El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 539
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Capítulo 539: Retorno [4]
—Eso es todo.
Ni siquiera me dio la oportunidad de decir una palabra antes de colgar, dejándome completamente perdido.
Me quedé sentado en mi sitio, mirando sin palabras el dispositivo de comunicación que tenía en la mano, sin saber qué hacer a continuación.
«¿Qué clase de situación es esta…?»
—¿Cómo ha ido?
León se inclinó hacia mí mientras hacía su pregunta. Aparté la cabeza antes de responder. Demasiado cerca, joder…
—Terrible.
La conversación apenas duró unos minutos y, sin embargo, bastaron esos diez minutos para que se me revolviera el estómago.
«Como era de esperar, de verdad que no quiero interactuar con él».
Me daban ganas de vomitar cada vez que lo hacía.
Dicho esto, en realidad no tenía elección. Él era la cabeza de la familia, así que, ¿qué opción me quedaba?
…Y a mi retorcida manera, también descubrí que quería aprender de él.
¿Cómo era capaz de pensar tan a futuro con solo fragmentos de información? ¿Cómo se mantenía siempre tan sereno? ¿Era simplemente una tapadera como la que yo me ponía, o era de verdad sereno por naturaleza?
Había muchas cosas que podía aprender de él.
Era solo que…
«No soporto estar en una habitación con él más de diez minutos. Si es más tiempo, me dan ganas de vomitar».
Suspiré para mis adentros antes de desviar mi atención hacia León, que había estado esperando pacientemente a que continuara. A juzgar por su expresión sombría, él también se sentía como yo.
—Quiere que rechace la oferta.
—Ah, solo rechazar la… ¿Eh?
Al principio, León pareció aliviado, pero a medida que mis palabras empezaron a calar, sus ojos comenzaron a abrirse como platos.
—¿Qué acabas de decir?
—Quiere que la rechace.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Solo de nombre. Teniendo en cuenta el estado actual de la familia, un trato como este haría añicos el frágil equilibrio que hemos conseguido mantener con las otras casas, que nos vigilan como halcones.
Como si estuviera atando cabos, los ojos de León se abrieron aún más. Lentamente, empezó a completar las palabras que yo aún no había dicho.
—…Aceptar la oferta obligaría a esas casas a tomar medidas inmediatas contra la nuestra.
—Exacto.
Si el trato se llevaba a cabo y no se controlaba a la Casa Evenus, esta se convertiría indudablemente en una potencia que solo la Familia Real y los Ducados podrían igualar.
—No tendrían más remedio que atacarnos, a menos que quieran ser aplastados en el futuro.
Todo el mundo sabía qué clase de persona era Aldric Evenus. Al menos, les había quedado claro después de la guerra más reciente.
Era una persona extremadamente codiciosa que no escatimaba en nada para expandir su territorio.
El rostro de León se puso serio de repente.
Finalmente, con el ceño fruncido, abrió la boca para hablar.
—Empiezo a entender por qué te pidió que te negaras, pero esto no suena como algo que el cabeza de familia…
—Como ya he dicho, solo de nombre.
Interrumpí a León, mirando a mi alrededor para asegurarme de que nadie estuviera escuchando nuestra conversación. Aunque ya estábamos hablando en voz baja, tomé una precaución extra y activé [Lamento de Mentiras] para enmascarar nuestras voces, haciendo que nuestra discusión sonara como una charla normal para cualquiera que estuviera cerca.
Una ventaja increíble de la nueva habilidad.
—Es imposible que el cabeza de familia que ambos conocemos quiera de verdad que dejemos pasar un trato tan lucrativo. Solo quiere que finjamos rechazar la oferta y, en su lugar, negociemos por recompensas personales.
La expresión de León cambió bruscamente cuando empezó a comprender las verdaderas intenciones del cabeza de familia.
A juzgar por la forma en que cerró los ojos de repente y se echó hacia atrás, estaba claro que no estaba precisamente entusiasmado con el plan.
La verdad es que no podía culparlo, yo tampoco lo estaba.
—En la superficie, quiere hacernos parecer unos mocosos egoístas a los que solo les importa su propia gloria, completamente indiferentes a los problemas de nuestra casa, especialmente con las secuelas de la reciente guerra que nos suponen una pesada carga financiera.
A León le tembló la ceja mientras yo hablaba.
Por muy comprensivo que fuera, que le dijeran que la gente nos vería como unos mocosos egoístas nunca sentaba bien.
—En realidad, quiere que el trato se mantenga en secreto. Con la familia Verlice, una de las familias seleccionadas por los Kasha para el comercio, el cabeza de familia planea que ellos se lleven nuestra parte de los bienes comerciables y gestionen las transacciones por nosotros, pagándonos en secreto los beneficios del comercio.
Por supuesto, los únicos que sabrían de esto eran nuestra familia y la familia Verlice.
—Desde fuera, parecerá que nuestra familia está pasando apuros por nuestras elecciones, mientras que la familia Verlice experimentará un crecimiento sin precedentes gracias al acuerdo comercial. Con una base más sólida que la nuestra, podrán expandirse sin encontrar muchas dificultades.
Su crecimiento probablemente atraería mucha atención, desviando el foco de la Casa Evenus y permitiéndole a esta crecer en secreto.
—Gradualmente, a medida que la familia Verlice crezca y la nuestra empiece a decaer, aparecerá una «brecha» entre nosotros. Incluso puede producirse algún tipo de conflicto grave, que atraiga la atención de las muchas casas que antes intentaban mantener a la nuestra a raya.
Por supuesto, esto no era más que una actuación.
