y agradecimiento se muestra al hablar de Luciel– Eventualmente también Luciel se enamoró de Erste, y ella de él, por lo que, motivado por ese amor y su nueva comprensión, intervino ante la Diosa Astel en favor de todas las Corrupciones Conscientes, mostrándole con pruebas que tenían un lado bueno, que eran capaces de sentir y crear, y que valía la pena conservarlos, permitirles existir, sin embargo… –Esta vez, un suspiro de desgano y tristeza sale de la boca de la anticuaria– La Diosa hizo caso omiso a lo que le mencionaba Luciel, ordenandole que matara a todas las Corrupciones sin importar si estas tenían consciencia o no, y si bien en un principio Luciel intentó por todos los medios hacerla razonar, apelar a su compasión, tan pronto como Astel ordenó explícitamente el asesinato de Erste, Luciel, desesperado y con el corazón roto, decidió rebelarse contra su propia Creadora y luchar para poder darles una oportunidad a estas Corrupciones de seguir con vida, y sobre todo, para proteger a su amada esposa –Una dulce y triste sonrisa se dibuja de nuevo en el rostro de Katerina– Él junto a un 40% de todo el Araboth, mismos que simpatizaban con su causa e incluso, como el propio Luciel, se habían relacionado o enamorado de las Corrupciones Conscientes, comenzaron una batalla de gigantescas proporciones en contra de las fuerzas leales a Astel –Katerina de inmediato hace un gesto infantil, como si estuviera blandiendo una espada invisible y lanzando estocadas al aire, para ilustrar la magnitud del conflicto– Durante mil largos y sangrientos años, las Corrupciones Conscientes y los Celestiales del lado de Luciel estuvieron sumergidos en una guerra poderosa y devastadora, primero aquí, en el Erden, y después, cuando la contienda se volvió insostenible, en el mismísimo Araboth. El resultado fue una especie de empate, pues, si bien Luciel ganó, perdió a Erste en la batalla, su alma destruida por un poder inmenso, y aunque Astel perdonó a las Corrupciones y les permitió seguir viviendo, Luciel junto a su sequito, fueron expulsados del Araboth, hacia el Erde, y, eventualmente, gracias a un hombre de pupilas rojas y cabello negro alborotado y a una mujer de cabello largo ondulado y también pupilas rojas, encontraron su hogar en el Gehena, un espacio ligado a este mundo creado y diseñado por esos dos–
La Detective Salieri Montenegro mira y escucha con una atención absorta la extensa y detallada narración de Katerina. Si bien ella había escuchado en su niñez y juventud historias fragmentadas sobre la Gran Guerra Celestial, la versión que la anticuaria le presenta ahora no se parece en nada a lo que la Santa Iglesia de Astel había pregonado en sus misas solemnes y enseñado a los niños en sus clases dominicales.
Aquellas eran historias de una traición simple, de un demonio seductor y ángeles caídos por la soberbia.
Esta, en cambio, son una tragedia de amor, lealtad, rebelión y difíciles elecciones morales.
Naturalmente, Salieri está sorprendida por esta nueva perspectiva, pero también, a pesar de su escepticismo inherente, se siente extrañamente maravillada por la riqueza y la complejidad de una narración que nunca antes había escuchado, una que resuena con una verdad más profunda y dolorosa.
—En ese instante, Katerina se da cuenta de que se estaba desviando mucho del tema, por lo que se aclara la garganta y vuelve a centrar su atención en la imponente espada– Ejem, cómo decía antes, esta espada perteneció a uno de sus Generales, o más bien, una, llamada Nemeia, que era la Celestial con más bajas en esa batalla, algo curioso pues ella apenas era una Arcángel –Katerina hace una pausa, recordando mentalmente que un Arcángel, en la jerarquía celestial, apenas y podría hacerle un rasguño a un Serafín, 2 escalones de poder debajo de la Diosa, y Nemeia, según esos mismos textos, aniquiló sin sudar una gota a veinticinco mil Serafines leales a Astel– En fin, esta espada terminó consumiendo mucha Sangre Celestial, y gracias a que por su hoja pasaron las esencias de esos veinticinco mil Serafines, la potencia intrínseca de la espada solo aumentó, llegando a un punto ridículamente alto, y también gracias a esto, con el pasar del tiempo se convirtió en un Arma Divina de Rango Semidios –Explica, su voz cargada de la maravilla de quien relata hechos casi míticos– Lamentablemente esa General terminó falleciendo poco antes de que otros de sus aliados más cercanos, un Serafín en ese entonces llamado Aren, se preparara para combatir en un duelo crucial contra Mikleo, el segundo Azelvi y la mano derecha de la Diosa Astel en ese entonces –Una expresión misteriosa se forma en el rostro de Katerina– O eso dicen, pues nunca se hallaron los restos de Nemeia, así que, el que falleciera actualmente sigue siendo un misterio –Se encoge de hombros con un aire de enigma– Sin embargo, alguien de las filas de Luciel logró, justo antes de que fueran expulsados definitivamente al Erden, recuperar el arma de Nemeia, y este mismo individuo, más tarde, cuando ya se encontraban en el Erden, se la entregó a Luciel–
