Ekstern - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - Capítulo 16: Capítulo 2 - Detective | 2.6: Ataque y Despertar P1
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Capítulo 16: Capítulo 2 – Detective | 2.6: Ataque y Despertar P1
______________ << 11:45 de la noche >> ______________
Una voz masculina hace que abra los ojos.
—¿Qué pasa? –Pregunto, abriendo los ojos lentamente. Parpadeo varias veces hasta enfocar al oficial que está de pie junto a la litera: un hombre de unos cuarenta años, de complexión media, con ojos cansados y un bigote pulcramente recortado que le da un aire de resignada autoridad.–
—Es un cuarto para las doce –Dice él, su tono respetuoso pero firme, señalándome la salida de la celda ahora abierta– La Detective Montenegro lo espera en la sala de interrogatorios–
—Oh –Rápidamente me levanto de la cama, estirando mis músculos entumecidos– Gracias oficial –Le agradezco y salgo de la celda, dirigiéndome por los pasillos ahora familiares–
Por suerte, esta vez no necesito ayuda del uniformado para encontrar el camino, pues ya me había aprendido la ruta hacia la infame sala de interrogatorios durante mis anteriores “paseos”.
_______________ >> 2 minutos >> _______________
Tras caminar un poco, cruzando los pocos y ahora silenciosos pasillos del Bloque Especial y luego los del área administrativa, finalmente llego a la conocida puerta metálica. Dentro, tal como me indicó el oficial, ya me esperaba la Detective Montenegro, parada al otro lado de la mesa, su postura erguida y su mirada fija en la entrada.
—Holis Detective –Saludo al entrar, mi voz con una intencionada y ligera nota bromista, intentando aligerar la tensión que siempre parece impregnar este cuarto–
La mirada fría y directa que me dedica la Detective hace que mi intento de bromear se detenga en seco, mi sonrisa prácticamente tragada.
—Lo siento –Digo, bajando la vista un instante y mostrando una leve y quizás fingida tristeza, como si estuviera siendo regañado por una travesura.–
—Entonces –Dice ella, su voz neutra, haciendo un gesto hacia la silla frente a ella, invitándome a sentarme–
Tras tomar asiento, la observo por unos momentos en silencio.
Esos ojos rojos suyos, tan inusuales, son ciertamente parecidos a los míos en su tonalidad base, aunque los de ella poseen una claridad y una vivacidad que los míos raramente exhiben.
Los suyos son como rubíes iluminados desde dentro; los míos, a menudo, como carbones al rojo vivo.
—¿Pasa algo? –Pregunta ella, tras notar cómo me le quedo mirando fijamente, su voz sacándome de mi contemplación.–
—Niego con la cabeza– Supongo que aún no es hora –Digo, mi voz recuperando un matiz enigmático–
—¿No es hora? –Pregunta ella, la confusión marcándose claramente en su ceño fruncido–
—Detective, ¿cuándo cumple años? –Pregunto de inmediato, cambiando el curso de la conversación con una pregunta aparentemente trivial–
—La Detective, sorprendida por mi pregunta, saca su teléfono móvil y lo mira por un instante– Dentro de diez minutos, exactamente a medianoche, ¿por qué?–
Una sonrisa lenta y significativa se extiende por mi rostro..
—Una vez que usted cumpla los 25 años entonces sabrá la razón por la cual yo estoy siendo tan misterioso –Respondo, pronunciando cada palabra con una deliberada lentitud, haciendo especial énfasis en la cifra de los años y en el pronombre “yo”.–
—Espera, ¿cómo sabes que cumplo 25 años? –Pregunta ella, y la confusión en sus ojos rojos ahora brilla con una mezcla de sorpresa y una creciente sospecha. Su tuteo vuelve a surgir, una señal de su agitación– Además, ¿cómo sabes mi edad?
—Su Padre me lo dijo –Respondo, esbozando una sonrisa tranquila– Mencionó que justo alrato, a las doce de la noche, usted cumpliría finalmente los veinticinco años.–
La Detective no dice nada durante unos instantes, simplemente posa su intensa mirada roja en mí, como si intentara descifrar cada uno de mis secretos con la pura fuerza de su observación.
El silencio en la sala de interrogatorios es denso, cargado de preguntas no formuladas y verdades a medias.
—¿Realmente un Demonio mató a mi Padre? –Vuelve a preguntar finalmente, pero esta vez, su voz ha perdido gran parte de la incredulidad y el desdén que la caracterizaron la primera vez que se lo dije. Ahora, en su tono, percibo una vacilación, una lucha interna. Su mirada me permite saber que, aunque le cuesta horrores aceptarlo debido al aspecto sentimental y a todo lo que creía saber del mundo, una parte de ella, su lado más pragmático y quizás esa intuición que antes noté, sí puede comenzar a considerarlo como una posibilidad aterradora–
—¿Es algo increíble de creer no es así? –Digo, adivinando su aún palpable vacilación, la batalla que se libra en su interior entre la lógica mundana y la evidencia de lo imposible–
—La Detective Montenegro asiente lentamente, sus ojos apartándose de los míos por un instante para fijarse en la superficie metálica de la mesa– Si, lo admito, todo esto es… demasiado fantasioso–
—Detective, ¿sabe usted que la gente de los Reinos Unidos Santificados no están completamente locos con sus historias, verdad? –Pregunto, intentando ganar un poco más de tiempo, esperando la llegada de la medianoche, pero también ofreciéndole un contexto que podría ayudarla a comprender.–
—No, la verdad es que no estoy muy familiarizada con sus… particularidades, más allá de su aislamiento y fanatismo religioso –Ella niega con la cabeza– Así que, ilumíname con tus conocimientos–
—Una sonrisa se esboza en mi rostro al escuchar eso último– A la vista de la mayoría de los Humanos del Aynu, y de muchas naciones del Altern, los Reinos Unidos Santificados han cometido demasiados y atroces delitos contra los derechos humanos más básicos: asesinatos en masa de Surnaturel y de humanos que los protegían, torturas públicas para “purificar almas”, exposición humillante de sus “herejes”, e incluso se les acusa de la propagación intencionada de enfermedades para diezmar poblaciones que consideraban “impuras”. Y todo esto durante los más de quince mil años que llevan de existencia como entidad política y religiosa. –Digo, mi voz serena pero cargada con el peso de la historia– De no ser por la fundación de la República Central, hace ya dos mil veinticinco años, estos actos barbáricos probablemente seguirían ocurriendo con total impunidad en muchas más regiones –Mi mirada se dirige instintivamente hacia la pistola de servicio que ella porta, viendo el logo de ZWF en ella– De no ser por Lan, digo, por el Emperador Lan, que prácticamente los obligó a encerrarse en sus propias fronteras al no solo por traer una era de avances tecnológicos, algo que ellos odian profundamente por considerarlo una afrenta a la “pureza de la creación divina”, sino también por establecer organizaciones supranacionales como la Unión Mundial De Países, la U.M.P. para abreviar. Sin estas situaciones, sus atroces actos continuarían sin ningún tipo de castigo o contención efectiva.–
—¿Y eso que tiene que ver con mi Padre? –Pregunta ella, acomodándose en su correspondiente silla al otro lado de la mesa, su interés ahora claramente capturado–
—En los Rus, Detective, la raza dominante son los Humanos, eso es innegable. Sin embargo, gracias a su propia modificación del Velo entre mundos, una que hicieron hace milenios para intentar “purificar” sus tierras de influencias externas no deseadas, los Portales del Nyxaroth, esos que constantemente proveen al Erden de Corrupciones Inconscientes, los Wesion como se les conoce hoy en día, y también, de vez en cuando, alguna que otra Corrupción Consciente, los Surnaturel según el término actual, han provocado que sus territorios hayan visto constantemente asediados por estas criaturas, mayormente los Wesion. –Respondo, observando su reacción– Por eso es que ellos, a pesar de su desconfianza hacia el exterior, a menudo contratan gente de fuera, gente parecida a su padre, para que ayuden a “limpiar” todo el país. Gente con habilidades especiales, como las que el Oficial León Montenegro indudablemente poseía.
—… –El silencio en la Detective Salieri es palpable, profundo. Probablemente está asimilando estos nuevos y extraños términos, intentando encajarlos en su visión del mundo–
Al ver que se queda callada, procesando la información, he decidido continuar un poco más con mi explicación. Después de todo, sé que, a pesar de su resistencia inicial, ya siente una profunda curiosidad, una necesidad de entender.
Así que, no está de más seguir contribuyendo a esto, a prepararla para lo que está por venir.
—Detective –Hago una pausa deliberada, observando su reacción con atención. Decido que es el momento de introducir otro término clave, uno que podría resonar profundamente con ella, especialmente ahora que está a minutos de cumplir los veinticinco años.– ¿ha escuchado alguna vez el término «Sehwert»?–
La Detective Montenegro abre ligeramente sus ojos rojos, un cambio casi imperceptible en su expresión, pero suficiente para que yo lo note. Es una reacción sutil, pero cargada de significado.
Y por este sutil acto, puedo intuir que sí, que ella conoce el término. Tal vez vio algo en algún lado referente a ello, o quizás la Agente Montessori o esa Anticuaria cuyo nombre desconozco, se lo dijeron durante su reciente salida.
Pero, esa expresión suya, esa breve dilatación de sus pupilas, claramente me lo afirma: el término no le es ajeno.
—Bueno, creo que s- –Comienza a decir ella, su voz un poco vacilante, como si estuviera a punto de admitir algo o recordar un detalle importante que conecta con mi pregunta–
Pero entonces…
BOOOM.
Un estruendo sordo pero inmensamente poderoso, una repentina explosión proveniente de algún lugar lejano pero inconfundiblemente dentro de esta misma Estación de Policía, interrumpe bruscamente las palabras de la Detective.
La onda expansiva es lo suficientemente fuerte como para hacer vibrar la mesa de metal frente a nosotros y provocar que las luces del techo de la sala de interrogatorios parpadeen erráticamente por un instante, sumiéndonos en una breve y alarmante penumbra antes de que la iluminación vuelva a estabilizarse con un zumbido tembloroso.
—¿Qué carajos? –Exclamo, poniéndome alerta de inmediato tras escuchar ese repentino y violento sonido. Mis instintos, aunque mermados, gritan peligro–
___________________________________________
La noche transcurre con una calma engañosa en la Comisaría del Distrito de Morian. Las estrellas brillan con una intensidad helada en el cielo nocturno, visibles a través de los amplios ventanales del vestíbulo principal, ahora escasamente iluminado y con solo un puñado de agentes de servicio que no han sido enviados a descansar. Un aire fresco de la madrugada se cuela por las rendijas, y la escena general es de una paz casi administrativa, un respiro tenso tras un día excepcionalmente largo y trágico.
Sin embargo…
BOOOM.
Una repentina y violenta explosión, originada en algún punto dentro del edificio pero lo suficientemente lejana como para no ser inmediatamente localizable, sacude la estructura de la comisaría, destruyendo por completo esa pacífica y expectante noche. El suelo vibra, los cristales de las ventanas tintinean peligrosamente y una lluvia de polvo fino cae de los paneles del techo.
—¿Qué ha pasado? –Exclama el Oficial Rayan Malik, un joven agente de cabello oscuro y ojos almendrados, que se encontraba revisando informes en un escritorio apartado del vestíbulo principal. Se levanta de un salto, su rostro pálido por la sorpresa y el susto.–
—¿Qué fue eso? –Pregunta su compañera, la Oficial Chloe Jensen, una mujer de cabello rubio corto y ojos azules, antes calmados, pero que ahora reflejan una alarma creciente mientras se pone en pie de un salto, su mano instintivamente yendo hacia el arma en su cinturón.–
En ese instante, antes de que puedan procesar completamente lo ocurrido o recibir alguna comunicación, el Sistema de Seguridad de la Comisaría cobra vida con una urgencia estridente.
Las luces blancas y tenues del edificio se apagan, siendo reemplazadas de inmediato por el parpadeo intermitente y ominoso de luces rojas de emergencia que bañan cada rincón en un resplandor sangriento. Al mismo tiempo, sirenas internas comienzan a aullar con un sonido penetrante y ensordecedor, impactando a todos los presentes y añadiendo una capa de caos al ya tenso ambiente.
—ALERTA, ALERTA, DEMONIOS DE ALTO RANGO DETECTADOS EN EL PERÍMETRO. INICIANDO PROTOCOLO DE CONTENCIÓN INTERNA. TODO EL PERSONAL DE SEGURIDAD A SUS PUESTOS ASIGNADOS –Resuena una voz metálica y autoritaria a través de los altavoces del sistema de megafonía, repitiendo el mensaje una y otra vez–
____________ << Sala de Interrogatorios >> ____________
Mientras tanto, en la austera Sala de Interrogatorios, el joven de cabello negro llamado Sariel y la joven Detective de cabello blanco y ojos rojos, Salieri Montenegro, se muestran visiblemente atónitos ante la repentina y violenta explosión que ha sacudido los cimientos de la Comisaría.
Incluso ellos, a pesar de estar en un lugar relativamente apartado y aislado dentro del edificio, logran sentir con claridad el temblor que recorre el suelo y las paredes, producto de aquel estallido distante pero poderoso.
—¿Qué está pasado? –Pregunta Sariel, incorporándose de su silla con un poco de aturdimiento, sus ojos (que la Detective percibe como verdes) escudriñando la puerta como si esperara que la amenaza irrumpiera en cualquier momento.–
—No lo sé –Responde la Detective Salieri, también confundida y alerta, su mano instintivamente yendo hacia el lugar donde guarda su arma–
Y justo cuando ambos se disponían a salir de la sala para investigar, una nueva serie de detonaciones, esta vez el inconfundible sonido de armas de fuego de diversos calibres siendo disparadas en ráfagas continuas, comienza a escucharse con una claridad alarmante, proveniente de la dirección del vestíbulo principal.
Y con el tableteo de los disparos, también llegan los gritos desesperados de varias personas, ecos de terror y dolor que hielan la sangre.
—¿Qué ha sido eso? –Murmura Salieri, más para sí misma, su rostro palideciendo–
Entonces, nuevamente la voz metálica del sistema de seguridad de la estación comienza a sonar, pero esta vez con una urgencia y un nivel de alerta mucho mayor, que hace que un verdadero escalofrío recorra a los presentes en toda la comisaría.
—ALERTA, ALERTA. DEMONIOS DE RANGO EMPERADOR Y PRIMORDIAL DETECTADOS EN LAS INSTALACIONES. LOS SISTEMAS DE CONTENCIÓN SON INEFECTIVOS CONTRA ESTAS ENTIDADES. SE RECOMIENDA A TODOS LOS AGENTES PREPARARSE PARA EL INMINENTE ATAQUE Y PROCEDER CON PROTOCOLOS DE COMBATE DE NIVEL MÁXIMO. REPITO: DEMONIOS DE RANGO EMPERADOR Y PRIMORDIAL DETECTADOS–
Al escuchar esta nueva y aterradora advertencia, la Detective Salieri Montenegro y Sariel intercambian una mirada cargada de una urgencia que trasciende cualquier duda o escepticismo anterior. Sin necesidad de palabras, ambos comprenden que deben ir hacia el lugar de los hechos.
Con el corazón latiendo con fuerza desbocada y la mente hecha un verdadero caos por la sucesión de eventos increíbles y peligros mortales, corren juntos hacia la puerta de la sala de interrogatorios y se lanzan al pasillo ahora bañado por la intermitente luz roja de las alarmas.
—¡Tengan ustedes cuidado! ¡No se acerquen demasiado! –Les grita un oficial uniformado que pasa corriendo en dirección contraria, su rostro desencajado por el pánico–
Al llegar al borde del vestíbulo principal, o lo que queda de él, observan una escena de pura batalla. Todos los Policías Surnaturel que aún estaban presentes, aquellos que no habían sido enviados a descansar, están disparando con una furia desesperada con sus armas de servicio y cualquier otro armamento que hayan podido conseguir. Al dirigir la mirada hacia el lugar donde se concentran los disparos, cerca de la entrada principal ahora destrozada, se dan cuenta de la presencia no de una, sino de dos entidades más, además de la que, presuntamente, causó la primera explosión. Sus siluetas son apenas visibles entre el humo, los destellos de los disparos y la caótica iluminación de emergencia.
—¡Rápido, busquen armas mejores! –Exclaman unos agentes cercanos, agachados detrás de un mostrador volcado, mientras una entidad humanoide con una imponente armadura oscura y brillante comienza a acercarse peligrosamente hacia ellos, desviando las balas con una facilidad insultante–
La tranquilidad de la noche en la Comisaría del Distrito de Morian se ha desvanecido por completo, reemplazada por un infierno de violencia y terror. Los demonios, o al menos las entidades que el sistema de seguridad ha identificado como tales, irrumpen en la estación de policía a través de una entrada que han destruido con una brutalidad espantosa.
Donde antes había una fachada moderna y ordenada, ahora hay un boquete humeante, con escombros de hormigón y metal retorcido esparcidos por el vestíbulo principal. El aire está cargado de un polvo acre y el humo de pequeñas conflagraciones, mientras el eco ensordecedor de los disparos de armas de fuego de diversos calibres retumba por todo el lugar, mezclándose con el aullido incesante de las sirenas de alarma.
La escena es completamente caótica: los pocos agentes Surnaturel que quedaban de servicio corren desesperados, sus rostros contraídos por la tensión y el miedo, intentando protegerse tras los mostradores de recepción volcados, las robustas columnas del atrio y cualquier cobertura improvisada que puedan encontrar. Sus balas, ya sean de armas convencionales o incluso las energéticas de sus unidades especiales, parecen completamente inútiles contra los intrusos; impactan contra figuras oscuras y blindadas con apenas un destello o un sonido metálico, sin causarles el menor daño aparente.
El primer Demonio, Zakech, avanza lentamente hacia el centro del caos.
Es imponente, casi sobrenatural en su presencia. Su cuerpo está cubierto por una armadura negra, hecha de un material que parece tanto metal como hueso, con detalles que brillan bajo la luz tenue del lugar, las placas de su armadura están entrelazadas con cadenas gruesas, algunas de las cuales cuelgan sueltas, tintineando con cada movimiento.
Lo más impactante son sus manos, sus dedos terminan en garras largas y curvadas, negras como el carbón, que parecen estar hechas de algún tipo de materia orgánica oscura y mortal, cada uno de esos dedos termina en una punta afilada, capaz de atravesar carne y hueso sin esfuerzo.
En su mano derecha sostiene una lanza de dos filos, cuyas hojas es de un rojo intenso, casi líquido, como si estuviera hecha de sangre solidificada, la empuñadura está decorada con símbolos oscuros y runas antiguas, y está conectada a una cadena que se extiende desde el mango hasta su muñeca, ondeando peligrosamente con cada movimiento, la sangre de sus víctimas ha manchado su armadura y el suelo a su alrededor, creando un rastro ominoso que contrasta con la blancura de la estación de policía.
El demonio avanza con una calma asesina, ignorando completamente los disparos que le lanzan los agentes, las balas rebotan en su armadura o simplemente atraviesan su cuerpo sin causarle daño visible, algunas explotan cerca de él, pero solo sirven para iluminar brevemente su figura, revelando aún más detalles de su apariencia infernal, sus ojos, ocultos tras una máscara de hueso negro, brillan con un resplandor rojo que parece penetrar incluso la más densa oscuridad.
Ese brillo no es solo visual; parece emanar una energía maligna, como si pudiera ver directamente dentro de las almas de quienes lo observan.
Cada paso que da es firme y calculado, como si supiera exactamente dónde encontrar a sus próximas víctimas.
Los agentes gritan y se mueven frenéticamente, tratando de rodearlo o escapar, pero sus esfuerzos son vanos, este demonio parece invencible, indestructible, y su presencia es suficiente para paralizar a cualquiera que lo mire.
Mientras Zakech se mueve con violencia y agresividad, el segundo Demonio, Aren, entra en la estación de policía con una presencia que es, a la vez, más sutil y mucho más opresiva que la del primero, a diferencia de su compañero, quien avanza directamente hacia el caos, este Demonio se mantiene al margen, observando todo desde una esquina oscura, como si fuera un espectador indiferente a los eventos que ocurren frente a él, sin embargo, su aura es tan poderosa que incluso los agentes más valientes no pueden ignorarla.
Su apariencia es imponente, pero también elegante, casi aristocrática, lleva un traje oscuro, elaborado con detalles dorados que brillan débilmente bajo la luz tenue del lugar, la tela parece ser de un material pesado, quizás cuero o algo similar, pero tiene un brillo metálico que lo hace parecer tanto sólido como etéreo mientras que sobre su cabeza, unn sombrero negra con adornos intrincados le da un aire de misterio y autoridad, el sombrero es grande, casi cubriendo por completo su rostro, pero deja entrever una máscara que recuerda a las máscaras medievales utilizadas para protegerse de enfermedades mortales, una hecha de metal negro, con un largo pico curvado que termina en una punta afilada, y está decorada con símbolos antiguos que parecen estar grabados en fuego.
Lo más impactante es su expresión, aunque no puede verse claramente debido a la máscara.
Su postura es relajada, pero hay algo en ella que sugiere una fuerza inmensa, como si pudiera derribar todo a su paso sin siquiera moverse. En una mano sostiene un vaso de martini, delicadamente tallado, a su vez, en esa misma, un pequeño pájaro negro descansa sobre su dedo índice, mirando fijamente hacia el caos que se desata frente a ellos.
El cuervo parece estar vivo, pero sus ojos están vacíos, como si fuera una extensión del demonio mismo.
Aunque no participa activamente en la batalla, su presencia es abrumadora, hay una energía palpable que emana de él, una sensación de antigüedad y poder que hace que todos se mantengan alejados.
Los agentes, incluso aquellos que luchan contra el primer demonio, sienten una inexplicable necesidad de evitar acercarse a este segundo demonio, es como si su sola existencia ya fuera suficiente para infundir terror.
Mientras el primer demonio se mueve con violencia y agresividad, este segundo demonio permanece impasible, bebiendo lentamente de su copa, como si estuviera disfrutando de un espectáculo particularmente interesante, sus movimientos son fluidos, casi gráciles, pero cada gesto parece cargado de significado y cuando levanta la vista hacia el caos, aunque su rostro sigue siendo invisible, se percibe una frialdad absoluta, como si nada de lo que ocurriera allí importara realmente para él.
—¿Qué… qué es todo esto? –Pregunta la Detective Salieri Montenegro, sus ojos rojos completamente abiertos por la incredulidad y el horror, mientras observa a los oficiales Surnaturel luchar desesperadamente contra las dos figuras demoníacas–
Inmediatamente, Sariel, el joven de cabello negro y ojos que Salieri percibe como verdes, toma con firmeza del brazo a la Detective y la jala unos metros hacia atrás, alejándola de la entrada directa a la zona de combate y del peligro más inmediato, llevándola hacia una habitación contigua a la entrada principal, una oficina de quizás algún sargento, o de algún oficinista.
—¿Qué es eso? –Lle pregunta ella a su compañero, su voz temblando mientras señala con una mano insegura en dirección a donde debería estar la entrada destrozada–
—Son Aren y Zakech –Responde Sariel, su propia voz tensa y sombría, sus Ojos Divinos fijos y viendo a esos dos seres a través de la pared– Los subordinados más letales de Luciel, el Regente del Infierno–
Un escalofrío helado recorre la espalda de Salieri al escuchar las palabras de su compañero, conectando los nombres con las historias que Katerina y Arisa le habían contado, y con el relato del propio Sariel.
—Sabía que debía preocuparme porque no los había visto antes –Dice Sariel, más para sí mismo, pero Salieri también lo escucha– Esos dos tipos son implacables. Una vez que se les ordena eliminar a alguien, no pararán hasta lograrlo, incluso si sus objetivos son más fuertes que ellos. Ambos no conocen el miedo, y Aren la retirada–
—¿Eliminar? –Repite Salieri, la palabra atascándose en su garganta–
—Detective –Dce Sariel, su voz ahora más grave– ¿recuerda lo que le dije hace unas horas en la sala de interrogatorios? Aren y Zakech fueron los asesinos directos de mi hermana, Elaine. Ellos, a petición de Luciel, drenaron mi poder y mataron a mi hermana sin piedad. Y de no ser por el último acto de Elaine, y posteriormente por la intervención de su padre, el Oficial Montenegro, yo ya estaría muerto–
—Entonces…, ¿vienen por ti? –Pregunta Salieri, sus ojos clavados en Sariel, la sorpresa y el terror luchando en su interior.–
—Sariel asiente con una seriedad sombría– Así es, Detective. Su misión principal soy yo.–
El cuerpo de la Detective Salieri Montenegro comienza a temblar visiblemente. Con lo que ha visto ahora (la destrucción, las entidades inhumanas, la confirmación de las palabras de Sariel), esa barrera de lógica y escepticismo que había mantenido con tanto esfuerzo es destruida por completo, desmoronándose como un castillo de naipes.
—¿Qué hacemos? –Pregunta Salieri, su voz apenas un susurro, su cuerpo temblando de un miedo puro y abrumador–
—No queda de otra, tendremos qué enfrentarlo –Dice Sariel, frunciendo el ceño, su mirada fija en la batalla que se desarrolla ante ellos.–
—¿Pero cómo?–
En un instante, Sariel mete una mano en el aire junto a él, como si buscara algo en un bolsillo invisible. Y de su Almacén Dimensional, esa habilidad que Salieri aún no comprende, saca un arma imponente: la Railgun ZKJR-K24, el mismo fusil avanzado que pertenecía al Oficial León Montenegro, el que antes él le pidió que guardara para ella.
Y ahora, con esta nueva y aterradora situación que se les presenta, Sariel está seguro de que esta fue la verdadera razón por la cual el Oficial le confió el arma: no solo para su hija, sino para este preciso momento.
—¿Qué…?–
Los ojos de Salieri se abren por completo, desmesuradamente, al ver cómo un arma tan grande y compleja aparece de la nada en las manos de Sariel.
—¿Cómo es qué tú…? –Comienza a preguntar, su mente luchando por procesar esta nueva imposibilidad–
Pero, justo antes de que ella pueda terminar su pregunta, sus palabras se cortan abruptamente.
Un dolor agudo, punzante e insoportable, explota en su cabeza, como si mil agujas incandescentes se clavaran en su cerebro.
—¿Detective? –Pregunta Sariel, su voz llena de una repentina preocupación al ver la expresión de Salieri–
Y entonces, Ding, dong. Ding, dong. El sonido solemne de un reloj en la lejanía, quizás de la torre de alguna iglesia cercana o del propio ayuntamiento, marca finalmente las doce campanadas de la medianoche, anunciando la llegada de un nuevo día, y con esto, el cumpleaños número veinticinco de Salieri Montenegro.
