Ekstern - Capítulo 8
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Capítulo 8: Capítulo 1 – Llegada | 1.8: Petición
Y entonces, el solemne silencio de la biblioteca se rompe.
Tap, tap, tap.
Los pasos de alguien acercándose se escucharon, el sonido de sus botas contra la madera resonando con una familiaridad reconfortante. Con esto, mis oídos se agudizaron, saliendo por completo de mi ensimismamiento.
—He vuelto –Entonces, una voz conocida llega a mis oídos. Una que, por primera vez, me hace fruncir el ceño, pero no por un enojo real, sino por una impaciencia juguetona.–
Tras escuchar la voz, rápidamente miro hacia el pasillo de donde se había marchado. Allí, veo al Oficial Montenegro, que regresa trayendo consigo una caja de madera delgada y alargada, cargándola con cuidado entre sus brazos. Me mira con una sonrisa cansada pero satisfecha, como diciendo “¿me extrañaste?”.
—Pasu, se tardó mucho –Bromeo, mi tono ligero mientras me levanto del sofá y vuelvo a colocar con cuidado el libro de Aztlán en su sitio.–
Efectivamente, se tardó tanto que prácticamente podría haber recordado toda una vida. Aunque, siendo justos, algo muy parecido pasó. Hice una retrospectiva completa, una que comenzó con el simple acto de tocar un libro. A partir de allí, recuerdos constantes volvieron a mí, entre ellos, uno increíblemente agradable, uno que había olvidado hace mucho tiempo debido a la intervención de mi corazón roto, y que ahora, finalmente, puedo recordar con una sonrisa nostálgica y genuina en mi rostro.
Estoy seguro de que, si esto fuera una Novela, los lectores ya me habrían abucheado por meter tanto relleno antes de ir a la acción principal. Después de todo, he recordado mucho, tanto que seguramente la transcripción de mis pensamientos habría abarcado más de 55 páginas.
Si esto fuera el primer capítulo de un libro, y un lector viera más de ciento diez páginas de pura exposición y recuerdos antes de que pasara algo más interesante, seguramente no solo se replantearía el leerlo, sino también se replantearía su propia existencia.
—No encontraba las cosas que necesitaba –Dice él, su voz denotando fatiga mientras se acerca– Tuve que buscar entre una infinidad de habitaciones y archivos para encontrar el equipo adecuado.–
Entonces, el Oficial Montenegro deja la caja de madera sobre la mesita de piedra del centro con un suave “cloc”.
Sin embargo, al hacerlo, algo sobre la mesa llama inmediatamente su atención. Sí, el sobre de diseño anacrónico, con sus toques de neón, y la carta a medio salir con una hermosa caligrafía, a pesar de lo rústica y angular que era el Lenguaje Wexxe en ese entonces.
—¿Y esto? –Se pregunta, su curiosidad picada al instante.–
—Una carta de mi Primer Amor –Respondo con una sonrisa tranquila y una pizca de orgullo.–
Sí, a este punto ya es obvio. Incluso con el cambio de Astel, Lyra también fue mi Primer Amor. Un amor diferente, uno que mi cuerpo y mi mente eligieron, aunque mi corazón estuviera encadenado a otro destino. Así que, ¿qué sentido tiene negarlo ahora?
Además, no tiene sentido ocultárselo al Oficial. No porque confíe en él (eso ya lo hago), sino por un pequeño y algo infantil sentido de superioridad masculina. Je, je.
—¿Tu Primer Amor? –Pregunta él mientras dirige su mano hacia la carta. Sin embargo, antes de tocarla, se detiene, un gesto de respeto que aprecio– ¿Puedo?–
—Le asiento con la cabeza, un gesto de permiso– Adelante–
Con mi permiso, él toma la carta con cuidado y comienza a leerla. O eso es lo que él quería, pero sus cejas se fruncen en confusión, porque, a diferencia de algunos libros de esta biblioteca, este no está escrito en el Asteliano Moderno.
—¿Lenguaje Wexxe? –Pregunta el Oficial Montenegro mientras mira la carta por ambos lados, reconociendo el estilo antiguo del alfabeto–
—Así es Oficial –Respondo, mi sonrisa volviéndose una de suficiencia– Mi Primer Amor vivió en la Era del Caos. Y aunque esta carta fue escrita durante la Era de la Consolidación, por lo tanto, debería estar en Lenguaje Arcano, ella siempre prefirió usar su lenguaje natal.–
—Hmm, ahora que recuerdo, creo que hay por aquí un Artefacto que nos regalaron los Schatzjäger hace mucho. Permite traducir todo tipo de lenguajes al nuestro con un cien por ciento de exactitud –Dice él, sus ojos iluminándose– ¿Me permites? –Parece que su instinto chismoso se activó por completo.–
—¿Quién soy yo para negarme a compartir una buena historia? –Pregunto, conteniendo una risita.–
El Oficial también ríe, y tras eso, deja la carta sobre la mesa y comienza a buscar en uno de los gabinetes de la sala.
Mientras tanto, yo tomo asiento de nuevo en el sofá, cruzo las piernas, y espero pacientemente, divertido por la situación.
________________ >> 1 minuto >> _________________
—Lo encontré–
Tras un minuto de rebuscar en un ornamentado gabinete de madera oscura, el Oficial Montenegro vuelve, su rostro mostrando una sonrisa de triunfo. En su mano no sostiene un artefacto rúnico o un cristal místico, sino algo mucho más mundano: unos anteojos.
—Qué sutil –Bromeo, observando la montura. Son los típicos anteojos de nerd, de armazón grueso y negro, pero con un diseño y unos acabados en plata que los estilizan, de esos que te hacen ver como un galán erudito en lugar de un simple ratón de biblioteca.–
—También tenían monóculos, pero era demasiado pretencioso, por lo que decidimos irnos por las gafas –Responde él con una risa contenida mientras se coloca los anteojos y se sienta a un lado de mí en el sofá. Toma la carta con cuidado, el papel antiguo ahora en manos de un hombre moderno usando un artefacto para descifrarla.–
________________ >> 2 minutos >> _________________
Observo cómo sus ojos se mueven rápidamente tras los cristales, leyendo las palabras de Lyra. Veo su expresión cambiar: una ceja arqueada ante la mención de Alessia, una sonrisa divertida ante la amenaza de Lyra de jalarme la oreja, una mirada de sorpresa ante la revelación de que ella escribió el ridículo libro, y finalmente, una expresión más suave y compleja al leer la posdata.
Tras leer la carta, se quita los anteojos con un movimiento lento y deliberado. Dobla cuidadosamente la hoja y la guarda con una suavidad inesperada dentro de su sobre de neón. Después, me mira, y la curiosidad en su rostro es palpable, mezclada ahora con una nueva capa de comprensión.
—¿Lyra? –Efectivamente, sabía que eso era lo primero que él preguntaría. Su tono es suave– Pensé que tu Primer Amor qué era Astel–
—Desvío la mirada por un instante, un calor de vergüenza y complejidad subiendo a mi rostro– Ah… bueno, digamos que ella y yo teníamos… problemas en nuestra relación. Era complicado.–
Y como dije antes, ya no había nada que guardarse.
Así que, en la quietud de esa biblioteca ancestral, le conté mi historia con Lyra. Le conté cómo la conocí, una niña asustada y desafiante en un bosque oscuro. Le hablé de las enseñanzas que le di mientras iba creciendo, de cómo su espíritu indomable floreció bajo mi tutela. Le describí, con una sonrisa nostálgica, cómo se me echó encima como una fiera tan pronto como cumplió los diecinueve. Le narré con orgullo cómo resolvió su primer caso en Tirael. Le expliqué su origen, sus problemas con los aldeanos, su traición. Le conté del tiempo que estuvimos juntos, tanto en el exterior, viajando y cazando, como en los miles de años que pasamos en la Habitación Blanca. Le hablé de nuestra despedida, donde, en su audacia característica, básicamente me obligó a hacerle el amor durante un año entero sin parar como su regalo de partida.
Por lo que, en los siguientes minutos, la habitación se llenó de nuestras reacciones. Hubo diversión y nostalgia en mi voz, y bromas por su parte. Pero también hubo una tristeza y un pesar compartidos al hablar de su partida. En el caso de sus reacciones, también hubo lo mismo. Lo vi negar con la cabeza, divertido por nuestras tonterías juntos. Y al final de la historia de Lyra, sentí su mano en mi espalda, dándome unas palmaditas de ánimo, un gesto de un camarada.
A su vez, y sintiendo que era necesario para que entendiera todo el panorama, le conté cómo era mi relación con Astel. La toxicidad que existía entre ambos. Nuestros constantes roces, su trato hacia mí, su crueldad, y luego, el cambio radical a raíz de haber visto mi felicidad con Lyra. Le hablé de su muestra de cambio real, de su esfuerzo por ser mejor. Y de cómo esa posible y frágil reanudación romántica se vio truncada para siempre por la llegada del Caos.
En este caso, durante esta parte más oscura de mi relato, él solo se limitó a escucharme. Suspiró en los momentos adecuados, me miró con una tristeza y una lástima genuinas, negó con la cabeza ante la injusticia de todo. Y por último, cuando terminé de hablar, sentí de nuevo su mano, esta vez en mi hombro, firme y segura, dándome unas palmaditas de apoyo silencioso.
________________ >> 30 minutos >> _________________
—Así que esta es Lyra, ¿eh?–
Si, al final le terminé mostrando su retrato en la sección de “Folk Hunter Destacados”, la luz de la biblioteca iluminando su rostro en la página. El Oficial Montenegro se inclina, observando la imagen con una apreciación genuina.
—Definitivamente chico, tuviste suerte –Dice, dándome una palmada amistosa en el hombro– Lograste encontrar una magnífica y hermosa mujer. Pocos son tan afortunados de algo así en esta vida, o en cualquier otra. –Bromea, pero luego su tono se vuelve más serio– Además, por todo lo que me contaste sobre ella, y también por tus propias reacciones a lo largo de toda tu historia, puedo decir sin lugar a dudas que la amaste de verdad. Aunque te negaras a aceptarlo, o, como dices, no pudieras debido a tu limitación real.–
—Suspiro, pero esta vez, es un suspiro ligero, casi sin peso– Es verdad. Si no fuese por esta limitación, por este corazón encadenado, ahora mismo sería mi esposa. Y seguramente ya tendríamos un mini Sariel parecido a mí, causando problemas por puro principio, o una mini Lyra, igual de desinhibida y brillante que ella. –Una sonrisa genuina y nostálgica se forma en mi rostro al pensar en esto, al imaginar cómo hubiera sido mi hija. Una versión pequeña y descarada, que dice las verdades que nadie quiere escuchar, pero que también es bondadosa, amable y ferozmente protectora con los suyos…–
Ambos guardamos silencio durante unos segundos, perdidos en el “qué hubiera sido”.
