El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 484
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Capítulo 484: Gran Boda [1]
—¿Pero cómo es que esto tiene sentido?
Miré a mi alrededor y vi gente mirándome con las cejas levantadas. Algunos incluso me miraban con regodeo.
En particular…
—¡Uekh!
—¿De qué te ríes?
—De ti.
—…
Fruncí los labios, sintiendo cómo las arrugas de la máscara cambiaban sutilmente. En efecto, mi máscara era la de un anciano. Con pelo canoso, arrugas profundas y mejillas hundidas, no solo era viejo. Era muy viejo.
«Ah, mierda».
Al mirar a mi alrededor y ver las caras de todos, me dieron ganas de llorar. ¿Por qué era yo el único al que habían hecho parecer un anciano?
—También tienes que cambiar la voz. Haz que suene más vieja.
—Te mataré.
—Oh, no…
León se cubrió la cara con ambas manos y fingió estar asustado. El único problema con sus acciones era la falta de cambio en su expresión. Su cara parecía destilar sarcasmo en este preciso momento.
—Te mataré.
—Ya lo has dicho.
—Quería asegurarme de que lo entendieras.
—¿Se han puesto todos el disfraz? Si es así, por favor, hagan fila aquí. Pronto los enviaremos al Kasha.
Con un pequeño portal apareciendo detrás de la Ama de Llaves, nos miró con una leve sonrisa en el rostro. A pesar de su voz severa, era bastante amable.
Miré a León y negué con la cabeza.
«No vale la pena».
A partir de ahí, decidí ponerme en la fila, pero mis problemas no terminaron. Una mano no tardó en apoyarse en mi hombro, tirando de mí hacia atrás.
—¿Eh? Oye, viejete. ¿Qué coño haces aquí?
—Yo…
Su apariencia era diferente, pero el tono y la voz eran reconocibles.
—Sé que parecemos personal, pero en realidad estamos aquí para una tarea importante. Si pudiera…
—Espera, Kiera.
Una mano se posó en el hombro de Kiera, deteniéndola. Cuando se dio la vuelta, frunció el ceño.
—¿Qué quieres?
—Ese…
Conteniendo la risa, Aoife me señaló.
—Juj… Ese… él también está con nosotros.
—¿Eh?
Kiera giró la cabeza y me miró con duda.
—¿Me estás tomando el pelo?
—No, mira su postura. Teniendo en cuenta su aspecto, debería estar más encorvado.
—Oh, mierda.
Los ojos de Kiera se abrieron de par en par al darse cuenta. Retiró la mano y la limpió en la manga de Aoife, lo que provocó un «¡Oye, cuidado!» por parte de ella. Sin inmutarse por Aoife, Kiera se inclinó para mirarme más de cerca.
—Pft…
Una risa se escapó de sus labios poco después.
—Ni de coña. Ja, ja, ja.
Señalándome, se dio una palmada en el muslo.
—Pobrecito. No sé quién eres, pero…
—Es Julián.
—¿Eh? ¿Qué acabas de decir?
—Que… el anciano es Julián.
Aoife repitió, mirándome con las mejillas hinchadas.
Parpadeando, a Kiera empezaron a llorarle los ojos y a temblarle los hombros. Sorprendida por su reacción, Aoife ladeó la cabeza y tiró de ella para mirarla, pero al poco tiempo, Kiera explotó.
—Buajajajaja.
Su risa atrajo la atención de todos los presentes.
—Buajajaja… jeee…
Entre profundas bocanadas de aire, me señalaba mientras se reía y las lágrimas le corrían por los ojos. Yo me limité a observar la escena en silencio mientras León, de pie detrás de Kiera, imitaba sus acciones sin hacer ruido.
Ese…
—¡Ayu…! No… ja, ja… no puedo respirar… ¡uff…!
No estaba seguro de con cuál de los dos enfadarme.
¿León o Kiera?
—¡Ayuda!
Llegado un punto, la cara de Kiera empezó a ponerse morada de tanto reír.
—Ja, ja… ¡Uff…!
Parecía estar entre ataques de dolor y alegría.
Y… puede que fuera o no por mi culpa.
—¿Estás bien?
—…¡Buejejeje!
Los ojos de Kiera se inyectaron en sangre al estallar en carcajadas de nuevo. Probablemente se debiera a una combinación de mi voz y mis poderes. Aun así, oculto en la risa, pude ver un cierto horror.
—¡Uff…! ¡Uf!
«Que pare».
Miré a Aoife, que se estremeció al verme. Negó con la cabeza, con el rostro cada vez más pálido.