—Cuando todo esté grabado en piedra, al final se darán cuenta de que todo fue una artimaña, pero para entonces, los pillaremos desprevenidos y serán atacados tanto por los Verlice como por nuestra Casa.
En resumen, el cabeza de familia planeaba engullir aún más territorios.
Para entonces, el crecimiento de la Casa Evenus habría alcanzado un nivel aterrador; tanto que temía que pudiera incluso superar al de los Ducados, atrayendo inevitablemente la atención de la Familia Real.
Considerando su tiránico gobierno del Imperio, estaba seguro de que la Familia Real no dejaría en paz a la Casa Evenus.
Tenía que haber un límite para la codicia de alguien.
—Uf.
León respiró hondo a mi lado, con expresión tensa. Parecía haberse quedado completamente sin palabras, sin saber cómo procesar la noticia.
Cuando por fin habló, preguntó directamente:
—¿Qué piensas hacer? ¿Vas a seguir adelante con el plan?
—…No estoy seguro.
Había mucho que podía ganar con esto.
Si seguía las instrucciones del cabeza de familia, estaba seguro de que me proporcionaría los fondos necesarios para pujar por la Grieta del Espejo cerca de Ellnor cuando llegara el momento.
Todavía quedaba tiempo hasta entonces, y el dinero era necesario.
Mi capital financiero estaba estrechamente ligado al de la casa. Seguir sus palabras sin duda me traería muchos beneficios, pero al mismo tiempo, estaba preocupado.
Me preocupaban las consecuencias futuras que traerían mis actos.
Pensé que León sentía lo mismo, pero en contra de mis expectativas, León parecía estar de acuerdo con el plan.
—Creo que deberíamos hacerlo.
—¿Ah?
Parpadeé confundido. Acaso él…
—Si mi suposición es correcta, este plan podría tardar bastante en dar sus frutos; entre tres y siete años.
—Sí, pero…
—En ese tiempo, es probable que hayamos crecido mucho.
Las palabras de León me hicieron detenerme a pensar.
¿De tres a siete años…? Para entonces, sin duda sería mucho más fuerte. Sobre todo si las misiones seguían siendo constantes. Aun así, no estaba seguro de cuánto crecería. Cuanto más alto se subía, más empinado se volvía el camino.
Cada nivel tenía una barrera que había que superar para alcanzar el siguiente, y había gente que se quedaba atascada en el mismo nivel durante muchísimo tiempo.
Un ejemplo era el quinto nivel.
Había innumerables casos de individuos que se quedaban atascados en el cuarto nivel, pasando años solo para desarrollar su dominio.
No todo el mundo era como Delilah, que parecía superar cada nivel sin quedarse atascada durante mucho tiempo.
No era el ritmo de crecimiento de Delilah lo que la hacía tan temida. No, aunque su crecimiento era impresionante, no era eso lo que realmente la diferenciaba de los demás.
Lo que la hacía destacar era su falta de contratiempos en su camino hacia la cima.
«…Si sigo creciendo al ritmo que lo hago, quizá en siete años no esté muy lejos de alcanzar el rango de Monarca».
Delilah tenía veintisiete años cuando alcanzó el rango de Monarca.
Yo palidecía en comparación con ella en lo que respecta a talento puro, pero yo tenía las misiones. No solo eso, sino que probablemente podría crecer aún más si mataba monstruos, razón por la cual la Grieta del Espejo era tan importante para mí.
Si la situación lo requería, no era del todo imposible que para entonces alcanzara su nivel.
Y una vez que alcanzara el rango de Monarca, habría muy pocas cosas que pudieran asustarme de verdad.
«Es como dijo León, para cuando la situación llegue a un punto crítico, puede que tengamos la fuerza suficiente como para que no nos importe. Mientras tanto, podemos cosechar los beneficios del trato para ayudarnos a ser más fuertes…».
—Uf.
Dejé escapar un largo y agotado suspiro, sintiendo cómo mi cuerpo se hundía en la silla.
Al levantar la cabeza para mirar a mi alrededor, vi a todo el mundo discutiendo entre sí, con expresiones algo felices. Esto era un gran acontecimiento para bastantes de ellos.
Pude ver a algunos hablando con la Gran Anciana, intentando negociar los términos con ella mientras sonreía y respondía a todas las preguntas.
Miré a León a mi lado, y él asintió en señal de reconocimiento. Le devolví el gesto con un asentimiento.
—De acuerdo, lo haré.
Me levanté y caminé en dirección a la Gran Anciana.
Como si se hubiera fijado en mí, sonrió, y la gente que hablaba con ella hizo una pausa, volviéndose para mirarme. De repente, sentí varios pares de ojos clavados en mí mientras me plantaba ante la Gran Anciana.
De repente se hizo el silencio, o al menos eso me pareció.
«…En cualquier caso, esto parece encajar con el personaje que he construido».
Sonriendo para mis adentros, abrí los labios y hablé, con un tono deliberado y lo suficientemente alto como para que todo el mundo me oyera.
—He pensado en el trato que ha propuesto y, tras reflexionar un poco, he decidido rechazar el acuerdo comercial.
Todo el ruido cesó y todos los ojos se volvieron en mi dirección.
Continué: —El acuerdo comercial no me aportaría ningún beneficio directo a mí, sino sobre todo al cabeza de familia. Por esa razón, me gustaría cambiar mi recompensa.
Incluso la Gran Anciana pareció totalmente confundida por mis palabras, y sus ojos se abrieron como platos.
—Me gustaría una recompensa acorde a mis contribuciones.
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