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El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 369

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Capítulo 369: Fin de la Cumbre [2]

—¿…?

Delilah ladeó la cabeza, confundida. ¿Grem? ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? …O eso parecía decir su mirada mientras me observaba.

Yo solo pude mantener la boca cerrada e inclinar la cabeza en la misma dirección que ella.

Ella parpadeó.

Yo parpadeé.

Y entonces…

—¿Qué estáis haciendo?

Cierta voz atrajo la atención de ambos.

Junto a la puerta que daba al salón principal estaba Kiera, con su largo pelo blanco pulcramente atado en una coleta y un largo vestido blanco que parecía inusualmente extravagante para ella; su tela impoluta y sus intrincados detalles contrastaban con su estilo normalmente discreto, haciéndola destacar más de lo habitual.

—Estás aquí.

—… ¿Se supone que no debo estar aquí? Yo también participé, ¿sabes?

—No, si ya lo sé…

«Pero pensaba que aún te estabas recuperando de lo que pasó».

Apenas logré contenerme para no soltar esas palabras mientras mi mirada se posaba en Delilah, que observaba a Kiera con sus ojos negros como la obsidiana.

Estaba en silencio, y no podía saber qué pensaba.

No, quizá sí podía…

Estaba empezando a ser más fácil hacerlo.

—¿Otra vez aquí con tu hija? —dijo Kiera, alternando su mirada entre Delilah y yo. Luego, entrecerrando los ojos, se acercó un poco más a Delilah.

—¿Sabes qué? La verdad es que me recuerda a alguien…

—…¿?

Sentí que el corazón se me paraba un segundo.

¡¿No podía ser que hubiera descubierto su disfraz?! Estaba a punto de abrir la boca cuando mi expresión se congeló al ver que Kiera se estiraba para pellizcar las mejillas de Delilah.

Estirón~

—Je, je.

Se rio.

Estiraaa~

—Es como estirar un malvavisco blandito. Uf… Habría dejado de fumar antes si hubiera tenido estas mejillas con las que juguetear.

Estirón~

—Kekeke.

—…

Llegado a cierto punto, simplemente me rendí.

Si Kiera quería morir, que así fuera. Ya la había salvado antes. Si quería desperdiciar su vida de esta manera, yo no podía hacer nada al respecto.

Estiróoon~

—¡Dios mío! ¡Mira cuánto se le estiran las mejillas! Es como una jodi… una goma elástica.

¿Jodi…?

…Estuvo a punto de soltar una palabrota, pero se contuvo en el último momento, ¿verdad?

Al menos era responsable.

—Ja, ja, jodidamente descojonante.

—…

No me salieron las palabras mientras Kiera estiraba las mejillas de Delilah tanto como podía.

Me limité a mirarla con lástima.

«Olvídate del Ángel, has provocado a alguien que podría matar al Ángel de una sola bofetada».

Una pena que no pudiera haberle pedido ayuda.

Las cosas habrían acabado más rápido, pero yo me habría visto gravemente implicado en el proceso.

«Supongo que por algo me dieron una misión».

Si fuera tan fácil, probablemente no la habría recibido.

—Bueno, ya me he divertido bastante.

Kiera por fin soltó las mejillas de Delilah, que se habían puesto rojas.

Le dio una palmadita en la cabeza a Delilah y le alborotó el pelo con las manos antes de girarse para mirarme.

—Cierto…

Su expresión se tornó algo complicada.

Parecía que le costaba encontrar las palabras, pero no era necesario. Podía entender más o menos lo que intentaba decir.

«…Gracias».

Por esa razón, me limité a asentir con la cabeza.

Pareció agradecida por el gesto y bajó la cabeza en señal de gratitud.

—Enhorabuena por tu combate. Estuvo genial.

—Gracias.

Kiera asintió una vez más antes de darse la vuelta. Apenas había dado un paso cuando se detuvo, girando la cabeza para mirar a Delilah de nuevo.

Me quedé helado otra vez.

«No me digas que todavía no se ha divertido lo suficiente…».

¡¿Pero qué clase de…?!

—Toma. Espero que te guste.

En contra de mis expectativas, Kiera terminó dándole a Delilah varias chocolatinas que sacó de la nada. Eran de la misma marca que le gustaba a Delilah, pulcramente envueltas en pequeños envoltorios de papel bastante coloridos.

La escena fue suficiente para dejarme de piedra mientras Kiera levantaba la cabeza para mirarme.

—¿Qué? ¿Por qué me miras así?

—Eso…

Señalé el chocolate con la mirada mientras Delilah extendía las manos.

—Ah, esto.

Kiera le dio a Delilah otro dulce.

