El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 478
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Capítulo 478: Castigo [1]
Tras la derrota de Linus de la criatura de rango Terror, su equipo se disparó hasta el primer puesto. La diferencia entre ellos y el segundo lugar se hizo increíblemente grande y, al final de todo el Evento, el equipo logró clasificarse en primer lugar por un amplio margen.
Como las clasificaciones se mostraban en tiempo real, muchos de los cadetes se sorprendieron por su repentino aumento de puntos y se quejaron de que posiblemente habían «hecho trampa», pero sus palabras se disiparon rápidamente en el momento en que se mostró el vídeo de su hazaña.
Todos los de primer año vieron la escena en un silencio atónito, incapaces de decir una sola palabra.
Aunque quisieran decir algo, ¿qué podrían decir?
La evidencia estaba ahí para que todos la vieran. Además, con la actual Estrella Negra presente en el grupo, todo el ruido cesó.
…Al menos, el ruido superficial.
En secreto, todo el mundo hablaba del vídeo y de Linus, que había logrado coordinar una actuación tan impecable.
La reputación de Linus entre los de primer año no era mala, sin embargo, nunca fue realmente considerado entre los mejores cadetes.
Todo eso cambió después del vídeo.
Su reputación se disparó y, cuando se publicó el vídeo de su equipo derrotando a la «madre» en un intento de aumentar la popularidad de la Academia, su popularidad alcanzó cotas aún más altas.
Última hora: [¿El nacimiento de la tercera estrella de la Casa Evenus? ¿Cuál es el secreto? ¿Cómo pueden producir un talento tan sobresaliente uno tras otro?]
Los titulares aparecieron por todas partes.
Todo era genial.
…O al menos, se suponía que lo era.
—¿Por qué me están castigando?
—¿De verdad haces esa pregunta?
—Pero tenía razón.
—No importa. Te sobrepasaste.
—Pero tenía razón.
—Ay, por favor, ¿eres un niño?
Un día después de los acontecimientos, Julián fue convocado a una reunión con la Jefa de segundo año. Arrianna Scholes, con su pelo castaño y rizado, sus gafas ovaladas que colgaban holgadamente, sus labios rojo rosado y sus ojos penetrantes, estaba sentada con ambas manos en la cara.
Sentados a su lado había otros dos Profesores.
No eran otros que Lambart y Heart.
Era la primera vez que Julián se encontraba cara a cara con la Jefa de segundo año, pero ella hablaba como si ya lo supiera todo sobre él. No, quizá sí lo sabía. No era especialmente difícil saber de Julián.
Así de popular era.
—Hay reglas que tenemos que mantener, y tu conducta no fue apropiada. Entiendo que quisiste presionar a tu hermano, pero terminaste casi costando la vida de cuatro cadetes. En tiempos tan difíciles, no podemos permitir que hagas acrobacias tan peligrosas.
Ya se habían presentado múltiples quejas a la Academia.
El vídeo de Linus y su equipo se había vuelto bastante viral, pero junto a la publicidad positiva hubo múltiples informes negativos de varios padres preocupados.
—Sé que puedes encargarte de la «madre» tú solo, ¿pero cortar el dispositivo de comunicación directamente e ignorar las órdenes del Profesor? Eso no es algo que podamos pasar por alto. Ningún cadete está por encima de su Profesor.
La cara de Julián se descompuso.
Parecía que tenía algunas cosas que decir, pero se contuvo en el último momento.
Con un suspiro, bajó la cabeza y asintió.
—De acuerdo, me disculpo.
En efecto, se había equivocado en ese aspecto.
—Bien.
Con una mirada satisfecha, Arianna estaba a punto de imponer el castigo cuando la puerta de la habitación se abrió bruscamente y entró una figura.
—¿Quién se atre…?
Todos en la habitación se quedaron helados, con la mirada fija en la figura que acababa de entrar. Con un largo y ondulante cabello negro y ojos tan oscuros e insondables como el abismo, Delilah entró en la habitación.
Miró alrededor de la habitación antes de fijar su mirada en Julián.
—¿Lo están castigando?
Su voz, tranquila pero nítida, resonó en los confines de la habitación. Saliendo de su estupor, Arianna asintió apresuradamente con la cabeza mientras se ponía de pie.
—Sí, Canciller. Estaba a punto de comunicarle su castigo.
—Ah.
Delilah posó su mirada sobre Julián, quien le devolvió una mirada perdida.
«¿Qué haces aquí?».
Delilah le dio un toquecito a Julián con el dedo.
—Ven conmigo.
—¿Mmm?
Las cejas de Julián se alzaron con sorpresa. Arianna y los otros dos Profesores también parecían conmocionados, pero Delilah se apresuró a hablar:
—Yo me encargaré de su castigo. Necesito su ayuda.
Sin esperar a que los demás respondieran, Delilah se dio la vuelta y se marchó.
¡Clanc!
Un extraño silencio llenó la habitación tras su desaparición. Fue un silencio que duró unos segundos antes de que Julián se levantara y se disculpara.
Estaba tan confundido como ellos, pero prefería esto con creces.
¿Qué tan malo podría ser su castigo?
***
Clic, clanc…
Los tacones de Delilah resonaban por el pasillo vacío que conducía a su despacho. Yo la seguía de cerca por detrás, manteniendo los labios apretados.
Finalmente llegamos a su despacho y, al entrar en el espacio, un dulce aroma flotaba en el aire.
Era el aroma del chocolate.
Mucho.
«Oh, no».
Esperándome lo peor, apreté los labios con fuerza y entré en la habitación.
—… ¿Eh?
La imagen que esperaba ver no estaba allí. En lugar de una habitación llena de envoltorios, me encontré mirando una habitación impecablemente limpia. ¿Cómo era posible? ¿Era esta la misma Delilah que yo conocía?
No, esto no tenía sentido.
¿Había contratado a alguien para que limpiara por ella?
—¿Qué estás haciendo?
Al oír la voz de Delilah, arqueé una ceja. Me senté en el sofá frente al escritorio de Delilah y volví a mirar a mi alrededor.
—… ¿Has contratado a un nuevo ayudante?
—¿Ayudante?
Delilah pareció confundida.
—No.
—Entonces…?
Miré por la habitación, y una vez más me fijé en lo impecable que estaba.
—¿Por qué está este lugar tan limpio?
—He limpiado.
—¿Tú?
—Sí.
Me tapé la boca.
De entre todas las personas, no pensé que Delilah se pusiera a contar chistes.
—¿Qué es tan gracioso?
Pero ¿y si no lo era?
—No, solo me sorprende el hecho de que hayas limpiado el lugar tú misma.
—¿Es tan sorprendente?
—Sí.
Ni siquiera dudé con eso. Pensando en la primera vez que la conocí, esto era sin duda un gran avance para Delilah. Este lugar parecía completamente diferente del desastre que fue una vez.
—… Ah.
Las cejas de Delilah se arquearon un poco hacia abajo. Parecía un poco triste. Me tembló una ceja al verla y fruncí los labios.
—Buen trabajo.
—¿Sí…?
Levantando un poco la cabeza, Delilah se inclinó un poco hacia adelante.
—¿Qué has dicho?
—He dicho que buen trabajo.
El rostro de Delilah se congeló por un segundo. Mientras sus mejillas se crisparon sutilmente, se las masajeó con ambas manos. Frunciendo los labios, volvió a mirarme.
—¿Puedes repetirlo?
¿Eh? ¿Por qué lo haría?
—Repite.
—¿Buen trabajo?
Delilah terminó masajeándose las mejillas de nuevo.
—No te he oído. ¿Puedes repetirlo otra vez?
—¿Estás bien de los oídos?
—Repite.
—¿Buen trabajo?
—Mmm.
Las mejillas de Delilah se aplastaron mientras las apretaba con más fuerza. De repente, me temblaron los dedos. Joder, yo también quiero tocarlas.
—¿Repite?
—¿Qué estás…? ¿No estabas aquí para castigarme?
