Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 368

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Advenimiento de las Tres Calamidades
  4. Capítulo 368 - Capítulo 368: Fin de la Cumbre [1]
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 368: Fin de la Cumbre [1]

—…

León se despertó en silencio. Sus párpados se abrieron lentamente para revelar una extraña oscuridad. Tardó un momento en acostumbrarse a la oscuridad antes de soltar un leve gemido y sentarse.

—¿Dónde estoy?

León miró a su alrededor.

No tardó mucho en reconocer la habitación.

—Ah.

Era la enfermería.

Ya había estado aquí antes.

—Uf.

Y el dolor que se extendía por cada centímetro de su cuerpo servía como prueba perfecta de ello.

—¿Estás despierto?

Habló una voz que lo sacó de su ensimismamiento. León giró la cabeza para ver a una chica sentada en una de las sillas de madera al otro lado de la cama. Con mechones morados cayendo en cascada por el costado de su hombro, Evelyn se apartó el pelo detrás de la oreja y dejó el libro que estaba leyendo.

—Has estado inconsciente casi dos días.

—¿Ah…?

León respondió con lentitud. ¿Dos días…? ¿Cómo era posible? Sentía como si acabara de terminar su combate con Julián.

Y si estuvo inconsciente dos días, ¿qué pasó con el resultado?

—¿Quién ganó?

Lo último que recordaba era que el árbitro nunca anunció al vencedor.

Supuso que por eso había terminado en empate, pero no parecía ser el caso.

—No lo sabemos.

Evelyn respondió con sinceridad, confundiendo a León, que levantó la cabeza para mirarla.

—¿No lo saben?

—Sí, el resultado aún no se ha anunciado. Al parecer, se hará en la ceremonia de clausura.

—¿Eh? ¿Por qué…?

—Bueno, la respuesta es obvia.

Evelyn puso una expresión de impotencia mientras adelantaba la mano y pellizcaba el pulgar con los dedos índice y corazón.

—Dinero.

León parpadeó, evidentemente sin entender del todo.

Evelyn se lo aclaró mejor.

—La razón por la que el árbitro no anunció tu resultado es porque resultó herido. Ahora está totalmente curado y es capaz de responder a esa pregunta, pero no lo hizo. ¿Por qué crees que fue?

—… ¿Para que más gente sintonice con la ceremonia de clausura?

—Sí.

—Jaja.

León se echó a reír. Dejándose caer de espaldas en la cama, miró sin expresión el techo sobre él.

«Están usando esta oportunidad para que más gente sintonice con la ceremonia de clausura y ganar más dinero, ya que el resultado se anunciará allí. Como la gente quiere saber la respuesta, habrá muchos espectadores…».

León se masajeó la cabeza mientras sentía que le palpitaba.

La situación le parecía ridícula.

Normalmente, la ceremonia de clausura era la que tenía menos espectadores. Esto se debía principalmente a que, una vez que todo el mundo sabía quién era el ganador, ya no tenía sentido seguirla.

Sobre todo porque aquellos a los que animaban ya habían sido eliminados.

…En este caso, aunque tanto él como Julián eran del mismo Imperio, todo el mundo seguía teniendo curiosidad por saber quién era el ganador.

Esto atraería una afluencia masiva de espectadores para ver la final, lo que a su vez reportaría mucho dinero.

—La codicia no tiene fin…

—Me han dicho que los premios son muy buenos este año. Seguro que puedes dejarlo pasar por esta vez.

—Supongo.

León se rio entre dientes, sabiendo muy bien que la razón por la que los premios eran buenos era que tanto él como Julián eran del mismo Imperio que organizaba la Cumbre.

¿Habrían sido tan buenos los premios de no ser así?

—Uf.

Masajeándose el cuello, que sentía un poco rígido, León mantuvo la mirada fija en el techo.

Un extraño silencio se apoderó de la habitación, ya que ni él ni Evelyn hablaban. Así fue hasta que León rompió el silencio una vez más.

—Entre nosotros dos, ¿quién crees que ganó?

—¿Mmm?

Evelyn pareció sorprendida por la pregunta y enarcó una ceja.

Luego, mientras lo asimilaba, se quedó en silencio.

—…

—…

León no la presionó para que respondiera.

Simplemente se quedó tumbado en la cama, disfrutando del silencio que se apoderó de la habitación.

