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El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 444

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Capítulo 444: Ojos del Vidente [3]

—¿Qué… jaa… demonios ha pasado?

Sintiendo mi respiración agitada y mirando el cuerpo del Sacerdote frente a mí, no sabía qué pensar de la situación.

Tic, tac…

Bajé la cabeza para mirar el cronómetro —17:19— y un pensamiento cruzó mi mente.

«¿He viajado atrás en el tiempo?».

…Tendría sentido, considerando que el tiempo había retrocedido cerca de media hora.

Todo lo que había experimentado se sintió tan real, desde la mano en mi garganta hasta la tensión que sentí al intentar salir de este lugar.

—No, espera.

Fue entonces cuando por fin caí en la cuenta.

Al dirigir mi atención hacia mi ventana de estado, mis ojos se posaron en una habilidad específica.

—¡…!

Mis ojos se abrieron de inmediato cuando vi que la habilidad aparecía en gris: [Los Ojos del Vidente]. Por su color, supe que la habilidad estaba en una especie de enfriamiento. No sabía por cuánto tiempo, pero, como mínimo, ahora estaba seguro de una cosa.

«Así que ese es el caso».

Lo que había ocurrido unos momentos antes fue todo por culpa de la habilidad.

—Más que un viaje en el tiempo, es como si hubiera vislumbrado el futuro.

Un posible escenario que ocurriría si hubiera seguido mi plan original. La idea me hizo empezar a sudar frío.

«…Estuve tan cerca de perderlo todo».

Jugueteando con las manos, di vueltas por la habitación, adaptando mi mente a la situación y calmándome. Al cabo de un rato, mi mirada se posó en el sacerdote que estaba sentado junto a la silla. Teniendo en cuenta que seguía inconsciente, no me preocupé demasiado de que hiciera algo y empecé a registrar su cuerpo.

—Está aquí.

Fue entonces cuando por fin vi un dispositivo de comunicación y lo saqué.

«Fui demasiado precipitado. Debería haberlo sabido».

Dada la brusquedad de la situación, no pensé en el dispositivo de comunicación. En realidad, nunca se me pasó por la cabeza, ya que mi plan era deshacerme de ellos dos. Sin embargo, ahora tenía claro que el dispositivo de comunicación era importante.

Tzzz…

De repente, una notificación apareció en el dispositivo.

—¿Pasa algo? ¿Por qué tardas tanto?

Era un mensaje del otro sacerdote.

—…¿Marian?

—Iré a la habitación si no me respondes pronto.

—Como esperaba, está a punto de venir.

Tic, tac…

Eran las 17:20.

Todavía tenía unos diez minutos antes de que viniera a por mí.

«No, para entonces será un poco tarde».

Sin dudarlo, empecé a escribir un mensaje en el dispositivo de comunicación. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de enviarlo, me detuve.

—Espera, esto no está bien.

Mi principal fuente de problemas no eran los dos sacerdotes.

El que me preocupaba era el hombre de túnica blanca. Era como una fuente de perdición inminente que respiraba pesadamente en mi nuca.

Era como si estuviera observando cada paso que daba, esperando a que resbalara inevitablemente para llevárseme.

—Incluso si consigo salir, parece que aun así vendrá a por mí.

Si es así, ¿qué podía hacer?

…Necesitaba encontrar una forma de quitármelo de encima.

—Pero ¿cómo?

¿Cómo puedo hacerlo exactamente?

Apreté los dientes.

Apretando los dientes, me mordí los labios y me masajeé la barbilla. Todo tipo de ideas surgieron en mi mente mientras intentaba pensar en una forma de salir de esta situación.

Tenía muchas ideas, pero todas parecían inútiles ante el Guardián.

Parecía como si pudiera ver a través de todo.

—¿Cómo? ¿Cómo puedo…?

Mis pasos se detuvieron y me miré la mano.

