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El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 466

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Capítulo 466: Bebida [3]

Al soltar a Caius, una leve sonrisa se dibujó en mis labios.

«Parece que, aunque no sienta ninguna emoción, mi Magia Emotiva puede ser eficaz en combate».

La intensidad necesaria para que fuera eficaz era bastante alta, pero al menos me demostró una cosa: con o sin emociones, uno podía caer bajo la influencia de la Magia Emotiva siempre que la intensidad fuera lo suficientemente fuerte.

«…El único problema es que, para alcanzar esta intensidad, tendría que tocarlos».

Eso no era precisamente lo ideal, como se me había demostrado varias veces en el pasado. En particular, en la Cumbre. Cuanto más hábil era alguien, más fácil le resultaba mantenerme a distancia o alejarse de mí.

La opción ideal era mejorar mi control.

Solo entonces no tendría problemas para aplicar la intensidad suficiente a larga distancia.

Por suerte, ahora que estaba de vuelta en la Academia, conocía a la persona adecuada a la que pedir ayuda. Ella ya me había dado un cubo específico para entrenar, pero sentía que había más cosas que podía hacer para mejorar.

Me anoté mentalmente preguntárselo más tarde.

—Aquí.

Saliendo de mis pensamientos, vi a Kaelion ayudar a Caius a sentarse.

La cara de Caius estaba pálida. Le temblaban las piernas y las lágrimas le corrían por el rabillo de los ojos.

Pero incluso mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, mantenía su mirada fija en mí.

—Q-qué…

Parecía que intentaba decir algo, pero las secuelas de sus acciones todavía lo afectaban. No obstante, aunque no hablara, podía deducir más o menos lo que intentaba preguntar.

—Tienes curiosidad por saber si las palabras que te dije antes eran lo que sentía de verdad, ¿no?

Las que decían que había esperanza para él.

Los ojos de Caius temblaron, y supe que había acertado. Como no quería dejarlo con la duda, simplemente asentí con la cabeza.

—Sí, hay esperanza.

En realidad, Caius no había perdido sus emociones.

Aunque no lo había podido ver bien, lo que sentí de él era diferente. Era… similar a la habilidad que yo había desarrollado.

Esa con la que podía sellar temporalmente cada una de mis emociones.

Sí, Caius había desarrollado algo parecido.

Pero… la suya era mucho más poderosa.

«No, más que poderosa, desarrolló una versión más finalizada de la misma».

Si yo empecé desde cero, él empezó directamente desde cien. Mientras que yo podía mejorar la habilidad y perfeccionar su control, Caius no. La había desarrollado en su punto final.

Era increíblemente poderosa, sellaba todas las emociones e incluso soportaba el impacto puro de mi Magia Emotiva.

Sin embargo, la desventaja de tal desarrollo era la falta de control sobre ella.

Ahora estaba atrapado en un limbo en el que todas sus emociones estaban selladas, sin esperanza de liberarse de las cadenas que él mismo se había impuesto.

Pero en todo caso, esto solo me demostraba una cosa: el monstruoso talento de Caius. Él ya había desarrollado una pintura mientras yo seguía atascado con un boceto.

Así es como se sentía.

Por supuesto, la principal diferencia entre nosotros era que yo estaba construyendo los cimientos para dibujar la pintura, mientras que Caius no tenía cimiento alguno. Su falta de cimientos fue lo que condujo a la situación actual.

Pero esto era en realidad una oportunidad en sí misma.

«Si puedo estudiar su versión finalizada del hechizo, podría ser capaz de desarrollar más mi habilidad. No solo eso, sino que también podría ayudarlo a salir de esta situación».

Era un beneficio mutuo para los dos.

…Y le transmití todo esto directamente a Caius, que escuchaba con atención. A su lado, Kaelion, que también estaba escuchando, parecía bastante confuso pero al mismo tiempo impresionado.

—Suena como una buena habilidad.

—…En algunos casos, sí. Sin embargo, necesitarías ser bueno entendiendo las emociones para poder aprenderla.

—Me lo imagino.

Kaelion agitó la mano con decepción. Podía entender el motivo de su desilusión.