—… No lo sé.

Al final, Evelyn respondió. Sin embargo, su respuesta no fue clara.

—El árbitro los detuvo a los dos antes de que chocaran. Sinceramente, no lo sé.

—Mmm.

León asintió.

Era una respuesta comprensible.

Sin embargo, lo que ella no sabía era que, en los últimos momentos, León había conseguido vislumbrar cómo su espada atravesaba las defensas del árbitro y casi le rebanaba la mano.

Esto era diferente a lo que pasó con Julián, de quien el árbitro logró defenderse por completo con el brazo.

En ese sentido, León confiaba en haber ganado.

«Sí, yo gané».

Le gustaría creer que ganó.

Y le gustaba cómo sonaba saber que había ganado.

«Gané…».

Sí, esto era bueno.

«Gané…».

Cuanto más lo decía, más satisfecho se sentía.

«Gané…».

Que te jodan, Julián.

***

¡Ploc…! ¡Ploc!

El suave y rítmico goteo del agua resonaba en la pequeña habitación mientras una figura vestida con una túnica estaba sentada en un sofá rojo, con su húmedo pelo rubio peinado hacia atrás desde la frente.

—¿Así que lo has acogido?

Su débil voz resonó suavemente en la habitación mientras una figura se arrodillaba en el lado opuesto.

—… Sí.

No era otro que Atlas, que mantenía la cabeza gacha.

—Creí haberte dicho que me lo trajeras.

—Todavía no está listo.

—… ¿Y esa es una decisión que tú puedes tomar?

—…

Atlas sintió que se le cortaba la respiración mientras todo su cuerpo se tensaba. Aunque no hubo ningún cambio en el tono de la figura que estaba frente a él, casi sentía que podía percibir cada una de sus emociones solo por el ambiente.

—Estás nervioso.

Dijo el hombre, mientras sus ojos recorrían a Atlas y un pequeño orbe azul aparecía en medio del pecho de este.

La palabra «miedo» estaba escrita debajo del orbe.

Sithrus levantó ligeramente el dedo y el orbe dentro del cuerpo de Atlas se expandió.

Se hizo más grande.

—Jaa… Jaaa…

Como resultado, la respiración de Atlas se volvió más pesada. Su rostro palideció y todo su cuerpo empezó a temblar.

Atlas solo podía sufrir en silencio mientras su ansiedad crecía.

Le carcomía la mente y, sin embargo, lo único que podía hacer era permanecer indefenso en el suelo sin levantar la vista.

La sensación solo se detuvo una vez que Sithrus tuvo suficiente.

Al detener la mano, el orbe dejó de crecer. Luego, al apretar el puño, desapareció por completo. Atlas sintió de inmediato cómo toda la ansiedad se desvanecía, su mente se enfriaba y su cuerpo dejaba de temblar.

—No eres un Mago Emotivo, ¿cómo piensas enseñarle en ese aspecto?

—… Tiene mucho que mejorar en ese aspecto. Un profesor básico sería suficiente.

—Mmm, supongo que sí.

Sithrus se reclinó en el sofá, con la mirada perdida, mientras se llevaba la mano a la cara.

La miró fijamente durante un buen minuto antes de que empezaran a aparecer grietas.

—Está empezando a deshacerse otra vez…

La sangre empezó a filtrarse por las grietas, trazando finas líneas que se extendían como una telaraña por todo su brazo. Sithrus observó todo esto con indiferencia mientras Atlas buscaba apresuradamente en su bolsillo para sacar un vial, pero una voz fría lo detuvo.

—No es necesario.

—¡… Pero!

—Este ni siquiera es mi cuerpo real. No tiene sentido malgastar su sangre por un cuerpo tan trivial como este.

—Entendido.

Atlas volvió a bajar la cabeza.

—Es una lástima. Si no fuera por este cuerpo deficiente, me habría sido más fácil localizar la espada. Sobre todo porque…

Una sonrisa adornó sus labios mientras dejaba de hablar.

Atlas sentía curiosidad por lo que Sithrus iba a decir, pero no preguntó, por miedo a provocar su ira. Lo único que pudo hacer fue arrodillarse en silencio mientras Sithrus se levantaba lentamente, con su larga y oscura túnica ondeando a su espalda. Se giró hacia la ventana, contemplando las calles de la ciudad.

