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El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 458

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Capítulo 458: Entrevista Repentina [5]

—…

Todo el público guardó silencio, mirando a León con los ojos muy abiertos.

Yo también lo miré con ojos estupefactos.

Es que…

—Desagradecido. Des—

—León, para ya —dijo Aoife de repente.

—¿Mmm?

—Sé que Julián te ha explotado, pero la tarea era decir una palabra. Te has pasado del límite por mucho.

—… Ah.

León se mordió los labios, con una expresión triste.

¿Qué coño?

—Lo entiendo. Lo siento.

—No es nada. Todos te entendemos.

Kiera le restó importancia con un gesto de la mano. Parecía que lo entendía.

—No parece que tengas a una sola persona de tu parte. ¿Cómo te sientes, Julián?

Como la pregunta iba dirigida a mí, me pilló un poco por sorpresa, pero me recompuse rápidamente antes de responder.

—¿Sinceramente? No me sorprende. Nunca les he caído muy bien, desde el principio.

—No, espera…

Sintiéndose un poco mal, Aoife agitó la mano. Los demás la imitaron de inmediato.

—Estábamos bromeando.

—Sí.

—Claro… Lo hacíamos, ¿verdad?

¿A qué viene esa vacilación?

—¿Ah, sí…?

Miré a Teresa, que apartó la cabeza de un respingo.

—Su reacción parece decir lo contrario.

—Sí, pero su situación es un poco diferente. Odia a todo el mundo, así que en eso no te está excluyendo.

—Es verdad.

Asentí tras reflexionar sobre las palabras de Aoife. No se equivocaba. En ese momento, Teresa nos odiaba a todos. No es que me preocupara. Probablemente se le pasaría la fase en un par de días.

O, al menos, eso esperaba.

—Parece que tenéis bastante química entre vosotros —dijo Dyrk, alternando la mirada entre las chicas y yo. Parecía estudiarnos con gran interés.

—¿Cuánto tiempo hace que os conocéis? Para tener esa química con ellas, debéis de haber trabajado juntos durante bastante tiempo.

—Sobre eso…

¿Cómo debería responder a esto? No sabía de qué hablaba. ¿Química? ¿Qué química? Si no paraban de machacarme.

Estaba a punto de responder a la pregunta cuando Aoife se me adelantó.

—Técnicamente, un año, pero teniendo en cuenta que tiende a desaparecer cuando le da la gana, probablemente lo conocemos desde hace un mes.

El estudio entero se quedó en silencio ante sus palabras, y las miradas de la gente a nuestro alrededor se hicieron aún más patentes. No es que pudiera culparlos. Yo también me habría sorprendido en su lugar.

—¿Lo conocéis desde hace un mes?

—Sí.

Aoife asintió, cruzándose de brazos y hundiéndose en el sofá.

—Hubo una vez que desapareció durante medio año entero. Ah, y fue justo antes de la Cumbre, además.

—¿Y eso por qué?

—Bueno, no lo sé. Nunca nos dice por qué desaparece y la verdad es que no preguntamos.

Mientras Aoife seguía hablando, sentí que las miradas de los que me rodeaban cambiaban. De la sorpresa pasaron a lo que pareció lástima. Sí, lástima. Cuando me giré para ver de dónde procedían esas miradas, me sorprendió ver que venían de los otros cadetes.

Entonces, de repente, caí en la cuenta.

«¿Creen que tengo algún tipo de enfermedad crónica?»

—No, no estoy enfermo. Es solo que… tengo cosas que hacer.

—Vaya.

Dyrk dirigió su mirada hacia mí.

—Espero que te mejores.

—Espera, yo no estoy—

—Pff. Entiendo. Puede que no quieras hablar de esto. Cambiaré de tema por ti.

Con una mirada de exasperación, Dyrk cambió de tema.

—Puede que ahora no te des cuenta, pero estoy seguro de que te llevarás una buena bronca de nuestros espectadores cuando se emita este episodio. Por ahora, pasemos al último y definitivo segmento.

Las luces a nuestro alrededor se atenuaron y un dispositivo de grabación entró rodando.

—¡Nuestra vida cotidiana!

El dispositivo de grabación cobró vida.

—Para el último segmento, ahora mostraremos clips cortos de los grupos aquí presentes y su vida cotidiana. Pedimos a cada grupo hace unos días que enviara lo que tuviera, y esto es la recopilación de los clips que nos han enviado.

Un momento. Parpadeé, esforzándome por entender sus palabras. Era la segunda vez que me lo mencionaban, y también la segunda vez que me costaba entender qué estaba pasando.

¿Clips? ¿Qué clips?

¿Por qué no tenía ni idea de esto?

—¿Con quién empezamos? Mmm. ¿Qué tal los de primer año? Esto parece entretenido.

De repente, un vídeo empezó a reproducirse en la televisión. En él aparecían los miembros de primer año. Eran un grupo masculino compuesto por cuatro jóvenes. Todos eran guapos y, en el clip, mostraban varias escenas divertidas de lo que hacían en su vida cotidiana, con un poco de cachondeo aquí y allá.