—¿Entonces esta arma fue usada después por Luciel? –Pregunta Salieri, su mente tratando de seguir el intrincado linaje del artefacto–
—No, Luciel, por razones que se desconocen, nunca la blandió personalmente –Afirma Katerina, negando con la cabeza– Esta arma fue entregada a otro de sus subordinados más leales, quien la usó en innumerables batallas aquí en el Erden, que en ese entonces ya estaba siendo consumido por el Caos, por lo que se enfrentaron a infinidad de Corrupciones Conscientes, lo que a su vez hizo que el arma consumiera sangre de todo tipo -Afirma Katerina– Posteriormente, según algunos fragmentos, esta arma fue robada por un Humano con grandes ambiciones para ser entregada al Rey de una civilización naciente. Y a partir de allí, su rastro se vuelve más difuso; fue pasando de mano en mano, a través de manos de cualquier raza imaginable, perdiéndose y reapareciendo en diferentes conflictos y leyendas a lo largo de los milenios–
—¿Y qué tiene que ver la espada con el Imperio de Seytan? –Pregunta Salieri, volviendo al grano, su voz firme– Tanto con el original que usted describió, el de la Era del Caos, como con la copia corrupta de la Era del Resurgimiento.–
—Ah, verá, los Seytanos del Imperio original, durante una de sus expediciones en busca de reliquias de poder, la volvieron a encontrar, miles de años después de su última aparición documentada. Se la llevaron a su protector, el Demonio Primordial Cedric, y posteriormente, bajo la orden directa de este, la usaron como el arma ceremonial más importante del Imperio. Así, esta se convirtió en el símbolo del Emperador Regente; quien tenía la espada en su posesión, entonces era quien tenía el poder y la legitimidad para gobernar. –Explica Katerina– Sin embargo, cuando el Seytan original cayó debido a un intento de violación de la Emperatriz Regente hacia Cedric, el arma nuevamente desapareció–
—Espera, espera –Interrumpe Salieri, sus ojos rojos se abren con incredulidad y esta vez usando ya el tuteo– ¿Me estás diciendo que la Emperatriz Regente intentó violar a ese Demonio Cedric, y que eso causó la caída del Imperio de Seytan original?–
—Katerina asiente con una seriedad que no admite dudas, aunque una leve sonrisa irónica juega en sus labios ante la reacción de la Detective– Sí, exactamente eso. Esa Emperatriz, cuyo nombre era Lyraelle según los registros más detallados y prohibidos, estaba loca y obsesivamente enamorada del Demonio Cedric, sin embargo, a éste únicamente le interesaba servir a su misterioso Amo y mantener el orden en Seytan, por lo que siempre rechazó cortés pero firmemente las insinuaciones y propuestas de la Emperatriz –Katerina suspira, como si tuviera que explicar algo penoso– Por lo que ella, cansada y despechada por sus constantes rechazos, usó una sustancia extremadamente potente conocida como Licor de los Dioses para emborrachar a Cedric hasta dejarlo incapacitado y llevarlo a su cama para hacerle cosas que implican la reproducción humana –Una sonrisa se dibuja en su rostro al mencionar la parte de “reproducción humana”, algo ironico para ella pues no tiene ningún filtro– Para suerte de Cedric, y muy mala suerte para los Seytanos, otra Demonio, una subordinada del mismo Amo que servía Cedric y que al parecer sentía algo por él, lo rescató justo a tiempo, antes de que la Emperatriz pudiera consumar su acto. Y bueno, tras ser rescatado y enterarse de la traición y el intento de ultraje, Cedric enfureció de una manera que pocos seres han presenciado y sobrevivido para contarlo y… bueno, ya deberías saber qué es lo que pasó después –Responde Katerina, usando también el tuteo con una naturalidad que sugiere que la barrera formal entre ellas se ha erosionado considerablemente–
Katerina y Arisa suspiran casi al unísono, un suspiro cargado de una resignación familiar ante las intrigas y las pasiones destructivas que parecen plagar la historia de los seres poderosos, sin importar su raza o era.