—Es esto o las barritas de regaliz. Como no puedo traer las barritas, suelo llevar este chocolate que compro en la tienda de al lado de la Academia. Normalmente no los como, pero como no puedo traer mis barritas aquí, traje estos.

—…Ah.

De repente todo cobró sentido cuando Kiera me ofreció uno.

—¿Quieres uno?

—Eh…

Lo pensé un momento antes de extender la mano.

—Claro.

—Toma.

Kiera me lo lanzó y lo cogí con una mano.

—Buena atrapada.

Kiera se metió uno en la boca antes de darse la vuelta una vez más y marcharse por fin. Me quedé mirando su espalda mientras se alejaba durante unos segundos antes de bajar la cabeza para observar a Delilah, que permanecía inmóvil en el sitio, contemplando en silencio a Kiera con sus grandes ojos de obsidiana.

«Oh, no».

La intensidad con la que miraba a Kiera hizo que se me encogiera el corazón.

—Oye, yo cre…

—Buena.

—¿Mmm?

Al oír la voz de Delilah, bajé la cabeza. ¿Buena? ¿Ha dicho buena? Parpadeé confundido, esforzándome por saber si había oído mal o no.

Entonces, justo cuando estaba sumido en mis pensamientos, Delilah giró la cabeza para mirarme.

—Esa chica —dijo, sujetando el chocolate con ambas manos.

—…Es una buena chica.

—¿?

¿Por qué sentía que era un deja vu?

No, esto ya había pasado antes…

—¿Acaso no tienes otros pensamientos aparte del chocolate?

Delilah parpadeó antes de asentir.

—Por supuesto.

—¿En serio?

Me costaba creerlo. Si podía soportar semejante abuso y perdonarlo todo por un poco de chocolate, entonces quería saber hasta qué punto dejaría pasar las cosas siempre que le dieran chocolate.

—…¿De verdad tienes algún otro pensamiento aparte de los dulces?

—Sí.

Delilah asintió de nuevo.

—¿Como cuáles?

—T…

—Julián.

Una voz fría resonó de repente a mis espaldas, interrumpiendo a Delilah. La voz me sonaba bastante desconocida y, sin embargo, extremadamente familiar mientras me daba la vuelta.

—¡…!

En el momento en que lo hice, mi expresión se tensó.

No muy lejos de mí, vestido con un traje oscuro que contrastaba fuertemente con las brillantes luces del salón, apareció un hombre que solo había visto en fotografías.

Era mi vivo retrato.

No, sería más exacto decir que era una versión mayor de mí con algunos ligeros cambios.

…No era tonto.

En el momento en que le puse los ojos encima, ya supe quién era.

—Padre.

Conseguí calmar mi conmoción con bastante rapidez mientras bajaba la cabeza a modo de saludo.

—Mmm.

Él asintió con la cabeza en señal de reconocimiento.

—Me alegro de volver a verte, hijo.

—…

Apreté los labios, sintiendo en secreto cómo la espalda se me empapaba de sudor. Menos mal que había practicado de antemano con León cómo interactuar con mi «padre» por si acaso aparecía de la nada.

Era elegante en todos los sentidos de la palabra, atrayendo la atención de los que le rodeaban igual que yo.

Su espalda era recta y su expresión mostraba una cierta indiferencia que hacía dudar de si realmente era un barón o no.

Parecía más un noble de alto rango que un barón.

—…A mí también me alegra verte, padre.

Hasta ahora, estaba haciendo exactamente lo que León me había dicho. Usar las menos palabras posibles y evitar el contacto visual.

Al parecer, el anterior Julián tenía miedo de la mirada de su propio padre.

Quizá al darse cuenta de esto, el tono de Aldric se volvió más solemne.

—Sigues siendo el mismo.

Pude sentir la ligera decepción en su voz mientras hablaba.

—…Puede que hayas llegado a la final, pero sigues sin poder mirarme a los ojos. Me hace dudar de si de verdad conseguiste llegar a la final sin hacer trampas.

—…

Me contuve.

«De repente entiendo por qué León me dijo que mis interacciones fueran breves».

Este tipo…

Realmente no se contenía con sus palabras. Era tan directo como se puede ser. Bueno… no es que yo fuera muy diferente.

—Quizá las hice —respondí secamente, manteniendo la cabeza gacha.

Las siguientes instrucciones de León resonaron en mi mente.

«Provócalo un poco».

—Pero eso no importa, ¿verdad? Mantuve el honor de la familia. ¿No deberías estar contento? Es en lo único que piensas, de todos modos.

Y eso fue exactamente lo que hice.

