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Ekstern - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - Capítulo 17: Capítulo 2 - Detective | 2.6: Ataque y Despertar P2
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Capítulo 17: Capítulo 2 – Detective | 2.6: Ataque y Despertar P2

Una vez finalizado el proceso, y para sorpresa de la Detective, Sariel vuelve a hacer ese gesto en el aire junto a él, y el imponente fusil Railgun se desvanece de sus manos, disolviéndose en una miríada de partículas de luz que desaparecen en la nada, regresando a su Almacén Dimensional.

—Espera, ¿qué ha pasado? –Se pregunta Salieri, su voz aún un poco débil pero recuperando su tono inquisitivo, pues se suponía que esa arma debería ser usada para esta batalla– ¿No la usaremos?–

—Esta arma es muy poderosa –Explica Sariel con calma, su mirada fija en la puerta de la oficina, a través de la cual llegan los sonidos del combate– Aún no es el momento de usarla, la necesitaremos, y mucho, cuando nos enfrentemos a Aren, así que no podemos desperdiciar su poder ni su impacto inicial con Zakech, por muy formidable que este sea.–

—Entiendo –Asiente ella lentamente, recordando las palabras de Sariel sobre el poder de Aren, quien es supuestamente mucho más peligroso que los otros dos esbirros de Luciel– Pero entonces, ¿qué usaremos contra lo que sea que esté ahí fuera ahora? Dudo que mis puños sirvan de mucho –Entonces, ella hace un gesto casi infantil de estar golpeando al aire–

Sariel, al verla golpear al vacío de esa manera tan humana y un tanto adorable, sonríe levemente. Pero sin perder un instante, y volviendo a la urgencia de la situación, de inmediato mete una mano en esa aparente nada junto a él y saca la escopeta que el Oficial León Montenegro le había dado antes, en la Base Sehwert, el arma que estaba destinada para ella.

Se trata de la ZUA-20, la “ZeriX Urban Assailant – Modelo 20”, una escopeta de combate de aspecto formidable y decididamente moderno, con una configuración bullpup que la hace notablemente compacta a pesar de su evidente potencia.

Su cuerpo está fabricado con polímeros oscuros y presenta líneas angulosas y tácticas. Un cargador de caja o tambor prominente se aloja detrás de la empuñadura, y varios rieles Picatinny en la parte superior y el guardamanos sugieren su versatilidad para acoplar accesorios.

Es un diseño claramente optimizado para el combate cercano y la entrega de una fuerza contundente, muy diferente a la tecnología arcana de la Railgun, pero sin duda letal en las manos adecuadas.

—Su Padre me dio esta arma antes para que usted la pueda usar –Dice Sariel, su voz firme tratando de infundir confianza. Omite deliberadamente cualquier mención a la Base Sehwert o a la complejidad de la herencia que ella acaba de Despertar, para no agobiarla más en medio del caos– Es muy poderosa. Y por lo que pudieron ver mis Ojos Divinos hace un momento, ya viene con balas mejoradas con Poder Divino. Aunque parece que solo tiene un cartucho de tambor –Explica, mostrándole el cargador circular del arma bullpup y haciendo algunos gestos para simular el efecto de los proyectiles– pude ver que este se recarga de manera automática al tomar el Maná del entorno. Además, las balas no solo salen con una gran potencia, sino que están diseñadas para explotar una vez que detectan que están dentro de un cuerpo. –Sariel señala hacia un discreto logo circular en el arma donde se pueden leer las letras “ZWF” y otras dos más pequeñas– Sin duda servirá mucho, sobre todo porque según esta marca, sus proyectiles funcionan eficazmente contra Surnaturel de hasta Rango Diamante, lo que sería equivalente a un Demonio de Rango Emperador en su propia escala. Y si bien los Surnaturel no son Demonios en el sentido estricto, el simple hecho de que estas balas contengan Poder Divino concentrado, basta para causarles un daño considerable–

—Entiendo –Asiente ella lentamente, sus ojos rojos fijos en el arma con una mezcla de aprensión y una nueva determinación–

—Solo haga lo mismo que antes –Le indica Sariel con suavidad– Coloque un poco de su sangre y estará lista–

Sin dudar un instante, a pesar del temblor que aún recorre sus manos, la Detective Salieri toma el pequeño cuchillo táctico que usó antes y, con un movimiento rápido, se hace otro pequeño corte en el dedo. Vierte unas pocas gotas de su sangre sobre la escopeta ZUA-20.

Segundos después, el arma pasa por un proceso similar al anterior, quizás un leve pulso de luz o una vibración sutil, indicando que ahora está sintonizada con su nueva portadora.

—Bien, estamos listos. –Dice Salieri, su voz ahora más firme, mientras toma la escopeta con una nueva seguridad. El arma, aunque de aspecto moderno y pesado, se siente extrañamente equilibrada en sus manos– Espero que esto sea suficiente–

Una vez que ambos terminan estos urgentes preparativos, sin intercambiar más palabras, y ahora con Salieri, con una energía renovada proveniente de un cuerpo que, al menos por el momento, ha decidido cooperar con ella, los dos corren juntos, dirigiéndose con una mezcla de temor y resolución hacia el lugar, el vestíbulo donde se está llevando a cabo el feroz combate contra las entidades demoníacas.

_______________ >> Vestíbulo >> _______________

El vestíbulo principal de la Comisaría de Morian es ahora un infierno de luces rojas estroboscópicas, el aullido de las alarmas y el eco ensordecedor de los disparos. El aire, denso con el olor a pólvora y hormigón pulverizado, vibra con cada detonación.

Los pocos agentes Surnaturel que quedan en pie vacían con desesperación sus cargadores contra la imponente figura de Zakech, el caballero de armadura negra que avanza inexorablemente hacia ellos.

—¡Necesitamos mejores armas! –Grita el Oficial Finn O’Connell, un pelirrojo de complexión delgada, mientras sus balas rebotan inofensivamente en el peto de Zakech–

—¡¿Dónde está el encargado de la armería especial?! –Pregunta con urgencia la Oficial Anya Sharma, su largo cabello negro trenzado agitándose mientras se protege detrás de un mostrador volcado–

—¡Me quedé sin balas! –Exclama el joven Oficial Rayan Malik, sus ojos almendrados abiertos por el pánico mientras suelta su pistola reglamentaria vacía.– ¡Necesito cobertura!–

—¡Esta puta pistolita no le hace ni un rasguño! –Gruñe el Oficial Gregor, el veterano de barba canosa, arrojando su propia arma al suelo con frustración–

—¡Maldita sea! –Se lamenta el Oficial Kenji Tanaka, el de gafas y aspecto serio– Ahora que el Oficial Montenegro ya no está, ¡no hay quien nos dé permiso para sacar las otras armas del Bloque Delta!–

—¡Tranquilo Tanaka! –Le responde la Oficial Sofia Chen, su voz usualmente calmada ahora tensa pero firme, mientras recarga su arma– El Sistema de Defensa de las Estaciones Surnaturel en todo el Aynu colocó, al chico que trajo la Detective Montenegro, como la nueva Autoridad temporal para esta estación. ¡Su permiso ya está registrado!–

—¿Eh?, ¿y por qué no a la Detective Montenegro?, si es la hija del Oficial –Pregunta Tanaka, confundido–

—¡Yo que demonios voy a saber!, ¡yo no diseñé este Sistema! –Replica Sofia Chen con exasperación– Si quieres saberlo ve a pedirle explicaciones a Mikleo–

El caballero de armadura negra, Zakech, sin inmutarse por la lluvia de proyectiles, continúa desviando las balas con movimientos casi despectivos de su lanza carmesí, avanzando con una calma asesina, y aunque su rostro está oculto tras la máscara de hueso, se puede casi sentir la burla y el desprecio que emanan de él ante los débiles ataques de estas criaturas que, intuye, deberían estar usando sus verdaderos poderes y no estas inútiles armas humanas.

