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El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 373

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Capítulo 373: Casa Evenus [1]

Al día siguiente.

El sol brillaba con intensidad sobre las calles de la ciudad de Bremmer, y su cálida luz se derramaba sobre los edificios y los residentes.

La gente salía de sus casas, empapándose del calor matutino mientras se preparaba para empezar su jornada laboral.

Yo era una de esas personas al salir de la posada donde me alojaba, preparado para dirigirme al Palacio Real a recoger mis recompensas.

Parecía que iba a ser un buen día.

Estaba feliz.

«…Antes de que pase cualquier cosa, debería entrar en la Cámara de Maldición para que nadie me busque problemas».

El plan era simple.

Entrar en la Cámara de Maldición y entrenar hasta el comienzo del nuevo año.

Se suponía que sería así, sin problemas, y sin embargo…

—…

—…

Un par de ojos grises se encontraron con los míos en el momento en que salí de la posada.

Sosteniendo un equipaje y con un carruaje parado detrás de él, León me miró sin mucha expresión.

No, no hacía falta ninguna expresión.

Podía saber exactamente lo que estaba pensando.

«He venido a buscarte».

«¿Para…?»

León enarcó una ceja, girando la cabeza para señalar la insignia del carruaje antes de volver a mirarme.

«¿Tú qué crees?»

«Ah».

Asentí débilmente y bajé el pequeño tramo de escaleras antes de llegar al carruaje, donde le entregué mi equipaje a León.

—Toma.

—¿…?

León miró mi equipaje antes de mirarme a mí.

—¿Esto es…?

—Mi equipaje.

—No, ya lo sé…

—Cógelo. ¿No se supone que eres mi caballero?

—¿Eh? Sí.

—Vale, bien.

Le metí el equipaje en las manos a León. Parecía sorprendido por mi docilidad. Yo también lo estaba. Bueno, solo por un breve instante, porque antes de darme cuenta, yo…

Corrí.

Corrí como si mi vida dependiera de ello.

—¡…!

La expresión de León cambió rápidamente al oír un suave golpe sordo a mis espaldas. Lo más probable es que se le hubiera caído mi equipaje. Aunque no me preocupaba demasiado. Ahora era rico. Si rompía algo, podría pagármelo.

…Y había algo más importante en este preciso momento.

Tal como…

Correr.

«No voy a ir».

Iba a disfrutar de mis vacaciones independientemente de si ellos querían o no.

Sin dudarlo, giré por varias calles mientras me apresuraba hacia delante sin mirar atrás.

Mi destino actual era el Palacio Real.

Mientras pudiera llegar allí…

—¡Eh, cuidado!

—¡Qué haces!

—¡Ack!

Por el camino, hubo víctimas inevitables que cayeron debido a mi velocidad. Solo pude disculparme con ellas en mi corazón antes de aumentar aún más el ritmo. No podía permitirme reducir la velocidad ni lo más mínimo.

Sobre todo porque León era más rápido que yo.

Después de todo, era un usuario de [Cuerpo].

…Claro, eso a menos que usara mi ‘Concepto’. Entonces la historia sería completamente diferente.

Pero seguro que él no lo har…

¡Bum!

Como si una bomba hubiera detonado, oí una débil explosión a mis espaldas. Al girar la cabeza, sentí que todo mi cuerpo se tensaba mientras León salía disparado en mi dirección como un cohete.

Durante el más breve de los instantes, pude ver sus ojos, que eran completamente negros con tenues puntos blancos en el centro.

El corazón se me salió del pecho.

—¡…!

¡Esto era pasarse…!

Me crispé.

Sin embargo, no iba a perder así. Apretando los dientes, una esfera verde apareció en mi mente. Palpitó en silencio mientras la alcanzaba, su capa exterior cubrió mi brazo mientras mis piernas se tensaban y mi velocidad aumentaba.

Con el repentino aumento de mi maná y fuerza, ya no me preocupaba sobrecargar mi cuerpo como antes.

Se podría decir que había desarrollado mi ‘Concepto’ un poco prematuramente.

En ese sentido, no era de extrañar que mi cuerpo no pudiera soportarlo del todo.

Aunque mi cuerpo todavía no era capaz de soportar por completo el poder de cada esfera, lo estaba llevando mucho mejor que antes, ya que mi velocidad aumentó sin que mucho dolor acompañara dicho aumento.