—Por cierto, ese libro donde me dijiste que estaba la carta… –Pregunta de repente, sus ojos iluminándose con una curiosidad traviesa mientras se dirige hacia el estante donde dejé “El misterioso y sexy hombre de cabello negro y ojos rojos que busca la miel”– Quiero ver si de verdad fue un bestseller. Tengo que comprobar la calidad literaria de tu ex-amante.–
—Tan pronto como se levanta e intenta tocar el libro, lo tomo de la muñeca, deteniéndolo con una urgencia repentina– No lo haga, Oficial. Créame, es por su propio bien.–
—Vamos, que tan mal puede estar –Dice mientras se suelta ligeramente de mi agarre, su sonrisa ampliándose– No es como si me fuera a traumar–
________________ >> 10 minutos >> _________________
—¡Ahhh!, ¡¿qué es esto?! –Grita finalmente, arrojando el libro sobre la mesa de piedra como si quemara.–
—¡Por eso le dije que no lo leyera! –Respondo, incapaz de contener la risa.–
—¡Debiste detenerme!–
—¡Lo hice! ¡Le sujeté la muñeca!–
—¡Debiste intentarlo mejor! ¡Encadenarme si era necesario!–
Entonces, la tensión se rompe. Ambos estallamos en una carcajada sonora, fuerte y liberadora, que resuena por toda la silenciosa y solemne biblioteca.
—A la próxima te haré caso, chico –Dice él, secándose una lágrima de risa del ojo– Por cierto, si qué fue una gran e interesante venganza–
—Lo sé, lo sé –Digo, tratando de recuperar el aliento– Lyra tiene una forma muy particular de ejecutar sus venganzas.–
Mira que hacer un fanfic Boys Love, No solo conmigo de protagonista, sino también con el mismísimo Mikleo, Regente del Cielo, como el “Pasivo”…
Aunque, considerando cómo es Mikleo a veces, tan dramático y principesco, si le quedaría como anillo al dedo… Ejem.
Y lo peor de todo, lo más demencial, es que el libro dio paso a una posible continuación donde Luciel, el Señor del Infierno, sería el tercero en discordia. Uno que trataría de arrebatarle a “Sariel” a “Mikleo”, no por amor, sino para provocar los celos de este último, para que así le hiciera caso y pudiera obtener un poco de su atención y, posiblemente, de su amor…
Sin duda, un extraño, retorcido y absolutamente hilarante triángulo amoroso.
—Es mejor no hacerla enojar –Digo en un murmullo para mí mismo, una sonrisa formándose en mis labios– Si uno lo hace, corre el riesgo de terminar plasmado en sus libros de una forma no tan bonita–
De verdad, esa chica y sus formas extrañas y divertidas de venganza. Además, es increíblemente inteligente. Pudo haber publicado ese libro mientras estábamos juntos en esos cien mil años de la Era de la Consolidación (sin contar, claro, los treinta y cinco mil que pasamos dentro de la Habitación Blanca), pero no, no lo hizo. Sabía perfectamente que, como castigo, le daría un ligero y juguetón golpe en su nariz. Así que, para evitar eso, aprovechó el momento en que yo ya no estaba con ella para dar rienda suelta a su venganza, y además, lo hizo justo antes de irse de este mundo, alejándose así de mi inevitable castigo.
Pero, te salió mal la jugada, mi amada y adorable Princesa. Porque ahora que finalmente lo recuerdo, recordaré esto. Lo guardaré celosamente en mi memoria. Y cuando vuelvas, te castigaré. Me aseguraré de que no puedas escapar de mi castigo. Jue, jue, jue.
—Haa… –Suspiro, y la sonrisa maliciosa se transforma en una de pura diversión. Vuelvo a la realidad de la biblioteca silenciosa– En fin Oficial, ¿qué tanto fue a buscar?, es más, ¿por qué tardó tanto?–
—Este lugar es un laberinto –Responde él, frotándose el puente de la nariz con cansancio– Además, no sé quién lo diseñó, pero es como si tuviera vida propia. En algunas ocasiones, el tiempo interno se modifica solo con respecto al externo; entras a una sala y sales dos horas después cuando jurarías que solo fueron cinco minutos, o al revés, entras 5 minutos dentro y al salir parecieran 2 horas. Otras veces, se mueven de lugar las habitaciones enteras. Otros días, los objetos que uno guarda en un lugar específico aparecen en otro. Y a veces, la Computadora Central simplemente no reacciona. Es un desastre organizado.–
—Ah… –Desvío la mirada, y una expresión que es una mezcla de diversión y vergüenza ajena se muestra en mi rostro.–
Efectivamente, suena exactamente a algo que Elaine haría. Caótico, impredecible, pero funcional a su extraña manera. Después de todo, ella fue la Creadora de este sitio.
—Así que, después de buscar un buen rato y pelear con un par de estantes que no querían moverse, finalmente encontré lo que fui a buscar –Concluye Leon.–
Asiento en comprensión. Mientras él se acerca, invoco la interfaz de mi Almacén Personal, la guardo en él. Su carta será el nuevo y más preciado artículo que guardaré en mi ahora reestructurado Almacén.
Por suerte, sigue conservando sus funciones avanzadas, como la personalización.
Así que, tras unos toques mentales, asigno su carta a la sección de “Importantes”, y le doy un fondo níveo con marcos de oro celestial para preservarla.
—¿No me dijiste que no tenías poderes? –Pregunta el Oficial Montenegro, deteniéndose al verme interactuar con la interfaz invisible.–
—Le asiento con la cabeza– Sí, pero mi Sistema integrado notó que no podría sobrevivir fácilmente en mi estado actual, así que me concedió algunas buenas habilidades básicas, entre ellas, la del Almacén. Sin embargo, es como entrar a una nueva estancia; mis configuraciones anteriores y todo lo que tenía guardado está bloqueado debido a los severos límites en mi Poder.–
—Oh –Este asiente con la cabeza varias veces, procesando la información– Entiendo. Entonces, si aún funciona, me gustaría que guardaras algunas cosas. Cosas que quiero que le entregues a mi hija en el futuro, cuando sea el momento adecuado.–
—¿Cosas?–
El Oficial Montenegro abre con cuidado la caja de madera ligera que trajo consigo, revelando cinco objetos que descansan sobre un lecho de terciopelo rojo. Hay dos libros de aspecto antiguo, una espada corta y elegante, un arma de fuego más pequeña de lo usual, y una pequeña cajita también de terciopelo, cerrada. Sí, cinco objetos. Se tardó casi dos horas solo para traer consigo cinco míseros objetos.
—Solo 5 objetos… –Digo, frunciendo mi ceño, sintiendo cómo una ola de irritación comienza a crecer en mi interior– ¿Dos horas para esto?–
Ahora es el turno del Oficial de desviar la mirada y mostrarse visiblemente avergonzado.
—Como dije, fue a causa de la Base…–
Suspiro.
Pero es un suspiro de resignación. La ira se desvanece tan rápido como llegó. No debería enojarme. Ni siquiera sé por qué me enojé en primer lugar. Pero, supongo que es porque, a este punto, después de todo lo que hemos pasado esta noche, ya nos llevamos lo suficientemente bien como para que pueda sentirme cómodo enojándome con él, como lo haría con un amigo.
Y eso, extrañamente, me hace sonreír.
—En fin–
Con un suspiro que mezcla resignación y una nueva curiosidad, decido dejar de lado mis pensamientos y centrarme en la tarea que tengo entre manos. El Oficial Montenegro me observa en silencio, esperando. Dirijo mi atención a la caja de madera que descansa sobre la mesa de piedra. Con un gesto, tomo el primer libro.
Su cubierta es de un negro profundo, como la noche sin estrellas, pero brilla con detalles en oro y plata que irradian una fuerza imponente. Es un trabajo de encuadernación de una calidad excepcional; sólido, autoritario, pero con una elegancia innegable. Su título principal proclama en grandes letras doradas en el centro, con una tipografía firme y ligeramente arcaica: SEHWERT. Y justo debajo de esto, en un tamaño más modesto, pero igualmente claro, un complemento lógico después del principal: UNA GUÍA PARA PRINCIPIANTES.
El diseño es una intrincada danza de símbolos que conozco bien. Dos pares de espadas plateadas, finamente detalladas con guardas elegantes, se cruzan de forma prominente, un par arriba del título principal y el otro debajo del subtítulo, representando su naturaleza marcial. Entre las empuñaduras, tanto en la parte inferior como en la superior, un ojo dorado me observa, un ojo vigilante que parece ver más allá de la cubierta, directo a mi esencia. Es el símbolo característico del Reveler, la habilidad fundamental de todos los Mehr-Wissen. Flanqueando estos ojos, tanto arriba como abajo, hay lunas crecientes doradas, orientadas verticalmente, añadiendo un toque de poder místico y celestial. Alrededor de estos emblemas centrales, complejos patrones circulares y espirales plateados se entrelazan, creando una sensación de energía contenida, de poder bajo control.
El borde izquierdo de la cubierta no es liso, sino que presenta una serie de lo que parecen ser robustos broches dorados, cada uno de ellos adornado con el mismo motivo del ojo vigilante, sugiriendo que el conocimiento en su interior está bien protegido. Un grueso marcapáginas de cinta roja asoma tanto en la parte superior como en la inferior, marcando quizás un pasaje de particular importancia.
—”Sehwert: Una Guía para los Principiantes”–
Efectivamente, un libro dirigido hacia los Sehwert, y considerando su título, debe ser el manual de bienvenida para los novatos, los que apenas llegan a este lugar o acaban de Despertar. Un compendio para ayudarles a navegar por el difícil proceso de estabilización que tanto les aqueja.
—Es un libro que todo Sehwert debe tener –Dice el Oficial Montenegro, su voz con un tono de reverencia mientras mira el tomo en mis manos– Aquí se describen en detalle nuestras capacidades, las habilidades que podemos aspirar a dominar, las reglas sagradas que todo miembro de la orden debe seguir, un poco de nuestra verdadera historia, registros excepcionales de otros Sehwert a lo largo de los eones, sus leyendas, entre otras muchas cosas. Es nuestra biblia y nuestro manual de campo, todo en uno.–
Asiento, comprendiendo su importancia. Sostengo el libro con ambas manos, y en lugar de devolverlo a la caja, decido guardarlo yo mismo.
Así, en un instante, todo el libro se desvanece de mis manos, disolviéndose no con un destello, sino de una forma mucho más elegante. Se convierte en decenas de miles de partículas de luz dorada.
Estas partículas giran en una pequeña y silenciosa nebulosa por un segundo, como un enjambre de luciérnagas de oro, antes de contraerse rápidamente y ser absorbidas por la palma de mi mano, desapareciendo sin dejar rastro.
Es un efecto visual propio de la Habilidad de Almacén Dimensional que poseo. Un truco vistoso, pero eficiente. Veo al Oficial Montenegro parpadear, sorprendido por la demostración, a pesar de que ya me había visto guardar la carta. Una cosa es ver desaparecer un sobre, y otra muy distinta es ver cómo un tomo sólido y pesado se convierte en polvo de estrellas y se desvanece.
