El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 320
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Capítulo 320: La Segunda Ronda [3]
Aoife se quedó estupefacta, con la boca abierta, mientras se descubría mirando el libro que tenía delante con los ojos desorbitados.
«¿Cuál de ellos? Ha cambiado unas cinco veces…».
«En los casos menos comunes, pérdida del gusto. Los alimentos dulces se vuelven demasiado dulces y los salados, demasiado sosos…».
Voces del pasado susurraban en su mente mientras permanecía en silencio, su rostro cambiando continuamente mientras intentaba dar sentido a toda la información que tenía.
—No puede ser, ¿verdad…?
Y, sin embargo…
Todo apuntaba a ese hecho.
Desde su investigación pasada sobre cómo Julián era diferente de como era ahora, a las palabras de Evelyn y las que leyó en el libro. Como si las piezas del puzle empezaran a encajar lentamente, Aoife llegó a una lenta y escalofriante conclusión.
—Julián…
Respiró hondo.
—… Puede que no sea el auténtico.
El pensamiento la dejó aturdida, sumiendo su mente en un estado de vacuidad mientras tragaba saliva e intentaba asimilar su conclusión de la mejor manera posible.
¿Cuándo…?
¿Cuándo empezó todo? ¿A mitad de la Academia, o antes?
Aoife rebuscó en sus recuerdos. Al final, encontró la respuesta.
«Antes de la Academia».
Al ser el hijo de una Baronía, no sabía mucho de él. Lo único que sabía era que de repente se había convertido en la Estrella Negra y que, más tarde, en la clase de cocina, le había echado una preocupante cantidad de sal a su comida.
Muchas cosas empezaron a cobrar sentido en la mente de Aoife mientras sentía cómo le temblaban los labios.
—No, no está decidido.
Aoife respiró hondo y se sentó a la mesa. Leyendo con atención las palabras, frunció los labios.
«… Esto no significa necesariamente que Julián esté poseído. Sus cambios pueden explicarse por lo que dijo Evelyn de que su personalidad cambió cinco veces en el pasado. Lo qu…».
Aoife se mordió los labios.
¿Y quién decía que esos cambios de personalidad no estaban relacionados con su posesión?
Más excusas empezaron a llover.
«Lo de sus papilas gustativas podría ser algo con lo que nació. Si es así, es muy probable que esté exagerando».
—Cierto.
Aoife golpeó la palma de su mano con el puño.
—Puede que me esté precipitando. Le preguntaré a Evelyn más tarde.
Aunque Aoife actuaba así, en realidad solo intentaba poner excusas para sí misma. En el fondo, sabía la respuesta que Evelyn le daría, y ese pensamiento la asustaba.
Si Julián estaba realmente poseído, ¿qué se suponía que debía hacer?
¿Dejarlo en paz? …Pero como Princesa, ¿cómo podría permitírselo? ¿Y si albergaba pensamientos en contra de su Imperio? Entonces no tendría más remedio que actuar.
…Solo que él la había ayudado en el pasado y se sentía en deuda con él.
¿Pero y si lo había hecho a propósito para acercarse a ella? ¿Y si solo intentaba manipularla?
—Jooo.
Aoife respiró hondo y se dio una palmada en las mejillas.
«Ahora no es momento de pensar en esto».
Tenía sentimientos bastante encontrados sobre la situación, pero otros asuntos eran mucho más urgentes. Como la situación de Kiera.
Eso no era algo que pudiera posponerse.
Inmediatamente, pensó en contactar a su familia para que detuvieran a Kiera, pero se detuvo a medio camino.
—No, eso no es factible…
La familia de Kiera estaba en una posición bastante alta en el círculo nobiliario. Además, también eran miembros de la Central, el colectivo de Casas Nobles. Detener a Kiera tendría graves implicaciones. A menos que pudiera proporcionar suficientes pruebas de la situación.
…Y eso era algo que no tenía.
Lo único que tenía era el mensaje que había recibido de ella antes de su desaparición.
