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Ekstern - Capítulo 21

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Capítulo 21: Capítulo 3 – Robo | 3.3: Revelaciones

__________________________________________________

El grito de incredulidad, una explosión de pura y absoluta conmoción que brota al unísono de las gargantas de la Detective Montenegro, la Agente Montessori y la Anticuaria Monterreal, hace temblar el mismísimo aire de la habitación del hospital, rompiendo el pesado silencio que mi revelación había causado.

—¡¿Cómo que tu hermano?! –Exclama la Anticuaria Monterreal, siendo la primera en articular una pregunta coherente, su voz un chillido agudo que ha perdido toda su compostura anterior.–

—¡Espera, ¿Eso significa que tú también eres un Ekstern?! –Pregunta la Agente Montessori, sus ojos verdiazules abiertos de par en par, su mente analítica finalmente conectando las piezas de este rompecabezas cósmico y aterrador que se despliega ante ellas.–

—¡¿Cómo está eso?!, ¡explícanos por favor! –Exige la Detective Montenegro, añadiéndose al bombardeo de preguntas con una urgencia y una desesperación que ya no puede contener.–

—Suspiro. Un largo, profundo y muy, muy cansado suspiro.– Es una larga historia, una muy complicada.–

—Tenemos mucho tiempo, cuéntanosla –Dice la Anticuaria, su innata curiosidad de Misakirte superando por completo el miedo primordial que sintió antes. Se inclina hacia adelante en su silla, sus ojos dorados fijos en mí, animándome a hablar.–

—Sí, cuenta, cuenta –Se suma la Agente Montessori, con el oído listo para el chisme, su expresión ahora una fascinante mezcla de preocupación por las implicaciones y una morbosa fascinación por la historia que estoy a punto de revelar.–

—Bueno…–

Y justo cuando estoy por revelar algo sobre la caótica y trágica historia de Lucian y yo, sobre nuestro pasado, donde él era el típico hermano menor, el chico retraído que quería desesperadamente parecerse a su hermano cinco minutos mayor; que lloraba porque su “fuerte” hermano mayor no lo consolaba cada que sufría de alguna pequeña herida o desilusión; que solía seguirme a todas partes, imitando mi actitud, mi forma de hablar, mi todo; que quería con cada fibra de su ser que le enseñara a ser como yo: valiente, decidido, sin miedo alguno… justo en ese momento, el teléfono de la Detective Montenegro suena, una interrupción tan oportuna que casi parece escrita por el propio destino o por alguna entidad cómica con un pésimo sentido del drama.

—Detective Salieri Montenegro Neiruk, ¿cuál es la situación? –Responde ella de inmediato, su profesionalismo tomando el control al instante. Tal como su padre había hecho antes en la Base Sehwert, activa el altavoz para que todos los presentes en la habitación podamos escuchar la llamada.–

—Detective, tenemos un problema muy grave –Se escucha una voz femenina y joven al otro lado de la línea, una voz cargada de un nerviosismo y un pánico que se filtran con claridad a través del altavoz.– ¡El cuerpo de la anciana que encontramos en la escena del crimen, la que los agentes de la C.N.I. iban a trasladar, ha desaparecido!, ¡necesitamos que vuelva de nuevo a la estación!–

—¿Qué?, ¿cuándo fue qué pasó eso? –Pregunta la joven peliblanca, su rostro mostrando una sorpresa genuina mientras se levanta de su asiento.–

—No sabemos con exactitud –Responde la otra voz, que suena al borde de la histeria.–

—¿Las cámaras de seguridad del perímetro exterior o interior captaron algo? –Pregunta la Detective, su mente ya trabajando a toda velocidad, pidiendo la información crucial.–

—Negativo, Detective. Entre las doce de la noche y las tres de la madrugada, las cámaras de la zona comenzaron a emitir estática sin razón aparente. Posteriormente, con el ataque a la estación, todas se vieron completamente deshabilitadas, al menos hasta las cinco de la madrugada. –La voz al otro lado hace una pausa, como si reuniera el valor para dar la peor parte de la noticia– Sin embargo, cuando las revisamos, para ver si había algo grabado cuando estas volvieron a estar en línea, nos dimos cuenta de que toda la información de esas horas había sido borrada del servidor local de la estación, e incluso de los servidores de respaldo de la Policía de Centralia.–

Los ojos rojos de la Detective Montenegro se abren de par en par, completamente atónita ante la imposibilidad de lo que acaba de escuchar. Borrar datos de los servidores centrales de la policía es una hazaña de un nivel tecnológico o mágico altísimo. En nuestro caso, la Agente, la Anticuaria y yo nos miramos entre sí por encima de la cabeza de la Detective. No necesitamos palabras. Nuestra mirada muestra una comprensión mutua e instantánea de que esto es obra de alguien o algo muy poderoso, algo que no quería dejar el más mínimo rastro.

—Entiendo… Iré lo más rápido que pueda –Dice finalmente la Detective Montenegro, su voz ahora un poco más apagada, antes de colgar el teléfono con un movimiento lento y deliberado.–

Tan pronto como la llamada termina, la Detective nota nuestro intercambio de miradas silenciosas, la comprensión mutua que compartimos la Agente, la Anticuaria y yo. Nos mira a los tres, y su sospecha, que se había atenuado un poco antes, regresa con toda su fuerza.

—Ustedes tres saben algo sobre esto, ¿no es así? –Nos pregunta, sus ojos rojos entrecerrándose, analizándonos a cada uno con una intensidad formidable, la de una depredadora que sabe que su presa le está ocultando información vital.–

Nuevamente, las dos mujeres Surnaturel y yo nos volvemos a mirar, pues, efectivamente, nuestra reacción al escuchar sobre el cuerpo desaparecido y los datos borrados nos ha delatado. Sabemos algo, o más bien, sabemos quiénes son los probables responsables.

—¿Los Custodios del Velo? –Pregunto en voz baja, mi pregunta dirigida a las dos chicas a mi lado, buscando una confirmación para lo que ya sé que es la única explicación lógica en este mundo para un encubrimiento tan perfecto y rápido.–

—Los Custodios del Velo –Afirman ambas al unísono, sus voces una mezcla de un profundo respeto y un temor casi reverencial.–

Por supuesto, estas palabras, este nuevo y enigmático nombre, solo sirven para traer más preguntas al rostro ya confundido y frustrado de la Detective Montenegro, quien nos mira como si fuéramos los tres guardianes de un secreto que se niega a dejarla entrar, aumentando su exasperación.

—¿Quiénes diablos son los Custodios del Velo? –Pregunta ella, su voz firme y demandante, la de una investigadora que se enfrenta a una nueva y desconocida variable en su ya imposible caso.–

—Los Custodios del Velo, Detective, son una Organización Surnaturel muy antigua y extremadamente reservada, dedicada única y exclusivamente a encubrir las situaciones donde las verdaderas formas de los Surnaturels o la existencia misma del Altern quedan expuestas ante los humanos comunes –Respondo, mi tono es neutro, casi como el de un profesor dictando una lección de historia prohibida.– Usan desde métodos convencionales que usted podría entender, como la manipulación de los medios de comunicación y la creación de campañas de desinformación masiva, hasta métodos que sobrepasan esos límites. Sin embargo, la fuerza o la drasticidad que emplean depende directamente de la cantidad de humanos que se vieron involucrados en la exposición.–

—Si es solo una persona o un grupo pequeño el que vio algo que no debía, normalmente suelen usar Magia de Hipnosis para hacerle olvidar todo lo que vio. Lo mismo si se trata de una multitud pequeña, como en un concierto o una manifestación. –Añade la Anticuaria, la Señorita Monterreal, retomando su rol de erudita con una naturalidad pasmosa.– Si se tratan de multitudes humanas masivas, como una ciudad entera, entonces usan esa misma magia, pero la potencian con artefactos arcanos muy poderosos para amplificar el efecto a gran escala. Si después de eso quedan personas rezagadas inmunes al efecto, las buscan una por una para borrar sus memorias de forma individual. Sin embargo, ahora que estamos en la era digital, su trabajo es un poco más difícil y requiere de una división especializada en guerra cibernética para borrar datos, como acaba de suceder.–

—Pero no siempre la Magia de Hipnosis resulta efectiva –Añade la Agente Montessori, y su tono verdiazul y su expresión se vuelven sombríos– Hay algunos humanos con una voluntad de hierro o una resistencia psíquica inusual, capaces de resistirla o de recuperar los recuerdos borrados con el tiempo. Y para ellos, en general, la situación no suele terminar nada bien.–

La Detective Montenegro gira su cabeza, sus ojos rojos, ahora llenos de una nueva y terrible aprensión, fijos en la Agente.