—Ahora…–
Mi atención se desplaza de nuevo a la caja de madera. El siguiente objeto que tomo es otro libro, pero su apariencia no podría ser más diferente a la del manual anterior. La cubierta es de un blanco níveo, inmaculado, un color de pureza y de comienzos, que contrasta de forma espectacular con los intrincados relieves dorados que la adornan.
El título resalta en letras capitales, doradas, de una elegancia y firmeza que denotan autoridad. Debajo de este, un emblema central captura mi atención de inmediato. Es un ojo estilizado con una pupila dorada, el símbolo inconfundible del linaje Sehwert. Recuerdo que, si bien su marca pasiva es un sutil aro dorado que solo los Surnaturel pueden ver, cuando desatan su poder, su ojo entero se cubre en una cúpula dorada refulgente durante un instante. Este ojo en la portada está enmarcado por una especie de sol radiante, con alas simétricas y angulares que se extienden a cada lado, también de un dorado brillante que parece vibrar con luz propia bajo el resplandor de la biblioteca.
Un marco ornamental, igualmente dorado y con patrones geométricos y florales, recorre todo el perímetro de la portada, con versiones más pequeñas del mismo ojo vigilante repetidas en las cuatro esquinas, como si fueran los guardianes silenciosos del conocimiento contenido en su interior. Debajo del emblema principal, distingo un bloque de texto en una caligrafía más fina y elegante, que parece ser un preámbulo o una cita fundamental de su orden.
El lomo del libro es igualmente majestuoso. También es de color blanco y muestra la palabra “SEHWERT” en grandes letras doradas, junto con una versión más pequeña y detallada del símbolo del ojo alado.
—”Introducción a la Historia de los Sehwert”–
Y tras verlo y admirar su exquisita artesanía, hago lo mismo que con el anterior. Lo sostengo frente a mí, y con un simple pensamiento, invoco el poder de mi Almacén. El libro blanco se desvanece en mis manos, disolviéndose en miles de partículas de luz blanca y dorada, como si se trataran de luciérnagas o de pequeñas hadas luminosas que son liberadas de repente en la quietud de la sala, antes de desaparecer por completo.
—Este especialmente importante –Dice el Oficial Montenegro, su tono volviéndose más serio, el de un maestro a punto de impartir una lección fundamental– Narra la historia de cómo fuimos creados, desde la Era de la Creación. Detalla cómo, junto a otros Mehr-Wissen en el Aynu, estuvimos mil años inactivos tras la finalización de la Era Inclemente, y también todo lo que hemos pasado desde entonces. Cómo hemos evolucionado constantemente para adaptarnos a todo tipo de situaciones, y cómo, al relacionarnos con otros Mehr-Wissen, podemos adquirir sus especialidades.–
Ah, sí. Lo recuerdo bien. Los Sehwert, al ser algo así como un “Beta Tester” en el gran diseño de Astel, tienen activos muchos mecanismos que en otras “versiones” de Mehr-Wissen fueron limitados o eliminados. Entre ellos, su habilidad más formidable y temida: la «Copia Mágica». Consiste en su capacidad innata de copiar los poderes, las habilidades y las especializaciones, no solo de otras criaturas, sino también de otros linajes de Mehr-Wissen. El conocimiento adquirido se guarda en su propio cerebro, para que, cuando el uso de dicha habilidad sea necesario, el propio cerebro la active automáticamente.
Si bien la habilidad base de «Copia» está activa muchos Mehr-Wissen y Surnaturel, la capacidad de almacenar y catalogar un arsenal de habilidades no lo está. Y lo más importante, los Sehwert tienen la capacidad de compartir estas “enciclopedias” de poderes con otros Sehwert, lo que les ahorra todo el arduo proceso.
Aunque claro, para la copia inicial, tienes que pasar un tiempo considerable con quien la persona con quien quieras copiar. Tienes que observarlo, entenderlo, analizar su… básicamente, su ser.
Y no solo tienen «Copia Mágica». También existen variantes, como la «Copia de Habilidades Innatas». Esta consiste en copiar los talentos naturales de las personas. Por ejemplo, si una persona es un buen herrero, un maestro en su oficio, el Sehwert puede copiar su excelente habilidad para la herrería. Aunque claro, y esta es una distinción crucial, que copie su potencial no significa que copie su experiencia. El Sehwert adquiere el “saber cómo”, pero debe aprender por sí mismo a manejar esa nueva habilidad correctamente, a pulirla con la práctica.
También, hay una versión parecida, mucho más cruel y oscura de esta Habilidad, que es el «Robo».
En la «Copia», la habilidad y demás es solo eso, una duplicación, el original no pierde nada. En cambio, con «Robo», la habilidad es extraída permanentemente de la persona y transferida al propio Sehwert. Además, la habilidad introduce un bloqueo permanente en la víctima, por lo que esa persona jamás podría volver a tener esa habilidad o siquiera alcanzar su antiguo nivel, ni aunque lo intente por el resto de su vida.
Pongamos el ejemplo del Herrero: si el Sehwert usa «Robo» en ese maestro, entonces automáticamente todos sus conocimientos y su potencial se verán destruidos. Cuando vuelva a tomar un martillo, se sentirá tan estúpido e inútil que cometerá todo tipo de errores básicos. Y así se quedará para siempre. Por más que intente volver a pulir el arte de la herrería, nunca podrá salir de su propia e impuesta estupidez. Es un destino peor que la muerte para un artesano.
Otra variante parecida es el «Corte», que hace exactamente lo mismo, solo que, en este caso, el Sehwert no podrá acceder a este poder robado. Sin embargo, sí podrá darlo a otro ser, no importa si este es otro Sehwert, un Mehr-Wissen de otro linaje, o incluso un Humano Común. Una habilidad de un potencial para el bien y el mal verdaderamente aterrador.
Y lo peor de todo, es que no existen limitantes inherentes para estas habilidades. Un Sehwert puede usarlas cuando quiera. Lo que deja toda la decisión a este, y el que decida o no usar las variantes más oscuras, depende únicamente de su moralidad.
Por suerte, sí existen castigos. Si a un Sehwert se le descubre usando estas habilidades por su propio egoísmo o avaricia, las autoridades Celestiales de Araboth intervendrán y castigarán severamente al infractor. Primero, con prisión. Segundo, con un bloqueo temporal de un mes de todo su poder. Y tercero, si reincide, con la extracción permanente y dolorosa de su poder Sehwert, convirtiéndolo en un simple humano. Aún así, es algo difícil de identificar, puesto que existen Surnaturel, Dioses, Demonios e incluso Ethenit que pueden hacer esto mismo.
Por suerte para la gente, yo mismo diseñé una contramedida.
Fue después de que un Sehwert, que fingió hacerse mi amigo durante décadas solo para intentar robarse mis Habilidades de creación, revelara sus verdaderas intenciones. Así que, para vengarme, creé un Hechizo de Protección y Rebote llamado “Basta, ratero”. (Sí, me pareció un nombre deliciosamente humillante y gracioso). Este hechizo no necesita ninguna de las cinco Energías Primordiales para activarse, pues puede almacenar Energía ambiental y activarse gracias a esta, por lo tanto, es por esto mismo que suelen convertirse en amuletos de protección muy populares.
¿Cómo funciona? Bueno, cuando el Hechizo se activa ante un intento de «Robo» o «Corte», coloca una barrera impenetrable en el cuerpo del objetivo que impide la extracción y, además, notifica a las Autoridades Celestiales de inmediato, con la firma del Sehwert infractor.
Así que, gracias a este Hechizo, el miedo generalizado por los Sehwert ha disminuido drásticamente.
Y dado que fue una venganza personal, solo limité el Hechizo para que funcionara contra los Mehr-Wissen de este linaje en particular.
Aparte de eso, no afecta a los Sehwert “copiones” que son honestos y piden permiso, ya que eso los dejaría en una seria desventaja.
Siempre hay que ser justo, incluso en la venganza.
—Ambos serán muy útiles para mi hija cuando llegue el momento de su Despertar –Dice el Oficial Montenegro, su voz una mezcla de esperanza y una preocupación paternal que resulta casi palpable.–
—Efectivamente… –Murmuro, mi mirada perdida en los intrincados diseños de los libros.–
Despertar de los Sehwert.
Es un proceso extremadamente doloroso, aunque no tanto como la Ruptura tras alcanzar la Maestría de alguna de las 5 Energías Primordiales. De hecho, muchos Sehwert que, por sus crímenes o mala suerte, han sido enviados al Infierno al morir, dicen que el dolor experimentado durante esas semanas de Despertar es cien veces peor que cualquier castigo infligido en ese lugar de tormento eterno.
¿Por qué es tan doloroso? Bueno, porque es una deconstrucción y reconstrucción a nivel fundamental. Básicamente, todo el cuerpo interno es destruido y rehecho para dar paso a su inmenso poder: los huesos se disuelven y se reforman con una densidad superior, los órganos se licúan y se regeneran para soportar flujos de energía masivos, la piel interna, las células, los tejidos, cada nervio… todo es deshecho y vuelto a crear en una agonía de fuego y renacimiento. Aunque claro, solo la parte interna sufre esta metamorfosis violenta. En el exterior, el único cambio visible es una mejora drástica en la piel, eliminando cualquier imperfección como cicatrices o manchas, pero dejando curiosamente aquellas que enmarcan la belleza única de la persona, como los lunares.
Tras este crisol de dolor, el nuevo Sehwert obtiene una inteligencia superior y, lo más importante, los mecanismos internos necesarios para usar cualquiera de las cinco Energías Primordiales (Mana: Circuitos, Corazón y Círculos de Mana. Aura: Raíces Aureales, Lóbulo y Secciones de Aura. Poder Divino: Circuitos, Corazón y Círculos Divinos. Qi: Meridianos y Dantian. Energía Espiritual: Núcleo, Rotondas y Contratos Espirituales), aunque solo podrán dominar hasta un máximo de tres. Además, reciben mejoras exponenciales en todas sus estadísticas (fuerza, velocidad, resistencia física y mágica, evasión, agilidad) y una agudización sobrehumana en sus cuatro funciones básicas (oído, vista, olfato y tacto). Básicamente, en el lapso de unas semanas, un humano se convierte en el recipiente con el potencial de un Dios Menor.
—Espero que usted esté para ella cuando llegue ese momento –Le digo, mi voz más suave de lo habitual. Sé que, si bien el dolor es inimaginable, la presencia tranquilizadora de un ser querido o de confianza ayuda mucho a soportarlo.–
—El Oficial Montenegro suspira un poco, un sonido cargado de una tristeza que no logro comprender, y niega lentamente con la cabeza–Dado que has vivido tanto tiempo, entonces debes tener muchos conocimientos que no están en los libros.–
—…–
La sorpresa se muestra en mi rostro al verlo actuar así y también al notar cómo ha omitido por completo mi comentario. Hay algo que no me está diciendo.