«En cualquier caso, estoy seguro de que no podrá hacerme nada una vez que llegue al Palacio Real».

Sí, otra vez.

…Necesitaba llegar al Palacio Real.

Fiuuu—

No estaba muy familiarizado con las calles de Bremmer.

Eran bastante anchas, lo suficiente como para que pasaran los carruajes. Pero también había calles más pequeñas, que se extendían en todo tipo de caminos.

Me costó orientarme por las calles más pequeñas, pero, por suerte, el Palacio Real destacaba bastante.

…Más o menos podía ver el alto tejado en forma de cúpula del palacio mientras me dirigía directamente hacia él.

—Kh…

Un ligero quejido se escapó de mis labios mientras me giraba para mirar a León.

El corazón se me encogió en el momento en que vi que seguía pisándome los talones, con los ojos cada vez más negros a medida que corríamos.

…Se estaba quedando sin aguante poco a poco, pero yo también.

Pero estaba cerca…

Estaba tan cerca del Palacio Real, pasando las últimas casas residenciales. Desde aquí, por fin pude ver el palacio en todo su esplendor, su majestuosa forma elevándose sobre la ciudad.

Como no se permitía construir ningún edificio residencial cerca del Palacio Real, mi vista se despejó al instante y un gran jardín apareció ante mis ojos.

Varios guardias patrullaban la zona mientras los jardineros cuidaban las flores y podaban las plantas.

Solo les dediqué una mirada superficial antes de abalanzarme hacia la entrada principal.

Pero justo cuando estaba a punto de lanzarme una vez más, una cierta voz resonó.

—¡Alto ahí!

Mis pasos se detuvieron de repente.

Una chica de largo pelo blanco apareció no muy lejos de donde yo estaba.

—¿Eh?

Me quedé atónito al verla.

«¿Pero qué…?»

No era otra que Kiera, que llevaba una camisa blanca pulcramente metida en su pantalón marrón. Se veía un poco diferente de lo habitual. Un poco más despreocupada…

Pero eso no venía al caso.

—… ¿Qué haces aquí?

—Eh… Necesito hablar contigo.

—¿Hablar conmigo?

Eché un rápido vistazo a mi espalda y vi a León acercándose. Tragué saliva rápidamente antes de dar un paso a la derecha.

—¿Podemos hacerlo más tarde? Necesito…

—No, es bastante importante.

Kiera me bloqueó, interponiéndose en mi camino.

—No, yo…

—Es importante. No puedes perdért…

Me crispé.

Dejé de hacerle caso a Kiera y tensé las piernas, saliendo disparado lejos de ella. Pensé que captaría el mensaje, pero no… No lo hizo, y se apresuró a intentar alcanzarme.

—¡Eh, espera!

—¡Más tarde!

Grité, extendiendo la mano de nuevo hacia la esfera verde.

Ya podía ver la entrada del palacio. Me estaba acercando. Me lamí los labios y canalicé toda la energía que me quedaba para aumentar mi velocidad.

Pero…

—¡Deja de correr! ¿¡Qué estás haciendo!?

Un mechón de pelo rojo apareció ante mí, bloqueando mi vista.

—¡Ah!

Casi grité de desesperación, pero mantuve la compostura mientras miraba a mis espaldas para ver a Kiera y a León corriendo en mi dirección.

—Esto, Aoife… Estoy en una situación un tanto complicada.

—… Sí, me doy cuenta.

—Entonces…

—Como te decía, no puedes correr por aquí. Recibí varios informes de que estabas aquí, así que no tuve más remedio que venir a detenerte. Si hubiera sido por los guardias, ya te habrían echado.

—Ah, sí, sí.

Miré a mi izquierda y a mi derecha antes de lanzarme hacia la derecha.

…Todavía había una pequeña distancia entre nosotros. Sí, podía lograrlo.

Miré al frente.

La entrada estaba ahora a solo unos metros delante de mí.

«Sí, con tal de que logre entrar… S…».

—¡Ack!

Mi alegría duró poco, ya que sentí un potente golpe en la espalda que me dejó sin aliento y me hizo caer.

—… Agh.

Sentí que algo blando presionaba mi espalda mientras caía.

Pero por si fuera poco, una sombra se cernió sobre mí poco después.

—¡Espera, Kiera!

La voz de Aoife resonó extrañamente junto a mi oído.

