Ekstern - Capítulo 15
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Capítulo 15: Capítulo 2 – Detective | 2.5: Regreso a la Sala
____________ >> Comisaría de Morian >> ____________
Mientras la Detective Montenegro se había marchado con la Agente Montessori a investigar la verdad detrás de la misteriosa espada, la situación para mí aquí dentro de la Estación de Policía de Morian había un giro de ciento ochenta grados, casi como si hubiera entrado en una realidad paralela.
Atrás habían quedado las miradas cargadas de enojo, el desdén palpable o el miedo apenas disimulado que me dedicaban los oficiales Surnaturel. Atrás también quedó el trato rudo y las precauciones extremas hacia mi persona.
Ahora, las miradas que se dirigían hacia mí eran completamente diferentes: un claro respeto en ellas se mostraba, una admiración casi palpable, e incluso un orgullo un tanto desconcertante, como si yo fuera algún tipo de héroe de guerra, incluso, muchas de las Agentes femeninas Surnaturel, al pasar cerca de mi celda (ahora con la puerta abierta), incluso me dedicaban sonrisas y me hacían ojitos de una forma nada discreta… Ejem. Definitivamente, el testimonio de la Agente Montessori había surtido un efecto drástico, y gracias a esto, no pude evitar agradecerle por su gran ayuda.
De hecho, lo primero que sucedió fue que me proveyeron de ropa nueva y limpia, me entregaron un traje impecable, con su respectiva camisa blanca de algodón fino, un pantalón negro de corte elegante, una chaqueta a juego y unos zapatos sorprendentemente cómodos y de buena piel.
La calidad de la tela y la precisión de la costura eran evidentes, y la etiqueta interior rezaba “Montenegro Velour”, de su línea “Velour Noir”, que, según me comentaron algunas oficiales con una sonrisa cómplice y un guiño, eran ropas de muy alta calidad, quizás no del nivel más premium y exclusivo reservado para la nobleza más rancia, pero sí para los ciudadanos más adinerados y con buen gusto de la República Central. Esto, inevitablemente, me hizo preguntarme de dónde habían sacado este atuendo con tanta rapidez y por qué la deferencia repentina.
También, y esto lo agradecí profundamente, me permitieron usar el baño de oficiales, por lo que pude finalmente limpiarme bien y por completo, eliminando los rastros de sangre seca y la suciedad acumulada. Era algo altamente necesario después de una noche y madrugada sumamente ajetreadas y traumáticas.
A su vez, para mi mayor alivio y sorpresa, retiraron a los imponentes miembros del Equipo Delta que antes me miraban como si yo fuera la encarnación de todos los males del Infierno. Antes de marcharse, cada uno de ellos, para mi asombro, me ofreció una disculpa formal, casi reverencial, por su trato anterior. También desactivaron el brillante y complejo Círculo Akrani de Rango Emperador que adornaba el suelo de mi celda, y con ello, me quitaron todas las restricciones físicas: las esposas de halo blanco desaparecieron de mis muñecas y la pesada puerta de barrotes de la celda quedó abierta, un gesto de confianza que no esperaba.
Eso sí, no me dejaron completamente solo. En lugar del temible Equipo Delta, dejaron a una agente femenina para mi custodia, o más bien, para mi compañía, una sargento de policía. Comenzamos a platicar para matar el tiempo, recordando eventos del pasado, tanto divertidos como caóticos. Incluso, para mi mayor sorpresa y diversión, me prestó una de sus consolas de videojuegos portátiles y terminamos jugando juntos a un popular juego de simulación de parejas y citas, lo cual fue sumamente irónico y un tanto surrealista dada mi situación actual y mi historia personal con las “Parejas Destinadas”.
—Por cierto, me acaban de informar que la Agente Arisa y la Detective Salieri están por llegar –Dice ella, su voz realmente agradable–
—Gracias por la compañía –Agradezco sinceramente, pues su presencia ha sido mucho menos opresiva que la del Equipo Delta–
—De nada, fue un placer volver a verte –Responde ella, y una gran y dulce sonrisa, una que conozco muy, muy bien, se dibuja en su fino rostro, transformando sus facciones–
—Lo mismo digo, es un placer ver que sigues viva, Nemeia –Le sonrío a la mujer–
Nemeia.
Una hermosa joven de unos 20-30 años (aparentemente, pues su edad actualmente es incalculable), de cabello de un morado tan oscuro que bajo esta luz artificial casi parece negro puro, está recogido con una elegancia práctica en un moño pulcro, aunque algunos mechones rebeldes y sedosos se escapan para enmarcar su rostro ovalado. Su piel es blanca, casi como la porcelana, lisa y sin imperfecciones, resaltando la viveza de sus labios, pintados de un rojo intenso y seductor que invita a la contemplación. Su figura, aunque ahora enfundada en el uniforme algo rígido de sargento, sigue siendo delicada y de una gracia innata que el tejido no logra ocultar por completo.
Pero son sus ojos los que siempre me han parecido su rasgo más cautivador e inolvidable. Son de un dorado oscuro, casi como el ámbar o el topacio ahumado. No es un dorado brillante ni desafiante, sino uno profundo, que parece contener la luz de estrellas lejanas y una sabiduría que desmiente la juventud que aparenta su forma actual. Poseen una cualidad enigmática, como si pudieran ver directamente en el alma, aunque ahora me miran con una calidez y una familiaridad que me llenan de una alegría inesperada.