—Así que, me gustaría que no solo le enseñes en base a los libros que te di –Añade él, su mirada volviéndose increíblemente seria e intensa– Quiero que le muestres o le cuentes tus experiencias luchando contra nosotros. Lo que debe y no debe hacer un Sehwert desde la perspectiva de un adversario. Las verdades que nuestros libros de historia prefieren ocultar y las mentiras que contamos para mantener nuestra reputación. Quiero que ella conozca ambos lados de la moneda.–
Guardo silencio durante unos segundos, sopesando si debo preguntar o no sobre su extraña reacción, sobre ese suspiro y esa negación con la cabeza que parecían tan definitivos. Pero al ver la determinación y la súplica en sus ojos, entiendo que no es el momento.
—Está bien, no se preocupe Oficial, déjemelo a mí –Digo finalmente, mi voz firme, aceptando la inmensa responsabilidad que acaba de depositar sobre mis hombros– Déjemelo a mí. Yo seré su mentor.–
Mi mirada se posa en el siguiente objeto dentro de la caja de madera. Con cuidado, tomo lo que parece ser un arma de fuego compacta, casi del tamaño de una pistola ametralladora. Sin embargo, inesperadamente, tan pronto como la saco de la caja y mis manos la envuelven, siento una vibración y un zumbido de energía. La culata se extiende, el cañón se alarga y el cuerpo del arma se expande con una serie de suaves clics mecánicos, volviéndose más grande y sustancial de lo que ya era. (Sí, por un momento pensé que era una réplica de juguete o un modelo a escala). Tras eso, sostengo el arma en su forma completa: una escopeta de combate táctica, compacta y de líneas agresivas.
Por su configuración, donde el cargador se inserta detrás del grupo del disparador, reconozco de inmediato el diseño bullpup, optimizado para ofrecer un cañón de buena longitud manteniendo un perfil general reducido, ideal para el combate en los espacios cerrados de una ciudad o en pasillos estrechos como los que acabamos de recorrer. Su cuerpo, fabricado con un polímero oscuro, de un negro casi mate que absorbe la luz, le da un aire táctico y funcional, frío al tacto pero diseñado para ser ligero y resistente.
La parte superior del arma está dominada por un riel Picatinny que recorre toda su longitud, listo para acoplar alguna mira óptica avanzada, ya que no distingo alzas metálicas tradicionales prominentes. El cañón es relativamente corto, rematado por lo que parece ser una bocacha diseñada para dispersar el fuego o quizás para romper obstáculos. Una cubierta ventilada de un metal plateado lo rodea, protegiendo la mano del tirador y ayudando a disipar el intenso calor de los disparos rápidos. La empuñadura de pistola es ergonómica, moldeada para la mano, y el guardamonte es amplio, permitiendo su uso incluso con guantes. Pero lo que más destaca es su sistema de munición: un imponente cargador de tambor de alta capacidad que se aloja firmemente en la parte inferior trasera, prometiendo una lluvia de fuego sostenida.
Por su factura, su diseño y, sobre todo, por su mecanismo de compactación, no me sorprendería que proviniera de la ZeriX Weapon Factory, la ZWF de Lan. Seguramente sea la “ZeriX Urban Assailant – Modelo 20”, o “ZUA-20” para abreviar, con un año de fabricación que rondaría el 2020, dada su estética contemporánea y funcional.
Esto, sin duda, es un instrumento claramente pensado para enfrentamientos directos, brutales y contundentes. Un arma para una nueva generación de defensores… o para una joven Sehwert que apenas comienza su camino y que necesita una ventaja abrumadora en un tiroteo.
—Una sonrisa se dibuja en mi rostro al sopesar el arma– Efectivamente, esto sin duda fue creado por ZWF. El mecanismo de disminución de tamaño es algo muy característico de sus armas más recientes. –Digo, mi voz con un tono de apreciación por la ingeniería– Pero sabe usted, Oficial, que las armas de fuego modernas, por muy avanzadas que sean, no tienen mucho efecto sobre los Surnaturel de más allá del Rango C. Incluso por debajo de esos Rangos, ellos poseen Magia, barreras o habilidades que pueden usar para evitar o ignorar los disparos. Y con esta arma que es para combate cercano, no funcionará de mucho si es un Surnaturel capacitado y rápido.–
—Lo sé –El Oficial sonríe con suficiencia, sin mostrar la más mínima sorpresa por mi análisis. Sus ojos, entonces, se dirigen con intención hacia el siguiente objeto que queda en la caja: la espada– Por eso es que, aparte de esa otra arma especial, esa no es la única arma.–
—Jo, jo~ –Al verla, al sentir la leve pulsación de poder que emana de ella incluso dentro de su vaina, mi rostro se ilumina con un interés genuino y una anticipación que no sentía desde hacía mucho tiempo–
Con un gesto de la mano, guardo la escopeta de combate en mi Almacén Dimensional, sus partículas de luz aún danzando en el aire. Inmediatamente después, mi mano se dirige al tercer objeto en la caja: la espada. Al igual que con el arma anterior, tan pronto como la alzo a una altura considerable, esta cobra vida. Con un siseo de energía y un destello de luz azul cian, la hoja se extiende desde la guarda y la empuñadura se ajusta a su tamaño completo, maximizándose hasta convertirse en un sable formidable.
Esta, definitivamente, no es una espada de acero tradicional. Su hoja emite un leve resplandor propio, de un azul frío, como si estuviera hecha de algún tipo de cristal energético o un metal imbuido con tecnología arcana. Es larga, de un solo filo, con una ligera y elegante curvatura que le da una silueta veloz y letal, reminiscente de un sable de energía o una katana estilizada del futuro. La hoja en sí es de un tono metálico pálido, casi plateado, y a lo largo de su espina dorsal se aprecian unos intrincados calados geométricos que parecen vibrar con la misma luz azulada que recorre el filo. Un filo que, a simple vista, parece inhumanamente agudo, capaz de cortar la misma luz.
La guarda es minimalista, una pieza de polímero oscuro y anguloso que fluye orgánicamente hacia la empuñadura. Esta última, también de materiales compuestos oscuros, está claramente diseñada ergonómicamente para un agarre firme y preciso a una o dos manos. No hay ornamentación superflua en su diseño, solo funcionalidad y una estética letal y refinada.
Reconozco el material al instante. Está hecha de Derenkel, una aleación casi mítica creada en los laboratorios de Lan. Un material parecido al grafeno en cuanto a su increíble dureza, más filoso que la obsidiana volcánica, similar al oro en cuanto a su maleabilidad durante la forja, y parecido al algodón en cuanto a su asombrosa ligereza. Con solo observar la hoja, se puede sentir el filo poderoso. Con solo cargarla, se siente tan ligera que desafía la lógica. Y con sólo tocarla, se puede sentir la dureza inquebrantable de su superficie.
El estilo futurista, junto con su mecanismo de achicado y agrandado, indica claramente que también fue creado por la División Armamentística de Lan Companies, la ZWF. Por su diseño, seguramente sea la “ZeriX ‘Nova-Edge’ Saber – Mark III”, o “ZENS-III” para abreviar. Y su diseño sugeriría una fabricación reciente, quizás del año 2023 o 2024. Es un arma que habla de precisión y de tecnología punta, un instrumento concebido no para el choque bruto de espadas, sino para cortes rápidos, limpios y absolutamente decisivos.
Sin duda, una herramienta formidable en manos de alguien entrenado, y un desafío interesante para una Sehwert novata que deba aprender a canalizar su energía a través de un conducto tan… particular.
O eso sería… si no fuese una copia barata.
Al canalizar una minúscula, casi imperceptible, fracción de mi energía en la empuñadura, lo siento. La resonancia es hueca, imperfecta. El flujo de energía dentro de los calados de la hoja no es limpio; la luz azul parpadea de forma casi invisible, es inestable. El Derenkel es de una aleación inferior, carece de la densidad conceptual y la pureza del material original. Es una imitación experta, sí, una que engañaría al noventa y nueve punto nueve por ciento de los seres de este mundo. Pero una imitación, al fin y al cabo.
—¿Dónde consiguió esto? –Digo, mi tono perdiendo toda la admiración anterior y volviéndose plano y analítico. Dejo la espada sobre la mesa de piedra con un cuidado que no merecía.–
—Un amigo Sehwert me lo vendió a 100 millones de Obleones –Explica él, su voz aún con un matiz de orgullo por la supuesta adquisición– Según él, esta arma era una de las primeras que la ZWF había diseñado, una pieza de coleccionista. Y como él tenía contactos en la fábrica, pudo permitirse obtener una.–
¿Qué es ese sentimiento? ¿Decepción?
Nooooo… Justo cuando el Oficial Montenegro empezaba a convertirse en mi héroe personal, un guardián sabio y preparado… resulta que es tan crédulo como un simple mortal.
—Él nota el cambio en mi expresión. La sonrisa orgullosa en su rostro vacila y luego se desvanece por completo.– Déjame adivinar…, ¿me estafaron, cierto? –Pregunta, su voz ahora desprovista de toda alegría–
—Efectivamente –Respondo, sin endulzar la verdad– Si bien el diseño es idéntico a una ZENS-III original, claramente es una copia. Una muy buena, debo admitir, pero una copia al fin y al cabo. Aunque contiene Derenkel, mis sentidos me indican que es apenas un veinticinco por ciento de la aleación correcta. El resto son materiales de metales de baja calidad, pero pulidos y encantados para hacer parecer que son de gran calidad para un ojo no experto.–
—Un largo y pesado suspiro de resignación sale de la boca del Oficial Montenegro. Se pasa una mano por la cara, la viva imagen de la frustración.– Con razón –Dice, negando con la cabeza– No le digas a mi hija sobre esto, ¿de acuerdo? No quiero que piense que su Padre es un idiota por dejarse estafar de esta manera.–
—Sonrío, esta vez con una genuina diversión y un poco de compasión– Lo haré. Su secreto está a salvo conmigo. Pero si alguien más con el conocimiento adecuado lo descubre, no seguiré ocultándolo. –Lo siento, Oficial, pero si bien puedo ser un aliado, cuando otros me atrapan en una mentira, suelo decir la verdad.– Al menos, le ayudará un poco en lo que consigue una mejor arma–
—Contactaré más tarde con mi Madre, digo, con la Matriarca Montenegro, para que le consiga a mi hija una mejor arma. Con los recursos que poseemos los Montenegro, conseguir una ZENS-III auténtica será pan comido –Dice él, su tono cambiando de la resignación a una fría determinación. El padre avergonzado ha desaparecido, y en su lugar ha surgido algo más– Y además, también contactaré con mi sobrina, Olivia, para que demande a ese tipo. Por más dinero que tengamos, no soy de los que se permiten ser estafados y no impartir un castigo adecuado.–
Montenegro.