Las calles empedradas estaban llenas de gente que caminaba felizmente mientras sus conversaciones llegaban a sus oídos.

«¿Quién crees que ganó el combate?».

«No sé… Dijeron que lo anunciarán en la ceremonia de clausura».

«Ah, no puedo esperar».

Podía oír…

Todo.

Desde el sonido de su respiración hasta todas las conversaciones que tenían lugar. Pero, en particular, podía ver los numerosos orbes que flotaban dentro de los cuerpos de todas y cada una de las personas que caminaban por las calles.

Algunos eran una mezcla de rojo y azul, mientras que otros eran una mezcla de verde y naranja. Había muchas combinaciones, y cada orbe era más grande o más pequeño que otros.

—Es un mundo colorido el que hay ahí fuera.

Sithrus murmuró, levantando la mano.

Flexionando la mano, se preparó para cerrarla en un puño, pero apenas consiguió detenerse.

—… Pero por muy hermoso que sea, es demasiado frágil.

Un simple apretón bastaría para volverlos a todos locos. Levantando ligeramente la mano, uno de los orbes azules del interior de una de las personas que caminaban se expandió rápidamente mientras esta se detenía.

Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos mientras se apretaba el pecho con dolor.

Parecía que le costaba respirar, y nadie le prestaba atención. Era como si a nadie le importara.

… Y era porque no les importaba.

Con la otra mano, Sithrus contuvo los orbes de todos los que pasaban.

Lo único que sentían era indiferencia hacia el hombre que lloraba.

—Tan simple…

Era el mundo.

Todo el mundo parecía una marioneta que podía controlar a su antojo.

No era ni aburrido ni entretenido.

Solo un medio para alcanzar su objetivo…

—Invertir el Cielo.

Sithrus murmuró débilmente, con los ojos temblorosos mientras estaban fijos en el sol amarillo brillante y el cielo azul.

—… Necesito Invertir el Cielo.

***

Dos días después.

En el Palacio Real de Megrail se celebró una gran ceremonia de clausura. Todos los participantes fueron invitados al evento, ganadores o perdedores.

Una alfombra roja descendía por los tramos de escaleras que conducían al gran palacio.

—… Me siento un poco rígido.

Jugueteé con la corbata que colgaba de mi cuello.

Aunque estaba acostumbrado a llevar ropa formal, este traje nuevo que llevaba me resultaba un poco rígido. Pero quizá era porque era nuevo.

«En cualquier caso, me siento como si estuviera en el zoológico».

Solo que…

Yo era la atracción.

Con el rostro impasible, subí el tramo de escaleras mientras todas las miradas se posaban en mí. Algunos incluso se apartaron a mi paso, casi como si me temieran.

La escena era extraña, pero al mismo tiempo no era muy diferente de mi época en el Refugio.

La gente también me trataba de la misma manera.

Pero las miradas eran un poco diferentes a las de entonces. Las miradas de entonces estaban llenas de desprecio y miedo.

Esta vez…

Era solo miedo.

Ya no era la estrella negra más débil.

Ahora era el más fuerte.

Quizá no el más fuerte, ya que no creía ser más fuerte de lo que Delilah fue en su día, pero al menos era el más fuerte de la generación actual.

… Y era agradable saberlo.

—¿Mmm?

Justo cuando entré en el salón principal donde todos estaban de pie, sentí una pequeña mano tirar de mi ropa. Al bajar la cabeza, un par de profundos ojos negros me devolvieron la mirada.

Parpadeé lentamente antes de taparme la boca a toda prisa,

—Grem…

—¿…?

Delilah ladeó la cabeza, confundida. ¿Grem? ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? …O eso parecía decir su mirada mientras me observaba.

Yo solo pude mantener la boca cerrada e inclinar la cabeza en la misma dirección que ella.

Ella parpadeó.

Yo parpadeé.

Y entonces…

—¿Qué estáis haciendo?

Cierta voz atrajo la atención de ambos.

Junto a la puerta que daba al salón principal estaba Kiera, con su largo pelo blanco pulcramente atado en una coleta y un largo vestido blanco que parecía inusualmente extravagante para ella; su tela impoluta y sus intrincados detalles contrastaban con su estilo normalmente discreto, haciéndola destacar más de lo habitual.

—Estás aquí.

—… ¿Se supone que no debo estar aquí? Yo también participé, ¿sabes?