Eso no era ni de lejos suficiente.
—También podría hacer que la revisaran para ver si está poseída, pero eso llevaría tiempo.
Averiguar si alguien estaba poseído no era tan difícil. Para ello, se solía llamar a un clérigo específico, una persona especializada en el elemento «Maldición». Normalmente lanzaban varios hechizos para identificar si alguien estaba poseído o no.
El único problema era que tardaría al menos un par de días en llegar.
¿Sería suficiente…?
Aoife se mordió los labios. Al recordar el mensaje que había recibido, sintió ganas de negar con la cabeza. Sin embargo, aun así, sacó su dispositivo de comunicación y envió un mensaje a uno de sus sirvientes para decirles que llamaran a un Clérigo.
—… De todos modos, debería hacerlo.
Si llegaba pronto, bien. Si no, no importaría, ya que no pensaba detenerse aquí.
Cuando Aoife volvió a centrar su atención en el libro que tenía delante, un pensamiento repentino la asaltó y su mano se quedó inmóvil.
«Espera…».
Aoife frunció el ceño mientras volvía a mirar su dispositivo de comunicación.
Fue entonces cuando se dio cuenta de algo. Con las prisas, había olvidado una de las cosas más importantes. Y era el hecho de que…
El Ángel sabía que ella lo sabía.
En ese caso,
La cabeza de Aoife se giró bruscamente para mirar hacia atrás. El corazón se le salía por la garganta mientras el entorno se volvía extremadamente silencioso.
Sentada en una de las mesas de madera, rodeada de imponentes estanterías de libros y casi sin nadie a la vista, Aoife sintió de repente cómo el silencio la oprimía, como si las propias paredes se estuvieran cerrando sobre ella, vigilando cada uno de sus movimientos.
Sintiendo los latidos de su propio corazón, Aoife tragó saliva a escondidas antes de volver a girar lentamente la cabeza para mirar hacia atrás.
Pero al hacerlo…
—¡…!
Dos brillantes ojos rojos se encontraron con su mirada. Una figura pálida estaba sentada frente a ella, con una expresión inquietantemente tranquila y una simple sonrisa curvando sus labios mientras observaba a Aoife en silencio.
—Hola.
Aoife contuvo la respiración.
Mientras miraba a la figura que tenía delante, se le erizó todo el vello del cuerpo y se sintió incapaz de respirar.
Una sensación asfixiante se apoderó de su cuerpo.
A pesar de su pánico abrumador, mantuvo la cabeza fría. Mirando a la figura familiar y, sin embargo, desconocida que tenía delante, la mente de Aoife se aceleró.
«… ¿Cómo llamo a mis guardias?».
Como Princesa del Imperio, en el momento en que llegó a la capital, su familia le asignó dos guardias para protegerla. Permanecían en las sombras y la vigilaban en todo momento. Por esa razón, no solía preocuparse por su seguridad.
Pero ahora las cosas eran diferentes.
Kiera era alguien a quien sus guardias conocían. No la vigilaban de cerca. Y… el problema con ella era que podía atacar sin ser vista.
¡Ploc!
Su sudor goteó por el borde de la mesa mientras cerraba lentamente los puños.
Verla así hizo sonreír al Ángel, y su voz se elevó hasta un tono espeluznante e infantil.
—No tienes por qué estar tan nerviosa, jijiji.
Sus risitas, inocentes y llenas de alegría, le provocaron escalofríos a Aoife, intensificando el pavor que la atenazaba mientras su mente se esforzaba por encontrarle sentido a la situación.
Todo tipo de pensamientos pasaron por su mente, pero antes de que pudiera hacer nada, Aoife sintió que todo su cuerpo se paralizaba.
—¡…!
Antes de que pudiera comprender lo que había ocurrido, su cabeza se giró lentamente y su mirada se encontró con la del Ángel.
—Deja de resistirte. Todo acabará antes de que te des cuenta.
Fue entonces cuando Aoife sintió que el mundo se oscurecía.
Y sus pensamientos…
Desaparecieron.