—¿Cuando me reconociste? –Pregunta Nemeia, su tono divertido y sus ojos dorados oscuros brillando con una mezcla de curiosidad y afecto–
—Desde que te asignaron a que me cuidaran –Respondo, por suerte, mis memorias, aunque fragmentadas y en proceso de restauración, parecen considerar nuestra conexión lo suficientemente importante como para permitirme recordarla con una rapidez sorprendente– Tan pronto como mis ojos se posaron en ti, incluso bajo ese uniforme y con el peso de los años que han transcurrido, te reconocí.–
—Ha pasado un tiempo, ¿verdad, Sariel? –Una sonrisa de genuina añoranza se esboza en su rostro, suavizando aún más sus facciones– ¿Cuándo fue la última vez que nos encontramos…?, ¿La Era de las Bestias Colosales?, ¿o en la Era del Resurgimiento, en la Edad de los Fragmentistas?–
Nemeia
Al verla sonreír así, los recuerdos de ella, la verdadera Nemeia, regresan a mí con una claridad asombrosa, como si el bloqueo en mi memoria se hubiera desvanecido selectivamente para ella. Recuerdo a la Arcángel, una guerrera formidable que antes estaba al servicio devoto de la Diosa Astel. Sin embargo, el destino, o más bien el amor maternal, la llevó por un camino diferente. Posteriormente, se unió a la facción de Luciel, no por lealtad a él, sino en su desesperada ayuda y protección hacia su hija adoptiva, una pequeña Corrupción Consciente llamada Airelle.
Airelle era una de la misma Raza de Erste, la amada de Luciel: una Elfa de delicadas facciones, cabello dorado como el sol y ojos verdes como las esmeraldas, pertenecientes a la antigua y noble estirpe de los Elven.
La relación entre Nemeia y Airelle eventualmente se profundizó hasta alcanzar un punto maternal inquebrantable, por eso es que, cuando Astel en su juicio inflexible de aquel entonces, declaró la eliminación total de todas las Corrupciones, Conscientes o no, y Luciel se rebeló contra ella para proteger a Erste y a los demás, Nemeia no dudó. Aprovechó la oportunidad para unirse a su facción, no por afinidad con la rebelión en sí, sino en pos de la supervivencia y el bienestar de su amada hija.
Además, en uno de esos giros irónicos del destino, tuvo la suerte, o quizás la desdicha, de encontrarse conmigo.
En ese entonces yo había bajado al Erden, buscando un respiro, un escape de la creciente toxicidad y las demandas emocionales de mi relación con Astel. Y allí las encontré, a Nemeia y a la pequeña Airelle, viviendo pacíficamente en el interior de un bosque frondoso y apartado, cultivando sus propios productos a base de una cuidadosa selección de plantas comestibles (frutas dulces, legumbres nutritivas y raíces sabrosas) y, asimismo, mediante la paciente domesticación de algunas bestias salvajes que les proveían compañía y sustento.
Al verlas, ellas, en vez de mostrarse recelosas o temerosas ante mi presencia, me invitaron con una sorprendente calidez a compartir su refugio y su humilde hogar.
Así, durante 500 largos años de tiempo terrenal, estuve con Nemeia y Airelle. 500 años en los que, de forma completamente involuntaria y sin buscarlo, me terminé convirtiendo en una especie de figura paterna para Airelle y en un compañero constante, un esposo platónico, para Nemeia. (Aunque, debo recalcar, nunca tuvimos relaciones físicas, ni siquiera besos o caricias íntimas, pues como dije antes, en ese entonces, a pesar de todo, mi corazón y mi lealtad aún le pertenecían, de una forma u otra, a Astel). A ambas les enseñé muchos de mis conocimientos sobre las Energías Primordiales, sobre la historia del cosmos y sobre el potencial latente que residía en sus propias almas. Esto permitió maximizar sus habilidades y conocimientos preexistentes, inspirándolas a ambas a romper sus límites autoimpuestos y los que su naturaleza les dictaba, llegando a dominar cada una, con esfuerzo y dedicación, hasta cuatro de las cinco Energías Primordiales (Mana, Aura, Qi, Poder Divino, Energía Espiritual).
Así es.
Ambas, Nemeia y su hija Airelle, también fueron mis estudiantes, al igual que Lilian, la primera mujer; Lyra, la Folk Hunter de espíritu indomable; y muchas otras más a lo largo de mi extensa y a veces solitaria existencia.
Sin embargo, nuestra pacífica coexistencia en aquel bosque del Erden no podía durar para siempre. Nos terminamos separando abruptamente debido a la inflexible orden de Astel de eliminar a todas las Corrupciones Conscientes, sin excepción.
El peligro para Airelle, y por extensión para Nemeia quien la protegería con su vida, era inmenso e inminente, por lo que, a cambio de un pago que ellas me harían en el futuro, un favor que cobraría cuando lo necesitara, les ofrecí un entrenamiento intensivo en mi Habitación Blanca. Ese espacio dimensional donde el tiempo fluye de manera diferente fue nuestro campo de entrenamiento durante lo que serían cincuenta mil años para ellas, aunque mucho menos en el exterior (7 días para ellas). Ese entrenamiento les permitió alcanzar la maestría de esas cuatro Energías Primordiales que sus naturalezas podían asimilar, convirtiendo, en términos de poder bruto y habilidad, a Nemeia en un ser comparable a un Azelvi, como Mikleo o Luciel.
Gracias a este poder recién adquirido, Nemeia pudo finalmente manejar con propiedad la espada “Liberato” (esa misma arma que la Detective Salieri Montenegro ha ido a investigar ahora).