He escuchado de ellos
Son una de las Siete Familias Fundadoras de la República Central, junto a los Castillo, los Vega, los Cervantes, los Medici, los Rockefeller y los Lafayette. La vieja aristocracia, los pilares sobre los que se construyó esta nación.
Supongo que han de tener mucho poder e influencia en este mundo. Aunque bueno, realmente, en el gran esquema de las cosas, eso a mí no me interesa.
—Sí, sí, sí –Digo mientras mi mano se dirige al último contenido de la caja de madera, mi curiosidad ahora completamente avivada.–
El último objeto de la caja es una cajita pequeña, cuadrada, forrada en un terciopelo negro tan profundo que parece absorber la luz. Su textura es suave y lujosa al tacto. Es el tipo de estuche clásico que, sin lugar a dudas, guarda una joya de gran valor. Una caja que reconozco perfectamente.
—Pero miren esto –Digo al ver el contenido interior–
Tras abrirla con un gesto cuidadoso, mis ojos se posan sobre un anillo que descansa en un nido de satén. Es una pieza considerablemente sólida, de un diseño moderno y angular, forjada con un metal negro que no refleja la luz, sino que parece devorarla. Es Cistacero, seguramente. Reconozco de inmediato este metal raro, creado durante la Era del Caos por las constantes explosiones de Magia pura. Adquirió entonces propiedades espaciales únicas, la capacidad de abrir y estabilizar sus propios y pequeños espacios privados, bolsillos dimensionales donde las leyes del mundo normal, como el paso del tiempo, no existen.
Al continuar viéndolo, noto que en el centro del anillo se yergue una gema principal, de un corte marquesa, larga y afilada. Su color es un verde azulado tan oscuro que parece contener una galaxia en su interior. A lo largo de la banda, con su acabado pulido y mate que le da un aire discreto y elegante, se aprecian varias gemas más pequeñas de un azul intenso, como zafiros extraídos de un corazón de estrella o diamantes teñidos por alguna alquimia arcana. Están talladas con una precisión exquisita e incrustadas de tal forma que parecen pequeños portales a un cielo nocturno. Y tras verificar su resonancia energética, estoy seguro de lo que son: Piedras Espaciales y Temporales, que, al unirse en un solo artefacto, potencian el poder de este artículo a niveles asombrosos.
—Efectivamente, Lan, aunque sea un pesado y un entrometido, sí que sabe cómo hacer o encargar buenas cosas. No por nada es conocido por usar su fortuna casi infinita para concentrarse en la calidad impecable, en vez de en la ganancia masiva –Me digo para mis adentros, con un deje de respeto a regañadientes.–
Después de otros segundos más de observación, una sonrisa divertida se dibuja en mi rostro al reconocer el propósito del Artículo: un Anillo Almacén. Creado por Arcane Industries, una empresa con dos mil años de existencia y un monopolio exclusivo en el Altern, específicamente en el Imperio de Aetherion (gobernado también por Lan). Es una empresa que se dedica a la creación y fabricación de Artículos Mágicos de alta gama.
Considerando que la Habilidad innata de Almacén Dimensional pocos la tienen, seguramente lanzaron esto al mercado para todos aquellos que querían una versión parecida, y siempre y cuando, claro está, pudieran pagarla.
Este Anillo Almacén, llamado antiguamente en los círculos arcanos como la “Sortija de Reserva Arcana”, definitivamente será una herramienta muy útil para una Sehwert novata. Una que necesitará acceso constante a todo tipo de artículos (pociones, munición, antídotos, armas secundarias) para combatir contra sus enemigos, sin el estorbo de tener que cargarlos físicamente. Es, en esencia, la pieza final de un equipo de inicio perfecto.
—Oficial, ¿Y esto? –Pregunto, volviendo a colocar con cuidado el Anillo Almacén en su cajita de terciopelo.– ¿También se lo doy a su hija?–
—Por supuesto–
Es hora de activar mi modo comediante.
—Una sonrisa cargada de una burla muy contenida se esboza en mis labios. Adopto un tono de profunda y seria confusión– Oficial, con todo el debido respeto que su linaje y su posición merecen, pero ni siquiera me ha presentado usted formalmente a su hija. Es una total desconocida para mí. ¿Y aun así quiere que, sin más, le proponga matrimonio con este anillo? –Hago una pausa dramática, fingiendo sopesar la situación– Además, no recuerdo haber hecho nada para que la honorable casa de los Montenegro estableciera un matrimonio concertado conmigo.–
—El Oficial Montenegro frunce el ceño, su expresión pasando de la seriedad a la más pura estupefacción en un segundo– ¿Cuándo demonios dije yo que era un anillo de matrimonio? –Pregunta, su tono ahora cargado de un genuino y casi ofendido disgusto– ¡Es un anillo especial que compré, un Anillo Almacén! ¡Es como esa Habilidad que tienen algunos, para guardar cosas!–
—Pffft –Sin poder evitarlo más, suelto esa risa contenida, que rápidamente se convierte en una carcajada abierta y sonora–
Definitivamente, es gracioso verlo así de alterado.
Y sobre la chica, su hija, realmente no me interesa en un sentido romántico.
No estoy buscando una nueva mujer en estos momentos. Ya tuve suficiente con el torbellino de Astel, la traición calculada con Lilian y la agridulce y apasionada historia de Lyra.
Por ahora, solo quiero concentrarme en cumplir mi parte del trato: hacer mi papel de Guía, Guardián y Maestro.
Además, dudo que realmente pueda establecer una relación seria con nadie, no con este corazón de piedra.
Y si bien es cierto que no he tenido sexo desde hace cincuenta años, por lo que podría seducirla para hacerlo con ella, por el respeto que le he tomado al Oficial, he decidido no hacer eso.
(¿No se lo esperaban, verdad? Ya sé. Yo, que he sido un mujeriego consumado durante eones, diciendo que no intentaré nada con una mujer que, por circunstancias, se me presenta casi en bandeja de plata. Esto es algo increíble de creer. ¿Qué sigue? ¿Me volveré monje?).
Así que, como solución para liberar esta represión, tan pronto como tenga algo de dinero (ojalá me paguen por este trabajo de niñera), iré a un buen burdel cercano a liberar toda esta frustración contenida.
—Pero ya hablando en serio Oficial –Digo, mi tono volviéndose práctico para sacarlo de su enfado– Ni siquiera me ha presentado a su hija. No sé cómo se ve, así que me será muy difícil cumplir mi promesa de protegerla y guiarla sin esa información tan básica. Lo único que sé de ella es que está por cumplir los veinticinco años, pero hasta ahora no le he escuchado decir su nombre, y mucho menos he visto una imagen.–
—Oh, es verdad –Dice él, parpadeando como si saliera de un trance. Se pasa una mano por la cara, la vergüenza reemplazando su enfado– Tienes razón. Se me olvidó por completo con esto de esos Demonios, buscar lo que quiero que le des y todas las demás cosas que hemos hablado.–
—Asiento, comprensivo– No importa –Digo– Entonces, ¿puedo ver de quién se trata?–
El Oficial Montenegro asiente y saca su teléfono del bolsillo de su pantalón. Es un aparato moderno y elegante que desentona maravillosamente con el ambiente milenario de la biblioteca. Lo desbloquea, su pulgar tocando y deslizando la pantalla de un lado a otro y, tras unos pocos segundos de búsqueda, me lo muestra.
—Esta… es mi niña –Me dice él, y todo el rastro del oficial severo, del noble poderoso y del hombre estafado se desvanece por completo. El rostro que me mira ahora es simplemente el de un padre, y en él, se enmarca un orgullo tan inmenso y un amor tan profundo que podrían iluminar la habitación por sí solos.–
Con un gesto, el Oficial Montenegro me acerca su teléfono. La pequeña pantalla rectangular brilla con una intensidad sorprendente en la penumbra de la vasta biblioteca, un portal moderno en medio de un mar de conocimiento antiguo. Me acerco para visualizar la imagen mostrada, mi curiosidad ahora mezclada con un sentido de la responsabilidad que acabo de aceptar.
La mujer en cuestión, su hija, tiene un cabello ondulado y de un largo que parece rozar sus hombros o caer un poco más abajo. La fotografía capta su apariencia natural y con un cierto volumen, como si el viento acabara de jugar con él. Su color es lo que primero me causa una momentánea duda; bajo la luz de la pantalla y la innegable calidad de la fotografía, se presenta como un rubio muy claro, quizás cenizo o con reflejos dorados tan pálidos que casi parecen plateados. Sin embargo, no podría descartar del todo que sea un blanco plateado muy tenue, un color que a menudo juega con la iluminación de esta manera. Es un cabello hermoso, sin duda.
Tiene un rostro de facciones delicadas y una forma algo ovalada, con una piel pálida que parece casi de porcelana, lisa y sin imperfecciones. Su nariz es recta y proporcionada, y sus labios tienen una plenitud natural, ni muy finos ni exageradamente gruesos. Pero son sus ojos los que capturan toda mi atención. Son grandes, de un color rojo intenso, como dos rubíes encendidos. Esto me parece muy curioso, pues en todas mis eras, he sabido que pocos humanos nacen con un color de ojos rojo natural. Y aquellos que lo tienen, según las supersticiones más antiguas y arraigadas, son considerados portadores de una maldición o de una bendición muy peligrosa.
No obstante, más allá del color, sus ojos parecen transmitir una mirada directa, inteligente y quizás profundamente pensativa. No es una mirada vacía. En la expresión general que capta la fotografía, percibo una extraña y cautivadora mezcla de juventud y una latente seriedad, o tal vez una calma expectante, como la de alguien que sabe que está destinado a algo más grande y simplemente está esperando el momento. Viste con una sencillez elegante: una camisa blanca abotonada y un saco oscuro, una vestimenta que sugiere profesionalismo y una mente ordenada.
De hecho, me recuerda un poco a ciertas mujeres con las que me he encontrado, pero, será mejor no decir esto en voz alta. Ya hice una broma de mal gusto antes, no quiero que el Oficial se enoje o se preocupe innecesariamente por viejos cuentos.
—Hmm –Lo primero que hago tras ver la imagen es dirigir mi mirada al Oficial y después de vuelta a la mujer en el dispositivo, comparando sus rasgos una y otra vez. Una sonrisa divertida, mezclada con incredulidad, se forma en mi rostro– Oiga, Oficial… No es por decir cosas extrañas, pero su hija…–
—Salió igual a su Madre –Responde el Oficial Montenegro de inmediato, sin un atisbo de sorpresa, adivinando y adelantándose exactamente a lo que quería decir.– Y antes de que preguntes, sí, te aseguro que también es mi hija. Lo sé porque le hice una prueba de ADN en cuanto nació. Aunque esto último fue más idea de su Madre, para que los demás miembros de la familia y chismosos no dijeran nada debido a su apariencia tan particular.–
—Ehhh…–
Curioso, bastante curioso.
