El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 378
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Capítulo 378: La razón de su cambio [3]
«¿Antes de que tomaras el cuerpo de Julián? ¿Nos conocimos antes?»
Las palabras que Evelyn me dijo una vez resonaron con fuerza en mi mente.
No lo entendí en aquel entonces, ni quise entenderlo. Pensé que era alguna tontería sin sentido de su parte.
Pero… de repente, empecé a entender.
No podía ser…
—¿¡Qué le has hecho!?
La voz de Evelyn me sacó de mis pensamientos.
Su voz era un poco diferente a la actual, pero no tanto, mientras corría hacia León, que yacía desmayado en el suelo.
La expresión de Evelyn era de pánico mientras le ponía los dedos en el cuello para asegurarse de que seguía vivo. Solo cuando sintió algo, soltó un suspiro de alivio.
—… Sigue respirando.
Hace unos momentos no lo estaba…
Pero mantuve la boca cerrada mientras miraba fijamente a Evelyn.
No sabía muy bien qué hacer en ese momento. ¿Irme, tal vez…? No, como seguía aquí, significaba que el poder de la tercera hoja todavía estaba activo.
Todavía había algo que tenía que hacer.
La sangre había funcionado sin duda, pero tal vez podría haber complicaciones.
—¡Esto…!
Los ojos de Evelyn se abrieron de par en par al darse cuenta del oso que yo había matado. Una idea se formó en su mente mientras alternaba la mirada entre el oso, León y yo.
Sus ojos temblaron por un breve instante antes de que su cabeza se volviera bruscamente en mi dirección.
—¿Qué le has hecho? ¿Lo usaste como escudo para poder escapar?
Evelyn se acercó a mí, con el ceño fruncido por la ira.
Parecía haber entrado ya en la adolescencia, pero seguía siendo demasiado pequeña para que me la tomara en serio.
—… ¿Por qué haces esto? ¿Tanto odias la idea de que sea mejor que tú con la espada? ¿Qué mal te ha hecho? Lo único que hizo fue cumplir con su trabajo, mientras que tú lo único que has hecho es tratarlo como basura.
El tono de Evelyn era bajo, y podía sentir el asco y el odio en su voz.
Solo pude permanecer en silencio mientras asimilaba sus palabras.
«¿Debería actuar como el Julián que vi…?»
Eso evitaría que hubiera malentendidos.
Estaba a punto de hacerlo cuando…
—¡Ugh…!
Un gemido me sacó de mis pensamientos. León, que había estado tumbado en el suelo todo el tiempo, por fin daba señales de despertarse.
—¡León!
Evelyn por fin apartó su atención de mí y corrió hacia él.
Poco a poco, los ojos de León se abrieron, revelando sus habituales ojos grises.
—¿Q-qué está pasando?
Su voz era ronca y su rostro se contrajo de dolor.
—¡Uekh…!
De repente, su rostro palideció considerablemente, sobresaltando a Evelyn.
«Probablemente esté recordando el dolor de cuando le cortaron la cabeza».
Cualquiera quedaría traumatizado por algo así.
Quizá la razón por la que seguía aquí era para asegurarme de que no sufriera ningún efecto duradero.
—¡León, oye, León! ¿Estás bien? ¡León…!
Evelyn sujetó a León por los hombros y lo zarandeó. Estaba claro que estaba preocupada por él, pero estaba haciendo más mal que bien.
Apoyé la mano en su hombro.
—Para.
—¿¡Qué…!?
El rostro de Evelyn se congeló en el momento en que la toqué, pero no me importó y la aparté antes de agacharme para encontrarme con la mirada de León.
Sus ojos aturdidos se aclararon en cuanto mi rostro apareció en su campo de visión y, poco después, sus pupilas se contrajeron mientras intentaba retroceder apresuradamente.
—Para.
Pero no se lo permití, manteniendo mi mano presionada contra su hombro.
—Quieto.
—¡¿A-ah, tú…?!
Pude ver el terror y el miedo en su mirada mientras se agarraba el cuello apresuradamente.
«… Esto es malo».
Su respiración era agitada y todo su cuerpo temblaba. Era evidente que me tenía un miedo atroz, y yo temía que esto le dejara secuelas duraderas.
—¿¡Qué estás haciendo!? ¡Suéltalo!
Evelyn se percató del extraño comportamiento de León e intentó tirar de mí para alejarme, pero ¿cómo iba a conseguirlo?
La diferencia de fuerza entre nosotros era demasiado grande.
—¡Jaa…! ¡Jaa…! ¡Jaaa!
