El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 314
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Capítulo 314: Anormalidad [2]
—Haa…
Respiré hondo y reprimí el dolor que invadía cada centímetro de mi cuerpo. Muchas de las heridas que había sufrido eran meramente superficiales; Angela había intentado desangrarme durante todo el combate.
Intentaba convertir la pelea en una de desgaste.
Su idea no era mala. Estaba a solo unos minutos de perder demasiada sangre como para continuar.
Por suerte, pude darle la vuelta a la situación justo a tiempo.
—… Hm.
Cuando el conocido cubo se materializó ante mí, extendí la mano instintivamente y lo agarré. Al instante, mi entorno se volvió borroso y me encontré de pie bajo la plataforma.
Ya había varias personas esperando abajo.
—No tienes muy buen aspecto.
León era uno de ellos. A diferencia de mí, parecía estar en plena forma.
Mientras su mirada recorría mi cuerpo, me lanzó una toalla.
—Toma.
—Gracias.
Me limpié la sangre y el sudor que se habían acumulado por todo mi cuerpo. Luego, me apliqué algunos ungüentos. Mis heridas no eran muy graves y podía soportar el dolor, pero aun así tenía que ocuparme de ellas.
Le devolví la toalla cuando terminé.
¡Plac!
León nunca recibió la toalla, ya que cayó al suelo.
Ambos nos quedamos en silencio por un breve instante antes de mirarnos. Fui el primero en hablar:
—¿Por qué no la…?
—… No.
—Pero…
—Eso.
—¿Eh?
—¿Ah?
Me rasqué la nuca. Tuvimos algún tipo de malentendido. Al darme cuenta de cuál era el problema, me adelanté, recogí la toalla y se la entregué.
—…
Volvió a guardar silencio.
—¿La quieres?
La expresión de León cambió ligeramente.
—¿Por qué iba a quererla?
—¿Porque es tuya?
Señalé el nombre grabado en la toalla.
«León Ellert».
León negó con la cabeza.
—Ya no.
—… Entonces, ¿qué hago con esto?
—Quédatela.
—Pero tiene tu nombre.
—¿Y qué?
—No me gusta.
Arrojé la toalla a un lado. Sería un poco raro que me vieran usando una toalla con el nombre de otra persona.
—¡Ay!
Justo cuando había lanzado la toalla, oí un chillido de sorpresa.
Sentí que todo mi cuerpo se tensaba, poniéndose rígido como una piedra. León, congelado en el sitio, pareció experimentar la misma sensación. En perfecta sincronía, giramos la cabeza al mismo tiempo.
—¡¿Pero qué demonios?!
Aoife se arrancó la toalla sucia de la cabeza y, con una arcada, la tiró al suelo. Giró bruscamente la cabeza en nuestra dirección, con los ojos ardiendo de una ira y una furia inconfundibles.
—¡¿Quién?!
Se levantó de su sitio.
Era la primera vez que la veía tan enfadada.
—Haa.
Suspiré y miré a León.
Él me devolvió la mirada y negó con la cabeza.
«No, no lo hagas».
«…Quería contarte este chiste que he oído hace poco».
El rostro de León se puso rígido y sus ojos se inyectaron en sangre.
Asentí y señalé el nombre escrito en la toalla.
—Fue León.
—¿León?
La mirada de Aoife, llena de malicia, se desvió hacia él. Se quedó paralizado, devolviéndole la mirada con una expresión de impotencia, incapaz de moverse.
En ese estado, casi podía oír sus pensamientos.
«… ¿Debería decirle la verdad?
«No, pero si lo hago, ¿dirá “eso”?».
«¿Qué es peor? ¿Aoife o “eso”?».
«La respuesta es obvia».
«Pero si no he hecho nada malo».
Me mordí los labios y me tapé la boca. La escena era desoladora. Simplemente no pude seguir mirándolo y giré la cabeza.
«Es tan… patético».
—¿Eh?
Un sonido repentino y de sorpresa me devolvió a la realidad. Giré la cabeza y me sorprendió ver a Aoife, ya sin rastro de ira, aferrada a la tableta de retransmisión que tenía delante con una expresión más calmada.
Su expresión era inusualmente seria.
Me acerqué un poco más para ver mejor, y fue entonces cuando lo vi.
El combate de Kiera.
