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El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 463

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Capítulo 463: Emisión [2]

La tensión era palpable en cierto estudio.

Dyrk, el presentador de la entrevista, caminaba de un lado a otro de la sala con el puño en la boca.

«No debería ir tan mal, ¿verdad? Un dos por ciento. Es todo lo que pido. No, un uno coma cinco por ciento también está bien. Incluso un uno por ciento está bien».

La última entrevista se había emitido.

Debido a los nervios acumulados, Dyrk decidió quedarse fuera del estudio.

Sabía que los resultados no aparecerían hasta que terminara la entrevista. Sin embargo, no podía esperar en absoluto.

Estaba nervioso.

Jodidamente nervioso.

—Maldita sea, ¿cuánto más tengo que esperar?

Haciendo una pausa, Dyrk miró la hora y gimió.

Solo habían pasado cinco minutos desde que se emitió la entrevista. Sentía como si hubiera pasado casi una hora y, sin embargo, solo habían sido unos minutos.

Darse cuenta fue agónico.

—¡Debería dejarme inconsciente para que…!

¡Clanc!

Con la repentina apertura de la puerta, una figura entró corriendo en la sala. Asustado, Dyrk dio un salto hacia atrás.

Estaba a punto de protestar cuando se dio cuenta de que la figura le resultaba familiar.

—¿Escritor…?

—Jaa… Jaaa…

Sosteniendo varios papeles y respirando con dificultad, el escritor del programa, Jack Bannali, levantó la cabeza y miró a Dyrk. Había un extraño brillo en sus ojos cuando lo miró.

Sosteniendo un dispositivo de comunicación, lo levantó.

—Esto…

Luchando por articular palabra bajo su pesada respiración, Jack respiró hondo antes de hablar todo de golpe.

—¡Es un éxito! ¡La entrevista! ¡Lo está petando!

***

La audiencia final del programa alcanzó un asombroso 5,7 %. No parecía mucho, pero para una simple entrevista, era una cifra asombrosa.

Sin tener en cuenta que la gente que se perdió la emisión en directo podía verla justo después. El número de visualizaciones era asombroso.

Los cadetes del Refugio se convirtieron en el tema de conversación de todo el Imperio.

En particular, una persona en concreto.

—Je…

La cara de León temblaba mientras sostenía un dispositivo de comunicación.

Era una escena extraña.

Aunque su rostro no mostraba expresión alguna, su cuerpo temblaba de vez en cuando mientras dejaba escapar sonidos extraños en medio de la clase.

—…Gf.

No era el único.

La mitad de la clase se comportaba de la misma manera.

Con toda la atención centrada en una sola figura, los extraños sonidos persistieron durante toda la lección. Eran lo bastante fuertes como para interrumpirla, pero el Profesor hizo la vista gorda.

Porque…

—La composición del hechizo depende en gran medida de los… Ju… diferentes tipos de runas que… Ejem, disculpen. Depende en gran medida de los diferentes tipos de… Jo.

Incluso a él le costaba mantener una expresión seria.

Sintiendo las risas y las miradas de todos los cadetes, la expresión de Julián permaneció indiferente. Casi parecía que las risas y las miradas no le afectaban en absoluto.

Por supuesto, eso era solo por fuera.

«León, Aoife, Kiera, el profesor Karlian, ¿Kaelion? ¿Él también se ríe? ¿Amell? ¿El hermano de León? Ah, cierto. Ese tipo es de la realeza. ¿Cómo se llamaba? ¿La cuñada de León? Andreas. Carmen».

Julián estaba ocupado memorizando las caras y los nombres de los que se reían. Estaba redactando su lista de la muerte.

Si alguna de las personas de la lista se encontraba en peligro mortal, no iba a salvarla.

En el caso de León, Julián estaba dispuesto a reírse de su muerte.

«A ver si se ríe entonces».

Julián rechinó los dientes mientras añadía nombre tras nombre a la lista.

Finalmente, su mirada se detuvo en una figura de ojos brillantes. Con dos profundos ojos amarillos, era difícil no verlo.

Las cejas de Julián se alzaron al verlo.

«¿No se está riendo?».

Era algo poco común.