—No, eso es trampa.
Parpadeé inocentemente.
—¿Qué quieres decir con eso?
—¡…!
Aoife se tapó la boca apresuradamente. Con cara de «oh, mierda», me miró y salió corriendo. Estaba a punto de seguirla cuando me di cuenta de que había un objetivo mucho más valioso.
¡Un respingo!
Estremeciéndose visiblemente, León negó con la cabeza.
«Ten piedad».
Sus ojos se posaron en la asfixiante Kiera y su rostro palideció.
«Eso es demasiado. Monstruo».
—¡Uff…! ¡Jaa!
Agarrándome el tobillo, Kiera me miró con una expresión suplicante. Parecía digna de lástima. Pero no sentí ninguna piedad por ella.
Estaba a punto de abrir la boca cuando una voz potente resonó por toda la recepción.
—¡Cadetes!
Al mirar hacia atrás, la Ama de Llaves nos miraba con una expresión severa.
Fue solo entonces cuando me di cuenta de que todo el mundo nos estaba mirando.
—¡Cesen su comportamiento ahora mismo! ¡Pronto serán enviados a un lugar muy peligroso y tal comportamiento será inaceptable! Por favor, deténganse en este momento y tomen en serio mis últimas palabras.
—…
Mirando a Kiera, chasqueé la lengua en silencio.
—¡Huaa!
Fue entonces cuando por fin dejó de reír y empezó a jadear pesadamente. «J-joder, creí que había visto mi vida pasar ante mis ojos». Ignorando sus murmullos, volví a mirar a la Ama de Llaves, que alternaba su mirada entre nosotros antes de asentir.
—Espero que este tipo de comportamiento no continúe más allá de este portal. Estaría bien si sus acciones solo les influyeran a ustedes mismos, pero no irán solos. Son un grupo. El error de uno puede llevar a que todo el grupo se vea implicado. No solo eso, sino que la Casa de Myron también podría verse implicada. Sus acciones no solo les afectan a ustedes.
No se podían discutir sus argumentos.
Entendí a qué se refería, así que me limité a asentir con la cabeza en señal de comprensión.
Eso pareció bastar, ya que por fin volvió a sonreír y continuó con su charla de ánimo.
Desde las cosas de las que debíamos tener cuidado hasta la gente con la que debíamos ser precavidos, mencionó todo lo que necesitábamos saber. Cuando terminó, había pasado una hora y era el momento de que por fin entráramos en el portal.
—Si todos están listos, por favor, entren en el portal. Les deseo a todos la mejor de las suertes.
¡Woom!
El primero en entrar en el portal fue Amell, seguido poco después por Aoife y luego el resto de la clase.
Siguiéndolos de cerca desde atrás, me aseguré de recordar todas las caras de los que me rodeaban.
Aunque teníamos una especie de dispositivo que nos avisaría cuando alguien estuviera cerca, seguía siendo más seguro memorizar las caras de todos los que me rodeaban.
Pasé la mayor parte del siguiente minuto haciendo eso.
Pronto, llegó mi turno, y sin dudarlo, entré en el portal.
—La mejor de las suertes. Le deseo un buen viaje.
Las palabras de la Ama de Llaves fueron las últimas que oí antes de que mi visión se volviera negra.
*
El Kasha; la tierra más allá de las murallas.
…Y la tierra olvidada.
—Es lo mismo.
Un cielo gris y desolado se extendía sin fin sobre la tierra, cubriendo cada centímetro con una monocromía sin vida y despojándola hasta del más leve atisbo de color, dejando tras de sí un mundo desprovisto de vitalidad.
El cielo era el reflejo perfecto de la penumbra que cubría el mundo.
…Ninguna de las personas que vivían allí había visto nunca el verdadero cielo, asumiendo el cielo gris y monocromático como la norma.
Como bestias enjauladas que no sabían nada de la verdadera libertad que había más allá.
Pero unos pocos conocían el verdadero cielo que se extendía más allá del gris.
—Jaa.
Una mano arrugada se extendió hacia el cielo gris, con las puntas casi rozándolo.
Casi podía sentirlo en la punta de sus dedos, pero no llegaba a tocarlo.
—…Tan cerca.
Para aquellos que lo sabían, su único pensamiento era:
«Quiero rasgar el cielo».
Rasgar los barrotes de la jaula que los atrapaba.
*
—¿Uhm?
El penetrante olor a alcohol me golpeó las fosas nasales en el momento en que recuperé la visión. No fui el único en notar el olor, ya que los demás mostraban expresiones similares.