—…
Parpadeé un breve segundo antes de oír la voz queda de Aoife resonar a nuestro alrededor.
—… ¿Desde cuándo es tan fuerte?
***
¡Clanc! ¡Clanc…!
Agatha giró su cuerpo con ligereza y lanzó varios tajos descendentes con su espada. Cada uno de sus movimientos era fluido y elegante, propio de alguien aclamado como el próximo «Santo de la Espada».
Por otro lado, el método de lucha de Kiera era mucho más salvaje e irrefrenable.
Con un enérgico impulso de su mano, una espiral de llamas estalló, rugiendo hacia Agatha.
¡Fush!
«Parece que las dos tienen una resistencia infinita».
En el estudio de retransmisión, Johanna prestaba mucha atención al combate. Era una lucha encarnizada que llevaba ya diez minutos sin que ninguna de las dos partes tomara la delantera.
Esto fue toda una sorpresa, ya que la mayoría creía que Agatha era más fuerte que Kiera. Y no por un pequeño margen.
Agatha estaba cerca de Amell en cuanto a fuerza.
Estaba clasificada como una de las cinco o diez mejores promesas, mientras que Kiera se situaba entre las cincuenta mejores. Ambas eran innegablemente talentosas, pero debería haber una brecha significativa en sus habilidades.
Y, sin embargo…
¡Clanc!
Agatha clavó su espada en el suelo, pero la fuerza la hizo retroceder varios pasos. Sus gélidos ojos azules se fijaron en la figura llameante en la distancia. Las llamas parpadeaban en la palma de Kiera, y sus ojos rojo rubí brillaban amenazadoramente.
Con una expresión fría e indescifrable, Kiera chasqueó el dedo, invocando varios círculos mágicos rojos alrededor de Agatha.
A pesar de la cantidad de ataques que la acechaban, Agatha permaneció serena, observando con atención los ángulos de cada círculo mágico. Luego, con actitud tranquila, cerró los ojos.
Los círculos mágicos se formaron por completo, brillando en rojo mientras varias ráfagas del mismo color se disparaban hacia abajo.
¡Fush! ¡Fush!
Cada ataque se movía a una velocidad increíble. Desde el momento en que aparecían y se disparaban, solo transcurría medio segundo. Enfrentada a ataques tan implacables, Agatha también estaba tranquila.
Adelantó su espada y dio estocadas en todas direcciones. Sus movimientos eran nítidos y fluidos.
A una velocidad que el ojo desnudo no podía seguir, asestó estocadas exactamente en los puntos donde estaban los ataques de Kiera.
Cada estocada perforaba el centro de las ráfagas de energía, disipando gran parte de su poder. Al mismo tiempo, hacía sutiles ajustes, moviendo pequeñas partes de su cuerpo apenas unos centímetros en direcciones específicas.
Mediante movimientos tan calculados y mínimos, fue capaz de esquivar varios ataques.
Esto continuó durante varios segundos hasta que todos los hechizos cayeron. Cuando volvió a abrir los ojos, Kiera estaba en el extremo opuesto, con la respiración ligeramente agitada.
Los labios de Agatha se curvaron ligeramente.
—… ¿Finalmente te has cansado?
Había estado esperando pacientemente este momento desde el principio. Al principio, a medida que avanzaba el combate, le había preocupado que su oponente tuviera una resistencia infinita. Pero… ya no parecía ser el caso.
Agatha clavó el pie en el suelo y salió disparada como una bala; su velocidad era tan tremenda que dejó un rastro de imágenes residuales a su paso.
Espada en mano, lanzó una estocada en dirección a Kiera.
¡Fush!
Sorprendida por la repentina embestida de Agatha, Kiera levantó la palma de la mano y un muro de llamas se alzó entre ellas.
Pensó que eso sería suficiente para ganar tiempo, pero se equivocaba.
—¡Ja!
Con un giro lento y deliberado de la punta de su espada, Agatha atrajo hacia su hoja las llamas que le bloqueaban el paso. Con un sutil movimiento de muñeca, dispersó en el aire las llamas absorbidas.
Apareció un pequeño agujero que mostraba a la desconcertada Kiera en el otro extremo.
Plantando firmemente su pie derecho, Agatha se deslizó más allá de las llamas y alcanzó el flanco de Kiera. En un solo movimiento fluido, blandió su espada hacia la espalda expuesta de Kiera.