“Liberato” siempre fue una hoja con una especie de consciencia propia, muy quisquillosa y selectiva con sus portadores, rechazando a aquellos que no consideraba dignos o lo suficientemente poderosos. Pero Nemeia, con su nueva fuerza, la doblegó a su voluntad. Y con ella, durante la Guerra Sacra, cuando finalmente se unió a la rebelión de Luciel para proteger a Airelle, mató a veinticinco mil Serafines leales a Astel. Esas bajas masivas permitieron una brecha crucial en las defensas del Araboth, pues esos Serafines eran los principales custodios de los accesos al Reino Celestial.
La historia oficial, la que se cuenta en los anales celestiales y en las leyendas, dice que Nemeia murió en combate poco después de esa hazaña, sacrificándose heroicamente.
Pero la realidad es que ella solo hizo su parte.
Muchos de esos Serafines a los que se enfrentó eran, de hecho, agentes de Astel que habían estado intentando cazar y matar a Nemeia y a la pequeña Airelle durante años, por el simple hecho de que Airelle era una Corrupción Consciente y Nemeia la protegía. Esa persecución las obligó a huir constantemente, a esconderse en lugares apartados y siempre bajo la amenaza de ser descubiertas, así que, una vez que Nemeia hizo su trabajo, una vez que eliminó la amenaza directa que se cernía sobre su hija, no vio razón para continuar en una guerra que no era la suya más allá de la protección de Airelle. Volvió con ella, nos reunimos brevemente, y luego los tres tomamos caminos separados, cada uno buscando su propio destino en un mundo que seguía siendo peligroso.
¿Tuvimos encuentros sexuales Nemeia y yo?.
Claro que los tuvimos, pero eso fue mucho, mucho después, solo una vez que Astel fue sellada y mi corazón quedó… a la deriva, por así decirlo, liberado de sus ataduras anteriores.
Nuestro primer encuentro íntimo, de hecho, fue bastante tiempo antes de que yo conociera a Lyra
¿Fue solo Nemeia?
Y fue solo con Nemeia?
No, Airelle también estuvo incluida en nuestros encuentros.
Para cuando esto sucedió, Airelle ya era una adulta en todos los sentidos, tanto física como mentalmente, con la madurez que le confirieron los milenios vividos y el intensivo entrenamiento.
En la República de Hikari, un lugar que visité hace tiempo, existe un término llamado “Oyakodon”, que básicamente describe una relación sexual consensuada con una madre y su hija. Así que, sí, básicamente eso fue lo que pasó entre nosotros tres.
Aunque claro, con Airelle solo fue posible y aceptable para mí debido a que ella ya era una adulta con pleno consentimiento y deseo. O sea, sí, puedo ser un jodido maníaco sexual cuando la ocasión y el deseo mutuo se presentan, pero incluso yo también tengo límites y moral.
—¿Qué tal está Lyra? –Pregunta Nemeia, y una sonrisa más amplia, llena de una genuina curiosidad y quizás un toque de picardía, se esboza en su rostro–
—Fuera de este mundo, literalmente –Suspiro, una punzada de nostalgia mezclada con la resignación de los hechos– Decidió irse, explorar otros mundos, antes de que aquí cayeran las bombas atómicas que marcaron el fin de la Era de la Consolidación–
—Bueno, no me sorprende, ella se enamoró perdidamente de ti, así que era esperable que saliera huyendo cuando se dio cuenta de que no podía tenerte como quería, por tu conexión con Astel –Dice ella, y luego suelta una risita melodiosa– Créeme, yo también pasé por eso cuando me rompiste el corazón en su momento, algo tan típico de ti, ¿no es así?–
—Oye… –Digo, con una queja fingida en mi voz, aunque siento un leve y antiguo dolor en el pecho al recordar esas complicaciones.–
—Vamos, no te enojes conmigo, sabes que es verdad –Dice ella, sus ojos dorados brillando con diversión– Todas las mujeres que, por alguna extraña razón del destino, terminaron enamorándose de ti, acabaron con el corazón hecho añicos y profundamente decepcionadas, tanto que probablemente no quisieran volverte a ver en todas sus vidas. Y si, puede que sea por ese Sistema de Parejas Destinadas, que te obliga a solo sentir amor romántico por tu Pareja Destinada, impidiendo el sentir ese tipo de cosas por otras, pero eso no quita esa crueldad –Otro suspiro, esta vez más teatral, sale de su boca– Tienes una suerte increíble de que yo no sea así, y que mi cariño por ti sea más fuerte que cualquier rencor, je, je–
Suspiro internamente.
Esta mujer, Nemeia, es sumamente conocida por su lengua afilada, capaz de desarmar con palabras. Incluso seres mucho más fuertes y poderosos que ella han terminado llorando o cuestionando su existencia al escuchar sus verdades directas y sin adornos.
—Por cierto, ¿cómo está Airelle? –Pregunto, cambiando de tema y genuinamente interesado, pues normalmente Nemeia y su hija adoptiva son inseparables–
—¿Nuestra hija? –Pregunta ella, y una sonrisa radiante, llena de orgullo maternal, ilumina su rostro– Dijo que quería volverse forense, así que se fue a estudiar en la Academia Imperial Central –Responde, señalando vagamente hacia el norte, en dirección a la Capital de la República– Dijo y citó que, en el futuro cercano habría cosas muy interesantes y probablemente muchos casos sin resolver, y que ser forense sería de gran ayuda para acercarse a su muy querido “papá barra amante”–
—Me haces parecer un completo enfermo al decir que me acuesto con mi propia hija –Sonrío y niego con la cabeza, aunque el recuerdo es vívido–
—¿Y no es verdad, querido? –Pregunta Nemeia, su rostro adoptando una expresión de falso asco y reprobación, pero sus ojos dorados sonrientes delatan la verdad de su broma–
—En mi defensa, ella fue quien se lanzó contra mí primero –Digo, refunfuñando con diversión– Además, cuando inicialmente no quise, porque yo solo la veía como una hija y una protegida, tú y ella me terminaron convenciendo con argumentos muy… persuasivos–
—En ese instante, Nemeia lanza una sonora carcajada que resuena en la sala de espera de la comisaría, atrayendo incluso la atención curiosa de algunos oficiales Surnaturel cercanos que fingen no estar escuchando– Lo recuerdo, recuerdo como te escondías de nosotras, yendo de país en país cada que te encontrábamos. Prácticamente eras un pobre e inocente cazador que, de repente, se vio cazado sin piedad por dos bestias feroces y muy decididas.–
Suspiro de nuevo, niego con la cabeza y una sonrisa genuina se extiende por mi rostro.