—¡¿Dónde está el Equipo Delta?! –Grita alguien desde el fondo del vestíbulo–

—La mayoría fueron enviados a descanso después de que le dieron luz verde a ese tal Sariel! –Responde otra voz, llena de angustia–

—¡Vale verga!–

—¡Descuida! ¡Tres miembros del Equipo Delta de los quince originales se quedaron de guardia! ¡Son Luke, Jack y Nico! ¡Ya están en camino!–

—¡Entonces diles que se apuren, carajo!–

—¡No falta mucho, ya están en la Armería Especial subterranea! –Grita otro agente, su voz resonando con una mezcla de esperanza y terror– ¡El permiso de la Autoridad ya fue otorgado, sólo necesitamos un minuto más!–

—¡Maldita sea, si el puto Sistema no nos obligara a usar solo formas Seige en las Estaciones de Policía, no tendríamos que depender de estas malditas armas humanas! –Maldice el Oficial Gregor, esquivando por poco un golpe de la lanza de Zakech–

—¿Recuerdan que el Oficial Montenegro interpuso una queja para desactivar esa directiva en el Sistema por si se daban casos como estos? –Comenta Finn O’Connell con amargura– ¡Justo ahora valió madre esa queja, porque él está muerto!–

—¿Tal vez por eso mismo lo asesinaron, no lo creen? –Sugiere con veneno el joven Rayan Malik, su rostro pálido– ¿Y si fueron esos malditos Mehr-Wissen que no querían perder el control o la ventaja?–

—¡¡Todos los Mehr-Wissen son iguales! ¡Unos hipócritas! –Escupe Gregor con rencor–

—¡Ey, cálmate tú, Gregor! –Le interrumpe la Oficial Anya Sharma, su voz firme a pesar del miedo– ¡El Oficial Montenegro era un Mehr-Wissen, un Sehwert, y bien sabes todo lo que ha hecho por nosotros, por nuestra comunidad! ¡No todos son iguales!–

—¡Así es! ¡Así que cállate la boca y sigue disparando! –Añade otro agente, apoyando a Anya–

Biiiiiip

De repente, un sonido agudo y penetrante, un pitido largo, continuo y de una frecuencia altísima, corta el aire viciado de la estación, sobresaliendo incluso por encima del estruendo constante de los disparos, los gritos de dolor y las alarmas ululantes. Es un ruido que parece vibrar en los huesos mismos, una advertencia inconfundible de algo mucho más peligroso, o quizás una contramedida desesperada, que lo que ya enfrentan.

Los agentes, quienes apenas unos segundos antes estaban concentrados en el demonio de armadura negra, Zakech, se detienen abruptamente en sus acciones, sus rostros volviéndose con alarma hacia el origen desconocido del sonido al reconocer ese tono escalofriante y ominoso.

—¡Aghh! –El rugido demoníaco de Zakech, una mezcla de furia ya que la granada está diseñada para tipos con una cabeza diferente, sin ella o cubiertas, justo como su caso, resuena con potencia por toda la habitación, haciendo vibrar los cristales rotos. Se lleva una mano con garras a su máscara de hueso negro, como si intentara bloquear la insoportable vibración–

—¡Ey! ¿De donde sacaste esa madre? –Grita el Oficial Gregor, el veterano de barba canosa, girándose hacia el joven Oficial Rayan Malik, quien sostiene el detonador vacío de la granada sónica– Se supone que solo los autorizados, como el Equipo Delta, o el Oficial Montenegro, pueden usarlas–

—Era un regalo… –Gime el Oficial Malik, su rostro pálido y sus ojos llenos de una tristeza genuina a pesar de la situación– Me lo dio mi abuela en mi cumpleaños…–

—Bueno, al menos nos ayudará a no morirnos tan rápido! –Comenta la Oficial Sofia Chen, su tono divertido a pesar de lo crucial de la escena, mientras recarga su arma–

—¡Tu abuela estará orgullosa! –Añade la Oficial Elara Vance, intentando mantener el ánimo–

—¡Callense el hocico y sigan disparando maldita sea! –Brama el Sargento Miguel Herrera, su voz ronca imponiéndose sobre el caos– ¡Aprovechen la apertura! ¡Fuego a discreción!–

El demonio de armadura negra, Zakech, que hasta ese momento había avanzado con una confianza implacable y una calma asesina, comienza a tambalearse visiblemente. Sus movimientos, antes llenos de una precisión letal y una gracia antinatural, ahora son erráticos y descoordinados, como si el dispositivo sónico estuviera interfiriendo directamente con su sistema nervioso o su capacidad para coordinar sus extremidades. Se lleva una mano con garras a su yelmo de hueso negro, y de su interior escapa otro rugido gutural, esta vez más un quejido de dolor que una amenaza.

Es evidente que esta arma, la ZAD-SD7, fue diseñada específicamente para atacar las partes más vulnerables de los Surnaturel, especialmente aquellos con estructuras sensoriales expuestas o cabezas no convencionales, como Lumen, o aquellos cuyos yelmos, como el de Zakech, podrían actuar como cajas de resonancia para el tormento sónico.

Los agentes Surnaturel, aún en sus formas Seige pero ahora con una chispa de esperanza en sus ojos, viendo cómo el temible demonio se debilita visiblemente bajo el efecto de la granada sónica, redoblan sus esfuerzos con una ferocidad renovada. Gritos de “¡Ahora, ahora!” y “¡Apunten a la cabeza, a los puntos débiles!” llenan el aire caótico, mezclándose con el tableteo de las armas. Todos los que aún tienen munición intentan aprovechar este breve y precioso lapso de vulnerabilidad.

Las balas vuelan hacia el demonio Zakech desde múltiples direcciones, buscando las grietas y las uniones de su intrincada armadura negra, esperando encontrar un punto débil.