¡Chas!
La sangre manó de la espalda de Kiera mientras ella se tambaleaba hacia adelante.
Pero Agatha no había terminado.
Aprovechando el momento, la espada de Agatha se movió como un borrón, asestando treinta tajos rápidos en el lapso de un solo segundo. Sus movimientos eran tan veloces que Karl, que observaba la pelea en tiempo real, ni siquiera podía seguirlos.
Solo Johnna podía, y su expresión estaba llena de admiración.
«Puede que los espectadores no lo vean, pero Agatha ha dado un total de treinta y una estocadas en el lapso de un segundo. Como pueden ver, este es el resultado de tal ataque».
Señaló a Kiera, más concretamente su espalda expuesta, que pronto quedó a la vista de todos los espectadores cuando las llamas que la rodeaban se extinguieron.
«Sss…».
Karl contuvo el aliento.
Karl no fue el único en reaccionar así. Muchos de los espectadores reflejaron su conmoción, y los más jóvenes o aprensivos entre ellos apartaron la vista cuando la vulnerable espalda de Kiera quedó al descubierto para que todos la vieran.
Empapada en color rojo, todo lo que se podía ver era el profundo tajo en su espalda, mientras el suelo bajo ella se encharcaba con su propia sangre.
—¡Uhkh…!
En tal estado, Kiera conseguía mantenerse en pie, pero para los que observaban, sabían que el combate estaba prácticamente sentenciado.
La resistencia de Agatha seguía siendo grande, y no había sufrido ninguna herida importante.
En el lado opuesto, la resistencia de Kiera era baja y sangraba profusamente.
«Ya ha hecho suficiente. Sobre todo contra una aspirante de los cinco mejores. Si…».
Karl no tuvo tiempo de terminar sus palabras antes de que la figura de Agatha se desdibujara y cargara contra Kiera. Dada la condición de Kiera, Agatha no podía permitirse dejarla descansar y recuperarse.
Aunque no lo demostraba, en realidad estaba extremadamente cansada. Incluso si Kiera estaba a punto de desangrarse, Agatha sintió la necesidad de terminar la pelea en ese mismo instante para no permitir que ocurriera una variable imprevista.
Por ello, su concentración se mantuvo aguda, negándose a que la arrogancia nublara su juicio.
Igual que antes, usó sus habilidades al máximo y se deslizó hasta Kiera, que luchaba por mantenerse en pie.
En un instante, ya estaba ante Kiera y sus miradas se encontraron.
Un par de ojos rojos y un par de ojos azules.
Dos cabelleras de color platino.
Agatha lanzó una estocada y…
¡Fush!
No golpeó nada.
«… ¡¿Eh?!»
Arrastrada por el impulso, Agatha tropezó hacia adelante. La retransmisión se centró en su expresión, que estaba llena de confusión. ¿No he golpeado nada? ¿Cómo puede ser…? ¡¿Dónde podría…?!
Agatha sintió algo frío presionar su espalda y todo su cuerpo se congeló.
A continuación, la voz del árbitro resonó.
—La ganadora es…
Su voz resonó silenciosamente por toda la plataforma.
—Kiera Mylne, del Imperio Nurs Ancifa.
Agatha bajó la vista y vio su sombra retorcerse antes de caer en la cuenta.
—Ja, ya veo.
El agarre de su espada se aflojó. Con un «clanc», su espada cayó y ella tropezó hacia adelante.
¡Pum!
Cayó de bruces al suelo, dejando al descubierto la expresión fría y nada divertida de Kiera.
Todo su cuerpo estaba envuelto en negrura, y solo sus profundos ojos rojo rubí eran visibles. Kiera no parecía complacida con su victoria; de hecho, parecía indiferente, con la mirada fija al frente.
A lo lejos, una estatua le devolvía la mirada.
Era un Ángel… de la Tristeza.
Un extraño silencio se apoderó del estudio cuando el combate de Kiera llegó a un abrupto final. Ni Karl ni Johanna fueron capaces de decir una sola palabra mientras permanecían sentados, contemplando en silencio la figura que se erguía en medio de la plataforma.
Mientras la oscuridad que atenazaba su cuerpo comenzaba a desvanecerse, revelando el contorno de su figura y su cabello de color platino, Karl siseó en voz baja.