—No, si ya lo sé…

«Pero pensaba que aún te estabas recuperando de lo que pasó».

Apenas logré contenerme para no soltar esas palabras mientras mi mirada se posaba en Delilah, que observaba a Kiera con sus ojos negros como la obsidiana.

Estaba en silencio, y no podía saber qué pensaba.

No, quizá sí podía…

Estaba empezando a ser más fácil hacerlo.

—¿Otra vez aquí con tu hija? —dijo Kiera, alternando su mirada entre Delilah y yo. Luego, entrecerrando los ojos, se acercó un poco más a Delilah.

—¿Sabes qué? La verdad es que me recuerda a alguien…

—…¿?

Sentí que el corazón se me paraba un segundo.

¡¿No podía ser que hubiera descubierto su disfraz?! Estaba a punto de abrir la boca cuando mi expresión se congeló al ver que Kiera se estiraba para pellizcar las mejillas de Delilah.

Estirón~

—Je, je.

Se rio.

Estiraaa~

—Es como estirar un malvavisco blandito. Uf… Habría dejado de fumar antes si hubiera tenido estas mejillas con las que juguetear.

Estirón~

—Kekeke.

—…

Llegado a cierto punto, simplemente me rendí.

Si Kiera quería morir, que así fuera. Ya la había salvado antes. Si quería desperdiciar su vida de esta manera, yo no podía hacer nada al respecto.

Estiróoon~

—¡Dios mío! ¡Mira cuánto se le estiran las mejillas! Es como una jodi… una goma elástica.

¿Jodi…?

…Estuvo a punto de soltar una palabrota, pero se contuvo en el último momento, ¿verdad?

Al menos era responsable.

—Ja, ja, jodidamente descojonante.

—…

No me salieron las palabras mientras Kiera estiraba las mejillas de Delilah tanto como podía.

Me limité a mirarla con lástima.

«Olvídate del Ángel, has provocado a alguien que podría matar al Ángel de una sola bofetada».

Una pena que no pudiera haberle pedido ayuda.

Las cosas habrían acabado más rápido, pero yo me habría visto gravemente implicado en el proceso.

«Supongo que por algo me dieron una misión».

Si fuera tan fácil, probablemente no la habría recibido.

—Bueno, ya me he divertido bastante.

Kiera por fin soltó las mejillas de Delilah, que se habían puesto rojas.

Le dio una palmadita en la cabeza a Delilah y le alborotó el pelo con las manos antes de girarse para mirarme.

—Cierto…

Su expresión se tornó algo complicada.

Parecía que le costaba encontrar las palabras, pero no era necesario. Podía entender más o menos lo que intentaba decir.

«…Gracias».

Por esa razón, me limité a asentir con la cabeza.

Pareció agradecida por el gesto y bajó la cabeza en señal de gratitud.

—Enhorabuena por tu combate. Estuvo genial.

—Gracias.

Kiera asintió una vez más antes de darse la vuelta. Apenas había dado un paso cuando se detuvo, girando la cabeza para mirar a Delilah de nuevo.

Me quedé helado otra vez.

«No me digas que todavía no se ha divertido lo suficiente…».

¡¿Pero qué clase de…?!

—Toma. Espero que te guste.

En contra de mis expectativas, Kiera terminó dándole a Delilah varias chocolatinas que sacó de la nada. Eran de la misma marca que le gustaba a Delilah, pulcramente envueltas en pequeños envoltorios de papel bastante coloridos.

La escena fue suficiente para dejarme de piedra mientras Kiera levantaba la cabeza para mirarme.

—¿Qué? ¿Por qué me miras así?

—Eso…

Señalé el chocolate con la mirada mientras Delilah extendía las manos.

—Ah, esto.

Kiera le dio a Delilah otro dulce.

—Es esto o las barritas de regaliz. Como no puedo traer las barritas, suelo llevar este chocolate que compro en la tienda de al lado de la Academia. Normalmente no los como, pero como no puedo traer mis barritas aquí, traje estos.

—…Ah.

De repente todo cobró sentido cuando Kiera me ofreció uno.

—¿Quieres uno?

—Eh…

Lo pensé un momento antes de extender la mano.

—Claro.

—Toma.

Kiera me lo lanzó y lo cogí con una mano.

—Buena atrapada.