Finalmente, un pensamiento cruzó mi mente y sentí que se me formaba un nudo en la garganta. Al final, mordiéndome los labios con aún más fuerza, guardé el dispositivo de comunicación.

—Esto es una locura. Es una auténtica locura. Pero…

¿Y si…?

***

Tic, tac…

Eran las 17:28.

—¿Por qué tarda tanto…?

El Sacerdote Kyle miró la hora y frunció el ceño. Hacía un rato que Marian se había ido y aún no se había puesto en contacto con él. ¿Había surgido algún tipo de problema?

—Esperaré un poco más.

Kyle se quedó en la entrada del edificio unos minutos más, contactando a Marian mientras tanto. Esperaba recibir una respuesta pronto, pero esa respuesta nunca llegó.

Su corazón empezó a hundirse lentamente.

«¿De verdad ha pasado algo?».

Los dos estaban a cargo de una misión muy importante.

Aunque diez minutos sin comunicación parecían nada, para una misión tan importante como la suya, era mucho tiempo. El Sacerdote Kyle comprendió la gravedad de la situación y decidió enviar un mensaje al Guardián.

[El Sacerdote Marian ha entrado en la Sala de Confesión. Todavía no me ha respondido. Iré a comprobarlo ahora. Si no recibe una respuesta en los próximos minutos, es que nos ha pasado algo a los dos.]

El mensaje era claro y directo. Era solo una medida de seguridad por si algo ocurría dentro.

Si de verdad había pasado algo, lo mejor sería que el Guardián estuviera sobre aviso.

—Vale.

Una vez que terminó de enviar el mensaje, el sacerdote Kyle se dirigió directamente a la habitación donde se alojaba el invitado especial.

Tac…

El pasillo era largo y cada paso resonaba silenciosamente por todo el lugar.

Avanzando con zancadas cuidadosas y deliberadas, el sacerdote llegó finalmente a la habitación designada, deteniéndose justo delante de la puerta.

Toc, toc…

—¿Marian?

Llamó en voz baja después de golpear la puerta.

Un extraño silencio siguió a su llamada. Era un silencio inquietante que le hizo dudar. Aferrando con fuerza el dispositivo de comunicación, se lo guardó en el bolsillo antes de abrir la puerta.

Tic, tac…

Eran las 17:33.

—¡…!

Los ojos de Kyle se abrieron de par en par en el momento en que posó la vista en el interior de la habitación: sentado en medio de la sala estaba el cadete, que lo miraba con expresión tranquila. Debajo de él había dos cuerpos. Uno pertenecía a Marian, mientras que el otro era de Su Santidad.

Ambos parecían muertos.

Sobre todo el Papa. Él…

—¿Q-qué?

El cuerpo del sacerdote tembló.

Alternando su mirada entre los dos cuerpos y el cadete, la expresión de Kyle cambió drásticamente.

—¿Q-qué has hecho?

Kyle desenvainó su espada.

¡Shin!

—¡¿Qué has hecho?!

Su voz retumbó por toda la habitación. Aunque no era muy fuerte, debería ser suficiente para encargarse de un cadete de segundo año.

Aunque…

Estábamos hablando del más fuerte de los cuatro Imperios.

«No, espera. Tengo que avisar rápidamente a…».

—No te molestes.

Una voz tranquila llenó la habitación. La expresión de Kyle cambió al levantar la cabeza.

—…Ibas a contactar al Guardián, ¿verdad? No te molestes. No tendrás la oportunidad de usarlo antes de que te mate.

El cadete levantó la mano y de repente salieron hilos disparados por la habitación.

—¡!

La expresión de Kyle cambió y esquivó. Viendo que la situación había llegado a este punto, dejó de pensar en el dispositivo de comunicación y cargó contra el cadete.

«El Guardián debería llegar pronto. Solo tengo que resistir durante diez minutos. ¡Aunque no pueda derrotarlo, debería ser capaz de resistir ese tiempo!».