—¿Qué quieres decir con que no termina bien? –Le pregunta, su voz casi un eco de la mía cuando me encontraba en una situación similar.–

—La tarea principal, la única y absoluta tarea de los Custodios del Velo, es asegurarse de que ningún colectivo humano encuentre pruebas concluyentes y definitivas de la existencia del Altern –Responde la Agente, su voz baja y grave.– Así que, si la Hipnosis o el borrado de memoria no funcionan como deberían, entonces ellos recurren a su solución final y más drástica: el asesinato. –Las pupilas de la Detective se abren de par en par al escuchar esto– Ellos montan una escena, una coreografía perfecta de un accidente de tráfico, un robo que salió terriblemente mal, un suicidio extraño e inesperado, un accidente laboral… meten a la persona en cuestión, al testigo que no puede ser silenciado de otra forma, en ese guión, y entonces, simplemente, la eliminan.–

Las palabras de la Agente Montessori dejan completamente atónita a la Detective. El concepto de una organización clandestina y sobrenatural que asesina a civiles inocentes para mantener un secreto, sin importar la justificación, es algo que choca frontalmente con cada principio que rige su vida y su juramento como oficial de policía.

—¿Tan lejos van? –Pregunta ella, su voz un susurro cargado de una incredulidad que choca con la dura realidad de su profesión, donde la muerte es una constante, pero el asesinato sistemático por parte de una organización secreta para mantener un velo es algo de otro nivel.–

—Así es –Responde la Anticuaria Monterreal, con una seriedad sombría– Sin embargo, no son monstruos sin razón o discernimiento. Normalmente suelen dejar en paz a aquellos humanos que, por su propio esfuerzo, mérito e inteligencia, han logrado investigar y descubrir la existencia del Altern por su cuenta. –Dice, mirando a la Detective con una intensidad significativa, como si le estuviera dando una advertencia y una pista al mismo tiempo– Pero, la condición es que no deben divulgar su conocimiento a otros humanos comunes. Es un pacto de silencio. Si no siguen esa simple pero inquebrantable regla, entonces… –Hace un gesto rápido y crudo, levantando su mano derecha, formando una pistola con sus dedos índice y pulgar y apuntando a su propia sien– Adiós a su vida–

—¿Pero por qué? ¿Por qué llegar a ese extremo? –Pregunta la joven Heredera Montenegro, su voz ahora quebrada por la frustración de no poder entender una lógica tan cruel y absolutista.–

—Detective –La Agente Montessori mira a la joven Montenegro con una suma seriedad, su tono ahora cargado con el peso de la historia y el dolor de su pueblo.– Nosotros, los Surnaturel, nacimos del Caos, como ya le dijo Katerina. De no ser por la guerra que libró el Amo Luciel en nuestro nombre, hace mucho tiempo que nuestra especie se hubiera extinguido por completo bajo la purga de la Diosa Astel. Incluso ahora que no hay una Diosa activa que nos persiga, es gracias a la protección de Luciel y al precario equilibrio que él mantiene, que nosotros fuimos capaces de sobrevivir, prosperar y reproducirnos.–

—Pero claro, como en todo, hay un “pero” –Añade la Anticuaria, su expresión ahora sombría, sus ojos dorados perdiendo su brillo juguetón– Los Celestiales del Araboth siguen vigilándonos constantemente. Nos permitieron seguir viviendo, sí, pero siempre y cuando nos atemos a una serie de Reglas impuestas por ellos. Y la más importante de todas, la regla de oro qué nació tras la Guerra de la División, misma que dio origen a la separación entre Aynu y Altern, es que la menor cantidad de humanos posible sepa de nosotros. –Un suspiro tembloroso escapa de su boca.– Si todas las reglas se rompen, si el Velo que separa el Aynu del Altern cae por completo y la humanidad descubre nuestra existencia en masa, entonces El Cielo comenzará otra guerra de purga para eliminarnos a todos. Y esta vez, con las fuerzas del Caos también en movimiento, seguramente ni siquiera Lord Luciel podrá ayudarnos a sobrevivir.–

—Por esto mismo es que se necesita una organización como los Custodios del Velo, una encargada de hacer el trabajo sucio del ocultamiento –Concluyo yo finalmente, mi voz tranquila pero firme, viendo cómo la comprensión, y el horror que esta conlleva, comienzan a dibujarse lentamente en el rostro de la Detective– Sin ellos, hace mucho que, tras la División del Erden en Aynu y Altern, los humanos volverían a tener contacto masivo con los Surnaturel. Y eso, Detective, como la historia ha demostrado, volvería a ser perjudicial para ambos mundos, conduciendo a guerras, miedo y destrucción.–

La Detective Montenegro me mira, sus ojos rojos ahora llenos de una confusión profunda, buscando en mí alguna respuesta, alguna justificación que su mente lógica, su sentido del bien y del mal, pueda aceptar en este nuevo y retorcido panorama.

—¿Volvería? –Pregunta, su voz apenas un susurro.–

—Salieri –Dice la Anticuaria, y su tono, antes juguetón y excéntrico, se vuelve ahora el de una catedrática a punto de revelar una verdad dolorosa y fundamental– Hay algo que no te conté antes cuando te explicaba la historia de la espada, pues sentí que aún no estabas capacitada para asimilarlo todo, pero supongo que, dadas las circunstancias, puedo darte un poco más de información ahora. –Menciona ella, activando por completo su modo de erudita histórica– Verás, aproximadamente a un ochenta por ciento del transcurso de la Era de las Bestias Colosales, los Humanos de ese entonces, que habían luchado codo con codo con los Surnaturel, pasaron de considerar a sus compañeros como eso, camaradas, amigos de armas y valiosos aliados, a verlos como simple carne de cañón, como seres que debían ser reprimidos, eliminados, usados para el placer sexual, o que simplemente su mera existencia debía ser castigada y erradicada. Por lo que, con esta nueva y terrible programación mental, impuesta por quién sabe qué fuerza o ideología, comenzaron a tratar de esta manera a todos los Surnaturel con los que convivían. Y con el pasar del tiempo, eventualmente ellos, los Surnaturel, ahogados en una represión y un racismo extremos, se levantaron en armas contra aquellos que una vez lucharon junto con ellos por un bien común. O sea, contra los Humanos. A esta guerra se le llamó la Guerra de la División –Otro suspiro, esta vez de una profunda y amarga resignación, sale de su boca.– La batalla se llevó a cabo cuando quedaba un uno por ciento para que terminara dicha Era. Considerando que esta duró ciento veinticinco millones de años, entonces la guerra inició en el año 123,750,000 de esta Era, y duró un millón doscientos cincuenta mil años.–

—¿Un millón y cuarto? –Pregunta la Detective, sus ojos rojos abiertos de par en par, completamente impactada por una escala de tiempo que su mente, acostumbrada a la brevedad de la vida humana, apenas puede concebir..–

—Si, duró demasiado para una guerra común –Confirma la Anticuaria– Aunque no tanto como la Guerra Contra el Caos, pues esa duró trescientos setenta y cinco millones de años, ya que inició en el año 1,125,000,000, a un setenta y cinco por ciento exacto de la duración de la Era de la Creación.–

Al mirar a la Detective, con su expresión atónita y su boca ligeramente abierta mientras procesa estas cifras astronómicas, una sonrisa genuina se dibuja en mi rostro. Definitivamente es una mujer muy adorable, incluso cuando está al borde de un colapso mental por la inmensidad de la historia cósmica que se le está revelando.

Tiene un no sé qué que hace que la vea de esa manera tan particular.

—¿Y qué pasó con esa guerra entre Humanos y Surnaturels? –Pregunta ella finalmente, recuperándose del shock inicial– ¿Ganaron?, ¿perdieron?–

—Fue un empate –Responde la Agente Montessori, su voz ahora teñida de un resentimiento ancestral, frío y palpable– Hubo exactamente la misma cantidad de muertos en cada bando. Millones y millones de almas perdidas en una matanza sin sentido que alteró nuevamente el mud I. Y solo entonces, cuando la tierra ya estaba completamente empapada en sangre y al borde del colapso ecológico y mágico, fue que finalmente los Celestiales del Araboth se dignaron a aparecer y a detener la guerra por la fuerza. –Una expresión de enojo y frustración se muestra en su rostro– Con su llegada, Mikleo, y otro hombre que muchos describen qué tenía pupilas rojas y cabello negro alborotado, además de tener un gran poder, dividieron el Erden en dos espacios existenciales distintos, pero a la vez igualez en cuestión de territorio y otras cosas: el Aynu, que correspondería al espacio para los humanos; y el Altern, para los Surnaturels. Y estos mismos planos fueron separados por un Velo que ocultaba ambos espacios el uno del otro, para evitar futuros conflictos.–

Efectivamente, lo que la Agente dice sucedió.

Se dividió el Erden en dos espacios con un territorio parecido, y también, Mikleo y yo, usando la totalidad de nuestros poderes de Creación y Regulación, creamos y dimos energía al Velo. Esa misma tela invisible ante ojos no diseñados para verla, y que a pesar de su delgadez es increíblemente resistente, capaz de aguantar, teóricamente, hasta un billón de bombas atómicas sin rasgarse.

Pero a su vez, también la hicimos maleable, pues quien posee el código fuente o la autoridad para manipularlo, puede crear sus propias versiones del Velo en menor escala, modificarlo en ciertos lugares para permitir el paso, o incluso evadirlo por completo. Aunque claro, el que no te descubran las altas esferas por hacer esto es otra cosa muy distinta.

¿Y por cierto?, ¿cómo funcionan estos dos espacios, te preguntarás?

Es sencillo, y a la vez es difícil de explicar.

Imagina el Erden como un cristal perfecto, transparente, infinito en su pureza. Ahora toma ese cristal y córtalo en dos mitades idénticas, pero sin separarlas del todo. Las dos piezas siguen ocupando el mismo espacio, la misma esencia, pero ahora hay un velo entre ellas. Un filtro. Una ilusión.

El Aynu y el Altern no son mundos distintos. Son el mismo mundo visto desde dos ángulos diferentes.

En ambos existe la misma tierra, los mismos océanos, las mismas cordilleras que atraviesan continentes como cicatrices antiguas. Si caminaras por el Aynu y luego, de algún modo, cruzaras al Altern en ese mismo punto, encontrarías el mismo valle, la misma llanura, el mismo acantilado que se hunde en el mar.

Pero lo que los habitantes hayan hecho con ese terreno… eso ya es otra historia.

En el Aynu, una ciudad humana podría alzarse sobre una colina, sus calles empedradas llenas de mercaderes y soldados. Mientras tanto, en el Altern, ese mismo lugar podría ser un bosque sagrado, donde los Surnaturel rinden culto a espíritus antiguos bajo la sombra de árboles que no existen en el mundo humano. El suelo es el mismo. Lo que construyen sobre él, no.

Algo parecido pasa con los climas y sus hemisferios

Si en el Aynu es Arc, en el Altern también lo será. Si en Vesavi el sol quema las llanuras del sur, en ambos planos arderán por igual. Los hemisferios no discuten, las estaciones no se rebelan. Esen pintará de rojo y oro los bosques en ambos lados, y Hivern ahogará las tierras bajo la misma nieve.

Pero, lo más curioso es el cielo. El cielo es donde la ilusión se rompe.

El Aynu, desde el Altern, colgaría sobre sus cabezas como un planeta invertido, ciudades y bosques pegados al firmamento como si la gravedad allí funcionara al revés. Y ellos, desde abajo, mirarían hacia arriba y verían lo mismo: este mundo humano, patético y orgulloso, colgando como un espejismo en su firmamento.

Pero el Velo lo oculta.

Lo convierte en algo intangible, en una sospecha, en un susurro en los sueños de los locos.

—En defensa de Mikleo… –Intervengo, mi voz atrayendo la atención de las tres mujeres– El tiempo allá arriba, en el Araboth, es completamente diferente al del Erden, aunque claro, como Regente, él puede modificarlo a su gusto para sincronizarse si es necesario. –La Agente Montessori me mira con una sorpresa evidente, sin esperar que yo tuviera conocimiento de tales detalles– Además, durante gran parte de ese conflicto, estábamos Luciel, Mikleo y yo, completamente incomunicados, arreglando el Gran Ordenador Cuántico Central, y sin el permiso explícito de Mikleo, ningún Celestial puede actuar de manera imprudente en el Erden. –Una regla prácticamente creada por Astel, sin el permiso no se puede hacer nada– Y por si se lo preguntan que estábamos haciendo, bueno, los tres pasamos unos mil días terrestres encerrados en la habitación del GOCC, tratando de hacer funcionar de nuevo esa cochinada que, de repente, se descompuso sin previo aviso, por lo tanto, no supimos absolutamente nada de la guerra hasta que finalmente salimos del lugar. –Digo, mi tono serio– Y cuando nos enteramos, créanme, corrimos rápidamente al Erden para detener el conflicto.–

¿Tres hombres sudorosos, extremadamente poderosos y de una dudosa moralidad, encerrados en una misma habitación durante mil días? Sé perfectamente cómo suena esa descripción, pero puedo confirmarles a ustedes, y a mi propia conciencia, que no pasó nada de lo que probablemente estén pensando.

Estábamos tan atareados arreglando el hardware y los complejos mecanismos internos de esa chatarra cósmica, que ese tipo de cosas solo se consideraron como una broma mucho, mucho tiempo después, y principalmente por parte de Mikleo, que tiene un sentido del humor bastante particular.

—En serio, ¿qué demonios eres? –Me pregunta la Detective, su voz ahora un siseo, frustrada al escucharme soltar con tanta naturalidad información explícita sobre dioses, entidades primordiales y computadoras cuánticas cósmicas como si estuviera hablando del clima o de las ofertas del supermercado.–

—Je, je –Sonrío, disfrutando genuinamente de su exasperación. Es una reacción muy humana y, en ella, extrañamente adorable– Váyase usted acostumbrando, Detective, porque este, me temo, será el pan de cada día conmigo.–

Si bien es cierto que lo que dice la Anticuaria, sobre la posibilidad de que otra guerra entre Humanos y Surnaturels pudiera venir si el Velo cae, es una posibilidad aterradora. Pero hay algo que ella, con su perspectiva quizás un tanto anclada en el pasado, no está considerando: ahora, los Surnaturels son mucho, mucho más numerosos que en la antigüedad.