Definitivamente, todas las mujeres con las que he tenido la fortuna, o la desgracia, de estar involucrado son, a su manera, unas completas y adorables locas.
Me pregunto si en mis vastas memorias, ahora en proceso de restauración, habrá algún recuerdo de alguien que pudiera considerarse remotamente “normal”, aunque, sinceramente, lo dudo mucho.
—En fin mi amor, es hora de irme –Dice ella, levantándose de la silla con una gracia que no ha perdido con los eones ni con el uniforme de sargento– Acabo de ver en mi teléfono que hay unas ofertas increíbles en el supermercado y no quiero perderme ninguna, ¡la economía no está para despilfarros!–
—Sonrío, la imagen mental de Nemeia, la antigua y poderosa Arcángel, regateando con fervor con los comerciantes en algún mercado perdido del Erden se evoca en mi mente con una claridad divertida– De verdad que nunca cambias, ¿cierto Nemeia?–
—Hay que ahorrar dinero, querido –Dice ella, estirándose lánguidamente como una gata satisfecha– Como sea, antes de irme dejame decirte que te prepares –Tras estirarse, su expresión se vuelve seria, sus ojos dorados oscuros fijos en los míos con una intensidad que me pone en alerta– Principalmente para lo que pasará alrato–
—¿Prepararme?, ¿pa’ qué? –Pregunto, la confusión nublando mi mente–
—No te lo voy a decir, considéralo mi pequeña venganza por romperme el corazón hace tanto tiempo –Dice ella, sacándome la lengua de una forma adorablemente infantil, un gesto que me desarma– Lo único que sí te puedo decir es que te prepares en serio, porque la situación en el futuro cercano se va a poner fuerte, muy fuerte. Vas a tener que usar tu propio cuerpo, tus instintos y tu astucia, y esta vez no para situaciones sexuales o placenteras, sino para poder proteger a esa adorable joven de ojos rojos que estará contigo, pues ahora ya no tienes ese gran poder tuyo que te vuelve prácticamente invencible–
—¿Eh? –Pregunto, inclinando la cabeza, genuinamente confundido por su críptica advertencia–
—Ash, olvidalo –Dice ella, una sonrisa divertida volviendo a sus labios– Sigues igual de tonto que siempre–
—Pues sí, no soy precisamente de los que comprenden oraciones enigmáticas a la primera –Bromeo, encogiéndome de hombros–
Nemeia no responde, solo me lanza esa risita suya tan característica, esa que solía sacar cada vez que yo no comprendía las cosas más básicas o las sutilezas en la crianza de Airelle.
—Nos vemos… –Dice de pronto, su voz ahora más suave. Y antes de que pueda reaccionar o decir algo más, ella se acerca a mí con una rapidez felina y me roba un beso. No es un beso casto ni fugaz; es uno profundo y largo, cargado de una nostalgia agridulce, de un cariño que ha sobrevivido a eras y a desilusiones. Sus labios, suaves y con el leve sabor a alguna fruta exótica, se mueven contra los míos con una familiaridad que me estremece– Mi adorable tonto –Susurra contra mi boca antes de separarse con la misma celeridad–
Tras eso, simplemente me hace un gesto con su mano a modo de despedida, sus ojos dorados brillando con una mezcla de afecto y picardía, y se dirige con paso elegante hacia la salida de la celda, dejándome solo y con un torbellino de sensaciones.
—Haa… –Suspiro, llevándome una mano a los labios, aún sintiendo el calor de su beso– Definitivamente estas mujeres son todas unas locas–
_______________ >> 10 minutos >> _______________
El eco de la risa de Nemeia y la calidez de su inesperado beso aún perduran en el aire de mi celda, ahora con la puerta abierta. Su partida me deja con una mezcla de alegría por el reencuentro y una punzada de incertidumbre, preguntándome cuándo la Providencia, o el simple caos de este mundo, permitirá que nuestros caminos se crucen de nuevo.
Así, con un suspiro, me recuesto un rato en la dura cama, cerrando los ojos para descansar unos minutos, mi mente repasando las crípticas advertencias de Nemeia y la extraña cadena de acontecimientos.
Sin embargo, cuando apenas han pasado, calculo, unos diez minutos, escucho el sonido de nuevos pasos, más ligeros esta vez, acercándose hacia mi celda.
—¿Qué pasa ahora? –Pregunto con un deje de cansancio, aún mirando el monótono techo blanco de la celda–
Al girar la cabeza hacia la derecha, hacia la entrada abierta, me doy cuenta de que se trata de una joven agente de policía a la que no había visto antes, una mujer joven, quizás en sus tempranos veintes, de cabello castaño oscuro recogido en un moño impecable que resalta sus facciones finas y unos ojos marrones grandes y alerta.
—La Detective Salieri Montenegro ha solicitado que lo llevemos a usted a la Sala de Interrogatorios de nuevo –Dice ella tras pararse formalmente frente a mí, su voz profesional pero no hostil–
Una sonrisa se esboza en mi rostro tan pronto como escucho estas palabras.
Parece que ya es hora.
Seguro que la Agente Montessori debe haber movido sus hilos.
—Entiendo –Digo, mientras me levanto de la cama con una agilidad que desmiente mi reciente letargo–
Una vez de pie, me estiro con pereza, dejando que mis músculos se desentumeczan, y después sigo a la joven agente fuera de la celda y por los pasillos del Bloque Especial.
—¿Y los demás? –Mientras camino detrás de ella hacia la sala de interrogatorios, me doy cuenta de algo interesante, una notable quietud en el ambiente–
Al salir del Bloque Especial y adentrarnos en las áreas más generales de la comisaría, confirmo mi sospecha: el edificio, que antes bullía con el ir y venir de uniformados, ahora está casi vacío, con muy pocos oficiales trabajando en sus escritorios o transitando por los corredores.
—Bueno, incluso nosotros tenemos que descansar de vez en cuando -Dice la joven oficial, con una leve sonrisa– Este caso, el del Oficial Montenegro y los otros agentes, ha movilizado a muchas personas desde muy temprano. Se requirió personal extra, y muchos han estado de pie durante horas, por esto mismo es que a una gran parte de nosotros nos han asignado a descansar unas horas, para reponer energías.–
—Oh, entiendo –Afirmo con la cabeza, pues tiene sentido–
Mientras avanzamos, mi mirada se dirige hacia las ventanas que dan al exterior. El atardecer es claramente visible, el cielo tiñéndose de naranjas y púrpuras.
—Disculpe, Agente, ¿qué hora es? –Pregunto, una extraña sensación de tiempo perdido invadiéndome–
La joven agente enciende la pantalla de su celular con un toque.
—Las 6:50 de la tarde –Responde ella cortésmente–
—¿Eh?, ¿tan pronto se hizo de noche? –Exclamo, genuinamente sorprendido. Siento como si apenas hubieran pasado un par de horas desde el amanecer–
—Fue un día muy corto, o al menos así se sintió –Dice la agente con una sonrisa comprensiva– Mucho trabajo y tensión a menudo provocan esa ilusión de que el tiempo vuela.–
—Cierto –Digo, asintiendo–
Sin embargo, aún se me hace raro que el tiempo haya pasado tan rápido.
Primero, no me di cuenta en absoluto mientras estaba en la celda, segundo, el hecho de que el sol pareciera haber salido más temprano de lo usual esta mañana para “ayudarnos” con Lumen, añade un elemento más a esta extraña sensación de temporalidad distorsionada.
¿Será que Providencia, el sistema que rige sutilmente los acontecimientos en cada nación, está actuando de alguna forma? Lo dudo mucho.
Para manipular el flujo del tiempo a una escala tan perceptible se necesitaría que todas las Providencias del Erden, tanto las del Aynu como las del Altern, se activaran al unísono y en perfecta sincronía, y una manipulación de esa magnitud definitivamente llamaría la atención de Mikleo, el actual Administrador Temporal de este mundo, quien seguramente investigaría la anomalía.
No, debe ser solo mi percepción alterada por el cansancio y los eventos.
O eso espero. Mikleo no necesita más razones para fijar su atención en mí, a menos que cuente ese dulce que le quité hace unos meses.
—Por aquí –Me indica la joven agente, señalando una puerta al final del pasillo–
—Claro –Asiento y la sigo, preparándome para otro encuentro con la Detective Montenegro–
____________ >> Sala de interrogatorios >> ____________
—Por favor espere aquí, señor. La Detective Salieri Montenegro llegará en unos momentos –Me informa con cortesía antes de retirarse–
—Bien, gracias –Respondo, y me resigno a la espera–
Nuevamente tomo asiento en la incómoda silla, aunque esta vez sin las cadenas.
Por suerte, para matar el aburrido rato, tomo un par de revistas que antes no estaban allí.
Son de esas con juegos de pasatiempo, crucigramas, sudokus y demás.
—Uy, sopa de letras –Murmuro al hojear una de ella– Soy experto en estos–
_______________ >> 5 minutos >> _______________
Unos cinco minutos después, o quizás un poco más, mientras estoy a punto de completar con una satisfacción casi infantil la quinta sopa de letras (un nuevo récord personal, debo añadir), el sonido característico de la pesada puerta de metal abriéndose llama mi atención.
Al alzar la vista, una sonrisa que bien podría calificarse de ladina, casi malvada, se dibuja en mi rostro. Es ella.
—Bienvenida de nuevo a mi humilde morada, Detective –Digo, mi tono deliberadamente bromista mientras ella entra en la sala–
Sin dejar de sonreír, dejo a un lado la revista con mis triunfos léxicos y miro fijamente a la persona que acaba de llegar, la Detective Montenegro.
Su expresión es indescifrable, pero hay algo diferente en su porte.
—¿Tuvo usted algunas respuestas interesantes en su expedición, Detective? ¿O el viaje fue en vano?, –pregunto, manteniendo la ligereza–
La mujer me responde con una mirada que intenta ser fría y distante, sus ojos rojos fijos en los míos. Pero aun así, a pesar de su fachada profesional, puedo notar en el fondo de su mirada una nueva y reticente apreciación hacia mi persona, o al menos, hacia la veracidad de mis anteriores y, para ella, descabelladas palabras.
Claramente ella sí obtuvo algunas respuestas con la Agente Montessori y su amiga la Anticuaria. Sin embargo, probablemente su orgullo de detective, su mente lógica y científica, no le permite aceptar tan fácilmente que un extraño, un sospechoso cubierto de sangre, le ha ganado esta mano y ha abierto una puerta a una realidad que ella se negaba rotundamente a ver.