—Este ha sido un resultado inesperado.
—… Desde luego que lo ha sido.
Johanna asintió en silencio mientras fruncía los labios, reproduciendo en su mente la escena de antes.
Fue justo cuando Agatha planeaba terminar el combate…
Su espada se retorció en el aire, deslizándose hacia el debilitado cuerpo de Kiera. Estaba a solo unos centímetros de Kiera cuando esta desapareció.
Incluso al ralentizar la repetición, nadie pudo ver con claridad lo que había sucedido.
A todos los pilló por sorpresa, excepto a Johanna, que se percató de un destello en los ojos rojo rubí de Kiera justo antes de que se desvaneciera. Al instante siguiente, Kiera reapareció justo detrás de Agatha, con todo el cuerpo envuelto en negro y el dedo presionado contra el dorso de la mano de Agatha.
—Elemento Dual…
Murmuró Johanna en voz baja.
Fue débil, pero suficiente para que Karl lo oyera y saliera de su ensimismamiento.
—¿Eh? ¡¿Ah?! ¿Acabas de decir que es una elemental dual?
—Sí.
Johanna asintió mientras daba más detalles.
—Fuego y Oscuridad.
—¡Así que de eso se trata!
Karl se dio una palmada en el muslo al darse cuenta. No era que la idea no se le hubiera pasado por la cabeza, pero la habilidad fue tan rápida y extraña que no había tenido tiempo de procesar la situación adecuadamente. Sin embargo, al percatarse de cómo la oscuridad abandonaba el cuerpo de Kiera, comprendió que era una usuaria elemental dual.
Dichos usuarios eran, en realidad, bastante raros.
Era bastante común que un genio tuviera talento en dos campos diferentes. La mayoría de los participantes eran así, y solo unos pocos se especializaban en una única categoría. No obstante, los más raros eran aquellos cuyos talentos se encontraban en la misma categoría.
Un ejemplo de ello era Caius, que tenía talento en los campos de [Telequinesis] y [Emotivo], ambos pertenecientes a la categoría de [Mente].
Al pertenecer a la misma categoría, eran mucho más fáciles de practicar, ya que los dos campos se complementaban entre sí.
Había muchas correlaciones entre los dos campos, lo que facilitaba sobresalir en ambos. Esto les permitía progresar más rápidamente, ya que no necesitaban pasar tanto tiempo practicando cada uno por separado.
El perfil de Kiera la detallaba como una usuaria de un solo atributo, [Llama]. Su otro talento no se había revelado en absoluto.
Fue por esa razón por la que Johanna y Karl estaban sorprendidos.
¡Esto cambiaba muchas cosas!
Tras respirar hondo, Karl observó cómo Kiera agarraba el cubo y desaparecía de la plataforma. Al mismo tiempo, Agatha era escoltada por el árbitro, quien agitó la mano una vez y desapareció junto a ella.
Observando todo lo que ocurría, Karl empezó a mascullar:
—Puede que hayamos encontrado a nuestra gran sorpresa…
***
—Esa fue una maravillosa primera ronda de batallas.
Una voz resonó suavemente por toda la Plaza mientras los últimos combatientes, Kiera y Agatha, bajaban de la plataforma. Una vez más, nadie fue capaz de asociar la voz con una figura, ya que quien hablaba no se mostraba.
¿Por qué razón? No lo sabía.
Me limité a permanecer en silencio mientras miraba a Kiera, que había aparecido unos instantes antes.
Era rara…
No, había estado actuando de forma rara.
Fruncí los labios.
«¿Será por lo que le pasó con su tía?».
Tenía sentido cuando lo pensaba.
Con todo lo que le había pasado, era normal que reaccionara así. Pero, al mismo tiempo, ¿desde cuándo había empezado a usar su otro elemento?
Apenas la había visto usarlo.
De hecho, la mayoría de la gente a su alrededor no tenía ni idea de que blandía dos elementos, ya que normalmente solo usaba su elemento de llama. Esta era la primera vez que mostraba su segundo elemento, y fue realmente aterrador de ver.
El momento de la primera visión fue el que más me llamó la atención.
Nunca llegué a entender del todo por qué nunca lo había mostrado o usado, pero después de presenciar su pasado con la tercera hoja, tenía más o menos una idea.
«Le tiene miedo a la oscuridad».
… O al menos, se lo tenía.
Ya no parecía ser el caso.
—Solo quedáis veinticuatro, y después de unas batallas tan agotadoras y feroces, es hora de que se os dé un merecido descanso.
La voz, ronca pero autoritaria, soltó una risita.
—La segunda fase comenzará mañana a esta misma hora. Mientras tanto, sois libres de hacer lo que os plazca. Podéis descansar, comer, estudiar a vuestros oponentes o recuperaros de vuestras heridas. La elección es vuestra, y no restringiremos vuestra libertad. Se os permite deambular libremente por Grimspire o Bremmer si lo deseáis.
Noté que algunas de las expresiones a mi alrededor se iluminaron considerablemente ante esas palabras.
Yo me sentía igual. Mi mente estaba agotada y mi cuerpo al borde del colapso. Necesitaba recuperarme lo antes posible.
Por supuesto…
Eso no era lo que más me ilusionaba.
«… ¿Podré hacerlo?».
Lo que más ansiaba era el desarrollo de mi dominio. Desde la pelea con Angela, sentía como si hubiera rozado el borde de algo profundamente importante.
Me hacía sentir un cosquilleo en el cuerpo y no deseaba otra cosa que intentarlo.
Mientras trabajara con cuidado en esa dirección, confiaba en poder seguir desarrollando mi dominio.
Aunque todavía no sería capaz de desarrollarlo por completo, tenía la sensación de que podría desarrollarlo hasta un punto en que fuera útil en los combates y aumentara mi fuerza considerablemente.
Por eso, al oír el anuncio de que termináramos lo que tuviéramos que hacer, no me demoré más. Me dirigí directamente a la posada más cercana y reservé una habitación.
—Una habitación individual, por favor.
Había habitaciones que se ofrecían específicamente para los cadetes en otra posada, pero yo tenía demasiada prisa como para dirigirme al portal de Bremmer y marcharme.
Esto era mucho mejor para mí.
—No está mal.
La habitación era de lo más sencilla. Tenía un pulido de madera oscura y una decoración mínima, con una pequeña ventana que permitía ver el cielo oscuro y el sol blanco sobre nuestras cabezas. Un pequeño sofá se encontraba bajo la ventana, mientras que la cama estaba situada en el centro de la habitación, pegada a la pared.
Una pequeña lámpara sobre el escritorio de madera oscura proyectaba un tenue resplandor sobre su superficie.
Eché un vistazo rápido a la habitación antes de sentarme en la cama y cerrar los ojos.
Un mundo negro y familiar me dio la bienvenida.
Respiré hondo y miré al frente. Un orbe rojo familiar se materializó en la distancia, acercándose gradualmente hasta flotar a pocos metros de mí antes de detenerse.
¡Pum!
Un suave latido pulsó en el aire mientras una letra familiar caía desde arriba, deteniéndose justo debajo del orbe.
«R».
Me hirvió la sangre al verlo, pero aparté la sensación y la rechacé. En lugar de permitir que me consumiera, me obligué a mantener la calma.
Estaba adoptando un enfoque diferente al de la primera vez.
«A».
La siguiente letra apareció.
Una vez más, sentí un poder recorrer mi cuerpo. Mis músculos se tensaron y se retorcieron al luchar contra la fuerza. Me mordí los labios, resistiendo el impulso de aceptarlo, y forcé mis músculos a relajarse, apartando el aumento de poder.
¡Pum!
«G».
El orbe se retorció como antes.
Era como si algo dentro del orbe hubiera despertado, haciendo que golpeara y pulsara con una extraña cadencia rítmica.
El interior del orbe palpitaba y se retorcía de forma antinatural. En ese momento, sentí un intenso impulso de extender la mano, como si el orbe me estuviera llamando. Pero resistí el impulso, conteniéndome de extender la mano.
¡Pum! ¡Pum!
El orbe latió con aún más intensidad, llamándome para que lo tocara, pero apreté los dientes y me contuve.
—¡Kh…!
El sudor me corría por la frente.
Mi rostro se crispó mientras miraba al frente, con los ojos escociéndome al obligarme a mantenerlos abiertos.
No podía perdérmelo.
Tenía que verlo.
Fue entonces cuando apareció una nueva letra.
«E».