No voy a mentir diciendo que fue aburrido. Fue divertido. Muy divertido.

A diferencia de antes, este segmento me pareció realmente muy interesante. Sin embargo, por alguna razón, no podía disfrutarlo.

Mi mente no dejaba de darle vueltas a los clips, y a de qué tratarían los nuestros.

Lo más probable es que León se hubiera encargado de hacer los clips, ya que los demás no parecían el tipo de persona interesada en hacer estas cosas. Tenía sentido, pero la idea me asustaba.

¿Qué demonios iba a mostrar exactamente?

El tiempo pareció pasar a la vez rápido y lento mientras se mostraba un clip tras otro. El ambiente entre bastidores había cambiado notablemente, pasando de su anterior estado sombrío y tenso a uno más agradable.

Y entonces llegó.

Nuestro clip.

—¡El segundo clip es el siguiente! Veamos qué tenemos. Tengo bastante curiosidad.

No era el único que parecía ansioso por ver el vídeo. El público, e incluso algunos de los otros equipos, parecían esperar el clip con ganas.

Yo también, pero al mismo tiempo, me sentía muy aprensivo.

Clic.

El vídeo empezó.

—Prueba. Prueba. ¿Funciona el vídeo? ¿Prueba?

La primera en aparecer en el vídeo fue Evelyn, que extendió las manos para tocar la cámara.

Pero otra mano le dio un manotazo para apartarla al instante, mientras la voz de León resonaba por los altavoces.

Como era de esperar, León era el encargado de esto.

—Evelyn, no toques la grabación. Está funcionando. Estoy grabando.

—Oh… ¿En serio…?

Lamiéndose los labios, Evelyn retrocedió un paso y se jugueteó con el pelo. Luego, tras lanzar una rápida mirada a la cámara, saludó con timidez.

—Hola…

—…

—¿Qué?

—¿Qué haces?

—Soy… soy un poco tímida. No esperaba que hubiera tanta gente mirando.

—Solo estoy yo mirando.

Evelyn puso los ojos en blanco.

—Sígueme el rollo, ¿quieres?

—No tengo tiempo para seguirte el rollo. Solo tenemos un par de minutos para grabar este vídeo.

La cámara se apartó de Evelyn.

—¡Eh! ¡Espera! ¡Vamos a repetirlo!

—¡No! ¡Aléjate de mí!

—¡León!

La negativa de León y el evidente forcejeo que estaba ocurriendo detrás de la cámara hicieron reír a algunas de las personas de alrededor.

Los fuertes jadeos de Evelyn y León resonaron por los altavoces mientras seguían forcejeando.

—¡L-León! ¡Déjame!

—¡He dicho que no!

La cámara acabó apoyada en un mostrador cercano, apuntando hacia el fondo de la sala común, cerca del pasillo que conducía a los dormitorios, mientras Evelyn y León empezaban a pelear de fondo. Y si uno se fijaba bien, podía ver una pequeña figura escondida detrás del mismo muro al que apuntaba la cámara.

«¿Pero qué demonios está haciendo?»

—¡¿Oye?! ¿A qué viene todo este ruido? ¿Podéis bajar la voz?

¡Clanc—!

Kiera bajó corriendo las escaleras con el ceño fruncido. Metiéndose el meñique en la oreja, frunció el ceño y miró con rabia en dirección a Evelyn y León, mientras echaba un vistazo al dispositivo de grabación.

—Son las tres de la tarde y estoy intentando dormir, así que bajad la v—

—¡Bu!

—¡Hijo de p***! ¡Mier**! ¡Jod**!

El vídeo pitó continuamente mientras Kiera daba un salto en el aire y gritaba.

—¡¿De dónde ha salido esta enana con pinta de gremlin?!

Espera, un momento…

Las risas se extendieron por la sala mientras todas las miradas se volvían hacia Kiera, que se hundió en el sofá en un intento de ocultar su rostro. Por otro lado, una pequeña sonrisa apareció en los labios de Teresa mientras miraba arrogantemente a su alrededor y hacía un gesto con la cabeza cada vez que alguien la miraba.

«Lo has visto, ¿a que sí? He sido yo», era lo que intentaba dar a entender con la mirada. Todo esto fue captado por los dispositivos de grabación de alrededor.

El clip continuó.

—Kiera, ¿no sabes que no se debe maldecir delante de una niña?

Aoife fue la siguiente en salir de su habitación mientras empezaba a reprender a Kiera, que se agarraba el corazón.

—¿Qué? Casi me muero de un infarto. Ten un poco de maldita compasión por tus compañeras.

—Oh, por favor. Como si te fueras a morir por una tontería así. Te has enfrentado a oponentes que dan más miedo.

—¿Como cuáles?

—Como Julián cada vez que cuenta un chiste.

—Ah.