Pero, para su creciente desesperación, el resultado no es el esperado. En lugar de penetrar la coraza, la mayoría de las balas rebotan con un destello metálico y un agudo ping, como si la armadura misma tuviera algún tipo de mecanismo autorreparador o un campo de fuerza interno que desvía los proyectiles.

Incluso cuando uno de los tiradores más experimentados del grupo, quizás la propia Oficial Sofia Chen con su calma habitual ahora convertida en una concentración helada, logra acertar un disparo en un punto crítico cerca de la sien de Zakech, justo donde la máscara ósea de su yelmo deja ver una pequeña franja de lo que parece ser piel expuesta o una unión más débil, el demonio apenas retrocede unos pasos antes de recuperar su postura con un violento espasmo. Su rugido gutural regresa, esta vez cargado de una furia renovada y un dolor que solo parece potenciar su maldad. Con un movimiento increíblemente rápido para su tamaño y su armadura, extiende sus garras afiladas como cuchillas y decapita una de las robustas mesas de roble de la recepción con un solo y brutal golpe, enviando astillas y fragmentos de madera volando por todas partes como metralla.

Los agentes, sorprendidos por la repentina y feroz acometida, retroceden instintivamente, levantando los brazos para protegerse de los escombros que llueven a su alrededor. La breve ventaja que les había proporcionado la granada sónica parece estar desvaneciéndose rápidamente ante la resistencia y la furia indomable de Zakech.

—¡¿Detective?! –Entonces se escucha el grito uno de los oficiales Surnaturel más jóvenes, el del Oficial Rayan Malik, al ver a Salieri aparecer en el umbral, su voz una mezcla de sorpresa y un alivio apenas contenido–

La entrada de la Detective Salieri al vestíbulo devastado es como un soplo de aire helado en medio del fuego y el caos. A pesar de su palidez y el temblor residual de su cuerpo, lleva consigo un aura de autoridad recién descubierta, una presencia que parece detener, aunque sea por un efímero segundo, el flujo constante de disparos y gritos.

En sus manos sostiene la escopeta ZUA-20, un arma que, para los ojos inexpertos de cualquier humano que pudiera quedar, podría parecer simplemente un modelo avanzado y táctico, pero para aquellos oficiales Surnaturel presentes, aquellos que han estado expuestos a las leyendas y los secretos del mundo oculto, su diseño único e inconfundible, ahora en manos de la hija de León Montenegro, genera una mezcla de asombro y una reverencia casi instintiva.

Sin embargo, sus ojos no están concentrados completamente en el arma, sino en algo particular de la persona que la porta, en la propia Detective Salieri. Un cambio sutil pero perceptible emana de ella, una energía nueva y potente.

—No puede ser… –Murmura la Oficial Lena Hanson, una mujer alta de trenzas apretadas, sus ojos normalmente evaluadores ahora abiertos por la sorpresa–

—¿Será acaso…? –Pregunta el Oficial David Kim, un tipo delgado y ágil, su habitual energía nerviosa ahora congelada en estupefacción.–

—¿Es real…? –Susurra la Oficial Aisha Bello, una sanadora Surnaturel que intentaba atender a un herido–

—¿En serio? –Añade el Oficial Marcus “Marc” O’Malley, un Kehrseite veterano con el rostro curtido, sin poder creer lo que sus sentidos le indican–

Los murmullos comienzan a propagarse rápidamente entre los presentes como un reguero de pólvora. Aquellos que logran identificar no solo el arma sino el cambio en la Detective se quedan boquiabiertos. Algunos, como el joven Jian Li, un Kehrseite experto en tecnología que intentaba restablecer las comunicaciones, retroceden instintivamente, sobrecogidos. Otros, como la Oficial Gabriela Silva, una Surnaturel felina de temperamento ígneo, y el estoico Oficial Tomas Varga, intercambian miradas cargadas de un significado profundo y una esperanza repentina.

Para muchos de los Surnaturel en esta estación, esto confirma algo que siempre habían sospechado sobre el linaje Montenegro, pero que nunca se atrevieron a decir en voz alta.

—¡Sehwert! –El rugido gutural y lleno de odio del demonio de armadura negra, Zakech, atraviesa el aire, rompiendo el breve momento de silencio atónito que había caído sobre la sala. Su cabeza con máscara de hueso se gira bruscamente hacia Salieri–

Es un grito lleno de una furia helada, pero también de un reconocimiento inequívoco. El sonido resuena como un eco fantasmal, vibrando en los huesos de todos los presentes. Las palabras salen de su máscara ósea como una maldición, y su cuerpo entero se tensa, sus garras aferrando con más fuerza su lanza carmesí, listo para actuar. Está claro que él sabe exactamente lo que significa la transformación de Salieri, y el peligro que ahora representa.

A su vez, el efecto de ese grito y la revelación implícita en los Surnaturel presentes es inmediato y eléctrico. Quienes hasta ese momento habían estado confundidos, dubitativos o simplemente luchando por sobrevivir, ahora entienden completamente la situación.

Así, una nueva energía recorre sus filas, incluso algunos de ellos, con expresiones de asombro mezclado con un alivio casi eufórico, comienzan a vitorear, sus voces ahogadas por la emoción.

—¡La Detective es una Sehwert! –Grita la Oficial Elara Vance, su voz antes llena de expectativa ahora vibrante de triunfo, y esta vez no hay duda ni burla en sus palabras–

El grito es coreado por varios otros, elevándose por encima del caos de la batalla, un rugido de desafío y esperanza. Los vítores son explosivos, llenos de una emoción contenida durante demasiado tiempo y una esperanza desesperadamente renovada. Hay una energía diferente en el aire ahora, una sensación palpable de que tal vez, solo tal vez, ahora sí tienen una oportunidad real contra estos monstruos que parecían invencibles.

Sin embargo, la felicidad es efímera. A pesar de los vítores y la renovada determinación, todos saben instintivamente que el combate aún no ha terminado. Los agentes regresan rápidamente a sus puestos, a lo que estaban haciendo, recargando armas con manos temblorosas pero firmes, buscando mejores ángulos de ataque o cubriendo a sus compañeros con una nueva ferocidad. Los disparos vuelven a resonar en el vestíbulo, esta vez con un propósito claro y una convicción que antes faltaba.

El demonio de armadura negra, Zakech, aunque visiblemente afectado por la granada sónica anterior, sigue siendo una amenaza formidable, su lanza carmesí barriendo el aire con intención letal.

Y el otro demonio, Aren, el de la máscara de pico de cuervo, permanece impasible en su esquina, observándolo todo con una calma inquietante y una frialdad que promete un peligro aún mayor.

A su vez, mientras el caos de la batalla sigue su curso infernal en el vestíbulo de la Comisaría de Morian, la Detective Salieri Montenegro, recién Despertada a su herencia Sehwert, se mueve con una determinación feroz que contrasta con su anterior debilidad.