Dije antes que me recordaba a ciertas mujeres de mi pasado, y sí, puedo decir que definitivamente la hija del Oficial Montenegro es un poco parecida a la estirpe de las Brujas Blancas, las Hexreisan. Una leyenda que se ha transmitido con temor tras la finalización de la Era del Caos, que habla sobre mujeres de cabello blanco o plateado, piel nívea y ojos rojos, que supuestamente transmiten muerte y maldición por donde pasan… Pero como también dije antes, me guardaré ese comentario para mí.
—Es raro encontrar a una Humana de ojos rojos –Digo en su lugar, mientras sigo observando la foto con fascinación– Bueno, ojos rojos naturales obvio–
—Lo sé, y como dije, ella es una copia exacta de su madre –Confirma él, su voz teñida de una nostalgia que reconozco bien– Cabello blanco como la nieve, ojos rojos como rubíes, piel pálida. Una belleza de otro mundo.–
—Oh… –Curioso, muy curioso–
¿Será una coincidencia?
Lo dudo mucho. Pero, si no lo es, entonces debo felicitar sinceramente al Oficial por haber conquistado el corazón de una Hexreisan. Esas mujeres, por lo que sé, jamás han sido vistas con un hombre a su lado. Muchos lo intentaron, desde reyes hasta hechiceros, pero todos acabaron muertos o con el corazón y el orgullo rotos.
Excepto por mí, claro está. (Sí, debo admitir que me acosté con varias de ellas a lo largo de los siglos… A este punto ya deberían saber que me he acostado con casi cualquier mujer hermosa que se me presente).
Lo cual en sí también es curioso, pues todos decían que las Hexreisan eran como robots, autómatas sin sentimientos, con expresiones frías pero también vacías, como si no tuvieran Alma. Sin embargo, cuando estaban conmigo, sus ojos siempre estaban cargados de un cariño y una calidez difíciles de ocultar. Además, eran sumamente apasionadas en la intimidad, como si desearan fundirse conmigo o desahogar una vida entera de emociones contenidas.
Y no solo pasaba esto con una, sino con todas (desde que aparecieron, calculo que me he acostado con al menos mil Hexreisan).
Así que, ¿por qué habrá sido eso? Un misterio para otro día.
—A todo esto, ¿cómo te llamas? –Pregunta el Oficial, su voz sacándome bruscamente de mis profundos y algo lascivos pensamientos.–
Con su pregunta, vuelvo de golpe a la realidad. Fijo mi mirada en él y sonrío.
—Yo también iba a preguntarle lo mismo, –Respondo, mi tono un poco juguetón– P, sobre su hija, obviamente –Él ya se presentó antes, así que eso no tiene sentido preguntarle de nuevo su nombre–
—Su nombre es Salieri –Responde el Oficial, y el orgullo paternal vuelve a su voz– Salieri Montenegro Neiruk. Montenegro por mi apellido, y Neiruk por el de mi esposa–
—Escuchar su nombre me sorprende, pero solo por una cosa– Digo, la coincidencia resultando demasiado llamativa –Digo– Yo me llamo Sariel–
Sariel > Salieri.
Si se fijan bien, tienen mucha similitud tanto en fonética como en escritura.
—Es cierto –Dice él, asintiendome– Por cierto, ¿Solo Sariel?, ¿no tienes apellido?–
—Niego y asiento con la cabeza, un gesto que lo confunde por un momento– Tengo, pero es un tabú decir nuestros apellidos a otros, únicamente se puede hacer con nuestras Parejas Destinadas –Una tontería, lo sé, aunque antes de la implementación del Sistema no era así, por lo que supongo que es un nuevo método de seguridad de Aracne.– Y, para ser precisos, solo si estoy en una relación romántica activa con mi Pareja Destinada.–
Aunque digo que es un tabú sobre solo estando en una relación romántica con una Pareja Destinada, pues realmente no es tan estricto. La regla tiene una cláusula de excepción no escrita: se puede decir a alguien con quien uno haya tenido una relación profunda y significativa, aunque siempre y cuando sea de nuestra preferencia sexual (yo, como soy heterosexual, claramente esa excepción aplica solo a las mujeres que han sido importantes para mí).
Por esto mismo es que tanto Lyra como Lilian también saben mis apellidos, aparte de Astel, que fue la primera en conocerlos.
Lo que sí es un tabú completo, y romperlo conlleva un castigo severo por parte de la propia ley cósmica, es revelar los apellidos a alguien más que no esté dentro del contexto anterior (Pareja Destinada o alguien aceptado por el Sistema). Únicamente se puede hacer entre Dioses Dimensionales de Alto Nivel, o entre otros que ya lo saben por derecho propio. (Por ejemplo, Lyra puede decirle a Lilian o a Astel mi nombre completo, y eso es aceptable. En cambio, si Lyra quisiera decirle a la Señorita Montenegro mis apellidos, entonces ahí sí estaría rompiendo las reglas de forma grave).
—Entiendo –Dice él, su voz con un matiz de comprensión, probablemente sabiendo las complicadas reglas entre nosotros–
—En fin, su hija es bastante hermosa, eh. –Digo sin rodeos, cambiando el tema a uno más ligero, mi modo comediante activándose de nuevo– No estaría mal elegirla para que sea mi pareja –Le lanzo una mirada pícara– Quien sabe, tal vez incluso termine convirtiéndose en mi nueva Pareja Destinada –Bromeo, soltando una risita–
—El Oficial Montenegro frunce el ceño al instante, su expresión protectora activándose como un escudo– Ni lo sueñes, no quiero que un anciano mujeriego corrompa a mi pequeña –Dice él, su voz una mezcla perfecta de seriedad paternal y diversión contenida.–
—Oh vamos Oficial –Al instante, hago un puchero exagerado– Aunque sea déjeme conquistar un poquito su corazón. Prometo tratarla bien si lo logro.–
—No –Responde con una firmeza que no admite réplica, aunque una sonrisa se esconde en la comisura de sus labios, incluso hasta puedo decir que hizo una leve inclinación de su cabeza– Además, ya tiene Prometido. Las Familias Montenegro y Rockefeller tienen un matrimonio concertado desde antes de que ella y Calix nacieran, para fortalecer los lazos de la República.–
—Ush, que desperdicio –Digo, refunfuñando con dramatismo– Ya es el Siglo 21…, o Siglo 171 según el Viejo Calendario, ya no es época para matrimonios concertados–
—Puede que para las personas comunes esto no aplique, pero para la Nobleza y la Alta Sociedad de este mundo, es una existencia que seguramente siga presente durante mucho tiempo ––El Oficial suspira, su expresión volviéndose un poco más sombría– No me gusta, te seré sincero. Pero como es un matrimonio concertado por mi propio Padre, es algo casi inevitable. Incluso probablemente después de lo que pasó con ese bastardo de Calix…–
—¿Bastardo de Calix?, a ver Oficial, cuente el chisme –Modo chismoso activado–
—No –Responde él, cortante, pero con un brillo divertido en los ojos. Mi modo chismoso desactivado de manera forzosa–
—Ush –Refunfuño, recostándome de nuevo en el sofá.–
Aunque diga todo eso, como ya he reflexionado antes, no me interesan las relaciones en este momento, y menos tener algo con una Humana, por muy especial que sea. Después de todo, el amor entre un ser inmortal y uno mortal es una historia que casi nunca termina bien, principalmente por la cruel e implacable cuestión de la edad.
A menos, claro, que el mortal logre trascender, como lo hicieron Lilian o Lyra. Sin embargo, dudo que la Señorita Montenegro quiera o pueda hacer algo así. A diferencia de las otras dos, que no tenían familias ni nada que las atara a un pasado, esta chica sí tiene personas que la quieren y, además, un apellido de peso que la respalda.
—En fin, pasando a otros tem-…–
Ring, ring.
Justo cuando iba a preguntar algo más con respecto a la Base y su propósito, el sonido agudo y electrónico de una llamada comienza a resonar en la habitación, sobresaltándonos a los dos y rompiendo la atmósfera de calma.
—Hmm–
Tras sacar su teléfono del bolsillo, el Oficial Montenegro mira la pantalla, su expresión cambiando inmediatamente a una de seriedad profesional.
—Es de la Comisaría de Melbury –Me dice él, mientras su dedo desliza la pantalla para responder– Oficial Montenegro del Departamento de Policía del Distrito de Morian, ¿cuál es la situación? –Pregunta este, tras presionar el altavoz, permitiéndome escuchar con claridad lo que dicen al otro lado.–
—Oficial, hay múltiples reportes de disturbios en el centro recreativo a las afueras de la Ciudad de Melbury, el que está ubicado en Vía Centinela del Alba, sin número, en la Colonia Los Arrayanes. –La voz de un hombre, probablemente de entre unos treinta y treinta y cinco años dado el tono, se escucha al otro lado, con un deje de estrés y confusión– De hecho, señor, no sé si lo vaya a creer, puesto que nosotros aquí en la Sede de la Policía de Centralia, tampoco lo creemos del todo, pero aun así…–
—Adelante, dime, no importa si no suena creíble –Responde Leon, su voz firme.–
—Bien. Varias llamadas de pánico de personas cercanas dicen que un espectro o una especie de caballero fantasma estaba destruyendo todo lo que encontraba. Árboles arrancados de raíz, gradas de hormigón destrozadas, porterías de metal retorcidas, postes de iluminación derribados, vallas hechas añicos. Ha volcado y destruido bancos, fuentes de agua e incluso ha levantado partes enteras de las calles del lugar. –Por su tono, puedo notar que el hombre al otro lado del teléfono no cree ni la mitad de lo que está diciendo.–
—¿Espectro? –Pregunta el Oficial. Hay algo en esa descripción que tenía una coherencia alarmante.–
—Así es Oficial –Continúa el hombre al teléfono– Según los informes de algunos testigos, vecinos y personas que pasaban por allí haciendo ejercicio o volviendo a casa, y que lo vieron de lejos, dicen que se trata de un hombre muy alto, de más de dos metros, de complexión robusta. Según el tipo de vestimenta, parece que lleva una armadura metálica completa de estilo antiguo y porta una espada grande y ancha de un color oscuro, una que podía manejar con pasmosa facilidad.–Hace una pausa, como si reuniera el valor para decir la parte más extraña– Sin embargo, lo más particular de todo esto, el detalle en el que todos los testimonios coinciden, a pesar de que la información anterior varía un poco, es que en su cabeza… o más bien, en el lugar donde debería estar su cabeza, lo único que no cambia es esa extraña lámpara de estilo antiguo, que emite una luz constante y parpadeante de una extraña tonalidad amarillenta.–
El Oficial Montenegro y yo nos miramos en el mismo instante.
El color se ha drenado de su rostro. Desde antes ya estábamos infiriendo algo con la descripción del otro policía, pero tan pronto como escuchamos lo de la “lámpara”, los dos supimos, con una certeza absoluta y heladora, de quien se trataba.
