El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 403
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Capítulo 403: Linus Evenus [3]
—¿Buscas algo?
—…
Delilah sabía de mi presencia desde hacía un buen rato. No creía que alguien como ella no se fuera a percatar de mi repentina aparición.
Pero, a pesar de ser consciente de ello, estaba demasiado preocupada con otra cosa.
Entrecerré los ojos y dejé mis recompensas a un lado.
«¿Dónde…? ¿Quizá aquí?».
Al oír los murmullos de Delilah, me acerqué a ella. Parecía bastante desesperada por lo que fuera que estuviera buscando.
Eso…
—¿Te has olvidado algo aquí? Si es así, ¿probablemente se lo llevaron las sirvientas?
—¡…!
Delilah pareció darse cuenta de algo al oír mis palabras.
Aunque su expresión no cambió mucho, palideció un poco.
¿Qué se había olvidado exactamente? …Y, espera, ¿por qué lo estaba buscando en mi habitación?
Un pensamiento me asaltó al recordar la chocolatina de la noche anterior y mi cara adoptó una expresión extraña.
—Tú, ¿dejaste…?
—No fui yo.
—Yo no…
—No.
Fruncí los labios y decidí permanecer en silencio.
Definitivamente, había sido ella.
Delilah no era la mejor de las mentirosas. Aun así, decidí dejar el tema. Fue entonces también cuando Delilah se fijó en el manual que tenía en la mano y su interés se despertó.
—¿Rango Rojo?
—… Sí.
—Es bueno.
Extendió la mano y le entregué el manual.
Pas, pas…
Tras unas cuantas hojeadas despreocupadas, enarcó las cejas.
—… Esto es muy bueno. Te va bien.
—¿Ah, sí? Me lo dio Atlas.
—…
Delilah se detuvo un instante antes de devolverme el manual.
—Está bien. Puedes practicarlo.
Poco después, se sentó y cruzó las piernas.
—…
Me quedé de pie un momento, sin poder entender.
—¿Qué…?
—Practica. Te ayudaré.
—¿Eh?
—El manual no es fácil de aprender. Vamos. Te enseñaré hasta que puedas usarlo por ti mismo.
—…
Tras parpadear, no tardé en comprender sus intenciones. Me quité la chaqueta, me senté en el suelo y abrí el manual.
Poco después, una mano se posó en mi espalda.
—Respira hondo.
La fría voz de Delilah susurró desde atrás.
Me concentré en sus palabras y abrí el manual mientras respiraba hondo.
—Pon la mano sobre el manual y canaliza tu maná.
—…
Hice lo que me dijo.
¡Pas! Pas…
El libro se abrió de golpe y las páginas pasaron una y otra vez. Me quedé quieto mientras la información inundaba mi mente.
—¡Ugh…!
Dolió bastante y casi rompió mi concentración.
—Guía el maná tal y como se muestra en tu mente.
La voz de Delilah sirvió como un ancla que me mantuvo firme.
—Dolerá un poco, pero no le hagas caso al dolor. Se supone que debe doler.
—…
En realidad no dolía.
—Mejor.
Me concentré en su voz.
Era todo lo que podía oír mientras mi entorno se volvía silencioso.
—Mantén el flujo suave. Estás empezando a mejorar.
Su voz era suave y nítida.
… Guiándome con delicadeza mientras me adaptaba al nuevo manual.
Se sentía reconfortante.
—Así.
Empecé a captar más cosas.
—Sí.
Desde el sonido de su respiración.
—… Es más fluido. Sigue así.
Hasta el suave roce de su mano.
—Concéntrate.
Una corriente cálida recorrió mi cuerpo.
—Ya casi.
La energía envolvió cada centímetro de mi cuerpo, recorriéndome como un torrente de energía cálida y pacífica.
Empecé a sentir la cabeza ligera, casi ingrávida bajo su abrumadora presencia.
—Ah.
Y fue entonces cuando lo vi.
∎| EXP + 0.1%
La ya tan familiar notificación.
… Seguida de otra que descarté rápidamente, un poco desconcertado.
«¿Por qué…?»
***
«Nadie parece reconocerme».
León se sentó en uno de los bancos esparcidos por el campus y miró a su alrededor. Podía ver muchas caras nuevas caminando por la Academia.
Muchos de los cuales eran de primer año.
Se veían bastante animados, hablando entre ellos sin ninguna preocupación.
Eso hizo que León sintiera envidia.
… Ellos no tenían un jefe tirano como el suyo.
—¿Puedo sentarme aquí?
De repente, León oyó una voz familiar a su lado.
Giró la cabeza y se sorprendió al ver que, en efecto, era alguien a quien conocía.
—…
Mantuvo una expresión firme y asintió levemente con la cabeza.
—Gracias.
«Ha crecido bastante desde la última vez que lo vi».
El cadete en cuestión era Linus, el segundo joven maestro. León pensó en revelarle su identidad, pero tras reflexionar un poco, decidió guardar silencio.
Su relación con Linus no era mala, pero tampoco era cercana.
Siempre se mantenía reservado.
… No era muy talentoso en combate, pero era bastante inteligente.
En ese aspecto, se parecía a su padre.
—A juzgar por tu uniforme, debes de ser de segundo año, ¿verdad?
—… Lo soy.
León respondió tras pensarlo un poco.
—Ya veo. Debes tenerlo difícil.
—¿Difícil?
—Mmm, sí. Con todo el trabajo que tienes y todos los incidentes que ocurrieron el año pasado.
¿Incidentes…?
León lo pensó durante unos segundos antes de asentir con la cabeza. El año pasado había habido bastantes accidentes.
—Debe de ser duro para ti. He oído que os pasaba a menudo. ¿Crees que os estaban tomando como objetivo?
—Yo…
—¿O quizá alguien provocó los incidentes a propósito contra vosotros?
León frunció el ceño.
¿Adónde iba a parar la conversación?
—…
De repente, Linus se detuvo y giró la cabeza, mirando directamente a León. Su expresión era tranquila, al igual que sus ojos.
Era casi como si pudiera ver a través de su disfraz.
—Ha pasado un tiempo, León. ¿Cómo has estado?
No, había visto a través de su disfraz.
—…
La expresión de León permaneció estoica mientras le devolvía la mirada al segundo joven maestro.
Solo le sorprendió un poco el hecho de que lo hubieran descubierto. Después de todo, Linus era inteligente. Algo así no era inesperado por su parte.
—No me has respondido.
—… Estoy bien.
—Me alegro de que lo estés, León.
Linus esbozó una sonrisa mientras se recostaba en el banco.
—He querido hablar contigo desde hace bastante tiempo, León. Es solo que nunca he tenido la ocasión de hacerlo. He estado bastante ocupado.
—… Ya veo.
León fue escueto en sus palabras.
No sabía adónde se dirigía la conversación.
No, sí que lo sabía.
—¿Por cuánto tiempo vas a hacerte el tonto?
—…
—Tú y yo lo sabemos. Julián es el responsable de todos los incidentes que han ocurrido. Tú, más que nadie, deberías saberlo. No entiendo por qué lo proteges.
Porque no es el mismo Julián.
Y… es alguien a quien vale la pena seguir.
León respondió en su mente.
—… ¿Es porque le debes a la familia que te rescataran en el pasado? Si es así, no tienes que hacerlo. Ya has traído un gran honor a la familia. Puedes considerar tu deuda saldada.
—…
—¿Tampoco es eso? Entonces, ¿es porque tienes miedo de Julián?
—…
—¿Sigues sin hablar?
Linus se masajeó la cara.
—Bueno, de acuerdo.
No presionó más a León. De todos modos, era una conversación sin salida.
—Ya que no quieres hablar, me retiraré. Sin embargo, antes de irme, quiero que reconsideres tus ideas sobre ser el caballero de Julián. No es digno de tu talento. Solo llevará a nuestra familia a la ruina si no lo mantienes a raya.
«Lo he visto yo mismo…».
Linus murmuró en voz baja, en un tono que León apenas logró captar.
—¿…?
Pero antes de que León pudiera pedir alguna aclaración sobre lo que quería decir con sus palabras, Linus ya se había dado la vuelta y se había marchado.