Por eso me mira con esa cara de pocos amigos, como si le debiera quinientos millones de Obleones y estuviera a punto de cobrármelos con intereses punitivos.
Tierno, muy tierno en verdad.
—Entonces –Me dice finalmente, su voz controlada, mientras se acerca a la mesa y toma la silla frente a mí, sentándose con una deliberada lentitud–
—¿Entonces? –Pregunto, inclinándome sobre la mesa, apoyando mi cabeza entre mis manos y viéndola directamente a los ojos, mi diversión ahora claramente manifiesta–
La Detective Montenegro me observa desde el otro lado de la mesa en esta austera sala de interrogatorios, puedo ver la duda luchando contra una incipiente y reticente aceptación en sus ojos rojos e incluso el aire entre nosotros está cargado, no de la hostilidad de antes, sino de una tensa curiosidad.
Por suerte para ella, he decidido armarme de paciencia y no irritarme más por su escepticismo inicial.
Y aunque nuestro tiempo es, en teoría, limitado por las circunstancias, sé que aún quedan unas horas para que se desarrolle lo “bueno”, lo verdaderamente revelador.
—Digamos que te creo –Dice ella finalmente, su voz un poco más baja, cruzándose de brazos y piernas en una postura defensiva. Me mira con un claro desdén, aunque ya no es el desdén de quien cree hablar con un loco, sino el de alguien que se siente manipulado o superado– Si no eres un Demonio, entonces, ¿qué se supone que eres?–
—Sonrío levemente– Detective Montenegro, me temo que aún no tenemos la suficiente confianza para que yo le revele a usted esos detalles tan íntimos de mi ser –Respondo, enderezándome en mi silla y cruzando también mis brazos, reflejando su postura, pero añadiendo un toque de diversión en mi propia mirada– Pero, no se preocupe, más adelante cuando usted y yo estemos solitos, en confianza, se lo diré–
—¿Más adelante? –Pregunta ella, su ceño frunciéndose con impaciencia–
—¿Olvidó lo que dije? –Explico, mi rostro adoptando una expresión de seriedad desafiante– Su padre, el Oficial León Montenegro, me encargó explícitamente su cuidado y su guía, por lo que, naturalmente, estaremos juntos bastante tiempo. Si me separo de usted aunque sea por un segundo en las circunstancias que se avecinan, será perjudicial para ambos, se lo aseguro
—La Detective Montenegro sonríe, pero es una sonrisa tensa, incrédula, como si lo que estuviera escuchando fuese la broma más ridícula y de mal gusto del mundo– Y qué te hace pensar, a ti, un detenido, que yo voy a permitir semejante cosa? –Dice, y el desdén en su rostro se acentúa, su uso del tuteo subrayando esta faceta de incredulidad y molestia–
—Fácil, Detective –La curvatura de mis labios se deforma en una sonrisa misteriosa y segura– Después de las 12 verá que usted necesitará más de mí que yo de usted–
La Detective entonces se ríe ligeramente, un sonido corto y sin alegría.
Tras eso, me mira, y sus ojos ahora muestran una burla abierta y nuevamente ese desdén que tanto parece disfrutar.
—¿Qué pasará después de las 12, según tú? –Ppregunta ella, su tono condescendiente–
—Eso, mi estimada Detective, se lo diré después de las doce –Respondo con calma, alzando los brazos en un gesto de encogimiento de hombros, disfrutando un poco de este juego–
El ceño de la Detective Montenegro nuevamente se frunce con fuerza, y puedo ver cómo su mandíbula se tensa, como si su paciencia estuviera realmente agotándose.
Sin embargo, también hay una nueva chispa de confusión, de intriga, en su mirada.
—¿Por qué específicamente tiene que ser después de las 12?, ¿qué tiene de especial esa hora? –Pregunta ella, inclinándose ligeramente hacia adelante sobre la mesa y clavando su mirada en la mía. Esta vez, su rostro es completamente serio, la burla ha desaparecido–
—Bueno, primero quiero comprobar algo –Respondo, sin dejarme intimidar por su intensidad– Así que, si no es mucha molestia para usted, Detective, me gustaría pedirle que espere hasta las doce, o al menos, hasta las once y cincuenta y cinco de la noche–
—¿Para qué? –Vuelve a preguntar, y esta vez la impaciencia en su voz es casi palpable, al borde de mostrarse por completo–
—Como le dije, es para comprobar algo –Reafirmo con tranquilidad– Una hipótesis que tengo, una teoría basada en ciertos patrones, o simplemente, si lo prefiere usted, una corazonada–
Entonces, un largo y profundo suspiro sale de la boca de la Detective Montenegro, un sonido que mezcla frustración, cansancio y, quizás, una pizca de rendición ante mi insistencia.
—En serio, todo esto me parece muy ridículo e increíble –Dice ella finalmente, reclinándose un poco sobre su silla y mirando hacia el monótono techo blanco. El movimiento permite que la luz fluorescente ilumine la curva de su hermoso y blanco cuello, una visión que, incluso en estas circunstancias, no pasa desapercibida para mis ojos–
—Lo sé Detective –Respondo, encogiéndome de hombros una vez más– Para los Humanos, los Surnaturel son solo cuentos de hadas o seres representados en la ficción y el folklore. Lo mismo sucede con los Ángeles, los Demonios, los Dioses de antaño, etcétera. Es comprensible su escepticismo. Pero puedo asegurarle, con la certeza de quien ha vivido más de lo que usted puede imaginar, que todo esto es tan real como la mesa que nos separa.–
Hago una pausa deliberada, dejando que mis palabras se asienten en el aire cargado de la habitación.