Antes de que pudiera entender lo que pasaba, sentí que algo pesado se estrellaba contra mi espalda.

—¡Agh!

—¡Ack…!

—¡Uuuh!

Hubo tres quejidos mientras me aplastaban aún más contra el suelo. Mi mente se quedó en blanco ante la situación, y mientras apoyaba la mano en el suelo para levantarme, una sombra volvió a cernirse sobre mí.

Al levantar la vista, vi a León mirándome fijamente con sus habituales ojos fríos.

—…

—…

Chasqueé los labios antes de hablar.

—… Tengo un pequeño recado que hacer aquí en el Palacio Real. Si me dieras un poco de tiem…

—No.

León me interrumpió con frialdad.

Su mirada era como la de un halcón que tiene a su presa atrapada.

—¿Es porque te gané?

El rostro de León se congeló por un segundo antes de que la comisura de su labio se contrajera.

—… No.

—Al menos mírame a los ojos cuando lo niegas así.

—Son órdenes del Barón.

—…

Ante eso, solo pude quedarme callado. Así que realmente se había llegado a esto… De hecho, me había informado de la situación de antemano en la ceremonia de clausura. Sabía que iba a pasar, pero no pensé que estuviera tan empeñado en hacer que fuera como para ordenarle a León que se asegurara de que lo hiciera.

—Necesito unas vacaciones.

—… Llevo pidiendo unas desde hace diez años.

—¿Y…?

León ladeó la cabeza.

—Nunca me las dieron.

—…

Fruncí los labios.

Era a la vez divertido y triste.

—Eres libre de irte.

—El Barón es quien puede tomar tales decisiones.

—Deberíamos protestar juntos.

—Eres libre de hacerlo.

Este tipo…

Quería ser oprimido.

En cualquier caso. Girando la cabeza, miré a Kiera y a Aoife, que seguían encima de mí.

—¿Podéis quitaros de encima?

—Ya voy.

Kiera masculló, incorporándose y sacudiéndose la ropa. Aoife hizo lo mismo mientras miraba mal a Kiera.

—Lo hiciste a propósito, ¿verdad?

—¿Qué? ¿Hacer qué?

—Saltar sobre mí con tanta fuerza.

—Ah, puede ser.

Así que sí lo hizo…

Sentí que me palpitaba la cabeza mientras me levantaba también. En el proceso, me sacudí la ropa para limpiarla. Rascándome un lado del cuello, me di cuenta de algo.

—Espera un segundo.

Alterné mi mirada entre Kiera, Aoife y León antes de posarla finalmente sobre León.

—Esto no puede ser una coincidencia, ¿verdad?

—…

León apartó la cabeza.

Me giré para mirar a Aoife, que frunció los labios y se rascó un lado del cuello, apartando la mirada de mí. Kiera hizo lo mismo mientras intentaba silbar.

—¡Fiuuu~! ¡Fiuuu~!

Solo que sonaba como si estuviera estrangulando a un pájaro.

—Ah, para. Haz que pare.

Aoife se tapó los oídos de dolor.

Kiera observó divertida mientras mascullaba,

—Ahora ya sabes el dolor que paso yo cuando te oigo cantar.

—¡¿Ah?!

Aoife pareció casi ofendida por eso.

Pero…

Sí, no se equivocaba.

—¡¿Tú también?!

Aoife pareció darse cuenta de mi mirada, pues sus ojos se abrieron como platos.

Solo pude negar con la cabeza antes de cruzar la mirada con León, que sacó varios billetes y se los entregó a Kiera y a Aoife.

—Gracias.

—… Eh, gracias.

Aunque ya lo sabía de antemano, verlo en persona me dejó completamente sin palabras.

¡¿Pero qué clase de…?!

—Había que hacerlo.

Dijo León, bloqueándome el paso junto a las otras dos.

—¿Los sobornaste?

Estaba a punto de pensar en una forma de abrirme paso a la fuerza cuando noté un cambio sutil en la expresión de León. No se parecía a nada que hubiera visto antes, y me detuvo en seco.

«Ven…»

Su expresión decía:

«… Esto es para ti».

Me quedé helado entonces, con la mente en blanco, al ver a León mirarme con una expresión que me costaba describir. Contenía una rara seriedad que me dificultaba negarme. Al final, tras cruzar la mirada con él unos segundos más, suspiré.

—Jaaa.

Está bien.

Me froté el pelo.

—… Iré.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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