—Sobre los Seytanos copias, bueno, –Explica Katerina, su tono volviéndose más analítico– estos, en su afán por replicar el poder de sus antecesores, desarrollaron su propia y distorsionada Magia Demoníaca a raíz de sus investigaciones sobre los pocos vestigios que quedaban del antiguo Imperio de Seytan. Gracias a esto, y a una mezcla de suerte y pactos oscuros, pudieron recolectar diversos Artefactos Demoníacos perdidos a lo largo de las Eras, y con ello, eventualmente recuperaron esta misma espada. –Hace una pausa, sus ojos dorados brillando con interés académico– Posteriormente, gracias a sus investigaciones y a rituales prohibidos, lograron descifrar la matriz de poder del arma, y así, con este conocimiento limitado, pudieron usarla para su propio beneficio. Y bueno, como la espada ya había consumido sangre de todo tipo y había sido utilizada en incontables y cruentas batallas inhumanas a lo largo de los siglos, no les costó mucho trabajo terminar de corromperla y transformarla en un arma puramente demoníaca, amplificando sus peores cualidades.–
Katerina observa el arma con una mezcla de fascinación y respeto profesional.
Camina lentamente frente a ella, admirando su estructura oscura y la belleza misteriosa que irradia a pesar de su naturaleza maligna.
Tras eso, con la misma naturalidad de antes, vuelve a deslizar un dedo sobre la hoja, como si estuviera leyendo su historia a través del tacto.
—Cuando el Imperio Copia de Seytan finalmente cayó, consumido por sus propias depravaciones e ineptitud, el arma fue recuperada por Luciel y estuvo inactiva un tiempo, hasta que hasta que eventualmente, hace unos siglos, fue entregada a alguien más–
—¿Alguien más? –Pregunta la Detective Salieri, siguiendo atentamente el intrincado linaje del artefacto–
—Un Demonio llamado Lumen –Responde Katerina, girándose para mirar a Salieri con seriedad– Normalmente, los Humanos condenados en el Infierno por sus pecados pueden, en raras ocasiones, convertirse en un Demonio si sus actos en vida o su potencial para la maldad atraen la atención de uno de los Altos Mandos del Infierno. Lumen fue uno de estos casos excepcionales, probablemente sus atroces actos crueles en vida llamaron la atención de Luciel, aunque realmente no estoy segura de los detalles de su reclutamiento. Pero el chiste es que Luciel le dio esta arma y lo convirtió en uno de sus Subordinados más cercanos y temidos, básicamente lo volvió uno de sus leales y sanguinarios perros de caza.–
—¿Lumen? –Un escalofrío visible recorre la espalda de la Detective Salieri al escuchar ese nombre, sus ojos rojos ensanchándose ligeramente–
De inmediato, ella recuerda con una claridad dolorosa las palabras de Sariel, ese joven alto, de cabello negro y ojos que ella percibió como verdes.
Él le había dicho exactamente que un ser llamado Lumen había sido realmente el asesino de su padre, que fue Lumen quien asestó el golpe mortal al Oficial Montenegro justo antes de ser consumido por las llamas del sol.
—Escuché ese nombre antes –Dice Salieri, su voz ahora tensa, pero firme–
—¿En serio? –Pregunta Katerina, genuinamente sorprendida–
—Lumen fue el Demonio que mató al Oficial Montenegro esta madrugada –Interviene Arisa, quien hasta este momento se había mantenido en un discreto segundo plano, solo escuchando la exposición de su amiga. Su voz es sombría– Ese chico y el Oficial lo mataron–
—¿Lo mataron? –La mirada atónita de Katerina se dirige bruscamente hacia Arisa– ¿Cómo es posible? Un Demonio como Lumen, portando un Arma Divina de Rango Semidiós…–
—¿No te lo había dicho ya? –Le pregunta Arisa, frunciendo el ceño, recordando que le había dado un resumen de los eventos.–
—Solo me dijiste que lo derrotaron, no que lo mataron –Responde Katerina, su propio ceño fruncido hacia su amiga por la omisión del detalle crucial–
—Ah, bueno, en realidad, para ser más precisas, fue asesinado por los rayos del sol–
—No jodas, ¿acaso es un Vampyr o algo así? –Pregunta Katerina, una expresión de incredulidad y una risa contenida comenzando a formarse en su rostro–
—Arisa se encoge de hombros con una leve sonrisa– Ni idea si era Vampyr, pero de qué se murió a causa del sol, pues así fue, simplemente un fwoosh y se desintegró–
—Que mierda… –Una carcajada sonora y genuina explota en la sala por parte de Katerina, rompiendo la tensión anterior– Entonces es por eso que en todas las leyendas y los informes se dice que Lumen únicamente aparece por la noche, y que tan pronto como sale el primer rayo de sol, este desaparece misteriosamente, ¡no era porque tuviera algo que hacer, sino porque si se quedaba más tiempo se achicharraba como un huachicolero ja, ja, ja! –Dice Katerina entre risas, encontrando la debilidad del temible Demonio absolutamente ridícula– ¡Qué pendejada más grande!–
—Esa boca –Espeta Arisa, aunque también sonríe, dándole un ligero y juguetón golpe con su dedo en los labios de la anticuaria–
—¡Nyaa! –Grita Katerina con un claro y exagerado dolor fingido, tocándose los labios que fueron suavemente golpeados como si hubiera recibido el más poderoso puñetazo de su vida–
Mientras las dos mujeres se enfrascan nuevamente por un instante en su teatralidad y complicidad habitual, la Detective Salieri Montenegro las observa en silencio.