La respiración de León era cada vez más agitada y me di cuenta de que estaba a punto de sufrir un ataque de pánico.
Estaba perdiendo el control de la situación.
—¡Suéltame!
La cabeza me palpitaba.
«¿Cómo debería manejar esto…?»
Al principio estaba perdido, pero solo por un breve instante.
Al cerrar los ojos, una imagen apareció en mi mente y, cuando los abrí de nuevo, miré directamente a los ojos de León mientras mi voz adquiría múltiples capas.
—Cálmate.
—…
—…
Al instante, tanto León como Evelyn dejaron de hablar. Sus expresiones se suavizaron mientras el miedo y la ira que sentían eran suprimidos por la alegría que logré evocar con mi Magia Emotiva.
«Sí, supongo que esto funciona».
Suspiré de alivio al ver esto.
Me dio unos segundos más para pensar en la situación.
¡Pum!
Lo primero que hice fue darle un golpecito en la cabeza a Evelyn, dejándola inconsciente.
Ya había visto demasiado.
«… El León actual es demasiado joven para manejar un trauma como este. Lo más probable es que sufra si lo dejo ir así».
Aunque había conseguido calmarlo, eso no era ni de lejos suficiente.
Solo ayudó a aliviar los síntomas.
Si lo dejaba ir así, temía que pudiera pasar algo malo. Era demasiado joven para lidiar con una situación como esta.
… Y como yo era quien lo había revivido, sabía que también tenía que ser responsable de ayudarlo a volver a la normalidad.
Si ese no hubiera sido el caso, los efectos de la tercera hoja ya se habrían desvanecido.
«Pero ¿cómo voy a ayudarlo exactamente…?»
Necesitaba sobreescribir su trauma con un nuevo recuerdo.
Combinándolo con mi Magia Emotiva, sabía que sería capaz de ayudarlo.
Pero ¿cómo podría sobreescribir exactamente ese recuerdo?
—Mmm.
Me devané los sesos durante un buen rato antes de dirigir mi atención al anillo que llevaba en el dedo.
Quizá…
***
El dolor llegó rápido.
Le rebanó el cuello.
Recordaba haber visto el mundo girar, el suelo teñirse de rojo mientras su consciencia empezaba a desvanecerse.
Todo ocurrió rápido, pero León comprendió lo que había pasado entonces.
Él…
Había muerto.
… Y, de entre todas las personas, lo había matado Julián.
¿Cómo pudo?
Todo lo que León sentía era resentimiento.
¿Cómo pudo Julián hacerle esto? Él había sido tan bueno con él. Había hecho todo lo que le había pedido y había entrenado duro para poder devolverle su amabilidad.
Y, sin embargo…
León quería gritar, pero no podía.
La oscuridad se apoderó de su visión y su vida terminó.
O eso creía.
Al abrir los ojos de nuevo, León vio un par de ojos de color avellana que le devolvían la mirada. Eran el mismo par de ojos que le habían arrancado la cabeza, e inmediatamente empezó a entrar en pánico.
«¡No, déjame en paz!»
Gritó en su mente, su respiración se volvió más agitada y su mente se quedó en blanco.
—¡¿A-ah, tú…?!
León se sujetó el cuello, temiendo que fuera a rodar en cualquier segundo.
No ocurrió, pero la escena de antes se sentía tan vívida que era como si hubiera sucedido.
Se sintió atrapado, perdido en la situación, mientras las lágrimas empezaban a asomar a sus ojos y todo su cuerpo comenzaba a temblar.
«No, no… ¡Otra vez no…!»
Quería gritar, pero las palabras simplemente se negaban a salir de su boca.
León estaba a punto de perder el control.
—Cálmate.
… Hasta que una voz llegó a sus oídos.
León sintió de repente que su mente se entumecía. Sus pensamientos se detuvieron y el miedo que había sentido antes fue apartado.
Sintió que algo subía desde su pecho, pero no podía entender qué era.
Intentaba sobreescribir su dolor y su miedo.
«¿Qué está pasando…?»
El mundo ante él se sentía borroso.
León no entendía lo que estaba pasando.
Todo lo que podía sentir era esa emoción forzada que se acumulaba en su pecho. La reprimió a toda costa.
«¡Vete…!»
Y justo cuando pensaba que lo estaba haciendo bien, una voz resonó a su lado.
Era familiar y se sentía cálida.
—¿Por qué los esqueletos no pelean entre ellos?
¿Eh…?
León parpadeó, sus pensamientos se desviaron de la situación hacia la pregunta.