Si mal no recuerdo, el último censo hecho por los Ejecutivos Celestiales del Araboth que tuve la oportunidad de ver, arrojó datos sorprendentes: los Surnaturels que habitan en el Altern ya son más del doble que la población total de humanos en el Aynu. Esto quiere decir que, la paz forzada que les impuso el Velo, irónicamente, les permitió prosperar, reproducirse y fortalecerse sin el yugo constante de la humanidad y sus cazadores. Por esto mismo, si una guerra de exterminio estallara ahora, los humanos serían, también irónicamente, los perdedores, y no solo eso… Sería una masacre de proporciones bíblicas.

—Entonces, ¿qué harán esos Custodios ahora con esto? –Pregunta la Detective, su voz sacándome de mis análisis estratégicos y devolviéndome al problema inmediato que nos ocupa.–

—Bueno, lo primero es lo primero. Probablemente ya robaron el cuerpo de la Agente Hekselhalis para darle un entierro digno, acorde a los ritos Surnaturel, y, lo más importante, para evitar que la ciencia mortal lo profane y lo analice –Digo, con la certeza de quien ha visto este protocolo en acción incontables veces a lo largo de las eras– Pero también, y esto es lo más crucial para mantener el Velo, usarán la opinión pública para enterrar este problema por completo.–

—¿Opinión publica? –Pregunta la Detective, frunciendo el ceño, sin entender.– ¿Cómo?–

—Bots en las redes sociales, publicaciones virales que ridiculicen los avistamientos, manipulación directa de la prensa, gente real pagada para difundir narrativas de encubrimiento, hackeos a gran escala para borrar cualquier evidencia digital que haya escapado a su control inicial. –Enumero con calma, como si recitara una lista de la compra– Además, es muy probable que en las próximas horas se inventen que todo lo que los medios encontraron en esos lugares, los Círculos Akrani, los libros, las armas especiales, incluso el cuerpo de la “anciana”, era falso. Una puesta en escena, un montaje de algún grupo de culto extremista o de un artista trastornado que buscaba notoriedad. Es la táctica típica de ellos: desacreditar, ridiculizar y enterrar la verdad bajo una montaña de mentiras plausibles.–

—Bueno, eso es bueno para mantener el secreto, supongo, pero, ¿cómo piensan encubrir la destrucción completa de una Comisaría de Policía? –Pregunta la Detective, su lógica de investigadora buscando activamente los fallos en el plan– Eso no se puede ocultar con un simple artículo de noticias falsas o una teoría de la conspiración.–

—Tal vez no necesiten ocultarlo. Tal vez solo necesiten a alguien a quien culpar –Responde la Agente Montessori, su rostro serio y sus ojos verdiazules ensombrecidos– Y para eso, podrían usar a los fanáticos de los Reinos Unidos Santificados. Últimamente, muchos de sus grupos más radicales se han convertido más en un tipo de célula terrorista con motivaciones divinas que en una simple congregación religiosa. No sería la primera vez que se les culpa, con o sin razón, de un acto de violencia a gran escala.–

Los cuatro asentimos en un silencio sombrío. Es, lamentablemente, la coartada perfecta.

Con la situación política actual de los Rus, siendo un país completamente cerrado, extremadamente autoritario y controlador, donde absolutamente nadie entra o sale sin su permiso, y con su bien conocido y documentado fanatismo religioso, es claro que son los blancos perfectos, los chivos expiatorios ideales para culpar de un ataque terrorista de esta magnitud y naturaleza.

—En fin Detective, ¿qué hará ahora? –Pregunto, sentándome con cuidado en el borde de la cama para mirarla de frente, mi voz más suave que antes– Respecto a este mundo más allá de lo humano, me refiero. Ahora que sabe que existe.–

—La Detective Montenegro suspira, un sonido que parece cargar con el peso de todas las revelaciones, las muertes y las transformaciones del día.– No lo sé, Sariel. –Responde, y es la primera vez que usa mi nombre de forma tan directa y sin un atisbo de duda. Se inclina hacia adelante en su silla, sus codos sobre sus rodillas, su tono cargado de un profundo y abrumador cansancio– Este nuevo mundo es una completa locura. Hace apenas veinticuatro horas consideraba todas estas cosas, demonios, magia, habilidades especiales, como meros cuentos de hadas o cosas de locos. Y ahora…, ahora resulta que todo es completamente, aterradoramente real.–

Al verla en ese estado, tan abrumada y vulnerable, con el peso de un universo recién descubierto aplastando sus hombros, no puedo evitarlo. Es un impulso, una necesidad casi primordial de ofrecer un consuelo que las simples palabras no pueden dar. Lentamente, extiendo mi mano derecha y acaricio con suavidad su cabeza, mis dedos peinando con delicadeza su cabello plateado, que es tan suave como la seda.

—Eso es algo por lo que todo Mehr-Wissen pasan al Despertar –Digo, mi voz adquiriendo un tono suave que hasta a mí me sorprende por su sinceridad.– Pronto se acostumbrará usted a esta nueva realidad, Detective. Solo tiene que no rendirse en esta nueva y extraña sucesión de acontecimientos.–

Mientras acaricio su cabeza, notando con una leve sorpresa cómo se relaja visiblemente bajo mi tacto, cómo su cuerpo tenso parece soltar un poco de su carga, no me doy cuenta de que, a mis espaldas, las expresiones de la Agente Montessori y la Anticuaria se han tornado decididamente pícaras.

—Ejejej –Sonríe la Anticuaria Monterreal, colocando una mano sobre su boca para ahogar una risita cómplice.–

—Miren eso~ –Dice la Agente Montessori, mostrando una ancha y traviesa sonrisa, sus ojos verdiazules brillando con diversión.– El gran Maestro Sariel ya está consolando a su nueva y muy prometedora alumna. Qué escena tan conmovedora.–

Al escuchar a las dos, la Detective Montenegro inmediatamente se tensa como si le hubieran aplicado una descarga eléctrica. Se aleja de mi mano con una brusquedad que casi me hace reír, como si mi tacto, que hace apenas un segundo estaba claramente disfrutando y aceptando, ahora quemara. La vergüenza la golpea con toda su fuerza, y un intenso rubor vuelve a sus mejillas.

Y así, la breve y frágil calma que se había instalado en la habitación, se fue.

Definitivamente, estas tres mujeres juntas van a ser un dolor de cabeza constante. Un dolor de cabeza muy, muy interesante.

_______________ >> 5 minutos >> _______________

—Entonces, me iré, volveré más tarde así que descansa todo lo que puedas, ¿de acuerdo? –Dice la Detective, su tono volviendo a ser el de alguien que da una orden, aunque con un matiz de genuina preocupación. Y con un gesto que me deja completamente perplejo, se acerca y me acomoda la sábana, arropándome cuidadosamente hasta el cuello como si fuera un niño. Una sonrisa divertida se esboza en su rostro, disfrutando claramente de este absurdo y repentino cambio de roles.– Le pediré al Médico de la Cruz Negra que te revise de nuevo y, si todo sale bien, que pueda darte de alta lo más rápido posible.–

Asiento con una diversión que no puedo ocultar, viéndola taparme como si fuera un niño enfermo o un paciente real al filo de la muerte. Es una situación ridícula, pero extrañamente… reconfortante.

—Agente Montessori, Señorita Monterreal –Dice ella, girándose hacia las otras dos mujeres. Su mirada ya no tiene la vulnerabilidad de antes, sino la de una líder que reúne a su consejo de guerra– Ya que por el momento quien debería ser mi guía en este nuevo mundo está, digamos, incapacitado, –Lanza una mirada de reojo en mi dirección– necesitaré de su ayuda para poder saber algunas cosas. Así que espero que puedan ayudarme –Tras terminar, la Detective dirige su mirada hacia las dos mujeres detrás de ella, su tono volviendo a ser el de una líder que reúne a su consejo de guerra.–

—¿Eh~? Pero tengo muchas preguntas que hacerle a Sariel –Responde la Anticuaria con un puchero infantil, claramente afligida por la idea de que su principal fuente de chismes cósmicos y revelaciones se le escape tan pronto.–

Una fría mirada por parte de la Detective Montenegro es toda la respuesta que la Anticuaria necesita. Sus ojos rojos se clavan en los dorados de la Misakirte, y el cuerpo de la Anticuaria se tensa y tiembla por un instante, como si un frío glacial la hubiera recorrido.