Su mente, sin embargo, ya no está cerrada.
Las piezas del rompecabezas, por más extrañas y fantásticas que sean, comienzan a encajar de una forma que ya no puede ignorar, por lo que, lentamente, con una mezcla de asombro, temor y una extraña resignación, comienza a aceptar que el mundo que conocía, el que se regía por la lógica y la evidencia tangible, es solo una fachada, que este otro lado sobrenatural, el que su padre habitó y del que ese joven Sariel hablaba con tanta convicción, realmente era real.
—Por cierto Detective, –Añade Katerina, sus ojos dorados brillando con el fervor de quien está a punto de revelar un secreto aún más profundo– a simple vista no se aprecian del todo, pero hay muchísimos más escritos ocultos a lo largo de toda la hoja de esta espada, en el dorso, en la empuñadura, en la guarda, y, bueno, prácticamente en cada rincón y grieta del metal. –De inmediato ella se mueve con agilidad hacia su desordenado escritorio– Están escritos en diferentes sistemas de Lenguaje, algunos más comunes para los eruditos, otros casi desconocidos: hay fragmentos en Lenguaje Primordial, otros en Wexxe, por supuesto en Arcano como el del libro anterior, y también en Asteliano Antiguo e incluso algunas notas marginales en Asteliano Moderno, seguramente de algún propietario posterior –Rápidamente ella comienza a hurgar en los cajones de su escritorio hasta que extrae una lupa de aspecto antiguo, con un mango de marfil tallado y una lente gruesa y clara–
Tras encontrarla, regresa a la mesa y, de inmediato, le entrega la lupa a la Detective, pidiéndole con un gesto que la sostenga justo arriba de la superficie de la espada.
Salieri obedece, y al hacerlo, al mirar a través de la lente de aumento, puede ver cómo, para su asombro, la superficie del metal revela una miríada de caracteres diminutos, líneas finas y símbolos intrincados que antes eran completamente invisibles a simple vista. Incluso, cada que mueve la lupa sobre la hoja, más y más de estos grabados ocultos se revelan, como si la espada fuera un palimpsesto de secretos arcanos, una crónica de sus sangrientos viajes a través del tiempo.
—¿Hay algo importante aquí? –Pregunta Salieri, un poco abrumada por la cantidad de texto oculto, devolviendo la lupa a Katerina–
—Sip –Dice ella, tomando el objeto y llevándolo con pericia justo a la punta del mango de la espada, donde un cristal de un púrpura oscuro y opaco está engastado como un ojo maligno–
Salieri, siguiendo la indicación de Katerina, se inclina y acerca su rostro hacia el lugar indicado, posando su vista sobre esta pequeña área del pomo.
Bajo la lente que Katerina sostiene, distingue unas letras de una forma completamente ajena a cualquier sistema de escritura que conozca.
Son caracteres predominantemente curvos y ondulados, compuestos por múltiples bucles cerrados, pequeños círculos, y líneas que se entrelazan y se elevan con una gracia casi ornamental, como si fueran pequeños y complejos sellos místicos o una caligrafía celestial, más que simples letras para formar palabras.
Allí, ella ve las extrañas secuencias: “ⰎⰉⰁⰡⰓⰀⰕⰑⰐ” y otra más larga, “ⰅⰐⰈⰀ ⰄⰑ’ⰏⰑⰓⰖⰔ ⰂⰀ’ⰏⰑⰓⰃⰀⰐ’ⰅⰈ, ⰁⰡ’ⰐⰑⰓⰀ ⰖⰖⰓⰄ’ⰘⰀⰐⰀ. ⰀⰐ’ⰍⰘⰑⰓⰉ ⰀⰈ’ⰏⰀⰓⰑⰏ ⰀⰐ’ ⰄⰡ’ⰍⰘⰑⰓ, ⰈⰑⰓ’ⰅⰏⰐⰀⰐⰕ.” Estas letras son, efectivamente, muy poco parecidas a las del más anguloso Lenguaje Arcano que vio en el libro anterior, y ciertamente distintas a las escrituras Wexxe, o a cualquier forma de Asteliano, ya sea Antiguo o Moderno.