La pregunta era tan aleatoria que bajó la guardia por un momento.
¿Por qué? ¿Por qué no peleaban entre ellos?
—Porque no tienen agallas.
—¿¡…!?
La sensación que tiraba de su pecho creció de repente.
—¿Qué le dijo un pez a otro?
La voz volvió a resonar.
León se detuvo. ¿Qué le dijo un pez a otro…? ¿Tenían algo que decirse?
Sin saberlo, empezó a interesarse por ello mientras una extraña sensación surgía de su pecho.
—Nada.
—¿¡…!?
León se agarró el pecho, el sentimiento que hervía en él crecía aún más.
De repente se olvidó de lo que había pasado antes.
Su mente se llenó de otros pensamientos, como…
«¡Ayuda…! ¡Que pare ya!»
—¿Por qué los huevos no cuentan chistes?
No, que pare…
León sentía que su cuerpo temblaba a estas alturas. El sentimiento que surgía de lo más profundo de su ser empezaba a desbordarse, y su mente comenzó a aclararse.
Los recuerdos de antes empezaron a volverse borrosos en su mente.
—Porque se parten de la risa.
—¡Ah!
León apretó con fuerza su camisa, con todo el cuerpo temblando.
—¿Cómo se queda un mago después de comer?
—No, para…
León se mordió los labios.
Estaba a punto de quebrarse.
Esto tenía que parar.
No podía…
—Magordito.
—¡Pffft…!
Un sonido extraño escapó de los labios de León mientras el extraño sentimiento que se acumulaba en su pecho explotaba.
—¡Ja!
A pesar de sus intentos por detenerla, no pudo. Simplemente se desbordó mientras todo su cuerpo se sacudía.
—¡Jajajaja…!
Las lágrimas asomaron a sus ojos mientras se agachaba.
—¿Ma… gordito? ¡Je…!
Se rio.
… De repente, León sintió que sus preocupaciones se desvanecían por un brevísimo instante.
Y se aferró a esa sensación.
Necesitaba deshacerse de todos los sentimientos reprimidos en su interior, y lo hizo en forma de risa. No sabía qué estaba pasando, pero de repente se sintió liberado.
En ese mismo momento, los recuerdos de lo ocurrido resurgieron en su mente, pero ya no se sentía tan asustado.
… Seguía vivo, y eso era todo lo que importaba.
—¡Je!
Pum.
Su risa fue interrumpida por un sonido.
Cuando León se dio la vuelta, sus ojos se posaron en un libro que apareció detrás de él. Tras parpadear un par de veces, leyó la portada del libro:
«Chistes divertidos que te harán reír todo el día».
***
Absorto en el libro, no me di cuenta del sutil cambio a mi alrededor hasta que fue demasiado tarde. El mundo pareció ondular, sacándome de mis pensamientos.
Sobresaltado, dejé caer el libro, con el corazón desbocado mientras intentaba dar sentido a lo que acababa de ocurrir.
Para cuando me di cuenta de lo que pasaba, León apareció frente a mí una vez más.
Esta vez…
Era el León al que estaba acostumbrado.
«¿He vuelto…?»
Parpadeé para asegurarme de que no estaba viendo cosas. Sin embargo, al ver la espalda adulta de León vuelta hacia mí mientras estaba perdido en sus propios pensamientos, supe que había regresado.
Me sentí aliviado mientras cerraba los ojos y respiraba hondo.
«… ¿Lo conseguí?»
El León de aquel entonces…
Parecía roto.
Perdido.
… Tenía miedo de ver que pudiera desmoronarse por el trauma.
Dudando, me volví para comprobar cómo estaba el León del presente, preparándome para lo que pudiera ver. Pero para mi alivio, permanecía sin cambios, tan firme como siempre. Un suspiro silencioso se me escapó, y la tensión se alivió en mi pecho.
Solo estaba mirando la zona frente a él con una expresión aturdida.
Nada había cambiado…
«Gracias a Dios».
Suspiré de alivio mientras finalmente soltaba el hombro de León.
Entonces, mientras León seguía concentrado en otra cosa, abrí la boca.
—Oye, León…
El cuerpo de León se estremeció por un breve instante, y su cabeza se giró en mi dirección.
—¿Qué le dice un techo a otro?
Se quedó paralizado a medio camino y de repente se estremeció.
Sacudió la cabeza repetidamente, pero ya era demasiado tarde.
«Lo siento, pero tengo que hacerlo».
—No, no…
—Techo de menos.
—¡Pffft!
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