Con una expresión de repentina comprensión, Kiera asintió con la cabeza despreocupadamente y volvió a su habitual aspecto indiferente.

—Si lo pones así, entonces tienes razón.

Un momento…

—Asunto zanjado.

Habiendo resuelto la situación, Aoife pareció complacida consigo misma y se dio la vuelta para volver a su habitación, cuando de repente dio un salto en el aire.

—¡Hijo de p***! ¡Mier**! ¡Jod**!

El vídeo volvió a pitar mientras Aoife empezaba a soltar maldiciones.

—¡¿Cuándo has llegado?!

Su enfado iba dirigido a Delilah, que había aparecido detrás de ella de la nada, con una chocolatina en la mano. Comiéndosela con indiferencia, inclinó la cabeza.

—Siempre he estado aquí. ¿Por qué?

—No, es que me has asustado.

—Ah.

Con un asentimiento, Delilah volvió a prestar atención a la chocolatina.

Miré la escena con los ojos como platos.

¿Qué demonios hacía ella ahí? Al girar la cabeza, mi mirada se encontró con la de Delilah. Extrañamente, tenía la cara un poco roja.

—Un segundo. Espera un momento. Para. Pausa.

Masajeándose la frente, Kiera miró a Aoife.

—…¿Vas a ignorar lo que acaba de pasar? Dejemos a un lado el hecho de que has copiado completamente cada palabra que he dicho, pero ¿debería recordarte las palabras que me dijiste literalmente hace un par de segundos?

—No, eso es—

Kiera empezó a citar directamente las palabras de Aoife.

—«Kiera, ¿no sabes que no se debe maldecir delante de una niña?».

—«Oh, por favor. Como si te fueras a morir por una tontería así. Te has enfrentado a oponentes que dan más miedo».

Ahora le tocaba a Aoife hundirse en el sofá mientras su mirada se desviaba de la proyección. Las risas seguían extendiéndose por el estudio.

—Ejem.

Aoife apartó la cabeza de Kiera.

—No tienes pruebas de que nada de eso haya pasado.

—No, de hecho, sí las tengo.

Los ojos de Kiera se desviaron brevemente hacia el dispositivo de grabación que descansaba en el mostrador.

—¿Eh?

Aoife parpadeó, y fue entonces cuando de repente se dio cuenta de la cámara que les apuntaba. Su cara se sonrojó al instante y se abalanzó hacia ella.

—¡Ni de coña!

Dos brazos se aferraron desesperadamente a la pierna de Aoife mientras corría hacia la cámara.

—¡Kiera! ¡Suéltame! ¡Te lo digo como líder del grupo! ¡Más te vale soltarme o esto no acabará bien para ti!

—¡Da lo mejor de ti!

Y así. Estalló otra pelea.

—¡Suéltame, zo***!

—¡Por encima de mi cadáver!

En el lapso de un par de minutos, habían estallado dos peleas y todavía se oía el sonido ahogado de Evelyn y León peleando al fondo.

—¡¿L-León?!

—¡No es no!

—¡Aj!

Para empeorar las cosas, Delilah y Teresa observaban el espectáculo con interés desde el fondo mientras Delilah comía lentamente su chocolatina. De vez en cuando, los otros cadetes bajaban a ver qué pasaba antes de huir de la escena.

Era un desastre.

Un terrible desastre.

Clic.

El clip terminó poco después.

Un breve silencio se apoderó del estudio mientras la atención de todos se centraba en las chicas, que prácticamente se habían hundido en lo más profundo del sofá, a excepción de Teresa. Entonces, mucha gente esbozó sonrisas y risas ligeras mientras las chicas se hundían aún más en el sofá.

Mirando la escena, no me salía reír. Me había quedado sin palabras. Realmente no sabía qué decir.

¡Maldita sea! ¿Me había ido solo unos días y este era el resultado?

¿Qué clase de situación era esta?

«No, da igual. Debería alegrarme de no haber estado. Si no, me habrían implicado».

Suspiré de alivio cuando mis pensamientos se detuvieron ahí.

¡Triiin—!

Entonces, sentí que mi dispositivo de comunicación vibraba en mi bolsillo y me excusé un momento.

«Y bien, ¿ha terminado todo? ¿Cómo está la situación?»

Era León.

¿Eh? ¿León? ¿No estaba él…?

—¿Cómo es que estás hablando conmigo?

«Grabé el mensaje de antemano».

—¿Eh? ¿Por qué ibas a hacer eso?

«Pensé que podría no gustarte el clip».

—¿…?

El clip estaba bien. De todos modos, no me implicaba.

No estaba seguro de por qué pensaría que no me iba a gustar.

«Me refiero al segundo clip».

—¿Eh?

¿El segundo?

De repente, enmudecí.

¿Había otro?

Y entonces me giré y vi mi cara en la pantalla del dispositivo de grabación. Antes de darme cuenta, una maldición se me escapó de los labios.

—Oh… joder.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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