Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 509

  1. Inicio
  2. El Advenimiento de las Tres Calamidades
  3. Capítulo 509 - Capítulo 509: No mires [3]
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 509: No mires [3]

—¿… Oh?

¡Clic, clac!

El suave clic de sus tacones resonaba levemente, cada paso rompía el inquietante silencio mientras sus rasgos emergían de la tenue sombra que proyectaba el imponente árbol. Desde su suave cabello castaño hasta sus ojos del mismo color, guardaba un sorprendente parecido conmigo.

Sin embargo, si algo era diferente, era la sonrisa que se dibujaba en sus labios.

Contenía un atisbo de sorpresa y, al mismo tiempo, resultaba burlona.

—¿Me reconoces?

—… Nunca me dijeron que tuviera una hermana. La lógica me dice que eres mi madre.

—Jajaja.

Tapándose la boca, rio con delicadeza.

Su risa nítida y melodiosa resonó quedamente por el lugar. Era agradable al oído y, sin embargo, al escucharla, sentí un escalofrío en la nuca.

«Hay algo en esta mujer que no cuadra».

No sabía nada de ella.

León nunca me dijo nada sobre ella, aparte de que estaba «muerta»; sin embargo, era evidente que no lo estaba.

En ese sentido, solo había dos escenarios posibles que podían explicar la situación actual.

La primera, que en realidad no estuviera muerta, o la segunda, que esto fuera una ilusión.

«Me gustaría pensar que esto es una ilusión, pero…».

Miré a mi alrededor, fijándome en el suave crujido de las hojas, y me lamí los labios, que se me habían resecado.

«… Esto no es ninguna ilusión».

—Mírate.

Algo frío me tocó la barbilla, levantándomela ligeramente.

Mi corazón casi se detuvo en ese instante.

¡¿Cuándo…?!

—Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te vi. Has crecido tanto. Tú…

Hizo una pausa y acercó su rostro al mío mientras lo examinaba con atención.

—… Eres idéntico a tu padre.

Sus profundos ojos castaños se tornaron vacíos de repente ante la mención de «mi» padre. Pude ver cómo su semblante cambiaba por un instante, transformándose brevemente en el de otra persona. Yo solo podía mirarla fijamente desde mi posición, conteniendo el aliento.

Aunque no sabía decir exactamente lo poderosa que era, podía sentir una presión invisible que me envolvía por completo.

—No solo su aspecto, también su actitud. Estás muy tranquilo para la situación en la que te encuentras.

—… ¿Ah, sí?

En efecto, estaba tranquilo.

Pero no porque no estuviera asustado o algo por el estilo.

Tragué saliva, esbocé una sonrisa forzada y miré a mi alrededor.

—Menuda fiesta has montado aquí. ¿Te importaría decirme qué estás planeando?

—…

Tras mirarme con expresión ausente, «mi» madre sonrió de repente.

Su sonrisa era amplia, casi hechizante, mientras me soltaba la barbilla y retrocedía.

—Así que no solo te pareces a tu padre y tu actitud es similar, sino que tu astucia tampoco es muy diferente.

—¿Qué quie…?

—¿Crees que no sé lo que intentas hacer?

Mirándome directamente, sus profundos ojos castaños me atravesaron con la mirada. De repente me sentí paralizado, pues varias enredaderas más aparecieron de la nada, aferrándose a mi cuerpo y hundiéndome más en el árbol.

Antes de que tuviera la más mínima oportunidad de reaccionar, se dio la vuelta y le puso la mano directamente en el pecho a León.

¡…!

¡Pum!

Su cuerpo salió despedido a gran velocidad y se estrelló en la distancia.

¡Uekh!

Mientras un gemido de dolor escapaba de sus labios, León se desplomó en el suelo y se apoyó a cuatro patas, con el pecho subiendo y bajando a toda prisa.

Entonces, «mi» madre me miró, con una sonrisa que albergaba un matiz de frialdad que se me caló hasta los huesos.