***
—¿Qué pasa con tu sincronización? ¿Es otra vez lo de tu intuición? ¿Esa tontería?
—…
León frunció los labios, mirando el charco de líquido que había derramado en el suelo. Luego levantó la cabeza y la negó.
—En realidad, solo venía a tomar algo.
Señaló una tienda cercana.
—Oí que era bueno, así que quería probarlo. Yo… no esperaba verte aquí.
Se mordió los labios, esforzándose por mantener una expresión seria. Sentí una punzada en la ceja izquierda al verlo, pero logré contenerme justo antes de decirle la verdad.
—Fue Caius.
Solo entonces la expresión de León volvió a la normalidad.
—¿Caius?
—Sí, el mismo en el que estamos pensando.
—¿Qué quería?
—Estaba inseguro por sus Habilidades Emotivas.
—¿…?
León puso una cara extraña.
Le costaba entender mis palabras. Pero ¿de verdad era tan difícil de pillar? En mi opinión, era bastante obvio.
—Es el mismo tipo que me quitó mi papel en la obra.
—¿En serio?
—Sí, estoy bastante seguro.
—Ah.
León entrecerró los ojos. Luego, como si atara cabos, asintió lentamente con la cabeza.
—Es un inseguro.
—Te lo dije.
La verdad es que no era tan difícil de pillar.
—¿Pero fue esa la única razón por la que te visitó?
—… ¿Quizás?
Para ser sincero, no estaba muy seguro. Era la primera vez que de verdad me fijaba en él e interactuaba con él. No sabía muy bien qué pensar de nuestra conversación.
—¿Podría ser porque derroté a dos de su Imperio?
—Ah, sí.
León tiró la bebida que tenía en la mano. No quedaba mucho y no parecía muy interesado en terminarla.
Estaba a punto de irse cuando su expresión se tensó y su cuerpo se estremeció.
—¿Qué?
¿Y a este qué le pasaba ahora? Estaba a punto de molestarme cuando su expresión se volvió extremadamente seria.
Miró en una dirección determinada y luego volvió a mirarme.
—Ha pasado algo.
—¿Tu intuición?
—Sí.
León no lo negó y salió disparado hacia delante. Me quedé quieto un instante antes de seguirlo por detrás.
Nos apresuramos a través de Grimspire, corriendo por las calles empedradas hasta llegar al Punto de Separación, situado en el centro de un edificio con forma de cúpula. Altas columnas estriadas bordeaban el exterior, sosteniendo un gran pórtico que daba entrada al edificio donde se veía la Grieta del Espejo.
Estaba a punto de entrar cuando León levantó la mano para detenerme.
—Espera aquí. Algo se acerca.
Al mismo tiempo, nos empujó a una zona más apartada.
…
Aunque estaba confuso, no dije nada y me limité a esperar como él dijo.
No supe cuánto tiempo estuvimos de pie. Sin embargo, con el calor, empezó a ser bastante incómodo.
Pero pronto aparecieron dos figuras.
Saliendo del Punto de Separación, parecían extremadamente normales. Con Aoife cargando varios libros y Kiera caminando detrás de ella con el ceño fruncido, me giré para mirar a León.
¡…!
Fue entonces cuando me di cuenta de la expresión sombría, casi aterradora, de su rostro.
—¿Qué…?
—Algo va mal.
León murmuró en voz baja mientras su expresión se relajaba a la fuerza. Luego, como si supiera exactamente qué hacer, se dio la vuelta y sacó su dispositivo de comunicación.
—¿A quién llamas?
León me miró un instante antes de responder:
—… Alguien que sabe mejor que nadie cómo lidiar con la situación.
¿Situación…?
Volví a mirar en dirección a Kiera y Aoife. Aunque estaba confuso, no cuestioné su intuición y me limité a preguntar:
—¿Quién?
León hizo una pausa antes de mirarme fijamente, con una expresión complicada en los ojos.
—Evelyn.
Frunció los labios.
—… No es la primera vez que lidia con algo así.
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