Sostiene la escopeta de combate ZUA-20 con ambas manos, el cañón apuntando directamente hacia el imponente demonio de armadura negra, Zakech, quien sigue sembrando el terror entre los oficiales. Su postura es firme, casi mecánica, como si cada movimiento estuviera ahora imbuido de un instinto de combate y una precisión calculada para maximizar su eficacia.

Ya no hay vacilación en ella; sus ojos rojos brillan con una intensidad depredadora mientras observa a su objetivo, evaluando con una rapidez asombrosa cada posible punto débil que pueda explotar en la coraza del demonio

El primer disparo de la ZUA-20 en sus manos resuena como un trueno en el vestíbulo, un estallido de poder que silencia momentáneamente los otros ruidos de la batalla. La munición especial de su arma, esas balas que Sariel le explicó estaban mejoradas con Poder Divino, impacta con una fuerza descomunal contra la armadura de Zakech. Y esta vez, no hay un simple rebote ni chispas inútiles: las balas, impulsadas por una energía que parece trascender la mera balística, penetran la superficie oscura de la coraza demoníaca.

El retroceso de la escopeta es brutal, una patada que haría tambalear a un hombre no entrenado, pero Salieri lo maneja sin problemas aparentes, su cuerpo absorbiendo el impacto con una solidez recién adquirida, demostrando una habilidad innata o un conocimiento infuso que solo alguien entrenado específicamente en el uso de ese tipo de armamento avanzado podría poseer.

Cada disparo que sigue parece vibrar en el aire, cargado de una energía sobrenatural que hace eco en todo el lugar, una respuesta directa a la oscuridad que enfrentan.

Zakech, quien hasta ese momento había avanzado con una arrogancia imperturbable, desviando las balas humanas como si fueran meros insectos, siente por primera vez en este enfrentamiento algo más que una simple irritación. El impacto de las balas de Salieri, imbuidas de ese Poder Divino, lo obligan a retroceder unos milímetros, un movimiento apenas perceptible para un observador casual, pero suficiente para que todos los Surnaturel en la sala noten que algo fundamental ha cambiado en la dinámica de la batalla.

Con un rugido gutural que mezcla sorpresa y un dolor nuevo, Zakech levanta instintivamente sus brazos enfundados en ese metal reforzado que parece una extensión de sus propios huesos, bloqueando los siguientes disparos de Salieri.

Su armadura, diseñada específicamente para resistir ataques letales de todo tipo, cruje y emite chispas bajo la lluvia de proyectiles sagrados, incluso esa formidable protección, que antes parecía impenetrable, ahora parece estar llegando a su límite, después de todo, las balas que dispara Salieri no son simples proyectiles de plomo o acero; están imbuidas de una energía que parece corroer la oscuridad misma, penetrando capas de defensa que momentos antes parecían absolutamente invulnerables.

—¡Mueran! –El grito del demonio Zakech resuena como un trueno furioso, cargado de una rabia que parece sacudir hasta los cimientos mismos de la estación de policía, mientras se prepara para desatar su propia y terrible contraofensiva–

Con un movimiento brutal y preciso, Zakech clava su lanza contra el suelo, un gesto que parece más una declaración de poder que un simple ataque.

La hoja rojiza de la lanza se hunde profundamente en el piso, y por un instante todo queda en silencio, como si el mundo entero estuviera conteniendo el aliento.

—Mierda, mierda –Sariel reacciona de inmediato, sus ojos captando el peligro antes incluso de que ocurra. Su mente analítica procesa a la velocidad del rayo la acumulación de energía oscura alrededor de la lanza de Zakech y lo que está a punto de suceder. Sin pensarlo dos veces, y a pesar del riesgo de exponerse, decide intervenir para advertir a los oficiales Surnaturel que aún luchan en el vestíbulo– ¡Rápido, todos retrocedan!, ¡es un ataque de área! –Grita con todas sus fuerzas, su voz apenas logrando sobreponerse al eco de la reciente explosión y al aullido de las alarmas–

Un instante después de su advertencia, el suelo del vestíbulo comienza a temblar violentamente.

Las baldosas bajo los pies de todos se fracturan y estallan hacia arriba, y desde las grietas recién formadas emergen con una velocidad aterradora decenas de lanzas afiladas hechas de pura energía oscura, como si la propia tierra estuviera cobrando vida para atacar a instancias del demonio, unas lanzas veloces, letales, que se dirigen como proyectiles hacia cualquier cosa que se mueva en su radio de acción, sobresaliendo del suelo como picas mortales, apuntando hacia los agentes con una precisión aterradora, buscando empalarlos.

—¡Joder! –Exclama el Oficial Rayan Malik, lanzándose al suelo y esquivando por poco una de las púas oscuras que emerge justo donde él estaba–

—¡Eso estuvo cerca! –Grita la Oficial Elara Vance, rodando para evitar otra lanza que se materializa a su lado–

Gracias al aviso oportuno y desesperado de Sariel, la mayoría de los agentes Surnaturel logran reaccionar a tiempo.

Nadie resulta herido de gravedad, y si bien las traicioneras lanzas pasan rozando brazos y piernas, dejando cortes superficiales y sangrantes en algunos casos, todos consiguen escapar por poco del alcance principal del devastador ataque.

Sin embargo, la escena ahora es aún más caótica y peligrosa: el antes pulcro vestíbulo de la comisaría está lleno de profundos agujeros y fragmentos de piso destrozados, y las amenazantes lanzas negras permanecen clavadas en el suelo como siniestros y mudos recordatorios de lo que acaba de ocurrir, dificultando el movimiento y ofreciendo nuevas coberturas improvisadas.

—¡Apártese! –Resuena un grito grave y poderoso desde la entrada que da a las oficinas–

El estruendo de pasos pesados y autoritarios capta instantáneamente la atención de todos los presentes, incluso la del demonio Zakech, que detiene momentáneamente su avance. Un hombre fornido, de unos cuarenta años, irrumpe en escena con una presencia imponente que irradia pura fuerza de combate. Es el Sargento Luke “Rhino” Kovač, uno de los líderes del Equipo Delta.

Lleva consigo una minigun, un monstruo de metal rotatorio que parece casi demasiado grande para ser manejado por una sola persona, sin embargo, sus manos expertas y sus brazos como troncos sujetan el arma con una firmeza inquebrantable, como si estuviera hecha a su medida.

Su rostro, curtido y marcado por años de experiencia e incontables batallas contra lo sobrenatural, está adornado con una expresión severa y concentrada que no deja lugar a dudas: ha venido a terminar lo que otros apenas han intentado.

—¡Ya era hora carajo! –Exclama uno de los oficiales Surnaturel cercanos, el Oficial Finn O’Connell, al ver llegar los refuerzos pesados–

—¡Granada va! –Grita otro alguien, lanzando otro artefacto especializado hacia Zakech–

La nueva granada sónica ZAD-SD7 explota con ese pitido agudo y penetrante que ya había demostrado ser efectivo. Y tan pronto como el sonido aturde nuevamente a Zakech, el Sargento Kovač, sin perder un solo segundo, comienza a descargar toda la munición de su minigun directamente contra el demonio.