—Lamentablemente, si lo que busca usted es vengar a su padre, me temo que ya es tarde para ir tras el ejecutor directo –Digo, tras unos cinco segundos de silencio, mi tono volviéndose más sombrío– Puesto que quien lo mató, el Demonio Lumen, ya está muerto, consumido por la luz del sol. Sin embargo, aún queda alguien más, alguien mucho más importante, con quien usted puede y debe ajustar cuentas.–
—¿Alguien?, ¿de quién se trata? –Dice ella de inmediato, su cabeza bajando del techo con rapidez, sus ojos rojos ahora fijos en mí, brillantes con una nueva y feroz intensidad. El ceño fruncido en su rostro es el claro indicativo de alguien que ansía venganza–
—Mi rostro se torna con una seriedad gélida, y siento cómo mis propias facciones se oscurecen al pronunciar el nombre– Luciel –Digo, y el nombre mismo parece pesar en el aire– Ese bastardo fue quien ordenó capturarme para intentar apoderarse de mi Poder. Él fue el autor intelectual de la trampa que llevó a la muerte de mi hermana Elaine, y también… es el responsable último de la muerte de su padre, el Oficial León Montenegro.–
—…–
Ella permanece en un silencio absoluto, sus ojos fijos en los míos, procesando la enormidad de lo que acabo de decir.
La conexión entre un ser que su persona considera casi mítico y la muerte de su padre es, sin duda, un golpe difícil de asimilar.
—Entonces, ¿es real que tu hermana murió? –Pregunta finalmente, su voz más queda, su mirada ahora buscando algo más que la simple información; busca una verdad, una confirmación. Probablemente antes pensó que yo solo lo decía como un invento para justificar mi presencia o mis acciones, pero ahora, con todo lo que ha escuchado y lo que su intuición le grita, se ha dado el lujo de preguntar si mis palabras son verdad–
—Asiento con lentitud, el dolor por Elaine resurgiendo brevemente– Fue asesinada por Lumen –Añado con un tono más duro– La muerte de Lumen a manos de la luz solar saldó en parte la afrenta por la muerte de mi hermana, pero la deuda de Luciel sigue pendiente.–
—La Detective Salieri me mira, examinándome con una intensidad que intenta penetrar mis defensas– No pareces muy afectado por la pérdida de tu hermana –Dice, su observación directa, al no ver en mí esa tristeza desbordada y típica de quien ha visto a un ser amado morir violentamente–
—Sonrío levemente, una sonrisa que no llega a mis ojos– Lo mismo digo de usted, Detective, respecto a su padre–
La Detective frunce el ceño ante mi respuesta, quizás detectando la verdad en mis palabras.
Claramente sé la razón, y eso es su increíble autocontrol.
Alguien más en su lugar ya se hubiera derrumbado por completo hace horas, consumido por el dolor y la incredulidad, pero ella, no.
Esta mujer tiene un no sé qué, una fortaleza interna, una voluntad de acero que la hace admirable para mí, algo que no se ve en muchas mujeres hoy en día.
Curiosamente, siento unas ganas casi irrefrenables de ir y abrazarla, de permitirle que desahogue en mí todo ese dolor contenido, de ofrecerle mi pecho para que lo llene de lágrimas hasta que no quede ninguna… Momento. ¿Qué demonios estoy pensando?.
—En mi caso, Detective, no estoy tan afectado como podría esperarse porque estoy casi seguro de que ella no está realmente “muerta” en el sentido final de la palabra –Digo, tras borrar de mi mente esos pensamientos inoportunos sobre abrazarla.– Es difícil matar a alguien como nosotros, tenemos varias capas de seguridad localizadas en nuestra Alma, pues nuestro cuerpo físico es solo un contenedor, que si bien tiene sus propias protecciones, no sirve de mucho a la hora de “morir” –Hago una pausa, calibrando su reacción– Si nuestra Alma es expulsada de nuestro contenedor físico entonces seremos enviados a un punto intermedio en el mundo donde morimos, en este caso, seríamos enviados al Purgatorio, si somos asesinados en el Purgatorio entonces seríamos enviados al Jardín del Edén, un lugar que es es todo lo contrario a un jardín, diez mil veces peor que el infierno, y si somos asesinados en el Jardín del Edén seríamos enviados al Vacío de este universo. Y si por alguna razón inconcebible fuéramos eliminados del Vacío de este universo, nuestra esencia seguiría ascendiendo de plano en plano hasta llegar al Vacío Origen, la nada primordial, ubicado en la Dimensión Origen. Y solo con la aniquilación en el Vacío Origen, que es el final absoluto de todo, entonces se acabó todo de verdad–
—¿Entonces tu hermana está en el Purgatorio? –Pregunta ella, haciendo un leve gesto con la mano hacia abajo, como si señalara un plano inferior–
—Eso quiero creer –Respondo, encogiéndome de hombros con una sinceridad que espero perciba– ¿Y usted?, ¿por qué no veo que esté más… triste, o al menos visiblemente afectada por la pérdida de su padre?–
—Mi padre me enseñó desde muy pequeña a mantener la calma en situaciones graves, por más cruel o dolorosa que fuese la situación, él siempre me instruyó a nunca dejarme llevar por mis emociones en el momento crítico –Dice la Detective Salieri Montenegro, su voz firme, aunque sus ojos rojos parecen brillar con una humedad contenida– Pero, una vez que esa situación de crisis termine, una vez que el deber inmediato esté cumplido, entonces, y solo entonces, podré permitirme sacar todo lo que tengo en estos momentos reprimido en mi interior–
—Asiento lentamente, comprendiendo– Lo sé –Digo con suavidad– Puedo ver esa autorrepresión suya, Detective–
—¿En serio? –Pregunta ella, inclinando ligeramente la cabeza hacia la izquierda, una expresión de genuina curiosidad mezclada con su habitual escepticismo– ¿Tanto se ve?–
—No es tan difícil la verdad –Digo, permitiéndome una leve sonrisa– No se necesita ser un ser sobrenatural con percepciones arcanas para ver que claramente usted se está conteniendo con una fuerza de voluntad impresionante. Hasta un humano común y corriente, incluso uno que padeciera de sus capacidades mentales, podría ver la tormenta que lleva dentro –Mi sonrisa se ensancha un poco más, volviéndose un tanto coqueta, mi modo juguetón activándose casi por instinto– ¿Por qué cree usted que no me he enojado por su escepticismo o sus preguntas? Hasta incluso le permito el lujo de que me mire con ese desdén tan particular que tiene, algo que, le aseguro, no permito a muchos hacer, ¿eh?–
Así es, podía ver claramente cómo se estaba conteniendo. Incluso, por un brevísimo instante, pude ver un destello de dolor puro y profundo cruzando sus ojos rojos antes de que lo ocultara de nuevo tras su máscara de profesionalismo.