Tic, tac…

Eran las 17:35.

¡Fiuu!

Kyle se inclinó hacia delante, esquivando por poco los hilos que caían desde arriba. Aunque eran increíblemente finos y casi invisibles, consiguió seguirlos, pues cada hilo estaba impregnado de débiles rastros de maná que brillaban lo justo para que pudiera sentirlos.

Ser famoso no era precisamente algo bueno.

Permitía que la gente entendiera cómo funcionaban sus habilidades, y Kyle entendía bien las de Julián.

Por eso no le sorprendió su habilidad de hilos y, de hecho, fue capaz de esquivarlos y acercarse a él.

—¡!

Justo cuando lo esquivó, un escalofrío le recorrió la nuca. Instintivamente, Kyle plantó el pie con firmeza, pivotó y blandió su espada en un rápido arco a su espalda, con la intención de interceptar lo que fuera que viniera por detrás.

¡Clanc!

Saltaron chispas en el aire mientras Kyle se veía obligado a retroceder varios pasos.

Mientras su pecho subía y bajaba, miró su espada, donde se había formado una mella.

—Esto…

Apenas podía contener su sorpresa. Cabía señalar que su espada, aunque no era exactamente una reliquia poderosa, seguía siendo bastante resistente. Hecha de un metal relativamente raro y hueso de monstruo, haría falta mucha fuerza para mellarla.

Que el cadete mellara su espada con sus hilos…

«Esto es malo».

El sudor resbalaba por el rostro de Kyle.

Sentía las palmas de las manos sudorosas y el pánico empezó a instalarse en su mente.

«¿Podré siquiera aguantar diez minutos…?».

Al ritmo que iba el combate, no estaba tan seguro de poder aguantar tanto tiempo. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para pensar en su situación. Al sentir un débil rastro de un movimiento de maná más adelante, su expresión se tensó y saltó rápidamente hacia el lado derecho.

¡Xiu! ¡Xiu!

Pequeños agujeros se formaron en el suelo donde él había estado, mientras los hilos aparecían de la nada.

«¡Qué rápido!».

La expresión de Kyle cambió, sus ojos escudriñaban cada rincón de la habitación.

Intentaba cambiar la situación a su favor.

El impulso de salir corriendo casi se apoderó de él, pero se resistió, dándose cuenta de que precipitarse hacia la salida probablemente le haría el juego al cadete. En lugar de eso, se armó de valor, y su mente se aceleró con todo tipo de posibilidades.

Finalmente, una idea se formó en su mente.

Una idea audaz y temeraria, pero ¿qué más podía hacer?

Apretando los dientes, Kyle desvió su atención por la habitación antes de que el lado derecho de su pecho comenzara a brillar.

Habilidad Ósea: Resplandor del Sol.

Una luz brillante se disparó al instante por toda la habitación, cegando su visión. Cerrando los ojos a toda prisa, Kyle se lanzó hacia delante. Hacia donde estaba el cadete.

Había grabado y memorizado la distribución de la sala con antelación, por lo que sabía hacia dónde dirigirse.

—¡Haa!

Su velocidad era endiablada. En instantes, llegó ante el cadete y, sin perder el aliento, lanzó un tajo descendente.

¡Chof!

Su hoja conectó con algo sólido, seguido de una salpicadura húmeda y repugnante sobre su ropa. Un olor metálico a sangre llenó el aire, impregnándolo.

«¡¿Lo he conseguido?!».

La euforia llenó al sacerdote, que parpadeó un par de veces para recuperar la vista y, cuando lo hizo, bajó la mirada para ver el resultado de sus acciones.

—¡…!

Solo para que el aliento abandonara su cuerpo poco después.

—¿Q-qué?

Dio un paso atrás, con las manos temblorosas mientras contemplaba la escena que tenía delante: el Sacerdote Marian yacía en la silla con un profundo tajo en el cuerpo.