—¿Qué lenguaje es este? –Pregunta Salieri, su voz teñida de curiosidad, pues claramente no se asemeja a nada que haya estudiado o visto antes–
—Es Lenguaje Primordial –Responde Katerina, sus ojos dorados brillando con el fervor de la erudita– Es conocido comúnmente como El Lenguaje de los Dioses, pues fue usado únicamente, o al menos principalmente, durante la Era de la Creación. Se cree que es un idioma propio del mundo original de nuestra Diosa Astel, o tal vez… –Añade con una sonrisa pícara y un brillo conspirador en la mirada– fue enseñado a los primeros seres por su novio de ese entonces–
—¿Novio? –Repite Salieri, completamente confundida y un tanto escandalizada– La Santa Iglesia de Astel nunca dijo algo parecido a que la Diosa tuviera una pareja–
—Arisa, que había estado observando en silencio, mira con una seriedad casi compasiva a Salieri y después pone los ojos en blanco con un suspiro apenas audible– Detective, con todo el debido respeto, pero la Santa Iglesia de Astel, tal como la conocemos, proviene en gran medida de las interpretaciones y dogmas de los Reinos Unidos Santificados. Y a esos tipos –Dice, con un claro deje de desdén– les encanta ocultar, reinterpretar o directamente borrar cualquier cosa que consideren “negativa” o “inapropiada” para la imagen impoluta de su Diosa, por lo que es bastante obvio que no dirán abiertamente que la Diosa tuvo un novio o intereses románticos, pues no quedaría nada bien para su arquetipo de castidad y pureza divinas que tanto predican–
—Salieri asiente lentamente, una expresión pensativa en su rostro mientras procesa esta nueva perspectiva sobre las enseñanzas que ha recibido toda su vida– Entiendo, entonces –Vuelve a mirar las letras en el pomo de la espada, ahora con un interés renovado– ¿Qué dice aquí?–
—Veamos… –Responde Katerina– Esto tomará unos minutos, así que permítame, Detective–
De inmediato, la anticuaria le entrega nuevamente la lupa a Salieri y le pide que la sostenga sobre la inscripción, iluminándola bien. Tras eso, Katerina corre de nuevo hacia su escritorio, rebusca con agilidad en los cajones y regresa con una pequeña libreta de cuero desgastado y un elegante lapicero de plata y con la pluma en mano, y la Detective enfocando la lupa sobre las runas, Katerina comienza a transcribir con esmero los extraños caracteres ondulados en su libreta, cada trazo lo realiza con una precisión, una elegancia y una belleza caligráfica que sorprende tanto a Salieri como a Arisa, quienes la observan en silencio, maravilladas por su destreza.
Tras anotar la secuencia completa, Katerina se dirige de nuevo hacia una de sus repletas estanterías y saca otro libro, uno de aspecto igualmente antiguo y cubierto de símbolos similares, que abre y consulta brevemente, como si estuviera cotejando referencias o buscando una clave de traducción específica.
Así, después de algunos minutos de concentrado estudio, murmullos en lenguas olvidadas y rápidos trazos en su libreta, ella finaliza la traducción con un aire de triunfo.
—Veamos.. aquí dice que el arma se llama Liberato –Responde finalmente después de descifrar todo, sus ojos dorados brillando con la satisfacción del descubrimiento– También tiene un epígrafe qué dice “Entre las sombras de la crueldad, la bondad se alzará; aquellos que luchen por la justicia prevalecerán”–
Un pesado silencio cae sobre la oficina. Las tres mujeres se quedan contemplando la espada, ahora con un nuevo entendimiento de su nombre y el ideal que alguna vez representó.
—Qué triste ironía –Dice finalmente la Agente Arisa, rompiendo el silencio, su voz teñida de melancolía– Un arma creada o imbuida en un principio con un ideal de justicia y liberación, que al final terminó siendo usada para un propósito totalmente contrario, para infligir dolor y muerte en manos de un ser como Lumen–
Katerina y Salieri asienten en silencio, compartiendo el sombrío sentimiento de la Agente.
La historia de “Liberato” parece ser una tragedia en sí misma.