—¿Crees que no he calado tus trucos?

…

Se me encogió el corazón mientras me giraba lentamente para mirar a León, que luchaba por incorporarse.

—… Deberías haber sido más sutil. ¿Crees que no sé quién está bajo mi control y quién no? Que finjas estar bajo mi control no significa que no sea capaz de notar la diferencia.

Clic, clac…

Caminando lentamente en dirección a León, se inclinó y le levantó la cabeza con delicadeza.

—Aunque tu aparición no entraba en mis cálculos, me facilitó las cosas. Jamás habría esperado que te encargaras tú mismo de derribar los muros del Norte, pero hiciste un buen trabajo.

Le dio un par de bofetadas a León en la cara.

—Es una lástima que llamaras demasiado la atención. En fin…

Chof… Chof…

Con un seco chasquido de dedos, el suelo tembló y las raíces reptaron hacia arriba como si fueran serpientes.

Se retorcieron y enroscaron alrededor de León, apretando su agarre mientras le inmovilizaban las extremidades. Con un rápido movimiento, las raíces lo izaron por los aires, suspendiendo su cuerpo en una rígida forma de «T».

El sonido de la madera crujiendo y de la carne tensándose llenó el aire mientras el rostro de León se contraía de dolor.

¡Ukh…!

Fue una escena que me revolvió el estómago y, poco después, su atención se volvió hacia mí.

—Hijo.

Dijo con dulzura, su voz llenaba mis oídos con una extraña seducción que aletargaba mi mente.

—… Ha pasado un tiempo desde que nos reunimos. ¿Qué tal si los dos tenemos un bonito reencuentro? Como llevas mi sangre, no te usaré de abono para el árbol. En vez de eso, dejaré que veas la estampa que quiero crear.

Cuanto más hablaba, más sentía que mi mente se quedaba en blanco.

Su voz era extremadamente suave, y mi mente se alarmaba con cada palabra que salía de su boca.

«Algo va mal…».

Lo sabía.

Mi mente lo sabía.

… Y casi cada fibra de mi ser lo sabía.

Y, sin embargo…

—Por desgracia, solo podrás ver el resultado final, pero estoy segura de que entrarás en razón cuando lo veas. Comprenderás que no estoy loca y, para entonces, podré compensarte por todo el abandono que te he hecho sufrir.

No podía hacer nada contra su voz.

Cuanto más hablaba, más profundo me hundía.

Quería taparme los oídos e impedir que invadiera mi mente, pero sabía que era inútil.

Para alguien que podía controlar a tantos monstruos a la vez, era imposible que yo pudiera escapar fácilmente de su dominio.

Por suerte, mi mente era fuerte.

Sus palabras eran suaves, melodiosas y agradables al oído, pero mi mente era lo bastante fuerte como para ver más allá de toda aquella ilusión.

Apreté los dientes y me resistí a su control.

—Mmm.

Por supuesto, no tardó en percatarse de mi resistencia, pues frunció el ceño. A partir de ese momento, su voz se volvió todavía más suave y agradable.

¡Bum! ¡Bum!

Como un potente martillo, intentó derribar la resistencia que yo había erigido para evitar su control, pero no era fácil.

¡Bum…!

Cuanto más intentaba resistirme, más fuertes se volvían sus ataques.

Mi mente flaqueó y sentí que se avecinaba un dolor de cabeza terrible. Aun así, sabía que tenía que resistirme.

No podía dejar que tomara el control de mi mente.

Sobre todo porque ella aún no sabía que yo no era su verdadero hijo. En el momento en que se apoderara de mí, estaba casi seguro de que liberaría al auténtico y me encerraría a mí.

¡Bum, bum…!

El martilleo persistía y mi rostro se entumeció.

Me estaba ganando terreno y mi resistencia menguaba a ojos vistas. Empecé a sentir que todo mi cuerpo se debilitaba y noté cómo la sangre se me escapaba del cuerpo.