—Enviamos una Unidad a investigar el lugar desde hace media hora, pero hasta este momento no tenemos ninguna respuesta de ellos. No responden a nuestras comunicaciones –Menciona la persona al otro lado de la llamada, su voz teñida de una creciente ansiedad– No sabemos si es solo una broma pesada o si es de verdad la información de esos civiles, pero aquí en la Estación Central, varios de los chicos nos dijeron que, en vez de enviar más refuerzos, lo mejor era comunicarnos con usted, Oficial. Que usted sabría cómo manejar esta situación.–
Efectivamente, ‘esos chicos’ seguramente son Kehrseite o Surnaturel que trabajan en la policía, y probablemente sepan lo que es realmente el Oficial Montenegro. Por ende, tienen toda la razón en dirigir una situación de esta magnitud a alguien que sepa sobre estas cosas, en lugar de enviar a más mortales a una masacre segura.
—Entendido. No estoy muy lejos de la ubicación. Iré ahora mismo para allá –Dice el Oficial, su voz volviéndose dura como el acero, el Comisario tomando el control por completo– Así que estén atentos a mi llamada por si algo pasa.–
—De acuerdo Señor–
Al verlo, tras colgar la llamada y dirigirse con determinación hacia la salida, con sus ojos llenos de una resolución inquebrantable, intervengo rápidamente, poniéndome de pie.
—Oficial, ¿de verdad piensa ir? –Pregunto, y esta vez mi tono no es de curiosidad ni de burla, sino de genuina y profunda preocupación– Como le dije antes, estos tipos no son débiles. Y si bien Lumen es el más débil de los tres, su poder es, como mínimo, el de un Rango Conde en la Escala Demoníaca. Para que se haga una idea, eso es equivalente a un Mehr-Wissen de Rango SSS, o a un Usuario Enial de Rango S. Es una amenaza de nivel nacional.–
Rangos Demoníacos:
Infante, D, C, B, A, S, SS, SSS, Barón/Baronesa, Conde/Condesa, Marqués/Marquesa, Duque/Duquesa, Rey/Reina y Emperador/Emperatriz. .
¿Existen más allá?
Claro, están los Sibilinos, Arcanos, Primordiales y Semidioses Demonios. Este último rango alcanza un poder comparable al de un Azelvi, como Mikleo o el propio Luciel, o también al de un Semidiós Celestial en su máximo poder. Y si bien son extremadamente raros, eso no significa que no existan.
Un ejemplo perfecto de esto es Cedric, mi Mayordomo Personal en el Gran Ducado de Lumière. Cedric es un Semidiós Demonio, mismo que una vez destruyó una utopía con solo blandir su espada unas pocas veces.
Me costó un trabajo inmenso mantenerlo y entrenarlo, pues al principio, tras crearlo, era muy rebelde y se negaba a seguir mis instrucciones. Hubo batallas que hicieron temblar a países solo para poder forzarlo a obedecer.
Por suerte, ahora es demasiado leal. Tan, tan leal que, a veces, hasta a mí me da un poco de miedo.
—No te preocupes –Responde el Oficial Montenegro mientras dirige su atención y camina nuevamente hacia la caja que había traído consigo. Su sonrisa de suficiencia ha vuelto, y esta vez, intuyo que está justificada– Tengo a este bebé para ayudarme–
Para mi sorpresa, el Oficial quita lentamente el “piso” de madera de la caja que había traído. Se desliza a un lado sin hacer ruido, revelando un compartimento oculto y acolchado debajo de esta. Y en su interior yace algo bastante interesante. Algo que hace que mis pupilas se dilaten por la emoción.
—¿Eso es…? –Mi voz se apaga, mis ojos brillando con el interés de un verdadero conocedor de armamento, mientras este lo saca con sus manos–
Tras tomarlo, y que nuevamente se expanda, se revela como un fusil largo, imponente, con un diseño que grita “tecnología de punta”. Su cuerpo es una amalgama de polímeros oscuros de grado militar y secciones metálicas de un titanio plateado, con líneas angulosas y una construcción que sugiere una enorme potencia contenida. El cañón, o más bien el proyector, es notablemente largo y robusto. No es como el de un arma de fuego convencional, sino que parece un acelerador lineal o una serie de bobinas electromagnéticas carenadas, diseñadas para lanzar un proyectil a velocidades hipersónicas. Aprecio lo que parecen ser disipadores de calor o ventilaciones a lo largo de su estructura, un claro indicativo de la cantidad de energía que esta arma debe manejar para no fundirse.
La culata es sólida y ajustable, diseñada para absorber un retroceso que imagino considerable. La empuñadura de pistola es grande y ergonómica, preparada para un agarre firme y estable. Encima del cuerpo principal, distingo un sistema de mira avanzado, probablemente una óptica integrada con un módulo de adquisición de objetivos, algo esencial para un arma de este calibre y alcance potencial. Y finalmente, hacia la parte delantera, debajo del cañón, hay una sección abultada que alberga el mecanismo de la célula de energía de alta capacidad, el verdadero corazón del arma.
—Railgun –Murmuro, mi voz una mezcla de asombro y respeto mientras mis ojos recorren cada detalle de esa poderosa arma.–
Así es. Se trata de la “ZeriX ‘Javelin’ Kinetic Rifle – Modelo K24”, abreviado como “ZKJR-K24”, o, mejor conocida entre el público como Railgun.
El arma número uno entre los Mehr-Wissen, la favorita de la gran mayoría que puede permitírsela y, sobre todo, que puede usarla, pues es capaz de matar a un Surnaturel de hasta Rango SSS con un solo disparo. Y cuando digo Rango SSS, me refiero a un nivel de poder que abarca una escala aterradora. (Siendo Infante, Blanco, Negro, F, E, D, C, B, A, S, SS, SSS, Bronce, Plata, Oro, Diamante, Desgracia, Desastre, Calamidad y Caos todos los Rangos de los Surnaturel).
Sin embargo, tal poder tiene un coste. La Energía que necesita por cada disparo es absurdamente alta, requiriendo un total de veinticinco mil puntos de energía concentrada. Algo que solo conseguiría un Mehr-Wissen de Rango S o superior.
(Siendo Iniciado, Blanco, Negro, F, E, D, C, B, A, S, SS, SSS, Noble, Rey, Emperador, Santo, Sabio, Versado, Maestro y Semidiós dichos Rangos).
O, en su defecto, un Usuario Enial de Rango Platino o superior.
(Siendo Aspirante, Iniciado, Principiante, Negro, Blanco, Cobre, Bronce, Plata, Oro, Platino, Diamante, S, SS, SSS, Santo, Sabio, Versado, Maestro, Gran Maestro y Semidiós, los rangos de estos).
—¿Puedo? –Digo, mi voz apenas un susurro de reverencia mientras extiendo mis brazos. La belleza funcional del arma es innegable.–
—Me ofenderla qué no me lo pidieras –Responde el Oficial Montenegro, una sonrisa de entendimiento entre conocedores en su rostro. Con cuidado, me entrega el pesado fusil.–
Durante los siguientes segundos, me encargo de verla por todos lados. El peso es considerable, pero está perfectamente equilibrado. La sensación del polímero frío en mis manos, el acabado del metal, la precisión de cada pieza… es una obra maestra de la ingeniería armamentística. Rara vez puedo ver una de cerca, y no podía desaprovechar la oportunidad. Mi admiración, sin embargo, da paso a una pregunta práctica.
—¿Podrá activarla? –Pregunto, levantando la vista del arma para mirarlo directamente. Lo hago con todo el tacto posible, pues recuerdo perfectamente lo que me dijo en la prisión, sobre la pérdida de sus capacidades mágicas, de su Corazón de Mana y su Lóbulo de Aura destrozados. Un arma así requiere una fuente de energía masiva.–
El Oficial Montenegro, sin inmutarse, sin mostrar la más mínima sorpresa por mi pregunta, simplemente sonríe. Con una calma absoluta, saca un pequeño cristal de un bolsillo reforzado de su saco. No, no es un cristal natural. Es un cubo perfecto, no muy grande, quizás del tamaño que cabría cómodamente en la palma de una mano. Su superficie es lisa, de un material oscuro, casi como la obsidiana, que no logro identificar del todo, pero está intrincadamente grabada con lo que parecen ser patrones geométricos o runas estilizadas de un circuito de poder.
Estas líneas no son meros grabados; en cuanto el cubo entra en contacto con el aire de la biblioteca, comienzan a pulsar con una suave luz interna, de un tono azulado pálido, delatando la inmensa cantidad de energía de Maná contenida en su interior. No veo puertos de conexión obvios ni cables, lo que sugiere un sistema de acoplamiento inductivo o algún tipo de interfaz energética sutil.
Además, en el instante en que lo veo, el dispositivo me resulta familiar. Este tipo de tecnología es algo que reconozco perfectamente, pues son una creación de Arcane Industries, la misma empresa del Altern que diseñó el Anillo Almacén que guardé. Una entidad conocida por fusionar lo arcano con la ingeniería de precisión más avanzada.
Seguro que es una “Arcane Industries ‘Resonance’ Mana Cell – Type Gamma”, o para abreviar, una “AI-RMC-Gamma”. Una batería mágica externa, de grado militar.
Una solución elegante y costosa para un Sehwert que ha perdido su motor interno.
—¿Una Batería de Mana, eh? –Digo, una sonrisa de experto conocedor dibujándose en mi rostro–
—Desde que perdí mi capacidad energética, he tenido que recurrir a objetos como este para conservar mis capacidades de combate –Dice él, su tono práctico y sin una pizca de autocompasión. Con una precisión que denota familiaridad, abre un compartimento en el costado del Railgun, solo para después colocar la Batería cúbica en su interior. Encaja con un suave y satisfactorio “clic”– Son caras, pero por suerte puedo permitirmelo–
—Ricos –Pongo los ojos en blanco con una diversión apenas disimulada–
Inmediatamente, en cuanto la batería hace contacto, un zumbido grave y resonante comienza a emanar del fusil. Es una vibración palpable en el aire que nos rodea, un gruñido de poder contenido que se despierta. Finas líneas, grabados casi invisibles que apenas había notado antes a lo largo del cañón y el armazón del ZKJR-K24, comienzan a iluminarse con la misma luz azul pálida de la Batería de Mana. Observo, fascinado, cómo esta luz parece fluir visiblemente a través de los circuitos del arma, como venas de energía pura, desde el compartimento de la batería hacia la larga estructura del proyector y también hacia el sistema óptico montado en la parte superior.
Por último, la lente del avanzado visor parpadea brevemente antes de estabilizarse, y una minúscula luz indicadora en su lateral cambia de rojo a un verde constante y brillante. El arma está lista para disparar.