—…¿C-cómo pudo, cómo pudo?

¿No estaba el cadete allí? ¿Cómo pudo esto…?

—Pff.

Una risita llenó la habitación y la cabeza de Kyle se giró bruscamente hacia donde antes yacía el cuerpo de Marian. Fue entonces cuando por fin se dio cuenta de que le habían engañado, pues Julián apareció en el suelo, con una sonrisa burlona desfigurando sus facciones.

Tic, tac…

El reloj avanzaba.

—¡Tú!

Los ojos de Kyle se inyectaron en sangre.

Una rabia incontrolable que le hizo perder la compostura. Sin pensar, levantó su espada y lanzó un tajo directo a Julián.

¡Fiuu!

Su espada dibujó un arco recto hacia abajo, apuntando directamente al cuello de Julián.

La mirada de Julián permaneció fija en la hoja, inquietantemente sereno, sin que ni siquiera una mueca de dolor cruzara su rostro.

En ese tenso momento, mientras la punta de la espada se cernía a escasos centímetros de su cuello, una fuerza tiró de repente del cuerpo de Kyle hacia un lado, lanzándolo contra la pared cercana.

¡Bang!

—¡Uekh!

Mientras la pared se hundía, la sangre brotó del cuerpo del sacerdote.

¡Plaf!

Deslizándose por la pared, la claridad volvió a la mente del sacerdote mientras levantaba la cabeza.

—¡Cof…! ¡Cof!

«¿Q-qué…? ¿Qué demonios ha pasado?».

Levantando la cabeza, miró hacia arriba y vio una figura blanca de pie junto a la entrada de la puerta. Sus ojos se abrieron de par en par al verla.

—¿Qué tenemos aquí?

Tic, tac…

Eran las 17:41.

Unos momentos antes; Residencia de Hollowe.

Tras las palabras de Hollowe, siguió un extraño silencio. El Guardián Matías finalmente rompió el silencio, negando con la cabeza gacha.

—¿Ocurre algo?

—… No, solo estaba pensando en algo.

Matías se cubrió la boca para ocultar su sonrisa. Aún podía recordar nítidamente los sucesos que ocurrieron en la enfermería. En particular, recordó la falta de reacción de Atlas cuando intentó acercarse a Julián.

Quien se había adelantado y defendido a Julián fue la Canciller.

«Qué situación tan interesante».

¿La falta de reacción de Atlas se debía a que no le importaba, o era que Julián no era realmente un espía?

Era algo interesante sobre lo que pensar.

Levantó la cabeza y miró a Hollowe.

—¿Qué tan seguro estás de que es un espía?

—… No del todo. Por ahora es solo una idea.

—Solo una idea, ¿eh?

Sonaba como si tuviera mucho más que una simple idea.

—No hay pruebas reales, así que ¿qué puedo decir?

Hollowe tomó un sorbo silencioso de su bebida y se encogió de hombros ligeramente.

—Bueno, no será muy difícil saber si está compinchado con el Cielo Invertido. Estoy seguro de que conoces la técnica para descubrir su Emblema. ¿Qué tal si pruebas a usarla con él?

—Lo intenté, pero no es posible.

—¿Y eso por qué?

—Está protegido por dos criaturas feroces. En el momento en que me le acerco, empiezan a enseñarme los colmillos.

—… Me lo imaginaba.

A Hollowe no le sorprendió especialmente esta información. Había visto de primera mano lo protegido que estaba Julián.

Parecía tener un cierto encanto con la gente, aunque normalmente los mantenía alejados. Simplemente gravitaban hacia él de forma natural, aunque no lo intentara.

… Su encanto ciertamente también le había afectado.

Al pensar en eso, una sonrisa adornó los labios de Hollowe.

«Qué chico tan peligroso».