León solo pudo observar su espalda mientras se alejaba desde el banco, con el ceño fruncido.
«Ha descubierto algo o sabe algo…».
¿Pero qué…?
¿Qué sabía exactamente?
***
Los días siguieron pasando.
No hubo ningún gran evento tras mi regreso a Refugio. Las cosas fueron bastante normales durante los días siguientes.
Me despertaba, intentaba ponerme al día con el mundo que me había perdido y entrenaba.
Fue una semana bastante tranquila.
… A lo único que no podía acostumbrarme era a las nuevas incorporaciones a la clase.
¡Bang!
Un enorme maniquí, de casi el doble de mi tamaño, voló por la sala de entrenamiento antes de hacerse añicos contra la pared más cercana.
—…
Toda la clase guardó silencio mientras todas las miradas se dirigían a la figura responsable de todo esto.
Con dos penetrantes ojos amarillos, Caius se quedó de pie con una mirada fría, con la mano extendida en la dirección hacia la que había sido lanzado el maniquí de entrenamiento.
El Profesor a cargo se quedó con la mirada perdida antes de recuperarse.
—E-eso… ¡Tiempo, veinte segundos. Caius Aetheria, primer puesto!
—…
Nadie dijo una palabra en el momento en que se anunció el resultado de la sesión.
¿Cómo podrían, cuando a todos les costó tanto dejar una sola abolladura en el maniquí de entrenamiento mientras que Caius lo hizo añicos?
Incluso yo solo dejé una abolladura en el maniquí.
Y eso que usé mi dominio.
«¿Se ha vuelto aún más fuerte que antes?».
… Ya era fuerte antes, pero ¿ahora? Parecía incluso más fuerte que antes.
Y como si sintiera mi mirada, giró la cabeza en mi dirección. Nuestras miradas se cruzaron por un breve instante. Fue entonces cuando noté una sutil fluctuación en sus ojos.
Sin embargo, fue solo un instante, ya que apartó la vista de mí.
No sentí ninguna emoción en sus ojos en ese momento.
No albergaba ningún resentimiento contra mí. Ni miedo. Ni… nada.
… Parecía casi un robot.
«Pero qué…».
—Atención todos, por favor.
El que me sacó de mis pensamientos fue el Profesor, que dio dos palmadas para llamar nuestra atención. Era un hombre alto, de pelo castaño corto y ojos azules. Su aspecto no era ni bueno ni malo. Normal, más o menos.
A pesar de su aspecto normal, su cuerpo irradiaba poder mientras sostenía una hoja en la mano.
—Me han dicho que os dé una noticia antes de que termine la clase.
Echó la cabeza hacia atrás mientras entrecerraba los ojos.
—… Es para informaros sobre la próxima «Reunión de las Siete Iglesias».
—¿Mmm?
De repente, presté mucha atención a las palabras del Profesor.
—Se celebrará la próxima semana en la Academia, y la asistencia es obligatoria. Los Siete Cardenales de las Siete Iglesias llegarán para dirigir el evento. Será un evento cerrado, lo que significa que no habrá gente de fuera. Si alguno de vosotros tiene alguna afiliación con alguna de las iglesias, por favor, hacédmelo saber con antelación. Ayudará con la organización.
El entorno se volvió ruidoso tras el anuncio.
Todos empezaron a susurrar entre sí, hablando del evento. Casi todos en la Academia estaban afiliados a uno de los siete dioses.
Muchas de las familias nobles seguían a un dios determinado, de ahí que tuvieran ciertos seguidores.
No sabía muy bien a qué dios seguía la familia Evenus, pero sabía exactamente a qué dios seguía yo.
No esperé a que el Profesor se dirigiera a mí, sino que me acerqué directamente a él.
—¿Mmm? Ah, Julián.
Me reconoció de inmediato mientras sostenía el papel en la mano.
—¿Estás afiliado a alguna de las iglesias? Si es así…
—Oráculo.
Murmuré, las palabras salieron en un susurro.
—… Estoy afiliado a la iglesia de Oráculo.
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