Todo se detuvo en ese instante.
El orbe dejó de pulsar, y también la sensación de llamada.
Un extraño silencio envolvió el espacio vacío mientras el orbe emitía un tenue resplandor carmesí. Debajo de él, apareció lentamente una palabra de cuatro letras.
—Rage…
Sentí que se me secaba la boca mientras miraba las palabras y el orbe flotante sobre ellas. Por un breve instante, extendí la mano hacia él. El orbe se retorció y cobró vida, extendiéndose hacia mí como si me saludara.
Estaba a solo un dedo de alcanzarme antes de que me detuviera.
«No, todavía no…».
Quería ver más.
Fue entonces cuando algo más captó mi atención.
Era un orbe verde.
… Al igual que el orbe rojo, apareció en la distancia antes de avanzar y detenerse justo al lado del orbe rojo.
Se detuvo un momento antes de que una letra familiar apareciera desde arriba.
¡Pum!
«J».
—¡…!
Los cambios que se produjeron en mi cuerpo fueron diferentes. Mis músculos seguían retorciéndose, pero esta vez la sensación estaba más concentrada, dirigida a mis pantorrillas y piernas.
Pero ¿qué era exactamente?
¡Pum!
El orbe latió de nuevo, y el dolor en mi cabeza se intensificó.
Me mordí los labios y resistí.
«¡Más…! ¡Quiero ver más!».
¡Pum!
«O».
Los músculos de mis pantorrillas se retorcieron y se crisparon mientras una energía oculta que no había experimentado antes los recorría. Empezó a dolerme la cabeza y mi visión se nubló mientras el tiempo parecía ralentizarse, y cada momento se alargaba ante mí.
Al mirar hacia abajo, vi varios contornos de mi mano trazando su recorrido. Cada vez que movía la mano, dos contornos la seguían, creando un rastro extraño.
«Qué extraño…».
Era extraño. Mientras miraba al frente, el orbe pareció llamarme una vez más, retorciéndose como lo había hecho el primero.
Latió y se retorció violentamente, pero lo ignoré.
¡Pum!
Llegó la última letra.
Me tembló la cabeza y retrocedí tambaleándome.
—¡Ugh!
Pero no antes de ver la última letra.
«Y».
Contemplando el orbe junto al otro, me puse la mano en el pecho y leí las palabras debajo de cada orbe.
—Rage… Haa… joy…
Vi un patrón en todo esto.
Pronto, un nuevo orbe apareció en la distancia. Era de color azul y empezó a moverse hacia mí. Se dirigió en la dirección de los dos orbes, y mientras lo miraba fijamente, mi visión se estremeció.
—¡Uagh!
Sentí un cierto dolor punzante y abrí los ojos de golpe.
—¡Ahg!
Retorciéndome en el suelo, me agarré la cabeza y rodé durante unos segundos. A pesar de estar acostumbrado al dolor, esto era algo que no podía soportar. Era un dolor tan intenso y desorientador que mi cuerpo entró en shock.
¡Bang!
Me agité violentamente, haciendo que la lámpara se estrellara contra el suelo y desgarrando las sábanas en el proceso.
Dolía… ¡Dolía tanto!
¡Bang, bang!
—¡¡Ahg!!
Solo se detuvo después de un minuto completo, momento para el cual el suelo estaba cubierto de sudor y sábanas rotas.
—Haa.. Haa…
Respirando con dificultad, me apoyé en el armazón de la cama y respiré hondo y de forma constante para calmarme.
«… Me he excedido».
En mi emoción, sobrecargué mi energía mental. Esto era especialmente malo si se tiene en cuenta que aún no me había recuperado de la pelea.
En mi emoción, me descuidé.
—Haa…
Apreté los dientes.
El dolor se negaba a desaparecer.
Mientras me mordía los labios, sentí algo en el bolsillo. Jugueteando con ello durante unos segundos, saqué una pequeña chocolatina.
Me quedé mirando la chocolatina durante unos segundos antes de metérmela en la boca y masticarla.
En ese momento de dolor, me olvidé de todo el odio que sentía por los dulces y saboreé el gusto. El dolor empezó a remitir y por fin pude respirar en paz.
Finalmente, abrí los ojos y solté un largo suspiro.
—Sigue estando demasiado dulce.
Pero…
No estaba tan mal.
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