Sin embargo, cuando Julián lo pensó, tuvo sentido.

Caius no le parecía el tipo de persona que pasaría el tiempo viendo ese tipo de cosas. Ni siquiera estuvo presente durante la entrevista en directo.

Por supuesto, no le interesaba ver la emisión.

Justo cuando Julián estaba a punto de asentirle con la cabeza, se dio cuenta de algo.

—Ah.

Caius…

Había perdido todas sus emociones.

Aunque quisiera, no podría reírse de él.

Pensando en ello, Julián no sabía cómo sentirse. Al final, aun así, escribió el nombre de Caius en la lista.

En su mente, lo sabía.

Probablemente él también se habría reído.

***

¡Fiuuu…!

Las cortinas se hincharon, proyectando una tenue sombra mientras una silueta emergía en el espacioso despacho. La estancia era amplia, con una imponente estantería llena de tomos encuadernados en cuero que dominaba una de las paredes.

Un gran ventanal dejaba entrar la luz, iluminando las intrincadas tallas del enorme escritorio de madera que constituía la pieza central.

Fuera ya estaba oscuro, pero la luz de la lámpara de araña del techo iluminaba intensamente la sala.

Detrás del escritorio estaba sentado un hombre de pelo rubio y penetrantes ojos azules.

Pluma en mano, Iván mantenía la cabeza gacha mientras escribía en cierto documento. Parecía completamente ajeno a la silueta que se movía en silencio justo delante de él, proyectando una tenue sombra sobre su persona.

—… ¿Hm?

Fue solo entonces cuando Iván se detuvo y levantó la vista.

Al levantar la cabeza, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

—Has vuelto.

—… He vuelto.

Una voz, inquietantemente idéntica a la suya, resonó suavemente por la sala. Cuando la luz de la lámpara de araña se derramó sobre la silueta, sus rasgos se enfocaron con nitidez: ante él se encontraba una réplica exacta de sí mismo.

Desde el pelo hasta los ojos, e incluso la leve sonrisa de sus labios.

Todo era idéntico.

—He recibido el informe. Parece que las cosas no han salido como estaba previsto.

Dejando la pluma a un lado, Iván se levantó y se acercó a su clon. Pellizcándose la barbilla, lo miró de cerca, examinándolo en busca de algo fuera de lo normal.

Sin embargo, al mirarlo detenidamente, no encontró nada extraño y asintió.

—Muy bien, veamos qué ha pasado.

Presionando la mano contra la frente de su clon, Iván cerró los ojos.

Imágenes vívidas inundaron la mente de Iván, reproduciendo los acontecimientos que se habían desarrollado en el Refugio. A medida que los recuerdos se sucedían, un ligero ceño fruncido se dibujó lentamente en su rostro. Sintió una extraña sensación de malestar que no podía identificar.

Al abrir los ojos, su ceño fruncido se acentuó. El clon ya había desaparecido y la única persona que quedaba en la sala era el Iván original.

—Alguien ha manipulado los recuerdos.

Aunque no estaba claro, Iván podía decir que ciertas escenas que presenció no tenían sentido. Por supuesto, aunque este suceso le preocupaba un poco, no estaba sorprendido.

Después de todo, había esperado que esto ocurriera desde el principio.

Al girar la cabeza, sus ojos se posaron en cierta carta. La había recibido a primera hora de la mañana, pero no había tenido tiempo de abrirla.

Ahora parecía un momento oportuno.

¡Rasg…!

Tomando un pequeño cuchillo, rasgó la parte superior de la carta y la abrió.

—Ah, como esperaba.

Su expresión se relajó al leer el contenido de la carta. No hizo más que confirmar sus dudas anteriores, y todo encajó.

—Parece que existe la posibilidad de que el propio líder haya hecho un movimiento. Solo él es capaz de hacerle algo así a uno de mis clones.

Eran grandes noticias.

Significaba que el líder del Cielo Invertido estaba ahora dentro del Imperio Nurs Ancifa. Siempre que jugaran bien sus cartas, podrían atraparlo y detenerlo.

—Tendré que empezar a preparar el informe del caso.

Rebuscando en su escritorio, Iván ojeó apresuradamente varios papeles. Sin embargo, para su fastidio, no pudo encontrar lo que quería.