Y como era de esperar, el silencio siguió a mis palabras.

—…

Mantuvo su mirada fija en mí durante varios segundos antes de apartarla.

—Volverás conmigo a la finca después de esto. Pensaba dejarte una carta para decirte que vinieras, pero, conociéndote, estoy seguro de que la ignorarías. Por eso he venido personalmente a recogerte.

Su tono tenía una cierta finalidad que dejaba claro que no era una petición.

Era una orden.

«Joder, es peor de lo que León describió».

No tenía ninguna intención de volver a la finca. Quería tomarme un descanso después de todo esto. Centrarme en mi entrenamiento y no lidiar con ninguna mierda hasta el comienzo del segundo año.

…De verdad necesitaba un descanso.

Y no iba a permitir que nadie me lo quitara.

—¿Mmm?

Aldric se detuvo de repente, desviando su atención de mí.

—¿Y esta es…?

Finalmente, se fijó en Delilah, que parecía extrañamente silenciosa y algo rígida. Parpadeando con sus grandes ojos, su mirada se alternaba entre nosotros dos.

Su expresión no cambió, pero me di cuenta de que estaba sorprendida.

Apreté los labios y suspiré en silencio.

—Es una niña perdida que encontré deambulando por ahí. Estaba intentando buscar a sus padres o tutores.

—Mmm.

Los ojos de Aldric se entrecerraron en silencio.

Examinó bien a Delilah antes de que sus ojos se relajaran.

—He memorizado a todos los invitados presentes y a sus familias. Ella no encaja con ninguno de los perfiles que vi.

—…Ah.

¿Podía este tipo ser más ridículo?

León me había advertido de que era meticuloso, pero no hasta este punto. Casi parecía que lo tenía todo memorizado.

«¿Quién sabe…? Puede que ya haya descubierto algo sobre mí».

La idea me hizo estremecer, pero no pude hacer otra cosa que mantener la compostura.

—¿Estás insinuando que se ha colado?

—Mmm, quizá no —respondió Aldric tras una lenta pausa.

—Los guardias no cometerían un error tan tonto. Parece que no he estudiado lo suficiente.

Bajó la cabeza para mirar a Delilah.

—¿Cómo te llamas? Quizá pueda ayudarte a encontrar a tus padres.

—…

Delilah se quedó en el mismo sitio sin decir una palabra. Seguía rígida, casi ida. Me quedé desconcertado y, antes de que pudiera hacer nada, sus labios se entreabrieron.

—Del…

—Grem.

La interrumpí.

—¿Grem?

Aldric pareció confundido, frunciendo el ceño mientras volvía a centrar su atención en mí.

—¿Se llama Grem?

—…Sí.

Me mordí el interior del labio.

Esto…

Fue lo mejor que se me pudo ocurrir en el momento.

No parecí haber hecho un buen trabajo inventando un nombre, ya que el ceño de mi padre se frunció aún más. Pero justo antes de que pudiera hablar, alguien le dio un golpecito en el hombro y le susurró algo.

Su ceño fruncido se tensó por un breve instante antes de relajarse.

—…Si me disculpan.

Entonces procedió a marcharse sin decir nada más.

Seguí su espalda con la mirada durante un minuto antes de que desapareciera entre la multitud. Solo cuando ya no pude verlo, me giré para mirar a Delilah.

—¿Qué ha sido eso? —pregunté en voz baja.

Parecía inusualmente rígida.

—…¿Lo conoces?

—No —respondió Delilah, parpadeando con sus grandes ojos.

—Es la primera vez que lo veo.

—Entonces, ¿por qué has actuado así?

—…

Delilah no respondió.

Acostumbrado a su personalidad, solo pude masajearme la dolorida cabeza.

—Bueno, da igual.

Había asuntos más urgentes entre manos.

Como… Contarle esto a León.

«…padre».

—¿Has dicho algo?

Creí haber oído algo y me giré para mirar a Delilah, que me devolvió la mirada ladeando la cabeza.

—¿Qué?

—…¿No has dicho nada?

—No.

—Vale.

Quizá me estaba volviendo loco. En cualquier caso, necesitaba encontrar a León. Guardando el dulce que Kiera me había dado, me alejé en busca de León. Tenía que estar por aquí en alguna parte.

Mientras lo buscaba, una vez más, oí el susurro.

«…porque… tu… padre…».

De nuevo no pude distinguir los detalles y me di la vuelta para encararme con Delilah. Solo que…

—Se ha ido.

Había desaparecido antes de que me diera cuenta.

Al final, negando con la cabeza, me olvidé de todo y seguí buscando a León. Seguramente esto no sería problemático, ¿verdad?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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