El rugido ensordecedor del arma es como un trueno continuo, una tormenta de metal que llena el vestíbulo mientras las balas trazadoras iluminan el espacio con destellos brillantes y fugaces. Cada impacto golpea la armadura negra del demonio con una fuerza brutal, desgarrando fragmentos de ese material que parece una mezcla de hueso y metal, dejando marcas profundas y humeantes en su superficie.

Esta vez, el simple bloqueo de Zakech con su lanza o sus antebrazos no es suficiente; las defensas que antes parecían impenetrables comienzan a ceder visiblemente bajo el implacable y concentrado asalto de la minigun.

—¡Bastardos!… –Gruñe Zakech, su voz distorsionada por la rabia y el dolor. Sus movimientos, antes calculados y llenos de una gracia letal, ahora son frenéticos, desesperados. Intenta cubrirse, desplegando unas alas correosas y oscuras que antes no había mostrado, y usando sus brazos acorazados como escudo, pero resulta inútil ante la lluvia de proyectiles de alto calibre.–

La combinación de los disparos de Salieri y la potencia abrumadora de la minigun desmantelan su resistencia, las grietas en su armadura se multiplican, y pequeños destellos de energía oscura brotan de las fisuras, como si su esencia misma estuviera siendo desgarrada.

—¡Ey Rhino, te dije que nos esperaras!–

Justo cuando parece que el demonio Zakech podría intentar reagruparse o desatar un nuevo y desesperado ataque, dos figuras más, igualmente equipadas con el pesado blindaje táctico del Equipo Delta, irrumpen en el vestíbulo desde uno de los pasillos que conducen a la armería subterránea.

Son los otros dos miembros del Delta que estaban de guardia: el Oficial Jack “Bull” Rourke, un hombre de hombros anchos y cabeza rapada con una expresión sombría, y la Oficial Nico “Viper” Bellini, más esbelta pero con una mirada depredadora en sus intensos ojos oscuros.

Ambos portan sendas miniguns, idénticas a la de Kovač, y sus rostros reflejan una determinación feroz.

Y al ver esto, al ver a dos nuevos enemigos armados hasta los dientes con el mismo tipo de armamento que ya lo está haciendo pedazos, el pánico finalmente se apodera del demonio Zakech.

Su anterior postura arrogante y confiada se desvanece por completo, reemplazada por algo mucho más primitivo y visceral: un miedo tangible a su inminente destrucción.

—¡No dejen que escape! –Grita el Sargento Herrera, coordinando a los oficiales Surnaturel que aún pueden combatir–

¡BRRRRRRRRRR-BRRRRRRRRRR-BRRRRRRRRRR!

El rugido ensordecedor, no de una, sino ahora de tres miniguns, continúa y se intensifica, resonando en el vestíbulo de la comisaría. Es un sonido tan intenso y brutal que parece vibrar en los huesos de todos los presentes, haciendo temblar los pocos cristales que quedan intactos. Zakech, el demonio de armadura negra, retrocede tambaleante bajo la increíble avalancha de fuego concentrado. Cada bala lo golpea como un martillazo demoledor, desgarrando nuevas secciones de su armadura y exponiendo fragmentos cada vez más grandes de su esencia oscura y humeante al aire. Sus alas correosas, que antes intentó usar como escudo, ahora cuelgan destrozadas e inútiles a sus costados.

—¡Traigan el Círculo Akrani! –Grita el Sargento Herrera, su voz apenas audible por encima del estruendo de las armas–

—¡Bruja, rápido, es tu turno!, ¡el permiso de la Autoridad ya está listo! –Grita entonces la Oficial Nico “Viper” Bellini, una de las Deltas, dirigiéndose con urgencia a una de las agentes que se mantenía en una posición más resguardada–

Al instante, una de las agentes mujeres, la Agente Sahira “Nyx” Volkov, da un paso decidido adelante, saliendo de las sombras. Su presencia es inmediatamente imponente, incluso antes de que haga movimiento alguno. Es alta y esbelta, con un largo cabello de un negro azabache que parece absorber la luz circundante, y sus ojos, de un inquietante y pálido color violeta, brillan con una intensidad sobrenatural.

Con un movimiento fluido y casi felino, Sahira truena los huesos de su cuello, un gesto que parece más un ritual de invocación que un simple tic casual.

Y, al instante, una luz oscura y palpable comienza a emanar de su cuerpo, envolviéndola por completo en una capa etérea de sombras que parece pulsar con una energía visiblemente malévola y ancestral.

La luz oscura es tan intensa, tan antinatural, que algunos de los agentes humanos y Surnaturel más sensibles tienen que desviar la mirada, incapaces de soportar su brillo siniestro y la presión que ejerce sobre sus sentidos. Pero lo más inquietante es la niebla negra y arremolinada que ahora la rodea, densa y casi viva, flotando a su alrededor como si tuviera una voluntad propia, sus zarcillos extendiéndose y contrayéndose como tentáculos de pura oscuridad.

Tras unos segundos, la niebla oscura y la luz malévola que envolvían a la chica comienzan a desvanecerse lentamente, como una marea sombría que se retira.

La atmósfera en el vestíbulo, ya cargada de tensión, se vuelve más clara, pero también extrañamente más inquietante, como si la verdadera naturaleza de la amenaza que Sahira representa estuviera a punto de revelarse por completo.

La antigua mujer humana, la Agente Sahira que conocían, ya no es reconocible como tal. Su apariencia ha cambiado drásticamente, revelando una forma verdadera que parece sacada de las peores pesadillas o de los grimorios más prohibidos.

Es ahora una criatura siniestra y escalofriante, con rasgos que parecen haber sido tallados por la misma oscuridad primigenia.

Su rostro, visible bajo la sombra de una capucha oscura que ahora forma parte de sus vestiduras flotantes, está pálido, casi translúcido, como la piel de un cadáver o la porcelana antigua.

Un par de cuernos nudosos y oscuros se curvan hacia atrás desde su frente, apenas visibles bajo el borde de la capucha. Sus cuencas, antes ocupadas por ojos violetas, ahora parecen vacías, pero en su interior brillan con un fuego antinatural: sus ojos son ahora dos puntos de un rojo intenso y malévolo, como brasas ardientes que penetran directamente en el alma de quien los mira. Las pupilas están completamente dilatadas, y su mirada parece atravesar todo lo que tiene frente a ella, evaluando cada movimiento, cada pensamiento, con una frialdad calculadora. Sus labios, finos y oscuros, están curvados en una sonrisa macabra y permanente, mostrando dientes afilados, puntiagudos y desiguales, como si hubiera estado masticando algo mucho más oscuro y resistente que la simple carne. La piel de su rostro, aunque pálida, parece estar cubierta de cicatrices invisibles, finas líneas que solo se adivinan con la luz, como si hubiera vivido cientos de vidas y todas ellas hubieran dejado sus marcas profundas y dolorosas.

Sus dedos, ahora largos, huesudos y delgados, como ramas secas de un árbol muerto, parecen huesos vivientes cubiertos por una piel tensa y grisácea. Cuando mueve la mano para agarrar con más firmeza su báculo, se puede ver y escuchar cómo algunas de sus articulaciones crujen suavemente, un sonido seco y perturbador. Lleva una cadena sencilla alrededor de su cuello huesudo, de la que cuelga un medallón de metal oscuro sobre su pecho.

Dicho medallón emite un brillo tenue y pulsante, similar en intensidad al de la pequeña lámpara que lleva en su bastón, y parece estar grabado con runas antiguas y complejas que giran lentamente sobre su superficie, como si tuvieran una vida propia y secreta.

En una mano, sostiene un cetro o báculo largo y retorcido, hecho de una madera oscura y nudosa, que parece petrificada por el tiempo. Está decorado con más símbolos antiguos que parecen moverse ligeramente bajo la luz tenue y parpadeante de la estación, como si estuvieran vivos o fueran ilusiones ópticas. Al final del cetro hay una pequeña lámpara de metal antiguo colgante, iluminada por una llama de un azul pálido y frío que parece consumirse a sí misma, sin necesitar combustible alguno.

Esta luz es fría, casi hipnótica, y resalta aún más los detalles escalofriantes de su nueva y aterradora apariencia.

Aunque su presencia ahora es indudablemente aterradora, hay algo en ella que sugiere un control absoluto y una conciencia plena. No parece ser una criatura posesa por alguna entidad ni estar descontrolada por su transformación; más bien, da la impresión de ser completamente consciente de cada uno de sus movimientos, de cada sombra que proyecta, como si estuviera disfrutando profundamente de este momento de revelación de su verdadero poder.

Su postura es erguida, casi regia a pesar de su aspecto grotesco, y aunque su apariencia es la de una pesadilla encarnada, hay algo en su porte que transmite una autoridad innegable y un poder ancestral.

—¿Qué rayos es eso? –Pregunta Salieri en voz baja, con los ojos completamente abiertos por la incredulidad y un nuevo tipo de miedo–

Mientras sigue disparando instintivamente hacia Zakech, su mirada se desvía de reojo hacia la esquina donde la antes joven y elegante agente ahora se ha convertido en esa terrorífica anciana de pesadilla, una criatura de sombras y poder oscuro.

—Es una Hekselhalis –La voz de Sariel, calmada y llena de un conocimiento ancestral, resuena de repente en los oídos de Salieri, tan clara como si él estuviera susurrando justo a su lado, a pesar de que él permanece oculto en las sombras de uno de los estantes, no queriendo ser descubierto por Aren o Zakech en su estado debilitado.– Son como las Brujas arquetípicas de los cuentos de hadas más antiguos y oscuros. Seres de un inmenso poder arcano, especialistas consumadas en la Magia Negra y conocedoras de una miríada de Hechizos prohibidos y olvidados –Sariel hace una breve pausa, como si estuviera evaluando la situación a través de sus Ojos Divinos, que le permiten ver más allá de las barreras físicas– Es muy probable que ella sea la encargada del mantenimiento y la activación de los Círculos Akrani en el Bloque Especial de esta estación, ya que no veo a ningún Cazden presente en este momento. Después de todo, los Mehr-Wissen, en su mayoría, son fundamentalmente humanos con habilidades especiales, excepto en casos muy particulares como los Schatzjäger, cuya conexión con la Himmelkammer les otorga una naturaleza diferente. Una Hekselhalis, en cambio, es una Surnaturel pura, y su dominio de la magia de contención sería considerable.–

En un instante, después de que la Hekselhalis moviera su bastón con suma maestría, bajo los pies de Zakech, quien aún lucha con una furia menguante por mantenerse en pie en medio del castigo de las balas de alto calibre, un círculo mágico negro hace acto de presencia con una velocidad sobrenatural. No es un Círculo Akrani de contención, sino algo diferente, algo más oscuro: un círculo de invocación de magia negra, una herramienta de poder inmenso y peligroso que requiere una habilidad consumada y un control absoluto para ser utilizado sin consecuencias nefastas para el propio invocador.

El círculo emerge del suelo de baldosas destrozadas del vestíbulo como si estuviera dibujándose a sí mismo con tinta de la más pura oscuridad. Sus líneas negras brillan con un resplandor tenue pero profundamente inquietante, contrastando con las luces rojas de emergencia que aún parpadean. Es perfectamente circular, de una simetría y precisión matemáticas, cada línea, cada curva, trazada con una intención arcana. Alrededor del perímetro exterior del círculo, una serie de letras antiguas, de formas angulosas y con remates afilados, forman palabras en un idioma desconocido y siniestro, posiblemente un dialecto oscuro de los primeros días del Caos o un lenguaje de la antigüedad reservado para los rituales más prohibidos, cada carácter cargado de significados ocultos y el eco de poderes arcanos. A su vez, estas letras parecen moverse ligeramente, contorsionándose como si fueran seres vivos, respirando y pulsando con la energía oscura que emana desde el interior del círculo.

En el centro del círculo, un pentagrama invertido, el símbolo clásico e inconfundible de la magia negra y la invocación de entidades infernales, domina el diseño. Dentro de este pentagrama, tres círculos más pequeños están dispuestos de forma precisa en un triángulo equilátero, cada uno de ellos conectado al siguiente mediante líneas rectas que forman un patrón geométrico complejo y de aspecto restrictivo. Justo en el centro de estos tres círculos, una estrella de múltiples puntas, quizás seis u ocho, emite un brillo frío, oscuro y penetrante, como si fuera alimentada por una fuente de energía eterna y maligna proveniente de algún plano infernal.

Alrededor del pentagrama central, dentro del anillo principal del círculo, cuatro símbolos rúnicos más grandes, cada uno contenido en su propio círculo menor, se repiten en cada cuadrante. Dos de ellos son figuras geométricas abstractas, quizás representando conceptos de atadura o poder, mientras que los otros dos parecen ser runas antiguas y de aspecto severo, posiblemente relacionadas con la muerte, la subyugación o la destrucción. Cada uno de estos cuatro símbolos está rodeado a su vez por una serie de inscripciones menores y más finas, como notas marginales de un ritual antiguo y terrible, que parecen girar lentamente sobre sí mismas dentro de sus confines, aunque sin emitir ningún sonido audible.

La textura del círculo mágico parece estar hecha de la más pura tinta negra o de sombras solidificadas, pero al mismo tiempo tiene un aspecto tridimensional, casi sólido, como si estuviera tallado en una losa de obsidiana o grabado profundamente en un metal oscuro y desconocido. La luz que lo envuelve es opaca, casi tangible, pareciendo absorber todo el brillo del entorno, incluso los destellos de las luces de emergencia, dejando solo sombras profundas y palpitantes que parecen extenderse hacia un infinito oscuro bajo los pies de Zakech. El aire a su alrededor vibra ligeramente, cargado de una energía densa, fría y palpable, como si el propio espacio-tiempo estuviera siendo distorsionado y sometido por la presencia de este círculo de poder arcano.