Recordando el combate que tuve con él, la razón por la que perdió contra mí fue su falta de resistencia mental. Mientras su cuerpo seguía curándose, su mente no lo hacía.

Si tuviera una habilidad como esta, podría combatir directamente su debilidad.

Era una lástima que no pudiera aprenderla dada su falta de talento en el campo emotivo.

O eso pensaba…

—Oye.

—¿Sí…?

—¿Puedes enseñarme sobre las emociones?

—¿Eh?

Al sentir su mirada, también sentí otra. Cuando bajé la vista, vi a Caius mirándome con ojos similares a los de Kaelion.

«Oh, mierda».

Fue entonces cuando me di cuenta.

Mis sesiones de entrenamiento…

No iban a ser tan tranquilas como antes, ¿verdad?

*

¿Qué estoy haciendo con mi vida?

Estaba oscuro, con solo una luz tenue iluminando la pequeña habitación. Mis dedos se crisparon mientras rememoraba el viejo subidón que solía perseguir.

Sin duda habría ayudado a aliviar mi aburrimiento.

Todo lo que podía ver eran interminables pilas de papeles.

La habitación se sentía cargada y mi entorno se veía como siempre.

…Qué vida tan aburrida.

¡Clic!

—Hermano.

Las luces se encendieron de golpe y mis ojos empezaron a arder.

Cuando giré la cabeza, una joven figura familiar apareció en la puerta. Él miró por la habitación antes de suspirar.

—¿Por qué siempre tienes el mismo aspecto cada vez que te veo? Lo único que te veo hacer es trabajar. ¿No tienes amigos?

Ah, Noel…

—No tengo ninguno. Estoy demasiado ocupado trabajando como para tener vida social.

—¿No tienes ya veintitrés? ¿No deberías estar en la edad en la que sales con tus amigos y te diviertes?

—Es porque tengo veintitrés que tengo que trabajar más duro. Ya descansaré más tarde.

—¿Cuándo es ese «más tarde»?

—…Cuando me sienta lo suficientemente cómodo con mi vida como para sentir que los dos no tendremos que pasar apuros como en el pasado.

—Ja.

Noel dejó escapar un suave suspiro mientras caminaba hacia el otro lado de la habitación, descorriendo las cortinas para dejar que la luz entrara a raudales, revelando el pequeño balcón del apartamento. Al abrir las ventanas, una suave brisa se filtró en la habitación.

—Se está bien fuera. ¿Cuándo fue la última vez que miraste al exterior como es debido?

—Hoy mismo cuando fui a trabajar.

—No, no me refiero a ese tipo de mirada. Me refiero a mirar de verdad.

—Qué tontería.

Me levanté, fui al balcón e intenté cerrar las cortinas, pero Noel me detuvo.

—…Oye, que estoy fuera.

—Pues vuelve a entrar.

—Me gusta estar fuera.

—Pero a mí no.

—Ya estás otra vez siendo tan desalmado. Puedo imaginarme por qué nadie quiere ser tu amigo.

—¿Quieres que deje de financiar tu vida?

—No te atreverías.

Noel me fulminó con la mirada por un momento antes de reírse. Lo miré de reojo y solo después de unos treinta segundos se detuvo y me entregó una pequeña botella que contenía un extraño líquido verde.

—Toma, bebe esto.

—¿Qué es?

—Es bueno para ti.

—No lo necesito.

Tenía un aspecto asqueroso.

—No me importa. Te lo vas a beber.

Tras desenroscar el tapón blanco, Noel me encajó la bebida en la mano.

—Lo he dicho muchas veces. Si no te cuidas, no vivirás mucho. Dado que trabajas todo el tiempo, al menos debes nutrirte adecuadamente. No puedes comer siempre la misma porquería aburrida y poco saludable.

—¿Qué…? Todavía soy joven. ¿Qué me va a pasar?

—Solo porque seas joven no significa que seas invencible.

Sus palabras eran muy sabias para un estudiante de secundaria. Al final, sabiendo lo persistente que podía llegar a ser, le di un sorbo a la bebida.

Como era de esperar, sabía a mierda.

Pero aun así.

Me la terminé.

—¿Ves? No fue tan difícil, ¿verdad?