—¡Aghhh! –Un grito desgarrador escapa de los labios de Salieri mientras se lleva ambas manos a la cabeza, su cuerpo encogiéndose por el dolor–
___________________________________________________
El grito desgarrador de la Detective Salieri Montenegro se ahoga entre los ecos de la violencia que ahora consume la Comisaría de Morian. El aire en la estación de policía, incluso en la relativa seguridad de la oficina contigua donde Sariel la ha resguardado, es denso, casi palpable.
Está cargado con el olor acre a pólvora, a hormigón pulverizado y el eco distante de más disparos y gritos que resuenan por los pasillos como un coro desgarrador.
Las luces de la oficina parpadean intermitentemente, en sincronía con las alarmas y las fluctuaciones de energía causadas por el combate exterior, proyectando sombras que se retuercen sobre las paredes, como si el propio edificio estuviera luchando por mantenerse en pie ante la embestida del caos.
El ambiente está impregnado de una tensión asfixiante, una mezcla de miedo primordial y la adrenalina cruda de la supervivencia
Y en medio de ese infierno auditivo y sensorial, la Detective Salieri yace temblando en los brazos de Sariel. Su cuerpo se convulsiona con espasmos incontrolables, y sus manos se aferran con una fuerza sorprendente al brazo del joven de cabello negro, como si él fuera su único ancla a una realidad que se desmorona. Lo aprieta más fuerte de lo que ella misma cree posible, pues el dolor que la atraviesa es insoportable, una agonía que trasciende lo físico.
Cada movimiento involuntario de su cuerpo parece un intento desesperado de escapar de esta tortura interna, de una tormenta de fuego invisible que consume cada fibra de su ser. No es un dolor físico común, ni algo que pueda compararse con una herida de bala o una fractura; es algo mucho más profundo y visceral, como si su cuerpo y su alma estuvieran siendo desgarrados y rehechos, partícula por partícula, al mismo tiempo
Sariel, al verla en ese estado, la sostiene con una firmeza protectora, envolviéndola en un abrazo que pretende ser un refugio contra la tempestad que la consume.
Reconoce los síntomas, la agonía transformadora.
Sabe que no puede hacer nada para detener lo que está ocurriendo, pues el proceso de Despertar de un Sehwert no es algo que pueda interrumpirse o aliviarse con medios externos. Constituye un rito de paso ineludible, una transformación fundamental que debe ser soportada en la más profunda soledad del ser, incluso si alguien más está físicamente presente.
Aun así, a pesar de este conocimiento, él no puede, no quiere, dejarla sola en este trance.
Sus brazos se ciernen sobre ella como un escudo, no contra el dolor interno que es inevitable, sino contra el caos exterior y la soledad del momento, intentando transmitirle, aunque sea mínimamente, algo de calma, una presencia constante en medio del huracán que la devora por dentro.
—Ufff… –Un nuevo sonido escapa de la boca de Salieri, entrecortado y ahogado. Su cuerpo, aún en los brazos de Sariel, tiembla violentamente, y las lágrimas comienzan a fluir sin control de sus ojos rojos ahora desorbitados por el sufrimiento, trazando surcos brillantes sobre sus pálidas mejillas. Se aferra al brazo de Sariel con la fuerza de quien se ahoga, sus uñas clavándose en la tela de su chaqueta, como si él fuera su único ancla a una realidad que se desintegra en un torbellino de dolor incomprensible.–
—Aguanta, Salieri –Susurra Sariel, su voz apenas un murmullo que intenta colarse a través del estruendo de la batalla y el velo de agonía que la envuelve.– No estás sola. Yo estoy aquí contigo. Resiste–
Salieri no responde a las palabras de consuelo de Sariel; no puede, pues su boca está sellada por un malestar insoportable que le roba el aliento y la palabra. Aprieta los dientes con tanta fuerza que parece que podrían romperse en cualquier momento, sus nudillos blancos por la tensión. Sin embargo, cuando el dolor alcanza un nuevo pico insostenible y siente que sus propias venas se abren como ríos turbulentos que rompen sus diques, ya no puede contenerse.
Entonces, en un acto de pura desesperación animal, sus dientes se clavan con una fuerza sorprendente en el hombro de Sariel, mordiendo profundamente la tela de su chaqueta y la carne debajo, como si él fuese un trapo inerte capaz de absorber su agonía, una vía de escape para el sufrimiento que la consume.
Sariel, por su parte, no se inmuta visiblemente ante la mordida; ni siquiera hace un gesto de dolor, aunque la presión es suficiente como para quebrar un hueso humano normal, solo aprieta los dientes por un instante y continúa abrazándola con sus manos firmes en su espalda, acunándola contra su pecho mientras murmura palabras suaves pero constantes, un mantra tranquilizador en medio de la tormenta.
—Está bien– murmura él, su aliento cálido cerca del oído de ella, a pesar de saber que, en este preciso instante, nada está realmente bien para la joven Detective– Está bien, ya casi termina.–
Irónicamente, o quizás no tanto, estas palabras realmente parecen ayudar de alguna manera.
Era algo que todos los padres Sehwert, a lo largo de incontables generaciones, hacían instintivamente con sus hijos cuando estos comenzaban a experimentar los primeros y agónicos síntomas del Despertar, como si fuera un Hechizo ancestral transmitido por la sangre.
Las palabras de consuelo de un ser querido, o de alguien en quien se confía, parecían ayudar a aliviar, aunque sea mínimamente, el terrible sufrimiento de la transformación.
—Eso va a dejar una fea marca después –Le susurra Sariel a su compañera con un atisbo de su habitual tono juguetón, a pesar de la gravedad del momento, su voz un contrapunto a los jadeos de ella– Será mejor que se haga responsable de mí cuando esto termine –Su mirada se dirige brevemente a la sangre que comienza a fluir de la herida en su hombro y a entrar en la boca de la joven Detective–
Si, aunque Sariel esté debil, aunque su propio poder esté mermado, su sangre sigue siendo divina.
No tan potente como antes, claro está, pero sigue conteniendo una esencia lo suficientemente pura y poderosa como para ayudar, para catalizar y quizás aliviar el arduo proceso de despertar de una joven Sehwert.
Y, aunque el dolor sigue siendo aplastante, casi insoportable para Salieri, la conexión física y emocional con Sariel, la firmeza de su abrazo, la calma en su voz y, sin que ella lo sepa, la esencia de su propia sangre divina, actúan como un pequeño pero significativo bálsamo para su sufrimiento.
También, y quizás más importante, actúan como un recordatorio tangible de que no está completamente sola en este aterrador y solitario proceso de transformación.
—Ughhhh. –Un gemido lastimero, más prolongado esta vez, escapa de entre sus labios apretados–
El cuerpo de Salieri arde como si estuviera sumergido en fuego líquido, mientras sus huesos crujen y se reforman bajo su piel, entrelazándose y realineándose en su esqueleto como si fueran reforjados en algún yunque cósmico e invisible por un herrero divino.