—Está bien, está bien, no me muestre su Intención Asesina por favor –Responde la joven pelinegra, su voz ahora un susurro temeroso, su cuerpo encogiéndose por un escalofrío instintivo, su anterior descaro completamente evaporado.–

«Intención Asesina», otra de las habilidades propias de los Sehwert, y en general de los Mehr-Wissen, que obtienen tan pronto como Despiertan.

Cuando los Surnaturels observan esta mirada, sienten un miedo tan profundo, una presión en su propia esencia, que incluso les hace replantearse su existencia, aturdiéndolos en el proceso y dándole al Mehr-Wissen unos segundos cruciales de ventaja.

Aunque claro, existen niveles. Actualmente, la Intención Asesina de la Detective es demasiado baja, por lo que solo causa escalofríos a los Surnaturels de bajo rango y a los más inofensivos, como la pobre Misakirte. Más tarde, cuando obtenga más experiencia y su nivel aumente, podrá usarla incluso para paralizar momentáneamente a Surnaturel de Alto Rango

—¿Eh? –Pregunta la Detective, completamente ajena a la ola de intimidación sobrenatural que acaba de proyectar, confundida por la extraña palabra que usó la Anticuaria..–

—Le explicaré más adelante, primero salgamos de aquí –Le dice la Agente Montessori, interviniendo con la pericia de una mediadora experimentada. Toma a la Detective suavemente del brazo y la empuja con delicadeza hacia la puerta.–

—B-bueno…–

Antes de salir por completo de la habitación, la Agente Montessori voltea a verme por encima de su hombro y me dedica una sonrisa cómplice y un rápido guiño. Tras eso, se despide con un simple gesto de su mano, sacando a sus dos confundidas y ahora muy diferentes compañeras de la habitación.

—Qué mujer tan rara –Sonrío para mis adentros, una calidez inesperada formándose en mi pecho. Su ayuda en estos momentos y antes definitivamente ha sido invaluable.– Rayos, me perdí la primera vez de la Agente viendo a la Detective ahora como Sehwert –Tras recordar los rostros de pánico y asombro de los Surnaturel en la comisaría, no puedo evitar soltar una carcajada silenciosa.– Bueno, como sea, le preguntaré después cómo reaccionó al verla. Seguro que fue una escena para el recuerdo.–

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—El joven que usted trajo, actualmente solo presenta heridas leves, Detective. Bastará con que descanse un poco más para que sane completamente–

—Un suspiro de alivio, uno que no sabía que estaba conteniendo con tanta fuerza, escapa de los labios de Salieri.– Muchas gracias Doctor Robertson–

—De nada, Detective Montenegro, aunque realmente nosotros no hicimos casi nada. Todo fue gracias a su extraordinario factor regenerativo. Solo neutralizamos algunas energías residuales –Responde el médico con modestia.–

—No, no, estoy segura de que se equivoca. –Replica Salieri, recordando las propias palabras de Sariel– Si no hubiesen estado ustedes aquí, probablemente él no se hubiera recuperado tan rápido. Después de todo, según él, su Factor Curativo es bastante defectuoso, lo que lo hace muy lento.–

—¿Defectuoso y lento? –Repite el Doctor Robertson, como si las palabras no tuvieran ningún sentido para él. Se ajusta las gafas sobre el puente de su nariz, y su mirada, antes calmada, se vuelve increíblemente seria y analítica.– Detective, soy el Director de esta Sección Especial de la C.N.I. y, antes de eso, fui el Médico en Jefe de la A.M.P. durante veinticinco mil años. He visto literalmente miles de factores regenerativos, desde los más débiles y comunes hasta los de Surnaturels de Rango Rey o incluso entidades superiores. Y le aseguro, con toda mi experiencia, que ninguno, absolutamente ninguno, se iguala al del joven que está en esa cama. Cuando mi equipo y yo lo vimos en la escena del crimen, estaba, sin lugar a dudas, al borde de la muerte para cualquier estándar conocido, humano o Surnaturel. Sin embargo, ahora que recientemente lo revisamos de nuevo, ya estaba como nuevo, sin rastro de heridas internas y con las externas casi completamente cicatrizadas. Y eso, Detective, ocurrió en menos de dos horas.–

—¿De verdad? –Pregunta la Detective Salieri Montenegro, la palabra apenas un susurro de absoluta incredulidad. Su mente retrocede instantáneamente a la imagen de Sariel, cubierto de su propia sangre, protegiéndola con su cuerpo, su voz débil, su aparente y casi patética vulnerabilidad.–

En su mente, las piezas de este imposible rompecabezas comienzan a encajar de una forma dolorosa, confusa y desconcertante.

—Entonces, ¿me mintió? –Se pregunta, y un frío nudo de duda y una extraña sensación de haber sido manipulada se forma en su estómago. El recuerdo de su propia y genuina preocupación, de la forma en que lo cuidó y se sintió protectora con él, ahora parece teñirse con la posibilidad de haber sido una farsa.– ¿Realmente no iba a morir?–

—Doctor, ¿Usted conoce a los Ekstern? –Pregunta rápidamente la Agente Arisa, su voz cortando el aire tenso al ver el ceño fruncido y la tormenta de dudas que se refleja en los ojos de Salieri.–

El Médico, el Director de la Sección Especial de la C.N.I., al escuchar la palabra, asiente con una firmeza y una seguridad que no dejan lugar a dudas. Sus ojos grises, agudos y analíticos, reflejan el profundo conocimiento de este término.

—Sí, por supuesto, Agente Montessori. Sé que son personas con la capacidad de viajar entre las diferentes dimensiones, ya sea mediante el uso de tecnología muy avanzada o a través de habilidades sobrenaturales que les son inherentes –Responde el Doctor Robertson con una naturalidad que desarma, su tono es el de quien describe algo tan mundano y aceptado como el clima– Sin embargo, el término Ekstern únicamente aplica si vienen de otra Dimensión. –Entonces, él se señala a sí mismo con un gesto casual.– Por ejemplo, yo mismo soy un Ekstern, ya que provengo de otra Dimensión. De hecho, muchos de mis compañeros de alto rango en la A.M.P. también lo son. Incluso Sus Majestades, el Emperador Lan y la Emperatriz Eleanor, lo son.–

—¿Para que pregunta eso, Agente? –Le pregunta Salieri a su amiga, su voz un murmullo de pura y absoluta confusión mientras intenta asimilar esta nueva y alucinante capa de la realidad que se le presenta.–

—Puedes tutearme y decir mi nombre, Salieri. No tengo ningún problema con eso, además, yo haré lo mismo contigo de ahora en adelante. –Le responde Arisa a su compañera con una sonrisa cálida, intentando crear un ancla de normalidad y confianza en medio de este torbellino de revelaciones sobrenaturales. Tras eso, su mirada vuelve al médico.– Ya que dice usted que proviene de otra dimensión y conoce estos temas, entonces, ¿conoce también a los Dioses Dimensionales?–

—El médico, con la misma calma imperturbable, asiente de nuevo– Sí. Nuestro Señor, Su Majestad Lan, se enfrentó alguna vez a uno de ellos en un conflicto de proporciones considerables. –Responde este, y sus palabras, dichas con tanta naturalidad, provocan una nueva oleada de asombro en Salieri y en Katerina, quien había permanecido en silencio hasta ahora. La figura de su Emperador, ya de por sí legendaria, acaba de adquirir proporciones verdaderamente míticas en sus mentes–. Pero, ¿por qué la pregunta?–

—¿Es posible que un Factor Curativo “defectuoso” de un Dios Dimensional sea muy diferente a los factores curativos comunes que conocemos? –Pregunta Arisa, su voz cuidadosamente neutra y precisa, aunque sus ojos verdiazules no dejan de observar de reojo la expresión de Salieri..–

—El Director, que parece comprender perfectamente la implicación de las palabras de la chica rubia, asiente con una lentitud deliberada.– Sí, Agente. Absolutamente. Los Dioses Dimensionales, por su propia naturaleza, vienen con varias protecciones “de fábrica”, por así decirlo, que impiden sus muertes definitivas, como el joven Sariel les explicó antes sobre su alma. Incluso si drenan sus poderes casi por completo, como parece ser el caso del paciente, conservarán un Factor Curativo residual increíblemente eficiente, uno que es activado por sus Protocolos de Salvaguarda internos. Así que, en términos de potencia bruta y velocidad de regeneración, este Factor Curativo “defectuoso” al que usted se refiere es, de hecho, inmensamente superior en todos los sentidos a cualquier tipo de regeneración que nosotros conozcamos en Surnaturels o Mehr-Wissen de este mundo.–

La Detective Salieri Montenegro comprende la situación de inmediato. Sus ojos rojos se abren de par en par, y la vergüenza por haber dudado de Sariel, por haber creído que él la había engañado, se mezcla con una nueva y creciente angustia al comprender la verdad: él no estaba fingiendo su debilidad, sino que, desde su perspectiva de un poder casi absoluto, su estado actual era lamentablemente defectuoso, y aun así, usó ese cuerpo herido para protegerla.

—Sin embargo…, hay una limitación –Añade el Doctor Robertson, y su tono, antes meramente informativo, cambia, volviéndose grave, el del médico que está a punto de dar un diagnóstico terrible e irreversible– El Factor Curativo puede salvar la vida de alguien como él, sí, pues esto forma parte de sus Protocolos de Salvaguarda innatos. Sin embargo, dicho Protocolo, al no tener acceso a la fuente de energía principal del individuo, que en su caso está bloqueada, necesita encontrar una fuente alternativa para funcionar. –El doctor hace una pausa, dejando que sus siguientes palabras calen con todo su peso en las tres mujeres que lo escuchan con una atención absoluta– Y esta energía, la única disponible para un acto de regeneración tan masivo, proviene directamente de su propia Alma.–

Al escuchar esto, los cuerpos de las tres mujeres quedan completamente petrificados. El aire, que antes parecía simplemente estéril, ahora se vuelve sólido, pesado, imposible de respirar. La Agente Arisa y la Anticuaria Katerina, con todo su conocimiento del mundo Surnaturel, se quedan sin palabras, sus rostros una máscara de puro horror. Pero es Salieri quien siente el impacto con más fuerza. Un frío glacial la recorre, un terror mucho más profundo y visceral que el que sintió en el campo de batalla, un miedo que no es por su propia vida, sino por la de él. La imagen de Sariel protegiéndola, su cuerpo recibiendo el impacto de la explosión, su sonrisa mientras la sangre brotaba de sus labios… todo adquiere ahora un significado nuevo, espantoso y terriblemente claro.

—Así que, –Continúa el Doctor Robertson, su voz ahora convertida en una solemne y severa advertencia– traten ustedes de que ese chico no se meta en más problemas que influyan directamente en su salud. O más exactamente, eviten a toda costa las acciones que puedan matarlo. Pues si bien su cuerpo se curará, la Energía de su Alma se irá agotando con cada herida mortal que sufra… Y cuando un Alma se agota por completo, simplemente desaparece de la existencia. Para siempre. Sin Purgatorio, sin Jardín del Edén, sin Vacío. Solo luna desaparición total.–

________________ >> 10 minutos >> _________________

_______ >> Exterior de la Oficina del Director >> _______

Tras salir de la oficina del Doctor Robertson, un silencio pesado, denso y cargado de una verdad insoportable se instala entre las tres mujeres. Caminan por el pasillo estéril del hospital, sus pasos un eco solitario en la quietud de la mañana. Nadie dice nada. Cada una está inmersa en las terribles palabras del médico, procesando la idea de que el ser enigmático y poderoso que yace en esa habitación está, en realidad, desvaneciéndose con cada herida grave que sufre, borrando su propia y milenaria existencia para protegerlas.

—Salieri –Finalmente, es Katerina quien rompe el silencio. Su voz, normalmente llena de una energía traviesa y caótica, es ahora un murmullo serio, casi una súplica. Detiene a la Detective Salieri Montenegro con una mano suave pero firme en su brazo, sus ojos dorados fijos en ella, completamente desprovistos de cualquier atisbo de broma o ligereza.– Cuida bien a Sariel, ¿de acuerdo?–

Salieri la mira, y en sus ojos rojos se refleja una tormenta de emociones, pero aún así, asiente. No es un simple gesto de cortesía o una respuesta automática; es un movimiento firme, resuelto, una promesa silenciosa sellada en la quietud de ese pasillo de hospital. La Agente Arisa Montessori Romanov, a su lado, coloca una mano reconfortante en el otro hombro de Salieri, ofreciendo un apoyo silencioso que la Detective agradece inmensamente, aunque no lo demuestre.

A pesar de conocerlo hace menos de dos días, la mente de Salieri ahora está llena de él. Cada pensamiento parece girar en torno a su figura: el hombre misterioso que su padre le confió con su último aliento; el ser que la vio Despertar en su momento más vulnerable y doloroso; el guardián que, sin dudarlo, se interpuso entre ella y una muerte segura, pagando un precio que ella apenas comienza a comprender. La idea de que cada acto de protección, cada herida que él recibió en su nombre, era un paso más hacia la aniquilación total y eterna de su alma, la llena de un sentimiento de culpa tan profundo y pesado que amenaza con ahogarla.

Por lo tanto, en ese instante, en ese pasillo esterilizado y silencioso, su misión cambia, se reconfigura. Ya no se trata solo de vengar a su padre o de entender este nuevo y aterrador mundo que se ha abierto ante ella. Ahora, asegurarse de que ese chico arrogante, bromista, antiguo y exasperante no se mate en el proceso de protegerla, se ha convertido en una de sus prioridades más absolutas.

___________________________________________________

Exterior del Hospital.

11:15 de la mañana.

Una vez que se aseguran de que el estado de Sariel es estable por el momento, o al menos, tan bueno como puede estar para un ser cósmico con el alma como combustible de emergencia, la Agente Arisa Montessori Romanov, la Anticuaria Katerina Monterreal Rusein y la Detective Salieri Montenegro se dirigen en un silencio cargado y pensativo hacia la camioneta negra de la Detective.

—Menos mal que Sariel está a salvo –Dice Arisa mientras se sube y acomoda en la parte trasera del vehículo junto con Katerina. Su voz está llena de un alivio que va mucho más allá de la simple preocupación por un amigo; es el alivio de quien sabe que una pieza clave para la supervivencia del mundo, por muy enigmática que sea, sigue en el tablero.–

—Yo también me alegro…–

La Detective Salieri Montenegro no puede evitar que una cálida y agridulce sonrisa se esboce en sus labios al recordar cómo Sariel la protegió de una muerte segura, no solo una vez, sino dos. La imagen de su cuerpo sirviendo de escudo contra la explosión y el posterior impacto contra la pared está grabada a fuego en su memoria. Sin embargo, esa inmensa gratitud ahora está teñida de un profundo y amargo sentimiento de culpa, sabiendo ahora, gracias a la terrible revelación del Doctor Robertson, que a causa de esas situaciones, él tuvo que usar parte de su propia y finita alma para poder recuperarse de sus heridas.