Al final, no tuvo más remedio que llamar a su asistente.

—Clara, tráeme los papeles de la revisión del caso que están en mi escritorio inmediatamente.

Para una operación tan monumental como la que Iván estaba planeando, necesitaba un argumento convincente para persuadir a toda la asociación, incluida la Familia Real y la Central. Para lograrlo, tenía que organizar meticulosamente sus pruebas y presentarlas de forma convincente.

Incluso como uno de los Monarcas, no podía justificar ordenarles que tendieran una red para cazar a una figura cuya existencia era incierta.

Tenía que asegurarse de no dejar ninguna salida a la parte contraria.

Toc, toc…

Por suerte, su asistente era muy eficiente.

Poco después de que Iván diera la orden, ella entró en la sala con los papeles en cuestión.

Clara era una nueva asistente que Iván había contratado hacía solo unos meses. Aunque en realidad no la contrató él, ya que no era su trabajo, había estado bastante satisfecho con ella.

Era eficiente y nunca hacía preguntas.

Con el pelo corto y castaño, unas gafas ovaladas de montura fina y un puñado de pecas en la cara, tenía un aspecto un tanto empollón, pero con un encanto único.

—Aquí tiene, señor.

—Ah, muchas gracias.

Iván cogió apresuradamente los papeles y empezó a clasificarlos antes de coger finalmente la pluma y empezar a escribir.

—Puedes retirarte.

Justo cuando empezó, agitó la mano para despedir a Clara.

—¡Sí, entendido!

Iván esperaba que Clara se fuera, pero justo cuando se apartaba, se detuvo.

—¡Ah, cierto! Hay otra cosa que quería mencionarle, señor.

—¿Sí…?

Frunciendo el ceño, Iván se dio la vuelta.

No le gustaba que lo molestaran, pero consiguió reprimir su fastidio y habló con un tono uniforme.

—Ha recibido un paquete.

—¿Un paquete?

—Sí, es bastante grande. He comprobado el contenido y parece bastante seguro.

Clara sostenía una pequeña caja de madera, de forma rectangular y bastante alargada. Los ojos de Iván recorrieron la caja, pero no pudo sentir nada inusual en ella.

—De acuerdo.

Sin pensarlo mucho, Iván cogió la caja y la abrió.

No tenía ninguna expectativa al abrir la caja, pensando que era un simple regalo, pero en el momento en que la abrió, su rostro cambió sutilmente.

—… Ah.

Era una botella de vino. Una botella de vino lujosa y bien conservada.

Los labios de Iván se apretaron en una fina línea mientras su mirada se detenía en la botella. Su agarre en la caja se tensó notablemente.

Tras unos instantes, respiró hondo y consiguió calmarse.

—Devuelve este regalo. Diles que aprecio el detalle, pero no puedo beber alcohol.

—¿Ah? Pero esto parece muy caro.

Con cara de sorpresa, Clara cogió la botella y la examinó de cerca. Sus cejas se arquearon al leer la etiqueta de la parte delantera de la botella.

—Vaya, ¿este Monte Eclair? ¿No es una de las mejores marcas? Sería una pena devolverlo.

—No pasa nada. Si hay algo que no me falta, es dinero. Simplemente prefiero no beber.

—Oh, ya veo. Una pena. Una pena.

¿Una pena?

Frunciendo el ceño, Iván abrió la boca para reprenderla, pero antes de que las palabras pudieran salir, sintió que se le atragantaban.

—… Y yo que pensaba que le gustaba el alcohol. Después de todo, dado su trabajo, debe de haber cosas que quiera olvidar, ¿verdad?

Como si le hubiera caído un rayo, el cuerpo de Iván se congeló.

Mirando a su asistente, que admiraba despreocupadamente la botella, Iván sintió que se le secaba la boca.

Ella…

No podía saberlo, ¿verdad?

No podía ser. Eso…

—Bueno, qué pena.

Con una simple sonrisa, Clara colocó la botella en la caja.

—Supongo que la devolveré ahora.

Volviéndose para mirar a Iván, sonrió y se despidió.

—Con su permiso.

¡Clanc!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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