El dolor es abrumador, una marea que amenaza con ahogarla, pero también, mezclado con la agonía. Es como si estuviera siendo reconstruida no solo en cuerpo, sino también en espíritu y alma, ya que cada parte de su ser parece estar siendo purificada, despojada de sus limitaciones humanas, y elevada a un nuevo y desconocido nivel de existencia, sin embargo, prontamente comienza a surgir algo más en ella, una sensación que no puede describir con palabras: un torrente de poder nuevo y vibrante, una conexión súbita y asombrosa con algo mucho más grande y antiguo que ella misma.
Y debido a esto, una mezcla de terror primordial y un asombro casi reverencial la invade mientras percibe, aunque sea vagamente al principio, cómo su esencia se expande más allá de los confines de su cuerpo físico, tocando hilos invisibles de energía que nunca antes supo que existían, sintiendo el pulso del mundo de una manera completamente nueva.
—Ufff –Un suspiro involuntario, profundo y tembloroso, escapa de los labios de Salieri. Sin embargo, este no es un suspiro de dolor, sino uno que suena más bien a un alivio exhausto, una liberación que minutos antes, en la cúspide de su agonía, parecía imposible de alcanzar.–
Finalmente, después de lo que para ambos ha parecido una eternidad de sufrimiento y tensión, el dolor paroxístico comienza a ceder su agarre sobre ella. Las convulsiones que sacudían el cuerpo de Salieri se calman gradualmente, sus músculos relajándose poco a poco, y su respiración, antes entrecortada y superficial, se vuelve más regular, aunque sigue siendo dificultosa y agitada por el esfuerzo.
Sariel la sostiene un momento más entre sus brazos, asegurándose con una mirada atenta de que el proceso, la parte más crítica y violenta de su Despertar Sehwert, haya terminado por completo.
Luego, con sumo cuidado y gentileza, la suelta despacio, ayudándola a recostarse suavemente contra la fría pared de la oficina para que tenga un apoyo.
Aunque su cuerpo aún tiembla visiblemente, cubierto por una fina capa de sudor frío que empapa su ropa, hay algo en ella que ahora resulta irregular, una cualidad nueva y sutil que jamás habría existido en ella antes, algo que emana de su ser y que se siente definidamente no natural para un humano común. Es el eco de un poder recién nacido.
—¿Qué…, qué ha pasado? –murmura Salieri, su voz ronca y débil, apenas capaz de formular las palabras a través de sus labios secos y temblorosos–
Lentamente, con un esfuerzo que parece considerable, la Detective Salieri Montenegro abre los ojos.
Lo primero que ella ve, a través de una bruma de agotamiento y confusión, es el rostro preocupado de Sariel, sus ojos (que ella percibe como verdes) fijos en ella con una intensidad indescifrable.
Pero entonces, casi de inmediato, al ver que ella ha vuelto en sí y que la peor parte ha pasado, ese mismo rostro ahora esboza una leve y enigmática sonrisa de satisfacción.
—¿Y esa sonrisa? –Se pregunta Salieri en su mente confundida y adolorida– ¿Acaso se está burlando de su sufrimiento?–
Realmente esto no es así.
La verdadera razón por la cual Sariel sonríe no es por burla, sino por un alivio y una confirmación que solo él puede comprender en este instante, pues él ha visto el cambio en los ojos rojos de la Detective; o más claramente, ahora percibe un brillo particular en ellos, un destello dorado y sutil que antes no estaba allí, quizás un finísimo aro de oro rodeando sus pupilas rojas.
Es una señal inequívoca para él, un conocedor de tales tránsitos: el Despertar Sehwert ha sido exitoso, ella ha cruzado el umbral hacia un nuevo mundo, una nueva existencia, una donde las reglas que solía conocer son ahora fundamental y irrevocablemente diferentes.
—Bienvenida Detective –Le dice Sariel con suavidad, su tono cargado de un significado profundo y una extraña solemnidad. Al mismo tiempo, con una delicadeza inesperada, saca de algún lugar pañuelos de una tela sumamente suave, y con estos comienza a secarle con cuidado las lágrimas que aún resbalan por las mejillas pálidas de ella, el sudor que resbala por su cuello y los restos de su propia sangre qué aun se desbordaban en los labios rojos de su compañera–
—¿Bienvenida?, ¿a qué? –Pregunta Salieri, mientras es limpiada con suavidad y esmero, con una confusión palpable, su voz apenas un susurro ronco y débil, pero teñida de una incipiente y genuina curiosidad–
—Bienvenida a este nuevo mundo, al verdadero mundo –Responde él, y esta vez le muestra una amplia sonrisa de orgullo, casi paternal, sabiendo que, aunque ella aún no lo comprende del todo, no puede imaginar la magnitud del cambio, su vida acaba de transformarse para siempre.–
En ese preciso momento, mientras las palabras de Sariel resuenan en la pequeña oficina, la Detective Salieri Montenegro siente una oleada de algo indescriptible recorrer todo su ser. Es como si el universo entero se hubiera expandido frente a ella en una fracción de segundo, revelando profundidades y complejidades que hasta ahora habían permanecido ocultas a su percepción. Secretos ancestrales, energías invisibles, realidades paralelas… todo parece vibrar al alcance de una nueva comprensión que apenas comienza a vislumbrar.
Y aunque ahora su cuerpo se siente increíblemente débil, agotado hasta la médula por el proceso que acaba de atravesar, una chispa de nueva determinación, una fuerza desconocida, comienza a arder en su interior, en el núcleo mismo de su recién transformada esencia.
______________ >> 15 minutos >> ______________
Quince minutos transcurrieron en la relativa quietud de la pequeña oficina contigua al vestíbulo principal. Quince minutos en los que la Detective yacía recostada contra la pared, recuperándose del brutal proceso de su Despertar, mientras Sariel permanecía a su lado, vigilante.
El estruendo de la batalla afuera (disparos, explosiones y gritos distantes) no había cesado, sirviendo como un recordatorio constante del peligro que los acechaba.
—¿De verdad se encuentra bien? –Le pregunta Sariel, su voz aún teñida de una genuina preocupación y ansiedad mientras la observa. Ella sigue apoyada contra la pared, pálida y con el cabello blanco plateado pegado a la frente por el sudor–
Tras este breve lapso impuesto por Sariel, la Detective Salieri, cansada de solo escuchar los gritos distantes, las explosiones esporádicas y el tableteo incesante de los disparos, y sintiendo una nueva e insospechada fuerza bullir bajo su agotamiento, decide que el descanso ha finalizado.