—Pfft –La Detective, al ver mi intento de coqueteo o al menos de aligerar el ambiente con mi comentario, no puede evitar que una pequeña risa, casi un resoplido divertido, escape de sus labios– Entiendo –Dice ella, negando ligeramente con la cabeza, pero esta vez mostrando una verdadera y breve sonrisa, una que ilumina su rostro por un instante y la hace ver increíblemente hermosa y vulnerable a la vez– Gracias por darme dicho permiso, supongo–
—Lo está haciendo bien Detective –Digo, mi tono ahora volviéndose más suave y sincero, desprovisto de cualquier atisbo de burla– Y no se preocupe usted por nada. No faltará mucho para que esta situación particular termine, para que encuentre las respuestas que busca. Además, tal como se lo prometí a su padre, yo estaré a su lado en este proceso, para lo que necesite –Le sonrío, intentando transmitir la mayor calidez y sinceridad que poseo–
Con mis últimas palabras, veo cómo nuevamente la máscara de hierro de la Detective Montenegro se afloja un poco, sus facciones suavizándose visiblemente por una fracción de segundo.
Sus ojos rojos parecen perder algo de su dureza, mostrando un atisbo de la vulnerabilidad que tanto se esfuerza por ocultar
Así, con un esfuerzo casi palpable, y con esto su expresión vuelve a ser impenetrable una vez más, la profesional implacable tomando el control.
—Entonces, ¿a la media noche? –Pregunta ella, sus ojos rojos fijos en los míos, buscando una confirmación para la críptica cita que he propuesto–
—De preferencia cinco minutos antes –Digo con una leve sonrisa– Así podremos ver la magia juntos–
—La Detective Salieri me devuelve la sonrisa, una muy breve pero genuina, que ilumina su rostro por un instante– Bien –Dice ella, tras levantarse, su mirada dirigiéndose hacia la puerta de la sala de interrogatorios– Después de dejar la espada en la Sede de la Policía de Centralia aquí en Melbury, tuve que atender muchas cosas urgentes. Pero aún me queda una montaña de papeleo, coordinar la ayuda con los familiares de los Agentes caídos en servicio, y todo el protocolo que conlleva una situación como esta.–
Suspiro internamente, primero por la enorme carga de trabajo que ahora recae sobre sus jóvenes hombros, y también porque, conociendo la burocracia de estos mundos, es muy probable que la espada “Liberato” se pierda en algún almacén de evidencia o archivo clasificado, o incluso termine siendo robada como ya ha pasado muchas veces antes.
Una lástima la verdad.
—Lamentablemente, –Continúa ella, su voz ahora teñida con el peso de la responsabilidad– mi padre me dejó instrucciones muy claras. Dijo que si algún día le pasaba algo, yo debía encargarme en su lugar de hacer funcionar el lugar que él comandaba, o sea, esta misma Estación de Policía del Distrito de Morian. –Hace un gesto vago con la mano, abarcando el edificio que nos rodea– Al menos hasta que una nueva autoridad competente tome su cargo oficialmente. Y bueno, eso es lo que tengo que hacer ahora, además de resolver su asesinato claro está–
—Muy bien Detective –Asiento en señal de comprensión y respeto por su responsabilidad– Nos veremos más tarde entonces, antes de la medianoche–
La Detective me ofrece un último asentimiento y sale de la sala de interrogatorios.
Unos instantes después, la joven agente de policía de cabello oscuro y ojos marrones, la misma que me trajo aquí antes, entra en la habitación.
Con una expresión amable y respetuosa, me guía nuevamente a través de los pasillos, ahora mucho más silenciosos y vacíos, de regreso a mi celda en el Bloque Especial, cuya puerta, recuerdo con un ligero alivio, quedó abierta..
—Me iré a dormir, necesito recuperar energías –Le digo a la chica con un bostezo contenido, una vez que llegamos a la entrada de la celda y me dirijo hacia la muy cómoda litera– ¿Me podrían despertar unos quince minutos antes de las doce?–
—Por supuesto, déjelo en nuestras manos. Descanse usted bien –Responde la uniformada con una voz dulce y una sonrisa tranquilizadora–
—Muchas gracias, agente –Le digo con sinceridad–
Y así, nuevamente me acuesto en la cama, esta vez sin cadenas ni un Círculo Akrani amenazante bajo mis pies.
Cierro los ojos, dispuesto a echarme otro sueñito, esperando que las próximas horas traigan consigo algunas respuestas, unas que involucran completamente a la Detective y su linaje.
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