El aire en el vestíbulo de la Comisaría de Morian se carga de una energía palpable, una opresión que se siente como una mano invisible apretando los pulmones de todos los presentes.

La Hekselhalis comienza a susurrar palabras en un idioma que parece imposible de existir, una lengua que ningún erudito humano podría descifrar. Sus labios, curvados en esa sonrisa macabra y perpetua, se mueven con una rapidez antinatural, pero los sonidos que emite son guturales y rasposos, como si fueran arrancados con esfuerzo desde las profundidades de su ser, desde un lugar donde residen secretos ancestrales y olvidados. Las palabras resuenan en el vasto espacio del vestíbulo, no como un eco normal, sino distorsionando el ambiente, generando ecos extraños y discordantes que parecen provenir de todas direcciones al mismo tiempo, envolviendo a los presentes. Es un idioma antiguo, prohibido, cargado de un poder oscuro y primordial que hace que todos los presentes, Surnaturales y humanos por igual, sientan un escalofrío helado recorrerles la espalda, erizando el vello de sus nucas.

Mientras Sahira habla en esta lengua de pesadilla, las runas y los símbolos dentro del gran círculo negro bajo los pies de Zakech comienzan a brillar con una intensidad inquietante y pulsante. Las letras antiguas que bordean el perímetro del círculo parecen cobrar una vida propia y siniestra, retorciéndose y moviéndose ligeramente como serpientes enroscadas, listas para atacar.

De pronto, desde los tres círculos más pequeños dispuestos en triángulo dentro del pentagrama central, unas cadenas oscuras emergen con una fluidez antinatural, deslizándose como tentáculos de sombra hacia el centro donde Zakech aún lucha por mantenerse en pie bajo el fuego de las miniguns. Estas cadenas no son simples objetos físicos de metal; están hechas de una oscuridad densa y viscosa, como humo solidificado o sombras líquidas, y cada eslabón que las compone parece pulsar con una luz rojiza intermitente y enfermiza. Son hipnóticas en su movimiento, casi vivas, y avanzan con una lentitud inexorable pero con una intención clara y aterradora: someter por completo al demonio Zakech.

—¡No!, ¡No se atrevan a hacer esto! –Grita Zakech, su voz distorsionada por la estática sónica y ahora cargada de una furia y una desesperación crecientes. A pesar de sus heridas y del agotamiento evidente que le causa el bombardeo constante de las miniguns y el efecto de la granada, aún conserva suficiente fuerza y orgullo para reaccionar ante esta nueva y arcana amenaza.–

Sin embargo, tan pronto como Zakech observa cómo las cadenas están a punto de atraparlo, de inmovilizarlo dentro del intrincado diseño, él, en un movimiento rápido, casi instintivo y claramente desesperado, coloca su mano derecha con garras directamente sobre el pentagrama invertido que forma el corazón del círculo mágico.

En ese instante, el círculo entero, que antes pulsaba con una luz oscura y controlada, comienza a vibrar violentamente. Un instante después, rayos de un rojo brillante y cegador, cargados de una energía destructiva y caótica, estallan con furia desde el punto donde la mano del demonio toca el diseño arcano. Estos rayos antinaturales consumen el círculo mágico por completo en una fracción de segundo, desintegrándolo en miles de partículas luminosas de color negro y rojo que flotan brevemente en el aire como cenizas infernales antes de desvanecerse en la nada.

—¡Aghhh! –Un alarido desgarrador, un grito de pura agonía que no pertenece a Zakech, irrumpe en el breve silencio que sigue a la violenta destrucción del círculo–

La Hekselhalis, la Agente Sahira, cae de rodillas con un golpe seco, llevándose ambas manos huesudas al pecho como si algo vital dentro de ella hubiera sido brutalmente arrancado o destrozado. Su rostro, antes impasible y lleno de un control arcano, ahora está contorsionado por un dolor inimaginable.

La conexión mágica entre ella y el círculo ha sido abruptamente cortada por la intervención de Zakech, y esa ruptura violenta ha tenido un costo energético y físico devastador para su cuerpo y su esencia Surnaturel. Tras unos segundos de temblores y gemidos ahogados, su cuerpo transformado se desploma completamente, cayendo sobre el suelo de baldosas rotas con un golpe sordo que resuena con tristeza en toda la sala, su báculo con la llama azulada rodando a un lado.

—¡Mierda, la Bruja cayó! –rita el Oficial Rayan Malik, su voz llena de horror y desesperación. Su grito rompe el breve momento de parálisis colectiva que había seguido a la explosión de energía y la caída de la Hekselhalis. Todos los presentes saben lo que significa perder a alguien con habilidades tan críticas y especializadas en medio de una batalla como esta contra seres de tal magnitud–

—¡Sáquenla de aquí! –Ordena con urgencia el Sargento Luke “Rhino” Kovač del Equipo Delta, señalando con su minigun hacia la bruja caída mientras él y los otros dos Deltas intentan mantener a raya a un Zakech que, aunque visiblemente afectado por el esfuerzo de romper el círculo, parece estar recuperándose–

—¡Voy! –Responde de inmediato la Oficial Chloe Jensen, la agente rubia y atlética, lanzándose hacia Sahira para intentar ponerla a salvo–

Salieri observa con horror cómo la Hekselhalis, la Agente Sahira, se desploma tras la violenta destrucción del círculo mágico. Su arma, la escopeta ZUA-20, se detiene por un instante, y su mirada alterna rápidamente entre la bruja caída y el demonio Zakech, quien parece recuperarse de su propio esfuerzo. Está aturdida, tratando de procesar la rapidez con la que su precaria ventaja se ha desvanecido. La caída de la Hekselhalis ha cambiado drásticamente la dinámica de la situación, eliminando su principal baza de contención.

Sin embargo, tras un instante de shock, una nueva resolución endurece sus facciones. Vuelve a cargar su arma con un movimiento ahora más seguro y sigue disparando contra Zakech. Sus manos tiemblan ligeramente, no solo por el retroceso sino por la mezcla de miedo y la extraña energía que ahora fluye por sus venas, pero su determinación sigue intacta. Cada bala que sale de su escopeta especial, imbuida con Poder Divino, encuentra su objetivo en la armadura del demonio, aunque ahora, sin el efecto del círculo o la granada sónica aturdiéndolo, parece una medida insuficiente frente a la magnitud de la amenaza que enfrentan.