—Descuida, estoy bien, estoy bien –Le dice ella, tratando de calmar el miedo, la ansiedad y la evidente preocupación que él tiene hacia ella. su voz usando un tuteo subconsciente, una familiaridad nacida de la intensidad del momento que acaban de compartir. Una leve sonrisa se dibuja en sus labios; le causa una extraña gracia ver a este enigmático joven tan preocupado, cuando es ella quien, en teoría, debería estar en un estado mucho peor.– Ven, ayúdame a levantarme, por favor–
—Está bien, está bien –Sariel suspira, y a pesar de su clara preocupación por el estado de ella, decide hacerle caso, reconociendo la determinación en sus ojos rojos–
Con cuidado, Sariel la ayuda a levantarse. Así, tan pronto como sus pies tocan el suelo con firmeza, o al menos con la firmeza que puede reunir, Salieri decide abandonar la habitación contigua.
Comienza a caminar hacia la salida con pasos que, aunque intentan ser decididos, son aún levemente temblorosos, sin embargo, repentinamente, tan pronto como cruza el marco de la puerta para salir al pasillo iluminado por las luces rojas de emergencia, su cuerpo se tambalea por un instante, perdiendo el equilibrio, cayendo hacia atrás, directamente en los brazos de Sariel, quien, previendo su debilidad, ya estaba alerta.
—¿Lo ve? Se lo dije –Le refunfuña Sariel, sosteniéndola con firmeza para evitar que caiga– Ya sabía yo que usted aún no estaba del todo bien para moverse. –A pesar de que en su rostro se dibuja una expresión de aparente enojo, esto no es más que su preocupación disfrazada de reproche– Necesita más tiempo de descanso–
—Ya, ya –Salieri ríe ligeramente mientras se aleja con suavidad de sus brazos, no solo como una forma de burlarse de Sariel por su extrema preocupación, sino también como una manera de evitar el sonrojo repentino que sintió al haber estado tan cerca de él, a pesar de que minutos antes ella se la había pasado en sus brazos durante todo el proceso de Despertar–
Sariel entrecierra los ojos, sus labios apretándose por un segundo, solo para después abrir su boca para usarla para regañar a Salieri por no preocuparse más por ella misma. Después de todo, apenas ha “despertado” a su nueva naturaleza, y aunque han pasado quince minutos, sabe que no es tiempo suficiente para que los efectos secundarios de una transformación tan violenta desaparezcan por completo.
Sin embargo, justo cuando estaba por comenzar su diatriba típica, un grito desesperado lo interrumpe.
—¡Detective! –Entonces, el grito de un aterrado oficial, un hombre de unos treinta años con el uniforme desgarrado y el rostro cubierto de hollín y pánico, se escucha desde el pasillo principal–
Este, tras buscar desesperadamente a Salieri y a Sariel entre el caos del vestíbulo, tan pronto como los divisa en la salida de una habitación, se dirige con una rapidez asombrosa hacia ellos, esquivando escombros y el fuego cruzado.
Entonces, la Detective inmediatamente dirige su mirada hacia él, su anterior debilidad momentáneamente olvidada, su rostro ahora lleno de intriga y preocupación por el repentino y nervioso grito del oficial.
—El joven oficial, Ben Carter, con el rostro desencajado por el terror y el uniforme cubierto de polvo y escombros, irrumpe en la relativa calma de la oficina contigua donde se encuentran Salieri Montenegro y Sariel.– ¡Tenemos una emergen!… –Comienza a gritar, su voz temblorosa, a punto de informar algo urgente sobre el caos que reina en el vestíbulo–
Pero justo en ese momento, cuando sus ojos se posan en la Detective Salieri, quien aún se recupera del intenso dolor de su Despertar, el agente se detiene abruptamente. Su frase queda inconclusa.
Lentamente, da cinco pasos torpes hacia atrás, alejándose de ella como si hubiera visto un espectro. Su rostro, antes lleno de una preocupación frenética y el nerviosismo del combate, ahora se contrae con una expresión de increíble y puro miedo.
—U, usted… –Balbucea el oficial, su cuerpo comenzando a temblar visiblemente de terror mientras su mirada no se aparta de la Detective–
—¿Pasa algo? –Pregunta Salieri, su voz aún débil pero teñida de su habitual tono inquisitivo, su rostro lleno de dudas y una genuina confusión ante la extraña y súbita reacción del hombre–
—… –Sariel, a su lado, observando la escena, simplemente se ríe en silencio en su mente. Disfruta enormemente de la confusión de la Detective, pero también siente una oleada de orgullo por ella, por lo que acaba de atravesar y en lo que se está convirtiendo.–
El agente, asustado y sin poder articular palabra, desvía su mirada hacia Sariel, sus ojos ahora desenfocados por el shock, pero también con un atisbo de una ligera y desesperada esperanza.
Sariel, sabiendo exactamente lo que pregunta la mirada aterrada del oficial, le responde con una sonrisa orgullosa y un leve asentimiento de cabeza.
—Despertó, también se ha convertido en una –Le dice Sariel al oficial, su voz calmada pero con un matiz de importancia. Le da unas ligeras palmadas en el hombro a Salieri, un gesto que provoca que ella lo fulmine con la mirada por el repentino e inesperado toque– Igual que su Padre–
Con esas simples palabras de confirmación, la tensión en el cuerpo del joven oficial se desvanece como por arte de magia. Su rostro pasa de inmediato de un miedo indescriptible y casi paralizante a una expresión de increíble y radiante alegría, como si le hubieran quitado un peso enorme de encima.
—Oigan ustedes dos, ¿de qué hablan? –Vuelve a preguntar la Detective Salieri, completamente ignorante de la conversación no verbal y las implicaciones de lo que sucede con ella y entre los dos hombres. Su frustración por ser excluida de estas extrañas dinámicas es palpable.–
Pero entonces, antes de que Sariel o el oficial puedan responder, el sonido de otra violenta explosión, esta vez mucho más cercana, los interrumpe, haciendo temblar el suelo con más fuerza y provocando que más polvo y escombros caigan del techo de la oficina. El caos exterior parece estar acercándose peligrosamente.
—Con esta repentina explosión, la mente del uniformado vuelve a enfocarse– Oh, es verdad, Detective, ¡la Comisaría está bajo ataque! –Exclama, su rostro pasando del asombro por Salieri a la alarma por la situación– Ahora que usted también es una Sehwert necesitaremos toda la ayuda posible, ¡necesitaremos su ayuda!–
—¿Qué cosa? –Pregunta Salieri, su voz aún débil por la ordalía de su Despertar. No le sorprende el hecho de que la comisaría esté siendo atacada, pues los sonidos de la lucha son inconfundibles, sino esa palabra característica, “Sehwert”, aplicada directamente a ella.–
Entonces, con un movimiento fluido, Sariel vuelve a sacar de su Almacén Dimensional el imponente fusil Railgun ZKJR-K24, el arma del Oficial León Montenegro.
El oficial Carter, al ver el arma materializarse, nota su presencia de inmediato.