Kiera se metió uno en la boca antes de darse la vuelta una vez más y marcharse por fin. Me quedé mirando su espalda mientras se alejaba durante unos segundos antes de bajar la cabeza para observar a Delilah, que permanecía inmóvil en el sitio, contemplando en silencio a Kiera con sus grandes ojos de obsidiana.

«Oh, no».

La intensidad con la que miraba a Kiera hizo que se me encogiera el corazón.

—Oye, yo cre…

—Buena.

—¿Mmm?

Al oír la voz de Delilah, bajé la cabeza. ¿Buena? ¿Ha dicho buena? Parpadeé confundido, esforzándome por saber si había oído mal o no.

Entonces, justo cuando estaba sumido en mis pensamientos, Delilah giró la cabeza para mirarme.

—Esa chica —dijo, sujetando el chocolate con ambas manos.

—…Es una buena chica.

—¿?

¿Por qué sentía que era un deja vu?

No, esto ya había pasado antes…

—¿Acaso no tienes otros pensamientos aparte del chocolate?

Delilah parpadeó antes de asentir.

—Por supuesto.

—¿En serio?

Me costaba creerlo. Si podía soportar semejante abuso y perdonarlo todo por un poco de chocolate, entonces quería saber hasta qué punto dejaría pasar las cosas siempre que le dieran chocolate.

—…¿De verdad tienes algún otro pensamiento aparte de los dulces?

—Sí.

Delilah asintió de nuevo.

—¿Como cuáles?

—T…

—Julián.

Una voz fría resonó de repente a mis espaldas, interrumpiendo a Delilah. La voz me sonaba bastante desconocida y, sin embargo, extremadamente familiar mientras me daba la vuelta.

—¡…!

En el momento en que lo hice, mi expresión se tensó.

No muy lejos de mí, vestido con un traje oscuro que contrastaba fuertemente con las brillantes luces del salón, apareció un hombre que solo había visto en fotografías.

Era mi vivo retrato.

No, sería más exacto decir que era una versión mayor de mí con algunos ligeros cambios.

…No era tonto.

En el momento en que le puse los ojos encima, ya supe quién era.

—Padre.

Conseguí calmar mi conmoción con bastante rapidez mientras bajaba la cabeza a modo de saludo.

—Mmm.

Él asintió con la cabeza en señal de reconocimiento.

—Me alegro de volver a verte, hijo.

—…

Apreté los labios, sintiendo en secreto cómo la espalda se me empapaba de sudor. Menos mal que había practicado de antemano con León cómo interactuar con mi «padre» por si acaso aparecía de la nada.

Era elegante en todos los sentidos de la palabra, atrayendo la atención de los que le rodeaban igual que yo.

Su espalda era recta y su expresión mostraba una cierta indiferencia que hacía dudar de si realmente era un barón o no.

Parecía más un noble de alto rango que un barón.

—…A mí también me alegra verte, padre.

Hasta ahora, estaba haciendo exactamente lo que León me había dicho. Usar las menos palabras posibles y evitar el contacto visual.

Al parecer, el anterior Julián tenía miedo de la mirada de su propio padre.

Quizá al darse cuenta de esto, el tono de Aldric se volvió más solemne.

—Sigues siendo el mismo.

Pude sentir la ligera decepción en su voz mientras hablaba.

—…Puede que hayas llegado a la final, pero sigues sin poder mirarme a los ojos. Me hace dudar de si de verdad conseguiste llegar a la final sin hacer trampas.

—…

Me contuve.

«De repente entiendo por qué León me dijo que mis interacciones fueran breves».

Este tipo…

Realmente no se contenía con sus palabras. Era tan directo como se puede ser. Bueno… no es que yo fuera muy diferente.

—Quizá las hice —respondí secamente, manteniendo la cabeza gacha.

Las siguientes instrucciones de León resonaron en mi mente.

«Provócalo un poco».

—Pero eso no importa, ¿verdad? Mantuve el honor de la familia. ¿No deberías estar contento? Es en lo único que piensas, de todos modos.

Y eso fue exactamente lo que hice.

Y como era de esperar, el silencio siguió a mis palabras.

—…

Mantuvo su mirada fija en mí durante varios segundos antes de apartarla.

—Volverás conmigo a la finca después de esto. Pensaba dejarte una carta para decirte que vinieras, pero, conociéndote, estoy seguro de que la ignorarías. Por eso he venido personalmente a recogerte.

Su tono tenía una cierta finalidad que dejaba claro que no era una petición.

Era una orden.

«Joder, es peor de lo que León describió».

No tenía ninguna intención de volver a la finca. Quería tomarme un descanso después de todo esto. Centrarme en mi entrenamiento y no lidiar con ninguna mierda hasta el comienzo del segundo año.

…De verdad necesitaba un descanso.

Y no iba a permitir que nadie me lo quitara.

—¿Mmm?

Aldric se detuvo de repente, desviando su atención de mí.

—¿Y esta es…?

Finalmente, se fijó en Delilah, que parecía extrañamente silenciosa y algo rígida. Parpadeando con sus grandes ojos, su mirada se alternaba entre nosotros dos.

Su expresión no cambió, pero me di cuenta de que estaba sorprendida.

Apreté los labios y suspiré en silencio.

—Es una niña perdida que encontré deambulando por ahí. Estaba intentando buscar a sus padres o tutores.

—Mmm.

Los ojos de Aldric se entrecerraron en silencio.

Examinó bien a Delilah antes de que sus ojos se relajaran.

—He memorizado a todos los invitados presentes y a sus familias. Ella no encaja con ninguno de los perfiles que vi.

—…Ah.

¿Podía este tipo ser más ridículo?

León me había advertido de que era meticuloso, pero no hasta este punto. Casi parecía que lo tenía todo memorizado.

«¿Quién sabe…? Puede que ya haya descubierto algo sobre mí».

La idea me hizo estremecer, pero no pude hacer otra cosa que mantener la compostura.

—¿Estás insinuando que se ha colado?

—Mmm, quizá no —respondió Aldric tras una lenta pausa.

—Los guardias no cometerían un error tan tonto. Parece que no he estudiado lo suficiente.

Bajó la cabeza para mirar a Delilah.

—¿Cómo te llamas? Quizá pueda ayudarte a encontrar a tus padres.

—…

Delilah se quedó en el mismo sitio sin decir una palabra. Seguía rígida, casi ida. Me quedé desconcertado y, antes de que pudiera hacer nada, sus labios se entreabrieron.

—Del…

—Grem.

La interrumpí.

—¿Grem?

Aldric pareció confundido, frunciendo el ceño mientras volvía a centrar su atención en mí.

—¿Se llama Grem?

—…Sí.

Me mordí el interior del labio.

Esto…

Fue lo mejor que se me pudo ocurrir en el momento.

No parecí haber hecho un buen trabajo inventando un nombre, ya que el ceño de mi padre se frunció aún más. Pero justo antes de que pudiera hablar, alguien le dio un golpecito en el hombro y le susurró algo.

Su ceño fruncido se tensó por un breve instante antes de relajarse.

—…Si me disculpan.

Entonces procedió a marcharse sin decir nada más.

Seguí su espalda con la mirada durante un minuto antes de que desapareciera entre la multitud. Solo cuando ya no pude verlo, me giré para mirar a Delilah.

—¿Qué ha sido eso? —pregunté en voz baja.

Parecía inusualmente rígida.

—…¿Lo conoces?

—No —respondió Delilah, parpadeando con sus grandes ojos.

—Es la primera vez que lo veo.

—Entonces, ¿por qué has actuado así?

—…

Delilah no respondió.

Acostumbrado a su personalidad, solo pude masajearme la dolorida cabeza.

—Bueno, da igual.

Había asuntos más urgentes entre manos.

Como… Contarle esto a León.

«…padre».

—¿Has dicho algo?

Creí haber oído algo y me giré para mirar a Delilah, que me devolvió la mirada ladeando la cabeza.

—¿Qué?

—…¿No has dicho nada?

—No.

—Vale.

Quizá me estaba volviendo loco. En cualquier caso, necesitaba encontrar a León. Guardando el dulce que Kiera me había dado, me alejé en busca de León. Tenía que estar por aquí en alguna parte.

Mientras lo buscaba, una vez más, oí el susurro.

«…porque… tu… padre…».

De nuevo no pude distinguir los detalles y me di la vuelta para encararme con Delilah. Solo que…

—Se ha ido.

Había desaparecido antes de que me diera cuenta.

Al final, negando con la cabeza, me olvidé de todo y seguí buscando a León. Seguramente esto no sería problemático, ¿verdad?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo