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¡El Alfa Rechazado! - Capítulo 15

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15: CAPÍTULO 15 15: CAPÍTULO 15 Suspiré y me recosté contra un árbol.

Contemplé el paisaje que me rodeaba.

No tenía ni idea de si usaban este campo de entrenamiento a menudo, pero, por el aspecto del césped, supuse que no.

El claro del centro tenía el césped corto, pero frondoso.

No había calvas en la alfombra de hierba, de esas que suelen aparecer por la compactación de la superficie cuando la gente pisa continuamente un mismo lugar.

Admiré los árboles un rato y luego miré a los miembros de la manada Luna de Sangre restantes que no formaban parte del juego, que estaban en el campo observándolo todo y a todos.

Bueno, esto es aburrido.

Vi a Bella, que estaba en mi grupo, en lo alto de una rama, arreglándose las uñas.

Ella ya ha aceptado que no tiene nada que hacer aquí, ¿por qué tú no?

Me espetó una voz amenazante en mi cabeza.

Después de unos diez minutos sin acción, me marché con sigilo en la otra dirección en busca de algo que hacer.

Quizá los captores necesiten algo de ayuda.

Caminé un poco y oí algunos gruñidos aquí y allá, pero todo parecía bajo control.

Caminé un poco más y vi un árbol de aspecto sospechoso.

Trepé con cuidado y miré a mi alrededor, lista para darle una paliza a alguien.

Pero nada.

Desde la rama más alta pude ver a algunos miembros del equipo azul que corrían hacia el territorio del equipo rojo.

Vi al grupo de Lucy esprintar hacia algunos miembros del equipo azul y enzarzarse en una pelea.

Bajé del árbol y seguí caminando, hacia el territorio del equipo rojo.

Vi otro árbol de aspecto «sospechoso», luego un arbusto sospechoso, y seguía sin haber nada.

Llegué a lo que parecía un callejón sin salida con algunos setos y me abrí paso a través de ellos mientras intentaba no sacarme un ojo.

Vi un pequeño arroyo al otro lado.

Tenía un agua cristalina que parecía muy apetecible.

Me acerqué y me arrodillé junto al agua.

Metí las manos y dejé que el agua fresca corriera entre mis dedos.

Estaba a punto de beber el agua, después de haberla inspeccionado un rato para asegurarme de que no me iba a tragar renacuajos ni nada parecido, cuando vi algo rojo en ella.

Era una ligera veta roja que poco a poco se fue oscureciendo hasta volverse casi carmesí.

Parecía sangre y venía del sur del arroyo.

La seguí con cuidado y me escondí detrás de un arbusto cuando vi a un tipo lavándose el pie ensangrentado en él.

¿En serio?

El tipo se levantó y se alejó del arroyo.

Parecía un miembro del equipo rojo.

Un rato después de que se fuera, salí de detrás del arbusto.

Me acerqué al lugar donde el tipo había estado antes.

Llegué allí solo para ver una bandera roja posada sobre una piedra.

No puede ser tan fácil, ¿o sí?

Miré a mi alrededor, preparada para ser atacada por un grupo de protectores, pero no salió nadie.

El lugar parecía abandonado, tranquilo, incluso demasiado tranquilo.

Sintiendo mucha tensión a mi alrededor, me arriesgué.

Tímidamente, di tres pasos hacia adelante; nada.

Di otros tres pasos; seguía sin pasar nada.

Esta vez corrí hacia la piedra.

¿Es esto justo?

Por lo que sé, se supone que no debes esconder tu bandera, ¿verdad?

Bueno, pensándolo bien, no debería hablar, la bandera de mi equipo está en algún lugar de un árbol.

Aunque su bandera estaba muy bien escondida, quizá por eso la dejaron sin vigilancia, o quizá el tipo que vi se supone que debía protegerla, pero está herido.

Es un lobo, no estará herido por mucho tiempo.

Alcancé la bandera y la quité de la piedra.

No había dado ni un solo paso cuando me detuve en seco.

—¿Adónde crees que vas con eso?

—Ese aroma a cítricos tropicales volvió a llenar mi nariz.

Me giré lentamente para ver al Alfa Damon mirándome con la bandera en mis manos, con una ceja ligeramente arqueada.

Él estaba allí, con los brazos cruzados sobre el pecho, haciendo que sus músculos se hincharan; su duro torso y sus cincelados y tonificados abdominales eran aún más excitantes de cerca.

Unos abdominales de infarto…

¡Adriane, reacciona!

No te le quedes mirando, no te le quedes mirando, no te le quedes mirando.

Para cuando volví a levantar la vista, él estaba de pie justo delante de mí, sus gélidas pozas de un azul cristalino lanzándome miradas de fuego.

—Te sugiero que dejes eso —dijo él.

De la nada, encontré el valor para hablar.

—¿Y si no lo hago?

—dije lentamente, colocando la bandera detrás de mí y dando un paso atrás, lista para salir disparada, aunque dudaba que llegara muy lejos.

Al menos lo intentaré.

Él arqueó las cejas por completo esta vez, ligeramente sorprendido por mi repentina reacción.

—Te la quitaré, aunque tenga que usar la fuerza —dijo mientras daba un paso más cerca.

Y tampoco sé de dónde salió esto, y de verdad espero no haberlo dejado incapacitado para tener hijos, pero en un movimiento rápido levanté la rodilla y le di en sus joyas.

Fuerte.

Mi acción debió de pillarnos por sorpresa tanto a él como a mí, porque no pudo bloquear el golpe y cayó al suelo sujetándose a sus bebés mientras yo pasaba por encima de él y echaba a correr.

Le oí soltar un gruñido agravado justo antes de alejarme lo suficiente para no oírlo.

Corrí de vuelta por donde había venido, pasando el arroyo, a través de los setos, por el bosque, encontrando cuerpos inconscientes por el camino, tanto del equipo azul como del rojo.

Ya podía ver la base, casi había llegado.

Incluso podía oír a Bella animándome desde la rama más alta.

De verdad que podía ganar esto.

Casi había vuelto a la base cuando algo pasó como un rayo y me placó contra el suelo; mi cabeza golpeó con fuerza el terreno no tan blando.

Una chica me había saltado encima y me había derribado a pocos metros de la base.

Cuando la miré, al instante me cayó mal, no solo porque me impidió ganar, sino también porque era la muñeca rubia descerebrada que estaba todo el día encima de Damon.

Estaba sentada a horcajadas sobre mí mientras intentaba alcanzar la mano con la que yo aferraba la bandera.

Me apretó la mano con fuerza, clavándome las garras en la muñeca en un intento de obligarme a soltarla.

No lo hice.

Así que apretó aún más fuerte, haciéndome sangrar esta vez, lo cual estaba totalmente fuera de lugar, hasta que la solté.

Agarró la bandera con una sonrisa triunfante y se alejó.

Me levanté justo a tiempo para ver a un miembro del equipo rojo dirigirse tranquilamente a la base con nuestra bandera.

Sonó el silbato final y el juego terminó; el Beta anunció que el equipo rojo había ganado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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