—Listo –Dice él, mientras vuelve a pulsar otro botón en el lateral del arma. El zumbido cesa y las luces azules se apagan tan rápido como aparecieron. Apagándola para conservar la carga. Es obvio, pues no la usaremos en este momento, y no tiene sentido consumir la batería.–
—¿Nos vamos? –Pregunto, ansioso por salir de este lugar.–
—Espera. Antes de eso, queda una cosa más.–
Finalmente, y tras unos segundos, del compartimento de la caja de madera él saca una llave. Mi ceño se frunce de nuevo, esta vez con curiosidad. Por su aspecto, esta parece una de esas llaves antiguas de hace cientos de años atrás, una que esperarías que abriera las puertas de un castillo de estilo medieval, una mansión victoriana o una catedral gótica. Está forjada en un metal dorado, probablemente latón, y su cabeza tiene una forma ornamental, casi como un corazón. Muy mística, la verdad, a pesar de su simpleza.
Lo más interesante de esta llave, lo que la hace inconfundible, es la palabra “Sehwert” tallada con una elegancia impecable en el centro de su cabeza. Esta no es una llave cualquiera. Es una Llave de Linaje. La llave de este mismo lugar. El símbolo de la autoridad y la pertenencia a la familia Montenegro. El último legado para su hija.
—Esta llave también dásela a mi hija –Me indica el Oficial Montenegro, su voz ahora calmada, la de un hombre que ha puesto en orden sus asuntos más importantes– Te daría una también para que pudieras entrar y salir a tu antojo, pero solo los de sangre Sehwert pueden hacer uso de ella.–
—Lo sé –Respondo, asintiendo. Recuerdo los protocolos que he leído. Sus Sistemas de Seguridad son bastante buenos, entrelazan la genética del linaje con la magia de la llave misma.–
—Sin embargo, para que lo sepas, siempre que estés acompañado de mi hija, podrás entrar sin problemas a este lugar. Hace ratos, mientras buscaba estas cosas, te coloqué en la lista blanca del sistema. Así que la Seguridad no volverá a hacerte nada.–
Un suspiro de alivio, esta vez uno muy genuino, se escapa de mis labios. Definitivamente será bueno no tener que ser amenazado con la aniquilación total cada vez que intente poner un pie en este sitio.
—Respecto a la Llave –Continúa él, mientras camina hacia uno de los estantes más cercanos y se apoya en él, como si el peso de sus siguientes palabras necesitara un soporte– Debido al propio Sistema de Seguridad de la Base, esta no acepta a Sehwert recién convertidos. O más bien, a aquellos con poderes inestables, pues pueden poner en peligro el lugar, los artefactos y el conocimiento que aquí se guarda. Por eso es que te pido que le des la Llave y le muestres cómo usarla solo cuando sus Poderes se hayan estabilizado por completo.–
Es verdad, de hecho, el problema fundamental de los Sehwert nace de su mayor virtud: un cerebro inherentemente más racional que el del resto de los linajes. Cuando estos individuos Despiertan y sus ojos comienzan a ver la verdadera naturaleza del mundo, su mente racional se niega a admitir la existencia de lo sobrenatural. Entra en un estado de conflicto cognitivo agudo. Por lo que, para forzar la aceptación, se tiene que exponer constantemente al nuevo Sehwert a un entorno puramente sobrenatural.
Por esto mismo es que la tradición dicta que los Padres Sehwert lleven a sus hijos (si es que son elegidos por el poder, claro está) al Altern y que allí se pasen una semana entera, sin descanso. Siete días de inmersión total en un mundo de magia, monstruos y maravillas. Es la cantidad de tiempo necesaria para que la mente racional finalmente se rinda, ceda y acepte su nueva y extraña realidad, permitiendo que los poderes se asienten y se estabilicen. Un verdadero bautismo de fuego.
—Entendido –Digo, mi voz solemne, aceptando la gran responsabilidad que me encomienda. Mientras lo hago, guardo la ornamentada Llave de Linaje en mi Almacén Dimensional, donde se une a los otros objetos. La caja de madera ahora está vacía. Su legado, ahora, está en mis manos.–
Tras unos segundos, el Oficial Montenegro saca un sobre blanco de tamaño estándar de uno de los libreros cercanos y me lo entrega. Es un sobre sencillo, oficial, pero en el dorso, donde se abre, veo la elegante firma del Oficial, y al mirar hacia la parte trasera, se puede ver una “S” estilizada grabada en cera plateada. El principal símbolo de Identificación de los Sehwert, aunque también tienen otros más secretos.
—¿Y esto? –Pregunto, mientras lo miro con el sobre en la mano, sintiendo su peso, que es más de lo que un simple papel debería tener.–
—Así como hizo tu mujer, yo también decidí hacer algo parecido con mi hija –Responde él, su voz volviéndose seria, casi solemne– Dale esta carta cuando sus poderes se estabilicen por completo. Léela con ella. En esta hay información importante que habla sobre mí, sobre su madre… y sobre ti.–
—Frunzo el ceño, sobresaltado por esto último– ¿Qué cosa? –Pregunto, sorprendido–
—También sobre lo que sucederá más adelante –Continúa, ignorando mi pregunta y su mirada adquiriendo una lejanía dolorosa– Y la razón por la cual no podré acompañarla en este nuevo y peligroso entorno.–
Mientras aún trataba de procesar el peso de esa declaración, esa ominosa predicción, el Oficial Montenegro me da unas palmaditas en el hombro. Al mirarlo, noto cómo sus ojos, por un instante, muestran un profundo y abrumador pesar.
—Cuídala bien, muchacho. Es mi más preciado tesoro. Después de lo que me has contado, y de lo que he visto, confío en ti plenamente –Entonces, su expresión cambia. La tristeza se desvanece, reemplazada por una mirada tan fría e intensa que daría escalofríos hasta a un Demonio de Rango Rey. Su voz baja, convirtiéndose en un gruñido bajo y amenazante– Si la hieres, si le rompes el corazón o le fallas, no me importará nada. Ni tu poder, ni tus padres, ni el equilibrio cósmico. Te aseguro que encontraré una manera de volver y vendré a destruirte personalmente. –Tras su amenaza, que incluso a mí me dio escalofríos por su absoluta sinceridad, su mirada se suaviza tan rápido como se endureció, y una expresión divertida aparece en su rostro– Ah, y por cierto, tienen mi bendición. Pero no olvides venir a verme para pedir la mano formalmente cuando llegue ese momento, ¿de acuerdo?–
—¿Bendición? ¿Su mano? ¿A qué se refiere? –No entiendoooo– Por favor explíquese~–
El Oficial, en vez de responder, simplemente suelta una risita y se da la vuelta. Toma la Railgun de la mesa y la hace desaparecer con un destello de luz, lo que indica que él también tiene su propio Anillo Almacén o una habilidad similar.
—Vaya –Digo, viendo la luz azul deshacer la Railgun–
Entonces, se acerca a una de las estanterías de la sala. Coloca nuevamente su propia y ornamentada llave sobre uno de los libros. Y al instante, con un suave murmullo de mecanismos antiguos, la estantería entera se abre de par en par hacia adentro, revelando no la piedra del muro, sino una puerta de roble macizo con fantásticos detalles en plata.
—En fin, vámonos–
Suspiro.
Un suspiro de puro fastidio se me escapa por no poder entender sus palabras, su actitud evasiva y esa mirada de pesar que ahora cobra un sentido mucho más oscuro.
—Estos Sehwert… Siempre tan enigmáticos –Murmuro para mis adentros, frustrado por la situación. Sin embargo, ¿qué puedo hacer? No es como si pudiera obligarlo a hablar. Y si bien me gusta el chisme, no soy tan metiche como para invadir una pena que claramente no quiere compartir. Si no quiere decirlo, es por algo, ¿no?–
Con ese pensamiento, guardo su carta junto a la de Lyra, y me preparo para seguirlo a través de la nueva puerta, hacia el siguiente capítulo de esta extraña y cada vez más complicada aventura.
_______________ >> 5 minutos >> _______________
Tras unos minutos, después de salir por la ornamentada puerta de roble y verla desvanecerse en la pared de estanterías, y posteriormente, salir de esa maravillosa creación llamada Base Sehwert, los dos volvemos al auto patrulla bajo el manto estrellado de la noche.
—Fuaa, que sueño tengo –Digo en voz alta, un bostezo enorme escapándose de mis labios mientras abro la puerta del copiloto y me dejo caer en el asiento– Definitivamente tardaré algo en acostumbrarme a ser poco más que un Humano–
—Bienvenido al mundo aburrido de los mortales, chico –Responde el Oficial Montenegro desde el asiento del conductor, su tono claramente burlón mientras arranca el motor– Ahora finalmente podrás disfrutar de la rutina tan… interesante de la Humanidad: comer, dormir y preocuparte por el dinero.–
—Qué triste –Respondo, fingiendo una tristeza melodramática– Y que cliché, sobre todo, cliché–
El típico y manido cliché literario donde el Héroe pierde sus poderes a causa de una u otra razón, una que ni siquiera el mismo Héroe conoce con certeza.
Y sí, no sé qué pasó realmente. Tengo una teoría, una posibilidad tan remota como aterradora, y esa es que de alguna manera hayan obtenido Sangre del Engel, el Ejecutor personal de Aracne. Pero lo dudo, pues la única muestra que existe en este universo está en la caja fuerte personal de Astel, dentro de su Alcoba Privada en el Palacio Celestial. Un lugar protegido por centenares de Círculos Divinos de Protección de Nivel X (el décimo y máximo nivel existente), mismos con un nivel de programación y encriptación arcana tan potente y avanzado que solo yo o Mikleo podríamos descifrarlos. Ni siquiera Lan, con todo su fanatismo por la programación y la tecnología, lo ha logrado en sus múltiples intentos. Y además, la propia caja fuerte contiene el doble de estas protecciones.
Por lo que es teóricamente imposible acceder a esa muestra de sangre, la sangre de una Entidad Superior incluso a la de mis Padres, una Entidad que podría destruir un universo entero con solo un milímetro de dicha muestra.
Así que, ¿qué pudo haber ocurrido?
¿Será que lograron obtener otra muestra?
Considerando a ese otro tipo del que Zakech habló, ese “Él” que se supone que está sellado… seguramente sí sea posible. Sin embargo, tampoco es como que pueda saberlo con certeza ahora mismo.
—Así es la vida muchacho –Dice el Oficial, su voz sacándome de mis cavilaciones mientras introduce la dirección en el GPS del vehículo– Un día eres un ser que podría destruir este mundo con un pensamiento, y al otro te conviertes en la niñera a tiempo completo de la hija de tu captor.–
Una risita genuina, aunque cansada, escapa de mi boca por la cruda y perfecta ironía del asunto. Realmente el destino tiene un sentido del humor muy retorcido.
—Así es –Suspiro, recostando mi cabeza en el reposacabezas y cerrando los ojos– Así es…–
Con el sonido del motor del auto acelerando suavemente, y la voz del GPS indicando la primera instrucción, los dos partimos en la oscuridad de la noche. Nos dirigimos hacia una nueva aventura de vida o muerte, listos, o al menos todo lo listos que podemos estar, para enfrentar lo que venga.
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