El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 430
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Capítulo 430: La Voluntad de Aoife [1]
Pasaron dos días desde el incidente.
En los últimos dos días, me encontré confinado en la enfermería, sometido a un surtido de pastillas y a varios ungüentos medicinales.
Las heridas eran mucho más graves de lo previsto, pero por suerte, con las propiedades mágicas de este mundo, incluso tales lesiones se curaban con bastante rapidez.
«Supongo que hoy es mi último día aquí».
Mirando sin expresión el techo blanco sobre mí, suspiré con alivio.
Este lugar empezaba a resultarme bastante sofocante.
No veía la hora de salir de aquí.
Además, de verdad que solo quería volver a las clases normales. Cualquier cosa menos esto. Ya había estado postrado en la cama demasiado tiempo.
Clanc—
Cuando la puerta de la sala se abrió con un chirrido, un demacrado León entró, con unas visibles ojeras negras bajo sus ojos.
—¿Pero qué…?
Su aspecto me descolocó.
—¿Tanto me has echado de menos?
—No.
Un «no» tajante. Ni un solo rastro de vacilación en su voz.
Yo… casi me sentí herido.
«Algo peor».
«¿Peor? Espera…».
«Lo verás pronto cuando vuelvas».
Sin darnos cuenta, ambos estábamos comunicándonos con la mirada. Los hombros de León también parecieron relajarse un poco cuando lo vio.
Sin embargo, no pareció relajado por mucho tiempo.
Sentándose, León se inclinó hacia delante y se sujetó la frente mientras murmuraba: «Me duele. Me duele tanto. Quiero morirme…».
Vaya.
De repente, ya no me apetecía volver.
León era una persona bastante paciente, si me preguntan. Que algo lo dejara en este estado…
«Piel de gallina».
Solo sentía escalofríos.
—¿Son estas tus cosas?
León señaló una pequeña bolsa donde estaba mi ropa.
Negué con la cabeza.
—No.
—Genial.
Él se agachó y la recogió.
—Avísame cuando estés listo para irte.
—…Todavía estoy enfermo.
—No pasa nada, puedes descansar en tu dormitorio.
—No, pero…
—No te dejarán quedarte aquí más tiempo. Tienes que volver.
Cuanto más hablaba León, menos quería volver. Había algo en su mirada que me hacía dudar. Gritaba: «Ven. Debes sufrir conmigo. Tienes que hacerlo. No tienes otra opción. Ven. Si yo muero, tú mueres».
¿Qué clase de caballero era este?
¡Se suponía que debía protegerme del peligro, no llevarme a él!
—Estás despedido.
—No puedes hacer eso.
—Estás en venta.
—…Me cortaré la mano.
—Jódete.
—Jódete.
—¡Argh!
Me despeiné el pelo, frustrado. Tenía una respuesta para todo lo que le lanzaba.
—Ah, sabes…
—¿Quieres que llame al doctor?
—Está bien.
Volví a despeinarme. Pensándolo bien, ¿qué tan malo podría ser? De todas formas, León solía ser del tipo que exagera por cosas sencillas.
E incluso si fuera malo, probablemente podría encerrarme en mi habitación y evitar todo el caos.
«Sí, simplemente haré eso».
—Mmm.
Al levantarme de la cama, mi rostro se contrajo un poco. El dolor persistente de mis heridas aún no había desaparecido.
—¿Todavía estás herido? ¿Qué tan graves fueron tus heridas?
—Lo suficiente como para mantenerme aquí varios días.
—Cierto.
León asintió levemente.
—Pareces el de siempre. ¿Parece que lograste resolver todo con él?
—Temporalmente.
Él seguía atrapado en el anillo, pero ¿quién sabía cuánto tiempo le llevaría liberarse?
Tenía que hacerme con el espejo.
—…Voy a estar bien por ahora. No puedo decir lo mismo del futuro.
—Mjm. Puedes resolver las cosas más tarde, pero no estoy seguro de que valga la pena salir tan herido.
—Ese es un asunto diferente.
Desde el principio, había planeado salir herido.
Eso fue para poder forzar a Julián a usar el anillo. El único problema es que nunca planeé salir tan herido.
Mi oponente resultó ser mucho más fuerte de lo previsto y casi pierdo la vida en el proceso.
«Por suerte, logré sobrevivir e incluso escapé de las garras del hombre de blanco».
Sí, eso era todo lo que importaba.
Por un momento pensé que la situación se había torcido, pero al final todo se resolvió.
Todavía no estaba seguro de por qué Delilah había retrasado tanto las cosas, pero debía de tener sus propias razones.
Fueran las que fuesen…
«Lo que importa es que todo está resuelto. Como ese es el caso, ahora puedo esperar a que llegue la recompensa de mi misión».
Podría ser hoy, mañana o incluso la próxima semana, pero estaba seguro de que llegaría.
Las recompensas que me impulsarían al quinto nivel.
No podía esperar.
Criic—
Al oír el sonido de la puerta abriéndose, levanté la cabeza y vi a León mirándome.
—Vamos.
—…Sí.
Bajando la cabeza, asentí y me fui.
Finalmente era hora de dejar la enfermería.
***
Dormitorios, Sala Común.
—Joder. ¿Es que esta cosa no tiene estómago?
—…Chicas, ayúdenme aquí.
—Límpiate la boca.
Aoife limpió la boca de la niñita con un pañuelo mientras esta apretaba la cuchara con fuerza, metiéndose cereales en la boca a paladas.
La leche se derramó por todo el escritorio.
—Mierda, no voy a limpiar. Ya me cansé.
Kiera lanzó la toalla mojada que tenía en la mano.
—¡Haik!
Solo para que le diera directamente a Evelyn en la cabeza.
—Oh, mierda.
—…¿Por qué has hecho eso?
Apartándose la toalla, Evelyn fulminó con la mirada a Kiera, que dio un paso atrás.
—Ah, mierda… Ejem. No era mi intención. Estaba apuntando a Aoife.
—¿Eh?
Aoife se giró para mirar a Kiera.
—¿Estabas apuntándome a mí?
—Ejem…
El rostro de Kiera se contrajo. «Mierda, no se suponía que debía decir eso…». Viendo que la situación se estaba poniendo peor para ella, los ojos de Kiera se posaron en la niñita que estaban cuidando y desvió el tema hacia ella.
—Como sea, ¿por qué sigue aquí? ¿Aún no han encontrado a sus padres? ¡Han pasado dos días! No podemos estar cuidándola para siempre. ¡Sobre todo cuando lo único que hace es comer!
—Oye, baja la voz.
Aoife fulminó con la mirada a Kiera mientras intentaba limpiar la boca de la niñita, que apartaba la cabeza.
—¡Mmm!
—Para, tienes la boca sucia.
—¡…!
Aoife sujetó a la niña por la cabeza y le pasó el pañuelo por toda la cara.
—¡Ayua!
A pesar de sus protestas, Aoife siguió limpiándole la cara.
—¡Ño!
—Vaya, mierda.
Kiera parecía bastante impresionada por la escena.
—Maltrato doméstico en directo.
Aoife ni siquiera le hizo caso a sus palabras. Negando con la cabeza, miró a su alrededor con impotencia. La situación era bastante extraña.
Habían pasado dos días desde que encontraron a la niñita.
Por alguna razón, Aoife sentía una extraña afinidad con la niñita. Se sentía conectada a ella, lo que le hacía imposible dejarla sola.
Además, también era adorable.
La niñita era simplemente adorable, con sus mejillas suaves y regordetas, su ondulado pelo rubio que enmarcaba su rostro y sus dulces ojos azules que brillaban con inocencia; parecía la cosita más mona del mundo.
Lo suficiente como para atraer incluso a Kiera, que normalmente era indiferente a esas cosas.
…Lo único que a Aoife le parecía extraño era el color de su pelo, que cambiaba de vez en cuando.
Antes era rojo, pero ahora era rubio.
En cualquier caso, era mona con cualquier color de pelo que tuviera.
Por supuesto, solo porque fuera mona no significaba que pudiera quedársela. Probablemente tenía padres que la estaban buscando.
…Era solo que no podían encontrarlos.
Cada vez que intentaban preguntarle dónde estaban sus padres, ella solo los miraba con una expresión vacía.
—…¿?
El hecho de que la Academia no pudiera encontrar nada decía mucho de la situación.
No podía ser que simplemente hubiera aparecido en la Academia de la nada, ¿verdad?
«¿Qué se supone que debo hacer?».
Aoife miró la mesa, que estaba llena de todo tipo de aperitivos. Desde chocolates hasta cereales y todo lo que podían conseguir en la tienda de la Academia.
Normalmente esto no sería un gran problema, pero…
«¿Cuánto come?».
En los últimos días, habían comprado tanto en la tienda que ahora tenían restricciones para comprar ciertos productos. La niñita era como un agujero sin fondo que absorbía toda la comida que se le daba.
«¿A dónde va a parar toda la comida?».
…Todo lo que parecía ser capaz de hacer era comer.
Su apetito era tan grande que les estaba dando a todas unos dolores de cabeza enormes.
—Esperen, tengo una idea.
A Evelyn, que había estado ayudando todo el tiempo, se le ocurrió algo de repente.
Mirando a su alrededor, corrió a su habitación antes de volver unos minutos después. Sosteniendo un pequeño dispositivo rectangular, lo agitó en el aire.
—¿Y si la única razón por la que come tanto es porque no tiene nada más que hacer?
—¿Eh?
—…¿Oh?
Kiera y Aoife se giraron para mirarla.
—Escúchenme.
Evelyn pulsó el dispositivo.
—¿Y si está demasiado distraída para comer? ¿No resolvería eso quizá la situación?
Din, din~
Un suave tintineo sonó desde el dispositivo.
—¡Luchador contra el mal, luchador por el amor! Con el poder de la amistad, aquí llega el Hombre Justicia~
—¿Qué demonios…?
Mirando el dispositivo, Kiera se abrazó los brazos mientras se los frotaba.
—Tú, no sabía que te gustaba esa mierda.
—… No me gusta.
Evelyn ignoró a Kiera y le entregó el dispositivo a la niñita.
—Toma, echa un vistazo.
—¿…?
Al principio, la niñita no pareció interesada en absoluto. Sin embargo, tras la confusión inicial, sus grandes ojos se abrieron de par en par.
Tirando la comida que tenía en la mano, fue a agarrar el dispositivo.
—¡Todo el mal será erradicado de este mundo! ¡Porque el Hombre Justicia nos salvará a todos!
Mientras parpadeaba con sus grandes ojos, se quedó absorta en lo que fuera que se mostraba en el dispositivo.
—¡El Hombre Justicia no deja ningún mal atrás!
—…..
Sus grandes ojos llorosos parpadearon mientras reflejaban la proyección que salía del dispositivo.
Las tres chicas se miraron entre sí, conmocionadas y sorprendidas.
—Funcionó.
—Joder.
—…Eres una genio.
Kiera y Aoife miraron a Evelyn como si fuera su salvadora. Tosiendo, giró la cabeza. Parecía un poco tímida.
¡Clic!
Fue entonces cuando la puerta de los dormitorios se abrió y entraron dos figuras.
Al mirar hacia la entrada, todas las chicas ladearon la cabeza al ver aparecer a Julián. Parecía algo maltrecho.
—¿Qué demonios te pasó?
Kiera fue la primera en hablar mientras entrecerraba los ojos.
—¿Te caíste por las escaleras? ¿Es por eso que estuviste fuera los últimos días?
Mirándolas, Julián estaba a punto de responder cuando de repente se quedó helado.
Su mirada se posó en la niñita.
Como si sintiera su mirada, los ojos de la niñita temblaron antes de que levantara la cabeza.
Ella le devolvió la mirada.
Sus grandes ojos parpadearon y pronto una sonrisa floreció en su rostro.
Antes de que nadie pudiera procesar la situación, ella habló:
—Papi falso.
La atmósfera se congeló.
Todas las miradas se posaron en Julián.
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