Por suerte, Hollowe no tenía que preocuparse demasiado por dejarse encantar por el chico. Hacía tiempo que Hollowe había perfeccionado la habilidad de cortar los lazos emocionales cuando el momento lo requería.

Este desapego lo había convertido en el mejor inquisidor de su año. Podía forjar conexiones, ganándose la confianza de los demás con facilidad, pero, sin importar lo cercanos que se volvieran, podía traicionarlos sin dudar si las circunstancias lo exigían.

«Aunque espero estar equivocado».

Por supuesto, si pudiera, no desearía traicionar a la gente, pero este era su trabajo, y él era muy bueno en su trabajo.

—Parece que encuentras esta situación divertida, inquisidor. No pareces muy sorprendido por la situación.

—A decir verdad, no lo estoy.

Hollowe empezó a explicarle a Matías sus observaciones de los últimos meses que había estado en la Academia.

—¿Así que dices que también es cercano a la Canciller?

—Sí, eso parece por lo que he visto.

—Mmm, eso encaja con lo que vi.

Matías frunció el ceño.

—Sin embargo, si es cercano a ella, también existe la posibilidad de que no forme parte del Cielo Invertido. Teniendo en cuenta la naturaleza de la Canciller, no querría asociarse con gente así.

—Ahí es donde te equivocas.

Hollowe lo corrigió con un simple gesto de la mano.

—… Aunque ese pueda ser el caso, ella también es el tipo de persona que haría cualquier cosa para deshacerse de ellos. Existe la posibilidad de que ella también haya llegado a una conclusión similar a la mía y esté intentando acercarse a él para poder llegar hasta Atlas.

—¿Ah, sí?

Las orejas de Matías se aguzaron. Era una información bastante interesante. Su sonrisa se ensanchó a medida que muchas cosas empezaban a aclararse en su mente.

«Supongo que eso confirma lo que vi antes en la enfermería. Realmente lo estaba poniendo a prueba».

Una leve risa escapó de sus labios. Esto era interesante. Todo este juego venenoso que estaba ocurriendo dentro de los terrenos de la Academia. Era muy, muy interesante.

—Aunque yo tendría cuidado si fuera tú.

—¿Mmm?

Al levantar la cabeza, Matías miró a Hollowe, que tenía una expresión inusualmente seria.

—Veo en tu cara que estás interesado en unirte a su juego venenoso, pero te sugiero lo contrario. Podrías ser engullido antes de que te des cuenta.

—¿Engullido?

Matías bajó la cabeza, y sus profundos ojos verdes atravesaron la capucha.

¿Yo?

Casi quiso reír, pero se contuvo. No se tomó a pecho las palabras de Hollowe. La Canciller y Atlas eran, en efecto, individuos poderosos. Sin embargo, Matías creía que estaba en igualdad de condiciones con ellos en cuanto a poder y trasfondo.

En todo caso, se sentía más seguro de formar parte de este juego que un simple cadete. No es que no fuera consciente de los riesgos.

¡Trrr!

Una vibración repentina sacó a Matías de sus pensamientos.

Sacando un pequeño dispositivo de comunicación, Matías echó un vistazo al mensaje. Poco después, enarcó una ceja y se puso de pie.

—Parece que ha surgido algo.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudar?

—Mmm, no. Es algo que solo yo puedo manejar.

Matías se guardó el dispositivo de comunicación en el bolsillo y se dirigió a la puerta junto con Hollowe, que se la abrió.

—Ya que ese es el caso, me quedaré aquí. Te deseo la mejor de las suertes.

—Gracias.

Matías salió y caminó con calma hacia el lugar designado.

Tic, tac…

Eran las 5:35 p. m.

Todavía le quedaba algo de tiempo, así que decidió tomárselo con calma. Si no recibía un mensaje en los minutos siguientes, sabía que tenía que darse prisa.

El tiempo pasaba.

Mientras Matías se dirigía con calma hacia su destino, el reloj continuaba su tic-tac.