—¿Una Railgun? –Pregunta con una sorpresa evidente en su rostro, pero esta vez, sus ojos también brillan con una esperanza renovada– Perfecto, eso servirá de maravilla contra esos monstruos–
—Primero necesita actualizarse y reconfigurarse para un nuevo portador –Responde Sariel con calma, deteniendo las esperanzas inmediatas del oficial mientras sostiene el pesado fusil– Esta arma pertenecía al Oficial León Montenegro; su información biométrica y su firma energética están registradas en ella. No funcionará para nadie más hasta que se limpie y se asigne de nuevo. –Luego, su tono se vuelve más autoritario, como si estuviera acostumbrado a dar órdenes en situaciones críticas– Mientras tanto, ustedes sigan atacando, hagan tiempo antes de que la Detective esté lista para entrar al campo de batalla
—Entendido Señor –Responde el Agente Carter con un tono formal y un respeto que antes no estaba presente, sin quejarse en absoluto por el tono de mando de Sariel. Incluso realiza un breve y casi instintivo saludo militar– Nosotros también tenemos algunas armas de alto calibre en la armería subterránea, en la Habitación Especial, pero necesitaremos permiso y tiempo para acceder a ellas y desplegarlas–
—Adelante entonces –Autoriza Sariel con firmeza– Las van a necesitar, pues la armadura de Zakech, el de la lanza roja, es muy resistente, así que las balas de simples pistolas o rifles de asalto convencionales no le harán absolutamente nada, ni una abolladura. Si tienen armas especiales, energéticas o mágicas, úsenlas también; esas funcionarán mucho mejor contra él y contra Aren.–
—Entendido Señor –Responde el Agente antes de darse media vuelta– Tenemos un par de granadas sónicas, miniguns bendecidas con Poder Divino e incluso armas mágicas. Solo espero que si nos sirvan–
Una vez que el Oficial Carter, ahora con una nueva determinación y un propósito claro, se dirige junto a otros de sus compañeros a organizar la defensa y el uso de armamento pesado, la atención vuelve a centrarse en la Detective Salieri Montenegro y Sariel. El eco de las explosiones y los disparos delante suyo sigue siendo una banda sonora ominosa para los eventos que se desarrollan.
Así, tras la partida del oficial, Sariel dirige su mirada hacia su compañera, la Detective Salieri, quien aún procesa la avalancha de revelaciones y el reciente y doloroso Despertar de sus poderes.
—Detective –Le dice Sariel con calma, mientras le enseña el imponente fusil Railgun ZKJR-K24 que sostiene en sus manos– Necesito que coloque usted un poco de su sangre en esta parte. –Señala con un dedo una sección específica en el dorso del arma, cerca de lo que parece ser un panel de interfaz o un receptor biométrico–
—Espera, ¿por qué? –Pregunta ella, su pregunta anterior sobre por qué ese agente obedeció tan rápidamente las órdenes de Sariel viéndose interrumpida y olvidada ante esta nueva y extraña petición. Sus ojos rojos la miran con una mezcla de confusión y cautela–
—Las armas diseñadas especialmente para Mehr-Wissen, como esta Railgun, a menudo necesitan una identificación biométrica para poder ser usadas por un portador específico –Explica Sariel con paciencia– Ahora que usted ha Despertado como una Sehwert, podrá usarla siempre y cuando su información, su esencia, esté registrada en ella. Es un protocolo de seguridad y sintonización.–
—Entiendo –Responde la Detective Salieri, asintiendo lentamente–
Realmente ella no comprende la profundidad de las palabras de Sariel sobre energías, esencias y armas Mehr-Wissen. Sin embargo, en este entorno de vida o muerte que se ha desatado a su alrededor, y con el poco tiempo de sobra del que disponen antes de que las amenazas del exterior lleguen hasta ellos, no se puede dar el lujo de actuar de manera irresponsable o de perderse en un mar de preguntas y dudas. La urgencia de la situación la obliga a confiar, al menos por ahora, por lo que, con una resolución nacida de la necesidad, decidió seguir la extraña orden de Sariel.
Así que, rápidamente busca entre los bolsillos de su chaqueta y pantalón algo que le pueda ayudar a extraer una pequeña muestra de sangre. Encuentra en uno de ellos un pequeño cuchillo táctico plegable, parte de su equipo de autodefensa.
—¿Cuánto? –Pregunta mientras sostiene el cuchillo con una mano firme, cerca del dedo índice de su mano derecha, lista para hacer un pequeño corte– ¿Qué tanta sangre debo darle–
—Con unas cuantas gotas basta –Responde Sariel, observándola con atención–
—Bien –Dice ella, preparándose–
Con una mezcla de aprensión y una determinación recién descubierta, Salieri Montenegro sostiene el pequeño cuchillo táctico sobre el dedo índice de su mano derecha.
Un breve y agudo pinchazo, y una gota de sangre carmesí brota, oscura contra la palidez de su piel.
Con cuidado, deja caer cinco gotas sobre la sección del dorso de la Railgun ZKJR-K24 que Sariel le ha indicado.
En cuanto la quinta gota de su sangre toca el frío metal del arma, esta comienza a reaccionar de una manera que desafía toda explicación mundana.
Primero, un suave y pulsante brillo de color azul emana desde el interior del fusil, recorriendo sus circuitos y líneas de diseño como si una corriente vital lo despertara. Un instante después, un pequeño pero increíblemente intrincado Círculo Mágico, también de un intenso color azul cian que irradia una luz propia, se materializa y comienza a girar lentamente justo a la mitad del arma, suspendido sobre su estructura como un holograma arcano.
El círculo es una compleja maravilla geométrica: un círculo central, conteniendo un cuadrado rotado y otro círculo más pequeño con una runa en forma de “Z” o “N”, está rodeado por anillos concéntricos más grandes, densamente inscritos con caracteres rúnicos angulares y fluidos.
Todo el conjunto está enmarcado por dos cuadrados superpuestos que forman una estrella de ocho puntas, en cuyos vértices y puntos intermedios se repiten versiones más pequeñas del motivo central, con sellos hexagonales, las runas que componen la mayor parte de la inscripción pertenecen al antiguo y casi olvidado Lenguaje Arcano.
Sariel lo reconoce de inmediato: es un sigilo de Magia Technik, más conocida en los círculos arcanos y entre los seres de mayor conocimiento como Magia Cibernética. Este es un sistema de magia que él mismo desarrolló durante la lejana Era de la Creación, diseñado específicamente para interactuar y controlar todos los sistemas informáticos y tecnológicos existentes en este mundo y otros.
Sin embargo, las versiones actuales que utilizan algunas civilizaciones o incluso la A.M.P. son, en comparación, meras imitaciones, infinitamente inferiores al potencial del diseño original.
Salieri observa el despliegue de luz y símbolos arcanos con una mezcla de asombro y una creciente comprensión de que las “tonterías” de las que Sariel hablaba son, de hecho, una realidad tangible y operativa.
—Bien, está listo –Dice Sariel con satisfacción tan pronto como la luz se desvanece, observando la ahora inerte pero energéticamente vinculada railgun–
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