—Ahora le debo mi vida –Responde Salieri, su voz un murmullo cargado de una nueva y pesada determinación mientras arranca el motor de su vehículo.–

—Si quiere pagarle entonces haga un Vínculo de Vida –Dice Katerina desde el asiento trasero con la misma naturalidad y falta de tacto con la que antes ofreció barbacoa en una habitación de hospital.–

—Al instante, un golpe seco resuena en el interior del coche, seguido de un pequeño grito ahogado y quejumbroso por parte de la pelinegra. Es el dorso de la mano de Arisa impactando con precisión en la cabeza de su amiga.– Deja de decir tonterías idiota –Le reclama ella, su tono completamente exasperado.–

—¿Pero qué dije de malo? –Pregunta Katerina con una voz agraviada, frotándose la zona del golpe.– ¡Es la mejor solución si Sali realmente quiere pagarle su deuda de vida!–

Después de encender el auto y adentrarse con habilidad en el tráfico matutino de la ciudad de Melbury, la Detective Salieri Montenegro no puede evitar que la curiosidad le gane a la prudencia.

—¿Qué es el Vínculo de Vida? –Pregunta, alzando una ceja y pisando el acelerador, su mirada fija en la carretera, pero su mente completamente absorta en la conversación.–

—Arisa suspira con una resignación que denota claramente que ha tenido esta clase de conversaciones extrañas con su amiga demasiadas veces en el pasado.– Un Vínculo de Vida, Salieri, es un Contrato Mágico de Alto Rango entre dos partes. Es uno de los más poderosos, sagrados y peligrosos que existen. –Explica, su tono volviéndose serio y didáctico.– Cuando este contrato es firmado y sellado, ambas partes se comprometen a protegerse mutuamente con todo su ser, sin importar las circunstancias. Por ejemplo, si tú y Sariel firmaran uno, entonces tú deberías protegerlo a él con tu vida, y él a ti con la suya. Sus vidas, sus esencias vitales, quedarían entrelazadas a un nivel fundamental e irrompible.–

—El Contrato no se puede romper con ninguna magia conocida, ni siquiera con el poder de un Dios Dimensional –Añade Katerina, su voz ahora con un matiz soñador y un tanto morboso que eriza la piel.– La única forma de que se rompa es que una de las dos partes muera. Sin embargo, debido a que es un Contrato de Vida, en cuanto uno muere, la otra parte morirá también, casi instantáneamente, sin importar dónde se encuentre. Normalmente, esto lo realizan las parejas que están cien por ciento seguras del amor que se tienen y que han decidido permanecer fieles por el resto de sus vidas, hasta que la muerte los separe… literalmente. Personalmente he visto, en el Altern, algunos de estos Contratos en acción, y la verdad, es bastante poético y romántico ver cómo la otra parte muere a los pocos días, o incluso horas, de que su pareja ha fallecido. En cierta manera, también es muy lindo y trágico.–

Salieri se queda pensando en las palabras de ambas mientras conduce. Un Contrato de Vida… Suena extremo, una locura absoluta. Sin embargo, la idea de poder proteger a Sariel de la misma forma en que él la protegió, de asegurarse de que su alma no se consuma y se desvanezca por su causa, es una opción extrañamente tentadora, una forma casi poética de saldar una deuda de vida que siente que es, de otra manera, impagable.

Pero a su vez, su mente lógica y entrenada se rebela ante la idea. Se pregunta: ¿Realmente ella, Salieri Montenegro, quiere confiar su propia vida, su existencia misma, a alguien que, a pesar de la intensidad de los eventos vividos, sigue siendo un completo extraño? ¿A un ser enigmático de eones de edad con un pasado lleno de dioses, demonios, guerras cósmicas y promesas que apenas comienza a vislumbrar?

Su mente se pregunta y debate eso, pero su corazón… su corazón, que ahora late con una emoción cálida, persistente y completamente nueva cada que ve a Sariel, cada que piensa en él (algo que sigue sorprendiendo e impactando a la propia y fría Detective), la anima a aceptar dicho trato sin dudarlo. Le susurra con una certeza primigenia que es lo correcto, que es la única respuesta posible a la deuda que ahora carga, que será, de alguna extraña manera, lo mejor que le pasará en toda su vida.

—No me digas que realmente estás pensando en hacerlo –Pregunta de pronto la Agente Arisa desde el asiento trasero, su tono una mezcla de alarma y genuina preocupación. Se inclina hacia adelante, su rostro con los ojos verdiazules apareciendo entre los dos asientos delanteros.– Digo, ustedes dos apenas y se conocen. Es una completa locura. Al menos deja que pase un buen tiempo, meses, ¡años!, antes de siquiera considerar algo tan… permanente y absoluto como eso.–

—Es cierto –Dice finalmente Salieri, y su voz, aunque un poco forzada, suena lógica y clara. La razón de las palabras de Arisa corta a través de la tormenta de sus nuevas y abrumadoras emociones. Su mente de detective, entrenada para el análisis frío y los hechos tangibles, ha ganado la batalla por ahora.– Apenas y nos conocemos hace menos de dos días. Ni siquiera podría considerarse que somos amigos todavía. Por lo que sería raro, imprudente e increíblemente estúpido hacer una cosa así. –Sin embargo, al mismo tiempo que pronuncia esas palabras tan lógicas y sensatas, siente un dolor sordo en el pecho, una protesta silenciosa y melancólica de su corazón, que la regaña por no dejarse llevar, por no confiar en ese instinto primigenio que parece gritar el nombre de Sariel.–

—Uff, que bueno –Suspira Arisa con un alivio tan palpable y sonoro que se reclina de nuevo en su asiento, como si le hubieran quitado un enorme peso de encima. Por ahora, su amiga parece haber vuelto a la razón.–

Sin embargo, a pesar de su respuesta lógica y su aparente alivio, el semblante de Salieri no refleja esta tranquilidad, sino una velada y profunda tristeza, una pesadumbre que ensombrece sus facciones y apaga un poco el brillo de sus ojos rojos. Es algo sutil, una emoción que, curiosamente, ella misma no nota en ese preciso momento, pues su mente de detective está concentrada en la carretera y en los nuevos y abrumadores sucesos que han llegado para trastocar su monótona vida.

—¿Qué sucede? –Pregunta Arisa con una suavidad y una preocupación genuinas, su instinto de amiga y su aguda percepción Surnaturel detectando la pequeña pero profunda fisura en la armadura emocional de Salieri.–

—¿Qué? –ice Salieri rápidamente, su voz un poco más aguda de lo normal al ser sacada de sus pensamientos. Su mirada se cruza con su propio reflejo en el espejo retrovisor, y es entonces cuando se da cuenta de que, efectivamente, en su rostro hay una extraña expresión de melancolía. – Ah, no es nada.–

Las dos mujeres en el asiento trasero, Arisa y Katerina, sospechan inmediatamente de qué podría tratarse la verdadera causa de esa tristeza. Después de todo, estaban hablando de un Vínculo de Vida, un contrato hecho comúnmente entre parejas profunda y verdaderamente enamoradas, un tipo de relación que, saben ellas, claramente Salieri no tiene con Sariel, pues apenas y se conocen desde hace dos días. A pesar de que, por alguna extraña e inexplicable razón, la conexión entre la Detective y el joven de cabello negro parece la de dos personas que llevaran conociéndose desde hace mucho, mucho tiempo.

Además, ambas han escuchado los rumores, han visto las noticias y han leído las innumerables publicaciones en las Redes Sociales: en Lumos, en Sociel, en Mirai; han visto los vídeos en plataformas como Virex y Vidora, e incluso han seguido los hilos de discusión en esa plataforma de comunidades y foros llamada Voxtal. Todas estas plataformas han hablado largo y tendido sobre lo que sucedió con el compromiso entre las dos poderosas familias, Montenegro y Rockefeller, o más específicamente, sobre su prometido, Calix Rockefeller. Las dos, gracias a estas plataformas que no perdonan a las figuras públicas, saben con todo detalle cómo este, a pesar de estar comprometido con Salieri en un matrimonio concertado desde antes de que ambos nacieran, y a pesar de que fueron novios durante gran parte de su infancia y adolescencia, la terminó engañando, poniéndole los cuernos públicamente con una mujer veinteañera que su propia familia, los Rockefeller, había adoptado de un orfanato.