5:36 p. m.

5:37 p. m.

5:38 p. m.

5:39 p. m.

5:40 p. m.

—… Supongo que algo ha pasado de verdad.

Matías miró el edificio que se cernía sobre él. Entrecerró los ojos y su semblante cambió. Sin perder un solo segundo, entró en el edificio y se detuvo ante una puerta específica.

Su expresión cambió ligeramente al notar el movimiento que había detrás de la puerta. Alargó la mano hacia la puerta y la abrió.

—…

La escena que lo recibió no era la que esperaba ver. Con un movimiento de su mano, un cuerpo salió despedido hacia un lado de la pared.

¡Bang!

Dando un paso adelante, Matías analizó con calma su entorno.

—¿Qué tenemos aquí?

Sus pasos se detuvieron al percatarse del cuerpo del Papa. Respirando hondo, logró mantener la calma mientras alternaba su mirada entre las otras tres figuras.

«Dos muertos y dos vivos…».

La escena era clara para Matías.

A juzgar por la marca de espada en el cuerpo del Sacerdote Marian, había sido asesinado por una espada. Sabiendo perfectamente que el único que podía usar una espada en la habitación era el Sacerdote Kyle y recordando la escena que había presenciado, el cuadro estaba claro en su mente.

«El Sacerdote Kyle se ha vuelto loco».

… O al menos, así es como parecía.

—Jajaja.

Una risa escapó de repente de sus labios.

Qué escena. Qué escena.

Finalmente, giró la cabeza para mirar a Julián, que estaba tirado en el suelo. Verlo le hizo sonreír.

—Es una escena preciosa la que has montado. Casi me hace querer creer que esto es lo que realmente pasó.

El Guardián dio un paso adelante, y su expresión y semblante se tornaron más serios. De repente, la habitación se sumió en una tensión insoportable.

—… Pero como he dicho. Casi. ¿Crees que soy estúpido?

Al levantar la mano, el cuerpo de Julián se elevó de repente del suelo. Su expresión cambió, pero quedó indefenso ante las acciones del Guardián y pronto la mano de este se cerró con firmeza alrededor de su cuello, dejando a Julián suspendido en el aire.

Un silencio sepulcral llenó la habitación.

Uno que fue roto por la voz áspera y ronca del Guardián.

—Sé que tú hiciste todo esto.

Su agarre en el cuello de Julián se apretó.

—No entiendo cómo te las arreglaste para matar a Su Santidad, pero no me sorprendería, considerando tu afiliación.

Con un ligero movimiento de su dedo, la mano de Julián se alzó bruscamente.

El Guardián acercó la mano derecha de Julián, presionando ligeramente su muñeca. Trozos de piel comenzaron a desprenderse, cayendo al suelo y revelando un tatuaje oculto: un trébol de cuatro hojas grabado en su piel.

—Ah.

Sus ojos se posaron en Julián.

—¿Qué tenemos aquí?

Su voz era tranquila, casi divertida. Había visto venir este escenario a leguas. Su corazonada era correcta.

—… Supongo que ahora tenemos una respuesta a cómo te las has arreglado para derrotar a Su Santidad. Si son ellos, entonces estoy seguro de que pueden idear algo.

Una vez más, una leve risa escapó de la boca del Guardián mientras su agarre se apretaba aún más. Era tan fuerte que Julián apenas podía articular palabra a pesar de sus mejores intentos.

—Deja de forcejear. Se acabó. Te he atrapado.

Su voz estaba teñida de un tono de finalidad.

Mirando fijamente los ojos avellana aterrados frente a él, Matías desvió su atención hacia el Sacerdote Kyle. Aunque estaba herido, seguía vivo. Si podía conseguir que testificara sobre lo que había sucedido, seguido de la revelación del tatuaje, no habría lugar a donde Julián pudiera escapar.

Como una rata que ha caído en una trampa, estaba acabado.

No había nada más que pudiera hacer.

Nada má…

—¿Mmm?

Las cejas del Guardián se fruncieron de repente al notar el leve rastro de una sonrisa en el rostro de Julián. ¿Está sonriendo…? ¿Por qué iba a estar…?

—¿Qué está pasando aquí?

Una voz resonó desde atrás y la cabeza del Guardián se giró de golpe.

—… ¿Eh?

Su cabello rubio meticulosamente peinado ondeó en silencio, a juego con sus ojos amarillo pálido que brillaban como dos bolas de fuego que parpadeaban con una extraña intensidad; la figura de Atlas apareció de pie detrás de la puerta, y su expresión, inusualmente tranquila, mostraba grietas.

Detrás de él había varias figuras.

Entre las cuales no estaba otra que la Canciller, que contemplaba la escena con sus profundos ojos de obsidiana.

A medida que su mirada se desplazaba de los cuerpos esparcidos por el suelo a Julián, todavía atrapado en el agarre del Guardián, sus ojos se oscurecieron aún más. Una presión intangible y casi sofocante impregnó cada rincón de la habitación.

—¡Ugh…! ¡Ugh!

Débiles ruidos empezaron a salir de la boca de Julián. Parecía que luchaba por decir algo.

El Guardián mantuvo su agarre firme.

A pesar de la situación en la que se encontraba, permaneció tranquilo.

«¿Era este tu plan?»

Casi quiso reír, pero la risa se le borró rápidamente cuando escuchó un leve chasquido y los ojos del Sacerdote Kyle se quedaron sin vida.

Parecía haber sido privado de todo pensamiento.

«¿Magia Emotiva?»

¡¿Cuándo?!

Esa distracción fue suficiente para que su agarre sobre el cuello de Julián se aflojara, permitiendo que su voz finalmente saliera.

—¿Q-qué… q-qué me estás h-haciendo?

Cuando todos los ojos se posaron en Julián, sus ojos temblaron mientras miraba fijamente al Guardián.

—… A-ayuda. ¡Él… está intentando m-meter algo en mi cuerpo! ¡¡¡Él…!!!

El rostro de Julián se contrajo de repente, volviéndose blanco pálido mientras su cuerpo comenzaba a temblar. Todo ocurrió con relativa rapidez, pero Delilah se movió velozmente, arrebatando a Julián de la mano del Guardián.

Sus movimientos fueron tan rápidos que él apenas tuvo tiempo de reaccionar mientras ella acomodaba el cuerpo de Julián a un lado de la pared, donde finalmente se calmó.

Finalmente, sus ojos se abrieron de golpe y su rostro comenzó a contraerse.

—¡Maldito bastardo! ¡Te mataré!

El comportamiento de Julián había cambiado por completo, pillando a todos por sorpresa. Incluso el rostro de Delilah delató un atisbo de sorpresa mientras echaba la cabeza hacia atrás mientras él seguía gritando a pleno pulmón.

No parecía que la situación se hubiera registrado aún en su mente.

—¡Joder, te mat…!

En ese instante, alguien apareció a su lado, golpeando rápidamente la nuca de Julián y dejándolo inconsciente de un solo golpe.

¡Plac!

Cuando todos los ojos se posaron en Atlas, su expresión decayó. Inclinándose para tocar la cabeza de Julián, sus cejas se fruncieron con fuerza.

—… Me temo que ha sido poseído. Llamad a un Clérigo más tarde para que lo revise.

Gradualmente, la cabeza de Atlas se giró para encarar al Guardián, que había permanecido quieto todo el tiempo. Todos los ojos se dirigieron en su dirección.

«Ah».

Matías miró a todos en la habitación antes de fijar su mirada en Atlas.

Entonces todo encajó para él.

A quien Julián intentaba incriminar.

No era el Sacerdote Kyle.

No.

… Había sido él todo el tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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