—¿Qué acaba de pasar? –Pregunta Salieri en voz baja pero urgente a Sariel, quien permanece oculto. Su voz es incrédula y ahora de nuevo temerosa; la breve confianza que había comenzado a sentir se ha desvanecido con la caída de Sahira–

—Los Demonios cercanos a Luciel tienen una Habilidad defensiva desesperada –Explica Sariel desde su escondite, detrás de uno de los robustos estantes de archivos más cercanos al pasillo que conecta con las oficinas– Esta les permite destruir los Círculos de Contención cuando su Vitalidad es críticamente baja, como una especie de protocolo de emergencia para evitar la captura. Aunque solo funciona una vez y, según sé, necesitan al menos un mes para volver a usarla. –La voz de Sariel se tiñe de preocupación– Si hubiese otra Hekselhalis aquí, no pasaría nada grave pues podría volver a intentarlo y atraparlo de nuevo, pero como esa agente es la única con esa especialización en esta estación, entonces….–

Salieri traga saliva con dificultad, el peso de la situación cayendo sobre ella.

—¿Y ahora? –Pegunta, su voz apenas un susurro en medio de los renovados sonidos de disparos y los gritos de los oficiales–

—La Vitalidad de Zakech ahora debe ser bastante baja después de recibir tanto castigo –Responde Sariel, su tono calmado y analítico– Los Demonios de Alto Rango no son inmortales a las heridas físicas. Bastaría con continuar disparando con todo lo que tengan hasta que comiencen a mostrarse las grietas en su ser–

—¿Grietas?, ¿qué tipo de grietas?–

—Ahora mismo, con su Despertar, usted ya es capaz de ver su Alma, ¿no es así, Detective?, ¿puede percibir su esencia?–

Salieri mira instintivamente hacia el demonio Zakech. Y, para su asombro, ahora lo percibe de una forma diferente.

Un Aura completamente negra y densa cubre su cuerpo acorazado, pulsando con una energía maligna.

Sin embargo, hay algo extraño en esa aura, algo que no había notado antes.

—Si, lo veo… Es como una sombra espesa a su alrededor –Confirma ella, su voz aún baja–

—¿Ve que se está agitando violentamente?–

Las pupilas rojas de Salieri se contraen al enfocar su nueva percepción en el aura de Zakech. Efectivamente, la oscuridad que lo rodea no es estática; hierve y se retuerce como una tormenta contenida.

—Así es –Responde, asombrada por esta nueva capacidad visual.–

—Cuando las verdaderas grietas comiencen a aparecer en esa aura, es cuando su Alma estará en un estado de agitación extremo, al borde del colapso –Explica Sariel– Ahora mismo ya debería estar bastante agitada por el daño recibido, pero aún no es suficiente para quebrarlo. Necesitan más presión.–

—Entiendo –Dice Salieri, y una nueva resolución, la de una líder, se forma en su rostro. Rápidamente se yergue, sujeta con firmeza la ZUA-20 y se concentra en la batalla– ¡Sigan disparando!, ¡sin piedad! –Exclama con voz potente a los demás oficiales que luchan en el vestíbulo– ¡No se detengan por nada del mundo! ¡Las balas, la reconstrucción del edificio e incluso un bono generoso para cada uno correrá por cuenta de la Corporación Montenegro! ¡Apunten a las uniones de su armadura, a cualquier punto débil que vean!–

—¡Entendido Detective! –Exclaman varios agentes al unísono, sus voces ahora cargadas de una nueva energía al escuchar los generosos incentivos y la orden directa de la hija de su difunto líder.–

Gracias a la orden y las palabras de Salieri, todos los Oficiales Surnaturel comienzan a ganar terreno con una ferocidad renovada. Gastan hasta la última de sus balas, y para su fortuna, el Sistema de la Estación, el tan llamado Sistial (la inteligencia artificial que rige las operaciones y defensas de las comisarías Surnaturel), parece haber reconocido la nueva autoridad y la gravedad de la amenaza, por lo tanto, pequeños círculos de teletransporte de un azul brillante se activan cerca de los oficiales, enviando directamente a sus manos y cinturones nueva munición para sus armas.

Incluso, el Sistial coloca otra serie de círculos de energía más grandes en puntos estratégicos del vestíbulo, que comienzan a extraer con más rapidez la energía del entorno necesaria para recargar las armas que funcionan con Maná ambiental, como algunas de las del Equipo Delta y ahora la de la propia Detective.

Así, con un suministro constante de munición y energía, los oficiales lentamente comienzan a rodear a Zakech, disparando sin cesar, usando tanto sus pequeñas pistolas de servicio como el arsenal de asalto más pesado que ahora ha sido autorizado y teletransportado a sus posiciones.

—Bueno, parece que no falta mucho –Dice Sariel desde su escondite, observando la escena con sus Ojos Divinos. Se gira un instante hacia un oficial de aspecto delgado y cabello plateado que está cerca de él, el Oficial Silas Thorne, cuyas sienes palpitan con una leve luz azulada– Por cierto, gracias por la telepatía, ha sido de gran ayuda para comunicarme con la Detective Montenegro sin exponerme–

–El Agente Thorne, el Surnaturel con habilidades telepáticas, asiente con la cabeza, sus ojos pálidos mostrando respeto– De nada Jefe–

Sariel vuelve su atención a la batalla. Sigue observando a Zakech, quien ahora permanece con la cabeza gacha, su armadura visiblemente destrozada en múltiples puntos, mientras trata de resistir los constantes y coordinados ataques que le llegan desde todos los alrededores.

—Falta poco… –Dice Sariel en voz baja, y un rastro de agitación y una creciente esperanza nace en su pecho– Si seguimos así entonce-…–

Sus palabras se ven interrumpidas abruptamente.

Justo cuando parece que Zakech está a punto de llegar a su límite, de colapsar bajo el incesante bombardeo, este levanta con un esfuerzo titánico su cabeza con la máscara de hueso y, con sus últimas fuerzas, emite un rugido que es pura agonía y desafío, clavando seguidamente de nuevo su lanza carmesí con una violencia desesperada en el suelo de mármol del vestíbulo.

—¡Mierda, rápido, todos aléjense! –Grita Sariel, su voz resonando con una urgencia que hiela la sangre. Sale de un salto de su escondite en la oficina, su mente analítica evaluando la situación en milisegundos, sabiendo instintivamente que algo terrible y diferente está por suceder, algo peor que el ataque anterior–

Al instante siguiente a la advertencia de Sariel, una serie de lanzas, esta vez de un rojo brillante e incandescente, atraviesan la dura superficie de mármol del suelo como si fueran proyectiles ardientes, emergiendo de las profundidades mismas del averno con una velocidad explosiva.

Es el mismo tipo de ataque de área que Zakech usó antes, invocando púas desde el suelo, pero según la corazonada de Sariel, y la energía palpable que ahora emana de estas nuevas lanzas, esta versión es diferente, mucho más peligrosa. Las lanzas rojas sobresalen del suelo como estacas mortales, irradiando un calor intenso y apuntando hacia cualquier agente que se encuentre a su alcance con una precisión aterradora y una intención aniquiladora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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