—Entonces, –Dice Arisa, dirigiéndose a la joven de ojos rojos– Detective, ¿tiene más preguntas?–
—Sobre ese Demonio del qué hablaban, Lumen, –Le pregunta Salieri directamente a Katerina, su mirada intensa– ¿puede darme un poco más de información?–
—Katerina asiente, sus ojos dorados brillando con el conocimiento que está a punto de compartir– Lumen, antes de ser lo que es ahora, fue una vez un habitante común y corriente de un pueblo ubicado en un antiguo y sombrío Reino llamado Nocturnia, comúnmente mencionado en los textos más oscuros como la Hegemonía Nocturniana. Esto fue por allá del año 3500 de la Era del Resurgimiento, durante la llamada Edad de las Sombras –Katerina hace una pausa, su voz adquiriendo un tono más confidencial– Sin embargo, la historia cuenta que nació con una grave enfermedad mental; dicen que una voz persistente en su cabeza le ordenaba matar y convertir las cabezas de sus víctimas en lámparas. Supuestamente, estas lámparas debían iluminar el camino por el que llegaría un ser superior, una entidad de otro mundo o de un plano oscuro llamado Nocturn, que él adoraba en secreto. Por esto es que, desde su infancia, se dedicó a asesinar en la clandestinidad, comenzando primero con pequeños animales del bosque y terminando, inevitablemente, con personas, normalmente sus víctimas eran viajeros desprevenidos o vagabundos sin nombre. Pero después, para evitar sospechas en su comunidad, recorrió lugares alejados de su pueblo natal, dejando un rastro de terror. Sin embargo, con el tiempo, una compulsión lo hizo regresar al lugar que lo vio nacer. –Katerina comienza a narrar todo lo que ella sabe, su voz tejiendo una historia macabra– Obviamente, tarde o temprano lo iban a atrapar, y así fue –Menciona con un gesto de inevitabilidad– Durante una de sus noches de asesinato, trató de matar a una pequeña niña, pero falló en el proceso al ser descubierto por el padre de esta, un leñador fornido. Y tras una serie de investigaciones exhaustivas, comenzando con el Jefe del Pueblo y terminando con el propio Rey de Nocturnia, fue encontrado culpable de innumerables asesinatos y condenado a la decapitación. Como un último método de burla y advertencia, su propia cabeza fue colgada en la entrada de la Ciudad Capital del Reino, convertida, irónicamente, en una lámpara–
—…–
La Detective Salieri se queda en un profundo silencio mientras Katerina termina esta parte de la narración, su rostro impasible, aunque sus ojos rojos reflejan la oscuridad de la historia.
—Tras permanecer 25,000 años en el infierno, que el mundo exterior serían apenas 25 años, Luciel, el Gobernante del Infierno, por alguna razón se fijó en él, quizás su crueldad o su extraña devoción llamaron su atención, y lo convirtió en uno de sus Subordinados más cercanos y temidos –Añade Katerina, completando el origen del ser– Y bueno, así nació la leyenda de Lumen, el Demonio al cual le encanta hacer de las cabezas de sus víctimas lámparas, probablemente para iluminar su triste existencia–
—Que mal chiste –Le reclama Arisa, frunciendo el ceño ante el comentario final de su amiga–
—Cállese usted, que nadie le preguntó, señorita zorra –Le refunfuña Katerina a su amiga con una sonrisa traviesa–
Inmediatamente, la mente analítica de la Detective Salieri detecta una conexión escalofriante en la historia de Katerina con los detalles de la escena del crimen.
—En la escena del crimen en el centro recreativo –Dice Salieri lentamente, su voz ahora tensa– También había dos policías, los primeros en llegar, cuyas cabezas fueron cercenadas –Hace una pausa, recordando los horribles detalles– Ambas estaban totalmente huecas. Todo su contenido anterior, sus cerebros y demás, estaba a un lado, sobre el césped. Incluso una de ellas, la del Oficial Clinton, tenía un par de velas encajadas en las cuencas de los ojos–
Arisa y Katerina intercambian miradas significativas, la diversión anterior borrada de sus rostros.
—Jaja –Una pequeña risa, completamente desprovista de humor y cargada de una resignación amarga y una creciente perturbación, escapa de los labios de Salieri– ¿Esto es en serio? –Se pregunta a sí misma en voz alta, más que a las dos mujeres frente a ella– ¿Demonios?–
Salieri suspira profundamente, pasándose una mano por el cabello.
Siente cómo las firmes murallas de su lógica, de su visión científica y racional del mundo, comienzan a resquebrajarse.
Sabe, con una certeza que la irrita y la asusta a partes iguales, que finalmente su mente ha comenzado a creer, a aceptar la posibilidad de que estas historias, estas entidades, son reales, y, eso es algo que a ella, una mujer de ciencia y evidencia, le molesta profundamente, pues toda su vida se ha visto involucrada y ha confiado en cuestiones empíricas y científicas, nunca en lo esotérico o lo fantástico.