Por estas cosas, por la delicadeza y el dolor de ese recuerdo, ambas, Arisa y Katerina, deciden no decir nada más. Por más que les interese el jugoso chisme y que la preocupación por su amiga las consuma, saben que este no es un tema que puedan forzar. Aún no tienen la suficiente confianza con la Detective como para pedirle una explicación sobre los asuntos de su corazón. Un silencio cómplice, respetuoso y cargado de pensamientos no dichos se instala entre ellas durante el resto del viaje, cada una perdida en sus propias reflexiones sobre las complejidades del amor, la traición y el destino.

________________ >> 5 minutos >> ________________

—Saben, me pregunto como se sentiría tener sexo con un Ekstern, o más bien, con ese Ekstern–

Mientras Salieri conduce de nuevo hacia la Estación de Policía de Morian, la voz casual, casi perezosa, y completamente pensativa de Katerina rompe el silencio en la camioneta como una piedra en un estanque perfectamente quieto. La frase, tan inesperada, tan descaradamente fuera de lugar y de tono, deja momentáneamente paralizadas a las otras dos mujeres que hasta ese momento disfrutaban del tranquilo y tenso viaje.

—¡¿Eh?! ¡Katerina, por la Diosa! ¿De qué, y sobre todo, de quién demonios hablas ahora? –Pregunta Arisa con una incredulidad total, girándose bruscamente en su asiento para mirar a su compañera pelinegra con los ojos verdiazules abiertos de par en par.–

—¿De quién más voy a hablar, Arisita? Él es el hermano de Sariel, y según su propia confesión, es un Ekstern caído, por lo tanto, por lógica impecable, Sariel también debe ser uno, ¿no es así? –Dice ella, usando una lógica irrefutable para justificar un pensamiento completamente lascivo.– Y sí, estoy hablando de Sariel. De nuestro herido y misterioso conocido.–

—Sí, Kat, esa parte la entendí, ¡¿pero y eso qué tiene que ver con… con eso?! –Vuelve a preguntar Arisa, completamente confundida por la extraña y repentina conexión de ideas de su amiga.–

—¿No tienes ni un poquito de curiosidad por saber cómo se sentiría tener relaciones sexuales con alguien así? –Una sonrisa felina, llena de una curiosidad depredadora y juguetona, se forma en el rostro de la pelinegra.– Solo piénsalo bien, Arisa. Es un Ekstern. Ha vivido incontables eones, ha viajado por innumerables mundos y ha vivido todo tipo de cosas, lo que significa también que, a menos que sea virgen, cosa que realmente dudo muchísimo, se ha acostado con incontables mujeres… y muy probablemente también con hombres. Así que, su técnica debe ser de una calidad absolutamente exquisita, una maestría perfeccionada a lo largo de eras. Nada que se pueda comparar con cualquier hombre o mujer de este mundo, sea Surnaturel, Mehr-Wissen o un simple humano.–

Un silencio absoluto y un tanto incómodo invade el interior del auto. La Detective Salieri Montenegro no dice nada, sus manos aferradas con un poco más de fuerza al volante, su mirada fija en la carretera que se extiende ante ella. Sin embargo, la punta de sus orejas, apenas visibles bajo la cascada de su cabello plateado, se han teñido de un intenso y delator rubor, una señal inequívoca de que, a pesar de su estoicismo y su profesionalismo, ella también lo está pensando.

—Sabes, Kat, a veces de verdad me preocupa tu desenfreno sexual –Reprocha Arisa a su amiga con un suspiro largo y cansado, pasándose una mano por el rostro.–

—¿Qué tiene?, soy una gata –Responde Katerina con una sonrisa burlona, orgullosa y despreocupada– Nyaa–

—Cierto, los gatos como tu tienen un alto índice en el apetito sexual –Afirma Arisa, solo para segundos después fruncir el ceño– ¡Pero tú…, tú exageras demasiado!, incluso pareces un conejo cuando llega Arc–

Katerina sonríe con suficiencia, pero no replica. Sabe que Arisa tiene razón. Pero Arisa también sabe, por años de experiencia, que ese silencio, acompañado de esa estúpida y satisfecha sonrisa, siempre, sin excepción, precede a algo peor, a una idea o un comentario aún más descabellado por parte de su incorregible hermana adoptiva.

—Le pediré que se acueste conmigo –Anuncia Katerina de repente, con la misma tranquilidad y naturalidad de quien decide qué cenar esa noche o qué libro leer a continuación.–

—¡¿Qué cosa?! –Exclama Arisa, completamente perturbada por la descarada declaración de su amiga, a pesar de saber, en el fondo de su ser, que algo así, o peor, iba a suceder.–

Salieri, quien hasta ese momento se limitaba a escuchar y a concentrarse en la carretera, también se queda absolutamente atónita. Siente cómo un calor intenso sube por su cuello hasta su rostro, y sus ojos, de un rojo como el rubí, se abren de par en par por la pura conmoción. Por un instante, el vehículo se desvía ligeramente hacia la derecha antes de que ella, con un movimiento brusco del volante, recupere el control y lo enderece. Pero aun así, no dice nada, prefiere no intervenir en la locura de sus nuevas y extrañas compañeras.

—Desafiaré su hombría –Vuelve a anunciar Katerina, completamente ajena o indiferente a la reacción de Salieri, como si fuera una general planeando su estrategia de conquista.– Le diré que si no acepta y no demuestra su valía en la cama conmigo, entonces no es un verdadero hombre. ¿Lógicamente debería aceptar el reto, no? A ningún hombre, y menos a uno tan orgulloso como él parece ser, le agrada que lo desafíen en este tipo de cosas.–

—Arisa suspira, un sonido cargado de una frustración y un cansancio que parecen venir desde lo más profundo de su alma. Parece que con Katerina, este tipo de conversaciones son el pan de cada día.– De verdad, Kat, a veces no sé qué demonios voy a hacer contigo.–

—Solo tienes que seguirme la corriente y aceptar mis tonterías, Arisita –Responde Katerina, con una sonrisa burlona y pícara en su rostro– ¿Para eso son las amigas con derecho, no? Para apoyarse en las buenas, en las malas y en las estupideces.–

—…–

Nuevamente, el auto se sumerge en un profundo silencio, esta vez cargado de una tensión diferente, una de vacilación y una vergüenza incipiente por parte de la Agente Montessori.

—Si… si tienes éxito…, ¿podrías pedirle que me acepte a mí también?… –Dice finalmente Arisa, su voz apenas un susurro dirigido a Katerina. Un intenso rubor se extiende por su rostro, delatando la profunda vergüenza que siente por tal petición.–

—Jo, jo~, quién lo diría –Se burla Katerina en voz baja, y una gigantesca y triunfante sonrisa aparece en su semblante juguetón. No solo había ganado la discusión, sino que, en su mente, había logrado corromper a la “puritana” y siempre correcta Agente Montessori.–

—¡Oye, cállate! ¡Yo también tengo mis necesidades! –Responde la pelirrubia, su voz un poco más alta de lo normal, intentando calmar su propia vergüenza con una justificación que suena poco convincente incluso para ella misma.–

La Detective Salieri Montenegro sigue sin decir nada, manteniendo su mirada fija en la carretera. Únicamente suspira con una profunda y absoluta resignación, una de sus manos subiendo para masajearse las sienes con lentitud. Parece que, con estas dos a su lado, y con la nueva y extraña vida que se abre ante ella, tener que escuchar estas increíbles tonterías será, de ahora en adelante, su nuevo pan de cada día.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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