—…
Los ojos de Delilah se entrecerraron de repente y sentí que se me paraba el corazón. Mientras arrugaba la nariz, se reclinó en su silla y buscó en su cajón, de donde sacó un pequeño diario. Me pareció que el diario me resultaba vagamente familiar, pero no recordaba dónde lo había visto antes.
Sin mirarme, Delilah cogió el bolígrafo y se puso a escribir. De vez en cuando, me miraba y negaba con la cabeza.
—Tsk.
¿Acababa de chasquear la lengua?
—¿Qué estás hacien…?
—Toma.
Delilah me pasó de repente una nota.
La miré un breve instante y ladeé la cabeza. Era una simple nota que decía: «No lo volveré a hacer».
—¿Qué es esto?
—Rellénalo.
—¿Como que…?
—Tu castigo. Escribe esas palabras cien veces.
—¡¿Cien?!
—Sí.
—¿Qué? ¿Por qué?
Delilah apartó la vista de su libro.
—Sé que eres tú quien atrajo a la «madre» hacia tu grupo para entrenarlos.
—Ah…
Todas las palabras de protesta abandonaron mi cuerpo y me desplomé en el sofá.
No pensé que nadie se enteraría y creí que me había salido con la mía, pero Delilah me caló por completo. En efecto, el incidente no fue accidental. Había atraído a propósito a la «madre» en dirección al grupo después de usar la Ondaetérea para buscar un oponente apropiado para ellos.
Pensé que había sido extremadamente sigiloso, que ni siquiera Amell había notado nada extraño, y sin embargo, Delilah de alguna manera sabía lo que yo había hecho.
¿Cómo…?
—¿Vas a escribir?
Al ver la mirada que me dirigía Delilah, agaché la cabeza derrotado y empecé a escribir.
Qué más da, teniendo en cuenta lo que había hecho, este castigo era bastante indulgente.
—… De acuerdo.
«No lo volveré a hacer».
«No lo volveré a hacer».
«No lo volveré a hacer».
***
Al ver a Julián escribir, Delilah entrecerró los ojos. Estaba tan concentrado en su trabajo que ni siquiera se dio cuenta de su mirada.
Ras, ras~
Delilah centró su atención en el rostro de Julián y luego bajó la vista hacia su diario.
Había dos nuevos puntos.
[● Muy impresionado con mi limpieza. No podía parar de elogiarme.]
[● Muy tacaño.]
Delilah entrecerró los ojos.
Había algo en los dos puntos que no encajaba del todo. Pero ¿qué era exactamente? Ambos eran correctos.
Inclinando la cabeza, Delilah se rascó un lado de la cara.
Cuanto más pensaba en los dos puntos, más le dolía la cabeza. Realmente no podía ver qué había de malo en ellos.
Finalmente, Delilah decidió rendirse.
Ya lo resolvería más tarde.
Volviendo a centrar su atención en Julián, se sujetó la cabeza con ambas manos. Se limitó a observarlo mientras él cumplía diligentemente su castigo.
Sin darse cuenta, su mano se dirigió al cajón, de donde sacó una tableta de chocolate.
Desenvolviendo la tableta con destreza, sacó un pequeño cubo de chocolate y lo colocó directamente cerca de Julián, que abrió la boca inconscientemente.
Al colocar el chocolate en la boca de Julián, él cerró la boca y empezó a masticar.
—Gracias.
Al mismo tiempo, no se olvidó de darle las gracias mientras fruncía el ceño y empezaba a murmurar: «Qué dulce. Qué clase de…».
Fue entonces cuando cayó en la cuenta y levantó la cabeza de golpe para ver a Delilah sacar otro cubo y volver a colocarlo cerca de su boca. Al ver la expresión de nerviosismo en el rostro de Julián, los labios de Delilah se curvaron inconscientemente mientras su tono cambiaba.
—Come~
Una notificación volvió a brillar ante la visión de Julián.
Agarrándose el pecho, Julián respiró hondo y murmuró en un tono que solo él podía oír: «Vas a ser mi muerte».
Era una lástima que Delilah no fuera una humana normal.
Al oír sus palabras, los labios de Delilah se curvaron aún más.
«…No me importa».
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