—Agente, es suficiente por hoy, volvamos a la Estación de Morian –Dice Salieri, su tono recuperando la firmeza profesional mientras se dirige a Arisa– Volvamos a la Estación de Morian. Pero primero, debo ir a la Sede de la Policía de Centralia aquí en Melbury para dejar el arma, la espada “Liberato”, bajo custodia oficial y con las debidas medidas de seguridad, si desea venir conmigo, adelante–
—Arisa asiente, comprendiendo la necesidad del procedimiento– Bien, adelántese usted primero, yo la seguiré–
Salieri entonces saca su teléfono móvil de última generación del bolsillo de su chaqueta y, con un toque rápido en la pantalla, abre la aplicación Zelix.
Zelix, la aplicación que Salieri ahora activa en su dispositivo, es una plataforma de mensajería instantánea omnipresente en la República Central y más allá, desarrollada por Communicationare, una de las muchas compañías tecnológicas afiliadas al vasto conglomerado de Lan Companies, bajo la supervisión directa del Emperador Lan. Su diseño busca ofrecer una comunicación integral, combinando la facilidad de la mensajería móvil con la versatilidad y seguridad del almacenamiento en la nube.
A través de Zelix, los usuarios pueden entablar conversaciones individuales o grupales, intercambiando no solo mensajes de texto, sino también notas de voz, imágenes, vídeos de alta resolución y una amplia gama de documentos, además, integra funciones de llamadas de voz y videollamadas, generalmente con una calidad de conexión notable.
Una de sus características más apreciadas es su infraestructura basada en la nube: todos los mensajes y archivos compartidos se almacenan de forma segura en servidores remotos, permitiendo a los usuarios acceder a su historial completo de conversaciones y a sus archivos desde múltiples dispositivos (teléfonos, tabletas, terminales de computadora) de manera sincronizada y sin que el dispositivo principal necesite estar constantemente en línea.
Esta arquitectura también facilita el envío de archivos de gran tamaño, una función muy útil para el trabajo policial y otras profesiones que manejan grandes volúmenes de datos.
La seguridad es otro pilar de Zelix, que implementa un robusto cifrado de extremo a extremo para la mayoría de sus comunicaciones, asegurando la privacidad de las conversaciones.
—Katerina, te agradezco mucho la información –Dice Salieri, su tono ahora más cálido y personal. mientras muestra un código QR en su teléfono–
—Katerina, con los ojos dorados iluminados por una emoción que raya en la adoración, saca su propio y elegante teléfono del bolsillo de su vestido y rápidamente escanea el código que Salieri le ofrece– ¡Listo! –Exclama ella tras confirmar el contacto, su voz vibrando de alegría– ¡Muchísimas gracias Salieri!…, ejem, digo, gracias Detective –Se corrige rápidamente, un leve sonrojo tiñendo sus pálidas mejillas ante su desliz–
—Salieri está bien –Responde la joven detective con una sonrisa genuina y amable, una que suaviza sus facciones y hace que sus ojos rojos brillen con una luz mucho más cálida a la de su porte intimidante natural– Si quieres, también puedes tutearme–
—¡Entendido! –Exclama la pelinegra, completamente emocionada, sus manos juntándose en un gesto de pura felicidad– ¡Y tú también, por supuesto, si quieres, puedes tutearme y llamarme Katerina, o Kat, o Kattie, o como lo desees!, ¡lo que te sea más cómodo!–
—Salieri emite una risita divertida al ver a la anticuaria con una alegría tan desbordante, casi de otro mundo. Tras eso, asiente con la cabeza– Entendido, Kat–
Al terminar este inesperado pero agradable intercambio que parece haber cimentado una nueva alianza, Salieri guarda su teléfono en el bolsillo de su chaqueta. Luego, se inclina sobre el maletín donde reposan los guanteletes Aligerador y, con la ayuda silenciosa pero eficiente de Arisa, se los coloca nuevamente. Las luces azules de los dispositivos se encienden con un suave zumbido, y con ellos ahora activos, toma con firmeza los margenes de la masiva y enigmática espada “Liberato”, que vuelve a sentirse ligera como una pluma en sus manos.
—Entonces, Kat, nos vemos –Se despide ella, dirigiéndose a Katerina con la nueva informalidad que han establecido, tras esto, comienza a moverse con cuidado, maniobrando la larga hoja para no chocar con los innumerables tesoros que llenan la habitación.–
—An taris ka rena presa, Lysari Lysaena sha Montenegroim-nya –Le dice Katerina con una sonrisa genuina y un brillo especial en sus ojos dorados, respondiendo en el fluido y siseante idioma de su raza Misakirte, el Silraen. Sus palabras, para Salieri, son incomprensibles, pero el tono es cálido y respetuoso, significando: “Hasta luego y vuelva pronto, Señorita Heredera de los Montenegro.–
Mientras las dos hermanas ven a la Detective Salieri maniobrar con sorprendente agilidad la enorme arma y salir de la oficina para dirigirse de nuevo al vestíbulo de la tienda, Arisa se gira hacia su compañera y le jala ligeramente una mejilla con una mezcla de reproche y afecto.