—Fue muy difícil.

—Aunque sea difícil, es bueno para ti. Tienes que cuidarte.

—Entonces, ¿qué hay de ti…?

Cuando hice la pregunta, Noel hizo una pausa y me miró.

—¿Qué hay de mí?

—Solo porque trabaje todo el día no significa que no sepa cómo te va. Siempre vuelves a la misma hora, justo después de clase, y nunca te veo con el móvil. No pareces escribirle a nadie y, como nunca sales, es seguro suponer que no tienes amigos.

—…

Frunciendo los labios, Noel apartó la vista de mí y se agarró a la barandilla del balcón. Inclinándose hacia atrás, miró al cielo.

—Sí que tengo amigos.

—¿Entonces…?

—Pero también tengo a alguien de quien debo ocuparme.

—…

—Él trabaja todo el día, no tiene amigos y apenas come nada nutritivo. Con alguien así, ¿de verdad crees que tengo tiempo para salir a ver a mis amigos?

Se me formó un nudo en la garganta. Quise refutar sus palabras, pero me di cuenta de que no podía. Todo lo que pude hacer fue mirarlo sin expresión mientras él seguía mirando al cielo.

—Oye, prométeme una cosa.

—…¿El qué?

—Cuídate.

Qué cosa más molesta de oír de un hermano menor.

—No te pido que hagas amigos. Dada tu personalidad, me cuesta creer que eso sea posible.

—Eh.

Levanté la mano y Noel se estremeció. Retrocediendo rápidamente, levantó ambas manos.

—Ya soy mayorcito para que me pegues.

—Entonces habla como es debido.

—¿Pero me equivoco?

—Eso…

No se equivocaba.

Pero aun así, ¿cómo podía decir eso?

—Solo…

Al levantar la cabeza de nuevo, vi a Noel devolverme la mirada con una sonrisa amarga.

—…te pido que dejes de rechazar a la gente. La gente no se te acerca porque los rechazas constantemente. Aunque tu personalidad sea desagradable, si no los rechazas, seguro que habrá gente que se quede a tu lado. Quizá entonces no tenga que preocuparme por ti todo el tiempo. ¿Puedes prometérmelo?

—No, no puedo.

La boca de Noel se abrió, pero finalmente la cerró y negó con la cabeza. Tenía una expresión de resignación en su rostro. ¿Casi como si esperara esa respuesta de mí?

Si lo sabía, ¿por qué siquiera preguntó?

Negando con la cabeza, abrí la puerta del balcón y volví a entrar. Sin embargo, justo cuando entré, el rostro de Noel apareció en mi mente y me detuve.

—No puedo prometer que vaya a hacer amigos, pero escucharé lo que has dicho. Si es demasiado problemático, lo dejaré, ¿vale?

Aunque no podía verla, sentí que una suave sonrisa se formaba en los labios de Noel.

—Eso es todo lo que quería oír.

Él entró corriendo en la habitación.

—¿Lo prometes?

—No.

—Pero tú…

—Retiraré lo dicho si continúas.

—Je, je, ¿y si lo he grabado todo?

—Destrozaré la grabación.

—…¡Estaba mintiendo!

Dos meses después, me diagnosticaron cáncer.

Nunca pude cumplir esa promesa.

—Ya estoy aquí.

Al abrir los ojos, me giré hacia la figura que había entrado en el campo de entrenamiento. Estaba oscuro y mi visión era limitada, pero pude reconocer de inmediato de quién se trataba.

Después de todo, yo le había dicho que nos viéramos.

Con una mirada tensa, miró alrededor del lugar vacío antes de fijar su vista en mí.

—…¿Qué quieres? Para que lo sepas, he activado una alerta de emergencia. Si me haces algo, sabrán que has sido tú.

Al oír sus palabras, una sonrisa se extendió por mis labios. Arremangándome, me levanté y me acerqué a él.

Su expresión se volvió cada vez más grave, pero no se apartó.

Era una vista agradable.

Deteniéndome justo delante de él, le puse el dedo sobre la frente.

—Intenta aguantar todo lo que puedas.

—¿Eh? ¡¿Eh…?!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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