—¿Qué es este olor?
—…Uf.
—Mi nariz.
Era bastante fuerte.
«¿Dónde estamos?».
Al echar un vistazo a mi alrededor, me di cuenta de que estábamos en un vasto salón flanqueado por imponentes pilares a cada lado. El suelo de mármol oscuro bajo mis pies brillaba con tal lustre que podía ver mi propio reflejo devolviéndome la mirada.
De los pilares colgaban antorchas que proyectaban un tenue resplandor sobre el entorno.
Cuanto más miraba el lugar, más lúgubre me parecía.
«¿Hemos llegado al lugar correcto…?».
Justo cuando me lo preguntaba, el sonido ahogado de unos pasos resonó en la distancia. Cuando me di la vuelta, un grupo de personas se dirigía en nuestra dirección.
Al frente del grupo iba un hombre alto, de mediana edad, con rasgos afilados y una complexión robusta. Sus profundos ojos verdes parecían atravesar la tenue luz del salón, mientras que su pelo oscuro se mecía suavemente con cada paso que daba.
—¡Bienvenidos, amigos de lejos!
Con los brazos abiertos y una sonrisa, nos dio la bienvenida a todos.
Su voz se transmitía por todos los rincones del gran salón mientras hablaba.
—…Es raro que tengamos tales invitados, y me complace ver que todos han llegado sanos y salvos.
A pesar de su apariencia acogedora y su sonrisa, no pude evitar fruncir el ceño al ver al hombre que tenía delante. Su poder… estaba bien oculto, pero podía sentirlo.
«Es fuerte».
Muy fuerte.
Quizá no tan fuerte como Delilah o Atlas, pero sin duda estaba en torno al séptimo nivel o más.
«…No mentían cuando decían que la gente del Kasha es muy fuerte».
—Es una pena que no pueda pasar mucho tiempo con ustedes, pero hay algo de lo que tengo que ocuparme urgentemente. Mientras tanto, estoy seguro de que todos han sido informados sobre nuestra situación.
Echando un vistazo al grupo de personas que estaban detrás de él, todos dieron un paso al frente y mostraron algunas escobas y cubos.
—Para no levantar sospechas de la Casa de Astrid, no tuvimos más remedio que hacerlos venir a todos como sirvientes. Aunque la repentina afluencia de sirvientes pueda parecer sospechosa, de esa parte puedo encargarme yo.
Mientras tanto, cogí una escoba y le di las gracias al hombre que tenía delante antes de echarle un vistazo.
«Es solo una escoba normal».
—No tengo muchas reglas, pero de las pocas que hay, me gustaría que ninguno de ustedes actuara de forma inapropiada cuando salga. Si alguien les pide dinero, lo ignoran. Si alguien se está muriendo, lo ignoran. Si un niño quiere comida, lo ignoran.
Antes de que nadie tuviera la oportunidad de decir nada, el tono del hombre bajó, alcanzando un nivel casi amenazador.
—…No lo digo solo por su seguridad, sino también por la nuestra.
El ambiente se volvió pesado al instante.
—La Casa de Astrid tiene un control estricto sobre el Kasha Oriental. Recientemente han cerrado todas sus puertas y, a pesar de nuestros intentos de comunicarnos con ellos, no hemos podido hacer nada. Fue también entonces cuando todo empezó.
Frunciendo los labios, el hombre negó con la cabeza mientras murmuraba: «Al paso que van las cosas, puede que no tengamos más remedio que tomar medidas drásticas. Espero que no sea el caso».
Levantando la cabeza, respiró hondo y miró a su alrededor.
Finalmente, su mirada se posó en mí.
—¿Hm?
Confundido, fruncí el ceño. Pero antes de que pudiera darle más vueltas, empezó a caminar hacia mí, con pasos lentos y firmes, hasta que finalmente se detuvo justo delante de mí.
Mi cuerpo entero se tensó al verlo y en el momento en que se detuvo frente a mí, se me cortó la respiración. Lentamente, levanté la cabeza para encontrarme con su aguda mirada, y fue entonces cuando extendió su mano hacia mí.
—Usted debe de ser el Profesor a cargo de ellos. Siento no haber podido darles la bienvenida a todos como es debido, pero espero que lo entienda. Me marcho ya, pero lo llamaré cuando tenga tiempo. Espero que le parezca bien.
—…
Todo quedó en silencio a partir de ese momento, al verme incapaz de hablar.
Ese… ¿acaso él…?
Rompiendo el silencio se oyó un sonido ahogado, bajo pero audible.
—¡Pft…!
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