—¿Qué te dije de exagerar en la explicación? –Le regaña con una ira completamente fingida, aunque su ceño está ligeramente fruncido– Hablaste de mas, otro poco y le cuentas sobre el Altern–
—Lo chento~ –Responde Katerina con una voz lastimera y juguetona, mientras trata de retirar con delicadeza la mano de Arisa de su mejilla– Pero es que era imposible explicar sin decir cosas más allá de los simples y arcaicos conocimientos humanos –Dice esta última parte como justificación, sobándose la mejilla con una expresión de puchero– Además, ya me conoces, cuando comienzo a hablar no hay nadie que me pare…, bueno, excepto tú, por supuesto–
Arisa suspira, una sonrisa resignada curvando sus labios.
Sabe perfectamente que esto es verdad; explicar la procedencia y la naturaleza de un artefacto como “Liberato” a alguien ajeno al Altern, sin revelar demasiado, es una tarea casi imposible, especialmente para alguien tan apasionada y locuaz como Katerina, por eso no se enojó realmente con su hermana, ni tampoco la siguió deteniendo con más insistencia durante sus extensas explicaciones a la Detective.
—Veele el lado bueno –Dice Katerina con una sonrisa satisfecha, mientras comienza a recoger con despreocupación algunos de los valiosos objetos que antes barrió de su mesa de piedra– Parece que ella está comenzando a creer o al menos, a dudar de su incredulidad–
—Bueno, no es tan difícil que empiece a considerarlo, si tomamos en cuenta que mucho de lo que se habló aquí, especialmente la historia de esa espada y el nombre de Lumen, está directamente conectado con la narrativa de ese joven Sariel y la propia escena del crimen –Menciona Arisa, más pensativa– Solo espero que no falte mucho para que entienda del todo. Si no se vuelve una Sehwert como su padre, al menos estaría bien que termine siendo una Kehrseite. Le facilitaría mucho las cosas–
—Cierto, muy cierto –Concuerda Katerina, colocando con cuidado un antiguo astrolabio de bronce sobre un estante– Al menos así tendrá un poco más de comprensión acerca de nuestro mundo, el Altern, y de seres como nosotras. Y si eso pasa, sin duda será una mejor Detective y resolverá muchos más casos que ahora le parecerían imposibles–
Arisa afirma con un movimiento de cabeza ante las palabras de su amiga. Su preocupación por Salieri es genuina, no sólo por la promesa de Sariel, sino por el legado del Oficial León Montenegro.
—En fin, lo hiciste bien, Kat. La información que le diste fue crucial, aunque te fueras por las ramas como siempre –Dice Arisa con una media sonrisa, preparándose para irse– Nos vemos después, ya te cuento qué más pasa con este embrollo–
—Espera, espera, ¿y mi beso, culera?, ¿te vas así nomás? –Le pregunta Katerina, su tono volviéndose coqueto y su enojo anterior completamente fingido, mientras se acerca a Arisa con una mirada insinuante–
—Arisa suspira con una resignación teatral, aunque una sonrisa divertida juega en sus labios– Alrato Kat, alrato –Dice ella finalmente– Hoy tengo vacaciones obligatorias, así que saldré temprano del trabajo. Ven a recogerme a la estación a las cinco, si quieres–
—Los ojos dorados de Katerina brillan con una excitación casi febril al escuchar la invitación– ¡Bien!, ¡perfecto! –Exclama entusiasmada, aplaudiendo suavemente– Esta noche será de festejo entonces. Tengo lencería especial que quiero estrenar, para usarla entre nosotras dos, y muchos buenos juguetes nuevos que le compré a una amiga duende de confianza. Incluso tengo velas aromáticas y lazos de seda para que los uses conmigo como quieras, ju, jue…–
Arisa pone los ojos en blanco con una exagerada mueca de desdén y asco ante la explícita y entusiasta descripción de Katerina. Comienza a caminar hacia la salida de la tienda mientras le hace un gesto de repulsión fingida a su amiga, sin embargo, la sonrisa que juega en sus labios y el brillo divertido en sus ojos verdiazules delatan sus verdaderos sentimientos de afecto y diversión ante las ocurrencias de su pervertida pretendiente.
—Perra lesbiana –Le suelta Arisa con un tono claramente divertido y cariñoso antes de alejarse completamente de ella y salir de la oficina–
—¡No soy una perra, soy una gata, miaaau! –Le grita Katerina desde el interior de la oficina, su voz llena de una alegría juguetona– ¡Y no soy lesbiana, me gustan tanto hombres como mujeres!, ¡pero sobre todo, me gustas mucho más tú!–
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com