Al percatarse de los cambios, una leve sonrisa asomó a sus labios.

—Has crecido mucho. Mucho más de lo que esperaba. Parece que Aldric no fue negligente como padre. Es un placer verlo.

Hablaba como si estuviera a punto de ganar.

Como si todo estuviera bajo su control.

—Jaja.

Pero no era así.

—¿Te ríes?

Levanté la cabeza para mirarla fijamente y el ojo izquierdo me palpitó por el dolor.

¡Chof!

Una raíz apareció de repente detrás de mí, enredándose en mi cuerpo y tirando de mí hacia atrás.

—¿Mmm?

Chof, chof…

Varias raíces más aparecieron detrás de mí, aferrándose a mi cuerpo y hundiéndome aún más. La expresión de «mi» madre cambió y, con el ceño fruncido, murmuró: «¿Qué está pasando?».

Pero fue inútil.

Al girarme para mirar en dirección a León, lo vi fulminándome con la mirada.

—… Desde el principio, nunca se pretendió que León fuera un espía.

¿Cómo podría serlo?

¿Qué podría hacer él con su poder?

Como mucho, intentaría traicionarla, pero, dado su poder, ¿cómo iba a caer en una trampa así? Yo también sabía que era imposible que cayera en una trampa semejante.

Aun así, cuanto más obvio fuera, más probable era que lo dejara correr para poder ver la trama completa.

El único problema de su razonamiento era que yo quería que actuara precisamente así.

Desde el principio, yo solo tenía un objetivo.

¡Chof! ¡Chof!

… Y ese objetivo no era otro que acercar a Búho-Poderoso a su verdadero cuerpo.

Porque solo entonces podría Búho-Poderoso recuperar su control.

Por una vez, las visiones me habían ayudado. Al saber que era probable que ocurriera un escenario como este, comprendí que había muchas posibilidades de que la situación se desarrollara de esta manera.

Fue por esa razón que le había explicado la visión a Búho-Poderoso.

A partir de ese momento, aunque había perdido la conexión con Búho-Poderoso, sabía que procedería tal y como lo habíamos hablado.

—¿Qué está pasando?

Al ver que la situación daba un vuelco, vi cómo cambiaba el rostro de «mi» madre. Su semblante ya no era dulce y su cara empezó a contraerse.

Vi una faceta diferente de ella.

Una faceta más espeluznante y fría que me provocó un escalofrío por todo el cuerpo.

—¿Qué te crees que haces?

Dio un paso al frente y levantó la mano en un intento de impedir que retrocediera, pero ya era demasiado tarde.

Chof…

Las raíces me arrastraron más adentro del árbol y, justo cuando su mano estaba a punto de agarrarme, mi visión se oscureció.

¡Haa…!

Una repentina sensación gélida me invadió, apoderándose de cada centímetro de mi cuerpo. Era un frío intenso, que calaba hasta los huesos, y por un instante, sentí como si flotara ingrávido en el vasto vacío del espacio.

… Mi mente se enfrió y casi perdí la noción del tiempo en aquel extraño estado.

Pero la sensación fue efímera.

Fss… Fss…

El color rojo no tardó en devorar mi visión, y mis pies tocaron algo duro.

Para cuando me recompuse, un árbol gigantesco se cernía sobre mí, observándome directamente desde arriba.

A su lado había un pequeño Búho.

Sonreí ante la imagen y estaba a punto de hablar cuando la voz de Búho-Poderoso resonó en mis oídos, mucho más apresurada de lo que esperaba.

—No mires.

—¿Eh?

Me detuve y parpadeé.

El frío que creía desaparecido regresó de repente y las raíces empezaron a trepar por todas partes a mi alrededor.

Antes de que pudiera siquiera comprenderlo, Búho-Poderoso volvió a hablar.

—… Si miras, mueres.

Fue entonces cuando lo comprendí.

Búho-Poderoso…

Algo había salido mal durante su reintegración con su cuerpo principal.

Se me encogió el corazón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo